Sábado, 16 Noviembre 2019 00:27

Incumplir con los combustibles en frontera es abrirle la puerta a la ilegalidad

Por

Asesnort asegura que hay malestar por el precio nacional estándar que se le impone a la frontera y advierte por problemas de irregularidad por bajo abastecimiento y altos precios en gasolina y ACPM.

En esta segunda entrega de la zona de frontera, abordaremos básicamente el siempre complejo y controvertido tema de los combustibles, de las soluciones y de las estrategias estatales para dejar en el baúl de los recuerdos un mal que le hizo mucho daño a Colombia, hablamos del contrabando de gasolina.

Llegar a Cúcuta hace unos cinco o seis años atrás era complejo porque en casi todos los rincones de la ciudad existían unos expendios irregulares de gasolina que generaban aparte de riesgo y un enorme peligro para la comunidad por la indebida manipulación, un entorno de ilegalidad y delito que prácticamente desafiaba a las autoridades ya que todos los habitantes de una ciudad o de una zona de frontera que aprendió a convivir con lo irregular. Las personas fueron poco conscientes del daño que se cometía porque sin reparo alguno compraban contrabando en pimpina, dejando a Colombia sin ingresos por combustibles y fomentando riesgos permanentes.

Llegó el colmo que muchas familias vivieron en medio de la gasolina, dormían con el combustible debajo de sus camas e inhalaban sus vapores que explicaron el por qué muchas personas, incluidos niños, enfermaron de manera grave. El comercio de la pimpina fue manejado por unas temibles mafias que tenían radio de acción en Venezuela y operaban de manera temible en las trochas binacionales y en las calles de la capital de Norte de Santander. A decir verdad, tanta venta de gasolina abrumaba porque era el ícono de lo prohibido, rodeado de permisos y espaldarazos que rayaban en la inmoralidad y el descaro.

La ciudad sin duda cambió, está mucho más bonita, su entorno mejoró y el comercio legal volvió al sitial que le corresponde, generando empleo, pagando impuestos y fomentando el consumo legítimo de combustibles. Hoy pese a todos los avances, hay preocupaciones y reparos porque la región demanda un cupo mayor y el mantenimiento de los precios especiales para el cupo de frontera.

La Asociación de Estaciones de Servicio de Norte de Santander, Asesnort, indicó que el departamento reporta actualmente un déficit en el cupo de combustibles que oscila entre los 2.5 y los tres millones de galones. La agremiación recalcó que tener bajos inventarios o poner precios en frontera a los valores nacionales incrementa el mercado irregular que ya está echando mano de derivados del petróleo refinados sin ningún tipo de equipo y por fuera de las plantas confiables.

Según el gremio, las necesidades del departamento en un mercado normal y sin contrabando ascienden a 13.5 millones de galones, pero aclaró que el cupo de la región aprobado por el gobierno nacional es de 10.5 millones de galones, dejando ver un faltante que preocupa.

La Directora Ejecutiva de Asesnort, María Eugenia Martínez, le dijo a Diariolaeconomia.com, que hoy la zona de frontera tiene inconvenientes porque aparte de que el cupo es corto ante la creciente demanda regional, ahora el ejecutivo está cobrando el galón de gasolina al precio nacional, un lío adicional porque la frontera tiene precio especial ante las nada fáciles circunstancias.

Declaró que el ministerio de Minas y Energía dijo a través de unas comunicaciones que tan pronto se acabe el cupo de fronteras, las estaciones deberán tener producto nacional para venderles a los usuarios con todos los impuestos.

 

“Nosotros le hemos dicho al Ministerio que las estaciones prestamos un servicio público por lo que no nos oponemos a esa medida, pero debe quedar muy claro que el cupo de Norte de Santander es de 13.5 millones de galones. Es bueno decir que al ser el gobierno el responsable de la distribución de combustibles en Colombia, le corresponde a la cartera hacer una labor de divulgación, es decir notificarle a los consumidores que una vez se acabe el cupo fronterizo, tendrán que pagar tarifa nacional”, especificó María Eugenia Martínez.

 

Como consecuencia de los anuncios se han visto colas interminables de vehículos que buscan llenar el tanque en las estaciones de servicio. La dirigente gremial apuntó que al cesar el contrabando de combustibles, las necesidades en Cúcuta y en Norte de Santander son mucho más grandes porque aquellas personas que tanqueaban con pimpina tienen que recurrir al combustible legal y eso, señaló, se ve reflejado en los taxistas que nunca llenaban su tanque en las estaciones y el solo hecho de ver crecer la gran mancha amarilla quiere decir que está pasando algo.

