Sábado, 16 Mayo 2020 00:39

Productividad y asociatividad, vitales en la nueva agricultura: ADR

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El gobierno terminará obras llamadas elefantes blancos con lo cual habrá un factor de competitividad para seguir avanzando en una mejor ruralidad y en una óptima economía campesina.

Por fortuna la agricultura en Colombia ha estado acompañando a las sociedades por siempre y es por ello que al igual que el resto de Hispanoamérica, Colombia es una comunidad agrícola formada en el maíz, el producto bandera de los tiempos precolombinos, pero igual importante en la colonia, en la república y en todos los procesos socioeconómicos del país que hoy tenemos luego de las complicadas y duras transformaciones.

En un comienzo y con la llegada de los españoles, la agricultura no fue vista con la debida importancia porque los conquistadores buscaban con un afán casi patológico el enriquecimiento por la vía de los minerales de alto valor como el oro y la plata, pero igual con piedras preciosas como la esmeralda que terminó siendo la piedra emblemática.

En el Nuevo Reino de Granada, la agricultura adquirió importancia porque no solamente era rentable y producía riqueza sino que mantenía a las personas ocupadas. En sus comienzos las técnicas agrícolas utilizadas eran totalmente aborígenes hasta que poco a poco fueron llegando productos y especies que fueron demandando un tipo de labor diferente o nueva pues las ganaderías bovinas y ovinas no eran conocidas en el Nuevo Mundo, menos la actividad equina.

De Europa fueron llegando ganados, que hoy mantienen su huella genética y una rusticidad asombrosa, una razón más que consecuente para bautizar a ese tipo de ganado Bos taurus que después fue viendo cómo llegaba para seguir adaptándose al trópico el ganado Bos indicus o razas tipo Cebú. También desembarcaron cerdos, cabras y ovejas. Las gallinas igual llegaron, pero según los científicos la cría de aves de corral ya era común en las Indias porque fueron hallados vestigios de aves de corto vuelo en Perú y en Chile, unas aves, dicen que pudieron tener origen en la Polinesia.

En materia de agricultura fueron traídos de tierras europeas uvas, cereales, olivos, añil y azúcar entre tantos. En América prosperaba el maíz, las habas, el fríjol, la papa, cacao y muchas otras especies de frutas como aguacate, cítricos y raíces que componían la dieta indígena de América. Igual crecía una agricultura que literalmente estaba en el índice de la Iglesia como fue el caso del tabaco, la hoja de coca. La yerba mate, el pulque o magüey. En México y América Central fue explotada la cochinilla, un tinte muy usado por los indígenas en México, básicamente en Oaxaca. Hay que decir que la primera gran explotación agraria en el Nuevo Mundo fue el azúcar pues tuvo un perfil de empresa agraria y comenzó en Santo Domingo en el año 1515, una labor que no contó con mano de obra doméstica, una situación que conllevó a utilizar esclavos africanos.

En la colonia de determina la hacienda como la propiedad rural que simboliza poder y riqueza, pero igual la plantación como unidad productiva que encajaba perfecto dentro del modelo de explotación a gran escala.

Cabe Precisar que es esta época fueron establecidos sistemas socioeconómicos de total rechazo como la mita, la encomienda y el resguardo. Hay que decir que la mita fue adoptada de las mismas comunidades indígenas que en épocas incaicas esclavizaron a sus pueblos para obtener poder con las tierras y trabajo gratis. En el tiempo de los virreyes los aborígenes fueron eliminados sistemáticamente hasta llegar al punto de la extinción, pero como los españoles se dieron cuenta que resultaba mano de obra regalada optaron por crear los resguardos para evitar un detrimento a los intereses de la corona y sus amigos, algunos que terminaron como encomenderos, esos que lideraban un esquema económico llamado encomienda en el cual el rey otorgaba un derecho para la explotación de tierras.

Colombia hoy muestra un momento histórico en su economía rural y es por eso que las tareas y los empeños del gobierno se han volcado hacia los campos en donde la siembra y la cosecha van a retornar con gran protagonismo porque el mundo pide alimentos y muchos ya están pensando en sí mismos porque los expertos auguran tiempos difíciles y es allí en donde hay que demostrar que la tesis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, era cierta en el sentido que hay capacidad en el país del café para producir alimentos y alimentar a buena parte de la población mundial.

