Domingo, 09 Junio 2024 06:44

Petróleo en Colombia, ¿negocio o regalo?

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Petróleo en Colombia, ¿negocio o regalo? Imagen-de-Vilius-Kukanauskas-en-Pixabay

El país tiene 390 contratos que en su mayoría no han cumplido con el objetivo de encontrar reservas nuevas de petróleo y gas, algunos han ejecutado exiguamente sus obligaciones de exploración o sísmica.

En las calles, plazas, universidades y en los sitios especializados en café suele hablarse frecuentemente de la situación del país, de los errores históricos en el manejo de la política económica y de la pésima costumbre de no darle valor a lo nuestro, a eso que tenemos como recursos naturales y que muchas veces por afán, desconocimiento o física lambonería terminamos obsequiando. Es tan absurdo el tema que algunos exministros de hacienda han hecho fiestas por los logros con la inversión extranjera directa, situación incómoda y ridícula porque en esos negocios solamente hay un ganador, el que se lleva nuestros recursos, el pueblo sigue como en Roma de los césares conforme con pan y circo, bueno con tamal y pola.

Mucho se ha hablado de los contratos de exploración y producción [E&P] y de la precariedad de la política petrolera actual que demanda mayor firmeza para darle sostenibilidad a la exploración y explotación de hidrocarburos y apagar los incendios fiscales, pero lastimosamente ha hecho falta conocer la historia fidedigna y poner en blanco y negro lo que ha sido la realidad de la actividad exploratoria del sector petrolero y en ese rifirrafe de extremos, han quedado cabos sueltos.

No se puede desconocer que en el país muchas cosas se han hecho mal, con equivocaciones perversas e intentando favorecer casi siempre a los extranjeros, con esto se cumple la frase aquella que reza “los gringos llegan a Colombia y descrestan calentano”. Sí, ha pasado, los grandes negocios se los han llevado los americano o europeos y en esas transacciones históricamente ha habido un perdedor, el pueblo colombiano.

Todo se entrega o se facilita, Colombia obsequia oro, esmeraldas, petróleo, platino, níquel, carbón y se da el lujo de silenciar nuevos hallazgos o nuevos recursos como el coltán, nadie dice nada de columbita o tantalita, todo se calla, algo que muestra que seguimos matriculados en el país del Sagrado Corazón y en los buenos oficios celestiales ya que los gratos momentos se dieron gracias a que se nos apareció la Virgen.

 

 

Colombia sí debe revisar, con urgencia y profundidad, el tema de las riquezas del subsuelo porque al país le vendieron el cuento chino que todo lo hay en las entrañas de la tierra es del Estado, que todos en el territorio son ricos y suficientes, algo que contrasta con el hambre y la miseria que campea en las zonas rurales en donde los labriegos están en vía de extinción o en las ciudades, lugares complejos y maquillados que no ofrecen trabajo, opciones reales o dignidad. Las selvas de cemento se afianzaron como el escondite de muchos y el primer gran paso al camposanto en edades tempranas, pero quizás eso sea más considerable que cultivar o esperar que el petróleo entregue el cheque correspondiente por lo menos para las vías terciarias y los negados eternamente bienes públicos

A la fecha Colombia tiene 390 contratos que en su mayoría no han cumplido con el objetivo de encontrar reservas nuevas de petróleo y gas, algunos han ejecutado exiguamente con sus obligaciones que tienen con exploración o sísmica y otros ni siquiera han perforado los pozos exploratorios pactados.

Desde hace 20 años, la ANH decidió que en los nuevos contratos petroleros se redujera la participación del Estado en cada barril de hidrocarburos extraído que pasó del 40 por ciento a menos del 5 por ciento y, adicionalmente, por esa época se bajaron las regalías del 20% fijo al 12% en promedio, como manera de estimular grandes volúmenes de inversiones en Exploración y Producción [E&P], y la consecución de nuevas reservas, lo que a la postre no ocurrió.
Al parecer siguen los negocios de vender humo, esta vez con un sector que está muy crudo.

Grato es recordar siempre los inicios, Colombia dio el primer paso en la economía petrolera con la concesión De Mares, entregada por 30 años a Roberto de Mares a través de la Ley seis de 1905 cuando el país era gobernado por Rafael Reyes. Este permiso tenía 528.980 hectáreas y permitió que el afortunado de Mares la exploración y explotación los depósitos petrolíferos de un lugar conocido como Las Infantas en Barrancabermeja, el puerto petrolero de Santander.

