Domingo, 24 Mayo 2020 00:21

Globalización y acuerdos comerciales al cuarto de San Alejo: Lizarralde

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La situación difícil a la que llevó la inimaginable pandemia del Coronavirus obligó a los estados a pensar en el mercado interno, pero esta apuesta solamente será posible con innovación eficiencia y competitividad.

Desde el siglo XVIII el mundo viene hablando de libre comercio, una disciplina de ámbito político que incursionó en su momento para hacerle contrapeso al famoso mercantilismo que reinó desde el siglo XVI, marcando tendencia en el siglo XVII y perdiendo dinámica en el siglo siguiente toda vez que hubo agotamiento en los actores económicos por la intervención marcada del estado en los procesos productivos.

Ese sistema que tomó gran fuerza con el descubrimiento de América, pero más con las enormes explotaciones de oro y plata así como de otros minerales y piedras preciosas fortaleció la teoría mercantil. Bajo esa premisa el modelo mercantilista consideraba que era más importante la dinámica exportadora que la importadora, ello con el fin de garantizar la permanencia de las nuevas riquezas en los países dominantes.

Ya en el siglo XVIII el debate sobre libre comercio era más fuerte y los empresarios, productores y mercaderes defendían el derecho al intercambio de sus pertenencias o propiedades con nacionales o agentes extranjeros.

Dentro de los albores del libre comercio hay que decir que obtuvo su triunfo emblemático en 1846 cuando logró la derogación de las leyes de los cereales, todo por iniciativa del estadista y político conservador Robert Peel, un británico de empresa y enorme riqueza que llegó a inmortalizarse por sus enormes capacidades intelectuales y desde luego por ser Primer Ministro.

En ese contexto de libre comercio hay que hablar de la Comunidad Europea del Carbón y del acero vislumbrada por Robert Schuman en 1950, iniciativa que redundó en la Unión Europea actual, un bloque muy dinámico de comercio a través de zonas francas. Estados Unidos se lanzó a la era del libre comercio en 1992 cuando le dio vida al Tratado de Libre Comercio de América del norte, TLCAN, el cual rubricó con México y Canadá un convenio que entró a operar en 1994.

En el entorno de libre comercio hay un jugador importante que tuvo una metamorfosis bastante sugestiva y es China que dejó la economía comunista para dar el gran salto a la economía socialista de mercado todo bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, quien encendió los nuevos motores comerciales en 1978 que pondrían al gigante asiático a la vanguardia del libre comercio.

Algunos analistas sostienen que entre 1960 y 1970, tiempos de protección y regulación, la economía del globo prosperaba con mayor intensidad y de manera más rápida que el ejercicio registrado entre 1980 y 1990 cuando hubo una caída en el ingreso mundial per cápita. El asunto cierto es que el mundo le apostó a la eliminación de barreras y a la política comercial de crecer sobre pilares de exportaciones, sin embargo el mundo dio un giro inesperado y todo el proceso de libre comercio ya empieza a experimentar un retroceso por las circunstancias de la economía actual en donde se precariza el mercado de los commodities, un entorno con incertidumbre cambiaria y un escenario comercial que invita a potenciar la producción interna para enfrentar tiempos posiblemente mucho más complejos.

Esta introducción sobre el libre comercio es más que consecuente por la realidad del mundo que muestra nuevos derroteros, la llegada de cambios y el regreso a las políticas internas para incentivar la producción local, garantizar alimentos, abastecimiento e impulsar unas economías que permanecieron subyugadas durante décadas, unas por no entender el modelo y otras porque eran demasiado incipientes y no tenían ni siquiera la base en infraestructura y apoyos estatales.

Rubén Darío Lizarralde Montoya

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el ex Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Rubén Darío Lizarralde Montoya, aseguró que la situación del mundo, aminorada por la pandemia, le puso el freno de mano al libre comercio pues sostuvo que para nadie es un secreto que una vez los países empiecen a estabilizarse, estos van a cerrarse económicamente para tratar de salvar la situación interna y recuperar el empleo lo cual hará que la conexión que había hasta hace tres meses entre las naciones que generaban una dinámica interesante, se interrumpa, una realidad que obliga a que dicha eficiencia se la de cada país conllevando a que las perspectivas sean mucho más difíciles.

