Sábado, 06 Marzo 2021 01:33

Peluquerías en pandemia, sin ayuda y con los crespos hechos

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La 82 Estudio es un ejemplo de resiliencia y empuje de este tipo de negocios que históricamente han soportado los embates de enfermedades, guerras y fenómenos naturales.

Desde tiempos remotos la estética y el arte del embellecimiento acompañaron a la humanidad. Después de las cavernas o la vida en la sabana, hombres y mujeres descubrieron que debían mejorar la apariencia pues no era recomendable ni mucho menos cómodo caminar por el borde de las estribaciones con los pelos de punta como cualquier chimpancé, orangután, gorila o pariente cercano.

Con los aromas naturales expresados en las florestas y con la ayuda de minerales y otras ofrendas de la madre tierra, hombres y mujeres avanzaron hacia la industria de la estética que fue impuesta como estandarte en las grandes civilizaciones y después en la vida moderna.

La belleza, la moda, el glamur, el corte de cabello y todo el entorno de mejorar rostros y cuerpos fueron tomando su sitio en el mundo antiguo e inclusive le fue dando vida a frases despectivas como la del poeta y escritor español Tomás de Iriarte, reconocido por sus fábulas, quien en pleno siglo XVIII salió con la perla, “la mona aunque se visita de seda, mona se queda”, frase atribuida al ibérico, pero aún con dudas en su origen.

Desde hace más de 3.000 años el hombre vio en la estética una manera mágica y religiosa de expresar deidad y respeto. Los egipcios fueron muy inquietos con el maquillaje, el arreglo del cabello y la elaboración de pelucas, en esos tiempos de faraones eran los esclavos quienes mantenían sanos los cabellos de hombres y mujeres.

El gran concepto para la beldad encontró cuna en Grecia, cultura milenaria y guerrera que puso en marcha los salones de belleza, a donde acudía la aristocracia y los más pudientes a mejorar sus rostros y cabellos. Con las invasiones, Alejandro Magno, encontró en el enigmático y colorido oriente, opciones contundentes para mejorar la apariencia.

De todas maneras, hubo una cultura que aportó un sello de excelencia y dejó a las demás muy atrás, la asiria, ya que en ese tiempo los peluqueros eran muy famosos e innovadores. Fueron ellos los creadores del rizado, encontraron bondades en el moldeado, pero igual en el arte de teñir y entregarle cosmética al pelo. Según los cronistas, los estilistas asirios fueron tremendos artistas del cabello. Aparte de crear cortes tipo pirámide o cualquier sugerencia, impusieron el corte de la barba y el concepto de cuidado y belleza en los dos géneros.

En fin, han pasado siglos y el ser humano creó una guerra que terminó ganando, la que casó contra la fealdad, con imaginación, agua y colorantes como la henna. Así mismo fue encontrando secretos que con disciplina mostraron el mejor rostro de la vida antigua. Los años abrieron las puertas de grandes peluquerías e industrias que fueron entrando en las sociedades como una inmensa necesidad, no bajo el criterio de gasto sino al mejor concepto capitalista de inversión, una cara bella y fresca tenía sin duda el mundo a sus pies.

Los peluqueros de la antigüedad utilizaron peinillas de múltiples tamaños, navajas, cepillos con diversas características y desde luego espejos. Un arma contundente fue la barra de hierro caliente, el origen la actual plancha eléctrica.

Hay que decir que en el año 303 a.C, los griegos se adueñaron del negocio de la peluquería en Roma, a tal punto, que fue la estética y el corte de pelo uno de los primeros y más poderosos gremios, el mismo que encontró comienzo en el embellecimiento del cabello. Las fórmulas no siempre ayudaron, algunas conllevaron a la calvicie que era combatida con linimentos de arándano y aceite de oso.

Con la debacle del imperio romano y la llegada del medioevo, la estética cayó en un abismo, y esa oscuridad dejó maltrecho el arte de peinar y embellecer. Los tiempos feudales fueron muy marcados por guerras y pestes, unos escenarios tremendamente lamentables que, junto a la austeridad impuesta, llevaron la industria de la belleza casi a su desaparición. Otro factor que pesó en la estética medieval fue el desaseo ya que los baños con fragancias y los cuidados de los primeros años de este periodo fueron desapareciendo hasta llegar a una lamentable situación de higiene personal.

