Domingo, 04 Octubre 2015 07:45

Lenocinio en Colombia: El negocio se puteó

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La situación económica se refleja en un sector en donde cada día llegan más personas a ofrecer su cuerpo y en donde la paga disminuye porque la competencia es con más mujeres, con travestis, extranjeras, redes sociales y las prepago.

Son las seis y treinta de la tarde, ya los rayos brillantes e intensos del sol veraniego de Bogotá se pierden en una penumbra que dura muy poco. Los vetustos edificios del otrora respetable barrio Santa Fe se adornan con múltiples luces rojas, azules, verdes y con un neón intenso en los incontables avisos que invitan a la lujuria. Llegamos a una localidad que bien puede compararse, guardadas las proporciones, con el barrio Rojo de Ámsterdam, este es un sector en donde la oferta de servicios sexuales es el fuerte de la zona desde hace ya varios años.

Hay negocios muy legales y formalizados que operan como empresas serias que tributan y cumplen con el fisco nacional y distrital. Es tan fuerte su presencia en esta deprimida zona que ya se tornan emblemáticos y respetables en un mundo sórdido, de placer y sexo. Es quizás porque tienen a merced de los insatisfechos hombres las mujeres más bellas y mejor cuidadas, a las que se les exige máximo respeto y extremado aseo.

Tanto la piscina como El Castillo son dos de los sitios referentes del sector y es por ello que abordamos la industria de la prostitución con la referencia del ya muy conocido Club El Castillo, ese que ya cumple 12 años divirtiendo a capitalinos y extranjeros.

Dos cuadras antes de llegar a la cita con el gerente de este sitio es común observar mujeres con todo tipo de atuendos, con minifaldas sugestivas que dejan ver piernas parejas y algo más, prenda que se acompaña de un brassier o en ocasiones sin él. Hay féminas con trusas ajustadas a su cuerpo, con bluyines apretados y con tacones de todos los tamaños y colores. Por donde se mire hay mujeres ofertando su cuerpo, son sin duda alguna pequeñas empresas que dependen de su emprendimiento, de lo único que saben o para el que tienen vocación porque en este oficio, el más antiguo del mundo, y tras hablar con muchas se deduce que no todas las mujeres son obligadas a ejercer la prostitución, están en bares en andenes o en los recibidores de hostales o residencias porque saben que su cuerpo les da dinero, que la calle es su oficina y que en las camas entregan el producto.

Hay que decir que este negocio siendo rentable, cada vez es más competido, día a día llegan más mujeres a las calles o a los negocios en donde deben competir con el mercado de al lado, con el de la prostitución masculina y con los travestis de la zona que también aumentan en cifras alarmantes. Se puede decir sin temor a exagerar que en este negocio como en todos llegó la globalización y por eso se ven más extranjeras aterrizando en el mercado colombiano. Las tarifas pueden ir variando de acuerdo a la coyuntura económica porque este negocio ya está más al tanto de la devaluación, del precio del crudo y de los indicadores básicos que finalmente les dan un derrotero para fijar sus valores.

La prostitución, el oficio más viejo y legendario del mundo ha cambiado en su concepto y probablemente haya importado tendencias europeas o americanas que buscan ganancias, pero sin esclavitud, mal trato o abuso de los seres humanos que devengan su sustento de la gracia y hermosura con las cuales vinieron dotadas.

Diariolaeconomía.com visitó el mundo de la prostitución, accedió a esa industria de mujeres y hombres que quisieron contar respetuosamente su historia por medio de unas narraciones que no tienen que ver con dolor, tristeza o abuso, sencillamente se trata de una forma de vida que deja muchos millones de utilidad. Es este sector, la otra industria sin chimeneas, la que deja enormes ganancias en una sociedad compleja que hoy busca literalmente de todo. Según los expertos en cifras, la prostitución puede significar más de 6.0 billones de pesos, mucho más que el monto de una reforma tributaria. El distrito estima que en Bogotá y el resto del país hay más de 25.000 mujeres dedicadas a este oficio en sitios de lenocinio, empero se quedan por fuera las miles de ofertas que hay en la Internet y en las redes sociales.

Las cifras en número de seres humanos metidos en el oficio así como los montos que maneja el lenocinio fácilmente pueden ser superadas de manera increíble porque hay más actores en el negocio y las ganancias hacen de este trabajo algo muy tentativo para muchos.

Cabe precisar que de todas maneras el estado colombiano tiene reportes de prostitución forzada y esclavización sexual de mujeres civiles por parte de los grupos armados ilegales que nada tienen que ver con este documental, pero que igual no pueden pasar por debajo de la cerca.

Rayando las siete de la noche el gerente de El Castillo, Juan Pablo Lozano, un hombre joven, de buen ánimo y con excelente manejo de grupo llega a la cita previa a la apertura del negocio, hay algunas cosas por precisar, entre ellas unas quejas no superlativas y la otra, la pronta celebración del aniversario del establecimiento.