Agregó que la situación es bien compleja para muchos productos básicos que como el petróleo experimentan y experimentaron un momento para el olvido porque a nivel de precios y producción deja utilidad cero muy a pesar que el precio pasó de los treinta dólares, pero dejando claro que Colombia produce a 31 o 32 dólares por barril poca de pozo, una explotación en punto de equilibrio en donde no hay ingresos ni utilidades, es decir menos dólares y menos recursos para una dinámica económica importante, situación terriblemente apremiante por el elevado nivel de endeudamiento, por un déficit fiscal que ya supera el 50 por ciento y por una balanza comercial deficitaria porque lo que importa Colombia es mayor a lo que exporta lo cual cuesta demasiados dólares. La historia registrará inexorablemente que el barril de crudo se desplomó y fue en precio a terrenos negativos, golpeando duramente las economías de países dependientes de los energéticos.

Consideró que dadas las circunstancias, Colombia tendrá que dejar de importar muchos productos y volver a mirar la economía nacional como se hacía hace más de treinta años, aclarando que hay sectores y circunstancias que verán beneficio desde luego en ese proceso.

El sector agrícola, manifestó, tendrá una oportunidad impresionante en la medida que el ejecutivo así lo entienda, porque los catorce millones de toneladas de alimentos no se podrán volver a importar porque no va a haber dólares con qué pagar haciendo que esa producción se haga en el país con fuertes opciones para maíz y soya que tendrán que crecer y acompañarse de una pujante agroindustria productora de alimentos para animales, situación que generará una interesante dinámica económica, pero además, conceptuó el economista, vendrá un momento único para la producción agrícola nacional en general por la obligada suspensión de importaciones.

 

“Si aprovechamos esta situación, por el lado del sector agrícola vendrá una oferta de empleo importante lo cual contribuirá a disminuir la pobreza extrema. Con este escenario definitivamente tendrá que entender que en el sector agroindustrial hay un espacio muy determinante para generar riqueza y estabilidad social así como económica”, apuntó Lizarralde Montoya.

 

Una situación innegable es que si bien había problemas y la salud de las economías no era la mejor, prueba de ello el cierre de la economía americana y el mismo Brexit, la Covid-19 le puso el moño a la calamidad e hizo que los indicadores se fueran desplomando de manera preocupante, llevando consigo empleos, empresas y negocios. El hecho de salubridad le puso el gran palo en la rueda al libre comercio que cerró los países y los puso ya hoy en esa tónica de vivir de lo que dé la tierra.

Lizarralde anotó que el frenazo en la globalización no se hizo pausadamente tal y como pasa con los relevos sociales y económicos sino que simplemente el cambio se hizo porque se hizo, una condición que arrolló al mundo que no estaba preparado para la sustitución del modelo económico, una situación que no pasó jamás por la mente de los más escépticos, conllevando a estudiar y a evaluar la economía y el impacto social y alrededor de eso tomar medidas que permitan un equilibrio económico y social que impacten a la mayor parte de la población. En ese orden de ideas, señaló, se viene un nuevo modelo de desarrollo que no tendrá el proteccionismo a ultranza experimentado antes ni la economía abierta y globalizada que estuvo en vigor hasta hace poco.

Adicionalmente, precisó, se viene un tema muy interesante que tiene que ver con la discusión entre el capitalismo puro y el socialismo puro en una reinvención del capitalismo en donde una economía colaborativa, definitivamente será la que tendrá la oportunidad de crecer, ofreciendo mejores alternativas en precio y calidad a la gente. El momento, que llega fortuitamente, es una oportunidad de oro para recuperar el mercado doméstico, pero igual para saber si los empresarios y los sectores productivos aprendieron de productividad, competitividad y manejos contables para tener empresas robustas y dinámicas en medio de la formalidad. Igual se va a hacer importante la enseñanza sobre innovación, conocimiento, manejos y desarrollos con tecnologías de punta pasando por valores agregados.

 

“Tenemos que tener mucho cuidado con los populismos de derecha y de izquierda porque pueden hacer que perdamos una oportunidad de oro para que reordenemos, no solamente la economía del país sino el desarrollo social. A mí definitivamente lo que más me interesa y lo que más me preocupa es la generación de empleo y por eso creo que hacia allá nos tenemos que focalizar”, apuntó Rubén Darío Lizarralde.

 

Sobre los tratados de libre comercio, el docto dictaminó que estos quedarán bastante limitados porque los países se van a preocupar primero, así sea a un mayor costo, a que esa producción interna sea la base de generación de empleo que va a necesitarse en estos momentos para recuperar su economía, su infraestructura y su base social.