En muchos castillos, dice la historia, hombres y mujeres convivían con pulgas, piojos y hasta roedores, algunos de estos últimos, hallaron cálido nido en los peinados de algunas damas como narran historias del siglo XVIII.

En el barroco y en 1789 fueron creadas pelucas con lana, crin de caballo y el pelo de los pasados por la guillotina. Jamás el médico cirujano, Joseph Ignace Guillotin, imaginó que su letal invento le diera una mano a la estética así más de uno perdiera la cabeza. Los narradores aseguran que los peinados altos y las pelucas de 1700 eran un enorme problema

Esos tiempos de la reina María Antonieta dejaron recuerdos tenaces, puesto que los peinados tardaban horas en vista que se trataba de un dispendioso trabajo de instalación de alambres, joyas y hasta frutas. Los desproporcionados arreglos en el cabello redundaron en problemas de salud por dolores de cabeza, infecciones y como se dijo, la aparición de ratones porque la dedicación era toda en la elaboración e ingeniería del pelo, pero cero en baño, agua e higiene. En ese tiempo el agua en el cuerpo resultaba un exabrupto, algo totalmente imposible.

El siglo XIX resultó muy peculiar, con la revolución francesa vinieron igual grandes propuestas en peluquería y la belleza logró reencontrase. El siglo XX es el de la consolidación y el auge de empresas, cadenas y todo un boom en cadena que hizo de este sector, vital para los humanos. Sin embargo, desde sus inicios, el sector belleza ha sufrido durísimos embates por pandemias que empezaron a darse desde tiempos lejanos como Roma y Egipto, erupción de volcanes, terremotos y los interminables conflictos que le pusieron la tranca o el candado a muchos negocios.

El hoy de la industria retoma capítulos difíciles, pero nos permite observar con admiración que con estrategia, esfuerzo, disciplina, sacrificio y mucha innovación, los sectores productivos son sostenibles.

En estos tiempos modernos de pandemia y complejidad económica hay verdaderos paradigmas de humanismo, solidaridad y lucha, así como entereza que le permiten a muchos conjeturar positivamente que Colombia es un país enorme y con todas las posibilidades, gracias a los empresarios, micro, pequeños, medianos y grandes. En esa esquina de la calle 82 con carrera 15, la coyuntura pudo superarse, pero con un encomiable esfuerzo y la fe de carbonero que pusieron estilistas y conocedores de la estética, un sector que igual vio cerrar miles de negocios y perder tanto empleo como no se imagina.

En charla con Diariolaeconomia.com, la gerente de la 82 Estudio, Tania Johana Castañeda aseguró que quien sobrevivió a la tragedia económica de la pandemia tiene garantizado el futuro pues si pasó esta prueba, supera lo que venga y sobresaldrá en todo.

En su sentir está que quienes mantuvieron sus locales abiertos, sus empresas operando y a su gente trabajando, hicieron el curso para crecer de manera impresionante y a unas tasas increíbles.

Con la pandemia, señaló, los negocios de belleza experimentaron grandes cambios pues los que sobrevivieron debieron potenciar portafolio, servicio y estilo, todo para dejar atrás un periodo lamentable y lúgubre, pero igual retador y lleno de oportunidades porque la vida debe seguir y muy al lado de ella los cambios, el color y la felicidad que finalmente produce cambiar y realzar belleza y encanto.

Esta amable y muy profesional diva de la estética vende un servicio de calidad acompañado de valores agregados y conceptos totalmente disruptivos en el arte de embellecer toda vez que introduce en su vademécum de opciones, masajes capilares y musculares que acaban con el estrés y los eventuales dolores ocasionados por migraña. No exagera la gente que allí acude cuando dice que La 82 Estudio trabaja la cabeza por dentro y por fuera.

Muy centrada en sus obligaciones y desafíos, esta mujer joven de cabello rojizo y ojos cafés que miran y sonríen, tiene tiempo para evocar su niñez en Gachalá, Cundinamarca, tierra bella y montañosa de Muiscas, con el mando casi inamovible del Cacique Guatavita, fundada un 22 de febrero de 1810. La estilista asegura que su tierra natal es muy especial porque tiene riqueza por donde se le mire, ofrece arveja, papa, maíz, caña panelera, ganado bovino, aves, porcinos y claro está, un espectacular café. Igual reconoce la región como fuente de riqueza minera de donde salen gigantes esmeraldas, cobre, plomo, hierro, manganeso, yeso, roca fosfórica, barito, calcita y carbón.

