Domingo, 24 Febrero 2019 00:26

Pacho, ¡qué historia!: De la edad de piedra a la edad del hierro

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Este privilegiado municipio de Cundinamarca, ese que se encuentra insertado en un rincón muy especial de la cordillera oriental tuvo La fortuna de tener la primera siderúrgica de Suramérica. Hoy tan solo quedan ruinas, pero mucho qué contar.

Ir de Bogotá a la amable, cálida y espectacular población de Pacho en Cundinamarca es todo un deleite. Al salir de la capital colombiana, es fácil aseverar que hay entre la gran metrópoli y la también capital de la provincia de Rionegro unos 88 kilómetros supremamente apacibles, en donde el verde de la sábana de Bogotá y las estribaciones de la cordillera oriental dejan ver un potencial agropecuario que se desarrolla en faldas de montaña y en unos valles pequeños muy fértiles y aptos para los menesteres rurales.

Pacho es un municipio pletórico de historia y dueño de un compendio económico que deja a más de uno sorprendido porque esta pequeña villa fundada como pueblo indígena en 1604 según los registros, pero en opinión de algunos erigida en 1624, experimentó económicamente todo tipo de éxito. De todas maneras, de manera casi oficial, el seis de enero de 1642 como reza en la ordenanza número 24, de julio siete de 1942, fue la fecha de su fundación.

Puede decirse que Pacho nació por etapas y que su fundación sigue siendo un misterio por el cuándo, empero fue un centro industrial y agrícola de muchísima importancia. Si bien este pueblo es conocido como la capital naranjera de Colombia, lo cierto es que este municipio se afianzó como una gran despensa gracias a sus tres pisos térmicos en donde se producen alimentos, frutas y café sin dejar de lado su ganadería que prospera gracias a las dehesas de verdes y frescos pastos, muy convenientes en la conversión a carne y leche.

Igual de importante es la cría de especies menores como es el caso del sector porcícola y el de las aves de corral. En Pacho la alimentación es una bendición y es por ello que sus gentes no saben de necesidades porque allí se mantienen los cultivos de pancoger, aquellos que satisfacen algunas necesidades alimentarias de una población determinada y que para el caso de este municipio representa la recolección de maíz, fríjol, yuca y plátano, entre otros productos.

Esta tierra en donde sigue plasmada la huella muisca, tuvo dentro de sus características el hecho que fue un pueblo móvil pues fue trasladado, incendiado y finalmente erigido municipio en 1807. Allí empieza esta comarca a escribir otra parte de la historia colombiana.

Los pachunos acopiaron talento, empuje y mucho emprendimiento, eso hizo que las fábricas emergieran y que la industria dinamizara la región, llevando oportunidades de crecimiento, progreso y empleo. Pacho tuvo la ferrería a la cual haremos referencia, pero igual contó con la fábrica de gaseosas La Gaviota fundada por el señor, Ricardo Sarmiento Vega, en 1927 cuando fue puesta a disposición de la comunidad la carretera que unía a Pacho con Bogotá. Los refrescos no se quedaron ahí pues en la década de los 50, Roberto Londoño le da vida a gaseosas “La Colosal”.

Otra empresa significativa fue, y gratamente es, la fábrica de pólvora que creó en 1875 el empresario, Patrocinio Barragán Pinzón. Esta factoría sigue vigente y sobre ella se habla y se ha hablado en los tres últimos siglos.

Pacho fue emporio de comercio y de pequeñas y medianas empresas, toda vez que allí fueron erigidas compañías fabricantes de textiles y confecciones como fue del caso de El Zipa y Estilo Internacional. En esa inquieta población cundinamarquesa operaron procesadoras de alimentos y muchas más que fortalecieron el comercio de la comarca de Rionegro. Allí igual floreció la industria de pinturas Iris que creo don Marco Tulio Fernández.