Reconoció que los TLC quedarán confinados en el cuarto de San Alejo, advirtiendo que es amigo de estos mecanismos de libre comercio, porque resulta mejor para un país como Colombia producir para más de 600 millones de habitantes que para 50 millones de compatriotas, pero aceptó que en estos momentos de dificultad y urgencia por retomar dinámica económica retoma importancia el mercado interno, enviando los acuerdos al frío ático.

 

Economía con retos: más trabajo, legalidad y cero subsidios

 

Enfatizó que todo lo presente endureció su gran discusión alrededor del tema de los subsidios porque cuando estos no contribuyen a generar empleo, sencilla y llanamente no sirven de nada, exceptuando el momento actual. Definitivamente, afirmó, el Gobierno no puede dar ese tipo de ayudas económicas porque no tiene plata y por eso el ejecutivo debe tomar medidas y decisiones que les permitan a los sectores productivos crecer y generar empleo, algo que con urgencia se necesita, pero de manera formal porque concluyentemente, ratificó, esto es lo que le da estabilidad a los países y a los hogares en situaciones como la que se está viviendo en estos momentos.

Un asunto a tener en cuenta, manifestó el ex Ministro, es que a la gente le gusta trabajar pues si se hace necesario desmontar ayudas y entregas de dinero, estos pueden ser reemplazados por mecanismos productivos en el campo que les dan inclusive alegría y dignidad a quienes hoy reciben dinero del estado y que por falta de recursos tendrán que pensar en una propuesta útil, productiva y rentable. Puntualizó que infortunadamente muchas personas se acostumbran a percibir un ingreso sin trabajar lo cual hace que quienes reciben las ayudas de Familias en Acción teniendo plena capacidad de trabajar, no lo hagan, en detrimento de la productividad y de un desarrollo basado en la laboriosidad remunerada.

Sobre el tema, Lizarralde fue concreto al decir que el estado, al pasar la actual coyuntura, quedará muy vulnerable en el frente económico por lo que se hacen necesarias la creatividad y la imaginación para generar empleo, estabilidad económica y un venturoso futuro para todos los colombianos articulados y trabajando por un mismo propósito.

Insistió en formalizar la economía y en seguir declarándole la guerra a todo lo espurio como la minería ilegal y el negocio que desprende de la coca, caso opuesto dijo hay que apostar por la sustitución de cultivos en donde hay grandes posibilidades para el cacao, los forestales, el caucho, el marañón, la palma, el aguacate Hass, plátano y muchos otros productos en donde hay millones de hectáreas esperando para sus siembras.

El experto dijo que es increíble que en Colombia apenas se siembre en algo más de cinco millones de hectáreas cuando hay 25 millones de ellas adicionales listas para la producción de alimentos para garantizar abastecimiento, seguridad alimentaria y generar oferta exportable, una opción posible recuperando mano de obra y promoviendo la participación en los procesos de generación de riqueza con agricultura de propietarios tanto de cultivos como de tierras, pero única y exclusivamente al amparo de las labranzas lícitas, algo posible de la mano del estado y de la cooperación internacional focalizada hacia el sector productivo y no representada en regalos o subsidios porque lo que se persigue es una agricultura con renta, con dignidad y con toda la tranquilidad.

El versado economista y experto en manejos públicos anotó que ya se han hecho ejercicios importantes definiendo mercados internacionales porque nada se gana sembrando algo que no va a ser absorbido y es por ello que asegura que el mundo necesita de Colombia, pero Colombia, especificó, tiene que prepararse para ofrecerle productos al planeta y por ello la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, definió que Colombia es uno de los diez países despensa en el mundo puesto que fácilmente puede suministrar alimentos al globo.

 

“Según los cálculos en los próximos treinta años la población mundial estaría duplicándose y Colombia es uno de los países llamados a surtir con alimentos a gran parte de esa cantidad, pero ese no es asunto que se logre de la noche a la mañana pues hay que empezar a trabajar desde ya, aprovechando la situación que se está viviendo con esta pandemia”, subrayó Lizarralde.