Las estaciones de servicio le pidieron formalmente al gobierno que le diga a la ciudadanía sobre esta medida que desmonta la gasolina barata en las ciudades fronterizas pues hay que entender las necesidades de recursos para financiar otros programas. El hecho de cobrar en Cúcuta un combustible a los mismos niveles que el resto del país rompe las reglas de juego de una región que vive y se desarrolla en condiciones especiales.

Para Asesnort, que hasta 2015 hizo parte de la Federación Nacional de Distribuidores de Combustibles y Energéticos, Fendipetroleo, el gobierno y puntualmente el ministro de Hacienda debe buscar recursos en otros sectores o en diferentes frentes de la economía porque solo afectando la canasta del transporte con mayores precios vía impuestos, la competitividad seguirá lejana y seguirán pagando justos por pecadores.

Todo lo anterior, precisó la Directora Ejecutiva de Asesnort, obliga a implementar con celeridad el uso de energías alternativas para mover carros con energía solar, electricidad o cualquier otra fuente energética porque solo así es viable abaratar los combustibles y mejorar en todo lo que tiene que ver con el medio ambiente.

Martínez dijo que si bien a Cúcuta le ha mejorado la situación por la migración venezolana que reclama giros y compra bienes y servicios, lo real es que el cucuteño o el nortesantandereano es una persona que gana lo justo y tiene un presupuesto para movilizarse y que por determinación del ejecutivo subirá algo más de 2.000 pesos por galón, una tarifa que resiente el bolsillo en la frontera. El tema no es menor porque ya muchas personas están pensando en guardar la moto o el carro porque la tarifa sube y la plata no da, haciendo cuentas diarias, para poner gasolina en el tanque.

Hoy el precio de frontera está en más de 7.400 pesos el galón de gasolina y en 6.700 el ACPM. Al acabarse el cupo los ciudadanos colombianos de la frontera tendrán que pagar 9.700 pesos, precio nacional de la gasolina. El diésel igual tendrá un mayor precio y como dato adicional está el hecho que los camioneros no van a Norte de Santander cuando hay escasez de combustibles porque corren el riesgo de quedarse varados. Un asunto es que la tarifa de los fletes hacia Norte de Santander es más barata y por eso aprovechan para tanquear y así salir sin inconvenientes y volver a cargar en Santander, Boyacá o en otras regiones del país.

“Lo más inconveniente en este momento es obligar a los nortesantandereanos a pagar una tarifa nacional con precio pleno en los combustibles, habría que mirar los impactos y determinar si una zona naturalmente atípica está en condiciones de asumir un valor más alto por comprar gasolina o diésel”, puntualizó María Eugenia Martínez.

Escasez de combustibles y altos precios incentivan la ilegalidad

 

Para Asesnort, otro asunto para revisar es que los combustibles en el país tienen una muy alta carga impositiva, haciendo que inclusive la inflación sea mucho más proclive a estar con indicadores elevados porque mover el país y su desarrollo vale mucho más de lo debido.

Hoy la máquina del progreso está quedando sin opción de llenado y el tema es tan delicado que impacta la dinámica económica y fomenta un comercio espurio que puede llegar a ser todo un talón de Aquiles para el gobierno que ve afectados sus ingresos corrientes por los costos de los robos de petróleo.

Hablando del estado y no del gobierno, un error histórico es que a los combustibles los tomaron como el trompo de poner en materia fiscal porque cada vez que se agotaba la plata del fisco lo más elemental era gravar la gasolina o el ACPM. La situación, dice el gremio, llegó a extremos porque el ejecutivo prácticamente apagó sus incendios con gasolina, conllevando a mayores costos de transporte y logística.

Las estaciones tuvieron que pagar una cadena de equivocaciones fiscales porque entre más grande era el hueco fiscal, mayores fueron las cargas tributarias para los combustibles. El asunto es que los derivados líquidos del petróleo subieron a precios imposibles y el país jamás solucionó su tremendo problema fiscal.

Los combustibles pagan tarifas como ingreso al productor, impuesto nacional a la gasolina y el ACPM, impuesto sobre las ventas, impuesto al carbono, tarifa de transporte por oleoducto, recuperación de costos, costo de cesión o de reconversión social y laboral de los pimpineros que suma 101 pesos, tarifa de marcación, Margen Plan de Continuidad, una tarifa para apoyar la exploración de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, margen al distribuidor mayorista, transporte de plantas no interconectadas que afecta a Cúcuta, sobre tasa a la gasolina, margen al distribuidor minorista, pérdida por evaporación y otros que castigan duramente los combustibles. 1978 el ACPM llegó a ser muy económico porque era un combustible social que tenía como finalidad mover la economía de Colombia al igual que la gasolina. Súbitamente los gobiernos fueron encontrando en los combustibles fósiles un pretexto tributario, a tal punto que lo hicieron casi que imposible.

