Sábado, 26 Marzo 2022 03:48

Reforma tributaria debería bajar tarifas e incluir propuestas audaces: GMH

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Un país saturado por impuestos y postrado en lo fiscal, no debe incrementar tarifas sino bajarlas, incentivar la formalidad y recaudar cuantiosos recursos. Reactivación, más demora por geopolítica.

No cabe duda que todos los negocios han tenido sus inconvenientes y en particular los de hospedaje, tal y como pasó en la antigüedad cuando estos sitios erigidos al parecer entre los años 1000 a 500 antes de Cristo albergaban todo tipo de comerciantes que encontraban en las orillas de los incipientes caminos un refugio en el que eran atendidos como en sus hogares. El mismo trato recibía sus caballos.

Pasó el tiempo y en los siglos X y XI, el clero a través de los monasterios se hizo cargo de la prospectiva actividad, ello aprovechando la caída del imperio romano, el fortín de los césares que pasaba a la historia con toda clase de lecturas. Los religiosos daban un servicio voluntario amparado por la ley. Entre los siglos XII y XIII con el auge de las cruzadas que disparó los niveles de comercio por diversas rutas, el alojamiento fue remunerado y de superior manera, ello a cambio de mejorados servicios. Ya en los siglos XV y XVIII las posadas dejaron la exclusividad de dormitorio y restaurante para dar marcha a lugares de encuentro, por ejemplo, reuniones de negocios o de alto perfil como las que demandaba la misma iglesia.

La actividad hotelera ha soportado cuanto inconveniente ha habido, verbigracia, guerras, pandemias, colapsos económicos y las mismas revoluciones que le dieron cabida a nuevos esquemas y formas de rentar. Es oportuno decir que en 1794 fueron construidos los tres primeros hoteles, uno de ellos el City Hotel en Nueva York, sin embargo, el día uno de enero de 1700, aparecieron las posadas inglesas, soluciones que surgen en el ocaso del siglo XVII, unos sitios que prestaban servicios de hospedaje y comida a los extranjeros, así como a visitantes fortuitos, un avance transcendental en la industria.

Desde las pensiones rudimentarias del mundo antiguo hasta los más emblemáticos albergues en la industria como los añejos Nisiyama Onsen Keiunkan en Japón con más de 1.300 años de historia, hoteles de la talla del Ritz fundado el primero de junio de 1898, La Tremont House, hotel inaugurado en Boston en 1829, el primero que les entregó habitaciones con llave, lavamanos, jofaina y barra de jabón y un último ejemplo el Palace Hotel de Ralston que abrió sus puertas en 1874 siendo el más lujoso del mundo y la joya de la época en San Francisco, finamente pulida en siete pisos, con electricidad propia, suministro de agua subterránea, extintores de fuego y aire acondicionado, todos estuvieron sometidos a las vaivenes de la economía, la salubridad y los conflictos.

Con toda la evolución acumulada, la gran novedad en la hotelería llegó en 1910 cuando The Goring Hotel en Londres puso a disposición de sus hospedados lo que nunca antes se había visto, habitaciones con baño privado, toda una revolución en la industria del alojamiento.

En Colombia, como en el resto del mundo, los hoteles han pasado por las verdes y las maduras, pues con la pandemia, la desocupación fue total y las quiebras en muchos casos estuvieron a la orden del día. Puede decirse que como en 1918, el Covid-19, un virus de la familia de los nefastos SARS, apareció en las postrimerías de 2019 en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei en China. Ese fue el punto de partida para un nuevo episodio clínico y epidemiológico que le cambiaria todo tipo de formas al planeta, la manera de trabajar, de producir, estudiar, atender, y un sinfín de alteraciones en el comportamiento de las personas y los pueblos.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Vicepresidente ejecutivo de la cadena Germán Morales Hoteles, GMH, Alejandro Morales, aseguró que no descarta una propuesta de reforma tributaria en el nuevo gobierno, que posiblemente no alcance a hacer trámite legislativo después de agosto, empero, estimó perentorio que dicha iniciativa sea por fin estructural para ponerle punto final a los remiendos o retazos de los pasados mandatos que jamás lograron constituir cambios de fondo para enderezar la política fiscal sino que se conformaron con medidas tibias para apagar incendios.