 

Dentro de su observación, el también connotado jurista, expuso que es un hecho que la agricultura es en definitiva el sector que le da estabilidad a los países, reconociendo que para el caso de Colombia, mientras no se tenga un sector agroindustrial y manufacturero dinámico, fuerte, generador de empleo y de vocación exportadora, el petróleo y la minería seguirán siendo una necesidad, más cuando actualmente el país depende casi que en un 40 por ciento de las exportaciones de los rubros minero-energéticos un dolor de cabeza a la fecha por los bajos precios internacionales para este tipo de productos básicos.

En su opinión quedó una gran lección y por ello insistió en que las regalías se dediquen, no solamente a fortalecer al sector agroindustrial sino al sector productivo manufacturero con tecnología, con buenas prácticas, importando conocimiento para fortalecer al país industrial y evitando con ello que esos recursos se dilapiden por gastos innecesarios y no focalizados que muy poco contribuyen al crecimiento y a la estabilidad económica del país.

 

Internet y tractor el gran complemento

 

Ampliando el tema agropecuario dijo que hay una espectacular oportunidad de reactivar el campo colombiano con bases sólidas y de mucha contundencia, pero reconoció que al Presidente de la República le tocará muy duro puesto que tendrá que manejar dramáticamente una crisis en donde se va a necesitar que los mandatarios que vengan tengan la altura de reconocer los manejos que hoy hace el ejecutivo de la súbita pandemia y de una situación económica en donde los astros estaban alineados negativamente en perjuicio de los números del gobierno, pero igual, en la estructura social del país.

En ese relevo productivo, razonó, hay opciones de optimizar siembras y cosechas apalancados en la tecnología, es decir acudiendo a la agricultura de precisión, mecanización de predios, uso de herramientas esenciales como la Internet y por qué no, crear plataformas agropecuarias que lleven el producto de campo a los hogares o a las tiendas de barrio, disminuyendo casi que a cero la intermediación, es decir una apuesta digital ambiciosa útil para bajar ostensiblemente el costo de vida, dejando las utilidades en los bolsillos de los campesinos.

En síntesis, explicó, el campo tiene que tener un activo básico para la productividad el cual está representado en bienes públicos y dentro de estos, ya en la era digital, todo un entorno de conectividad que les permita a los productores y a las asociaciones acceder a información, actualización y redes de compradores. La nueva era para el campo sugiere igualmente el fortalecimiento de una economía familiar campesina que es fuerte y promisoria toda vez que se hace sobre pilares de competitividad y productividad profesionalizada.

 

El café en apuros

Una preocupación babélica es la cosecha cafetera en donde muy seguramente habrá pérdida de grano con la triste realidad que una gran mayoría de productores no podrán sacar provecho de los buenos precios porque por el tema sanitario hay restricciones, limitaciones y muy baja mano de obra.

Sobre el particular Lizarralde comentó que la situación es tensa y muy estresante a tiempo que expresó que si el país fuera más disciplinado podría, perfectamente, crear los protocolos para poder recoger ese café pues resulta una paradoja que así como hay mucha gente sin empleo, aguantando y muriéndose de hambre, haya una cosecha cafetera que no tiene la posibilidad de ser recogida cuando los precios internacionales están dando una mano por los niveles elevados que muestran.

 

“Creo que la Federación Nacional de Cafeteros y mi amigo Roberto Vélez Vallejo, tienen que trabar fuerte y rápidamente en ese sentido para mostrarle al Gobierno que hay la posibilidad de montar un protocolo que les permita a los recolectores de café poder trabajar y convivir, manteniendo unas reglas muy estrictas para que la enfermedad no avance y así poder recolectar una cosecha de gran ayuda para los productores y para el país teniendo en cuenta que se puede aprovechar la generación de empleo en las zonas cafeteras”, aseveró.

 

Los astros lamentablemente se alinearon para mal

 

En opinión del ex Ministro, la situación de Colombia en medio de la pandemia es extremadamente delicada porque hay una situación compleja en generación de empleo y desde luego con líos a nivel fiscal en vista que el gobierno ha tenido que echar mano de unos recursos para apoyar a los trabajadores no formales y a los colombianos que se quedaron sin empleo.

Lo preocupante, sostuvo, es que muchas personas jurídicas y naturales, no van a pagar impuestos en los tiempos que estaban previstos o dentro del calendario sino que habrá un mayor traumatismo habida cuenta que no hay ni habrá actividad productiva una alarma encendida y de consideración porque si no hay generación de impuestos, tampoco habrá gasto social una situación muy compleja para los más desfavorecidos. Adicionalmente, dijo, hay una cantidad importante de establecimientos comerciales que han entrado en liquidación dejando a mucha gente sin sus puestos de trabajo agregando a no pocas familias a una situación dramática.