Una ferrería que se fundió en el tiempo

La empresa quizás con mayor historia es la ferrería ya que ésta fue la primera en Colombia y una de las pioneras en Suramérica ya que Ipanema, Brasil, ya había hecho su debut en 1818. El tema no es menor porque mientras el hemisferio se construía y erigía repúblicas y desarrollo, desde la inquieta Pacho, Colombia ya sabía que era una siderúrgica en vista que fue proyectada desde 1814 cuando el Presidente del Estado Soberano de Cundinamarca, Antonio Nariño, le pidió al minero alemán, Jacobo Wiesner, llevar a cabo unas exploraciones en la región en donde se creía había cobre, hierro y plomo.

La bendecida población contó con yacimientos de hierro que fueron de fácil extracción por cuanto se encontraban casi que en la biosfera en donde los lugareños daban cuenta de la presencia de unas piedras de color ocre. Una vez detectado el mineral fueron hechas fundiciones a menor escala y de la zona salieron pequeñas cantidades de hierro fundido. Así comenzó la ferrería de Pacho, la primera piedra en Suramérica para la gran industria siderúrgica.

La época fue compleja en materia de cognición sobre los minerales, pero aún en medio de los incipientes aprendizajes, la Colombia en formación logra descifrar la importancia de una materia prima para el desarrollo. En 1827 se crea en torno a la ferrería, una compañía que adquiere los derechos sobre la IB La Ferrería de Pacho. En ese momento de la historia había plena consciencia que con el hierro habría opción de fabricación no solamente de bienes bélicos sino también de herramientas y maquinaria agrícola así como para la minería lo cual hacía prever un devenir de progreso.

Hoy la sociedad pachuna está cerca de abrir las puertas de la nave del tiempo puesto que tras mucho insistir logró ser afianzado un proyecto que busca recuperar la memoria histórica del municipio. Se trata del Centro Cultural que en torno a la ferrería le dirá a Colombia y al mundo de qué está hecho Pacho, una población que por los años de vida y sus acontecimientos logró blindarse con el más duro acero.

En charla con Diariolaeconomia.com, el alcalde de Pacho, Ronald David Rangel Bermúdez, aseguró que afortunadamente la restauración del sitio, que pese a los saqueos del pasado aún conserva el horno de fundición, avanza a pasos agigantados para que propios y extraños disfruten de un pasado que ayudó a erigir el presente. Agregó que el proyecto que va en dos fases contempla igualmente la Catedra Pacho que estará enfocada como ya se acordó con el Centro de Historia y las instituciones de Educación, en enseñarles a niños y adolescentes cómo surgió la empresa y qué pasó allí para fortalecer el sentido de pertenencia y cambio en la mentalidad de los habitantes que fácilmente pueden estar orgullosos por un pasado de riqueza y un presente muy a la par.

La obra de 600 millones de pesos que será el gran legado de Pacho, cuenta con un componente arquitectónico importante que resalta los valores históricos y culturales lo cual llevará a que este centro sea la gran obra que reclama la población y que se erige en la otrora ferrería en donde las obras ya van llegando al 50 por ciento lo que hace prever que los trabajos serán entregados antes de que culmine el mandato constitucional.

“Sabíamos que era una obra muy importante, pero igual que tendría algunas dificultades por los tramites y la burocracia, pero superado todo y gracias a Dios se logrará lo imposible y lo que muchos pensaban, que era inviable, razón por la cual estoy tranquilo porque dejaremos una bonita obra que turísticamente hará aportes importantes más si se tiene en cuenta que la segunda fase estará apalancada con recursos del Fondo Nacional del Turismo, Fontur, que garantizará que el municipio aparecerá en el mapa turístico de Colombia, lo cual es un atractivo de consideración, pero igual un valor agregado para Pacho que recibe turistas europeos y de otras latitudes que tan solo visitan pacho por el viejo horno de la ferrería”, declaró el señor Alcalde.