Expresó que ve difícil que, para un sector como el hotelero, el ejecutivo tome unas medidas estructurales en cuanto al tema impositivo como puede ser el IVA o el Impuesto al consumo, este primer gravamen, fundamental en la estructura de los ingresos tributarios que tiene el Gobierno y por eso no es factible que le hagan excepciones a la industria.

Algunos expertos en finanzas han dicho que un gobierno con grandes problemas fiscales debería bajar tarifas, es decir abaratar el país con un menor impuesto al valor agregado IVA, propender por un cobro de impuesto de renta más bajo y optimizar los controles a la evasión y elución, a lo anterior sugieren eliminar las exenciones y acabar con los costos diferenciales. De esa manera, aseguran, crecería el recaudo a tasas generosas y habría dinero para cubrir obligaciones y financiar sectores en plena postración.

Frente a esa premisa, Morales razonó que al Gobierno de turno le faltó ese coraje que es lo que de alguna manera les pasa a los empresarios, puesto que el ejemplo aplica para las empresas en donde muchos recomiendan bajar tarifas para incentivar la demanda, pero a muchos de los que deciden en las factorías o grandes negocios les tiembla la mano por temor al fracaso y a perder el puesto, en el caso del Gobierno, ese cargo le costaría al ministro de Hacienda.

 

“Pienso que, dentro de una sana lógica y el mismo principio de oferta y demanda, así como de elasticidad, si se bajan las tarifas del IVA y se amplía a otros bienes y servicios, eliminando diferenciales, se puede lograr un efecto bastante positivo en esa contraída demanda. Reconozco claramente que le tengo mucho agradecimiento al ministro de Hacienda y al Presidente Iván Duque, ya que la hotelería en este momento no tiene IVA hasta el 31 de diciembre, lo cual ha sido una de las razones para dinamizar el sector y mejorar la facturación, pues al restar 19 por ciento de una tarifa, cambia inmediatamente la percepción e incentiva la ocupación”, comentó el Vicepresidente ejecutivo de Germán Morales Hoteles.

 

Por escenarios geopolíticos, reactivación, despacito, muy despacito

 

 

Sobre la dificilísima situación, el experto operador hotelero ratificó que la verdadera recuperación del sector hotelero será lenta y demandará posiblemente más tiempo por la coyuntura geopolítica, la expectativa con el Covid-19, los líos que sigue generando la crisis logística internacional, el entorno político en Colombia y la misma tasa de cambio.

A criterio del empresario, el problema debe dividirse en etapas, la pandemia que conllevó a una crisis hotelera en donde GMH no fue la excepción, ya que tuvo que suspender la operación por espacio de siete meses en 2020, la actividad fue retomada a mediados de septiembre del mismo año, la recuperación iba dándose de manera lenta, pero gradual con el incremento de la ocupación. Lamentablemente vino la crisis de abril y mayo con los bloqueos, un tema aún más grave para el sector y la economía que la misma pandemia.

El segundo semestre de 2021, comentó Alejandro Morales, apareció con un proceso más sólido de recuperación y en 2022, los índices de ocupación de la compañía y posiblemente en general, han estado mejor de los esperado en medio de la incertidumbre, ya que hay regiones y ciudades que pueden tener más dinámica que otras, inclusive en Bogotá el fenómeno es igual porque hay zonas mucho más movidas, lo cual es producto, explicó el experto, de que el mercado corporativo no ha alcanzado un nivel de recuperación, siquiera cercano al pre pandemia.

 

“La ocupación en el caso Bogotá y en las principales capitales del país obedece a un incremento de la demanda interna nacional en hotelería que ha favorecido la demanda, logrando reemplazar un mercado corporativo que tenía la industria e inclusive uno receptivo de extranjeros que hasta ahora empieza a mostrar signos de recuperación. Gracias a esa respuesta nacional el sector de hoteles ha sorteado la situación y el sector mejoró los índices de hospedaje a pesar de que las tarifas han sido inferiores a las esperadas en el proceso de reavivamiento. Hay que ser realistas, el asunto va mejor de lo proyectado en conjunto, en facturación de ventas”, precisó el señor Alejandro Morales.