Después de ventas y cesiones la concesión, vecina del Río Magdalena, llegó a su fin en 1951 lo cual le abrió la puerta para la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.

El negocio llegó en un momento difícil para Colombia, pero la patrona hizo su aparición con el crudo de Barrancabermeja del que ya se hablaba en tiempos de la conquista cuando los indígenas Yariguíes del caserío La Tora se ungían en crudo para sus ceremonias algo que llamó la atención en 1536 de Gonzalo Jiménez de Quesada y compañía, todos asombrados con la fuente de betún, así le decía al crudo negro y espeso que manaba de la tierra en esas igníferas montañas.

 

 

Eran tiempos duros los de Colombia que en 1898 mostraba una banca rota tremenda, no había un centavo en el tesoro público, la plata de las aduanas estaba bajo embargo y la nación debía siete millones de pesos, una cifra escandalosa para el momento, todo estaba tan venido a menos que debieron suspenderse las obras públicas, los recursos no daban para pagar funcionarios o fuerzas militares, un caos. No fue suficiente la emisión por diez millones de pesos aprobada al Banco Nacional y en 1899 la situación estalló además porque estaba encima la Guerra de los Mil Días, 1899-1902, que acabó con todo por una visible falta de manejo y visión para paliar coyunturas.

Reyes pasó a la historia como el presidente que promulgó las primeras normas en el frente petrolero de hecho rubricó la Ley 30 de 1903 que en su artículo quinto decía, “Ningún contrato que el gobierno celebre para la enajenación o explotación de las minas de carbón, depósitos de asfalto y petróleo o gas natural perteneciente a la misma, será válido sin la aprobación del Congreso”.

Vino la Concesión Barco también en 1905, en este caso el favorecido fue el militar y excombatiente de la Guerra de los Mil Días Virgilio Barco M, quien firmó el convenio con el gobierno nacional para explorar y explotar crudo en el Catatumbo, Norte de Santander. En 1931 los derechos de la Concesión barco pasaron como cedidos a Gulf Oil Company, firma que siguió reconociendo ingresos a la prestante familia.

Hay historia, claro, y buenas noticias, verbigracia el descubrimiento de Caño Limón en 1983, Cusiana en 1991 o Cupiagua en 1993, el país se alcanzó a ilusionar, pero vinieron las malas decisiones y los consecuentes desencantos.

Cómo no evocar al gran maestro, a ese defensor de la economía expresada en los recursos minero-energéticos, al único congresista que paralizó el país con unos debates trabajados, ricos en argumentos e investigación, duele reconocerlo, pero con la muerte de Hugo Serrano Gómez se acabó el debate serio e informado y con ello se diluyo el protagonismo y la exquisitez de la Comisión Quinta del Senado a dónde íbamos a informar y a ungirnos de conocimiento y apego por un país con demasiado, pero sin nada.

Pues bien, el Senador ya en los predios del Santo Padre y creador sigue teniendo la razón, su memoria y legado no se borran y caso contrario siguen vigentes, claro está que a más de uno debería darle vergüenza.

Según los conocedores actualmente hay un debate a medias en el tema petrolero y muchos le dieron garrote al presidente de la República Gustavo Petro sin tener nociones mínimas de lo sucedido con el valioso aceite de piedra.

El ingeniero de petróleos de la Universidad Industrial de Santander, UIS, y Magister en Gobierno y Políticas Públicas de Columbia, Jorge Martín Camargo García le dijo a Diariolaeconomia.com, que en Colombia hay contratos de Exploración y Producción [E&P] firmados por cientos y dijo que cuando nació la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, en 2003, hubo expectativa porque se le dio vida a un ente especializado en la administración del recurso hidrocarburífero centrado en hablar nuevas reservas de petróleo y gas.

Indica el experto que el modelo de política pública concebido a inicios del presente siglo fue el correcto, pero que la implementación de esa política publica ha mostrado debilidades sustanciales porque el objetivo de encontrar un gran yacimiento de petróleo no se ha cumplido, como tampoco se ha logrado agregar nuevas reservas en volúmenes suficientes para reponer las reservas gastadas y para tener disponibles a futuro.