La situación de los combustibles ha llegado a ser tan extrema que algunos se ven obligados a llenar el tanque con “pategrillo”, un crudo que es hurtado del poliducto y al que someten a un proceso de refinación artesanal para luego venderlo a un precio muchísimo más bajo que el de mercado y de manera increíble, según algunos conductores, con unos rendimientos impresionantes.

 

“Esa es una lamentable realidad pues cuando no hay combustibles en Norte de Santander, los transportadores tienen que comprar pategrillo una adquisición muy frecuente en el difícil Catatumbo. Por temas como este el gobierno debería reconsiderar la carga impositiva porque la legalidad paga y si hay precios consecuentes, la gente se queda con lo que ofrecen las EDS”, afirmó Martínez.

 

Otro aspecto que llama la atención es el fijar precios tomando como indicador el precio del WTI o crudo de Texas en el Golfo de México, una referencia a todas luces lejana de la realidad colombiana en donde debería haber gasolina y ACPM baratos.

Sin contrabando, Norte de Santander vende 13 millones de galones de combustibles. Hay estaciones de servicio que optan por no arriesgarse a comprar el combustible a precio nacional cuando no hay producto de frontera porque la ciudadanía los agrede y los tilda de ladrones. La situación puede ser más angustiante porque hay agresión a los bomberos y amenazas con machetes y palos a estos operarios, lo que obliga al gobierno a mirar bien todos estos impactos en una región que por su condición fronteriza es totalmente diferente.

En la eventualidad en que todas las EDS tengan que comprar a precio nacional los últimos diez días del mes, con toda seguridad la venta supera los 13 millones de galones. Al año la venta de combustibles en Norte de Santander puede ser superior a los 156 millones de galones.

El tema del contrabando de combustibles conllevó a buscar una salida que ha funcionado y por ello la Cooperativa Multiactiva de Pimpineros de Norte de Santander, Coomulpinort, operó una planta en el sector de “Agua Linda”, activo que era propiedad de una firma del Valle del Cauca. Al no haber renovación del contrato de arrendamiento, a Coomulpinort le tocó recurrir a Terpel para que la apoyara y es así como hoy la cooperativa opera conjuntamente con Terpel la planta de Villa del Rosario.

Foto Terpel
Foto Terpel

 

“A Coomulpinort le ha ido bien pues tiene su cupo y atienden a unas 70 estaciones de servicio en promedio en Norte de Santander. Ya manejan una imagen de color verde y hoy hacen parte de un mercado dinámico que terminó siendo una solución luego de ser parte de un grave problema de pimpina y contrabando de gasolina procedente de Venezuela. Hay que decir que Terpel creyó en Norte de Santander cuando nadie daba un peso por la distribución minorista y fue capaz de invertir más de 9.000 millones de pesos en una planta moderna cuando estaba aún encima el dolor de cabeza del contrabando. Hoy la planta de sirve a la distribución legal, incluida a la cooperativa de pimpineros”, explicó Martínez.

 

Es oportuno decir que el cupo de frontera tiene como característica la puesta en oferta de unos combustibles exentos de impuesto a la gasolina y al ACPM, excluido de IVA y con un ingreso al productor un poco más bajo, logro de una lucha conseguida en la última parte de la década de los años noventa cuando prosperó un proyecto de ley que le quitó los impuestos a los combustibles.

A la fecha, Asesnort cuenta con 82 agremiados, más de 150 estaciones en el departamento y espera que las estaciones que no están afiliadas y que no conocen el trabajo gremial, lo evalúen, lo consideren y decidan ingresar a Asesnort, un gremio que acredita 42 años de experiencia y labor gremial.

María Eugenia Martínez, está en el negocio desde 1976, es decir 43 años de trabajo en el sector. Al gremio ingresó en 1993, un bagaje y un conocimiento a profundidad sobre la normatividad en la zona de frontera que según la Constitución Política, podrá tener un tratamiento especial y que finalmente le dio a estas jurisdicciones el derecho a tener combustibles a menor costo.

La generosidad de Norte de Santander es para mostrar

 

A criterio de la empresaria y dirigente gremial, María Eugenia Martínez, resulta muy reconfortante ver el comportamiento que los cucuteños y los Nortesantandereanos han tenido con la población venezolana que encontró en la frontera y en las ciudades de la región un sitio en donde hacer compras, recibir giros y pasar momentos de sosiego gracias a la hospitalidad de los colombianos.