El grupo lo conforman más de 20 mujeres, todas muy bellas, hay rostros de toda clase, mulatas hermosas, trigueñas con porte de reinas, rubias, otras de cabelleras negras y espesas muy bien cuidadas. No vacilan en regalar sonrisas y en dirigirse con máximo respeto y amabilidad. A este grupo de hermosas colombianas se unen las venezolanas, unas divas muy bellas y esbeltas que ingresan imponentes con sus dotes y las cuales son notificadas que deben preparase para la noche de este viernes el cual es de piyamada.

Hay camaradería, buena relación entre jefe y trabajadoras, el respeto es el común denominador y de cada intervención y de cada hermosa mujer brotan palabras afectuosas. Es increíble el compromiso y el apego a su techo laboral, a ese que les da la opción de ganar dinero sin las inclemencias de la calle y alejadas del inexorable clima.

Juan Pablo, el hombre amable y espontaneo termina la reunión con un acto piadoso que sinceramente me erizó, que me tocó el alma y me conmovió hasta más no poder, tomado todo el grupo por la mano, con ojos cerrados y con fe verdadera, como el tema de Julio Jaramillo, hace una hermosa oración con la cual agradecen a Dios la opción de la salud, el cuidado de sus hijos, el bienestar de sus padres y familiares todos. Con los ojos apagados por ese instante de devoción las mujeres de El Castillo y su gerente agradecen al Todo Poderoso la prosperidad, la vida y el amparo, pero de manera paralela suplican el perdón por los pecados cometidos y se ponen en sus manos. Me di cuenta que indiscutiblemente Dios está en todas partes y que no distingue sexo, raza o credo, sencillamente está allí en el templo que somos cada uno de nosotros.

“Para mí son muy importantes los valores humanos a pesar de que estamos viviendo, entre comillas, en un sector tan deprimido como el Santa Fe y me hace feliz poder dialogar con las mujeres que conmigo trabajan. Es importante orar, pero también saber de sus inquietudes, de su alimentación, sus alcobas, de su televisión paga, de su WIFI, de sus cobijas, del agua caliente, de la pulcritud de sus toallas, en fin abordamos muchos temas siendo preponderante el de la familia. Es muy importante que sepan ganarse la vida con más dignidad, sé que prostitución es sexo por dinero, pero eso es algo que desarrollan muy voluntariamente, muy libremente, sin embargo, quiero que ellas tengan acompañamiento y seguridad, no solamente la que viene de los estatutos del gobierno o de la Policía Nacional, sino que hacemos todo lo posible por brindarles una logística que esté pendiente de ellas, que las cuide y que realmente les permita ser felices”, declaró el señor Lozano.

El empresario sabe que la economía es cada vez más compleja por todo el entorno de internacionalización de los mercados, en donde súbitamente hay ganancias o pérdidas que de alguna manera impactan el negocio. Por tal razón les recomienda a las mujeres del sitio ahorrar y tener autonomía económica, les recalca que no pueden llegar a los 30 años o más dependiendo de alguien o de un hombre. En su acervo no está el término debilidad y por el contrario las invita a dar todo de sí para asegurar futuro y tranquilidad.

“En mi concepto, el ahorro es muy importante, inclusive a muchas les he ayudado a diligenciar préstamos en el banco para que pueden acceder a una vivienda, para que tengan su casa propia en urbanizaciones de Pereira, Armenia o aquí en Bogotá. Me gusta cuando me envían fotografías con nuevas construcciones, con verdadera calidad de vida. Hace poco una niña de Valledupar me mandó una fotografía con la nueva casa de su mamá, tumbó la vieja edificación e hizo una hermosa de dos pisos, para mí es muy importante, que les vaya bien”, agregó.

Para el caso de El Castillo, el lucro llega directamente de la venta de licor y del alquiler de alcobas así como de la suite. Lozano define a su empresa como una residencia con discoteca o como una discoteca con habitaciones en donde muchos pasan un buen rato, seguros y sin temor a que los roben o algo les pase.

“El castillo es un centro de eventos que ha gustado mucho, inclusive hago una rumba los domingos que es todo el día y se ha convertido como en la miniteca de los ricos, aquí son felices todos esos chicos y es como una fiesta de fin de semana a la que se ingresa con cédula, son pelados de 25 y 30 años que vienen de la Javeriana, de la Sabana, de la Libre, del Externado y pasan un dominical ameno. La rumba es sana, no se presentan riñas, nos han felicitado precisamente por esto, a pesar de recibir 800 jóvenes al son de la mejor música electrónica”, expuso.

La competencia crece y la economía se siente

Como es apenas comprensible, el negocio es bueno, pero fue mejor en otros tiempos, una mujer que vendía su cuerpo ganaba mucho más dinero anteriormente como en la década de los setenta o en la de los ochenta. Actualmente una chica del sitio en dos relaciones puede ganar $400.000, $500.000 o $600.000, eso muestra que la tabla de costos ha bajado y que ya no es tan lejano estar con una mujer literalmente divina. Lozano aclara que ya no es tan caro como para tener solo y sin dinámica el sitio ni tan barato para llenarlo de cualquier tipo de personas.