A Ecopetrol se le quitó dicha potestad y pasó a ser una operadora, igual a las otras. Con esa medida empezaron a quedar en el recuerdo los logros y menesteres de la estatal petrolera y la ANH se inventó de arranque el contrato que se ha dado en llamar de concesión moderna porque anteriormente se hablaba de contrato de asociación y mucho más atrás de la sola concesión que consistía en entregarle título y tierras a un privado, con capital e idoneidad, para que éste buscara y explotara petróleo y le diera una participación al Estado.

En la década del 70 en el gobierno de Alfonso López Michelsen le dijo no a las concesiones y le dio vía a la asociación en donde un privado exploraba y si encontraba crudo, entraba Ecopetrol a asociarse y con eso, ya con la declaratoria de comercialidad, la estatal devolvía la mitad de los gastos en exploración y pasaba a la etapa de distribución 50-50 después de regalías, un modelo vigente hasta la llegada de la ANH que hizo un nuevo contrato de concesión para estimular la búsqueda de hidrocarburos, un tremendo golpe para el entorno petrolero nacional porque se adoptaron medidas para estimular la inversión de las petroleras, como un fin completamente loable, pero que no termina bien.

 

 

La estrategia de promoción de la ANH, adoptada hace un par de décadas, consistió en modificar dos aspectos relevantes:

La participación del Estado en cada barril de petróleo extraído a partir de los nuevos contratos de la ANH y, la flexibilización de las regalías que deben pagarse al Estado y por, ese conducto, la disminución de los beneficios económicos a las entidades territoriales productoras, que son las que sufren los rigores de los impactos ambientales, sociales y de seguridad públicos que llegan cuando se encuentra petróleo.

En materia de participación del Estado, Camargo García explicó que antes del 2003, por cada barril de petróleo producido el Estado tomaba el 60 por ciento: 20 por ciento en regalías y la diferencia del 80 por ciento se partía en dos entre Ecopetrol y la compañía operadora, entonces Colombia se quedaba con ese 60 por ciento de crudo y el asociado se llevaba el 40 por ciento, lo que recompensaba su inversión.

Con la Agencia todo cambió porque en el nuevo modelo de contrato la compañía se comprometía a efectuar inversiones para explorar y producir hidrocarburos y, en la eventualidad de que encontrara nuevas reservas, esta reconocía una participación que se pactaba desde el inicio, lo que se conoce en la industria petrolera como el X.

Normalmente, explicó el conocedor, la equis que pacta la compañía con el Estado y que debe pagar cuando encuentra petróleo y empieza a producir se ubica entre 1, 2 o cuatro puntos como porcentaje de cada barril que logre extraer la firma, participación que, si bien pueda sonar bastante baja dado que antes el Estado tomaba 40 puntos porcentuales a través de Ecopetrol, se hizo con la intención de traer a Colombia inversiones masivas en exploración y producción de hidrocarburos.

En materia de regalías, antes de 2003 lo contratos debían pagar un porcentaje fijo del 20%, luego que la ley 756 de 2002 flexibilizara el esquema se paga entre 8 % y 25 %, pero al revisar la tabla se encuentra que para llegar al mismo porcentaje del 20% un campo debe producir entre 125 mil barriles y 400 mil barriles al día, algo bien difícil de logra en un solo campo en un país que produce menos de 800 mil barriles al día, en promedio.

Todas esas modificaciones incentivaron que el Estado Colombiano, a través de la ANH empezará a firmar contratos petroleros con compañías conocidas en el negocio de los hidrocarburos, pero también se colaron negocios que se suscribieron con especuladores y con personas que no tenían experiencia o intereses reales de invertir.

 

 

Ahí la filosofía del contrato, era que el gobierno entregaba un área y el empresario se comprometía a hacer unas inversiones para encontrar petróleo, como bien se sabe dichas inyecciones de capital se hacían en dos frentes, una en sísmica y otra en perforación de pozos.

Allí básicamente las grandes firmas realizaron las inversiones, pero este medio pudo conocer que hubo quien utilizó el negocio para especular y salían a buscar inversionistas con título en mano, así recogieron plata, uno, dos o tres millones de dólares, nunca perforaron, hicieron cualquier sísmica y con el tiempo llegaron los argumentos de suspender el contrato por supuestas amenazas y otros cuentazos, todo para evitar el cumplimiento de los requisitos.