Destacó que dicho horno soportó el inexorable paso de los años y el accionar de los ladrones que lo desmantelaron hasta dejarlo casi que desaparecido, pero la obra fue tan robusta que los expertos admiran su fabricación y el aguante el cual da para soportar hasta movimientos telúricos.

El mandatario fue tajante al afirmar que Pacho es sinónimo de historia, de riqueza y de valores, razón por la cual ésta población cuna de la industria no puede quedarse en el olvido o por fuera de reconocimientos por la sola imagen del mítico, Gonzalo Rodríguez Gacha, más recordado como “el mexicano”.

Recalcó que hay muchos aspectos industriales que marcaron la historia de Pacho por lo que resulta injusto que a la región solamente se le recuerde por los hechos que nada tienen que ver con un marcado desarrollo y un aporte al crecimiento estructural del país. Hoy, sostuvo, la realidad industrial de Pacho es otra, pues tristemente se fue quedando sin industrias por aspectos tales como la falta de infraestructura y de unos mercados más ágiles que se truncaron por la geografía, haciendo que los municipios de la sabana de Bogotá tomarán considerable ventaja.

“El narcotráfico sin duda fue un periodo oscuro en la región porque la plata fácil dañó generaciones e hizo que mucha gente valiosa del municipio se fuera y abandonara su terruño para nunca volver. Algunos se quedaron en el exilio por culpa de una cultura mafiosa que mucho daño le hizo al país, pero afortunadamente nos estamos recuperando gracias a una inversión en educación y cultura, pero también con tejido social y el mismo empoderamiento del ser. Un ejemplo grato es la Escuela de la Mujer que implicó reconocimientos”, dijo Rangel Bermúdez quien consideró vital el trabajo en cultura ciudadana.

Una experiencia afable para el municipio y para la administración es el avance en todo el tema de género puesto que hay a la fecha mujeres felices, optimistas y rebosantes de orgullo por su tierra natal, la bonita Pacho. Actualmente el parque monumento será un motivo más para impulsar a Pacho, sin embargo el Alcalde anotó que a esta nueva etapa hay que agregarle más labor y más sentido de pertenencia por lo que tiene este pueblo del norte de Cundinamarca que no quiere repetir su historia y que no gusta del asistencialismo ni del paternalismo nocivo porque este suele dañar a la sociedad que encuentra en lo fácil lo que anteriormente devengaba con trabajo y dignidad.

El caso de la ferrería es el mejor ejemplo de la falta de acompañamiento de los gobiernos a los municipios y a los empresarios que partieron de sus emprendimientos. El problema persiste y si bien hay algo de ayuda, es necesario que el ejecutivo potencialice a los municipios para que puedan formular proyectos y políticas públicas que redunden en respaldo para el sector real de la economía y así lograr subir la categoría de las comarcas que hacen la tarea al derecho. “aquí el tema es de oportunidad y de planeación con verdadera descentralización”.

Hay que reconocerle a la Alcaldía que se metió de lleno en un proyecto sostenible y real que encontró en el rescate histórico de la ferrería una opción enorme para catapultar el municipio. El municipio está pensando en grande y por tal razón está pensando en un operador turístico para que garantice la operación, la sostenibilidad en el tiempo y la permanencia de la Cátedra Pacho. La idea, según Rangel, es que el mundo sepa de la población y la visite porque sin lugar a dudas, muchos se están privando de un documento y una prueba histórica sinigual.

El Alcalde les dijo a los empresarios y a los inversionistas de Turquía y Azerbaiyán que miran a Colombia que en la provincia hay muchas oportunidades porque hay mucho por hacer. En su saludo a estas naciones, Rangel Bermúdez, agradeció los oficios de la Agencia de Cooperación de Turquía que tras la gestión del burgomaestre desembolsó unos recursos para la dotación de la plaza de mercado, una de las más atractivas del departamento.

