Sábado, 28 Marzo 2020 00:56

Increíble, alimentos en las nubes y campesinos en el limbo

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Los pequeños productores del campo aseguran que la miseria cada vez se agudiza en la economía rural por las importaciones. Invitan a la sustitución y a un modelo que devuelva la renta y garantice la seguridad alimentaria.

Los analistas suelen decir que en toda tragedia por dura que sea hay perdedores y ganadores, en lo que no se encuentran esos expertos es en la ilegalidad y en todo lo que se hace al margen de la ley para obtener mayores utilidades en detrimento de poblaciones vulnerables y empobrecidas.

Los campesinos por ejemplo acusaron una enorme preocupación toda vez que en el contexto actual del país, los precios de los alimentos han tomado un vuelo inexplicable porque hay oferta en los campos y disposición para seguir sembrando e inclusive para ampliar los cultivos. Sin embargo hay un cáncer llamado intermediación que empobrece a los labriegos, los maltrata y saca provecho de su debilidad para poner precios irrisorios en la población rural y llevando comida adquirida a precios muy bajos a unos valores en las ciudades que en algunos casos se hacen impagables.

Hoy, dicen los campesinos, la despiadada intermediación se puso la agricultura de ruana, haciendo que muchos hayan salido de la actividad económica rural o estén pensando en vender sus fincas para vivienda o condominios para sumarse a una masa de productores que hoy subsisten en la dura ciudad, gastando los pocos pesos de la venta de sus tierras y extrañando entre infortunio la vida agraria y pueblerina.

En charla con Diariolaeconomia.com, el Presidente de la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas, Bonisalvo Susa, denunció que hay un abuso descomunal en el cobro de los productos básicos a los colombianos en la actual coyuntura sanitaria, situación apremiante que conllevará a que el gobierno intervenga, regulando precios y metiendo en cintura a especuladores y expendedores a los que calificó de arbitrarios y despiadados.

Para el dirigente campesino, las medidas deben llegar ya pues caso opuesto vendrá un índice de inflación desbordado que pondrá en apuros al ejecutivo y a su política macroeconómica, ya afectada por la crisis mundial del Coronavirus.

Insistió en hacer un exhaustivo seguimiento del valor de alimentos en el campo y el valor final en la mesa de los colombianos, ejercicio que deja ver que en Colombia se come muy caro porque no hay vigilancia productiva y en costo desde el sector primario para llevarles beneficios a los consumidores.

Agregó que el tema con los intermediarios es de tal magnitud que prácticamente se puede hablar de carteles de la comida en vista que compran a precio de huevo y venden a unos valores sumamente altos, sin importarles la situación del país, el ingreso de la gente, la misma necesidad del gobierno y lo que es peor, indicó, se pasan por la galleta la economía campesina a la cual le dejan ruina, maltrato y una arrogancia que desincentiva a cualquiera.

 

“Hoy la producción agrícola en Colombia está en vía de extinción, el campesino no quiere volver a la labranza y los intermediarios se pasean por las veredas y campos como Pedro por su casa, hacen lo que se les viene en gana y terminan enriqueciéndose de manera ilícita con el empobrecimiento de un agricultor que produce a pérdida y recibe migajas y con el consumidor que tiene que pagar lo que los señores de la plata dicen. Esto hay que acabarlo, alguien está detrás de este espurio andamiaje y es bueno que el gobierno le ponga freno porque hay un enorme riesgo de acabar con el agro y lo que es peor de amenazar la seguridad alimentaria. No podemos seguir esperando que el mundo nos venda lo que nosotros producimos, eso es injusto y poco inteligente porque el dólar de hoy sí que va a meter problemas”, declaró el señor Susa.

 

En opinión del directivo, el lío amerita una mirada gubernamental porque los productos alimenticios no están saliendo caros del campo y caso contrario han bajado porque los intermediarios se inventaron el cuento que cayó el consumo en ciudades como Bogotá y otras. Reveló que productos como el tomate de árbol que era vendido a 45.000 pesos la canastilla de 25 kilos, pasó a 32.000 y 34.000 pesos para el productor.