Apuntó que la cara de Cúcuta es totalmente diferente a la de hace siete años porque la migración como dicen otros sectores, le dio dinámica a la ciudad en vista que hubo un despertar en lo económico y en lo social. Expuso que la región aprendió a depender de sí misma y a valorar su talento ya que gracias a la diversificación de mercados aumentó la oferta exportable y potenció mercados importantes como el nacional y el departamental.

Hoy, dijo, Colombia es la despensa de los venezolanos porque llegan y encuentran literalmente de todo para comprar y llevar para su tierra, lo cual va desde alimentos y productos de higiene hasta medicinas.

 

“El venezolano llega a Cúcuta o a los municipios de Norte de Santander y se sienten mejor que en su casa, y eso nos lo han hecho saber, situación que produce orgullo y tranquilidad porque Dios es grande y posiblemente le retribuya a la ciudad y al departamento su solidaridad, acogida y respeto. Todo esto es de mostrar y le enseña a otros sitios que ser bondadoso y darle la mano al que viene en condición de vulnerabilidad es un tema humano que tiene sus puntos buenos”, declaró la señora Martínez.

 

La ciudad de Cúcuta, como lo dijimos hace unos días tiene otra cara y reporta un progreso que tiene como única explicación la migración que trajo inversión, divisas y demanda de bienes y servicios.

La reconocida dirigente manifestó que hoy los productores de alimentos del interior del país tienen que reconocer que la plaza más movida en ventas de abarrotes y alimentos frescos es Cúcuta. Igual expresó que muchas industrias pueden dar fe que hay mayores despachos de todo tipo de productos porque la migración tiene que comer, debe vestirse y pagar arriendos.

Los miles de millones que llegan en remesas se quedan en Cúcuta y en el país porque las familias hacen los giros para que quienes habitan en la frontera puedan tener lo básico para su diario vivir, otros pagan hoteles y en otras ciudades hay pago de apartamentos o compra de inmuebles. Igual muchos venezolanos han invertido en nuevos negocios y en la generación de riqueza en Colombia.

Para ayudar a los venezolanos más vulnerables ha habido acción del gobierno nacional y de los gobiernos departamental y municipal. Los niños tienen acceso a la educación por una acción del departamento y los alimentos no faltan pues por citar un ejemplo en la Casa de la Misericordia en el sector de La Parada sacan diario en promedio 6.000 almuerzos y todo porque el religiosos que comanda este centro de ayuda canaliza ayuda de distintos sectores de la “Perla del Norte”.

 

“Todo lo que está pasando hoy ha hecho que haya más unión y hermandad entre los dos países, sobre todo en la frontera en donde muchos que no nacimos aquí llegáramos y consiguiéramos todo por la prosperidad venezolana, por su petrodólar, por sus importaciones y por un bolívar que llegó a valer 17 pesos, dinero que ayudó en Colombia a comprar casas, a educar hijos y a mejorar la calidad de vida. Cuando a Venezuela le fue bien a Cúcuta y a la zona de frontera igual le correspondieron las mieles del éxito. Hoy se voltearon las cosas y es Colombia el país que le está tendiendo la mano a los venezolanos que aquí llegan, incluidos artistas y gente llena de talento”, apuntó la empresaria.

 

La situación de muchos venezolanos es bien distinta para bien porque cuentan con transporte especial para que estudien en Villa del Rosario, también gozan de los planes de vacunación que no estaban en su rutina y reciben alimentación por los programas que operan por recursos que llegan de varios frentes, incluida la comunidad internacional.

Hay de todas maneras dolor y angustia porque los caminantes persisten en busca de algo que les permita subsistir. Siguen los dramas y la pena que invaden el alma de los colombianos cuando se enteran que mueren niños de física hipotermia pasando el páramo de Berlín. A muchos adultos igual no les alcanza la vida y parten para el viaje definitivo en donde brilla la luz perpetua.

La región está en crisis, América Latina experimenta un malestar generalizado y todo esto, según asegura Asesnort invita a innovar los modelos económicos, a pensar en desarrollo sostenible y a fomentar políticas de estado de largo plazo para el agro, la industria y los frentes básicos para la vida constitucionalmente amparados. El caso colombiano y sus regiones demandan más trabajo, mayores propuestas y el impulso de un banco de ideas que catapulten acciones y adelanto.

En Norte de Santander y en el país entero, la gente demanda el comienzo y la terminación de las obras, la inversión en infraestructura y una apuesta más decidida por un país educado y formado bajo la escala de valores para evitar tanta corrupción y para entender que solamente con probidad y tozudez, la vida es más amable y mucho más viable.

 

Visto 1528 veces