“Ya hay ladrillos de Turquía en Pacho y gratamente fueron puestos en nuestra administración, ha habido también cooperación internacional de países como China, Taiwán, México, Turquía y esperamos que se materialice un tema con Suiza, que resultaría muy afortunado de lograrse. A Azerbaiyán igual los saludamos y los invitamos a conocer los encantos de Pacho, una tierra promisoria”, concluyó el Alcalde.

Las cuitas de una empresa que fue pionera

Según un añejo documento del Banco de la república desempolvado para esta historia, para 1837, fecha en la cual se vinculó a la empresa el señor Roberto H. Bunch, el alto horno pudo empezar la producción de hierro fundido. Las permanentes discrepancias de pareceres entre los accionistas de la empresa, dieron lugar a que Bunch presentara una propuesta, que resultó positiva para los accionistas, puesto que se encontraba dispuesto a salvarla de la precaria situación económica, asumiendo el pago de un arriendo por todos los bienes que comprendían la ferrería, situación que le permitía deshacerse del parecer de cada uno de los accionistas y poder tomar las riendas del manejo de la empresa.

Reza el documento firmado por el miembro de la Academia Colombiana de Historia, Alberto Corradine Angulo, que para mediados de la década de los años 40, Bunch viajó a Inglaterra y al llegar a ella se dirigió precisamente al epicentro de la producción metalúrgica del país, en las cercanías de Wolverhampton, donde queda el primer puente de hierro que se hizo en el mundo, exactamente el llamado de Coalbrookdale, y en esa región contrató siete técnicos, expertos en diversas fases de la producción de hierro y de acero, junto con sus familias.

“El grupo llegó para 1847, y la relación de sus nombres se registra en 1853 en un memorial dirigido a la cancillería colombiana, ellos fueron: James Bruce, escocés, con su señora y 12 hijos, para trabajar como superintendente o director de la producción; Martín Perry, inglés, con su esposa y 4 hijos; Edmond Edward Corradine, natural de Inglaterra, con esposa y 3 hijos; John James, inglés, con señora y 5 niños; William Witingham, inglés, con esposa y 2 hijos; Samuel Kinsey, inglés, con esposa y 1 hijo; Thomas Jones, inglés, soltero y William Tyacke, inglés. Los salarios mensuales de los técnicos contratados oscilaban entre 140 y 24 pesos. Debía reconocer los salarios y sueldos al personal técnico traído de Inglaterra. Un alto horno debía apagarse siguiendo un procedimiento especial que implicaba varios días de labor, de otra manera quedaba para reconstrucción total su recubrimiento interior”, escribió el historiador.

La gran importancia que logra la Ferrería de Pacho, narró Corradine, se centra en la producción de herramientas para el trabajo del campo, tal como se puede ver en los diversos avisos publicitarios aparecidos en los periódicos de la época. Azadones, palas y otros elementos más complejos como las masas para trapiches de moler caña dulce, tal como lo hicieron todas las siderúrgicas posteriores.

La temprana muerte de don Roberto H. Bunch en 1857, implicó la pérdida de orientación y de gerencia, que condujo progresivamente a la decadencia de la empresa y a la rápida diáspora de los técnicos vinculados a ella. La dirección correspondió a su joven hijo Jorge Bunch, quien luchó por todos los medios para mantener a flote la industria. Él, como director, viajó al exterior para conocer las mejores reformas que podían hacerse al alto horno. Así volvió a producir hierro colado en 1870, pero no quiso acoger las sugerencias técnicas de Edmond Corradine, de manera que la producción se terminó en 1879, y luego se vendieron los terrenos e instalaciones al general Aníbal Currea, quien lo hizo producir por última vez en 1888, para cerrar definitivamente al año siguiente.

Con el horno de la Ferrería de Pacho ya silenciado, la empresa no pudo entrar en liquidación, al no existir accionistas vivos, o al menos los tenedores de los títulos no se pudieron localizar para 1915.