Para Bonisalvo Susa, hay una excusa risible y es que en las centrales mayoristas hablan de economías de escala y de otros términos que envuelven al campesino y de paso es una herramienta para dar inicio a la especulación porque retienen muchos productos que los mandan a precios exagerados sobre la tesis que no hay y que por eso hay que pagar caro. Esto se parrandea a los consumidores de igual manera porque con esas prácticas deshonestas terminan pagando el pato.

Alimentos Colombianos

Hay productos como el mango, la cebolla, la zanahoria y la remolacha entre otros que no salen ya de los municipios y la que queda en oferta es castigada con precios de intermediación y transporte, escenario diferente si ese productor llevara los productos directamente a los centros de acopio y comercialización.

 

“El gobierno dijo que está asegurado el abastecimiento de alimentos para el pueblo colombiano, pero lo cierto es que en aras de la equidad y la buena fe tiene que entrar a regular precios porque se le puede estar saliendo un problema adicional de las manos con una carestía innecesaria, pero promovida por los negociantes del agro”, dijo.

 

Señaló que un caso aterrador es del arroz pues hasta hace quince días estaba a 37.000 y 38.000 pesos la arroba, en el caso de marcas nacionales conocidas como Diana, Roa y Florhuila, hoy ese mismo cereal está llegando a algunos municipios a 60.000 pesos la arroba. Añadió que hay poblaciones en donde adquieren el bulto de arroz a 120.000 o 122.000 pesos, pero hoy y sin razón alguna ese precio escaló a 200.000 pesos.

La panela de cuatro libras o panelón pasó en tiempo record de 3.000 a 5.000 pesos, lío grande porque 15 panelas que hacen parte del paquete que valían en promedio 45.000 pesos se consigue actualmente a 70.000 0 75.000 pesos.

Un producto en donde quedó desbordado el precio es la arveja verde porque hoy es vendida a 1.2 millones de pesos la carga y la libra a 15.000 pesos y quienes la tienen aducen que ese es el precio y le sugieren a quienes reclaman por el alto valor que se vayan porque se paga a esa tarifa o se paga, no hay opción.

Hace un par de meses esa misma carga de arveja estaba en 300.000 pesos, pero en diciembre que hubo cosecha la gente del campo tuvo que regalarla porque el precio de venta en las fincas fue de 50.000 pesos, toda una tragedia en el campo porque esos precios no cubrieron los costos de producción, incluidas deudas con bancos o gota a gota, tan de moda en la ruralidad.

 

“Aquí en Colombia hay dos grandes perdedores con la agricultura, el productor campesino y los consumidores y todo ello por el abuso de los intermediarios, pero igual por la falta de identificar unos picos de producción en diversas actividades, tema en el que se han quedado cortos los gremios agropecuarios. El campo demanda gente idónea para asesorar a los labriegos porque todos siembran de todo y derrumban precios pues para no ir tan lejos, ahora que la arveja está a más de un millón de pesos la carga, los productores se volcaron a sembrarla, pero en junio o julio esa carga muy seguramente estará a 100.000 pesos, es decir hay que ponerle orden al campo y no seguir en lo mismo de siempre, dependiendo de la suerte o de la Santísima Trinidad”, aseveró Susa.

 

En opinión de la Corporación Nacional de pequeños Productores Agrícolas en Colombia adolece de una verdadera educación en la vocación agrícola lo cual hace que sea urgente organizar el campo para tener variedad, calidad, rentabilidad y abastecimiento constante, pero recomendó dejar las siembras de coyuntura por su valor porque al generarse inventario los precios caen y muchos pierden, eso sí una minoría se embolsilla la inversión y el trabajo de los campesinos.

El frijol también está en la mala puesto que la carga se cotiza en 500.000 pesos con un valor por kilo de 4.000 pesos, pero el gran dolor de cabeza de los frijoleros es que lo producen a 4.600 pesos kilo, como quien dice igual siembran a pérdida. Con el tremendo asunto del Covid-19 este producto logró escalar un poco y hoy le pagan al productor 550.000 pesos y en Bogotá ponen la arroba a 80.000 y 100.000 pesos la arroba como pasa en Abastos La ganancia en tonelada es de 400.000 pesos en el mercado al consumidor, un gran negocio para intermediarios, pero un caos para productores y amas de casa.