En charla con Diariolaeconomia.com, la Presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, ADR, Claudia Ortiz, aseguró que el papel de la entidad resulta muy significativo toda vez que es el ente encargado de ejecutar la política agropecuaria del Gobierno Nacional y obviamente con la batuta del ministerio de Agricultura. Anotó que elaborar y poner en funcionamiento las directrices del campo implica interactuar con todas las líneas y desde allí generar toda la reacción positiva hacia la dinamización de la ruralidad en su totalidad.

Agregó sin vacilación que la tarea de la ADR es bien importante desde su creación, pero destacó que con el Presidente Iván Duque Márquez, se le ha querido dar un impulso mucho más significativo y en esa tarea, dijo, está una entidad que vislumbra un sector agropecuario creciente, atendiendo la demanda interna y generando oferta exportable.

Sobre todos los retos trazados, la funcionaria destacó que los trabajos están dirigidos a darle al campo un perfil empresarial en donde haya manejos consecuentes en trazabilidad, buenas prácticas e inocuidad, pero igual a seguir sellando ese compromiso con el medio ambiente y con las comunidades, vistas como sumamente importantes de cara a llegar a grandes logros con seguridad alimentaria, optimización e innovación, uso de nuevas tecnologías, pero igual ampliando el espectro de negocio y buscando sobre pilares de eficiencia, formalización y calidad nuevos compradores y mejores opciones de valor agregado.

En ese sentido la ADR está cofinanciando proyectos productivos en todas las líneas productivas que hay en los territorios lo cual abarca todo tipo de agricultura, es decir cultivos tradicionales, los más especializados, igual ganadería bovina, cría ovino-caprino, acuicultura y pesca como también los renglones que generan legalmente la ruralidad colombiana lo cual permite que desde ese partidor se pueda articular campo para trabajar con los productores sobre sólidas bases de asociatividad para dejar de lado el enfoque de producción individual que no permite canalizar ingresos de manera interesante y que de manera directa le pone palos en la rueda al empleo rural que lamentablemente se pierde.

 

“Hoy estamos fortaleciendo esa asociatividad y a partir de allí hacemos un acompañamiento permanente en toda la presentación y formulación de estos proyectos productivos que respondan a vocación de territorio, a uso de suelo, al respeto por la naturaleza, por los límites legales y desde luego a parques y sectores protegidos. El asunto es claro, queremos llevar el desarrollo rural, pero también respetando el medio ambiente y la Colombia natural que tanto cuidado demanda. Nos estamos articulando y con ello pretendemos ser los generadores y jalonadores de toda esta política en territorio, labor que hacemos llevando bienestar a todo este sector rural”, declaró la señora Presidente de la ADR Claudia Ortiz.

 

Recalcó que en el capítulo de asociatividad, el trabajo de la Agencia ha sido muy importante porque se hace de manera permanente, con total compromiso y sin descanso, una tarea que ya deja ver el productor y el emprendedor del campo entendieron que sumando fuerzas y abriendo nuevas puertas a través de este mecanismo, es posible obtener mejores beneficios a tiempo que se le da sostenibilidad al agro-negocio.

Sobre el trabajo unipersonal en la actividad agropecuaria, la destacada Presidente manifestó que está comprobado que esa tendencia que hizo curso en Colombia, no lleva ni siquiera a que ese productor tenga una situación más estable, más cómoda o más rentable. Dijo que a la fecha los productores ya entendieron y se concientizaron que la asociatividad es la puerta de entrada a la ADR para lo cual están muy dispuestos. Aclaró que el ejecutivo, a través de la Agencia, busca asociaciones que por sí mismas conlleven a una articulación y una fortaleza en esa línea productiva del territorio por lo tanto hay un acompañamiento incondicional en el fomento y el fortalecimiento de los apropiados esquemas asociativos para que a su vez las asociaciones presenten perfiles e iniciativas, mirando hacia el futuro y con sana ambición, un negocio que debe ser muy útil para la economía y el desarrollo social en donde quede atrás el pequeño agricultor pidiendo cosas pequeñas o hablando en diminutivo. Con los nuevos mecanismos, comentó la Presidente, se buscan productores con mayores ingresos que sean a su vez impulsadores de participación prioritaria en la dinamización de la economía de sus municipios, ello gracias a la trasferencia de conocimiento, de herramientas económicas y de instrumentos micro-empresariales.

