Domingo, 07 Agosto 2022 00:39

Calzado Caprino, una historia de excelencia hecha a mano

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La empresa es considerada por los versados como uno de los más connotados paradigmas de desarrollo empresarial en el sector de manufacturas en cuero.

Indiscutiblemente cuando se habla de zapatos finos de calidad y de las grandes ligas de la manufactura en Colombia, es necesario traer a colación Calzado Caprino, más que una marca, el fruto del trabajo, el talento, la innovación y el amor, todo sintetizado en un apellido, Pereira.

Antes de seguir a plenitud con los albores de la marca, es bueno precisar que la familia Pereira acredita una experiencia mucho más lejana en la fabricación de calzado por cuanto el patricio, Luis Ernesto Pereira Hernández, empezó con una fábrica en 1941, El Roble, factoría que elaboraba cotizas y zapatos industriales, así como de dotación, es decir toda una vena zapatera. La familia en general fundó cuatro fábricas, sin embargo, todo empezó con la Compañía Industrial en el alba de los años 40, épocas en que el prócer de la familia licitaba con la Policía y el Ejército, pues se puede decir que hacía con la técnica de emplantillado, unas botas con todas las de la ley.

Fueron tiempos muy complejos por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, Colombia rubricaba en ese 1941 el tratado Santos-López Contreras de no agresiones con Venezuela, igual los momentos marcan fuertemente en el indicador de melancolía porque en ese mismo año fue fundada la Radiodifusora Nacional de Colombia y la Escuela de Policía General Santander.

De la historia corporativa que arrancó con el señor Luis Ernesto Pereira, hoy sobreviven dos empresas dedicadas al calzado, de todas maneras, es una clara muestra que en el ADN de la familia estaba incrustado el arte del cuero.

Don Álvaro Pereira, líder absoluto de la segunda generación, hace parte de la historia industrial de Colombia, igual sus hermanos erigieron marcas propias en medio de la euforia o la decepción, al margen de todo, decidieron poner su corazón en el sector del calzado en donde todo fue éxito y felicidad, las ventajas de heredar sabiduría, compromiso y metas.

 

Caprino, calzado fino

En 1972 Colombia hablaba de los hechos que hacían historia, el mandato de Salvador Allende en Chile, la impresión que generó el incendio del buque de pasajeros más grande del mundo, el británico Queen Elizabeth en Hong Kong y las disposiciones económicas del Presidente de Colombia Misael Pastrana Borrero en materia económica, pues con el Decreto 667 le daba vida a la controversial Unidad de Poder Adquisitivo Constante, UPAC. Sin embargo, el empresariado también era destacada referencia mediática, en Bogotá germinaba Calzado Caprino, la mejor noticia para los amantes de la calidad y el producto diferenciado en cuero que lanzó orondo Álvaro Pereira.

Caprino nació en el emblemático sector de Chapinero en una bodega ubicada en la carrera novena con sesenta, un eje comercial de gran movimiento tanto en manufactura como en comercio. La fábrica quedaba en una segunda planta con pisos en madera, arriba de una tienda, a dónde muchos pensaban podrían caer.

En sus inicios la empresa contrató diez personas de gran capacidad que fabricaban zapatos para la época, un zapato de plataforma enorme muy demandado por los llamados hippies, los precursores del movimiento contracultural, liberal y pacifista, herencia de la década de los sesenta, una corriente que cuestionaba los actos violentos como los que sucedían en Vietnam, de todas maneras, una tendencia que disparó las ventas de zapatos zuecos, los que fabricaba con mucho estilo la marca Caprino.

Caprino la empresa fundada en 1972 inició con una línea estrictamente masculina, pero el mercado empezó a mover el producto femenino y a la marca le tocó fabricar calzado para mujer, de tan elevada calidad que las facturaciones fueron escalando exponencialmente, a tal punto que la oferta para los pies de las féminas alcanza a la fecha 80 por ciento de las ventas.

 

En dialogo con Diariolaeconomia.com, la Gerente General de Calzado Caprino María Adelaida Pereira Álvarez, evocó los años maravillosos de la firma cuando su señor padre Álvaro Pereira, fabricaba 6.000 pares mensuales en las bodegas de Puente Aranda.

