Jueves, 09 Abril 2015 08:31

Crisis no es cuento: “para qué aramos la tierra si nos podemos comer los bueyes”

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Diariolaeconomia.com salió a un rincón de la Colombia rural y constató que las miles de familias que devengan su sustento del sector agropecuario no la pasan bien porque venden igual o por debajo de los precios de producción y ya sienten las pisadas enormes de los TLC.

Terminaba el día y paulatinamente el sol se ocultaba dejando escuchar el bramido del ganado, el alboroto en el corral de las gallinas y el gluglutear de infarto de los pavos, agresivos por nuestra presencia. No menos bulla hicieron los tres perros y hasta los gansos de la Hacienda, San Luis, en la vereda La Primavera en zona rural de Pacho, Cundinamarca, en el mismo sitio en donde se produce a pérdida o con ganancias irrisorias para el caso de la leche.

Con un rostro de cansancio por la ardua jornada en la finca y fatigado por el arreo y lidia de vacas lecheras, Darío Castañeda, gerente de la Hacienda nos contó las tremendas vicisitudes del sector agropecuario, en donde asegura, vendrá más de una quiebra por las pésimas condiciones de competitividad, la falta de apoyo gubernamental, los abusos de algunos industriales y la migración de la mano de obra campesina que no quiere saber de hambre, ni de nada que contemple desdén y sufrimiento a cambio de renta.

“Aquí hay que decir las cosas como son, la ganadería en Pacho es una actividad un poco primitiva porque desafortunadamente no hay avances sectoriales por las dificultades para la expansión y porque infortunadamente no hay quien compre la leche de manera justa toda vez que no existe competencia pues el mercado lo maneja una sola empresa que canaliza la leche en la región”, aseveró Castañeda.

Sostuvo que los precios de la leche nada tienen que ver con los registrados en sabana en donde pagan entre 800, 900, 1.000 y hasta 1.200 pesos por litro porque en Pacho ese mismo litro de leche lo pagan a 780 pesos, cifra inferior a la de hace tres años cuando la remuneraban a 900 pesos el litro. “En lugar de ir hacia arriba, vamos es bajando en detrimento de la ganadería de leche”.

Explicó que actualmente un ganadero con una finca de 150 fanegadas la cual no es totalmente plana y por el contrario tiene un terreno irregular, obliga al productor a tener varios lotes de 15, 18 o 20 animales que implican más trabajadores para el cuidado y el ordeño de las vacas en diferentes sitios del predio en donde se producen en promedio 600 litros por día con un costo demasiado elevados.

“Actualmente tenemos que comprar concentrados más costosos porque llevan dos ajustes en lo corrido del año, medicamentos veterinarios de elevado valor, sales de 80.000 y 90.000 pesos el bulto e insumos sin contar los trabajos de inocuidad que implica vacunas y manejo sanitario que no se compensa porque no se paga el incentivo por vacunación contra aftosa, brucelosis y tuberculosis bovina, eso aquí nunca se ha visto, hay trabajos del ICA, pero la plata no aparece por ese rubro”, declaró el señor Castañeda.

A la fecha hay unas ventajas competitivas porque la hija del propietario de la organizada hacienda tomó las riendas y emprendió todo un trabajo de trazabilidad y mejoras competitivas. “Desafortunadamente se está desestimulando el productor primario y eso es muy grave”.

Ni carne ni leche

Castañeda indicó que si con la leche hay problemas de rentabilidad con la carne también hay líos porque el engorde no compensa el precio en pie de un novillo o una vaca porque tal y como está la situación no hay forma de sostener el plan de retención de hembras. “Suena fácil el cambiar de actividad, pero si vamos a ver la carne, si con una cojea la otra como que manquea”.

En el tema ganadero, dijo, la situación es que ya no es rentable porque las líneas productivas están decaídas por falta de apoyo estatal y por falta de incentivos y crédito porque son más las diligencias y los gastos para pedir un préstamo en el Banco Agrario que la solución inmediata que se busca. “Ya cuando sale el crédito, la plata no se necesita”.
La situación es tan apremiante que muchos no saben que existe Finagro y los que saben no lo buscan porque al ser mediano productor tiene que hipotecar la casa por montos relativamente bajos. Eso, aseguró, es como venderle la finca al estado, situación que no considera justa.