 

Manifestó que la industria y el país como un todo, están enfrentando interesantes retos a partir de la incertidumbre, nuevamente con un problema de pandemia como el que se ve y se lee en China y Corea, un tema preocupante. La inseguridad matizó el reconocido hotelero, llega igualmente por el lado político, ya que puede afectar enormemente al sector en cuanto a inversión y gasto en el mercado nacional, pero igual cabe la posibilidad de ver mermados indicadores de inversión y demanda extranjera, un asunto que no quedará resuelto hasta el mes de junio.

Igual impacta en la actividad hotelera y económica la invasión de Rusia a Ucrania, pues aún no se sabe con certeza el grado de consecuencia que pueda tener sobre la economía y sobre los riesgos de una expansión bélica, un problema que llevaría el mundo a colapsar.

En opinión de Morales, la incertidumbre con relación a la pandemia, enhorabuena ha pasado, nuevamente preocupa la situación sanitaria en el Lejano Oriente, pero afirmó que debe haber optimismo ya que, en resumen, la situación hoy es mejor que la esperada en la compañía y de las expectativas trazadas para el momento actual.

Un aspecto a tener en consideración desde la política sanitaria mundial, tiene que ver con máxima prevención porque el virus, un enemigo desconocido, sigue atacando de diversas formas y en los momentos menos esperados. Por su diseminación continúan llegando personas a los hospitales y clínicas, otros al Camposanto, luego independiente de vacunas y estadísticas más amables, los cuidados y las normas deben prevalecer. En su charla, Morales insistió en que la pandemia sigue vigente y bajar la guardia puede redundar en un nuevo colapso en salubridad, todo con los respectivos efectos en la economía.

 

GMH, hotelería diferenciada y con valor agregado

 

 

Sin lugar a dudas, la cadena Germán Morales Hoteles, afianzó todo un portafolio de servicios que incluye negocios, recreación, descanso y segmentos corporativos que suelen llevar el toque único de distinción y confort que solo ofrece un operador de semejante tamaño y prestigio. La cadena GMH maneja conceptos muy avanzados en hotelería que van desde unas instalaciones modernas como también cómodas hasta un servicio especializado de gama alta, toda una experiencia bajo techo en medio de las últimas tecnologías y soluciones digitales.

Comenzando con el tremendo reto, en los tiempos de su egregio fundador, la firma ha querido darle un sello o impronta a la empresa en el sentido de una atención cálida al cliente en donde se brinde confianza, amistad y todo lo que hace que una persona se sienta en casa.

 

“Nosotros tenemos en la empresa una consigna y es siéntete en tu segunda casa, y así lo hacemos. Afortunadamente el usuario lo recibe, lo acepta y lo valora”, apuntó Morales.

 

Los proyectos que ha desarrollado la compañía con los diferentes inversionistas y promotores de los planes siempre han buscado como valor principal las ubicaciones, de tal manera que los huéspedes de la cadena estén en el corazón o en los puntos de influencia de sus necesidades, algo que se afianzó en favor de los usuarios quienes encontraron en la ubicación geográfica otro de los valores agregados de la empresa. A la par con este beneficio GMH adicionó otros servicios al interior de los hoteles para que el cliente trabaje sin necesidad de salir, es por ello que hay salones sin costo para quien se hospede y pueda desarrollar sus labores como si estuviera en su propia oficina.

El alojado de la cadena GMH tiene la oportunidad, si no quiere utilizar el servicio de alimentos del hotel, de recibir la comida de su preferencia, ya que los colaboradores de la compañía están siempre dispuestos a hacer el pedido y garantizar calidad con los restaurantes que operan en la zona de ubicación del sitio escogido para pernoctar.

 

Precios de los alimentos, un lío adicional que entra en la baraja

 

 

Los sobrecostos por la realidad logística del mundo ya hacen de las suyas y a criterio de Alejandro Morales, el problema de la inflación es muy complejo y muy lejano de las soluciones, es imposible, anotó, pensar en el corto plazo, entre otras cosas porque hay un relicario de variables externas que se le salen de control al Gobierno o al Banco de la República porque tienen orígenes por fuera de la jurisdicción o el resorte del mandato.