Expuso que estos grupos asociativos pueden encadenarse a otras asociaciones de las mismas líneas productivas en otras zonas del país para propender con mayor fortaleza un más concienzudo esquema de comercialización e inclusive llegar a la exportación, todo ello mejorando habilidades frente a la asistencia técnica, mejorando la capacidad de activos productivos para que esa productividad sea mayor y mejor, generando requerimientos, sin duda alguna, en la adecuación de tierras.

A criterio de Claudia Ortiz, solamente con la unión es posible generar volumen, y con ese poder de maniobra en el campo, se hace más grande la posibilidad de crecer, buscando sinergias, una condición que mejora el panorama en aras de optimizar el negocio agrario para ascender, sostenerse y obtener mucho más bienestar.

Una perspectiva que no puede perder de vista el agricultor o el productor del campo es que la clave del éxito en los negocios está en el valor agregado y en la capacidad de mejorar la oferta y el portafolio de la finca. Para ello, reconoció, es necesario seguir trabajando para devolverles a los productores la capacidad de credibilidad porque haciendo una retrospectiva, no son pocos los gobiernos que le fallaron a la ruralidad porque muchos fueron, prometieron y luego desaparecieron.

 

“Aquí queremos sin duda alguna llegar con realidad, con verdad y de manera transparente, una variable que nos permite darle el valor que le corresponde al campo colombiano. Si vemos el programa del Presidente Duque que se ejecuta a través del ministerio de Agricultura notamos una dinámica más que interesante con “Agricultura por Contrato” o “Coseche y Venda a la Fija”, en donde la Agencia de Desarrollo Rural ha tenido un papel preponderante. Es un hecho que en estas iniciativas desde el minuto uno, cuando de fortalecer e iniciar una línea productiva en el territorio se trata, debe haber por parte del ejecutivo total diligencia e inmediatez, pero con el acompañamiento de toda la asistencia técnica de la ADR, que debe redundar en conseguir compradores que van a creer en el productor porque lo ve articulado con la Agencia lo cual es sinónimo de confianza por buenas prácticas y sanidad tema que a su vez termina con el afortunado contrato de compra, inclusive desde antes de empezar el proyecte”, especificó la Presidente.

 

Afirmó que “Coseche y Venda a la Fija” es un programa de alto valor añadido y de un significativo relieve porque une dos puntas vitales en la cadena productiva ya que pone de frente a productores y compradores con producto fresco o transformado, una situación de tranquilidad que permite que los agricultores accedan a crédito en el Banco Agrario en la línea de esa ese programa gubernamental y es por eso que la ADR sigue trabajando y sacando del ruedo a ese intermediario que normalmente quería productos a precios irrisorios y casi regalados, con la nueva estrategia, aclaró, el chip cambió para darle verdadera utilidad a quienes siembran en Colombia.

Apuntó que con herramientas de comercialización más semillas mejoradas, asistencia de Agrosavia, apoyo para mejorar la productividad en donde crece la carga por hectárea y un comprador asegurado, el productor con esa tranquilidad podrá dedicarse a generar un producto de calidad y mejor economía a su región, algo que ya es notorio.

 

Todo está servido para recuperar el campo

 

Como en las grandes tragedias llegan las mejores oportunidades, es muy posible que el gobierno de turno pase a la historia si logra recuperar el campo y hace de la economía rural un fortín que acompañe la oferta petrolera y energética, pero igual otros sectores importantes como el café y el banano sin dejar otras líneas de manufactura y valor agregado de enorme dinámica en comercio exterior. De retomar un agro alicaído que tendrá que darse por la coyuntura en donde la seguridad alimentaria se impone y en donde el recuperar los mercados locales se ve como una meta de corto plazo ante las vicisitudes del mundo, Colombia y sus productores del campo van a tener, no solamente una oportunidad gigante de retomar los aperos y devolver la gente a sus fincas, sino que igual vendrá un momento de progreso, reencuentro y comunión con el entorno agrario.

Es posible que Colombia vuelva a tener en sus campos muchos alimentos sembrados, un acopio favorable, seguridad alimentaria sin estrés y porque no, oferta exportable para brindar alternativas en otras latitudes en donde sembrar es más dispendioso o bastante complejo.