Las mujeres que ejercen la prostitución en un lugar especial como El Castillo compiten contra la globalización, con la era de la tecnología así como de las comunicaciones porque ahora cualquier persona entra al Twiter o al Facebook, sube unas fotos y ofrece servicios sexuales. Al mercado está llegando de todo, mujeres operadas, diseñadas o simplemente hermosas sin operar, se trata, asegura, de un mercado gigante que crece y se hace cada vez más visible.

En su opinión hay muchas mujeres que critican a las niñas que trabajan en los clubes como El Castillo, pero consideró que se trata de una doble moral porque muchísimas prepago hacen su venta sexual de bajo perfil.

“Ya no es tan costoso, los tiempos de las casas de citas quedaron en el recuerdo, hoy en día la gente va a sitios como el Castillo que es como una discoteca segura, con unos DJ especializados, con todo un Performance súper especial, pero con habitaciones, inclusive le digo, a los clientes les sale más económico estar con una prostituta y más seguro que estar con una niña que lleve a una discoteca de manera fortuita porque se expone a que lo roben o lo droguen”, explicó.

Lozano defendió su servicio y dijo que las niñas de El Castillo llegan a un acuerdo con sus clientes, asunto muy personal en donde el club tan solo hace un acompañamiento para que no se agredan, no se traten mal y para que haya cumplimiento en las dos partes.

“Estos clubes tiene acompañamiento de la Alcaldía y de la Policía para que no haya menores de edad, maltratadas o escondidas. Aquí es muy importante la libertad, las cintas blancas que pone el castillo para las niñas ha sido el éxito”, aclaró.

Las advertencias

En El Castillo las alarmas están encendidas porque han detectado a personas inescrupulosas tratando de convencer a las mujeres del lugar para ir a China o a otros países asiáticos.

En este día Juan Pablo expresó su malestar por esa situación y dijo que hay quejas en el sentido que hay invitaciones para ir también a Japón y a Panamá.

Lozano les dice que lo más importante es la seguridad y la tranquilidad de tener a su familia cerca, a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos y a los seres queridos en general. En este negocio hay conciencia que esos viajes son complicados porque muchas llegan sin nada, maltratadas y explotadas, otras no llegan.

“Tratamos que las niñas no se vean abocadas por ganarse un buen dinero a migrar a España, Italia o Japón en donde fácilmente pueden caer en redes poderosas y peligrosas, aquí la niña es muy autónoma, al lado del Castillo hay dos hoteles, uno que es subsidiado por el Club y otro que ellas cancelan personalmente, pero realmente esas peladas tienen mucha comodidad, cuentan con Wi- Fi, televisor con Directv , habitaciones muy cómodas, totalmente gratis, aquí lo único que tienen que hacer es cumplir un horario, se firma un pacto, si están de acuerdo, de lo contrario no se les da ingreso, pero aquí lo realmente importante es que ellas estén bien”, apuntó.

En la prostitución no hay “pobrecitas”

Juan Pablo Lozano, gerente de El Castillo fue tajante en decir que a las prostitutas no se les debe mirar con compasión o lástima porque viven una vida que escogieron y que disfrutan.

“La palabra pobrecita con respecto al Castillo no va, puedo demostrarle al mundo que en Colombia se hace esto de una forma muy efectiva, muy a lo colombiano, es decir, una niña que está acompañándonos durante un mes se lleva mínimo entre cinco y quince millones de pesos mensuales, totalmente para ella, sin deducible de nada, las mujeres llegan a la prostitución voluntariamente, ese cuentico que la pobreza las llevó no es cierto. Las mujeres llegan a estos sitios buscando dinero, porque les partieron el corazón, porque el hombre que amaba las defraudó, porque fueron golpeadas, porque el padrastro las acarició, pero no porque estén en la olla. Pienso que en Colombia siempre habrá trabajo, es más en este momento necesito dos meseras y no las tengo porque conseguir personal calificado hoy en día es muy difícil”, indicó.

Uno de los fenómenos que ha notado Lozano es que las grandes explotadoras de las mujeres que ejercen la prostitución son en varias ocasiones sus propias madres, dice que son ellas las que aprovechan la buena bonanza. Muchas de las trabajadoras lloran, justo luego de hablar con sus madres o con sus padres porque les acarrean obligaciones que ni ellos como progenitores cumplen ni menos el resto del componente familiar.

Lozano insiste en que la prostituta es una empresaria, la gerente de su propio negocio y por eso les insiste en que ahorren y administren bien su dinero. “Aquí inclusive tenemos un fondo de ahorros en el cual ellas van ahorrando, aquí les colaboramos y les subsidiamos o les prestamos la mitad de la plata para la cirugía que ellas necesiten”.

