Sábado, 03 Octubre 2020 08:14

Con unión industrial, habrá mucha tela de donde cortar

Por

Según Colombia Tela,  hay ambiente en los industriales grandes, medianos y pequeños que ven luz al final del túnel, precisa que hay retos, pero igual muchas oportunidades. El vecino es el amigo.

El enemigo de los empresarios no es el libre comercio, la tasa de cambio, el clima, la política o la geopolítica, no, el gran problema radica en la falta de uniformidad para hacer las cosas, para innovar y para entrar en equipo a las grandes ligas de la competitividad. Al empresario, al productor primario y a muchos artesanos o propietarios de negocios les faltó mover sus proyecciones sobre pilares de asociatividad, unión y articulación para fortalecer cadenas productivas y las ventas masivas.

Los expertos en el tema dicen que la pandemia dejó una lección muy grande y es precisamente alejarse del egoísmo porque ahora todos deben propender desde el sector real por articularse y tener una misma visión, de lo contrario, anotan, muchos están llamados a colapsar. En una reunión de muy alto perfil que adelantó la pujante industria textil la gran conclusión es que en todo sector es vital trabajar unidos y para el caso de los textiles el tema va desde aquel agricultor que siembra algodón hasta quien lo procesa, lo tintura y finalmente a los responsables de llevar el producto terminado, es decir una cadena en donde todos, absolutamente todos, son importantes para el éxito de siembras, empresas y más empresas.

En esa larga cadena, anotan los empresarios, hay que tener en cuenta a los confeccionistas, a los exportadores y a los mismos importadores. 

En la importante cita fueron varias las conclusiones, pero algo para tener en cuenta es que una empresa pequeña produce tela mensual para confeccionar entre dos millones de pantalones o tres millones de blusas, una muestra clara que sí hay demanda y que la gente está comprando, haciendo caso patriota a la campaña “colombiano compra colombiano”, un nacionalismo que busca la manufactura local, pero igual exigiendo que quien importa lo haga de manera legal y con ello el mismo consumidor está evitando que el país se inunde de contrabando así como de baratijas de la más precaria calidad.

Un tema relevante es que a la fecha todos los industriales y empresarios de la moda están trabajando de la mano de la Policía Fiscal y Aduanera, POLFA, en aras de defender el producto nacional. En lo corrido de la pandemia las capturas de bienes son elevadas y con ello queda ratificado que la unión hace la fuerza. Hoy hay controles austeros muy eficaces y al hecho se suma que bajaron las importaciones ilegales y que hay mucho más control a asuntos como la corrupción en las entidades estatales que tienen que vigilar el ingreso y salida de mercancías.

Una elemental operación matemática deja ver que el producto importado legalmente internado versus el producto nacional, la gente tiende a volcarse por la manufactura o la industria colombiana, no solo por precio, sino por factores claves como calidad, durabilidad, textura, diseño, innovación y apuesta por el empleo y el desarrollo. El tema es tan visible que el comerciante que va al Gran San con un millón de pesos y les ofrecen blusas importadas a 3.000 pesos y al mismo valor la nacional, de lejos se queda con la que fabrican los empresarios colombianos con telas orgullosamente nacionales.

Dentro de los factores de precio y mercado está la dificultad que la pandemia le ha ocasionado a China y a otros jugadores asiáticos con las materias primas, fenómeno que ha hecho que incumplan con despacho o que no puedan comprometerse con los volúmenes que solían manejar.

La industria textil y de confecciones sigue dinámica y en medio de la pandemia, con muertos y contagiados, los despachos se siguen haciendo. En el tema del calzado si hay un frenazo porque la gente pasa su cuarentena en pijama, sudadera con tenis o pantuflas, pero sin zapatos, zapatillas o botas. En ese nicho de mercado el lío es visible porque hay un enorme inventario de calzado para dama y caballero, pero igual hubo otros subsectores que terminaron fortaleciéndose. La moda ya empieza a reactivarse con los fashion y por eso hay plataformas a nivel internacional como Nueva York, Milán, Shanghái, París, Tokio y desde luego las colombianas, muy en la virtualidad mientras pasa la crisis, que ojalá sea pronto, para retornar a las ferias y muestras presenciales.