“Decía mi abuelito, alma bendita, es mejor dejar de arar y tragarnos los bueyes, y para allá vamos”, replicó irónicamente Castañeda.

Esta Hacienda, San Luis, tiene 47 vacas en producción, 18 horras y unas 30 novillas entre un mes y un año.

El TLC… “Virgen Santísima”

Dice el dicho aquel que tras de cotudo con pamperas y eso aplica en la pequeña ganadería, en la de los campesinos pobres que viven de dos o tres animales, esos de ruana que no le hacen daño a nadie y que cambiaron la agremiación por asociatividad están pasando por el peor momento y amenazados con ser borrados del mapa productivo con las importaciones de leche en polvo, de lactosuero y otros derivados lácteos como quesos y requesones.

“Pero es que para nadie es un secreto, con los TLC nos entregaron y en la negociación, lo único que dijo el gobierno fue, firmen, firmen, firmen y busquemos más socios para acabar con la producción campesina”, apuntó.

Aseguró que la situación es lamentable porque en Colombia la gente se puede bañar en leche, pero los excedentes del alimento no cuentan porque el país se está llenando de leche importada, apenas con los primeros contingentes aprobados. “Aquí en Pacho cuando quieren manejar el precio, simplemente regalan tres tanques de leche y dicen que hay sobreoferta y por eso no la reciben, ahí es cuando pagan lo que quieren”.

Para este honorable hombre de la Colombia rural, la paz no se arregla en la Habana sino en el mismo país, invirtiendo en el campo, promoviendo la productividad, la competitividad y garantizando la seguridad alimentaria.
“Esto es bien preocupante, hay menos alimentos porque el campo está acabado y no solo en leche, en varios sectores pecuarios y de la agricultura”, afirmó.

Los males se agudizan con los sobrecostos que generan las enfermedades que están por fuera del control estatal y de vendaje está la migración de la mano de obra campesina a las grandes ciudades, es decir no hay quien trabaje, nadie quiere trabajar porque prefieren canalizar 30.000 pesos fijos por barrer una calle, pero no 20.000 en las veredas porque lo que se quiere es ganar mucho y trabajar poquito.

El ganadero fue enfático al asegurar que la crisis campesina es un hecho que no se puede ocultar. “Eso es cierto, no hay margen de duda, pero los que trabajamos no nos dejamos morir, en esto hay que luchar con todo así el trabajo lo tenga que hacer uno mismo”.

Manifestó que los que madrugan, los responsables, los que tienen ganas de empujar el campo se están acabando, están en vía de extinción.

Actualmente, comentó, las fincas están desoladas, decaídas y por fuera de la productividad. Aseguró que se mueren los viejos que trabajaban y se acaba todo, dejando los activos del campo en manos de la construcción y los grandes condominios.

Lamentó el hecho de que terminara la Escuela de Formación Agropecuaria, EFA, en donde se formaron niños para el campo que son los hombres que hoy alimentan a Bogotá y a otras partes del país desde la región del Rio Negro. Los niños se educaban para el agro, pero todo terminó porque no hubo quien enseñara. “Tristemente lo bueno no dura por cuanto dejaron acabar las manos que dieron de comer, eso sí, los créditos y ayudas quedaron para los grandes capitales. “Los pequeños estamos destinados a morir, pero hay que seguir pataleando”.

Al secar el sudor de su frente, Castañeda agradeció la visita y partió por un sendero ya oscuro que lo condujo a la casa de la hacienda en donde muy seguramente traza el plan de trabajo para los próximos días, eso sí, anhelando que la patrona de la tierra del “Padre Bueno”, significado de Pacho en lengua indígena, le ayude a subir el precio de la leche y a devolver los jóvenes a las labores agrarias.

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