En opinión de la Presidente de la ADR, a eso precisamente le está apuntando el gobierno que con la pandemia hizo que el país productivo, como pasó y pasa en el planeta, logre reinventarse, lo cual lleva desde la ejecución de la política agro a reaccionar con mecanismos que a todas luces deben obedecer al aislamiento obligatorio.

 

“Nosotros no podíamos cerrar la Agencia simplemente porque teníamos que ir a trabajar a la casa dejando de lado el campo, no, sencillamente establecimos todos los mecanismos porque los distritos de riego no podían dejar de funcionar y así en otros frentes, luego no podíamos enviar a sus casas a los operadores de esos distritos y acudimos a darles todas las garantías técnicas y de bioseguridad para que pudieran estar en territorio, en las regiones y en los campos, muy pendientes de la operación para que los distritos garantizarán el suministro hídrico requerido en los predios, lo propio se hizo con los distritos de drenaje, con la asistencia técnica o servicios de extensión agropecuaria. En este momento estamos prestándoles servicio público de extensión a 29.000 productores del país, nosotros no podíamos parar”, expuso.

 

La ADR también implementó una serie de mecanismos digitales para que la capacitación de extensión agropecuaria llegara a los beneficiarios tal y como se hizo en capítulos como asociatividad y comercialización, advirtiendo que la Agencia de Desarrollo Rural se había especializado en unos mercados campesinos presenciales demasiado importantes que fueron creando expectativa en los consumidores. Hoy, aseveró la entidad, la situación cambió y a través de las alcaldías se lograron trabajos destacables que conectan al productor directamente con el comprador sin necesidad de desplazamiento evitando riesgos y acatando el aislamiento.

La pandemia y la situación compleja, puntualizó Claudia Ortiz, puso a funcionar la inventiva e hizo que fuera posible desarrollar mecanismos importantes para mejorar la productividad, optimizando prácticas y ayudando a dar esos pasos determinantes para recuperar desde el agro ese renglón que se había perdido en la economía, no solamente desde la óptica del abastecimiento nacional sino desde el contexto de oferta lista para la exportación porque una vez termine la pandemia muchos países requerirán alimentos porque no tendrán capacidad de producción completa.

 

Lo que se había ido volverá

 

Una buena noticia para Colombia y para la economía agropecuaria es que algunos productos que se habían ido de los campos están volviendo y muy seguramente van a volver en su totalidad y es el caso del trigo y la cebada. En este último caso quedó claro con la agroindustria que las grandes cerveceras estaban importando la cebada, pero en buen ahora, las fábricas de cerveza artesanal empezaron a comprar un producto que ya no se veía en el país para evitar los enormes costos de importación y por eso empezó a regresar un producto importante en regiones como el altiplano cundiboyacense y otras.

Según la funcionaria, con ese nuevo escenario, se han ido fortaleciendo unos sectores en donde la misma agroindustria va pidiendo el insumo y la ADR va ubicando en ese mapa productivo esos puntos de siembra para irlos potenciando e incrementando la producción y por eso está la cebada y un trigo que hay que retomar, pero igual indicó que hay apoyos importantes en temas como la quinua que es un alimento de todas las horas y de igual forma está la Sacha Inchi que ha impulsado productos innovadores ya que es un alimento que tiene todas las propiedades entre ellas omega tres, seis y nueve.

La ADR es consciente que hay que seguir impulsando productos modernos, pero con toda la sabiduría ancestral que condensa alimentos de altísimo nivel. Igual reiteró, sigue apostando por los productos y alimentos que fueron importantes y que van a recuperar su sitio en la agricultura.

 

Sembrando futuro, especializando territorio

Otro de los menesteres de la Agencia de Desarrollo Rural es la especialización de territorios que es diferente a volver a la uniproducción pues se trata de ir dándole distinción a ciertas líneas productivas en los territorios porque si es posible lograr esa meta con un número determinado de siembras, habría posibilidad de concentrar y fomentar con todas las mejores prácticas una transformación eficiente por la concentración de territorios.

Un ejemplo es la planta pulverizadora de leche llevada a Santa Rosa de Osos en Antioquia en donde fueron tomados ocho o nueve municipios lecheros de los alrededores que se comprometieron a poner la oferta de leche que debería ser pulverizada.