El negocio es bueno, pero no tanto como lo imaginan

Según su gerente, El Castillo no vende mucho, tiene mucha afluencia de público pero no es que venda en cantidades exorbitantes. El Club vende básicamente cerveza, Whisky y energizantes. Asegura que hasta en eso han cambiado las costumbres porque hoy en día la gente no es como la de antes que se bebían cuatro o cinco botellas. Actualmente, afirmó, compran la botella de whisky, cinco energizantes, cinco Gatorade y cinco aguas. Reiteró que el consumo no es muy alto.
Dijo que el negocio está en el alquiler de las habitaciones y en el de la suite porque la hora de la suite cuesta 100 mil pesos, una habitación de rato, bonita, limpia y con camarera no vale sino 15 mil pesos. “Quienes realmente se llevan el dinero son las niñas, pero igual vivimos muy agradecidos y contentos con ellas”.

El Castillo cuenta con cinco suites y quince habitaciones de ratos, muy confortables y con una temática muy agradable.

El negocio de las habitaciones crece en promedio año un 20 por ciento, pero en lo que se nota una desaceleración es en la venta de licores, el alquiler de habitaciones por el contrario ha mostrado una dinámica interesante y con tendencia al crecimiento.

En este reconocido club nocturno perciben que la economía está contraída, pero no solo en Colombia en el resto del hemisferio y en el mundo. Por tal razón están llegando mujeres de Venezuela, del Perú y de Brasil. Lozano expuso que en medio de lo radicales que son las colombianas, en el club se les pide comprensión y solidaridad porque son seres humanos que tan solo buscan una oportunidad porque sin lugar a dudas la situación económica del mundo es muy difícil.

Un castillo de fiesta

De una manera entusiasta, las princesas de El Castillo VIP preparan el 12 aniversario del club, está todo listo para que John Alex Castaño amenice la noche especial.

“Hay mucha niña a la que le gusta la música popular y por eso el artista nos va a acompañar, Dios quiera que la gente venga. Aprovecho esta ventana para decirle al país quienes somos y que hacemos, quiero que nos vean bien, como empresarios y que no nos etiqueten como el sitio oscuro, como los proxenetas, los tipos porquerías, quiero que nos conozcan por lo que en verdad somos, pues en este escenario en el que estamos nosotros decimos que este es el Mundo Aventura de los sin vergüenzas, nosotros decimos que el Castillo es el salitre mágico de los solteros aunque no falta el casado que se cuela, pero este es el sitio de moda”, adujo.

Dentro de los planes empresariales de El Castillo está un plan de expansión que tiene en la mira ciudades como Cartagena y Villavicencio porque son cascos urbanos con potencial para el negocio pero que carecen de ese performance. Para Lozano el gran lío de Cartagena, lo cual lo irrita, es que hay mucha prostitución infantil. “Yo detesto eso”.

La idea de crecer de la mano de la legalidad es grande, se habla del asunto y hay planes ambiciosos de mediano y largo plazo.
“Queremos montar un negocio bien determinado, que el turista pueda llegar y no tenga que ver esa imagen de la niña pobre de 14 años por ahí descalza; no, queremos que llegue a un sitio en donde vea mujeres divinas colombianas, donde tenga la tranquilidad de pagar con su tarjeta de crédito sin problema alguno, donde la persona pueda llegar a Cartagena y decir voy al Castillo, voy a conocer una chica Castillo, ojalá inclusive tuviéramos el apoyo de grandes empresarios, imagino montar un Castillo en México , en Perú, o en Bolivia”, reveló.

Dentro de la idea de llevar el negocio a otras latitudes está de igual forma la idea de promover revistas de baile y musicales en vivo. No sobra decir que El Castillo se caracteriza porque es la rampa del lanzamiento de muchos artistas. En ese Club empezó Maluma cuando tenía 18 años, Andy Rivera, quien también llegó de 18 años y otros que van abriendo camino artístico.

Como valor agregado, El Castillo ofrece una plataforma completa con redes sociales las cuales son seguidas por 40.000 personas. Cuenta con la Fan Page del Castillo de Juan Pablo producciones, situación qué los hace dinámicos y muy adelantados en un negocio que combina portafolio.

Uno de sus patrocinadores es Pizza Gourmet 1969 quien permite volantes de El Castillo. “Es bueno palpar el cómo nos están viendo, eso para mí es una cosa titánica, estoy muy feliz por eso”.

El Castillo es una empresa común y corriente, paga impuestos y tiene sentido de responsabilidad social. La firma genera unos 300 empleos directos, oferta laboral que no tienen otras grandes factorías a criterio de su gerente.

El club cuenta con 18 meseros, 18 hombres de logística y entre 100 y 150 mujeres en fin de semana. Se trata de personas adultas que optaron por ese camino porque se sienten empresas que pueden manejar a su antojo. Se trata de igual manera de madres cabeza de familia, mamás de uno o dos niños y como si fuera poco sostienen a sus padres.

