Domingo, 28 Julio 2019 00:45

Gobierno enciende la ilusión minera en Colombia: Vuelve la fe del carbonero

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Luego de un foro, los mineros dejaron claro que el ejecutivo tiene por fin luces en el actual tema minero que tan solo genera exclusión y poca riqueza a las regiones.

El sector minero colombiano manifestó su beneplácito por los anuncios del gobierno en el sentido de retomar la ley anterior dentro de una política minera, lo anterior derivado de que el gobierno logró darse cuenta que la sociedad se le vino encima a la minería porque no está dejando nada en las regiones. En un foro al que convocó la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, quedó claro un replanteamiento para darle un tratamiento preferencial a las zonas productoras de minerales.

En ese orden de ideas lo que se busca es que las zonas mineras no se vuelvan a sentir saqueadas como está pasando en la Guajira, en El Cesar, Córdoba, Norte de Boyacá, en el Valle del Sugamuxi o en el occidente de Boyacá. Los mineros consideraron que el replanteamiento del que habla la Ministra es consecuente con la realidad de los mineros colombianos pues lo cierto es que la minería no les da absolutamente nada a las regiones ricas en minerales que van desde oro y esmeraldas hasta carbón, ferroníquel, mármol, sal y agua entre tantos.

Presidente de la Confederación de Esmeralderos de Colombia, Confedesmeraldas
Foto: Presidente de la Confederación de Esmeralderos de Colombia, Confedesmeraldas

El presidente de la Confederación de Esmeralderos de Colombia, Confedesmeraldas, Germán Suárez Bernal, le dijo a Diariolaeconomia.com, que el planteamiento es afortunado porque busca corregir y hacerle una reingeniería a la política minera, hoy cuestionada y resistida porque dejó a muchos por fuera del negocio, a otros con títulos, pero sin licencia ambiental y lo que es peor a una base importante de mineros criminalizados porque se les llevó al rango de delincuentes cuando lo que hacían era hacer una explotación determinada que se hacía de manera ancestral.

Suárez Bernal indicó que la iniciativa es bien importante toda vez que conlleva a promocionar, no solamente el modelo de distribución de las regalías, sino que hace mucho énfasis en que la pequeña minería de Colombia que es el 80 por ciento la cual podría sacar el máximo de provecho de una promoción y unos sistemas de financiación que desaparecieron en el tiempo.

El dirigente gremial explicó que la gran minería en Colombia representa el dos por ciento, pero aporta a las regalías casi en un 80 por ciento lo cual muestra un desequilibrio y una falta de consecuencia con una actividad legendaria sencillamente porque la política erró en sus iniciativas de promoción y fomento del sector minero.

“No se concibe que el mismo Ministerio de Minas que en su papel constitucional debe promocionar su sector, tenga el asunto como una sola palabreja en la política minera, con el agravante que a un renglón económico tan importante no le asignen recursos para hacer que el pequeño o mediano productor colombiano ponga a rodar sus títulos mineros sobre pilares de promoción y fomento. De todas maneras para quienes estábamos en la reunión resultó muy grato que se esté retomando lo que encarnó la antigua Empresa Nacional Minera, Minercol, y la misma Empresa Colombiana de Minas, Ecominas, pues como hemos venido diciendo, para qué diseñar una nueva política minera que ya fue inventada y que tuvo muy buen recibo en las comunidades mineras porque le daba tratamiento preferencial al pequeño y al mediano minero nacional, y la misma institucionalidad se encargaba de organizar ese tipo de mineros tradicionales, hay que decir que adicionalmente la figura le invertía a las zonas productoras en infraestructura vial, educativa y de salud”, comentó el Ingeniero Suárez.


Reiteró que vio con muy buenos ojos la posición del gobierno porque por fin podrá cristalizarse la petición de los mineros tradicionales que exhortaron por una política minera actual, pero con inclusión y con opciones de desarrollo, eso sí dentro de la legalidad y el profesionalismo que demanda el sector minero. Lo bueno de todo, apuntó, es que se hizo la reingeniería retomando un modelo que ya existió y que fue exitoso en Colombia.

 

"una cosa es la inversión extranjera y otra bien diferente el saqueo, motivo más que suficiente para exigirles a las multinacionales registros de exploración y explotación de minerales y piedras preciosas "

Las noticias son más que alentadoras porque según Confedesmeraldas, durante años los mineros han sido víctimas de mal trato, exclusión y carencia de una política justa para quienes tradicionalmente han vivido de la minería o la han tenido como un complemento importante a las labores agropecuarias. Según Suárez Bernal la actual política minera quedó coja porque de manera increíble los propietarios de las tierras en donde están los yacimientos, si se descuidaron, se ven saqueados y viendo correr el dinero frente a sus impávidas miradas, dinero que sale a cántaros del predio que fue el patrimonio familiar o una compra hecha con el mayor esfuerzo, verbigracia lo que acontece en el Cesar, en la Guajira y en otras zonas como el Valle del Sugamuxi.