La pandemia igual dio golpes de autoridad en competitividad porque hubo empresas de todos los sectores que no tenían claras las bondades y la importancia de la era digital, de todo ese entorno de inteligencia artificial y cuarta revolución industrial. El tema empezó a cambiar y mientras el mundo se escondía del virus, los empresarios de Colombia matriculaban sus empresas en plataformas y manejos digitales para operación y comercialización.

Los empresarios en Bogotá destacaron el compromiso del presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá Nicolás Uribe, quien se comprometió a jugársela a fondo por la micro, pequeña y mediana empresa en la capital del país, ello obedeciendo directrices del ministerio de Comercio y atendiendo inclusive cifras habida cuenta que entre el 86 y el 90 por ciento de empresarios hacen parte de las micro, pequeñas y empresas familiares las cuales en el sistema moda generan 2.2 millones de empleos empero a la hora de ver las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, los empresarios formalizados generan 600.000 puestos de trabajo, luego 1.6 millones de empleos son informales y que urge meterlos en la bolsa de la legalidad para que los trabajadores tengan los derechos mínimos de equidad y amparo en seguridad social.

El trabajo al llamado destajo o por horas resta equilibrio y evita que los empresarios paguen lo que por ley les corresponde y ello va agudizando una cultura del día a día en donde se gana sin pensar en las personas, haciendo de lado el concepto de proyección y crecimiento.

Colombia le tiene miedo a la formalización e ignora que si no lo hace le deja todo el negocio y el mercado a esa mínima franja de empresarios que sí están formalizados. Las empresas que se articulan y entran por senderos de formalidad pueden ingresar perfectamente a los almacenes de gran formato y a las tiendas de mayor tamaño a poner producto, asegurando presente y futuro. Ese contexto solamente saldrá adelante cuando se genere facturación, haya formalización, cuentas bancarias y todo un esquema empresarial, tema que será abordado con las organizaciones solidarias para explorar salidas y poder así formar empresarios sólidos, dispuestos y con mercado fijo, prestos a competir con el que le pongan.

La generación de riqueza tiene un costo y eso es lo mínimo que una factoría debe asumir cuando de facturar y progresar se trata.

Los empresarios dicen que las cámaras de comercio son herramientas muy útiles cuando se utilizan al derecho porque más allá del registro mercantil que es una obligación al amparo de la ley, tiene la ventaja de estar afiliado y con lo que una firma paga de afiliación anual la plata la recupera por lo menos 40 veces por todos los programas que ofrece el sistema cameral en capacitación, productividad, competitividad y tejido social.

Las empresas que son conocidas como mega brindan a través de sus ejecutivos de primer nivel cátedra sobre como cristalizar los sueños desde las micro, pequeñas y medianas industrias para poder vislumbrar que va a pasar en diez o en quince años.

Una empresa de gran formato suele estructurarse anualmente para garantizar funcionalidad en el largo plazo para no experimentar lo de la mayoría de las pymes que generalmente desaparecen en los primeros cinco años de existencia, justamente por falta de visión y por vivir del día a día.

Hay casos en pequeñas y medianas empresas en las que un crédito otorgado va siendo un problema porque los tiempos de buenas ventas se convierten en carros y compras no indispensables, haciendo caso omiso de la reinversión en estructuración de la empresa y pasando por alto el ahorro.

José Miguel Piedrahita

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de Colombia Tela, José Miguel Piedrahita, afirmó que los ajustes para mejorar y garantizar mercados están en el total de la economía y de las empresas partiendo de la ruralidad, la agroindustria y luego por la transformación y la manufactura. En todos los sectores, apuntó, hay una tarea muy grande por hacer en innovación, tecnificación, relevo de bienes de capital, formalización y sin duda alguna el ingreso a la digitalización y todo lo concerniente a la realidad virtual.