En este momento el frijol lo cobran a 80.000 pesos el cargamanto y el llamado bola roja a 100.000 pesos la arroba, es decir una carga arroja una venta real con cargo a los hogares de un millón de pesos aproximadamente por carga, una cifra muy por encima del precio en las zonas de siembra.

Los agricultores dedicados al frijol están hablando con el Ministerio de Agricultura con el fin de lograr un incentivo para esta leguminosa y así poder tener margen de recuperación por las pérdidas que acarrearon las cosechas pasadas.

 

Revolcón en el campo: Asociatividad, cero intermediación y más apoyo

A criterio del Presidente de la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas, Bonisalvo Susa, la situación del campo, la manera de comercializar y el precario ingreso a los productores hace que desde ya se piense en un verdadero revolcón para el campo y su productividad en donde se tracen reglas de juego que blinden y defiendan a los labriegos, haciéndolos más productivos y demostrándoles que la apuesta por el campo no es una equivocación.

Una de las opciones, dijo, sería retomar la figura del Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, que hiciera la absorción de cosechas, fijara precios y recomendará por zonas productos de alta demanda para llevar rentabilidad a los campos. Esa idea que puede sonar incoherente para muchos, es más que necesaria y útil porque según Susa se habla de un IDEMA competitivo, transparente y con manejos cargados de verticalidad, porque nadie va a querer que un grupo de personas corruptas retomen malas prácticas y acciones punibles que salpicaron un esquema bien pensado y a toda prueba lucrativo.

Con esa opción habría ley de punto final para los intermediarios y sería afortunado porque retomaría un campo revitalizado y lleno de garantías porque hoy el campesino está en quiebra, lleno de deudas, a punto de perder las fincas por las deudas y como si fuera poco unos consumidores que llevan del bulto porque los precios siguen subiendo y si es producto importado el escenario será mucho más terrible porque una vez se acaben las reservas de comida importada, habrá que importarla a una tasa de cambio que pasó de los 4.000 pesos.

Otra alternativa considera la Corporación, es convertir a los pequeños productores en microempresarios a través de la figura de asociatividad para lo cual es perentorio el apoyo del gobierno porque sin capital de trabajo ninguna idea prospera.

 

“Estas asociaciones las queremos convertir en microempresas rurales, es decir que con un capital de trabajo vamos a tener una asociación como la de Cabrera en Cundinamarca que ya se afianza como modelo al tener más de 640 asociados y que tiene todo el futuro porque hay un capital semilla en donde los productores aportan el 25 por ciento de ese proyecto. La idea es darle un capital semilla a los agricultores a manera de subsidio, pero bajo esquemas de productividad, buenas prácticas agrícolas y ganaderas, inocuidad y abastecimiento de alimentos, desde luego con inmejorables prácticas ambientales y de conservación”, expuso.

 

En primera instancia a la gente hay que oxigenarla con recursos y dejarla por fuera de los bancos, entidades de las que no quieren saber los campesinos porque tienen empeñado hasta el apellido, sin hablar del gota a gota y otras maneras de financiamiento que tan solo amedrantan y empobrecen al campesinado que no ve condiciones para rentar ya que todo lo que gana va para el pago de intereses y capital, ecuación que al final deja al descubierto unos prestamos muy onerosos y un mecanismo financiero para quitar propiedades.

Lo ideal, afirmó Susa, es tener un fondo financiero alimentado con dineros de las asociaciones en donde inclusive puede entrar el intermediario que pasaría a ser asociado con lo cual se abriría una puerta para venderles directamente a los grandes almacenes y tiendas de gran formato, ahorrando costos y llevando alimentos a la mesa a precios justos.

Sobre el tema, estimó el experto, el modelo igual permitiría la construcción de unas bodegas de almacenamiento con toda la dotación logística y así llegarles a los consumidores con productos de muy buena calidad y distribuidos con mayor eficiencia. La idea es que los pequeños núcleos de producción se hagan muy fuertes, sacando a la nociva cadena de intermediarios del camino.

