Domingo, 14 Junio 2020 00:24

Importaciones agropecuarias, tan peligrosas como jugar tabla Ouija

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Los productores del campo siguen muy estresados por la ola de importaciones que no solamente dejaron en la calle a los trabajadores de la ruralidad sino que pusieron a Colombia a caminar por la cornisa en seguridad alimentaria.

Sin duda alguna hablar de agricultura conlleva a traer a colación ángeles y demonios pues hay gente que trabaja, siembra y lucha para llevar el pan a su mesa y poner con amor así como con abnegación el alimento en los hogares, sin embargo hay almas aberrantes que engañan campesinos, que lastiman su ingenuidad y que abusan hasta más no poder de su generosidad.

En Colombia y en gran parte del mundo hubo una serie de equivocaciones y medidas que aumentaron los índices de pobreza, es más, no es difícil demostrar que algunos ricos cayeron en la clase media y que ésta colapsó por el modelo económico y fue a dar a la pobreza. Lo que aterra es que los pobres mutaron hacia la miseria y los miserables fueron abatidos por el frío, la sed y el hambre.

Todo eso pasó en tres décadas de complacencia en donde al país le vendieron la idea de incapaz y en donde con desprecio fueron hundiendo la daga de la injusticia hasta hacer de la hermosa Colombia, la finca de cinco o diez familias. Estos asuntos pecaminosos tuvieron cuna en la violencia de los 50 y tras la dictadura militar se abrió paso en 1957 un plebiscito que ferió el poder y legitimó el atraco de los nacionales porque curiosamente en esos momentos de mandato arreglado, ocurrieron los más lamentables sucesos en detrimento de una población ingenua y desbordadamente conventual. Ya la corrupción tenía himno y luego con la febril época de narco, terrorismo y procesos de descomposición social, el estado sirvió en bandeja de plata la cabeza agropecuaria con una apertura económica que espetó las esperanzas, arrebató el futuro y lastimó a los más necesitados.

En días pasados escribimos sobre las importaciones y sobre la terrible realidad de los productores colombianos que deben enfrentarse a la agricultura y la ganadería extranjera sin ayudas, sin subsidios y en una desprotección total que los expone inclusive a desaparecer con los famosos tratados de libre comercio, los que la gente no ha leído y que tiene que devorar para saber que la globalización fue y será para muchos una tragedia.

 

Posiblemente la Covid-19 en medio de los saldos que arroja puede ser un salvavidas o un mensaje divino, porque el mundo empezó a desinflar la globalización, los países están pensando en enfrentar una hambruna de grandes proporciones y tan solo saldrá bien librado quien siembre y abone sus tierras. El planeta cambió el chip y si no hay unas medidas inmediatas para reactivar la agricultura colombiana, la nación, fácilmente puede estar acudiendo a una tragedia anunciada porque con seguridad el nuevo orden apunta a una apuesta decidida por el mercado interno y a una ruralidad rentable, sostenible y sin intermediarios porque estos sujetos de mercado terminaron arruinando campesinos y hogares, todo con una gran complacencia y una seguidilla de aplausos a los abusadores en medio de las necesidades, del llanto y la calamidad de cada labriego.

Hablando de importaciones, hubo una reflexión y es que hay compras que se hacen por empresarios o capitales colombianos que buscan en los productos de bajo precio una opción de aumentar su riqueza sin importar la ruina de los de ruana, muchos empezaron a abrir peligrosas puertas porque como acontece con la tabla Ouija, finalmente el jueguito termina dándole posada al diablo.

El ejemplo apunta claramente al riesgo en el que está Colombia porque si hoy sin mayores necesidades importa alimentos, que inclusive tienen que regalarse en el país, cuando no botarse, pues el tema es enviar mensajes a los países socios en ese riesgoso libre comercio, firmado para acabar lo poco que queda, ya que cuando el dólar baje y las condiciones estén dadas, vendrá una cascada de productos sin límite porque los tratados vuelvo y repito, le vendieron el alma al diablo y la consigna es, no más agricultura ni industria colombiana, tremenda cosa.