La tozudez de Corradine

Con el paso del tiempo y esperando mejores condiciones, la industria siderúrgica vuelve y aparece tras un trabajo de mucha insistencia que empezó o fue reactivado en 1933 y que tocó los puertos de la gloria, Enrique Corradine Wiesner, el 26 de abril de 1942. Cabe precisar que don Enrique fue el bisnieto del maestro Edmond Corradine fallecido siete décadas atrás.

“En la población de Pacho emprendió la construcción de un alto horno capaz de producir hasta cinco toneladas diarias. En él produjo grandes cantidades de tapas de medidores de agua y tapas para redes subterráneas que se distribuyeron por todo el país y aún por Centro América. La última operación del alto horno se realizó el 13 de marzo de 1958. Posteriormente solo se trabajó con chatarra en un pequeño horno”, dice el Banco de la República.

Enrique Corradine Wiesner da un paso al costado en 1970 y deja en la dirección a su hijo Enrique Corradine Moncada, quien administró la firma por espacio de 20 años. Lamentablemente la empresa va a la quiebra por problemas de administración y unas deudas que se fueron acumulando, haciendo inviable el negocio y llevando la vetusta ferrería a su liquidación. El devenir de la compañía fue complejo porque muchos hablan de una devastación incentivada por trabajadores veteranos en la empresa.

Dejemos el antiguo documento que al cerrarlo deja escapar en la imaginación ese entre molesto, pero agradable olor a moho y a humedad para entrar en el tiempo actual en donde la historia no para. Este medio tuvo el grandísimo agrado de charlar con el nieto de Edmundo Corradine, Álvaro Reyes, quien no esconde su orgullo por hacer parte de esa saga que marcó un hito en la historia del hierro en Colombia y en Latinoamérica.

“La historia de la ferrería de Pacho es muy interesante toda vez que a la región llegó una legión de empresarios e inversionistas ingleses invitados por el Presidente, Antonio Nariño, que pretendía explorar yacimientos de hierro y plomo para la industria militar de la época y así abastecer a los ejércitos independentistas. Aun cuando algunas voces dicen que en la ferrería se construyeron armas y municiones, lo cierto es que allí tan solo se producía hierro que a propósito era de muy buena calidad”, expuso Álvaro Reyes.

En vista de la importancia que tuvo el hierro en el desarrollo de la humanidad y de las sociedades, lo único cierto es que Pacho puso un case importante para darle a Colombia unas bases de progresión en su infraestructura porque en ese tiempo todo era importado y dentro de esas compras hechas en el exterior estaban los productos hechos con hierro que en gran cantidad venía de Toledo, España.

En 1837 la empresa que ya era una sociedad privada, recibió dinero del capital anglosajón que le dio mucha más dinámica a una industria potente y necesaria que hacia vibrar los suelos de Pacho de donde salió producto de hierro a lomo de mula y en fuertes bestias, asunto que explica el por qué no fue sostenible a causa de la carencia de una infraestructura obvia para extraer producto como lo fue el ferrocarril.

El hoy barrio La Ferrería fue conocido como la Suiza Suramericana toda vez que a él llegaban franceses, alemanes e ingleses, dándole paso acelerado al surgimiento de una gran industria, no solamente del hierro sino de gaseosas, la polvorería que aún opera, industrias madereras, fábricas de jabones, textiles, confecciones y harineras de la cuales quedaron los vestigios de un viejo molino.

“Pacho fue sin duda un foco de industria de grueso calibre y generó, no solamente, riqueza sino empleo y una calidad de vida que hizo de la comarca un sitio ideal para invertir y desde luego para vivir”, apuntó.

Con la restauración del inmemorial horno y la sede de la ferrería para erigir el Centro Cultural y el museo que le podrá contar al mundo los orígenes del hierro en América y el dinamismo de la industria siderúrgica que hace parte del ADN de este alegre y amañador municipio.

Este centro no solamente les refrescará la memoria a los nonagenarios, o a los colombianos mayores sino a la juventud y a las nuevas generaciones que podrán hacer de esta historia un activo cultural de significativa importancia porque muestra que el emprendimiento estuvo en Pacho y que los capitales fueron generosos con las ganas y la inventiva de un sitio muy agradable de la inquieta Cundinamarca.