También gana dinero el señor del parqueadero, el vendedor de los tintos y muchos, no en vano esa noche hubo una compra de capuchinos por 150.000 pesos.

“Pienso que si El Castillo o la Piscina desaparecieran del Santa Fe todo esto sería una olla impresionante, este barrio sería de miedo, sería tenebroso”, sostuvo.

Actualmente la empresa piensa en reforzar su seguridad y el servicio a las mesas lo cual implica mayor generación de empleo. Los meseros del Centro de Eventos deben llevar su celular por obligación, pero este debe ser un Smart Phone comprado legalmente y en establecimientos formales, razón por la cual se les exige la factura de compra.

El Castillo hace la precisión que no solamente vende espectáculo, bebidas o acoge las más bellas mujeres, aclara que vende seguridad y buena fe porque el negocio tiene un estatus que no puede perder. Las mujeres que llegan a este Club lo hacen de manera voluntaria porque entran cuando quieren y salen el día que lo consideren. Se les exige respeto y se les da del mismo, pero hay reglas en cuanto a no tomar bienes ajenos, a no irrespetar o agredir a nadie, están totalmente informadas de lo malo que puede ser eso para su trabajo y por ello firman un acta de compromiso.

Las chicas del sitio tienen acceso al médico y están vigiladas por especialistas. El cliente de El Castillo paga algo más, pero no se expone a un robo, a un atraco o a consumir alcohol adulterado. Este negocio es visitado por turistas y hombres de negocios, de hecho se dan cita allí para contemplar opciones de inversión en diversos sectores de la economía.

Lozano insistió en que no hay trabajo más tranquilo que el que se hace a la luz, por eso pidió del Congreso y de la comunidad apoyo pues sería importante contar con un comercio las 24 horas del día como en otras ciudades del mundo.

Este hombre amigo de la metafísica defiende el postulado o la ley de la correspondencia es decir que lo bueno o lo malo que haga una persona se le devuelve. Juan Pablo Lozano, ha ayudado a muchas mujeres en líos, algunas maltratadas por sus maridos, otras que huyen de los carteles del indeseable crédito gota a gota y las que han perdido bebés. “Este es un refugio para muchas y manejamos con mucho empuje la actitud positiva”.

Termino la entrevista y me dirijo a la sala principal, ya las chicas se han maquillado y se han puesto el mejor atuendo que en esta ocasión implica representar una piyamada. La música ya suena y poco a poco van ingresando los clientes que al parecer tuvieron una semana dura en el trabajo. Algunos llaman a las muy bonitas mujeres que de inmediato inician la negociación al ritmo de la música electrónica, la misma que hace bailar a la primera modelo de la noche que desfila por una pasarela angosta, hasta llegar a un tubo que conecta techo con piso para dar vueltas y mostrar atributos y talento en el baile.
Karla, una bella rubia se sienta a mi lado, su rostro es precioso y me contesta tajantemente una pregunta sobre su trabajo. “Me gusta, lo disfruto y estoy aquí porque gano dinero, yo respondo por mis dos hijos”.

Los otros negocios

Carolina Ramírez Arredondo, es una mujer emprendedora que gana dinero preparando las comidas de las niñas y empleados de El Castillo. Su comida casera se vende todos los días y se reparte entre las siete y las nueve de la noche.

Esta guapa trigueña también vende postres y refrigerios en el colegio de su hija. Para el caso de las comidas, Carolina vende por 5.000 pesos un plato de buen sabor y preparado en las más exigentes condiciones de aseo.

Carolina trabajó en El Castillo como coordinadora y era quien pagaba la comisión por el licor, pero no pudo seguir trabajando por su pequeña hija que demandaba mayores cuidados y mucho más tiempo.

“Este tipo de trabajo genera mucho empleo, no sólo a mí, a personas que vienen a vender perfumes, que comercializan mercancías y que buscan complementar su ingreso. “Por todo lado todos nos rebuscamos; es una empresa que genera mucho empleo”.

No desconoció que la prostitución es un mundo muy difícil en donde quizás se gana muy buen dinero, pero que quita mucha vida.

“La idea es que las niñas tomen conciencia y ahorren porque la belleza no es eterna. Lo ideal es que trabajen dos o tres años y den un paso al costado para darle vida a sus propios negocios o proyectos de vida, lo primordial es que logren ser felices y estén tranquilas.

La otra prostitución

Una vez salimos de El Castillo visitamos otros lugares de prostitución y optamos por cambiar de sitio y día. Es lunes, y un sol intenso abraza las calles bogotanas. A la sombra de un camión viejo de color verde nos atiende, Luz Marina, como dice llamarse. Ella trabaja por las calles del barrio Siete de Agosto en un lugar contiguo a la plaza de mercado en donde son muchas las mujeres y los travestis que ofrecen servicios sexuales.

