Domingo, 20 Septiembre 2020 07:41

Si desaparece el jaguar, las pandemias se multiplicarán: Fundación Pantera

Por

Este animal sigue en peligro de extinción y la humanidad hace hasta lo imposible por desaparecerlo sin tener en cuenta que su punto final igual es el del hombre.

Qué bueno hacerle este merecido homenaje al jaguar, a nuestra panthera onca ese gato enorme y potente que entró en el corazón de las comunidades indígenas precolombinas como lo más sublime y admirado. Fue tanta su majestuosidad que los mayas lo llamaron “Tata B´alam” o rey de la jungla. En la mitología indígena este felino era considerado un dios enérgico, inteligente y sumamente poderoso. Su encanto era una dicotomía toda vez que dos extremos lo hacían mucho más sugestivo, belleza pura y una ferocidad tenaz.

Este animal, herramienta de cosmovisión en muchas culturas precolombinas fue venerado y honrado, desde México con mayas y aztecas, pero igual hasta la Patagonia. El muy adorado animal no fue ajeno a la admiración y respeto en Colombia, razón por la cual los indígenas lo consideraban sagrado, heroico, robusto, fuerte y eficaz. Según los estudios adelantados hubo un número importante de animales que eran literalmente intocables y dentro de ellos el jaguar encabeza la lista, dicen los cronistas que inclusive quien se atreviera a cazar un felino, estaba condenado a morir.

Era importante para los nativos de toda América preservar al jaguar, lo relacionaban con poder y distancia, pero igual supieron leer que este animal vivía para ofrecer vida, porque su entorno solía ser rico en biodiversidad y agua. Con la llegada de los españoles cambiaron muchas cosas y los indígenas con el terrible proceso de aculturación fueron abandonando la veneración por el felino dejando de ser custodios del gran rey para luego perseguirlo, matarlo y comercializarlo.

 

Hay muchas amenazas que tienen al bello tigre americano en peligro de extinción, de un lado la impía deforestación que conlleva a la pérdida de hábitat. El yaguareté como también se le conoce fue arrinconado y prácticamente aislado, hoy es blanco de cazadores que cuando no lo persiguen y lo aniquilan, optan por matar sus presas naturales.

El hombre invadió la tierra del jaguar, esa ampliación casi que maldita de la frontera agrícola y ganadera condenó al respetabilísimo felino que terminó siendo arrasado por unas vacas que llegaron a pastar en llanuras en donde otrora hubo bosque y maraña. El hombre sigue portándose mal con los jaguares e ignora que se está haciendo el llamado harakiri porque sin jaguares sencillamente se apaga la vida.

Hoy el jaguar colombiano habita múltiples zonas de la geografía y por eso es fácil verlo en regiones como Paramillo, San Lucas, Magdalena Medio, Sierra Nevada de Santa Marta, Serranía del Perijá, Catatumbo, Chocó Biogeográfico, Orinoquia y Amazonía. En este momento las alertas están encendidas en el Chocó en donde el jaguar es perseguido, habría que poner juiciosa vigilancia en el Tapón del Darién, aunque goza de relativa tranquilidad en regiones como el Amazonas.

No hay cuartel, el emblemático gato sigue en la mira de los cazadores y se han conocido casos aberrantes en los cuales el animal es capturado, torturado y asesinado. Su piel es arrancada y vendida por unos pocos pesos, pero quien hace una salvajada de esas ignora que la tierra llora cada felino sacrificado y que más temprano que tarde cobrará por ventanilla el acabar con una vida buena y extremadamente útil. Según algunos indígenas de la llanura consultados por este medio, hay una maldición que recae sobre los furtivos acechadores que generalmente terminan mal, como si la madre tierra los señalara y les castigara en vida con el sufrimiento del gato manchado, el ícono sagrado de los ancestros feriado o masacrado por algo de dinero.

La situación actual es lamentable, existe una disputa entre felinos y humanos, aunque hay que decir que no hay diferencias con toda la especie humana toda vez que es visto por expertos y respetables conocedores como un emblema de conservación. No obstante, hay un repudio y un precario recibo por parte de las comunidades rurales que ven equivocadamente en el jaguar el enemigo a vencer. Se trata de productores agropecuarios y ganaderos que consideran que un jaguar resta, sin embargo, hay unas explotaciones que han cambiado el chip, entendieron que se trata de un vehículo ecosistémico y de un dador de vida, un gato manchado que mantiene el equilibrio natural, algo muy lejano de la mala reputación dada al verdadero dueño de las selvas y bosques al que ven inclusive como un peligro.