Con las cuarentenas y con las medidas que amenazaron industria y comercio fue posible dar un paso a la unión y por ello todos los sectores expresaron su malestar por la intermitencia con el cierre y apertura de comercios y fábricas. El sistema moda, las peluquerías, los talleres, restaurantes y bares entre tanto, todos articulados lograron ejercer presión para evitar un apagón total del aparato productivo porque los empresarios no estaban pidiendo obsequios ni consideraciones diferentes a trabajar y salvar empleos y capital, algo totalmente legítimo.

Así como fue posible unirse para salvar la productividad, Piedrahita insistió en la formalización, en legalizar empresas y entrar al mundo de la generación de riqueza, pero pagando impuestos y asumiendo costos laborales para tener gente con ingreso que representa gasto adicional de bienes y servicios, pero no gente con lo del día.

El asunto no es culpar al gobierno o al de al lado, no el tema, recalcó, es promover la transparencia empresarial, el pago de sueldos y seguridad social para tener gente feliz, con dinero por sueldo, por sus primas y a futuro con el ahorro pensional, es decir un país viable y construido al derecho.

 

En Colombia nos quejamos por todo, muchos dicen que para qué pagar pensión si las condiciones están dadas para no pensionarse, pero muchos omiten o no saben que en el país viendo la base para ese rubro, tan solo el 25 por ciento de la clase trabajadora es la única que aporta, es decir que un 75 por ciento restante que no lo hace podría dar oxígeno, mitigar el estrés fiscal por pensiones, única y exclusivamente pagando y entrando en marcos legales, nada complicado de hacer”, declaró el señor Piedrahita.

 

La pandemia, estimó, cambió la forma de hacer las cosas y por eso quien quiera seguir en el mundo de la empresa tiene que empezar por pagar sus obligaciones, por remunerar a su personal y por jugar limpio, de lo contrario muchos no estarán por largo tiempo en el mercado porque el país crecerá medianamente lo cual no viene bien.

Con el punto final a calzado Payless, empresa estadounidense fundada en 1956 que decidió cerrar luego de tener en sus manos cerca del tres por ciento del mercado mundial. Con la desaparición de esos grandes es cuando justo llegan las oportunidades para ejes productivos como el Restrepo en donde todo será color de rosa con asociatividad, formalización, articulación y vendiéndole calzado a las cadenas que ya no reciben zapatos de Payless. También con los nuevos mercados que estén por nacer, es decir, hay caos, pero como en todo, esa palabra viene acompañada de términos como oportunidad y fortuna.

Tal cual las guerras, el mundo va a quedar destruido con la Covid-19 y todo ese proceso de reconstrucción vendrá cargado de opciones y riqueza, pero la meta solo es viable haciendo las cosas bien y no pasando de agache con los pagos al estado, a los trabajadores y al mismo proceso de estructuración de las asociaciones.

Con Colombia productiva viene el programa “Repoténciate” y Colombia Tela entró en el tema porque leyó que dentro de la institucionalidad generosamente llueven las oportunidades. Hay salidas, dijo Piedrahita, pero trabajando y sin pereza porque en la vida el crecer demanda tiempo, dinero, cumplimiento, probidad y amor por lo que se hace.

En la reunión adelantada entre Coltejer, Protela, Lafayette, Pat Primo, Fabricato y Toptex, en el marco de "Repoténciate", fue grato escuchar de los más grandes expertos, de esos industriales de gran calado, que la clave del éxito futuro está en trabajar unidos, algo que movió el entusiasmo y el compromiso de las empresas medianas y pequeñas que escuchan de voces autorizadas la receta para no colisionar. En esta reunión quedó claro que el trabajo y el respaldo es por el país, por su progreso y por su empleo.

