Lunes, 13 Julio 2015 12:45

Wolfgang Schäuble, guardián de la austeridad entre odios y admiraciones

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Berlín (EFE).- El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, un hombre que en algunos suscita odio y en otros admiración y respeto, ha puesto su sello al acuerdo logrado por la eurozona con Grecia, con lo que ha completado un capítulo más de una larga carrera política.

El manejo de la crisis griega ha terminado de definir el perfil de Schäuble tanto para sus seguidores como para sus detractores.

Los primeros lo han visto como el guardián de la austeridad, firme en la decisión de no ceder ante lo que consideran principios innegociables.

Los segundos, como señaló  el eurodiputado alemán de Los Verdes Reinhardt Bütikofer, ven en Schäuble la reaparición del rostro del "alemán sin corazón, odioso y dominante".

Todos tienen en mente que puso sobre la mesa de negociaciones la opción del "grexit", irritando incluso a diputados de la actual coalición de gobierno.

La figura de Schäuble ha polarizado casi desde el comienzo de su vida política, en buena parte por la claridad de sus posiciones y también por la contundencia retórica con que las defiende.

Llegó al Ministerio de Finanzas en un momento de su carrera en el que, como él mismo dijo al asumir la cartera en 2009, con 67 años, podía prescindir de ciertas consideraciones, puesto que ya no tenía que aspirar a nada.

En realidad, desde su llegada al Bundestag en 1972, Schäuble ha aspirado a casi todo en la vida política alemana y lo único que se le ha resistido ha sido la Cancillería.

Fue ministro de la Cancillería y Ministro de Interior durante el gobierno de Helmut Kohl, y jefe del grupo parlamentario conjunto de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala bávara la Unión Socialcristiana (CSU).

En 1990 fue víctima de un atentado en un mitin de su partido, cuando un enajenado le disparó dos tiros que lo dejaron postrado en silla de ruedas.

Entre los títulos que suelen otorgársele, está el de arquitecto de la reunificación alemana, por haber negociado con el último gobierno de la extinta República Democrática de Alemania (RDA) el tratado de la unidad, por encargo de Kohl.

Muchos incluso atribuyen el cambio de la capital de Bonn a Berlín a un discurso que pronuncio en el Bundestag, con el que convenció a los indecisos en el debate parlamentario.

Desde el grupo parlamentario conservador fue además uno de los impulsores de los criterios de estabilidad del Tratado de Maastrich y de la prohibición de la mutualización de la deuda, que años más tarde ha defendido como ministro de Finanzas.

Tras la derrota de Kohl en las generales de 1998, Schäuble pasó a ser jefe del partido, pero el escándalo de la contabilidad paralela de la CDU le obligó a ceder el liderazgo de la formación a Angela Merkel en 1999.

Considerado con frecuencia como el delfín de Kohl, hay consenso en que, de no haber sido por ese escándalo, su camino hacia la Cancillería habría sido imparable.

Schäuble pasó el testigo a Merkel, a quien él había hecho secretaria general, pero siguió formando parte de la cúpula del partido; en dos ocasiones se barajó su nombre como candidato a la Presidencia de Alemania, pero esa opción, que le hubiera quitado margen de acción política, nunca llegó a concretarse.

En 2005, cuando Merkel llegó a la Cancillería por primera vez, quedó claro que Schäuble todavía tenía una carrera política por delante cuando asumió el cargo de ministro de Interior.

En 2009, en el segundo Gobierno de Merkel, asumió la cartera de Finanzas y fue allí donde se convirtió en el guardián de la austeridad tanto en Alemania, donde pasara a la historia como el ministro que logró el déficit cero, como a nivel europeo, por la manera como ha enfrentado la crisis de la deuda.

Su prestigio en la CDU y en el grupo parlamentario ha aumentado por la manera como ha negociado estos últimos meses en Bruselas y las encuestas muestran que también se ha incrementado su popularidad.

Eso, sin embargo, no frena las críticas desde determinados sectores de la política alemana, que, como el partido de La Izquierda, lo ven como el sepulturero de la eurozona.

Para Schäuble, y Merkel parece haber asumido también esa postura, los verdaderos sepultureros, si se impusieran, serían aquellos que están dispuestos a renunciar a los principios en la búsqueda del compromiso. EFE

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