“En ese sentido me parece que todavía hay que hacer reformas y meterle duro el hombro a una política más justa, pero los reclamos de las organizaciones mineras como Confedesmeraldas y como la Confederación Nacional de Mineros de Colombia, ConalMinercol, fueron escuchados, además porque participaron directamente en el Plan Nacional de Desarrollo, capítulo Minería, palabras que quedaron plasmadas, aclarando que hay un lunar que se quedó por fuera porque las entidades que tienen que ver con la minería como el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Minas no trabajan de manera coordinada y concurrente, luego ese sigue siendo el gran problema porque los títulos mineros que fueron otorgados hace quince años, pues hoy todavía no han podido tener acceso a las licencias ambientales porque son completamente alejadas de la filosofía minera porque no hace diferenciación ni le da un trato preferencial a las organizaciones de mineros tradicionales que fueron los que le dieron desarrollo al país”, sostuvo el también presidente de la Asociación de Mineros del Norte de Boyacá, Asominb.


Agregó que hay que cambiar el chip en el sentido que debe dejarse de lado ese pensamiento poco humano que apunta a que las niñas bonitas única y exclusivamente son las inversiones extranjeras en vista que con una política más coherente se puede lograr que los mineros decidan quedarse en sus provincias, invirtiendo en sus regiones y sacando adelante a tantas personas que hay en la Colombia minera.

Para Suárez Bernal, es importante no confundir términos porque una cosa es la inversión extranjera y otra bien diferente el saqueo, motivo más que suficiente para exigirles a las multinacionales registros de exploración y explotación de minerales y piedras preciosas porque muchas veces la inversión es mínima frente a la extracción gigante de riqueza que bien podría hacer, además por derecho, el propio empresario colombiano.

Exploración minera
Se busca es que las zonas mineras no se vuelvan a sentir saqueadas como está pasando en la Guajira, en El Cesar, Córdoba, Norte de Boyacá, en el Valle del Sugamuxi o en el occidente de Boyacá.

Aclaró que la línea de entregar las riquezas que constitucionalmente les pertenecen a los colombianos es una línea absurda que empezó desde tiempos lejanos y bendecida por los últimos gobiernos que aprovecharon su mandato hegemónico para acomodar las políticas, prefiriendo entregar la riqueza nacional sin escrúpulo alguno a las transnacionales. Agregó que de manera preocupante esa inversión que viene disparada ha generado un rechazo social muy grande lo cual pone en riesgo la industria minera porque no deja nada en absoluto.

Hay que retomar la clasificación para la pequeña minería, sobretodo privilegiando a la organización de mineros tradicionales que son los que se quedan en las regiones y que adicionalmente combinan su actividad con la producción de alimentos”, afirmó Suárez.

Para el dirigente la idea es quitarle a los mineros ese remoquete de “forajidos” lo cual es algo que ese ha dicho y se prometió quedando en un “discursito” con voz precaria y como un lamentable saludo a la bandera porque no se ha hecho eficaz. Señaló también que en los 19 años de la política manera, prácticamente ha servido como una tribuna mediática y demagoga que usa el término equidad como un escudo para defender lo indefendible o para llevar a más de un desprevenido a las urnas en época electoral.

A criterio de Suárez, la equidad parte del reconocimiento y el respeto por la vigencia de unas comunidades ancestrales y tradicionales de las regiones que no quieren salir de sus territorios porque le quieren apostar a la minería y al desarrollo, entre otras cosas porque se dedican a un trabajo hereditario y atávico de unos nativos que nacieron hace siglos en la minería y hoy siguen haciendo un trabajo que fue pasando de generación en generación. Consideró igualmente perentorio el reconocimiento que reclama la etnia Muzo en el occidente de Boyacá ya que debe tener como reza la Constitución, una prerrogativa para poner a funcionar unos títulos mineros de tanta antigüedad que ya demandan carbono catorce para reconocerlos y todo por la terrible demora en las licencias ambientales.

La pequeña minería, dijo, igual reclama una política diferencial para la obtención de licencias ambientales y de lo lograrse avanzar en ese frente el país seguirá en lo mismo.

“Si al Caín en el municipio de la Uvita, Boyacá, le exigen las mismas condiciones de licenciamiento ambiental que le exigen a Drummond en la Costa Norte, pues sencillamente perdimos el año y se queda esta política minera y el foro al que convocó la Ministra en demagogia, pero por alguna razón le creo a la funcionaria porque tiene en sus manos la manera de devolverle a los mineros una política eficiente y prospectiva”, señaló.

El presidente de Confedesmeraldas demandó de las Corporaciones Autónomas Regionales, el diseño de unas políticas diferenciales para facilitar el trabajo de unos mineros que requieren la licencia ambiental para hacer minería y apostarle de manera armónica a la producción de proyectos productivos que garantizan la seguridad alimentaria, sin perder de perspectiva la sostenibilidad ambiental.