Como la Ouija o güija, el tablero para tocar las puertas del más allá, patentado en el siglo XIX, más exactamente el 10 de mayo de 1880 por el estadounidense, Elijah Jefferson Bond, las importaciones siguen tocando puertas hasta llevar el verde agrícola a una realidad infernal.

A propósito de Ouija, en la patente igual aparecen Theresa Maupin y Charles W Kennard, este último el que la fabricó y la puso en el mercado, un invento inspirado en prácticas diabólicas del antiguo Egipto, finalmente la patente la adquirió el señor William Fuld, el mismo que le sacó el jugo hasta que la “tablita” fue fabricada y vendida por la firma Parker Brothers que vendió lo que se entendía como “mala suerte” en tiendas de juguetes. Cierto es que oui en francés y ja en alemán quieren decir sí. Hoy sigue afianzándose en el mundo la venta de la conocida witchboard, en español, “tablero de bruja”.

Es lamentable hacer estas comparaciones, pero no es un secreto, en la agricultura hay gente de buen corazón y otras que no saben de piedad lo cual llevado a términos de mercado no es otra cosa que campesinos muy pobres y por otro lado negociantes, intermediarios y oportunistas tremendamente ricos. Aclaro, en la lista de afectados igual entran los consumidores de capas medias y bajas.

Si tuvimos tiempo para hablar del mal igual saquemos un espacio para destacar aspectos de Dios y qué mejor preámbulo para ésta nota que un par de versículos de la Sagrada Biblia. “Y sucederá que porque escuchas estos decretos y los guardas y los cumples, el SEÑOR tu Dios guardará su pacto contigo y su misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará; también bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu cereal, tu mosto, tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño en la tierra que El juró a tus padres que te daría”.

Seis cosas hay que odia el SEÑOR, y siete son abominación para El: ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.

En estos tiempos atroces, de miedo y desesperanza qué bueno saber que hay un camino para quienes desde los campos siembran con euforia el alimento de sus hermanos. Hoy tan solo pedimos que las semillas sigan fértiles, que los rebaños crezcan y que todo para el hombre justo termine en la dicha merecida, no igual para quien engaña, roba y hace el mal.

Javier Ardila

En plática con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Asociación Nacional de Productores de Leche, Analac, Javier Ardila, aseguró que Colombia reportó problemas de abastecimiento por el clima seco e intenso lo cual hizo que fuera necesario acudir a las importaciones las cuales con el tiempo tendrán un comportamiento muy diferente por las alteraciones de mercado suscitadas por la pandemia.

El dirigente gremial dijo que el país ha tenido una dificultad tanto en el 2019 como en 2020 y es que ha habido un fuerte verano que está azotando la Costa Norte, una tendencia desde la mayor parte del año anterior y buena parte de este porque no ha llovido lo suficiente. Igual pasa en otras zonas en donde el año pasado tuvo un régimen normal de lluvias con una marcada sequía y lo delicado es que este año el sol canicular sigue siendo el común denominador lo cual sumado a unas heladas genera una caída en la oferta del mercado nacional que desde luego no satisface los requerimientos de la industria.

 

“Por tal razón la industria se vio obligada a importar leche para poder compensar esa falta de producción en el mercado local y allí se justifica de alguna manera el asunto de las importaciones. A abril de 2020 se han importado cerca de 28.000 toneladas de productos lácteos. En ese orden de ideas ingresaron hasta abril 13.700 toneladas de leche en polvo, 6.500 toneladas de lactosuero, 3.300 toneladas de leche maternizada o de fórmula para bebés, 3.300 toneladas, quesos 2.500 toneladas, yogures 612.000 kilos, mantequilla 267.000 kilos, leche condensada 10.000 kilos y otros productos lácteos 913.000 kilos, lo suma en total 27.800 toneladas de lácteos siendo Estados Unidos el principal abastecedor con 7.500 toneladas, seguido de México con 2.300 toneladas, Chile 1.500, Argentina con 500 y la Unión Europea de donde llegaron 1.600 toneladas”, señaló el Gerente General de Analac.

