Sábado, 08 Junio 2019 02:16

Colombia, muy lejana de las grandes ligas en competitividad agrícola

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Los productores de etanol y biodiesel aseguran que el mundo está cambiando, que el petróleo está de salida y que los combustibles alternativos están mandando. Biocombustibles, una salida limpia para un mundo contaminado.

Los biocombustibles son combustibles producidos a partir de productos vegetales, como caña de azúcar, sorgo dulce, remolacha azucarera, maíz, madera, yuca y celulosa con lo cual es posible extraer etanol. De Igual forma de los aceites vegetales de palma, girasol, soya y colza, entre tantos así como de grasas y sebos de origen animal es factible la producción de biodiesel. Cabe anotar que los biocombustibles son biodegradables, motivo por el cual son amigables con el medio ambiente.

Cabe anotar que en Colombia los biocombustibles vienen de leyes expedidas por el Congreso de la República para su producción y uso en Colombia. En ese orden de ideas en el año 2001 fue expedida la ley del etanol que es mezclada con las gasolinas, demostrando que es un excelente oxigenante con un octanaje superior al de los aviones antiguos o de pistón. En Colombia el etanol se mezcla con las gasolinas extra y corriente en porcentajes del diez por ciento, alcohol que viene proveniente de la caña de azúcar. En síntesis en Colombia no hay combustibles puros, no hay gasolinas puras sino mezcladas con etanol o bioetanol.

En el caso del ACPM igualmente no los hay puros toda vez que estos son mezclados con biodiesel producido con aceite de palma. Como el término ACPM quiere decir Aceite Combustible Para Motores, más conocido como diésel, en el caso de los biocombustibles este se extrae de la palma de lo cual resulta un biodiesel muy parecido al ACPM que es mezclado a razón del diez por ciento con los diésel de origen fósil, pero muy pronto al 12 por ciento por decisión del gobierno.

La razón de las mezclas con biocombustibles es elemental pues sencillamente reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir esos que salen de los exostos de los vehículos propiciando el calentamiento global y a su vez el desorden del clima. Por tanto, los biocombustibles en Colombia tienen una vida larga. Hay que decir que el primer galón de biodiesel salió de una planta ubicada en Codazzi Cesar el primero de enero de 2008, es decir que han pasado once años de estar mezclando el biodiesel en todo el ACPM de Colombia.

El presidente de la Federación Nacional de Biocombustibles, Fedebiocombustibles, Jorge Bendeck Olivella, le dijo a Diariolaeconomia.com, que en la medida en que sea mezclando, tanto etanol con gasolinas, como biodiesel de palma con ACPM, se reducen las emisiones contaminantes a la atmosfera respirable que causan desde las muertes prematuras hasta el cáncer linfático por la precaria calidad del aire.

Aseguró que como los biocombustibles no tienen ningún contaminante como los tiene el petróleo expresado en los combustibles líquidos como la gasolina y el ACPM, entonces en la medida en que se mezclan, reducen las emisiones malsanas, mejorando la calidad del aire y su corolario, la salud pública.

El también exministro de Obras Públicas y Transporte indicó que de igual manera los biocombustibles son usados acertadamente en Colombia para diversificar la canasta de los energéticos líquidos para depender menos del petróleo porque los biocombustibles, como se explicó, provienen de material vegetal.

En 2018 la industria produjo 450 millones de litros de etanol con un precio promedio de 7.000 pesos de los cuales el 85 por ciento regresaron a los cultivos mientras que el otro quince por ciento fueron las ganancias o las utilidades de las empresas que han invertido algo más de 1.100 millones de dólares para poner en el mercado el volumen mencionado.

El biodiesel consume 550.000 toneladas de aceite de palma colombiano que se utiliza para la mezcla autorizada en todo el territorio nacional. Las inversiones del biodiesel en toda la cadena agroindustrial ascienden a 3.000 millones de dólares.

Muy llamativa resulta la actividad porque se trata de 9.000 pesos por galón que deben multiplicarse por 550.000 toneladas, partiendo que cada tonelada tiene 303 galones, una venta que puede pasar de los 1.5 billones de pesos. De ese monto, el 85 por ciento de ese precio de venta regresa al campo a multiplicarse para el desarrollo regional en favor de la generación de empleo, justamente remunerado y para el desarrollo de clústeres, es decir ese desarrollo periférico que involucra muchas empresas porque no pocas son las materias, los repuestos, partes de salud, cascos, botas, ropa, medicinas, construcción y muchas otras cosas que rodean esta industria.

El negocio de los biocombustibles cuesta en promedio año unos 1.000 millones de dólares, lo cual a cifras de hoy con tasa de cambio por el orden de los 3.268,40 podría arrojar un valor de 3.2 billones de pesos en Colombia. Lo cierto es que 850 millones de dólares equivalentes retornan a las zonas rurales.