 

“Hoy tenemos una realidad lamentable en el agro porque hay campesinos que ganan para medio comer puesto que pagan deudas bancarias, de insumos y al final sus bolsillos quedan desocupados. Hay ocasiones que no queda ni lo de hacer mercado y si éste se hace lleva harinas y aceites porque la carne para muchos es prácticamente prohibida. Hay desnutrición, hay pobreza y exclusión, pero aún hay tiempo de recomponer el camino con modelos de asociatividad”, subrayó Susa.

 

Como los problemas del campo empiezan por la falta de información y coordinación, el dirigente puntualizó, que el ejecutivo podría crear todo un andamiaje de información que le permita saber quién siembra, qué siembra y cuándo siembra, igual manejar ciclos y potencial por regiones lo cual involucra a todas las Secretarías de Agricultura Departamentales en todo el país al igual que a las alcaldías y a las Unidades Municipales de Asistencia Técnica Agropecuarias, UMATAS.

Dejó claro que para proyectar una agricultura de punta es necesario tener un Ministro idóneo, al que no le dé miedo o pereza untarse de barro y gente porque vaticinó que si un funcionario de esos calibres no conoce la ruralidad y sus problemas, difícilmente saldrá adelante porque el campo en Colombia es muy grande como también sus problemas.

Para Susa quedó demostrado que el peor error de Colombia fue haber desconectado el campo con la apertura económica y haber entregado unos sectores en las negociaciones de los TLC, por cuanto hoy con la crisis en salubridad y financiera que llevó a una contracción de la demanda mundial e interna y con unos indicadores que asustan a cualquiera, será muy costoso importar alimentos e insumos, es decir que Colombia está siendo mil pesos más costosa para cualquier operación de comercio exterior, dejando la canasta familiar a corto o mediano plazo en manos de una obvia inflación.

Estimó demasiado urgente hacer sustitución de importaciones y adujo que no hay que tener dos dedos de frente para saber que el producto importado no es garantía y no siempre es accesible, por lo menos a precios bajos, llámense commodities o productos transformados. Dijo que Colombia tiene un problema mayúsculo en el campo habida cuenta de los procesos al amparo de la globalización que propiciaron la desconexión de un agro-negocio, desplazado por las compras internacionales. Dentro de los argumentos del dirigente campesino, el coletazo que está por venir en la economía demostrará que la peor decisión fue renunciar a la soberanía alimentaria y a un campo que mal que bien proveía de todo, incluso que se dio el lujo de sacar alimentos para tres o más países.

 

“Ahora, a la fija se viene un crecimiento de los costos de producción, pero infortunadamente no hay expectativa en el costo de venta, desequilibrio que amerita la mirada y la intervención del estado porque el campo está en la ruina a tal punto que no todos pueden acudir al crédito que ofreció el gobierno ya que no hay formas de cumplir con las obligaciones”, expuso.

 

Hoy el endeudado productor pequeño al no ser sujeto de crédito va y endeuda a la esposa con un documento de arrendamiento de la finca por una hectárea. Eso sirve para que el banco desembolse ocho millones de pesos que finalmente no cubren las demandas productivas o de mantenimiento de los predios. Susa asegura que un préstamo de ese monto solo sirve para llevar al agricultor a la quiebra.

Lo grave es que con dos obligaciones pagadas por una sola persona, muchos con el agua al cuello hacen las diligencias del caso para sacar otro crédito a nombre del hijo mayor, es decir tres empréstitos que a la hora de recolectar la cosecha no cubre todo y sí pone en la banca rota a muchos. Al final de ejercicio ese labriego, según la Corporación termina endeudado con particulares para poder honrar los compromisos financieros y ese es un tema que el gobierno no conoce en detalle y que hace parte de toda la crisis agraria.

 

Hubo gente que perdió la fe

 

En los campos de Colombia en donde los agricultores encontraron la vejez y poco hicieron por sus vidas ya que el trabajo, para ver algo de dinero, fue de domingo a domingo, ya no hay entusiasmo por la labranza, muchos migraron para las ciudades a trabajar en cualquier cosa, algunos estudiaron y lograron escalar, pero hay casos en los que el luto llegó a los hogares porque la ciudad devoró a sus hijos y a sus hijas. Algún día se fueron en la línea de madrugada con una caja llena de esperanzas y retornaron en una caja de madera. Es duro, pero pasó y pasa y por eso la idea de muchos es regresar al campo, pero con unas condiciones sólidas que les permitan a los hijos de la agricultura volver al azadón, a los caballos, al buey, al tractor y a todo lo que implique producir.