Antes de abordar el tema estético, Tania habló de su cuna, reconociendo que las regiones colombianas, muchas en el olvido, son dueñas de riqueza y futuro. Invitó a visitar Gachalá, población de paisajes, farallones y toda una oferta turística en un borde de la cordillera oriental.

Su gusto por la peluquería tiene toda la razón de ser en vista que su señora madre Luz Marina Melo, cortaba cabello en sus tiempos de trabajo, rodó con suerte porque sus tres pequeñas hijas fueron las modelos y el ensayo para pulir un arte que aprendería con mucho entusiasmo. Las hermanitas tuvieron permanente, estrenaron corte recurrentemente y en ellas fue puesto todo el rigor del saber.

La vida de la empresaria invitada fue nómada, estuvo en Fusagasugá, Silvania, Mariquita, Honda y muchos otros municipios por el trabajo móvil de su papá, quien tomó por costumbre siempre empezar de cero, es decir, comprar, construir, vender y repetir la historia.

En la plática adicionó que es admirable ver a todos los empresarios que pudieron mantener la puerta abierta a la fecha porque la pandemia invita a eso, al reconocimiento de quienes están pasando la tormenta con arrojo, valentía y aguante. Para el caso de Tania, el negocio pudo sostenerse gracias a los domicilios, al trabajo intenso y a la abnegación porque tuvo que hacer el encargo de diez personas para cubrir arriendo, pagar servicios públicos y comprar materias primas.

 

“Después de la pandemia quedé con una deuda que oscilaba entre los once y los veinte millones de pesos, pero logré concertar, diferir cuotas y ponerle el pecho a la brisa en el frente bancario. Hoy estoy trabajando arduamente y he podido salir adelante con el local sin dejar de reconocer que ha resultado complicado porque a muchos otros empresarios de la peluquería y la estética les ha tocado cerrar y dejar locales por lo mismo, pues la pandemia fue inexorable con todos en el sector. El tema era pagar arriendo o deudas, dejando en veremos lo que demanda un ser humano para vivir. Este dilema no termina, pero no desfallecemos”, declaró la empresaria Tania Johana Castañeda.

 

Agregó que los negocios cerrados fueron muchísimos, y no solo en peluquerías sino en comercio, mini-locales, panaderías, restaurantes y microempresarios que tuvieron la disyuntiva de seguir con los locales o bodegas en operación, sacrificando calidad de vida y el mismo futuro de los hijos.

En el sector de las peluquerías, demasiadas personas que tenían un trabajo o un ingreso fijo tuvieron que entrar al mundo del rebusque y salir con toda la expectativa a hacer domicilios porque si había trabajo para los dueños del local, no lo había para ellos y así a la inversa, una situación espinosa para lado y lado.

Como el grueso de las peluquerías, La 82 Estudio no recibió apoyos económicos del Gobierno y debió apelar a una estrategia individual con más riesgos a terminar la actividad que cualquier otro positivo diagnóstico, pero hubo compromiso y este salón como muchos otros, salieron del atolladero sin deberle favores a nadie. Esas ayudas, dijo Castañeda, resultaron más dispendiosas de lo imaginado porque eran más las exigencias, los tramites y el tiempo de espera que los desembolsos reales para salvar negocios y empleos.

 

“Las ayudas para microempresarios que como en mi caso tenemos cinco personas devengando un ingreso, jamás llegaron, todo se quedó en anuncios y propaganda, ya que ni siquiera nos preguntaron qué íbamos a hacer. De esa plata mucho hablaron, pero al parecer se fue evaporando y dejó al sector real y a las peluquerías con los crespos hechos, esperando promesas y ayudas gubernamentales que nunca nos dieron. Algo pasó y los recursos fueron a dar a otros sitios, a los renglones más pudientes como fue denunciado en días pasados, pero esa es otra historia, de las inauditas que pasan en Colombia. Hoy, insisto, varios empresarios estamos vivos por nuestro trabajo, por nuestra obligación y amor propio, pero nada que tengamos que agradecerle a los que manejan la plata en este país”, aseveró la estilista y empresaria.