Amén de las capacidades y potenciales de Colombia en el campo en donde hay unos veinte millones de hectáreas ociosas y sin ninguna actividad productiva, es muy difícil acercarse a Brasil o Estados Unidos. Según los últimos registros, en 2018 Estados Unidos produjo 60.000 millones de litros de etanol, mientras que Colombia no produce ni siquiera la mitad de una unidad porcentual de lo que produce el país del norte. Brasil por su parte registró una producción de 30.000 millones de litros, es decir que Colombia produce, más o menos, el uno por ciento de lo que produce Brasil.

“No estamos ni siquiera a la distancia de acercarnos en la mínima proporción a Brasil o a Estados Unidos. Nosotros somos un país grande, pero representamos casi un sexto de esos países y contamos con tres cordilleras que hacen que el territorio colombiano plano sea muy poco en comparación con los millones de hectáreas planas que tienen Estados Unidos o Brasil”, expuso el dirigente gremial.

Consideró que como agro-negocio la Altillanura evidentemente existe, empero hoy en día y después de 55 años, la industria de la palma escasamente llega a 500.000 hectáreas, es decir un flaco crecimiento en más de cinco décadas y en caña azucarera 270.000 hectáreas, incluyendo las 20.000 que tiene la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol en los Llanos Orientales. Eso, dijo Bendeck, es todo lo que tiene Colombia en donde hay tres millones de hectáreas que se pueden utilizar para sembrar palma y otro tanto para cultivar caña, pero dejó claro que la calidad del suelo es muy pobre en la Altillanura lo cual obliga a hacer suelos, dato no muy halagüeño si se tiene en cuenta que Ecopetrol lleva más de diez años tratando de hacer suelos para el cultivo de la caña y lograr una mayor productividad, sin embargo la producción es menos de la mitad de lo que se produce en el Valle del Cauca porque el microclima de este departamento del Pacífico y sus suelos son benditos, no en vano es el sector de mayor productividad en el mundo de lo que allí se siembre empezando por la caña.

En opinión de Bendeck, el tema de los biocombustibles es largo y lleno de opciones porque hay muchas otras materias primas para producir combustible a partir de los vegetales. En Estados Unidos la gran alternativa para este tipo de combustibles está en el maíz de donde sale etanol fruto de la fermentación de los almidones, pero igual el cereal produce aceite y muchos otros productos como harinas y alimento de gran calidad para el ganado.

Estados Unidos está produciendo 366 millones de toneladas de maíz en tanto que Colombia logró una cosecha record porque el año pasado se alcanzaron 1,5 millones de toneladas.

“La naturaleza les dio a esos países lo que disfrutan, es decir áreas gigantescas, ellos, los grandes, tienen 15 millones de hectáreas sembradas con maíz con una productividad casi superior, diez veces a la colombiana porque de manera eficiente producen por hectárea año aproximadamente 12 toneladas de maíz mientras que Colombia está produciendo 500 kilogramos y hasta dos toneladas por hectárea cuando estamos de buenas, y eso es lo que la naturaleza da, señalando que en el trópico, el maíz se siembra para el consumo humano, por ejemplo arepas, envueltos, sopas y otras delicias de la gastronomía nacional”, aseveró Bendeck Olivella.

Ante el pronto desuso del petróleo que está a la vuelta de la esquina, serán los productos alternativos los llamados a reemplazar los combustibles fósiles y es por ello que Colombia debe sacar provecho de la coyuntura y dedicarse a sembrar caña y palma en las pocas hectáreas que tiene. Muy diferente es el panorama de países como Argentina que tiene también unas inmensas planicies y unos suelos muy ricos como consecuencia de las glaciaciones que hubo tanto en el sur como en el norte.
Allí Colombia quedó como un emparedado, en la mitad, perdiendo N millones de variedades y especies provocando un empobrecimiento de la naturaleza lo cual obliga a un reacomodamiento.

El país añadió el exministro, está llamado a propiciar mejores ambientes competitivos con políticas agropecuarias de largo plazo, pero justo esa es una de las grandes falencias en Colombia porque cada dos o tres años cambia las leyes, haciendo que la inseguridad jurídica espante las inversiones llevándolas a lugares en donde hay respeto por las reglas de juego.

Las políticas, comentó, no deben ser nada más que unas medidas simples, sencillas, contundentes, bien respetadas y sobretodo permanentes.

Al abordar el tema de la generación con energía atómica, Bendeck conceptuó que no hay un solo combustible en el mundo que pueda sostenerse porque todos hacen parte de un engranaje por pequeño que sea y eso hace que un país como Colombia sea dependiente de energías muy variadas, la nuclear, el carbón, las térmicas, las de gas y esas que vienen de vegetales excedentarios al igual que las que aún imperan con los hidrocarburos entre tantas.

“Uno tiene que sumar lo que tiene para completar su matriz energética, pero la energía nuclear no está en los considerandos colombianos pues solamente esto pertenece a quienes manejan la tecnología nuclear que son contados países los que cuentan con ese tipo de energía, además las inversiones son tan gigantescas que Argentina empezó hace 40 años a construir un reactor nuclear importante y no ha terminado porque eso cuesta miles de millones de dólares. Colombia tiene un reactor nuclear para investigaciones de muy poca potencia donado por el gobierno de los Estados Unidos hace 40 años. Ese aparato debió enviarse a repotenciar y tan solo sirve para los estudiantes que se dedicaron a la física nuclear”, apuntó el presidente de Fedebiocombustibles.