 

“A la Agencia Nacional de Hidrocarburos se le colaron algunos contratistas que no estaban centrados en el negocio de Exploración y Producción, que incluso terminaron metiendo pólizas falsas, una práctica que llevó a que el CTI de la Fiscalía tuviera que allanar la ANH, hecho que fue conocido ampliamente en el país. Por otro lado, se suspendió la ejecución de contratos, unos con argumentos sólidos y otros con débil sustento. Por ejemplo, el argumento de suspensión de contratos por temas de seguridad debe ser analizado con lupa, porque cuando se firma un contrato petrolero en un país como Colombia en donde impera la violencia y los grupos armados ilegales desde hace décadas, los agentes o inversionistas saben de antemano con qué se van a encontrar. Por eso, en contratación pública existe la matriz de riesgo y eso debió ser incorporado como riego principal en los contratos, porque los grupos violentos no nacieron después de suscritos esos contratos, es más, el inicio de la suscripción de contratos por parte de la ANH se dio cuando ya le guerrilla llevaba décadas en Colombia y el paramilitarismo estaba en pleno furor, año 2006 o 2007”, expuso Camargo García.

 

En ese tiempo la ANH alcanzó a firmar 390 contratos y por eso viene la pregunta, ¿de esos casi 400 contratos, cuantos fueron exitosos?, igual expresó el conocedor hay un interrogante que el país debe hacerse, ¿la suscripción de contratos, hace que se encuentre petróleo per se?, jamás, anotó, hay que meter plata y hacer el ejercicio.

 

 

Pero no pueden quedar por fuera otras preguntas, ¿Qué pasó con esos cerca de 400 contratos?, ¿cuántas reservas nuevas se adicionaron?, ¿qué pasó con los contratos suspendidos, alguno de los cuales llevan años en ese estado? ¿Por qué no se liquidan? ¿Por qué no les aplican la póliza?

Un capítulo aparte meceré esos contratos de la ANH a los cuales se les ha aprobado el cambio del destino de la inversión, que inicialmente era de riesgo y luego se aprobó que fueran usados en inversión para otros fines?
Hubo otras circunstancias ya que a algunas empresas les cambiaron el destino de la inversión pues cuando se firma un contrato para exploración se deduce que hay capital de riesgo, pero deja pensando cuando el Estado dice que ese capital de riesgo ya no debe ir en el desarrollo de un proyecto exploratorio sino que debe ir a una actividad menos arriesgada y es la ampliación de la producción que ya se tiene, esa práctica, comentó el versado, no es correcta porque la inversión hecha se ejecutó en una labor no prevista, todo buscando ayudar o cuadrando el contexto a los inversionistas.

Si bien Camargo está de acuerdo en generar condiciones para que quien invierte esté más tranquilo y de esa manera cumpla, lo que refuta es la debilidad institucional evidenciada en que el país no conoce con exactitud sobre los logros reales de la implementación de la política publica en el principal indicador: EL HALLAZGO DE RESERVAS FRESCAS, ES DECIR LA INCORPORACIÓN DE NUEVAS RESERVAS.

De hecho, queda claro que la administración de los contratos no ha logrado el objetivo principal antes descrito no obstante las enormes ventajas que se dieron en su momento a la suscripción de los contratos.

 

 

El tema pasa por dejar claro qué ocurre con los contratos suspendidos y así determinar por cuantos años más se va a tener, ocho, 20 o 50 años, algo claro y nada tácito, pero anotó que un contrato que lleve suspendido siete u ocho años no tiene nada que invite al optimismo, y si fue interrumpido por fuerza mayor, estas no pueden durar tanto tiempo y si es por orden público, el tiempo podría ser más extenso.

Muchos dicen con toda la coherencia, para qué firmar otros contratos si hay más de 200 en ejecución, la situación es clara, no se trata de ir tras un hallazgo importante sino ampliar las opciones de especulación pues cualquiera se hace con una estipulación en una zona prospectiva, sale y se hace a unos dineros, pero lo grave es que nadie sabe en qué puede terminar el asunto, es un mercado y un espectro en el que se encuentra de todo, una gama de posibilidades para mentir, engañar y vender humo.

Fue de público conocimiento casos como la certificación entregada para suscribir contratos con la ANH. En África hay un país llamado Gabón y allí alguna persona fue y consiguió certificaciones de actividad petrolera en suelo gabonés, lo traslado a Colombia, pero con el tiempo se dieron cuenta que las testificaciones eran falsas o fraudulentas.