En su construcción original, la planta contaba con cinco chimeneas de gran altura que hacía del complejo un templo industrial de mucha dinámica toda vez que el hierro demandaba varias atapas que terminaba en hierro comercial, es decir en varillas, ángulos, platinas y barras que eran muy usadas por la herrería para hacer herramientas.

El experto en los temas centrales de Pacho y conocedor de la historia de la región, Iván Rojas, dijo que con los años a Pacho le cambió hasta el entorno porque las otrora montañas que colindaban con la ferrería, estaban pletóricas de palos de tíbar y de sombrilla China, árbol de la misma familia que desapareció con el bíblico tíbar por la deforestación y que hoy fue reemplazado por árboles de eucalipto y de pino.

El Tíbar que saludó la ferrería fue acabado por ese afán de extender la frontera agrícola y por la misma construcción. El triste comienzo del fin de este árbol casi que emblemático en ese Pacho del ayer arrancó hace 150 años y hoy el árbol que fue arrasado también con la fundación y colonización de Bogotá, dejó un vacío en la tierra del hierro y la gran industria.

“Aquí en Pacho pasamos de la era de piedra y la madera, a la edad del hierro, asunto que atrajo capitales porque con esta materia prima se garantizaba la modernidad con un metal fundido y transformado”, especificó Rojas.

Según Rojas, la obra que es adelantada por la administración municipales de vital importancia porque implica darle vigencia a la historia y a una población que saca pecho por sus cuitas y por una economía que resulta todo un paradigma por lo que fue y como se afianzó.

Podría afirmarse que Pacho, al igual que el Ave Fénix, busca resurgir de las cenizas, pero contrario al mítico pájaro, el pueblo parece haber encontrado en las ruinas de la ferrería, una opción para catapultar la imagen de una industria capaz que puso al poblado en sitios de privilegio, hoy con su certificado de defunsión, la ferrería abre de par en par las puertas del turismo, con ese valor agregado que regala la historia. La siderúrgica tuvo en su momento un modelo de desarrollo industrial basado en la innovación y la transferencia de tecnología.

La ferrería como se observa, pasó por varias manos hasta que entró en banca rota, conllevando a una crisis social aguda porque el cierre acabó con los empleos que no eran pocos ya que existían turnos que pedían mano de obra ya que la producción y la fundición no podían parar. Como ha pasado durante siglos, la falta de apoyo estatal y el desdén le dieron la estocada a la empresa que funcionaba con bueyes, mulas y fuerza humana para dar la pelea en un mercado cada vez más exigente. Así, con mecanismos básicos, ingresaba carbón y salía hierro por unos caminos estrechos y atropellados que llegaban a Zipaquirá con las bestias jadeando, pisando con furia el empolvado piso con sus patas traseras y moviendo sus cabezas de lado a lado en señal de cansancio, no era para menos pues ellas hacían posible el comercio de los productos terminados.

La época mostró rostros de equinos cansados, pero igual la potencia, el aguante y la estética del caballo blanco, del negro brillante, del moro y el alazán. Las mulas, los burros y los bueyes fueron claves también en el andamiaje de la vieja ferrería y por ello no pasan por debajo de la cerca en este compendio que paralelo a todo les rinde homenaje porque hicieron que la actividad siderúrgica fuera posible.

El transporte llegó a Pacho en 1936 y no fue precisamente el de camiones o equipo de gran potencia. En ese tiempo el servicio de carga y pasajeros lo prestaba un pequeño bus adecuado con sillas y espacio para bultos y enseres que iban a otros municipios. Inicialmente ingresó como empresa transportadora Rápido Río Blanco, después incursionó Flota Rionegro y tiempo después es fundada la flota Gómez Villa.