Algunos pequeños productores aseguran que la idea de organizar a los campesinos es más que afortunado porque para desdicha de la equidad y la inclusión, los gremios ven a los pequeños agricultores como poco importantes, razón más que suficiente para hacer volumen y lograr capacidad gracias a una juiciosa articulación para que ganar terreno en el mercado y protagonismo ante la sociedad, ante el gobierno y lo más importante, ante los consumidores que serán jueces.

Dicen que hay que llegar a las ciudades que como Bogotá tienen espacios aún no cubiertos porque hay unas plazas minoristas que finalmente son revendedores que les compran a unos intermediarios que tan solo contribuyen a agregar mayor precio y por eso buscando nichos diferentes y vendiendo de manera directa será posible romper con esos esquemas tradicionales y poco verticales de comercialización.

Insisten en que hay que acabar con las mafias de la comercialización porque mientras estas sigan, van a acabar con productores y consumidores en vista que son cazadores de fortuna que llevan en los mercados mayoristas más de 40 años, tiempo que han aprovechado para terminar de arruinar a los que sobrevivieron de la apertura. Aseguran que los espacios para vender alimentos a bajo costo, frescos, con calidad y con beneficio directo para el campesino los tiene la Alcaldía que podría darles una mano importante a las asociaciones rurales.

Asumieron parte de la culpa por la postración de hoy debido a que el trabajo que se hizo fue de manera individual, y muy aferrados a unos intermediarios que ofrecían algo más o daban de manera inmediata la plata. Muchos se veían y se ven, aseguran, en la abundancia, pero jamás en tiempos difíciles. Por todo esto propusieron trabajar con disciplina y compromiso desde la base para hacer de los pequeños agricultores unos empresarios prósperos y la verdadera solución a la seguridad alimentaria.

Los agricultores saben que hay que romper tradiciones en las regiones con el fin de aprovechar unos espacios de mercado lo cual debe unirlos porque a la mínima señal de debilidad, el impulso y los proyectos se van por la borda. Eso implicaría seguir enriqueciendo a los intermediarios del campo para que mejoren su calidad de vida y para que compren mejores camiones, todo a expensas de los pequeños agricultores que generalmente son los que arriesgan todo.

Una meta es aumentar producción y consumo en los campos, pero siempre llevando productos de calidad a los hogares con unos precios que ayuden a los consumidores e inclusive generar tanto músculo productivo y asociativo que las compras directas entre grandes cadenas y campesinos se hagan de manera directa, fomentando una atmosfera muy sana de comercialización en donde ganan absolutamente todos.

Finalmente Susa dijo que el momento actual es propicio para que la plata de la comunidad internacional que llegó para la paz empiece a mostrar mejores dinámicas pues a los excombatientes se les puede incluir en modelos de asociatividad para que entren a la vida productiva como ya se ha visto en algunos casos de verdadero éxito, mostrando que cuando se quiere se puede.

Manifestó que es posible hacer sustitución de cultivos y sacar también mucha gente de la ilegalidad que independiente de lo que les de la coca, están aburridos con el entorno y con la persecución. Hoy, escribió, muchos quieren cultivos legales, pero rentables en donde se genere tejido social y unas capacidades de negocio que demuestren que los esfuerzos en agricultura realmente valen la pena.

 

“El programa Coseche y Venda a la Fija es una buena idea del gobierno, pero lamentablemente en la práctica no se ve nada, por lo menos en los pequeños, porque hay casos en los que hay compras, pero con pagos a 45 y noventa días, una alternativa imposible teniendo en cuenta los compromisos, incluidos los gastos de la casa. Estoy seguro que con 300.000 millones de pesos habría forma de apalancar 50.000 productores de la microempresa rural, poniendo de presente que con ese esquema le abrimos la puerta a la agricultura familiar”, concluyó el Presidente de la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas, Bonisalvo Susa.

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