Es importante poner sobre el tapete todas estas situaciones y la convergencia de problemas en la contratación petrolera que la ANH conoce en su totalidad, de lo cual exigen respuesta por parte del Ministerio de Minas y Energía.
Para todo hay una explicación, en esencia para lo neófito, por decir algo riesgo geológico, social y todo tipo de apuro, lo cierto es que nadie firma un documento sabiendo de todas esas factibilidades, todas inherentes a la industria petrolera porque ninguna explota crudo en el cielo, eso dice que a nadie se trajo a Colombia con los ojos vendados, nadie rubricó un papel en Londres para luego ruborizarse porque el campo estaba en Colombia.

 

 

En petróleo el riesgo es un común denominador, históricamente la actividad petrolera ha convivido con los conflictos y las dificultades, pues ha habido conflicto social y factores tan espinosos como orden público, seguridad y complejidad geográfica, a nadie invitaron a Colombia con engaños o recurriendo a la mentira, de eso, apuntó el invitado, todo el mundo conoce.

Surge una pregunta esencial: ¿ES NECESARIO FIRMAR NUEVOS CONTRATOS O APROVECHAMOS ESTE ALTO EN EL CAMINO Y HACEMOS UN BALANCE DE QUE LOS RESULTADOS DE LOS CONTRATOS FIRMADOS HASTA AHORA?

En Colombia apenas está explorado geológicamente para petróleo el 30 por ciento del país, falta el 70 por ciento, pero el perfil de empresas que se metieron, no todas, obviamente, en su mayoría amigos que llegaron con certificaciones y pólizas falsas, lo suficiente para tener un título y para ir en busca de plata que siempre hay quien la suelte.

Es evidente que existió aprovechamiento indebido y se utilizó el tema petrolero nacional y la norma colombiana para vender humo, todo un problema que involucra la moral y la probidad, dejando claro que no son todos porque igual llegan inversionistas muy expertos y cargados de decencia, sin embargo, en las cosas mal hechas se mueven demasiados intereses económicos. Si uno ve los contratos offshore o costa afuera de los Grandes jugadores mundiales estos se ejecutan adecuadamente y se invierten 80 o 100 millones de dólares, cosa que no pasa con otros pescadores de contratos.

 

 

El asunto demanda trabajo y mucha gestión para saber quiénes exploran en Colombia, qué tipo de empresa hace las cosas al derecho, pero también identificar quien se disfraza de inversionista. La agencia que optó por responder lo mismo debe cambiar el chip y lo previsible de cada respuesta que suena más a una defensa que a argumentos sólidos fruto de hacer bien la tarea, es decir gestionar muy bien esos contratos.

Cabe anotar que por definición el contrato para exploración petrolera dura seis años, desde el momento en que se firma hasta que se tenga que liquidar o se le declare comercialidad. Los tenedores de contratos que llevan cinco años alegarán que les falta un año, pero la inquietud debe ser, qué ha hecho la empresa licitante en ese quinquenio, llevar todo a blanco y negro.

El asunto es tan difícil que muchos llegan a la ANH, pero algunos pasan antes por otras instancias que tengan poder sobre los mandos de la entidad para conocer contratos y estados de algunos desde la fecha de suscripción, algunas personas buscan saber de manera privilegiada, si son documentos vigentes, suspendidos o liquidados, un tema en el que debe intervenir hasta el presidente de la República a quien le interesa el tema, entre otras cosas porque adoptó como política de Estado cerrar el ciclo de combustibles fósiles en Colombia.

Estas evidencias dejan sin piso los señalamientos y vaticinios de que Colombia perderá la autosuficiencia petrolera sino firma más contratos, el tema es que nadie dice qué pasó con lo que ya se firmó y que deja aburrido a más de uno porque algunos timaron y no cumplieron los contratos en los términos exigidos.

El experto Camargo expresó que “Es un error conceptual echa la culpa de todo a la política pública, porque está bien concebida y filosóficamente es correcta, pero la implementación que ha hecho de dicha política la Agencia Nacional de Hidrocarburos, es muy deficiente, lo que se refleja en que no se ha encontrado un gran descubrimiento en dos décadas y la adición de reservas nuevas ha sido discreta”.