Precisamente ese aspecto apresuró las dificultades porque una industria como la del hierro no podía salir adelante a lomo de bestias.

El Centro Cultural busca atraer turismo para que los colombianos disfruten de un sitio especial y pletórico de historia que mostrará los inicios de la industria siderúrgica en Colombia y en Suramérica. La inversión hecha en este sitio, con visión futurista, dejará una obra de inmenso beneficio porque rescatará un patrimonio histórico de gran valía que le devolverá su importancia y su inmenso prestigio a Pacho que desde luego es tierra de gentes buenas y muy trabajadoras.

Paulatinamente fue cayendo la noche con una brisa tibia y un velo oscuro que de a poco fue cubriendo las serranías de pacho. Fue espectacular hablar con los grandes gestores de un proyecto que bien vale la pena. Antes de partir nos extasiamos con unas imágenes naturales únicas y hasta relajantes. Las montañas que lograban detener sobre el final de la tarde los tenues rayos de sol, estaban cubiertas en sus picos por algodones gélidos, esas nubes no viajaban, estaban estáticas, muy seguramente observando impávidas al muy bonito rincón del norte de Cundinamarca en donde se fundió hierro y se forjó una cuna industrial para mostrar.

Por momentos del firmamento cayeron algunas gotas de agua que salpicaron nuestros rostros, haciendo prever que tendríamos que huir de una imparable borrasca, pero llegó la oscuridad y nada pasó en la emblemática ferrería. Antes de tomar refrescos y comer en ese restaurante de salón inmenso y un balcón con mesas para los comensales, descubrimos que la gastronomía pachuna también es para mostrar y disfrutar. ¡Qué grato complemento!.

No era justo salir del pueblo sin ver la hermosa iglesia del Divino Niño y sin darle una mirada al estadio de fútbol que tiene de adorno el hermoso roble de flor morado, completamente florido y repleto de ese color intenso de tono rosado. Allí justamente Iván narró los momentos históricos de Pacho como la muerte en esta municipalidad del expresidente Aquileo Parra en plena apertura del siglo XX, igual habló de la visita del Libertador, Simón Bolívar, quien se hospedó según los cronistas en la hacienda San Miguel.

Salimos del casco urbano y tras darle una mirada al bonito parque central de árboles, palmeras y flores de colores que hacen parte de la vecindad de unas casonas viejas de balcones en madera y techos en teja de barro que sirven como centro administrativo, de comercios, hoteles y que muestra oronda la bella parroquia, llegó la nostalgia por los amigos, por la historia, por los paisajes y hasta por el delicioso queso de naranja. Por la carretera llegó la imagen de las ruinas de la ferrería, un recuerdo abrumador para muchos. En la mente se iluminó el viejo horno de forma piramidal, hecho con tres hileras de dura piedra tallada a manera de bloque y luego una estructura fortalecida con ladrillos prensados. Vino igualmente al recuerdo una tubería vetusta y unas formas perfectas en un horno de vieja data que permitió crear piezas y herramientas para el desarrollo de la provincia y el país.

Sin duda, la edad lítica estuvo en Pacho con esos nómadas que atravesaron el estrecho de Bering y fueron bajando con paciencia por todo el hemisferio. La piedra que fue esencial en la elaboración de utensilios, herramientas y armas fue clave en los inicios de la humanidad. Con la edad del hierro lo hecho en piedra fue perfeccionado y con ella se le pone punto final al periodo neolítico ese en el que la agricultura, la ganadería y la vida sedentaria ya eran comunes en muchas culturas.

A pacho posiblemente le llegó en dos etapas la edad del hierro, la primera en ese tiempo lejano de la prehistoria y los tiempos agrestes del paleolítico, empero con las guerras de independencia en la Gran Colombia y con la instauración del periodo republicano, llegó al municipio otro momento del hierro, ese que brotó de sus suelos y que le dio vida a la eterna ferrería porque si bien cerró sus puertas, abrió los portones amables del recuerdo.

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