 

Cabe anotar que igual llegaron lácteos de países como Bolivia y Uruguay con exportaciones muy pequeñas a Colombia. El gremio de los lácteos dijo que el precio internacional de la leche y la devaluación suponen una barrera para el ingreso de los derivados de la leche. Actualmente, dogmatizó, hay una situación y es la caída en los precios del dólar, un lío porque con divisa desinflada mayores son los riesgos de importación, no solo en leche sino en múltiples sectores.

No descartó que por ese motivo siga entrando leche al país con un grave problema y es que la oferta no está siendo suficiente ya que hace falta producir mucha más leche para abastecer la industria y generar un inventario que brinde tranquilidad y baje el impacto de las importaciones, pero lamentablemente la realidad de hoy en Colombia es que hay una oportunidad para exportar leche a Colombia y con un dólar revaluado es muy factible que ingrese un mayor contingente de leche en polvo.

Fue muy claro al decir que ni Estados Unidos ni la Unión Europea están promoviendo las exportaciones de leche a Colombia pues quienes están importando el producto es un grupo de colombianos en cabeza de la industria procesadora o transformadora que importan el alimento porque ven una oportunidad de negocio en contra de los intereses de los propios colombianos.

 

 

“Tenemos que ser muy precisos, ni gringos ni europeos nos están trayendo leche o derivados lácteos, no, somos los colombianos los que vamos y compramos leche para ganar más plata, eso debe quedar muy claro”, afirmó el dirigente gremial.

 

El tema, dijo, es muy parecido al juego de la tabla Ouija porque se trata de abrir puertas o portales sin saber a futuro con qué se puede encontrar quien con el tablero experimenta, como todo en la vida, hay operaciones que implican un riesgo y en este caso es mostrar a Colombia como destino de exportaciones y con los TLC pueden venir las inundaciones de producto que pueden sacar del mercado, inclusive, a los que hoy están en esa aventura.

Un reconocimiento que hizo Ardila es que la industria ha respaldado más en el mercado interno que en el externo porque ven igual en Colombia una oportunidad de mercado, además de un país excepcional porque los productos son mucho más caros en las vitrinas colombinas que en el exterior, y el tema aplica en todo pues en el país son más costosos los carros, la tecnología, los textiles, el calzado, los medicamentos y todo en general. Recalcó que en Colombia todo es caro versus Venezuela, Ecuador, Chile y Perú, pues todo de las fronteras hacia adentro vale más plata.

 

Esa, puntualizó, es la razón por la que las empresas y las marcas norteamericanas y europeas quieren estar en Colombia pues no en vano ven en el país una oportunidad para vender a un mejor precio, asegurando mayor rentabilidad.

 

Añadió que en ese contexto entra la pregunta del economista, ¿es mejor un país con precios altos en donde se consigue de todo, o un país con todo barato en donde no se consigue casi nada? La respuesta, replicó, se da sola, y para el caso de Colombia los ejemplos son muchos pues si una persona se enamora de determinada gama de celular, al otro día lo tiene así cueste dos o tres millones de pesos más.

Comentó que hay una propuesta de los agricultores y ganaderos, pero en sí de todo el sector agropecuario de Estados Unidos que le pidió 38 billones de dólares al Presidente Donald Trump, para optimizar la productividad. De ese monto, comentó Ardila, la Casa Blanca tan solo desembolsó 19 billones de dólares para que el sector agrario empiece a prepararse porque según los cálculos americanos, los países del tercer mundo se van a quedar sin alimentos por el tema del Covid-19 y Estados Unidos será la despensa de esos países puesto que se prevé una tercera guerra mundial sin balas y sin misiles, pero sí de hambre y bajo esa premisa Estados Unidos les dio una ayuda a los agricultores para que agilicen siembras y de esa forma inundar a los países que estén en desventaja con productos norteamericanos.

Esa situación hoy es una amenaza, analizó Ardila, porque se trata de una propuesta arrasadora contra Colombia y otros países, inquietud que ya fue transmitida al ministro de Agricultura a quien se le notificó que más vale un grito a tiempo que cien después. La misma inquietud se le llevó al ministro de Comercio para que se haga un juicioso monitoreo en el tema de importaciones hacia el país.