Hay que decir que el creador de Calzado Caprino, un ingeniero civil que vivía en Medellín con su esposa, la señora Cecilia Álvarez, optó por llegar a Bogotá en donde consiguió trabajo, posteriormente le proponen montar una fábrica y decide que lo mejor era marcar la diferencia y le da vida a Caprino, una casa de calzado muy fino, el conocido zapato de calle.

En la difícil década de los noventa es cuando don Álvaro Pereira se lanza con mucha fuerza en la línea femenina con la que alcanzó un éxito rotundo, ello por calidad, diseño y un cuero de muy buenas condiciones. La apuesta fue ideal porque las mujeres en ese momento compraban ocho veces más que los hombres, luego el mercado era garantizado con un zapato de gama alta, en este momento el producto más comercializado.

Los setenta fueron años para el recuerdo porque hubo muchas fábricas y todas prosperaban en vista que la gente tenía trabajo en los sectores público y privado. La demanda era toda, además como un regalo divino llegó la bonanza cafetera que acrecentó las ventas en las zonas productoras, pues en 1975 tras las heladas de Brasil, el precio por libra escaló a tres dólares, una gran época, dinero a cántaros, siempre en las cuitas de los industriales.

 

Los recuerdos de don Francisco

En este grato encuentro estuvo sentado con una mirada rígida, pero a la vez noble, don Francisco Pereira, un hombre con un recorrido empresarial y profesional interesante, marcado con el blanco de los años en su cabello, pero vigente, vigoroso y lúcido.

 

 

Dijo que aún recuerda que los inicios de Caprino fueron sorprendentes porque todo se vendía muy bien. Evocó con vistazo fijo y profundo las fiestas de fin de semana, o los sitios de la época en donde se podía ir a bailar, aseguró que a su hermano Álvaro le gustaba la variedad, conocer buenos lugares, inclusive para escuchar música y tomarse unos tragos. Fue el tiempo dorado de la Billos Caracas Boys, Los Melódicos, Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Los Corraleros de Majagual, Pedro Laza y sus Pelayeros, Fruko y sus Tesos, Pastor López y muchos cantautores que estaban en pleno furor, en síntesis, todo lo que sonaba como tendencia para la eterna selección discográfica de los Catorce Cañonazos o el Disco del Año. Igual hubo tardes de tango, música mexicana y todo el álbum musical latinoamericano.

Eran momentos de empresa y estudio porque mientras Francisco estudiaba ingeniería en la Universidad Nacional, Álvaro lo hacía en la Javeriana, empero hubo espacio para disfrutar esos años amables que fueron los setenta y deleitarse sanamente en un contexto familiar en el que la música de moda alegraba los momentos tensos académicos o los de negocios y empuje industrial.

 

“Hubo talento en la empresa del cuero y mi hermano lo tuvo de carácter especial, fue capaz de diseñar calzado que enamoró a la juventud, hoy el calzado sigue gustando, pero en capas de mayor edad, de todas maneras, hay como desde el primer día, calzado para todos los gustos”, puntualizó Francisco Pereira.

 

Don Álvaro tuvo seis hermanos y según nos contaron, eran parranderos todos, igual empresarios y dedicados a fabricar el mejor calzado.

 

La nueva era

María Adelaida, hoy en la tercera generación de los Pereira fabricantes, pero en la segunda de Caprino, manifestó con admiración que tuvo un papá luchador y resuelto hasta el día de su muerte. Un hombre trabajador y dueño de una competencia tan afinada que hizo de sus productos, la mejor experiencia para quien usaba los calzados de Caprino.

Al asumir la empresa, la Gerente General de Calzado Caprino encontró algunas dificultades nada desestimables porque debió enfrentar la pandemia en sus picos altos, todo en medio de restricciones, contracción de la economía y caos.

 

 

Al salir de ese momento efervescente de la virosis vinieron las negociaciones complejas con los dueños de los locales, con empleados y el mismo Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, y las otras instituciones que viven de la parafiscalidad. El tema resultó tan difícil que no se sabía qué era peor, seguir en medio de un escenario biológico delicado o crear los mecanismos para paliar la situación. Nadie lograba entender la disyuntiva porque muchos exigían plata a sabiendas que no había ventas.

