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Lunes, 01 Junio 2020 17:37

Con abundancia de comida habrá hambre: Alimentos a la basura

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Productores del campo se vieron forzados a botar comida. Los campesinos no saben qué hacer con sus explotaciones y ya piensan en ruina total.

La pandemia originada por la Covid-19 sigue haciendo trizas la economía colombiana y ahora el gran damnificado es el productor campesino que optó por botar la comida o dársela al ganado, todo por fuerza mayor. El asunto es tan grave que han querido regalar productos para muchas familias vulnerables y en serios problemas de ingreso, pero no hay logística y el gobierno no brinda las soluciones para evitar que más producción siga llevándose a los botaderos.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Presidente de la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas, Bonisalvo Susa, lamentó que la comida que con tanto esfuerzo siembra y cosecha el campesinado colombiano esté yendo a los botaderos o se le esté dando a los ganados para hacer menos dolorosa la pérdida. Dijo que es increíble que ni siquiera se hayan puesto camiones a disposición de los productores para llevarles sin costo algunos muchos alimentos a los colombianos más pobres que hoy pasan las más terribles necesidades.

 

“Hoy la gente del campo está tirando tomates, arracacha, pepino, frutas, leche y otros productos porque no hay mercado para esas cosechas, no hay precio y como si fuera poco en las ciudades no hay quien compre comida porque muchos se quedaron sin empleo y a duras penas comen arroz con huevo y si sobran monedas toman Frutiño o cualquier refresco de sobre. Hay un lío enorme y es que ya hay hambre, menos plata en los bolsillos y lo más triste es que la colaboración que haría el productor primario en el sentido de obsequiar alimentos se queda en la buena intención y hay que tirar las colectas porque no existe una propuesta del gobierno para salvar cosechas o al menos evitar que estas se descompongan, pudiendo llegar gratis a muchos hogares que hoy no tienen nada que comer, es una situación desesperante”, declaró el señor Susa.

 

Un producto que alcanza a salvarse, dijo es la mazorca que tiene buen precio porque no hay mucha oferta, pero en el grueso de la canasta familiar, los productos tristemente se están echando a perder lo cual no se justifica en un país tan pobre como Colombia en donde la gente tiene como gran problema el hambre.

La angustia en los productores no es menor toda vez que se viene la cosecha grande de agosto y con ella son esperados frijol, arveja, frutas y una serie de productos de mucha demanda en los hogares, pero el lío recalcó Susa, es que no hay dinero y menos una estrategia de mercadeo desde el estado para hacer posible que esos alimentos lleguen sin intermediación a las amas de casa para que no bajen la guardia en nutrición, algo ya visible en la tercera edad y en la población infantil.

 

“En Colombia va a morir más gente de hambre que de Covid-19 y el colmo de los colmos es que no hay soluciones ni regalando la comida, esto es literalmente de no te lo puedo creer, como dice la juventud. Hay un gran problema, igual, soluciones, pero tenemos las manos amarradas y el gobierno no da respuesta, no reacciona, estamos muy preocupados”, sostuvo el dirigente campesino.

 

Manifestó que el problema de flujo de caja en los hogares es un problema babélico porque a la fecha se está viendo más pobreza y esa condición ya empieza a arrastrar a la Colombia labriega y dedicada al campo.

Tristemente, dijo, no hay plata para comprar comida en las familias colombinas y eso conllevó a que muchos productos no tuvieran mercado y terminaran en la basura, en los botaderos o alimentando las ganaderías. Anotó que hay un riesgo a la vista y es el cierre de las centrales mayoristas a donde llegan las cosechas de todo el país y eso, expuso, sería un caos porque implicaría ni más ni menos que la quiebra agropecuaria, una problemática muy seria porque lleva implícitos aspectos sociales y humanos, obviamente atomizando las cifras del campo de por sí desmejoradas por la intermediación.

Para el directivo, la llegada de agosto no será la noticia amable de cada año por la cantidad de alimentos que salen de la tierra sino una condición de supervivencia ya que llegó la banca rota a los hogares y nadie está comprando en los volúmenes acostumbrados. Otro problema es que en otras plazas de mercado como Fontibón o “Paloquemao” no es posible descargar porque sencillamente no están los mayoristas que tienen la plata contante y sonante.

Para colmo de males en Colombia están cerrando los restaurantes, los hoteles, las pensiones y otros negocios que compraban cantidades importantes, es decir que hoy en el país está sobrando comida y ya se habla de sobreoferta porque la falta de plata en las familias las imposibilita de salir a demandar alimentos básicos, lo cual es considerado por la corporación como un indicador de muy alto riesgo porque de seguir así va a dejar unos saldos más que lamentables.

 

“Los asaderos que tenían cinco, seis y hasta diez empleados, en este momento su actividad la hacen con dos personas, el que asa y una cocinera porque el mismo dueño y los hijos están atendiendo. Hice un sondeo en los asaderos de Bogotá y los negocios que vendían 80, 100 y hasta 200 pollos diarios, hoy no llegan a cuarenta, una situación como para ponerse a llorar”, apuntó.