 

 

Hay con todo este entorno muchas inquietudes, una de ellas es ¿cuántos descubrimientos grandes se han hecho en Colombia desde que entró en operación la ANH, la gente sigue esperando un Caño Limón, Cusiana-Cupiagua y otros que se dieron bajo la administración de Ecopetrol, pero infortunadamente desde que llegó la agencia nada de nada, tan solo cosas ínfimas, pero de gran tamaño y que descreste, el marcador sigue en cero.

Otro aspecto que es importante revisar es la estimación de reservas porque debe diferenciarse ante el país dos cosas: el indicador de reservas nuevas y frescas es decir que nunca antes estuvieron a disposición o que no se habían descubierto y, por otro lado, las cifras de reservas recalculadas, que implica la consideración de factores lo que quiere decir que como se encuentra petróleo en el subsuelo en donde hay unos elementos técnicos como porosidad, permeabilidad, saturación y factor de recobro, este último que puede ser variado de acuerdo con elementos técnicos pero que terminan teniendo un impacto significativo al momento de calcular las reservas, algo demasiado teórico que al detallarlo con pozos actuales sube en cientos de miles de barriles las reservas.

El tema es detallar o precisar si son reservas frescas o recalculadas, pero a la gente la llevan con el segundo factor, en petróleo finalmente el asunto de basa en estimaciones, pero concreto como tal no hay nada.

En síntesis, muchas cosas han pasado en el sector petrolero, el famoso regalo del que se habla desde hace dos décadas cambió hasta el régimen de las regalías porque dejaron de ser parejas en un nivel del 20 por ciento para volverse escalonadas, todo sobre el supuesto de que el país podría canalizar más recursos por regalías, algo fuera de lo real pues finalmente quedaron entre el ocho y el 25 por ciento.

 

 

El 25 por ciento solamente lo recibirá un campo que produzca más de 600.000 barriles es decir que para que el país reciba ese pago, toda la producción del país tendría que venir de un mismo campo, algo absurdo. Hoy ese beneficio bajo a niveles de oscilan entre el ocho y el diez por ciento, sin ir tan lejos las bajaron a la mitad. El país por obra y gracia de los eruditos, hoy en las sombras del olvido, dejó de tener un cheque con el 60 por ciento para pasar la irrisoria cifra de 10 por ciento o menos, un sacrifico hecho para estimular la inversión extranjera que con razón se frotaba las manos. Qué alguien explique esto con sensatez por favor.

Hoy la inversión extranjera ha crecido, pero no para exploración a excepción de lo que se hace costa afuera. Para todos es palpable que Colombia no tiene un negocio petrolero o una verdadera y sólida renta petrolera, el asunto cambió y muchos que aplaudieron el voto de confianza en el país omitieron que llegaban como moscas a la fruta porque al hacer las cuentas el petróleo se regaló, algo imperdonable en un país pobre, sin mucho desarrollo y con el agravante de que la plata del crudo se gastó en la importación de alimentos, jamás se tuvo una consideración por la economía agraria por la que suplicarán demasiado tarde.

El país tenía en sus manos el 60 por ciento del petróleo de cada barril y lo cambió por el 15 por ciento más dos o tres puntos que parecen más una obra de caridad tacaña, eso sin cambiar nada, porque todo sigue siendo lo mismo, el riesgo, la geología, las comunidades y el entorno extractivo como un todo.

 

“Pasamos a la cuarta parte del beneficio buscando un fin loable que era aumentar las reservas, pero a decir verdad el país terminó dando ventajas excesivas sin lograr el cometido, como tantas otras políticas públicas que se han implementado buscando beneficios, los cuales nunca llegaron, pero aun así permanecen. Recuerdo que el Senador Hugo Serrano decía: van a regalar el petróleo y sin ponerse colorados lo regalaron, hoy nadie ha dicho nada para tomar decisiones al respecto debatir con cifras los resultados de la política pública y tomar decisiones.”, dijo el conocedor.

 

 

Hoy pasó todo y el país perdió regalías, no hubo descubrimientos importantes, las reservas siguen a la baja y la autosuficiencia está en veremos, todo eso pasa en un país como Colombia, atiborrado de normas, solo que hay muy poca autoridad para aplicarla. La ANH, debió cambiarse por una de caridad porque regaló el recurso y jamás logró que crecieran las reservas adicionadas, las recalculadas son el mejor pretexto para subir esas estimaciones que nos subjetivas, nada exactas.

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