 

El jaguar es un depredador esplendoroso, tiene como particularidades su precisión y una fuerza inconmensurable que lo hace el cazador más fuerte de las américas.

 

El jaguar es un depredador esplendoroso, tiene como particularidades su precisión y una fuerza inconmensurable que lo hace el cazador más fuerte de las américas. Este gato enorme es muy eficaz y posee todas las habilidades, trepa con velocidad, nada desafiante contra la fuerza de la corriente en ríos que lo acogen, es territorial, fértil y maneja la noche a plenitud como todos los grandes felinos. En las tribus colombianas antes del descubrimiento el jaguar era visto como el gran guerrero, portador de linaje y un confiable guardián de las selvas.

El calmado felino simbolizó poder y junto a él fue visto como el trueno con su intenso rugido. Según analistas y estudiosos del tema panthera, el jaguar ruge y anuncia la llegada del invierno que inunda bosques y acelera ríos como también aumenta los espejos de agua en las regiones de pantano.

Es sin duda alguna el jaguar el control y el equilibrio ambiental, el soberano de la jungla y los bosques, quien manda en ríos y devora caimanes, es el jaguar una herencia natural divinizada con manchas negras en una piel amarilla o de tono naranja, generalmente encendida. Las grandes familias precolombinas convivieron gratamente con felinos y por ello comunidades como los Kogui, Embera y Muiscas reverenciaban pumas y ocelotes que terminaron bautizando o dando nombres a caciques y altos mandos de la sociedad tribal. En el norte de Colombia los indígenas de la vertiente del Sinú saludaron al sagrado jaguar rojo. El yaguar fue en la Sierra Nevada un símbolo mítico que encarnó la sabiduría y el poder entregado a los sanadores “taitas”, la vetusta y primogénita generación del yagé. El homenaje hecho por las culturas precolombinas quedó plasmado en imágenes de piedra, igual en cerámica, así como representado en figuras de oro. Otros elaboradores expresaron afecto al gato manchado como los Calimas, culturas preponderantes como San Agustín, Zenú y los Malagana de Bolívar, en cercanías de la actual Cartagena. El tipo de trabajo en dónde la figura principal era el jaguar fue encontrado en piezas funerarias y en otros fragmentos que generaban respeto y rango.

El gran felino, el propietario de la mordida más fuerte y letal de las panteras, el guerrero de los Arahuacos sigue vigente y hoy la comunidad lo protege y lo preserva porque ve en el jaguar vida y protección. No quieren que desaparezca el gobernante, el sabio y el portador de enormes conocimientos.

No es de hoy, el respeto por el rey fue de toda la vida, pues en la Mesoamérica antigua donde lideraron mayas y aztecas, el carnívoro inspiraba temor, pero de manera paralela, admiración, por ello fue su dios, su guía y su ejemplo. Los sitios sagrados de las grandes culturas tallaron en piedra la imagen sagrada del jaguar, los sitios quedaron marcados de manera perenne con el poder del más fuerte.

 

Matt Hyde

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el líder de alianzas y de corredores suramericanos de la Fundación Panthera, Matt Hyde, afirmó que tristemente el jaguar sigue perdiendo hábitat y espacio por toda la arremetida de la deforestación y la eliminación sistemática de bosques que conlleva a la pérdida de las presas usuales del felino. Denunció que en tiempos de Covid-19, la tala de bosques reportó un crecimiento alarmante ya que muchas personas con intereses varios aprovecharon el confinamiento para destruir selvas.

Consideró que el embate contra el medio ambiente fue tal que la tasa de deforestación superó con creces la tendencia de años anteriores. Agregó que sitios esenciales para el jaguar por sus corredores como Guaviare, Guainía y Caquetá, siguen mostrando unos indicadores muy altos de deforestación, agudizando el lamentable devenir del gato manchado, de otras especies y sellando una tragedia de magnitudes inimaginables, escenario que debe ocupar con mayor intensidad la retadora tarea de las autoridades ambientales.

