Domingo, 21 Junio 2020 00:38

Ganados criollos buscan mercado: Denominación de origen y exportaciones

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El país no ha sabido aprovechar el tesoro que dejaron los españoles. El tema es tan promisorio que ya se piensa en exportar carne y lácteos de ganado autóctono con sello de calidad. También proponen atacar mercado local.

Hablar de ganadería es más que apasionante porque detrás de ella hay todo un compendio que data de dos millones de años en la historia cuando dicen los expertos, pastaba en los valles de Medio Oriente, India y China el potente uro, un bovino de dos metros que sería determinante en la cría de ganado a gran escala y vital en la dieta de los seres humanos que desde el periodo neolítico cuando los primeros humanos dejaron la economía basada en la recolección, optaron por la agricultura y la cría de unas especies concluyentes en la dieta y el desarrollo de los pueblos.

Los bóvidos, esos rumiantes mamíferos con cuernos sólidos y afilados que utilizaron como mecanismo de defensa, fueron la base de una nueva economía que entró en auge hace unos 10.000 años cuando el hombre dejó la caza y las provisiones súbitas e incursionó en la domesticación que le garantizaba alimentación y suministros necesarios porque había leche, carne, cuero y fuerza de trabajo de manera permanente. Los registros calculan que este ganado también con pisada en Euro-Asia llegó a Europa hace unos 270.000 años, de todas maneras el arte rupestre deja ver que en las primitivas cavernas de Francia ya el esbelto rumiante era motivo de inspiración a la hora de pintar y es por ello que hay datos de esas imágenes que pueden tener 18.000 años. 

No se equivoca quien dice que hablar de ganadería de manera seria es abordar las razas criollas porque de ese uro vino el bos tauros y de allí la historia real del ganado. Según los historiadores el hombre empezó a hacer presencia entre los bovinos y luego fue encerrándolos o apartándolos asumiendo su alimentación y dándole fuerza a una actividad compleja en los hatos que demanda conocimiento porque en términos ganaderos la genética, los cruces y la salud hacen parte del diario vivir porque sin estos elementos básicos no hay explotaciones exitosas.

Con la ganadería vino en el ser humano la vida sedentaria, pero igual ésta fortaleció una agricultura que entregó los forrajes para engordar y lograr las mejores conversiones en leche y carne. Igual cabe la tesis que el ganado pagó lo que se comió porque en las prácticas agrícolas los ganados fueron indispensables en los arados y en la fundación de una agricultura que encontró en los vacunos abonos, pero también transporte y un aporte en el desarrollo humano de gran valía.

Ejemplar Uro, Imagen tomada de Crónicas de Fauna

 

El ganado llega a América en 1493, un año después del descubrimiento y su primera parada fue la isla de La Española, hoy República Dominicana y Haití. Allí estuvo por largo rato porque paradójicamente desde sus inicios en el nuevo mundo, las restricciones, como el no poder llevar animales a tierra firme, fueron un común denominador. Lo cierto es que solo 32 años después del primer desembarque en La Española, el ganado pisó tierra colombiana.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el criador y versado en razas criollas así como colombianas, José Antonio Velásquez, propuso trabajar en denominación de origen para ganados autóctonos y productos derivados de estas especies, buscando el mayor beneficio con unos productos que tienen calidad, buenas prácticas ganaderas e inocuidad.

Indicó que aprovechando el libre comercio, amén de su frenazo, las necesidades de proteína y sacando el potencial en calidad de la carne y la leche de las razas criollas colombianas, el país podría, luego de un trabajo juicioso con el gobierno y con algunas agencias de cooperación, promover la exportación de ganados y productos cárnicos y lácteos con denominación de origen.

Para el reconocido ganadero, el llevar carnes y derivados lácteos con un sello verde abriría muchas puertas porque las razas taurinas han demostrado que conservan potencia en sus carnes y una calidad lechera que llegará transformada a los mercados que soliciten producto con altos estándares de calidad.