Dentro de todo lo que se dice existió la proyección antes de la Covid-19 que entre 2026 y 2028, cuando esté plenamente en vigor el TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea habría una arremetida en el mercado lechero que le pondría punto final a los productores nacionales y a las industrias. Hoy, en el análisis de los productores de leche, las condiciones para desaparecer están dadas porque Colombia firmó nada más y nada menos que 17 tratados de libre comercio que están vigentes con diferentes naciones, las mismas que con buen precio y dólar barato, no vacilarán en enviar leche al mercado colombiano.

 

El mercado sigue ágil

 

Queso Fresco

Pese a la pandemia la leche se ha venido vendiendo de manera normal en casi todo el territorio nacional y ello porque hay unos departamentos que están teniendo problemas como Meta, Arauca, Huila, Caquetá y Nariño que debido al nivel de informalidad de los compradores de leche ya que no llegan las grandes industrias procesadoras, hacen que el alimento no les llegue de manera normal a los consumidores.

En esos departamentos, explicó Ardila, normalmente una gran parte de la oferta lechera se transforma en quesos los cuales llegan a las diferentes centrales de abastos que han tenido líos con la Covid-19, un fuerte golpe para esos quesos que no se han podido comercializar de manera masiva como antes. Según el directivo hay mucha especulación con el tema porque se dice que muchos de esos derivados lácteos tienen como destino las pizzerías y las panaderías en donde se elaboran pandeyucas, pandebonos, buñuelos y almojábanas.

Este queso apuntó el gremio termina como materia prima para panadería y aclaró que al no moverse por el canal formal que paga impuestos y tiene marca registrada, ese tipo de leche ha tenido tremendas dificultades y por ello el Fondo de Estabilización de Precios autorizó una compensación de 120 pesos por litro para aquellas empresas que estén comprando un mayor volumen de leche frente al año 2019, es decir que si una empresa compraba 45.000 litros diarios de leche y hoy adquiere 50.000, por esos 5.000 litros adicionales serán compensados con los 120 pesos por litro.

 

“Esas compensaciones pueden ser aplicadas por una empresa máximo por el 20 por ciento del valor del mes otorgado. Otro tema es que ese empresario tiene que seguir comprándoles la leche a los proveedores normales y no salir a otras zonas a abastecerse con leche”, precisó el Gerente General de Analac.

 

Agregó que más allá de los inconvenientes con estas regiones, los hábitos de consumo han tenido una variación porque los colombianos están consumiendo más leche líquida, en polvo y quesos frescos, caso opuesto se han disminuido las ventas de quesos madurados y otros productos de alto valor agregado en los derivados de la leche como el yogurt y otros postres lácteos, una situación que ha cambiado el hábito de compra del consumidor.

Anotó que en la reapertura de la economía en esta etapa de la pandemia y del confinamiento, hay expectativa porque no se sabe qué va a pasar hacia adelante, empero lo que sí es claro es que el consumo de lácteos, según los estudios y los análisis de mercado que se han hecho diversos gremios y empresas, seguirá siendo de alta demanda porque el consumidor tiene ese tipo de preferencia frente a otros alimentos.

 

El lechero, un sector quedado en tecnología

 

Actualmente, sostuvo Analac, Colombia está trabajando en el reordenamiento de la producción, todo en cabeza de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, UPRA para lo cual está echando mano de unos modelos productivos que buscan tierras aptas para la ganadería destinada a la producción lechera, pero así mismo para otros productos que permitan diversificar la canasta agrícola y del campo colombiano, todo de acuerdo a las habilidades de cada territorio lo cual en opinión del gremio es una labor bien compleja porque no es nada fácil darle gusto a todo el mundo.

Manifestó que actualmente hay zonas en donde se está produciendo leche o sembrando maíz, pero igual trigo o cebada por decir algo, pero indicó que allí no se habla de ventajas competitivas porque hay mucho que poner en orden, teniendo en cuenta factores determinantes como el clima para entrar por la senda de productividad, competitividad, buenas prácticas agrícolas y ganaderas, inocuidad, calidad y sostenibilidad entre tantos términos para abrir mercados.