Es tan apremiante la realidad del hombre si desaparece el jaguar que inclusive todo el tema de pandemias podría agudizarse porque no habría depredación, dándole espacio a nuevos escenarios microbiológicos que terminarían atacando al hombre. Hoy hay muchos males endémicos en las selvas, pero sin los gatos muy seguramente estos se multiplicarían y lo que es peor podrían fortalecerse.

Todo en la vida tiene una consecuencia y en el caso del jaguar, si este desaparece de la faz de la tierra habrá menos árboles, menos agua y con ello más vulnerabilidad en los animales que empezarían a experimentar nuevas patologías. Si las especies decaen, si la enfermedad las afecta, el impacto será generalizado puesto que los hombres o comunidades que consumen carne del monte estarán expuestos y con ello seguirá escalando la amenaza bacteriana, microbiológica y viral, todo un contexto de miedo. Muchos, pero muchos ignoran esto.

En ese orden de ideas es bueno hacer un llamado respetuoso, pero lleno de angustia porque no hay autoridad que detenga unos grupos de todo tipo de procedencia que, por ignorancia, ambición o crueldad, arremeten contra la selva sin temor ni advertencia alguna porque es factible que vean al estado muy débil o que pasen por alto el mandato no solo gubernamental sino constitucional que invoca por encima de todo el derecho a la vida.

El jaguar, aseguró Hyde, está cada vez más amenazado habida cuenta que no hay autoridad y las reservas ambientales siguen desplomándose, sencillamente porque hace falta personal y efectivos estatales para enfrentar la desenfrenada atomización de la naturaleza. Los perpetradores del hábitat ingresan a las selvas y hacen prácticamente lo que les viene en gana porque pareciera que el ecosistema no tuviera doliente en Colombia, un tema que debe sensibilizar y preocupar a muchos, empezando por el ejecutivo, empero involucrando a las tres ramas del poder público y desde luego a empresarios, academia y labriegos.

Para este norteamericano amigo y admirador del Jaguar es muy urgente que se vea acción en las Corporaciones Autónomas Regionales y poder lograr un trabajo articulado con las autoridades para detener a los vándalos y enemigos declarados del medio ambiente con todo lo que ello implica. Hoy, recalcó, la pandemia tiene a los malos haciendo de las suyas, siguen tumbando selva, acabando bosques y atentando contra especies muy necesarias como es el caso del jaguar y el puma. Aparte de todo y actuando con sevicia, los cazadores siguen matando venados y otros herbívoros esenciales en la dieta de los depredadores. 

Invitó a los colombianos y al pueblo latinoamericano a defender las especies que garantizan vida y tranquilidad, expuso que no pueden pasar cosas muy graves sin que nadie diga algo. Hoy los felinos de Colombia y de la región fueron declarados objetivos de los grupos que comercializan madera, que venden pieles, colmillos, piezas de jaguar, omitiendo el gravísimo daño que se hizo en Asia con el aniquilamiento de los tigres, escena que ahora llega a América Latina con intereses de firmas chinas que como se denunció hace un año en este medio decidieron ultimar nuestros valiosos gatos, lo que nos faltaba.

 

En América Latina el estimativo de jaguares fue calculado entre 173.000 y 180.000 ejemplares, pero igual sus estadísticas han mermado dramáticamente y es hasta consecuente porque los felinos perdieron en los últimos años más del 50 por ciento de su entorno.

 

Insistió en que es necesario tener en campo a las autoridades porque si la tendencia es el olvido y el menosprecio seguirán matando jaguares y pumas, animales que siguen siendo perseguidos solo porque viven en selvas y bosques entregados por la naturaleza a los gatos del monte. La pandemia, sostuvo, generó un vacío de autoridad, frenó las acciones de las autoridades ambientales y castigó a los grandes felinos de Latinoamérica.

La caza ilegal es inexorable, quienes disparan los rifles no saben del terrible mal que causan, los hombres que tienen su tozuda razón de ser en el gatillo de una escopeta y su cabeza en la mínima expresión de la inteligencia, omiten detrimentos y consecuencias, pero tienen plata y hacen lo que quieren. Colombia llegó a tener hasta hace unos 25 o 30 años una población de 30.000 jaguares aproximadamente, la cifra había caído a 15.000, pero el dato sigue asustando, el número tiene acelerada tendencia a la baja. En América Latina el estimativo de jaguares fue calculado entre 173.000 y 180.000 ejemplares, pero igual sus estadísticas han mermado dramáticamente y es hasta consecuente porque los felinos perdieron en los últimos años más del 50 por ciento de su entorno.