El asunto del coltán, un mineral que está en el ojo de muchas firmas multinacionales por su importancia en la industria electrónica, también está en calzas prietas porque su explotación ha sido restringida, pero solamente por el tipo de mineral. Ese lío, escribió el experto, se extiende a toda la minería porque en el caso puntual de esmeraldas hay 343 títulos otorgados hasta hoy y únicamente en el occidente de Boyacá hay cinco en producción lo cual muestra una inequidad alarmante porque nadie con títulos mineros de los pequeños extractores que solicitaron las concesiones y quienes les fueron aprobadas, no han podido arrancar con sus trabajos porque no han tenido el aval de una política diferencial para poder cumplir con ese requisito.

Así las cosas, el dirigente minero anotó que de nada sirve tener ese tipo de títulos mineros puesto que con el tiempo se convierten en papeles ociosos y especulativos porque todos los que tienen ese tipo de inversión van de arriba abajo con una carpeta debajo del brazo, procurando vender esos infortunados títulos. “Hay algo lacónico, pero cierto, en esos términos la minería es sinónimo de problema”.

Aparte del inconveniente, los alcaldes y los entes territoriales están totalmente desilusionados con la minería porque realmente se trata de los pueblos más miserables del país lo cual invita a hacer una modificación consecuente que le dé vigencia y celeridad a los títulos para que generan empleo y haya formalidad en la minería tradicional.

Una petición de la minería es copiar el ejemplo para la agricultura del Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario, Finagro, un banco de primer piso al que puedan acceder los mineros para que puedan financiar sus proyectos. Un ejemplo para replicar lo mostró Chile que desarrolló su minería pequeña, basada en la promoción y el fomento.

El fomento en opinión de Suárez no es una palabra que deba ir sola pues requiere de dinero público para garantizar que los desarrollos mineros sean efectivos. En este país, dijo, los fondos como el Fondo Nacional del Carbón, el Fondo Nacional de la Esmeralda y el del oro deben permitir que la informalidad se vuelva cada vez menor y la gente entienda que por la vía legal todo es viable y un ejemplo a tener en cuenta es el Fondo Nacional del Café que le dio desarrollo a las zonas cafeteras, promoviendo las transformaciones tecnológicas y la inversión en infraestructura vial, de red terciaria, secundaria y además una espectacular promoción del producto para la exportación.

“La Caja Agraria que nació en 1931 como Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, debe ahora como Banco Agrario poner crédito al servicio de los pequeños mineros, un sistema que adoptó Chile cuando fusionó dos entidades una financiera y otra minera que permitió crear un banco de promoción y fomento de la pequeña minería, que sumada toda no es tan pequeña.
Tristemente con la liquidación de la Caja Agraria y con la llegada de su reemplazo, el ítem para los mineros se esfumó. Lo propio pasó en Boyacá con la Caja Popular Cooperativa que era minera y atendía a las cooperativas y a las organizaciones de economía solidaria de pequeños mineros, modelos que de manera urgente deben volver porque no podemos pretender parecernos a Canadá, Estados Unidos o a Sudáfrica cuando no hay condiciones mínimas de llegar a los niveles de Bolivia”, concluyó Suárez Bernal.

La minería históricamente ha operado como el gran motor del desarrollo en Colombia ya que desde tiempos muy remotos hubo extracción de todo tipo de materiales dentro de los cuales están el oro y las piedras preciosas. Colombia fue desde sus comienzos un país supremamente rico en minería, tan rico que fue saqueada en la conquista, atracada en la colonia y robada en la república. Todo eso pasó porque a Colombia paradójicamente llegaron unas joyitas que luego se volvieron criollos y después contratistas.

En Colombia la minería se desarrolla desde tiempos precolombinos, los expertos y la arqueología han determinado que antes de la llegada infausta de los españoles, los aborígenes ya hacían explotación en minas de donde sacaban piedras muy bellas como la esmeralda y metales precisos representados en su máxima expresión en el oro. En esos tiempos esos materiales eran usados en joyería y en adornos que mostraban los poderes y la generosidad con los dioses que brillaban con luz propia.

Ya en el siglo XIX llegaron grandes descubrimientos que llevaron a la explotación energética gracias a los hallazgos petroleros y de carbón. A propósito de carbón que concentraba grandes extracciones en Amagá y Medellín, le dio paso a la historia de la minería negra, nombre que recibió la minería ilegal. Hoy en pleno siglo XXI la actividad minera está fuertemente regulada, a tal punto que hace casi que imposible desarrollar proyectos por temas ambientales, de condiciones en la población, derechos humanos y recursos administrados por el estado pues la Constitución dice que las riquezas del subsuelo pertenecen a “todos” los colombianos. Quizás por esa falta de repartir de manera ecuánime los recursos de la minería es que en Colombia a todo el mundo se le salta la piedra.

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