Al término del proyecto, explicó la Presidente, serán procesados 30.000 litros diarios de leche. Con este tipo de producción vocacional en los territorios habrá forma de generar un volumen que repercutirá positivamente en las asociaciones, pero igual en el territorio y los municipios que experimentarán dinamismo económico por la especialización en diversos subsectores de la agricultura.

Un elemento que resultó fortalecido por el hecho de hacer presencia en el territorio fue el diálogo social porque hacer ruralidad desde un escritorio en Bogotá era algo que en su análisis no tenía la mínima presentación pues para coadyuvar con políticas coherentes que le den oxígeno y viabilidad al campo hay que ir a donde se siembra y a donde están los campesinos que ponen la comida en la mesa de los colombianos. Afirmó que justo por eso hay que hacer el ejercicio y ver en qué condiciones viven los productores que transmiten inquietudes e interactúan con el estado al que ven llegar con alegría demostrando que el gobierno en los campos fortalece lazos, familiaridad e institucionalidad.

 

“Desde la Agencia de Desarrollo Rural soy una convencida que no podemos estar en el escritorio sino en el territorio”, expresó Claudia Ortiz.

 

La ADR cuenta hoy con un presupuesto de 231.000, una suma estrecha teniendo en cuenta las necesidades y los desafíos a futuro, pero esa fue la herencia de una olla raspada y una situación fiscal que impidió mayor generosidad con un sector que se perfila como vital para la economía y la sociedad. Desde ya hay trabajos y diligencias para procurar que el presupuesto de 2021 sea más amplio y permita inyectarle más y mejores recursos al campo con un presupuesto que garantice resultados en inversión y funcionamiento.

Los dineros que maneja la Agencia son invertidos en el fomento de líneas productivas, la construcción y rehabilitación de distritos de riego y drenaje, igual hacer el montaje de los programas de comercialización y el esquema de asociatividad, una lista larga que invita a acudir a Dios y la multiplicación bíblica para que la plata realmente rinda.

No puede quedar de lado que a la mayoría de entidades del estado les bloquearon presupuesto por temas de hacienda, pero Ortiz asegura que el momento es ideal para poner a prueba la creatividad y de igual forma para buscar nuevos socios en el sector privado y con otras entidades del estado que pueden estar interesadas en algunos puntos determinados que implican recursos y asistencia técnica. Se trata, señaló, de impactar de la mejor manera a los territorios con acciones legales y funcionales que le den vía libre al desarrollo rural.

Si todo se hace bien y en la medida que Colombia atienda la demanda interna, que logre exportar y matricular su agricultura en las grandes ligas de la productividad y la competitividad, el campo, seguramente, va a depender de sí mismo porque va a generar los recursos para su funcionamiento, recuperando el porcentaje del PIB y siendo el gran protagonista de la economía colombiana con una ruralidad altamente productiva.

 

Una meta, retorno campesino y obras inconclusas terminadas

Con el tiempo el campo tiene que ser el mejor destino de inversión y el sitio en donde todos van a querer estar porque habrá actividad, dinamismo y rentabilidad. Una meta adicional es atraer a los jóvenes campesinos para que regresen o sigan a las fincas, una decisión que puede ser positiva y de resultados solo ofreciendo las herramientas tecnológicas y todo el componente de innovación.

 

“Hay que traer jóvenes al campo de donde nunca debieron salir, igual hay que respaldar a la mujer campesina que es un epicentro demasiado importante sobre todo porque la mujer rural es la de mayor porcentaje en madres cabeza de hogar, pero que seguramente está dispuesta a apostarle al campo y a una economía primaria con perspectiva en donde serán protagonistas del desarrollo rural. Es urgente llevar al campo familias con componentes importantes en una dinámica agraria y allí se hacen importantes las zonas que conforman los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDET, que demandan proyectos y que urgen de apalancamiento y adelanto por ser zonas de implementación que serán básicas para poder fomentar ruralidad y legalidad con una productividad seria que acompañada del gobierno nacional permitirá retornar a la tranquilidad con una economía estable”, precisó la Presidente de la ADR.

 

El trabajo es claro y por ello se quiere garantizar una rúbrica verdadera a la paz que puede darse única y exclusivamente con oportunidad y justicia social en el campo. Hoy los colombianos saben qué hace más de sesenta años nació un problema delicado en las zonas rurales, pero igual saben que la paz se logra sembrando, trabajando y dando lo mejor de sí para alcanzar armonía y construir futuro. Hoy la paz es productividad, competitividad, ingreso y dignidad. Muchos quieren volver al tractor, al azadón y a los bueyes, son muchos los que anhelan regresar a su entorno, a su terruño, el mismo que quieren ver tranquilo y por encima de todo productivo en donde la paz será el común denominador y la renta la bandera para decir con toda tranquilidad que habrá alimentación y abastecimiento.