 

“Cada hectárea deforestada es menos espacio para el jaguar y en Colombia como en el resto de América Latina, las extensiones de bosque desaparecidas son cientos de miles, luego eso tiene un impacto directo sobre jaguares, pumas y otros felinos de menor tamaño que son también muy necesarios para el equilibrio ambiental”, explicó el experto.

 

El gran problema es que los grandes felinos en Colombia fueron despojados de sus tierras inherentes a su modo de vida y tuvieron que matar ganado para subsistir, porque inclusive desaparecieron sus presas, ese comportamiento apenas entendible, porque de algo debe vivir este animal, le generó una distancia con muchos ganaderos de todas las regiones que no quieren saber de gatos ni nada parecido, de todas maneras hay que hacer la salvedad y decir que algunos ya entendieron el tema y le apostaron desde sus explotaciones a los corredores biológicos.

 

Turismo y avistamiento, una opción para salvar jaguares

 

Una salida para el jaguar es el turismo con avistamiento y por ello en el Casanare ya existen propuestas en este sentido pues hay una extensión considerable en donde los felinos pueden ser observados con toda prudencia, generando inclusive recursos para su preservación. Por ejemplo, en el hato La Aurora el cual es reserva natural es el escenario perfecto para ver las maniobras de caza del gran gato que ataca venados, tapires y cerdos sabaneros entre otras especies de la región.

Los administradores de la propiedad y la misma fundación saben que hay avistamientos del majestuoso felino en este predio. Igual son muy conscientes que para que el yaguarete pueda vivir sin que represente un peligro para las economías agropecuarias, hay que garantizar que también siga en pie la fauna nativa con el fin de que los jaguares tengan disponibilidad de presas.

Para los empresarios del turismo ecológico como la señora Esperanza Hoyos Roa, sitios como el hato La Aurora y otros de la región, incluido el Vichada pueden ser muy apropiados para experimentar el “safari colombiano”. La sola hacienda del Casanare suma 17.000 hectáreas de propiedad entre los municipios de Paz de Ariporo y Hato Corozal, un paraje natural en donde rugen jaguares y se desplazan silenciosos y furtivos entre aguas arenosas los temerosos caimanes.

Para la Gerente General de Altillanura Travel, distraerse viendo Jaguares es viable en sitios como el Parque El Tuparro y la finca “Guadualito” ubicada en la inspección del Tuparro a orillas del río del mismo nombre en el Vichada. Allá en el enorme y muy atractivo municipio de Cumaribo, hay una biodiversidad generosa lo cual incluye el poder ver en su estado natural al hermoso jaguar, un animal respetado y preservado.

 

“El jaguar es vida, una bendición y un emblema de belleza y poder. Tenemos que cuidarlo porque ese gato representa sostenibilidad ambiental, es ecosistémico y nos ha acompañado durante siglos, tenemos que salvarlo, aquí no podemos ser tibios con un tema ardiente y delicado”, precisó la empresaria.

 

Esta idea del avistamiento, retomó el líder de alianzas y de corredores Suramericanos de la Fundación Panthera, Matt Hyde, es un tema que ya está siendo abordado con las Corporaciones Autónomas porque es una actividad que de consolidarse evitará más problemas, salvando selvas y especies de fauna y flora.

Reconociendo que la agricultura es necesaria, que la ganadería nos garantiza proteína y que hay de por medio avicultura y cría de especies menores, lo único real es que los productores no pueden llegar alegremente a las tierras de los jaguares a tumbar selvas para fomentar hatos ganaderos, y como si fuera poco apuntar las armas hacia el animal que vivió allí durante siglos, por no decir que toda una vida.

El ganadero, el agricultor y el finquero deben aprender a convivir con el jaguar, puesto que ellos invadieron sus predios, de manera súbita le destruyeron su entorno y la salida para muchos es matar al gato enorme que reinó y seguirá reinando. Muchas asociaciones y gremios serios como la SAC, Fedegán y otros tienen que mediar en esa disputa, aprovechando que ya hay un número importante de ganaderos, así como de agricultores haciéndole venia al depredador.