 

“Fueron momentos sumamente difíciles, el comienzo de 2021 resultó extremadamente duro, el público imaginó que todo había terminado, pero no, hubo restricciones, cierres y todo era a media marcha. Por fortuna, el segundo semestre mostró un comportamiento increíblemente bueno. De verdad que tengo que agradecer los apoyos a la industria y el comercio formal que entregó el Presidente Iván Duque Márquez. Después de esa inesperada reactivación, las cosas siguieron bien, con ventas buenas y toda la disposición para ir adelante”, declaró la señora María Adelaida Pereira Álvarez.

 

Dentro de los retos actuales está seguir con una empresa que dure no 52 sino 100 años más y demostrar que la segunda generación no siempre acaba las industrias, todo lo contrario, hay capacidad y corazón para potenciarlas, haciéndolas crecer con trabajo y fervor, todo por una apuesta competitiva que honre la voluntad y el legado de los Pereira.

 

 

Las décadas lo han dicho, a Calzado Caprino no le ha tocado fácil, debió soportar una crisis tan brava como la de 1995, ponerle candado a los almacenes abiertos en Estado Unidos, país en donde las ventas crecieron generosamente por espacio de dos décadas. La devaluación hizo trizas las industrias, la economía se contrajo y como si fuera poco llegó el arsenal comercial de China que sacó del mercado grandes, pequeños y medianos fabricantes.

Si bien había un ambiente tenso por el accionar del contrabando que sin dolor o consideración internaba calzado a sabiendas de ruina y desempleo, el fundador de Caprino la tenía clara, en tanto haya calidad el flagelo no acabará las empresas y menos a Caprino que mucho sabe de producto diferenciado.

 

“Mi padre sabía que China era un problema para la industria, pero no una amenaza para los empresarios que trabajaban con altos conceptos de competitividad y con un calzado fino, decía que la estrategia era producir un mejor zapato porque quien compra calidad y sabe de atributos no se va de la marca. Esa arremetida si nos afectó, pero no tanto como a otras personas y todo porque nosotros decidimos manufacturar un calzado diferente, con materiales costos y acabados muy buenos”, precisó Pereira Álvarez.

 

Caprino, y es apenas visible, tomó su nombre del entorno cabrío y por ello en el relanzamiento de marca se recuperó el primer logo en donde aparecen los cuernos del bonito y rústico mamífero.

Aparte de China, sostuvo la Gerente General de Calzado Caprino, ninguna economía puede vivir sola. Aclaró que la marca no importa materias primas directamente, sin embargo, la mayoría de componentes hechos en Colombia tienen insumos internacionales, luego sí golpea la devaluación, la crisis logística y todo el ambiente geopolítico porque aumentaron las cotizaciones de los bienes básicos, un tema mundial con el que deben luchar todos.

 

 

Caprino exportó zapatos a Estados Unidos, México, Canadá, Costa Rica, Perú, Venezuela, Ecuador y a Aruba. Se mantienen actualmente los despachos a México, Aruba y Costa Rica a donde van botas, calzado fino y línea femenina.

El caso Mexicano es bastante llamativo porque es un país que importa calzado con una fabricación monumental, reconociendo que elaboran zapatos a bajo precio y con buena calidad. Uno de los países que le vende a México es Colombia.

De cara a optimizar la industria y crear un sello de excelencia, Pereira Álvarez consideró que los fabricantes colombianos de calzado deben ser más originales en la marca, en el producto y manejar el término exclusividad, por cuanto la mano de obra para el empresario formal es costosa, un factor al que se suma la carga impositiva luego subrayó que, si no se trabaja un producto con calidad, diferenciando y con diseño, no hay manera de competir con mercados como Brasil, México o China.

 

“Colombia es un país que tiene mucho en moda, basta con ver bisutería, ropa, telas y muchos otros productos, luego sí se puede y en calzado, vuelvo y digo, tenemos que diferenciarnos, el tema es dedicación y compromiso”, expresó la empresaria.

 

Dentro de las metas de Calzado Caprino para 2022 está fabricar 30.000 pares de zapatos, un crecimiento del 30 o el 35 por ciento frente al ejercicio de 2021, aunque en tiempos de su precursor Álvaro Pereira, la producción alcanzó los 80.000 pares.

Por los resultados del reciente International Footwear and Leather Show en donde los negocios fueron el común denominador y la temporada de fin de año, la marca calcula que el segundo semestre será fabuloso.