 

“Hoy no debemos tener miedo de hablar con los exportadores o con los importadores, ese tema que fue tabú a la hora de definir aranceles no puede seguir como un mito. Todos tenemos que caminar en la misma línea, es ideal que como colombianos podamos proveer lo nacional, pero en un mundo globalizado hay que respetar la musculatura de uno y de otro para vender por fuera de Colombia y si hay importadores, igual pueden hacer su actividad, eso sí, atendiendo los parámetros de legalidad. Tenemos que subir a la balanza en donde no nos miremos como competidores y menos como enemigos, sobra decir que al que está en la ilegalidad y haciendo cosas indebidas hay que alelarlo porque los conocemos y sabemos quiénes son, a esas personas hay que cerrarles puertas y mercado”, enfatizó José Miguel Piedrahita.

 

Un paradigma de evolución productiva y de buenas prácticas de mercado es el Gran San, allí se nota el oficio de su gerente Yansen Estupiñan, el hombre que con trabajo y promoción de la inventiva y calidad colombiana catapultó a San Victorino como una plataforma de moda. Allí hace seis meses el 80 por ciento de las prendas eras importadas y el 20 por ciento nacional, hoy la torta dio la vuelta porque el 20 por ciento es importado y el 80 por ciento nacional, un ejercicio que muestra las bondades de la industria local.

Viendo la tendencia es fácil aseverar que la pandemia dio una mano y que cambió el chip, Colombia pudo conocerse y entenderse gracias a un encierro y a un mercado que dejó ver la calidad y exclusividad colombiana, opacada por unas ventas masivas que le habían quitado al país el derecho a vestir bien y con prendas de calidad.

 

A Colombia le sobran salidas

Colombia tiene una tarea que no será fácil, pero igual nada imposible y es reactivar su economía, retomar su empresariado y apostarle al mercado interno, nada despreciable con cerca de 50 millones de consumidores, igual apuntar a los socios inmediatos porque tiene acuerdos comerciales con Estados Unidos, con Europa, también con Centroamérica, Comunidad Andina, Alianza del Pacífico y otros países del Mercado Común del Sur, Mercosur, es decir que a nivel interno y regional, hay mercados y mucho por hacer.

Hoy dijo Colombia Tela, hay una institucionalidad amiga que al estar con ella abre puertas y hace las cosas fáciles. En productividad y comercio tan solo se necesita trabajo y voluntad porque hay exportaciones que perfectamente se pueden hacer lo cual desnuda una realidad y es que muy pocos empresarios están empapados del comercio exterior, la normatividad regional o internacional y las múltiples oportunidades de vender por fuera de Colombia.

Hay ejemplos como Chile, Perú, México, Brasil y ahora último Panamá en donde están dándole celeridad a los procesos de importación y exportación, un país que bajó tiempos y tarifas para los empresarios colombianos del sistema moda que pueden perfectamente suministrar prendas de muy buena calidad y con diseños espectaculares a los panameños los que otrora tercerizaron el contrabando perverso proveniente de China, Indonesia y otros países del sudeste asiático. A la fecha mirar a Panamá es afortunado más si quien lo hace tiene bien desarrollado el chip exportador porque hay condiciones en esa puerta grata de América Central.

El futuro está en el Pacífico, las salidas son varias y pueden estar en la región que tienen producciones y comercios con alta estructura. Según el vocero a las empresas gigantes de textiles y sistema moda en los Estados Unidos les está yendo muy mal y posiblemente seguirán postradas porque el mismo costo de operación les impedirá salir a flote, caso opuesto las micro, pequeñas o medinas tendrán más opciones de dejar el sitio oscuro.

Un factor que le ayudó a Colombia fue el aguante, el temple de los empresarios y la resiliencia, término que se conjugó a la perfección con gustar y saber, entre otras cosas una razón para caer y levantarse.