 

Añadió que, en el país, miles de peluquerías y salones dejaron de existir, pero lo más triste, a sus dueños les tocó revender sus muebles y utensilios para poder sostenerse. Hoy una cantidad increíble de establecimientos de belleza le dijeron adiós a la economía agudizando las cifras de crecimiento y empleo.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, el micro-negocio dedicado a belleza, peluquería y estética sumaba en Colombia 261.678 establecimientos en 2019, de los cuales 198.892 pertenecían o impulsaban el salario de mujeres. En Bogotá con las restricciones y cuarentenas cerraron más de 30.000 locales. La situación es muy aguda y los expertos consideran que unas 180.000 personas en el país, adicionando peluqueros, manicuristas, barberos, esteticistas, servicios generales y otros, que dependen de la actividad, no canalizan ingresos, factor adverso que golpea finanzas unipersonales y familias.

La empresaria dijo que tristemente las salas de belleza no tienen la mirada de los gobiernos porque posiblemente los ven como negocios muy pequeños que no merecen ayudas, impulso o un trato importante porque son oficios banales. Lo que no alcanzan a percibir, expuso, es que son demasiados los puestos de trabajo que el sector ofrece, sin dejar de lado que son establecimientos que pagan arriendo, servicios públicos, impuestos y claro está, salarios.

Apuntó que hoy hay una lista de empresas y negocios en lista para apoyos, pero la estética y las peluquerías, con toda seguridad, están por fuera de cualquier respaldo.

 

Un negocio generoso

Allá en la calle 82 con carera 15, en un segundo piso dinámico opera La 82 Estudio, un negocio con seis años de vida en el sector, ofreciendo la experiencia adquirida por Tania que incursionó en la profesión cuando apenas tenía catorce primaveras, garantizando eso sí, trabajos de gran calidad y atendiendo un público selecto, caracterizado por su exigencia.

 

Dentro de las especialidades de La 82 Estudio están las extensiones, igual pelucas y postizos, pero también corte y arte en el cabello, dejando en cada trabajo tendencias, moda y talento. La peluquería tuvo como particularidad que todo el año estaba en movimiento, el sector atendió y atiende matrimonios, primeras comuniones, grados, eventos familiares y empresariales. A esa oferta ingresaba el Halloween, pero de igual manera fechas importantes como matrimonios, amor y amistad, día de la madre, cumpleaños y aniversarios entre tantas.

En sectores exclusivos, la temporada de diciembre es lánguida porque muchos clientes salen de vacaciones, época que se compensa con los meses de enero, febrero y marzo. El pasado mes de diciembre, el de las grandes celebraciones y festejos, fue totalmente soso y estancado lo cual obligó a lanzar promociones impactando las ganancias porque era necesario bajar precios, sacrificando utilidad.

 

“Hay trabajos en los que debimos descontar hasta un 50 por ciento para que la clientela volviera. Unas extensiones, un corte y aplicación de color costaban en promedio 1.8 y 1.9 millones, en este momento esa tarifa esta en 600 o 700 mil pesos para poder vender y medio recuperar lo invertido en cabello y materia prima. El trabajo en la Zona T, es de gran prestigio y considerable costo por la ubicación y la innegable reputación, unos factores que obligan a trabajar bien y con los mejores, ese es nuestro sello”, expuso Tania.

 

El salón atiende damas, caballeros y niños, no tiene límites en género y por ello allí acude toda persona con deseo de cambio y mejora en su presentación personal. Es visible ver clientes felices, estrenando corte y complacidos con la expectativa que llegaron. Aparte del corte hay servicio de masaje en cabeza y cuello, pero aparte de todo se brinda con todo el respeto café y amistad.

Es muy usual ver personas que llegan con problemas, tocados por la tristeza y con ganas de exteriorizar sus inconvenientes. En ese sentido La 82 Estudio logró afianzar un completo valor añadido puesto que escucha a las personas, si es del caso las orienta y las hace sentir en un entorno de confianza, tranquilidad y afecto.

Los tiempos, hay que subrayar, cambiaron, hace apenas unos meses, Tania Castañeda, tuvo un número enorme de clientes que no le dejaban ni contestar el celular y menos comer, había mucho trabajo, a tal punto que cada estilista acopiaba entre 20 y 30 turnos por día, hoy el indicador está entre una y dos personas, apostando por un mejor devenir.

A esta empresaria le ayuda mucho la tozudez y el ingenio, en medio del caos recurrió a rebajas, invitaciones y todo un movimiento de redes sociales para generar recordación, fidelización y volver a retomar agenda con perspectivas de crecimiento y utilidad.