El experto aseveró de igual manera que tratar de salvar la producción de las zonas en donde hoy la leche tiene un mercado irregular no es tarea fácil por tratarse de regiones tradicionalmente muy complejas en el manejo, amén de que hoy están creciendo en acopio y en transformación, eso sí, para nada sujetas al país que todos quisieran porque no hay vías de acceso, tecnología, energía, bienes públicos y otras variables competitivas. El otro, aspecto, ratificó Ardila, es que las personas que están trabajando esa leche no están interesadas en formalizarse ni en hacer que las cosas sean de mejor manera.

 

“No se trata de todos los productores, pero sí hay un porcentaje importante que no está mínimamente interesado en hacer parte de la formalidad, habida cuenta que ello obliga a entregar leche de calidad, a estar bancarizados, igual ofrecer inocuidad y otros requisitos que a la fecha no están en el listado de las fincas, un tema para tener en cuenta porque hay de por medio trabajos en vacunación y prevención de aftosa, brucelosis y tuberculosis bovina, pero como le digo esa es la otra Colombia, anhelando que más pronto que tarde logremos hacer algo”, afirmó el señor Ardila.

 

Destacó que si bien hay más de 20 millones de hectáreas que pueden ser cultivadas o explotadas con ganadería, avicultura o especies menores, lo tristemente cierto es que hay un atraso muy grande en tecnología pues si hay dos o tres personas que lograron puntos de excelencia productiva por invertir en una agricultura de gama alta, eso no quiere decir que sea un logro masificado.

 

Hace menos de seis meses en Colombia pusieron en marcha un robot para ordeño, pero en Chile hay entre 50 y 70 robots ordeñando, igual Argentina y ni qué decir de Brasil, pero en Colombia en donde nos tocó empezar de cero con agricultura hay, reitero, un robot, hay más robótica para el ordeño en países de menor tamaño.

 

Recalcó que las comparaciones son ofensivas, pero dijo que en Suecia o en uno de los países escandinavos ya cumplían un siglo de hacer ordeño de manera mecánica en tanto que en Colombia se sigue ordeñando a mano en casi todo el territorio nacional. Con voz algo apagada expresó que en el sector lácteo se habla de leche conservada en tanque de enfriamiento y lo aterrador, exteriorizó, es que la electricidad es un privilegio porque no ha llegado a todas partes, increíble a estas alturas del siglo XXI, pero cierto.

 

“Tenemos muchas ganas de hacer y avanzar, pero el rezago es muy grande por lo que pretender llegar a las grandes ligas de la competitividad es casi que misión imposible porque en muchas cosas como por ejemplo infraestructura y otras, estamos muy, pero muy lejos”, acotó.

 

Para seguir aumentando el tormento del atraso rural, en Argentina hace 25 años, el Gerente General de Analac vio fumigar con sistema GPS, pues unos zancudos gigantes con tanques enormes abrían los alerones para fumigar, todo un concepto de agricultura de precisión, en Colombia, actualmente, sigue vigente el popular “cacorro”, la única tecnología en muchas partes de la geografía.

 

La covid-19, un punto de partida para los cambios

Con todo el escenario de pandemia vienen una serie de cambios por cuanto la mayoría de los países están mirando más hacia el interior pues el mercado internacional no seduce mucho hoy por todo lo que tiene que ver con seguridad alimentaria. De todas maneras, expuso Analac, hay unos compromisos internacionales que no son tan fáciles de borrar por todo el mandato de comercio global, algo que genera resistencia y complejidad porque no se trata de rechazar productos sino de cumplir con los convenios internacionales, algo difícil de desprenderse por el marco legal.

Dentro de ese debate lo cierto es que los países desarrollados que no necesitan nada pueden darse el lujo de pasar por alto acuerdos y darle la espalda a los compromisos sellados en los acuerdos comerciales, pero en materia de tratados, a los países pequeños o en vía de desarrollo no les queda otra salida más que cumplir.

Una opción sería en medio de una emergencia alimentaria, concertar con los países socios, acordar con tiempo la puesta en marcha de un plan de siembra y abastecimiento para apalancar las necesidades de Colombia, sin embargo la reactivación de alimentos en Colombia no será una meta sencilla porque hay siembras como el trigo en sitios donde desde hace más de 70 años no hay cultivos de manera permanente.