 

“El jaguar es vital, presta servicios ecosistémicos, mejora la calidad del agua, previene la erosión y optimiza los bosques, es un animal muy necesario. Si lo acabamos este felino, asistiremos a un caos ambiental porque sin depredadores naturales aumentarían las poblaciones de chigüiros y de otras especies que no le harían ningún favor al bosque nativo. Si muere la floresta, más problemas climáticos vendrán, si el bosque deja de existir, la vida del hombre, su existencia estará seriamente amenazada”, apuntó el señor Hyde.

 

En opinión del experto en gatos manchados y pumas, el panorama es muy negativo, pero puede hacerse algo urgente porque sin jaguares los herbívoros se multiplicarán como ya se dijo y con ello vendrá el fin del agua y por consiguiente el punto final para la agricultura y la ganadería, lo grave de todo el escenario es que no hay ponderación, nada se exagera pues ocurrirá lo peor si nadie interviene.

Detallando todo en el medio ambiente y básicamente en América Latina, la presencia del jaguar es vital porque está conectado de manera espectacular a los ecosistemas y por ello si el hombre sigue imparable destruyendo selvas y matando gatos manchados de gran tamaño, dañará un sistema que mantiene viva a la humanidad. Si hay daño en la complejidad del ecosistema no habrá mucho por hacer y la especie humana estará en serios problemas.

 

La moda y otras industrias recapacitaron y están con los jaguares

 

Un reclamo de hace varios años tuvo eco y con ello sobrevino la salvación de muchos felinos. La industria de la moda dejó las pieles de lado y hoy hay compromiso desde las casas de diseño con las especies de fauna. De todas maneras, puntualizó Matt Hyde, los gobiernos de la región desde México hasta la Patagonia deben crear mecanismos legales que eviten la extinción de felinos porque hoy hay una industria oscura que comercializa parte de jaguar lo cual incluye colmillos, huesos y pieles. Hay que decir que ese negocio puede verse como una amenaza, pero de todas maneras ha disminuido en los últimos años.

En la región, lo cual incluye Colombia, hay mucho por hacer para contrarrestar cualquier riesgo y por eso hay ojo avizor porque no se quiere que la medicina tradicional china y otras costumbres trasladen sus máquinas de extinción a Latinoamérica. Hay muchos líos como el del aislamiento que termina afectando la reproducción y la calidad genética, otra tarea en la que hay oficio pendiente.

Hay países como Perú y Bolivia en donde operan algunos traficantes de partes de jaguar y eso es grave porque los latinoamericanos no pueden llegar al punto de Asia en donde fue exterminado el tigre sin ningún tipo de contemplación. Para el invitado, hay serios inconvenientes, pero también tiempo y manera de evitar un colapso.

Según los estudios y los seguimientos que la fundación hace en materia de felinos, ha podido determinar que estos animales no solamente son útiles por los servicios ecosistémicos sino para la prosperidad de la agricultura y el mejoramiento de muchas actividades. Se pudo determinar que el jaguar es importante al igual que el puma, pero por ejemplo el ocelote es muy amigo de los agricultores del cacao en vista que depredan plagas que le hacen mucho daño a los árboles de donde brota este alimento.

Los felinos aparte de todo son determinantes en el paisaje, en la calidad de agua, de aire y de ambiente. El jaguar es vital en la economía agraria y actualmente está siendo socio estratégico de los operadores turísticos que ofrecen descanso en destinos verdes. Las fincas inclusive, comentó Matt Hyde, quieren que los jaguares estén en los predios porque saben que conforman un paquete de beneficios bastante llamativos.

Este estadounidense ha tenido la oportunidad de ver jaguares en dos ocasiones y ese par de dichas las tuvo en Colombia. La primera fue entre las 7:30 y 8 pm, en una noche oscura. Al avanzar en el coche observó con el conductor unos ojos brillantes que intensificaba el resplandor con la cercanía, al estar a pocos metros supieron que era un jaguar. El animal camino tranquilo mostrando todo su poderío, miro hacia su costado derecho y corrió, súbitamente freno, miró atrás y los observó, nuevamente partió y se fue perdiendo en la selva.

Fue un instante único y mágico en la vida de Matt, era el gran felino, el rey de las selvas era la conexión natural con una pantera manchada muy especial.