 

“Hay cosas que ayudan en este arte de la peluquería y la belleza, uno, saber con creces lo que se hace y dos amar el trabajo realizado, con esos dos componentes hay éxito garantizado porque entre otras cosas no me ubico haciendo otra actividad en mi vida, nací y me formé en este trabajo, lo hago muy bien, amo la peluquería y todo eso me ayuda a conocer personas a trabajar otros mundos, una experiencia fabulosa porque no solo transformo cabellos sino maneras de pensar y de vivir. Este bello arte de la estética nos permite escuchar, hablar y contribuir a hacer no solo gente bonita sino espiritualmente sana”, dijo la experta en belleza.

 

Situaciones como la pandémica, exteriorizó, disparó el estrés, la depresión y estancó a muchas personas. Con la terapia de belleza, respeto y cariño que allí se ofrece, hay espacio para abrir válvulas, escuchar seres humanos y hablar con ellos en medio de su transformación estética. Hoy, afirmó Castañeda, hay gente con mayores índices de tristeza, desesperación y estrés, contextos que muy fácilmente llevan a la enfermedad. Muchos le comentan asuntos de familia o de empresa, dejando fluir situaciones reprimidas, permitiéndole a ese cliente ver con más tranquilidad qué tipo de solución tomará, pero, en síntesis, la estética acerca y con el tiempo afianza amistades.

Tania Johana ve en cinco años muchas posibilidades, entre ellas viajar por el mundo, ayudando a las personas y rompiendo fronteras. Desde el punto de vista empresarial vislumbra dos o más puntos de su marca con el fin de emplear la mejor gente, todo en estética, peluquería y tatuajes. Igual comercializará en sus negocios cerveza artesanal de comprobada calidad.

La amable y carismática profesional empezó a trabajar en estética desde los once años, pues su padre les enseño a ella y a sus hermanas a esforzarse para obtener todo en la vida. Trabajó recogiendo bolas de tenis en el Club Campestre El Bosque en Silvania, fue niñera y gracias a las enseñanzas de su mamá, se fue como auxiliar de peluquería en un negocio con sede en la calle 140. Lo que allí ganó lo invirtió en aprender manicure, luego se especializó en ello, laboró cinco años arreglando y decorando uñas para luego dar el salto a estilista. Lleva en serie tres locales y le apunta a un mayor resultado en cifras, saliendo de la pandemia porque considera que nació con las manos bendecidas. Quien sale de su sitio sabe que lleva el mejor corte, el mejor diseño de color y las mejores extensiones. Prácticamente La 82 Estudio es una factoría de lindos y lindas, como lo define su propietaria.

Hoy la moda exige cortes frescos y más tranquilos, evitando que las personas terminen siendo esclavos de su diseño en cabello. La idea es contar con un look que permita arreglarlo en casa sin ayuda. Ese tipo de trabajo se hace cada tres meses, un molde descomplicado que le permite a la gente liberarse y estar lista siempre.

El cepillado, muy usual y de tempranas horas pasó a la historia, la situación de confinamiento hizo que las mujeres aprendieran a tratar su cabello, desde hacer un corte y alisarlo. Hoy las salas de belleza hacen un trabajo complementario en donde se mantiene el corte, pero igual los tratamientos, nutrientes e hidratantes.

En medio de la coyuntura, les dijo a quienes están pensando en hacer empresa, seguir adelante porque los días grises no son tristes pues hay grises hermosos que dan para concebir ideas, alistarlas y mejorarlas para cuando salga pleno el sol. Este consejo lo sabe dar a sus clientes que son cantantes, modelos, reinas, políticos, empresarios y gente tan descomplicada como los hipees.

Aplicando el concepto de responsabilidad social, Tania le corta el cabello a quienes tienen y pagan su trabajo, pero igual a quienes no cuentan con los recursos para mejorar su aspecto. En ocasiones les hace una rebaja a quienes lo necesitan.

Esta mujer es feliz con su hijo y su trabajo, pero la pone melancólica la desesperanza que hay en los seres humanos, pero igual a quienes omiten dar una mano sabiendo que pueden con ese tufillo impío de quien desprecia la gente y pasa por encima de esta.

 

Ser empresario, qué cosa tan dura

Una queja ya normal en Colombia es la dificultad para hacer empresa porque las ayudas son mínimas y las exigencias máximas. Muchos piden tan solo unas condiciones consecuentes que permitan fomentar riqueza y empleo para todos.