Otro ítem es que Estados Unidos tiene una serie de ventajas competitivas en los temas de agricultura y ganadería, ventajas que Colombia no tiene y es por ello que en maquinaria, desarrollo, tierras, infraestructura, genética, tecnología y los llamados bienes públicos el país norteamericano goza de grandes privilegios en tanto que el agricultor colombiano adolece casi que de todo.

 

“Mientras nosotros nos ponemos al día, importemos esa tecnología y estemos muy cerca de los americanos, ya nos han tomado mucha ventaja, lo cierto es que Colombia en materia de agricultura durmió plácidamente en sus laureles y hoy las cosas se hacen más complicadas, admitiendo que todo ese descuido puede redundar en un problema grande”, advirtió Javier Ardila.

 

Al término de la pandemia, porque sin duda la enfermedad marca un antes y un después, hay una enorme incertidumbre y una alteración consecuente en las proyecciones puesto que la agricultura y la ganadería como otras actividades de la humanidad experimentarán cambios radicales, a tal punto que casi todos en el mundo hablan del principio del fin de la globalización, un paso que ya mostró por un lado el Reino Unido con el Brexit y por otro Estados Unidos con la política proteccionista de Trump.

Nueva Zelanda sigue siendo un motivo para no dormir tranquilos en la agremiación porque para Analac, el país de Oceanía no pierde la esperanza de llegar a Colombia porque entre tanto siguen conquistando mercados y ganando terreno pero lo palpable es que ellos quieren firmar negocios para aterrizar con productos lácteos en tierra colombiana, una meta posiblemente de mediano plazo y toda una amenaza.

En Colombia hay varios retos, uno cambiar la manera de percibir el negocio agropecuario porque no hay cifras al interior de las explotaciones, no hay información ni un orden contable. En aspecto, señaló el Gerente general, el país está crudo, pero todo por descuido y desidia pues no es posible que se trabaje a la de Dios y a la espera que suba o baje el precio de la leche. Analac sostiene que donde hay inversiones importantes debe haber profesionalismo con la actividad y unos resultados que reflejen orden y todo un manejo empresarial.

Igual es bueno cambiar el discurso porque no es justo que mientras el país en medio de la tragedia pandémica está cerrado y casi clausurado los productores de leche que siguen vendiendo califican su entorno y sus cifras como de terribles lo cual hace parte de las quejas, de tal manera que el llamado es a la cordura y a la sensatez.

Otra tarea que no da espera es incentivar el consumo interno porque así los puertos colmen la capacidad con productos agrícolas y ganaderos importados, el gran juez será el consumidor que muy seguramente le dirá presente a la calidad y a la confiabilidad del producto colombiano, el de la tierrita.

En 2019 Colombia tuvo una producción de leche en promedio de 3.170´584.175 litros anuales, una caída del 7.2 por ciento en relación a 2018. Durante el año anterior la producción diaria fue de 8´686.532 litros aproximadamente.

Analac insiste que no se puede desestimar el autoconsumo que oscila entre el 10 y el 15 por ciento así como un mercado informal que puede representar en leche entre el 30 y el 35 por ciento. El sector es de alto impacto social ya que genera cerca de 780.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos.

El precio de litro de leche varía según la región, pero hoy ese costo está puntualmente en 1.210 pesos para el capítulo Antioquia, Boyacá 1.202 pesos, Cundinamarca 1.229 pesos, Cauca 1.247 pesos y Nariño 1.157 pesos.

Esta es la realidad agropecuaria, llena de retos y de amenazas, por fortuna el colombiano ha logrado sacar buen reducto de la adversidad lo cual lo hizo más listo, emprendedor, innovador y recursivo. Hoy la agricultura, pese a los años de retraso, sigue adelante de la mano de Dios, llena de esperanza pues el milagro está ahí, latente y lo podemos hacer de manera responsable quienes consumimos, pues no hay que olvidar, que en asuntos rurales, lo de nuestra tierra primero.

Fue grato extraer esta frase sabia y por demás muy oportuna,

 

“Por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado, un arquitecto, pero todos los días, tres veces al día vas a necesitar un agricultor”.

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