 

“Tal y como yo lo veo, vamos a vivir dos o tres años de proceso inflacionario para luego volver a los niveles previos a la pandemia, pero insisto, eso tomará un tiempo ya que habrá que esperar que todas las variables macroeconómicas se vayan ajustando en el mundo, mientras la oferta, por ejemplo, de bienes y servicios se acomoda. En los hoteles el aprieto es complejo porque los incrementos reportados en alimentos durante 2021 fueron del 16 por ciento, dato reconocido por el DANE y el mismo Emisor, un hecho que afectó automáticamente la estructura de costos de la operación, un tema que hace apenas comprensible que cualquier servicio de almuerzo o cena, no baje de 50.000 o 60.000 pesos, una cifra mayor al agregarle el impuesto al consumo y lo demás, valor que se refleja en serios problemas de demanda”, dijo Morales.

 

Aclaró que hasta ahora las compras internas de bienes y servicios siguen funcionando, la pregunta es si a futuro la tendencia logre sostenerse.

 

Inversión en análisis

La firma GMH estudia actualmente tres áreas de inversión, pero lamentablemente por el alto nivel de incertidumbre, especialmente lo concerniente al tema político, el grupo está literalmente quieto esperando cual será el resultado final en junio sobre la presidencia para tomar decisiones.

Morales conceptuó que hay una realidad y es que el sector hotelero en un altísimo porcentaje, y el análisis no va al 100 por ciento, puesto que pueden haber algunas excepciones, no es rentable para los inversionistas y no quiere decir que la actividad produzca pérdidas, sencillamente los niveles de rentabilidad son muy bajos porque no se compara las utilidades que reportan los hoteles con relación al valor de las inversiones, luego ello desincentiva nuevos proyectos que responsablemente no se pueden generar hasta tanto no haya un cambio en la estructura tarifaria en el sector que permita fomentar la inyección de capital en nuevos hoteles.

 

“Yo pensé antes de la pandemia que mis expectativas y perspectivas para esta época, hoy año 2022, ya habría un mayor ajuste de tarifas al alza, todo en el marco de la Ley de oferta y demanda, con una particularidad y es que las tarifas pudieran ir subiendo de manera proporcional, ajustándose a una realidad. Nosotros tenemos propuestas de desarrollo, y precisamente presenté a una asamblea de propietarios e inversionistas, un proyecto que en el año 2011 se abrió en la compañía y al año 2021, el salario mínimo se había incrementado en 62 por ciento, sin que no sea justo, la inflación por su parte se ubicó en 46 por ciento en tanto que las tarifas bajaron a niveles del cuatro por ciento, todo sin sumar los impactos de la devaluación”, señaló el prestante empresario.

 

 

Añadió que cuando una empresa hotelera, para el caso, presenta un descuadre en las principales variables económicas, dejando de entrada mal trecho el negocio y la tarifa cae en cuatro por ciento en términos nominales y todo en costos se dispara, el negocio revienta por algún lado, y en el sector hotelero lo hace contra la rentabilidad de la inversión.

Es complicado reconocerlo, dijo Alejandro Morales, pero la planta de la rentabilidad tristemente se marchitó puesto que se cuentan con los dedos de la mano los hoteles que registren un rendimiento decente para los inversionistas en Colombia. Es imposible pensar, dijo, que hoteles de muy buen estándar, hoy en día, con el problema tarifario pos pandemia, tengan habitaciones en sitios cinco estrellas a razón de 80 dólares, cuando en otras ciudades de la región el costo no baja de 190 o 200 dólares, con unos costos de operación similares.

¿Cómo puede un empresario generar rentabilidad con tarifas de ese estilo?, el operador hotelero dijo que un hotel cinco estrellas, entendiendo bien la calidad del concepto, no baja de 500 a 600 millones de pesos por habitación, y factiblemente más, para cobrar en estos tiempos de manera increíble, 300.000 o 400.000 pesos, la rentabilidad, recalcó, no sale, esa suma y resta no da, la ecuación pone a más de uno a llorar.