La segunda vez igual fue súbita y especial porque desde el carro vieron como de los matorrales saltaba espantado un venado, tras de él una hembra hambrienta lo perseguía y muy de cerca trotaba un pequeño felino que veía como su félida madre alistaba la cena. Allí el empalme de Matt Hyde, fue más intenso vio un gran ejemplar, intercambió miradas y palideció ante la belleza, el poder, la fuerza y la espectacularidad de ese gato. Allí la conexión fue total y hoy el hombre de tierras norteamericanas vive por el jaguar, lo cuida, lo defiende y pide por él, sabe que es muy necesario.

 

“En donde hay jaguares el bosque goza de salud, el enorme gato es el protector de las selvas, su actividad las cura, si hay jaguares, sencillamente hay vida”, precisó.

 

El investigador la tiene clara, si hay jaguares, hay un motivo feliz para trabajar, con los grandes felinos vale la pena hacer esfuerzos y devolverles tantos favores. El asunto se reduce a aprender a convivir, a conocer y apreciar los regalos y bondades de la naturaleza, en esta ocasión expresada en la panthera onca.

El jaguar es un activo, vale por sus servicios y su nobleza lo hace aún más determinante en la vida de los desagradecidos humanos. Todo su entorno, su fuerza y su porte lo hicieron cultural, el jaguar se insertó en las etnias y en la vida urbana, este gato refleja poder, pero igual supervivencia y magia. Dentro de las opciones para salvarlo está la educación pues al enseñarles a los niños sobre sus beneficios y encantos las generaciones futuras crecerán como los ancestros preservando, queriendo, admirando y protegiendo al jaguar. Hoy como nunca es urgente que los colegios y las mismas universidades dediquen algo de tiempo para enseñar sobre la importancia de tener un ecosistema sano y con él un tigre americano en paz.

El reto no es de la Fundación Panthera o de otras entidades que hacen hasta lo imposible por salvar los felinos, el compromiso debe ser de todos, la lucha debe librarla un país al unísono y todo un continente, son necesarios esfuerzos conjuntos y seguir adelante para que el jaguar siga impávido en las selvas y bosques obsequiándonos vida, agua e infinita admiración. Como lo dijeron las culturas prehispánicas, el gran gato es el rey, es sagrado.

 

“Queremos formar personas, inculcarles amor por la naturaleza. Anhelamos que los grandes gatos y especialmente el jaguar sigan en estas tierras, que los niños, los hombres del mañana los disfruten con sus hijos y nietos. Sería muy complicado ser parte de la generación que exterminó o vio desaparecer el jaguar. Hoy tenemos que vivir en armonía todos, hombres y animales porque está de por medio la biodiversidad en un país tan hermoso como Colombia”, concluyó Matt Hyde.

 

Por fortuna camina prevenido el enorme y musculoso gato, mirando en detalle cada movimiento de la selva para acertar su golpe mortal en las desprevenidas presas que quizás por la rapidez y contundencia del ataque no sienten la agónica partida.

Los jaguares siguen yéndose, salen de este mundo por piezas, ya llegó el colmo de matar estos gatos por sus dientes, alimentando creencias absurdas de poder, en fin, la ignorancia es atrevida y ello no quiere decir que el planeta se va a acabar por los más cortos de cerebro, ni más faltaba. Si el mundo natural cobrara cada represa, cada nueva finca y cada obra que quita bosques y mete cemento, ese día no sería deseable estar en el juicio porque la deuda en vidas es muy alta y en medio ambiente lo más parecido al holocausto.

El tigre de América Latina sigue reinando, es como siempre, símbolo de espiritualidad y fuerza, continuará el jaguar imponiendo su mandato, sobre todo ahora en momentos en los que la naturaleza busca retomar su espacio y recuperar terreno. El rey camina tranquilo y por instantes asustadizo, él reclama su reino, pide a gritos sus tierras, y suplica porque vuelvan los bosques y las selvas arrasadas por colonos y empresarios, los mismos que muy pronto llorarán y suplicarán porque no mueran los últimos felinos, seguramente entenderán que matar la selva y sus emblemas, tendrá un costo, el que pagarán injustamente sus descendientes.

 

Por favor, no abandonemos el jaguar, un poco de dinero no vale todas las vidas humanas en riesgo, acordémonos, la naturaleza tarda, pero con intereses cobra y tendrá la misma piedad que los cazadores con la noble y muy espectacular pantera.

 

 

 

Visto 2478 veces