El respetadísimo exministro lamentó que las condiciones para la inversión local y extranjera sea tan compleja por cuanto hay muy pocas condiciones y una pobrísima confiabilidad en todo lo que tiene que ver con aspectos contractuales o reglas de juego. Muchas inversiones que miraron a Colombia terminan en el vecindario. Bendeck dijo que ve gratamente sorprendido que las inversiones extranjeras subieron el año pasado y que en el último trimestre al parecer mantendrá la tendencia sobre todo en dos grandes campos, en el campo energético a través de los hidrocarburos dentro de lo que se cuenta gas y el campo de los metales preciosos como el oro. Esas son inversiones atractivas que le pueden dar un mayor ritmo a la economía colombiana.

“Ojalá que no caigamos en la tentación de olvidarnos que la producción nacional es más importante que las exportaciones. Esa enfermedad holandesa que la padecimos hace diez años por la miopía de algunos funcionarios que pensaron y de manera muy convencida, que era mejor importar que producir localmente así nos costara un poco más, es un hecho la enfermedad holandesa es nefasta y hay que evitarla”, subrayó Bendeck Olivella.

Insistió que Colombia tiene que asegurar su futuro energético el cual no puede estar distante del petróleo y ello invita a invertir mucho más en la búsqueda de petróleo y permitir lo que llaman fracking porque el 90 por ciento de las reservas petroleras está en ese mecanismo. Dijo también que en la medida que algunos descubran y Colombia no lo haga, habrá líos fiscales y de autosuficiencia energética. En este momento el devenir del mundo y del país está en los recursos no convencionales, recalcó que el país no se puede olvidar que el país exporta el 60 por ciento de los recursos minero-energéticos lo cual demuestra que el gobierno vive del 30 por ciento que le queda de los recursos del petróleo. “Qué tal que no lo tuviéramos a sabiendas que estamos hoy en déficit y que estuvimos tan comprometidos cuando perdimos la autosuficiencia en los años setenta”.

La situación es tan compleja que Colombia debe aún los empréstitos que diligenció para comprar hidrocarburos en aquellos tiempos. A criterio del exministro, la historia no se puede repetir con la apremiante divagación que aparte de los biocombustibles, no hay nada más para sacar energía, es decir está de por medio el mover vehículos y fábricas para lo cual solo hay petróleo, carbón y gas. El futuro, sentenció, no es ni siquiera imaginable en donde se acabe esa autosuficiencia y no haya ni para cargar las refinerías, el tema sería económicamente letal.

Al hacer remembranza de los tiempos en los que se desempeñó como jefe de la cartera de Obras Públicas y Transporte evocó la dificultad de estar al frente de una obligación tan grande pues en esa designación los ministros deben olvidarse de amigos, distracciones y familia. A Bendeck Olivella le correspondió diligenciar la ley de contratación administrativa que es la misma que le permite a Colombia las concesiones viales, aeroportuarias, las de puertos y las grandes autopistas.

Reconoció que la carga actual de los ministros es mucho más pesada por toda la celeridad a la que conllevan la tecnología y las redes sociales. En sus tiempos como Ministro, el sueño no era un privilegio y cada invierno lo estresó al pensar que puente o que carretera pudo colapsar. Una obligación de los actuales funcionarios es entregarles a los colombianos del futuro, un país mucho mejor de los que se ha dejado. Es por eso que los ministros no deben estar en el Congreso sino en los frentes de obra, vigilando y percatándose del buen ritmo del desarrollo.

Odebrecht, una tragedia ética que marcó la región

Era imposible no preguntarle al exministro de Obras Públicas y Transporte, Jorge Bendeck Olivella, sobre el sonado caso Odebrecht sobre lo cual dijo marcó la región y los negocios de América latina, pero más allá de eso, expresó, marcó la vida porque el poder corruptor de esta firma sobrepasó cualquier límite porque Odebrecht asumió la corrupción como parte de su estrategia, el asunto era llegar a corromper, es decir que los papeles se cambiaron porque antes se decía que el funcionario público pedía, sin embargo, cuestionó, llegaron unos individuos con maletines para corromper y así ganar las licitaciones. Todo lo anterior, comentó, terminó con colombianos, ecuatorianos, peruanos, los centroamericanos, los norteamericanos y brasileros afectados por una conducta impuesta a los funcionarios de estos países lo cual calificó de terrible.

“Yo no voy a decir que en mi tiempo no hubiera corrupción, pero como dijo el expresidente Turbay, estaba en sus justas proporciones, es decir que es ineludible que exista el corruptor y el corrupto. Ahora se dice que la empresa privada está tan corrompida como el propio estado, ahora, yo tengo la certeza que un joven Presidente como el que tenemos, lleno de buenas intenciones y al que hay que rodear pueda cumplir con el sueño de entregar un país más amable, mucho más sano y desde luego mucho más viable”, concluyó el siempre amable y brillante, Bendeck Olivella.

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