En este sitio se observa todo tipo de personas, habitantes de la calle, drogadictos, gente alicorada y todo un empuje de ciudad arrancando semana porque allí suele haber un movimiento empresarial y comercial de mucho vigor.

Esta agradable señora tiene por lo menos 35 años, es madre de tres hijos y como es apenas obvio debe mantenerlos, es decir, pagarles un techo, alimentarlos y darles educación. Su tarifa es de 25.000 pesos la cual es una tarifa estándar del sector, la tarifa incluye el pago de residencia y el servicio.

Como Luz Marina, hay decenas de mujeres y hombres con ropas ligeras, con mucho maquillaje y con la belleza preparada para atender a sus clientes. En este oficio se ve de todo, hay mujeres delgadas, gordas, bonitas y otras no tanto, pero todas tienen su algo que las mantiene en el mercado. Hay de igual manera personas con algún tipo de discapacidad, pero como lo dijo uno de los administradores de uno de los moteles, “Para todo hay gente”.

Subimos por la calle 66 hacia la avenida Caracas, por este eje hay una oferta amplia de pequeños sitios en donde llegan muchas mujeres a buscar dinero. Cualquiera en Transmilenio las confunde con una secretaria, con una universitaria o con una persona que tiene una vida común y corriente, pero llegan se cambian y con esa transformación quedan listas en el mundo del sexo por plata. La tarifa en esos lugares es de 20.000 pesos, pero puede subir a 25.000 o 30.000 pesos, dependiendo de lo que escoja porque en esos negocios se maneja el combo que puede incluir en ocasiones hasta dos chicas.

Estos lugares abren sus puertas a las nueve de la mañana y cierran a las nueve de la noche, es decir manejan un horario a donde llegan mujeres de todo tipo las cuales buscan ganar dinero con la belleza que la vida les dio.

Al ingresar a uno de estos locales encontramos un ambiente oscuro, de bombillas rojas y dos pequeñas salas cada una con su mesa de centro para ubicar los licores o los refrescos ofertados. Un hombre sale y saluda de manera muy cordial, de inmediato va a una salida, hacia el patio de la casa y golpea sus palmas fuertemente gritando chicas a la sala. De inmediato salen cuatro mujeres entre los 18 y los 25 años en ropas ligeras, coloridas y montadas en unos tacones de todo tipo y estilo.

No se puede negar, son niñas muy guapas, llenas de mocedad y ávidas de dinero, no las impulsa sino eso la plata y desde luego los compromisos.

Camila tiene 22 años, es una bonita trigueña que vino de Sincelejo, ella tiene un hijo y la forma de responder por él es vendiendo su cuerpo. Paga un arriendo de 600.000 pesos en Chapinero y un jardín de 200.000 pesos, eso sin contar servicios públicos, vestuario, alimentación y hasta la recreación del niño. Su tarifa es de 25.000 pesos por 20 minutos o de 40.000 pesos por media hora.

Sus ingresos varían, pero en un día esta mujer gana con esos precios entre 400.000 y 500.000 pesos, es decir que haciendo cuentas sobre 300.000 pesos sus ingresos son de 1.5 millones por semana trabajando de lunes a viernes, lo que sumado le da seis millones mensuales, una cifra nada despreciable para quien no tiene una carrera o un derrotero definido.

Al preguntarle por su trabajo fue muy contundente al decir que lo hace por gusto y porque siente que es lo que sabe hacer, esta costeña considera que el sexo es una profesión y por eso descartó cualquier oferta laboral con un estipendio de 1.6 millones de pesos y amparada por todos los beneficios legales. “No me sirve un salario, aquí hago y elijo lo que quiero”.

La agraciada sincelejana me mira fijamente, acomoda las cintas de su blusa que escurren por sus hombros brillantes y me dice, qué pena me tengo que ir, hay trabajo que hacer. Se levantó del hombro del pequeño sofá e ingreso por una estrecha puerta a reencontrarse con su mundo, ese que ella escogió.

Camila lleva dos años prostituyéndose y desde que empezó su tarifa es de 25.000 pesos, lo cual sumado le da mucho más de lo esperado para cubrir sus gastos porque también es madre soltera.

En este sector de Chapinero de elevada demanda en servicios sexuales hay leyendas e historias de mujeres que dejaron la prostitución. Gloria fue una próspera meretriz que ganó mucho dinero con su cuerpo, tanto que hoy tiene casa en Kennedy, casa en Neiva y una finca en Pitalito (Huila).

Volviendo al barrio Santa Fe hay mujeres que tienen como escenario las calles y cobran por una relación sexual hasta 50.000 pesos, hay ingresos semanales superiores a los 4 o 5 millones de pesos, claro está en medio del riesgo y de muchos oportunistas que quieren vivir como parásitos bajo la férula de la amenaza.