Según Tatiana Castañeda en Colombia hacer empresa no solo es duro sino complicado pues quien se atreve a fundar una marca o una factoría tiene que ser mago pues debe enfrentarse a verdaderos imposibles. Un empresario o comerciante muy poco sabe de utilidad, pero sí de impuestos, parafiscalidad, arriendo, servicios públicos y otras obligaciones, incluidas las de corte laboral. Por el modelo económico, es imposible pensar en ser exitoso como pasaba antes porque las reglas apuntan a apretar y evitar que el progreso llegue.

 

“Los microempresarios y quienes apostamos por una empresa estamos súper abrochados por la DIAN, ahora llegó la bioseguridad y sumando exigencias, es muy difícil estar en el sector real, el maltrato es elevado, no pareciera que las inversiones que hacemos valieran y todo es trámite y problema. Hoy más que nunca necesitamos apoyo y unos créditos de bajo costo porque el nivel de tasa de interés en Colombia es imposible de pagar, se sale de la coherencia y el nivel de ingreso de cualquier persona. No pedimos regalos, ni dádivas, única y exclusivamente condiciones”, afirmó.

 

Más que nunca, dijo, hay que cambiar el país porque no hay crecimiento en comunidad, no hay apoyo de unos con otros y la gente sigue pensando de manera individual. Los grandes capitales, razonó, fueron la consecuencia de unir esfuerzos y empujar el carro para el mismo lado, Colombia, deploró la empresaria, no sabe de asociatividad y caso opuesto hay irrespeto, así como una cultura de quitar y afectar al vecino. “Es urgente cambiar la mentalidad, si no lo hacemos colapsamos”.

El equipo de La 82 Estudio está conformado por Luis Ángel Correal, tatuador estrella y empresario de la cerveza, Jimmy Alexander Díaz, estilista y socio comercial con más de catorce años en el sector, Alex, estilista, Milena la manicurista y Paola Velásquez, encargada de atención al usuario, imagen y redes sociales.

La 82 Estudio llevará a cabo el relanzamiento de su nueva marca, pero de manera paralela presentará una nueva técnica de extensiones adhesivas y lanzará una cerveza de sabor espectacular y fuera de lo común. Al evento asistirán artistas, cantantes y modelos.

 

El mundo moderno

El salón de belleza femenina como concepto fue la apuesta de la canadiense Martha Matilde Harper, una empresaria que puso a funcionar el sistema de franquicias. En 1882 ya en Nueva York, crea un tónico capilar de enorme impacto por ser totalmente natural. Sus primeras ventas las reinvirtió en marketing y muchísima más innovación.

Bajo la consigna “la salud es belleza”, Harper le dio apertura al primer salón de estética, mostrando que antes que hermosura, el cuidado es sinónimo de salud. La empresaria de larga y brillante cabellera, vecina de Rochester no solo abrió nuevos negocios bajo el modelo de franquicia, sino que los acompañó con verdaderas escuelas de peluquería. En el agonizar del siglo XIX la emprendedora sumaba 200 salones de belleza en Estados Unidos y en 1920 el número se fue a 500 integrando salas de Alemania y Escocia.

A esta pionera la acompañó un ícono de la belleza, la también empresaria Florence Nightingale Graham, quien después apareció en el mundo de los negocios con el nombre de Elizabeth Arden, otra canadiense nacida en Ontario hija de ingleses.

Al trabajar con laboratorios de farmacia y siendo una enfermera de profesión, combinó aprendizajes y enfocó su industria al cuidado de la piel, la misma que le permitió llevar al mercado tratamientos faciales. En 1910 inauguró en la famosa Quinta Avenida de Nueva York su primer Salón conocido como Red Door.

La fundadora de la “Puerta Roja” sabía que el mercado exigiría mayores experiencias y soluciones, razón que la lleva a París en donde aprendió de los salones europeos, mezclas y colorido. Rápidamente la inquieta empresaria lanzó el maquillaje para ojos y una serie de cosméticos y tratamientos de cuidado del rostro. Esto muestra que las mujeres y la belleza han marcado una pauta importante en un sector generador de riqueza, empleo e innovación. El peso de esta industria que incluye corte de cabello, maquillaje, tinte, productos y tratamientos, impactó favorablemente la autoestima porque sustentó que con un poco de cuidado y color, la belleza aflora de jardines escondidos o poco regados.

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