 

Hoy lo que más actividad mercantil tiene son los huevos y el arroz, productos que están disparados porque estos alimentos hoy son la base de la dieta diaria la cual se acompaña de plátano y papa, y si hay como, compran un limón para la simple limonada, pero hay muchos, subrayó, que acuden a la bebida instantánea porque la fruta para el jugo o la pagan a precios muy bajos o simplemente no llega por costos porque muchas veces sale más caro el transporte.

Según Bonisalvo Susa, hay problemas en todo el país, pero en Cundinamarca, hablando de zonas como el Gualivá o la de Rionegro hay inconvenientes con la fruta pues no hay quien recoja las cargas de naranja, mango y mandarina. Los más de 6.000 puestos de venta de jugo de naranja que hay en Bogotá hoy como muchos otros negocios, están inactivos y cada puesto consume dos bultos de naranja al día, como quien dice más inventario pues en solo ese frente en solo la capital dejan de comercializarse 12.000 bultos del cítrico, agudos problemas por tratarse de perecederos.

Una solución que llega desde la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas es la de subsidios para los productores porque hoy de manera alarmante se hable de desechar alimentos, pero mañana será peor porque vendrá ruina, embargos y una descomposición social en la ruralidad que no sería consecuente con el esfuerzo y el compromiso de quien siembra para la vida.

Otra ayuda podría venir con un incentivo a la comercialización para poder seguir produciendo pues hoy reina la incertidumbre porque no hay dinero y lo más espeluznante es que vendrá una agudización de la economía o renta familiar que golpeará al campo y eso castiga la producción interna y le termina de poner la lápida a los importados porque como se ha visto, ni siquiera regalando alimentos es viable llevarlos a las zonas más vulnerables o proclives al hambre y la desnutrición.

 

“Así como ha ayudado a sectores con musculatura financiera, hoy el gobierno, en aras de tener como apalancar la seguridad alimentaria, tendrá que inyectarle recursos al campo y a los campesinos de base porque si no hay siembras no hay cosecha y sin esta vendrá un problema de marca mayor, teniendo en cuenta que el problema sanitario y sus aristas económicas y sociales, apenas está comenzando”, precisó Bonisalvo Susa.

 

Una realidad dijo la Corporación, es convivir con un virus que nadie conoce pues hay dos opciones, morir de Covid-19 o de física hambre, la primera se puede llevar con medicamentos, tratamiento y recetas caseras, la segunda, sin alimentos, no la detiene absolutamente nadie.

Otro frente afectado, afirmó, es el ganadero porque la gente dejó de consumir carne pues la situación económica hizo que la proteína que era diaria pasara a ser consumo dos o tres veces a la semana en clases con alguna opción de compra, pero hay personas que ya olvidaron hasta a qué sabe la carne puesto que la dejaron de consumir por falta de liquidez, inclusive desde mucho antes de la pandemia.

Hay una distorsión de precios que ya genera alertas y lo más delicado es que en agosto llega la cosecha de frijol, habichuela, arveja, papa, arracacha, lo que hace pensar como se dijo antes en una sobreproducción de comida a causa de la caída en el consumo y la solución inmediata sería en común acuerdo con el gobierno, buscarle salida en los mercados internacionales a cambio de perderla y dejar unos problemas monumentales y de difícil arreglo.

 

“Necesitamos con urgencia sentarnos con el ministro de Agricultura o con el Presidente de la República para hablar de un tema sumamente complejo porque tenemos una agricultura en el limbo y una economía que será mucho más compleja en los meses que le restan al 2020, pero aún más terrible en 2021”, concluyó Susa.

 

Campesinos amenazan con ir a la coca 

Un grupo de productores de cebolla y otros alimentos de Ocaña en Norte de Santander le pidió al gobierno mirar con seriedad al campo ya que las importaciones están atomizando cultivos de cebolla ocañera, pero igual del mismo cultivo en zonas importantes de producción como Aquitania en Boyacá en donde al campesino se le está condenando a la miseria y a la pérdida de sus propiedades ante la deuda que muchos han contraído con los bancos.

 

"Estamos en la ruina porque al gobierno le dio por autorizar la importación de cebolla habiendo tanta cebolla y tantos campesinos viviendo de ella. Hoy no sabemos que hacer pues nuestros productos no valen nada a tal punto que si los regalamos nos da lo mismo o perdemos porque no hay plata para pagar los camiones. Si el gobierno no se detiene a pensar que va  a hacer con los campesinos algo grave puede pasar porque muchos están pensando en sembrar coca pues allí en ea actividad si hay plata y en Ocaña hay con la mía, más de 20.000 familias a las cuales no hay qué llevarles porque no hay para comida, menos para calzado o ropa. Estamos contra la pared y todo porque el gobierno nos tiene olvidados y azotados", señaló el productor de Norte de Santander.

 

Deploró que las ayudas del ejecutivo se centraron en los grandes capitales y en la banca, dejando de lado a los productores agropecuarios más pequeños que sumando trabajo y productividad le suman al PIB un porcentaje más que importante, ello sin tener en cuenta el empleo generado y todo el aporte en seguridad alimentaria. Para el agricultor, es hora de hablar con el gobierno con la calma del caso y llegar por esa vía a unos acuerdos en dónde se honre la palabra y se le de al campo la garantía que sembrar sí es rentable.

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