La difícil situación, comentó el vocero del GMH, invita a los hoteleros a reinventarse y a explorar nuevas estrategias para seguir en el mercado y aguantar los años que restan para retomar el sendero de la tranquilidad. No se puede dejar de pedalear, anotó, y sostuvo que la industria reconoce que hay una reacción en la demanda muy por encima de lo esperado, lo cual es un aspecto positivo en el que debe hacerse énfasis. Explicó que los programas de reducción de costos de operación fueron aplicados a tal magnitud que llega el momento de “raspar la olla” porque no se puede más.

Con la incertidumbre, indicó, el empresariado no sabe si en agosto nuevamente haya pandemia, igual hay expectativa por el tipo de gobierno que entrará, en qué terminará la invasión rusa a Ucrania y cómo evolucionará el aspecto logístico. El escenario, afirmó, es sumamente espinoso.

 

Hotelicosas

 

 

En medio de las vicisitudes, hubo circunstancias que ayudaron al sector hotelero y todo porque la pandemia trajo nuevas lecciones para el total de la humanidad, lo cual incluye sectores económicos que suelen tener muchos paradigmas. En Bogotá la gente entendió que por ejemplo podía hacer uso de un buen hotel en fin de semana, fenómeno que sigue sucediendo.

En segundo lugar, impulso la ocupación, el cambio de mentalidad, pues con la entrada de un mercado joven donde todos los prototipos de noviazgos, matrimonios, parejas y otros, rompieron los bosquejos y vieron en los hoteles una oportunidad de diversión, cambio de rutina y pleno descanso.

Actualmente, puntualizó el Vicepresidente Ejecutivo de GMH, es increíble e inimaginable el número de parejas que entran a los hoteles, pero no necesariamente con el comportamiento de motel de dos o tres horas, mejor conocido como “el rato”, es un plan espectacular de fin de semana que antes no existía, es un mercado local de descanso que va en creces por los servicios, las instalaciones, el concepto y la experiencia de buen hospedaje.

Los gustos son múltiples y la gente está buscando lugares diferentes a Bogotá, muchos usuarios optan por los sitios de diversión de Chía y deciden hospedarse en esa villa, buscando tranquilidad, seguridad y la manera de tomarse un trago sin afán y evitar las multas. Igual está pasando con Zipaquirá en donde el turismo crece y el municipio sigue afianzándose como destino obligado para quien busca sosiego y respiro.

La cadena GMH cerró el segundo semestre de 2021 con una ocupación cercana al 60 por ciento, un éxito total porque la cifra no se esperaba. La empresa sigue apostándole a la reingeniería de su operación, pero salvando muchos puestos de trabajo, eso sí, sistematizando áreas que permitan la reducción de mano de obra en vista que la situación sigue muy compleja.

Al igual que en los restaurantes, la fuerte caída en las tarifas de los hoteles llevó a que el cliente o usuario normal empezara a hacer cuentas y descubriera que le daba lo mismo usar un Airbnb que un hotel, con la diferencia que en la hotelería formal le tienden la cama, le garantizan servicios de calidad y seguridad por citar algunos beneficios.

 

“Sucedió que al menos temporalmente, una parte de esa demanda que iba a un Airbnb se pasó a la hotelería y ni que decir de la motelería que también llevó clientes a los hoteles, dinamizando la demanda estacional pues cierto es que cuando los hoteles recuperen sus tarifas, ese tipo de usuario retoma su rutina y los sitios que lo acogieron antes de la pandemia.

 

Finalmente, Alejandro Morales, aseguró con toda la tranquilidad que la cadena logró salir adelante, un poco golpeada y soportando con tenacidad los embates de la pandemia y sus efectos en la economía, pero finalmente con el arrojo que ha tenido la marca desde su fundación.

Los once hoteles manejados por GMH retomaron su dinámica y es así como las marcas BH, BS Suites, BE y EK siguen raudos hacia la plena recuperación. Hoy los exigentes clientes de la hotelería en Bogotá, tienen opciones en BH Parque 93, La Quinta, BH Bicentenario, Mercure BH El Retiro, Mercure BH Zona Financiera, BS Rosales y EK Hotel. En el resto del país están en servicio BH El Poblado en Medellín, BH Barranquilla y BE La Sierra en la guapísima Santa Marta.

Por ser un formato mixto que incluye turismo médico y corporativo, el hotel BH Usaquén fue el único de la familia GMH que no frenó su operación.

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