Jaime Sánchez es por decirlo de alguna manera un mecenas de las prostitutas, las conoce muy bien, sabe de sus sentimientos, de sus anhelos y de sus ambiciones. Este hombre amable y buena gente literalmente le abre la puerta de su casa en Chapinero a muchas mujeres o travestis que no tiene techo, les ayuda con la alimentación y les da orientación.

Jaime no se va con rodeos, ha vivido del sexo, ha rentado habitaciones y muchas mujeres lo buscan porque dicen que Jaime si sabe “en donde ponen las garzas”.

“En este oficio se mueve mucho dinero, en Colombia hay demasiadas mujeres vendiendo sexo, las hay en centros comerciales, en colegios, universidades, en supermercados, salas de belleza y hasta en sus casas porque en la Internet son cada vez más los avisos de servicios sexuales, lo ofrecen mujeres y hombres travestis, eso está de moda, luego es un mercado muy grande que mueve billones de pesos y no pocos, muchísimos diría yo”, comentó Sánchez.

También Jaime dijo que la prostitución hay que desmitificarla porque sencilla y llanamente es una empresa, cada mujer es un negocio que se maneja sola porque le gusta la independencia y elije su forma de vivir. “Yo no generalizaría que se trata de una situación coactiva, no, aquí llegan mujeres en cantidad buscando sitios para vender sexo, vienen de todos los rincones de Colombia porque saben que en Bogotá hay plata y que es la plaza para obtener dinero en cantidad”.

Algo que me llamó poderosamente la atención es que los proxenetas están quedando atrás, ahora cada mujer se vende como quiere y en donde quiere, la seguridad la tiene ella misma, una mujer de la calle puede ser peligrosa si se le busca el lado negativo, empero muchos que vivieron de las trabajadoras sexuales quedaron sin empleo. “Puede darse aún, pero en muy contadas excepciones”.

La niña de dedo parado

Diana es una antioqueña amable, muy hermosa, es dueña de un cuerpo escultural, de una cara perfecta, de un rubio y bien cuidado cabello y de una sonrisa que cautiva a cualquiera, es una deidad.

Su tarifa oscila entre 500.000 pesos, 600.000 o un millón de pesos. Quien la quiera llevar a la cama debe tener dinero y de sobra. Diana es una prepago muy bella que tiene elevados egresos, de un lado paga arriendo en un cómodo apartamento de Unicentro en el exclusivo norte de Bogotá y es amiga de la buena vida.

Hay que abonarle que es una mujer responsable y prospectiva porque paga su seguridad social, ella dice que la salud como la vida no están compradas y por eso cotiza en EPS y en ahorro pensional.

 Otro mundo lo tiene Claudia, una mujer vallecaucana que trabaja desde su apartamento, ella tiene aviso en la Internet y cobra por cada relación sexual entre 100.000 y 130.000 pesos, esta tarifa pueda aumentar a 200.000 pesos o más si el servicio es para dos personas. “Hay muchas parejas buscando sexo y nosotras lo hacemos, pero eso cuesta”.

Sin salir de su casa, Claudia es una vecina más del sector de Normandía en el noroccidente de Bogotá que gana dinero con sus curvas y con su cara bonita, en un día puede atender a cuatro caballeros que le dejan entre 400.000 y 500.000 pesos hablando de promedios. Entra y sale, se saluda con sus beatas vecinas que aún no advierten que la señora con quien hicieron mercado viene de atender a una pareja.

Jaime Sánchez asegura que hay mujeres que se dan el lujo de alquilar apartamentos de dos millones y de hasta de ocho millones de pesos mensuales, lo increíble es que su belleza les da para eso, luego el asunto de las “pobrecitas”, queda revaluado. Una tendencia que está tomando fuerza en la prostitución es el de las mujeres embarazadas, las cuales tienen gran demanda y unos precios que pueden llegar a 500.000 pesos en una hora. “Le cuento algo, anteriormente la mamá prostituía a sus hijas, ahora la torta dio la vuelta, es la hija la que convence a la mamá de vender su cuerpo aún tonificado, lo he visto”.

Los travestis, un mercado que crece

En el clásico sector de Chapinero en donde las casas son patrimonio arquitectónico de Bogotá también hay espacio para la otra prostitución.

En este caso la de los travestis que siguen imponiendo una moda y una tendencia en el mercado del sexo.
Paula es casi una mujer, asegura que nació en un cuerpo que no le corresponde y por ello está a las puertas de su operación para ser la mujer que sintió ser desde su infancia.

Esta morena de cara perfecta, de labios carmesí y ojos que alumbran entre el color café y el color miel de sus pupilas toda vez que dan varias tonalidades cuando mira con el sol de frente también gana dinero con su cuerpo tratado desde hace rato con hormonas.

Paula nació en Jamundí, pero su vida se desarrolló en Neiva. A los 16 años llega su transformación y es cuando se mira en un espejo y ratifica que tiene belleza y decide que a eso le puede sacar provecho. Hoy tiene 21 años y ha experimentado de todo en la vida.