 

“Si a nosotros no nos derrumbó una apertura económica como la puesta en marcha en 1991 por Cesar Gaviria, somos capaces de aguantar cualquier otra crisis. La apertura fue súbita y sacó a muchos del mercado, en este caso nos avisaron lo que venía pierna arriba. Hoy he visto empresarios que están mejor de cómo estaban en esa época y todo porque se supieron reinventar, aprendieron de reingeniería e innovación”, afirmó el presidente de Colombia Tela.

 

El cementerio de empresas será un motivo para vivir

 

Reconociendo el trabajo de campesinos, agricultores, empresarios, comerciantes y todos los que garantizan tranquilidad, hay un momento único para el sector real y es decirle al gobierno que llegó la hora de repensar el país, de reconstruirlo entre todos y hacer que la tragedia termine en una primavera productiva en donde haya condiciones para manufacturar, sembrar y crear, de todas maneras, las mismas facilidades se requerirán en el público para demandar bienes y servicios. Después de la tormenta viene la calma y al parecer los empresarios están dispuestos a jugársela de lleno por un mejor país.

Si bien hay problemas en el planeta que encierran quiebras, desempleo e inestabilidad fiscal, igual es cierto que vendrán reformas tributarias en el mundo porque todos los países gastaron y todos perdieron, ninguno tuvo un comportamiento diferente frente al problema pandémico. Los gobiernos no tendrán los mismos ingresos porque muchos contribuyentes terminaron en banca rota, seguirán en calzas prietas por las compras de UCIS, vacunas y egresos. Ese dinero finalmente tendrá que ponerlo la sociedad y su sistema productivo, de eso nada hay que discutir, vendrán reformas y habrá que pagar.

A criterio de Piedrahita, lo ideal es crear condiciones lo cual contempla un IVA diferencial para el sistema moda que no se ha logrado por el alto nivel de informalidad en Colombia. Ese fenómeno demuestra que si los informales apuestan por legalidad habrá más dinero, serán menores las presiones estatales y las reglas de juego podrán mantenerse estables porque en esos términos será muy fácil hablar ampliamente de riqueza, desde luego eso obliga a reducir o atomizar la corrupción venga de donde venga y que para el sector público demanda medidas o cambios urgentes porque los organismos de control están maniatados para castigar ejemplarmente a quienes delinquen con cargo a los dineros de la nación, esos de sudor y lágrimas.

 

“Colombia tiene imitar los esquemas que sirven y es aplicar un IVA que debe pagarlo todo el mundo, pero con menor tarifa, solo así la gente paga sin prevención alguna porque cancela una tarifa que nadie evadirá y que podrá verse reflejada en desarrollo. En Estados Unidos todos tributan, pero en Colombia diez manzanas pagan impuestos y las otras 90 no, luego así es muy complicado hablar de crecer o mejorar en vías, educación, salud y otros frentes. Solamente pagando menos tarifa, pero universalizando el pago será muy sencillo hablar de un país posible, aclarando también que el estado tampoco se puede enriquecer a costillas de empresarios y consumidores”, sostuvo el reconocido industrial.

 

Solo pagando y tomando medidas para eliminar prebendas y gabelas a los grupos económicos o empresas que llegan a Colombia a extraer minerales, petróleo, será posible hablar de equidad porque el estado no regala nada, les cobra a todos y tendrá plata de sobra para los planes de desarrollo que usualmente quedan a mitad de camino y para la muestra el túnel de la línea que lo entregaron en estos tiempos en los que los carros ya vuelan.

La ley de plazos mínimos con la cual las grandes superficies no podrán seguir con la tónica de pagar cuando quieren, adicionar 30 días y al término de estos tan solo entregaban una mercancía que decían no se vendió, un abuso por dónde se le mire. Esa medida les dará aire a pequeños y medianos empresarios que podrán hacerse en tiempos lógicos a su capital de trabajo. Es la hora de que el empresario se convenza que, el aparato estatal no está para dar sino para crear las condiciones obvias de productividad y generación tanto de empleo como de riqueza.