 

“Esa es la idea, llevar paz y productividad al campo razón por la cual estamos súper enfocados en esa dirección con todo el apoyo del ministro de Agricultura Rodolfo Zea, y con el conocimiento e irrestricto apoyo del viceministro Juan Camilo Restrepo, que la tienen clarísima para sacar avante esta ruralidad con estrategia, empoderamiento y compromiso, una labor en la que es esencial la articulación”, sostuvo.

 

Un compromiso del actual gobierno aparte de llevar mayor eficiencia y oficio para recuperar el campo es lograr acuerdos con las alcaldías y los municipios para darle feliz término a una serie de proyectos que empezaron y jamás fueron terminados, pasando a formar parte de los famosos elefantes blancos. El Ministerio y la ADR recalcaron que están comprometidos con la Colombia campesina a la que se le ofreció demasiado y se le entregó poco o nada, y con ello, entregando obras versátiles y necesarias, será posible cerrar la brecha que ha existido históricamente.

En este momento en la página web de la Agencia de Desarrollo Rural fue montado un formato muy sencillo para que las asociaciones escriban su perfil, es decir poner en conocimiento del gobierno la iniciativa que tienen para desarrollar el territorio lo cual no significa que esté garantiza la cofinanciación del proyecto porque está de por medio la corroboración de datos y la necesidad territorial, igual que el propósito cumpla con los mapas de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, UPRA, y que no incumpla con zonas protegidas. Adicionalmente se busca poder articular con alcaldías y gobernaciones como también con las Secretarías de Agricultura para fortalecer la iniciativa con el respaldo de otras asociaciones en los territorios.

La ADR cuenta con trece unidades territoriales en todo el país y por ello es muy importante que los productores sepan que es la Agencia en forma directa a solicitud de ellos, la entidad que les presta el apoyo y el acompañamiento. La ADR aclaró que por ello los agricultores no tienen que pagarle a nadie para tener acceso a la agencia porque en la entidad el proyecto recomendado no tiene cabida.

 

“Los productores no se pueden dejar tumbar, no tienen que pagarle a nadie para llegar a nosotros, somos una entidad de puertas abiertas y lo más tenaz es que ni siquiera hay puertas porque es una entidad de los hombres y las mujeres del campo quienes pueden ingresar en el momento en el que así lo consideren. Aquí no se cobra por la entrada”, concluyó la Presidente de la ADR.

 

Las cuitas de la agricultura en Colombia y en América Latina en tiempos de la colonia deja ver una actividad agrícola y pecuaria con trabajo remunerado en zonas de baja presencia indígena, pero igual los empresarios sumaban a la fuerza de trabajo los negros que fueron traídos de África. Según los registros en el grupo de personas con estipendio estaban los sirvientes y gañanes, los mismos trabajadores del campo, sin embargo se incluía en la nómina en los artesanos representados en zapateros y carpinteros. En ese listado de egresos laborales entraban mayordomos y administradores que generalmente ganaban mejores sueldos. Los negros esclavos fueron a zonas determinadas y a tareas de mucha resistencia climática como los ingenios azucareros.

Fue usual en esos incipientes momentos de la agricultura los dueños de las haciendas rentaran tierras para el cultivo de diversos productos porque las rentas eran altas y permitían menor esfuerzo y mayor opción de acceder a una vida suntuosa llena de artículos de alto costo. Hubo un momento en la historia económica de la región en la que los dueños delos latifundios construyeron molinos en sus predios, todo con el fin de hacerse a una parte de las cosechas duramente logradas por los campesinos que debían hacer uso de esa infraestructura agroindustrial para la molienda.

La actividad agrícola fue determinante por ejemplo el llamado valle interandino de baja población en el siglo XVIII y en el mismo siglo XIX fue útil para la cría de bovinos que abastecían con carne y leche los mercados de Santa Fe y Popayán.