 

“Aparte de todo tenemos más o menos el 70 por ciento de las actividades productivas en esta difícil situación, un 30 por ciento en una condición de tranquilidad ya que la pandemia no la ha tocado, pero definitivamente ese 70 por ciento genera un desequilibrio en las finanzas del estado y en la economía de los hogares. Si a eso le añadimos que este gobierno recibió al país con el endeudamiento más grande que Colombia ha tenido, el entorno hace que el panorama se torne más complejo porque aunque ha habido recursos como los del Fondo Monetario Internacional, FMI, y posiblemente acceso a los recursos del Banco Mundial, BM, y del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, solo el pago de los intereses de ese endeudamiento le costará a Colombia inversión y desarrollo como nadie se alcanza a imaginar, de modo que la situación es delicada por todos lados más cuando al Presidente Iván Duque, le correspondió recibir un país sin recursos”, explicó el señor Lizarralde.

 

Lamentó que las buenas perspectivas de crecimiento cayeran por cuanto este año existía la posibilidad de generar un crecimiento importante más cuando entre enero y febrero el país se acercaba a un cuatro por ciento de crecimiento del producto interno bruto, PIB, escenario que cambio porque ahora se espera un decrecimiento en cerca del siete por ciento lo cual implica cerca del veinte por ciento de desempleo en Colombia, un panorama muy, pero muy difícil.

Descartó en medio de la tragedia, considerar el tema impositivo como una salida pues contrario a nuevas tasas o impuestos, estimó urgente propender por una dinámica económica y en la producción para recuperar el empleo perdido y con ese escenario fortalecer las finanzas del estado. Aclaró que es muy difícil que el empresariado golpeado en un 70 por ciento vaya a pagar más tributos cuando va a quedar supremamente lesionado con la situación que actualmente vive el país que aparte de todo será de largo rato porque en opinión del contertulio, a finales de año, eventualmente puede haber una vacuna lo cual traerá un impacto favorable en salud y en el frente económico, recalcando que no será un logro inmediato.

 

“Voy a poner un símil, una palma de coco crece muy lentamente, pero cuando el coco cae lo hace muy rápido, de modo que la economía cuando se deteriora lo hace a la mayor velocidad, pero cuando se busca estabilización y fortalecimiento de esa lesión, el proceso es definitivamente muy largo, entre otras cosas por un tema que acaba de agravar las cosas, y es que ésta es una pandemia que ha tocado a todo el mundo, luego el tema del desempleo es mundial. Por ejemplo en España no solamente los inmigrantes están pidiendo limosna sino los mismos españoles que hacen largas filas para recibir regalado un mercado para poder comer porque han perdido sus empleos y sus ingresos viendo truncada la capacidad de compra. En Estados Unidos lo que está pasando en ese sentido es impresionante, de modo que estamos hablando de una situación económica generada por la pandemia, impulsada a nivel mundial”, concluyó el ex Ministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde.

 

Aun cuando Colombia es relativamente joven en el libre comercio es bueno decir que el país ha tenido vocación comercial porque desde el siglo XVIII el país exportó e importó productos y materias primas. Un caso de éxito temprano fue el café. Otras explotaciones relevantes fue la de oro, base de los despachos pues no en vano representaba el 90 por ciento de las exportaciones. Le seguían productos agrícolas como algodón, cacao, tabaco, azúcar, palo de tinte, quina y cuero entre tantos.

En materia de desgravación arancelaria Colombia le dio rienda suelta a las importaciones con la apertura económica de 1991 y luego dio pasos con acuerdos comerciales siendo los más importantes el TLC con Estados Unidos firmado en 2006 y puesto en marcha el 15 de mayo de 2012. Con Europa se logró un TLC que entró en vigencia en 2013. Igual hay acuerdos con la Comunidad Andina de Naciones, CAN, Panamá y Chile, Comunidad del Caribe, Caricom, y México, Cuba, Mercosur, Triángulo Norte de Centroamérica, Asociación Europea de Libre Comercio, EFTA, Canadá, Venezuela y Corea. En total Colombia suma 16 acuerdos comerciales y estaban pendientes acercamientos con China y el más cercano, el Acuerdo de Cooperación Económica con Japón.

 

 

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