Hay que decir como una muy buena noticia que no existe un margen amplio de entrega porque las empresas están haciendo programación para llevar los textiles en un plazo de sesenta días. Eso muestra la capacidad fabulosa de consumo de tela en el que se encuentra Colombia. Hace seis meses, antes de la pandemia era fácil entregar en veinte días, hoy al sacar un pedido, el compromiso de suministro tarda dos meses, todo porque los pedidos están disparados.

Dichosamente se puede decir que en diciembre históricamente suele, venderse lo que se fabrica, es una época especial y de gran demanda. Los empresarios están obligados a enterarse de los derechos y beneficios que hay en los ministerios y en las cámaras de comercio en dónde son eficientes los clústeres que tienen una gama amplia de especializaciones, permitiendo mejorar en competitividad, productividad, buenas prácticas y apertura de mercados entre tantas opciones.

Hay convenios con la firma Lógica, experta en código de barras para hacer lectura de inventarios por 3.000 millones de pesos y ahí está el oficio de la cámara de comercio que con ese acuerdo les lleva soluciones a los industriales a costo cero. El que no entra en código de barras es porque no quiere o porque no sabe. Herramientas, dijo Colombia Tela, hay por cantidades, pero los empresarios no saben de esas ayudas y por ello se hace más usual la crítica que la acción y la misma profesionalización.

Otro apoyo es el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, que es vital en la capacitación y formación de profesionales de partes fundamentales del sistema moda y de otros sectores productivos. Para el caso de la moda las soluciones llegaron con los técnicos en promoción. Ese aspecto no estaba en carpeta y para satisfacer la pregunta del ministerio de Educación sobre las justificaciones de la nueva carrera, la directora del clúster Martha Alicia Gracia, convocó a los empresarios que con argumentos lograron un tajante sí.

El reto fue asumido y es por eso por lo que los empresarios trabajarán en fundamentación empresarial para garantizar sostenibilidad, fomentando riqueza y generando empleo. Todo, concluyó el presidente de Colombia Tela, es posible, pero bajo el techo de la formalización que cuando esté a tope podría quitarles a los infractores un 25 por ciento, llevando empresarios a escenarios de legalidad y éxito.

Las pymes necesitan un verdadero doliente que demuestre sin tanta ecuación, que pagar es rentable, que la formalidad ayuda y que solo así ese sector que generó casi el 94 por ciento del empleo podrá tener mejores condiciones que las mismas multinacionales, igual hoy el sector pyme sigue jalonando empleo, demanda y calidad de vida, pero hace falta por mejorar y aún hay tiempo.

Este ejemplo lo dio el empresario José Miguel Piedrahita que en los momentos más crudos de la pandemia optó por fabricar tapabocas, batas para los médicos y prendas quirúrgicas, así como de bioseguridad. El trabajo de salvamento de su factoría y toda gestión para evitar problemas, fue adelantado a través de la Internet, incluidos los pagos y hoy respira muy tranquilo a la espera del encendido total de los motores porque como en todo, la vida sigue.

Textiles y moda en retrospectiva

 

La moda llega a América Latina y al Caribe con Cristóbal Colón, empero las primeras prendas fueron muy femeninas. Hay que anotar que las mujeres del nuevo mundo solían estar desnudas y sus cuerpos eran pintados con tinturas naturales, igual les encantaba decorarse con accesorios de oro y partes de animal como huesos, pieles y dientes.

Las indígenas que habitaron las zonas costeras igual apelaron a las piedras preciosas y al dorado metal, sin embargo, ponían en sus cuerpos trajes hechos con plantas de la selva las cuales evitaban la agresión de mosquitos y zancudos.