Una región siempre importante y tradicionalmente rica fue el altiplano cundiboyacense que desde inicios de la colonia mostraba dinámica por la creciente población, ese factor hizo que esta región tuviera una agricultura mucho más desarrollada y eficiente. En ese tiempo fue importante la producción de cereales que iban con destino a los cascos urbanos, a los centros de minería y a Cartagena, todo hasta los inicios del siglo XVIII. En ese momento llega, posiblemente el primer dolor de cabeza que causó el libre comercio, y fue el desplazamiento del producto colombiano por harinas traídas de Inglaterra.

Según el ensayo titulado, ”Aspectos de la Agricultura Colombiana a Comienzos del Siglo XX”, firmado por Fabio Zambrano Pantoja, el altiplano ponía en oferta azúcar, carne, garbanzos, ajos, sal, panela y cacao. Según el documento, en 1773 pasaron por Honda con destino a Cartagena, Mompox, Santa Fe de Antioquia, Medellín, Remedios, Rionegro, Marinilla y Yolombo más de 6.752 arrobas de azúcar, 19.300 de harina, 375 cargas de cacao, y 382 frazadas.

Entre 1716 y 1718 las regiones de Tunja y Villa de Leiva cosechaban unas 30.000 cargas de trigo y en 1773 la municipalidad de Pamplona recogía en promedio 2.400 cargas del alimento. En esos tiempos los productores ya padecían el Reglamento del Comercio Libre herencia de las reformas borbónicas.

No puede obviarse que después de 1785, gracias al tráfico marítimo aumentaron las exportaciones de algodón a Estados Unidos, pero igual fueron llevados cacao y cueros al mercado internacional. Entran en las exportaciones de la época el palo tinte y el moralete, productos bajos en precio, pero altos en volumen.

Dentro del análisis de la agricultura y los errores hay que anotar que las guerras de independencia, propias y ajenas dejaron al país con una mano adelante y la otra atrás. Mucho fervor causa la conmemoración bicentenaria de la independencia, pero lo que poco se narra es que ese proceso de libertad salió caro, a tal punto que arruinó la agricultura y postró la ganadería. Las deudas con los militares del General Bolívar eran muy altas y las exigencias de los héroes igual sobrepasaban los límites. Hubo endeudamiento externo y local en detrimento de una economía que venía de bruces por el proceso libertador. Las fincas quedaron casi que desocupadas y por citar un ejemplo, el Valle del Cauca que en 1810 tuvo en sus predios un millón de reses engordando, en 1820 el hato regional sumaba apenas 200.000 cabezas.

En síntesis la agricultura fue absorbida por procesos difíciles de la historia y por una serie de erradas decisiones, la Colombia de la Gran Colombia o del Nuevo Reino de Granada llegó a ser más promisoria que la misma que precedió a los procesos independentistas. El caso fue tal que en 1826 con la ley de Fomento Agrícola impulsada por el General Santander, fueron aprobados 200.000 pesos para el agro de los cuales 100.000 pesos fueron al departamento del Orinoco en Venezuela, 20.000 pesos a Ecuador y los 80.000 restantes al Ejército pues hubo conato de una retoma española, es decir de nuevo el agro llevó del bulto.

Una gran fortuna fue el cultivo de café que entre 1824 y 1835 empezó a prosperar y a mostrarse como el gran motor de la economía colombiana, una turbina que no paró y que aún hoy sigue siendo el generoso aportante del PIB agropecuario y el mecenas de miles de familias que encontraron en el grano excelso y siempre glorificado, la oportunidad de desarrollo, de crecimiento y de calidad de vida.

La economía colombiana, con tres cordilleras, valles, bosques, selvas, dos mares, diversos pisos térmicos y toda una oportunidad en la complejidad del trópico, tuvo muchas opciones de empujar riqueza y fomentar un desarrollo más holgado, pero los presupuestos nunca fueron suficientes y lamentablemente el relicario de conflictos le fue quitando importancia y competitividad a la labranza, no se puede olvidar que en los finales del siglo XIX la guerra de los Mil Días dejó en el piso la cosecha cafetera y otros cultivos. Ya con los años y los procesos de violencia el campo siguió perdiendo impulso y hoy con los escenarios apocalípticos la siembra bendita tiene al parecer una gran oportunidad, de reconstruir país, de repensar economía y encontrar tranquilidad, eso sí, con motivo de brindis por las soluciones económicas que seguramente brotarán del campo.

 

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