En un comienzo trabajó en las calles, pero luego decidió abrir un sitio en la Internet en donde es contactada por sus clientes. Por una relación esta travesti cobra 150.000 pesos y atiende entre tres y cinco hombres por día. Hay semanas muy buenas y por eso los ingresos de Paula pueden superar fácilmente los seis millones de pesos mensuales. Los fines de semana son de gran actividad y por eso las ganancias.

Paula asegura que está en la prostitución porque le gusta, porque fue su vocación y porque tiene una ambición que no esconde, el dinero. “A mí me gusta la plata y ya, mi meta es ser millonaria y la voy a cumplir”.

Esta joven mujer que nació en el cuerpo de un hombre, como dice, es la mayor de seis hermanos. A todos les ayuda al igual que a su madre de quien tiene sus reservas porque no le reclama la pobreza, pero sí el trato que les dio y la vida desproporcionada que llevó.

El 15 de octubre es una fecha especial para Paula porque se hará la operación esperada de cambio de sexo, luego de ello vienen sus más anhelados proyectos, viajar a Italia a trabajar como prostituta. “Soy una empresa y voy camino a ser empresaria”.
Paula también es consciente de los ciclos de la economía, hay clientes que dejaron de frecuentarla, precisamente por la coyuntura económica, sin embargo hay clientes de manera permanente.

“Me encanta invertir en mi cuerpo y verme linda, esta vida la escogí yo y quiero ganar mucho con mis atributos”, concluyó.
Vuelvo súbitamente al club El Castillo, veo mujeres de todas las bellezas posibles, veo gente feliz, pero por encima de todo veo un negocio en el que intervienen las autoridades y en el que hay controles. Este negocio se mueve como una zona franca en donde se ofrece diversión para adultos y en donde convergen colombianos y extranjeros de todas las latitudes, todos tienen en común el gusto por las mujeres bellas, por el esparcimiento y por el buen servicio.

La localidad de Santa Fe nació prácticamente el seis de agosto de 1538 con el asentamiento militar de San Cristóbal. Con la llegada del siglo XX vienen las transformaciones urbanas fruto de la expansión y es así como en 1920 la ciudad avanza hacia Chapinero y luego en 1950 se extiende al occidente.

En 1909 se entrega a la comunidad el famoso Parque de la Independencia, pero también fue famoso el sector porque fue el primer sitio en donde se realizó una exposición agroindustrial con ocasión de conmemorar la independencia, dicho evento se llevó a cabo en 1910. En 1924 es inaugurado el teatro Faenza con la producción nacional, “La tragedia del Silencio”, un largometraje totalmente criollo.

Este barrio como tal fue fundado en 1938 y era el sitio selecto de poetas e ilustres, también de empresarios y de la pujante comunidad judía. Allí vivió y murió el maestro León de Greiff, reconocida pluma de la poesía colombiana que le dio vida a los reconocidos Panidas.

En 1948 el “Bogotazo” arrasa con casi toda la localidad, pero paulatinamente se va reconstruyendo. El barrio santa Fe albergó reconocidas familias de la aristocracia bogotana, allí habitaron personajes de la vida pública nacional, fue punto de encuentro de políticos y el sitio de la hora del té de las damas oligarcas de la época.

Hoy salgo de tan respetable barrio en un taxi, viendo cantidades de mujeres de todas las edades, ya entrada la noche la oferta de sexo aumenta y los clientes llegan por todos los puntos cardinales como hormigas, es un sector de gran movimiento comercial y en donde la economía se encadena. Allí prácticamente venden de todo.

Este es un corto viaje por el mundo de la prostitución, ese que deja tantos millones en el camino, ese mundo de música electrónica, de llamadas e Internet, un mundo para muchos terrible, pero para otros espectacular porque finalmente muestra lo prohibido y lo lejano, pero lo más real en un país de muy pocas oportunidades. Fuimos con el mayor respeto a un sitio en donde buenos seres humanos nos contaron su razón de ser, visitamos personas con formas diferentes de ver la vida, estuvimos presenciando una manera de tejido social que une y que finalmente hace parte de la economía de un país que como muchos de la región produce y exporta putas, las mismas que hacen parte del consumo y de una nación que crece y se desarrolla empujada por esa economía, ayudada o indexada por los rostros hermosos y lascivos de la prostitución.

Con las cifras de la prostitución, no sería raro que los neoliberales colombianos estén pensando en concesionar zonas o burdeles, o lo que sería peor, que así como hicieron con el subsuelo, ahora determinen que las vaginas son propiedad del estado.

Tras observar luces, escuchar ruidos, risas y gritos eufóricos, luego de ver tantas mujeres esperando impávidas al postor, llega a mi mente justo el primer poema publicado por el maestro León de Greiff, “La Balada de los Búhos estáticos” porque hubo sombras, perfumes y aromas semejantes, cerebros caóticos y ensoñares macabros exóticos. Curiosamente la luna llena como quien firma, también estaba lela.

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