En plena colonia, por allá en 1717, los indígenas ya culturizados y evangelizados acudieron a la ropa española que daba reputación así esta tuviera una marcada influencia francesa. Los hombres de la colonia usaron camisas de seda las cuales llevaban triple arandela, encajes y fajas doradas. Los zapatos eran de lama pura con hebillas de oro y plata.

La mujer vistió con falda ancha de talle alto, sus incipientes calzones eran bombachas de encaje, fue usual la faja y el corsé, una prenda de moldura también muy francesa.

Con la independencia, el vestuario evolucionó, algunas mujeres mantuvieron la falda larga, pero igual llegó una moda que la cortó hasta la rodilla. Eran mujeres muy bellas que decoraban sus caras hermosas con peinados altos y muy sensuales. En ese tiempo algunas optaron por dejar el calzado en el baúl.

Los caballeros seguían usando camisas de manga larga y como particularidad mostraban flores finamente bordadas. El calzado de cuero ya mostraba diseños y calidades únicas porque se les incrustaba piedras preciosas.

Después de la independencia, en 1830 los hombres adoptaron las botas en cuero, camisas estampadas y hubo un gusto muy peculiar por los tonos celestes. La mujer empezó a lucir trajes de paño o el llamado hábito que ajustaba la cintura con un accesorio de cuero. Otro accesorio era la mantilla de paño y el sombrero. Hay que precisar que la moda fue ajustándose a las clases sociales, pero igual fue variando y adecuándose a la región pues no hay que olvidar que Colombia es un país de trópico alto, medio y bajo.

Ya en 1900 hace su aparición el abrigo para los hombres, las telas más frecuentes fueron linos y entraron los sombreros y anchas bufandas. Las féminas estrenaron vestidos de dos piezas tipo sastre. Las moditas de la época trabajaron lino, algodón y paños importados de Europa. En ese tiempo lo único que se veía en la mujer era su rostro y parte de sus tobillos.

Los años veinte llegan con una propuesta en moda muy revolucionaria la mujer dejó la falda larga y el corsé, hace uso del vestido sastre delicadamente tejidos, atuendos que iban acompañadas con chaquetas tipo capa, con capucha y un cuello un poco más libre.

Desde 1940 la moda fue variando y migró hacia las confecciones atrevidas, con mayor preponderancia por las figuras esbeltas y las caderas más notorias. De allí en adelante fueron variando temporadas como invierno, verano, otoño y primavera para los países con estaciones, moda que de alguna manera influenció los países latinoamericanos. No obstante, hubo también diseño y propuesta para el desafiante trópico.

En materia de industria, Colombia es propietaria de un prestigio muy bien ganado porque fundó textileras e hilanderías de enorme capacidad. En 1870 ya había textileras pequeñas y pequeños talleres de moda, igual locales que vendían telas y producto terminado de modistería.

La pomposa y vital Coltejer vio la luz de la vida en 1907, siendo desde su fundación la primera gran empresa textilera de Colombia. Han pasado 114 años y la vetusta factoría sigue tan dinámica como el primer día, esta compañía erigida con empuje paisa y pundonor fue un motor de la economía nacional y un ícono de la Medellín industrial. No puede omitirse que muchas poblaciones en el centro del país tuvieron hilanderías y fábricas de confección, una actividad que se sumaba a otras cuando recién era saludado el siglo XX.

El tiempo sigue corriendo, las modas cambian, el ser humano se ajusta a ellas y sigue su rápido paso. Posiblemente las generaciones del sesenta y el setenta seguirá recordando con algo de incomodidad, y hasta escondiendo fotos con atuendos estrafalarios como vestidos de dos piezas en terlenka, pantalones rosados para hombre ajustados y bota campana, como si fuera poco el calzado era de plataforma enorme tipo Kung Fu, las camisas en tela popelina estampada y el irrompible pantalón hecho en tela diablofuerte. Como dicen, la moda no incomoda.

Visto 2387 veces