Caprino tuvo 22 almacenes en donde comercializó sus calzados, pero actualmente la firma cuenta con 12 tiendas, ya que por pandemia cerró ocho y las otras salieron por causas ajenas a la enfermedad, la decisión de clausurar algunos locales obedeció igualmente a la poca funcionalidad o efectividad.

El tamaño actual de Calzado Caprino le gusta a su Gerente General María Adelaida Pereira, quien manifestó que este 2022 es perfecto para organizar la casa, cuadrar costos y gastos porque es el primer año normal en tres periodos. La idea, dijo, es en 2023 ver en dónde hay vacíos, qué puede ser bueno y así proyectar un crecimiento para abrir nuevas tiendas.

 

 

Cerrar es difícil, pero queda demostrado que la mejor expansión está en la calidad porque el tamaño de una cadena no garantiza su éxito, eso sí, vende considerablemente un buen producto, con características y puesto en vitrina procurando locales muy bien ubicados.

El producto Caprino no es caro si se hace la ecuación de calidad y se analiza el ítem costo beneficio, unos buenos zapatos se consiguen desde 230.000 pesos y unas botas caña alta entre 390.000 y 395.000 pesos. La exclusividad y las propiedades de un calzado, enfatizó Pereira Álvarez, no tienen precio.

En el portafolio de la empresa cuenta con productos para hombres y mujeres de marcada exigencia, ya que aparte de zapatos de exquisito diseño, hay sandalias, baletas, mocasines, botas, bolsos y accesorios.

En momentos de la pandemia, exteriorizó la empresaria, hubo un desplazamiento por el zapato formal y vino una demanda por mocasines y calzados bajitos, más para estar en la casa. Aseveró que nuevamente cambió la tendencia y la clientela volvió a comprar los botines, los tacones altos, es decir que la gente quiere otra vez verse bien vestida.

 

“En moda, no creo que vuelva la corbata y como dato increíble los tenis llegaron para quedarse porque lucen bien con todo tipo de prenda. Es un hecho, nos volvimos más informales, pero la gente hoy quiere estar mejor arreglada. Hay una tendencia extraña porque se está combinando la formalidad con la informalidad y allí Caprino gana terreno pues en Colombia un calzado más suave que el nuestro no se encuentra”, precisó la Gerente.

 

La marca sigue viva y con el prestigio intacto, razón por la cual está mirando opciones de mercado internacional como es el caso de Estados Unidos en donde lo ideal es no llegar a grandes superficies o tiendas de gran formato sino a almacenes pequeños tipo boutique, muy especializados en calzado fino, luego está explorando esas posibilidades.

Una duda es Venezuela, pero en opinión de María Adelaida Pereira, habrá que esperar que acontece con ese mercado, si habrá una pronta normalización del comercio o si será algo paulatino, una salida inicial, formuló, puede estar en las zonas de frontera a donde los venezolanos perfectamente pueden ir a comprar.

Como dato o reseña, antes del cierre del mercado con la hermana República de Venezuela, Calzado Caprino le vendía a ese país el 40 por ciento de su producción, no obstante, con los problemas de pago originados en los precarios manejos de la Comisión Nacional de Administración de Divisas, Cadivi, vino una lucha para recuperar dinero, capítulo que finalmente y tras varios años no terminó siendo tan traumático.

Por último, la industria y Calzado Caprino sienten que llegó el momento de retomar los caminos de la productividad y la rentabilidad porque el sector tocó fondo y con toda seguridad irá para arriba, más con marcas embajadoras y prestantes como la creada en 1972 por el formidable y alegre empresario Álvaro Pereira, un visionario, diseñador de futuro, hacedor de país y promotor magnánimo de tejido social.

Hoy no está entre el público que lo vio catapultarse en el ámbito empresarial, partió con la tranquilidad del deber cumplido, dejó un legado que a juzgar por lo visto prevalecerá. Se fue su sonrisa amable, dejó este mundo el hombre disciplinado de vistazo fijo, obsesionado con las manufacturas y los trabajos bien hechos. Sí, dijo adiós, pero el Todo Poderoso le concedió esa gracia de quedarse en el amoroso recuerdo de quienes lo vieron, no solo como industrial, sino como grandilocuente ser humano. Hoy queda inmarchitable su ejemplo, su entrega y desde luego Calzado Caprino.

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