 

“Esa es una de las estrategias de comercialización que podrían desarrollar los criaderos de ganados criollos con el gobierno colombiano. Las denominaciones de origen hacen parte de las movidas importantes que se tiene en este momento en Europa para poder producir y poder mercadear de manera eficiente los productos locales de cada región. Me parece muy interesante tener carne de ganados criollos colombianos con ese sello, bien sea para consumo nacional o para exportarlo como algo de extrema calidad. Hoy tenemos unos hatos que nos ofrecen excelencia, en este momento contamos con producto y opciones de llegar a los mercados de mayor exigencia y esa es una oportunidad que nos permite desplegar y dinamizar la economía a partir de nuestras razas criollas”, aseveró Velásquez.

 

El tema no es menor porque hay productos exitosos con denominación de origen en Colombia y se pueden citar casos como el queso Paipa, queso caqueteño, el sombrero “vueltiao” de la Costa Norte que los catapulta en el mercado nacional e internacional y otros productos. Ese tema hay que replicarlo con las carnes de razas criollas en bovinos, pero también en cerdos y ovinos criollos. Para el ganadero este es un nicho de mercado que se puede explorar y llevarlo adelante, reconociendo que tomará su tiempo llegar al suficiente número de animales para poder surtir un mercado que puede ser bastante interesante y ganador.

 

Razas criollas, El Dorado ganadero mirado con desaire

 

José Antonio VelásquezEl empresario Velásquez, dijo que lastimosamente en el país no se valora el potencial y las bondades que hay en las razas criollas porque infortunadamente no son muy conocidas y lamentó que pese a todo no haya habido el interés de explorar que hay detrás de cada raza en donde hay sin lugar a dudas cosas maravillosas.

Destacó que Colombia es el segundo país más biodiverso por metro cuadrado del mundo después de Brasil y anotó que al igual que esas particularidades, en Colombia hay riquezas propias, muy de la casa que no son valoradas porque hizo curso lamentable que todo lo que viene de afuera es mejor que lo propio y ese es el caso de una ganadería en donde muy pocos hicieron la tarea de analizar, estudiar y conocer la fuerza genética en los bovinos, uno de los más grandes errores, pero aclaró que la crítica aplica no solo en ganadería sino en otros sectores.

Al avanzar sobre el asunto, Velásquez afirmó que Colombia tiene genética bovina totalmente especial para las diversas condiciones geográficas y aclaró que si bien las razas foráneas no son malas porque todas tienen sus características que suelen tener buen desempeño siempre y cuando estén en el lugar adecuado, las razas criollas guardan y han guardado por siglos perfiles de rusticidad, adaptabilidad y rendimientos que logran sorprender a quienes están en la actividad ganadera.

Explicó que las razas bovinas criollas en Colombia son localmente naturalizadas y por ello el Romosinuano y el Costeño con Cuernos son razas con esta enorme cualidad en el país. Expuso que la raza Angus es localmente naturalizada en Inglaterra, la Maine-Anjou, una raza localmente naturalizada en Francia, la Holstein en Holanda y Alemania y por ello tienen muy buen desempeño en los lugares en los cuales se desarrollaron y se adaptaron.

 

“Los colombianos tenemos genética adaptada a las condiciones agroclimáticas del país y esa es la raza criolla que para el caso de los bovinos son razas totalmente acopladas a las condiciones de humedad, clima, luminosidad y de calidad de pastos, una particularidad que las hace totalmente diferentes a las demás, mostrándolas como altamente competitivas en la expansión. Sucede que la naturaleza logró la evolución tanto en plantas como en animales y esas especies no tienen producciones supremas pues en el caso de nuestros bovinos lo máximo no lo es lo óptimo para la naturaleza y por eso pretendimos buscar destetes de 250 y 300 kilos en zonas climáticas complejas o de mucha dificultad y estrés para los bovinos y por ello en términos de Romosinuano nunca se logró un lote con el peso al destete en mención porque sencillamente la naturaleza es más sabia que nosotros”, explicó el señor Velásquez.

 

Ejemplares Romosinuano

 

Aclaró que con Romosinuano será posible tener destetes de 180 o 200 kilos, pero con la ventaja que las vacas tienen una cría por año y por allí, especificó, va el tema de la eficiencia de los bovinos criollos en Colombia.

Un reclamo de gran parte de los productores es que el desarrollo de la ganadería en otras latitudes se hizo con parte del banco de germoplasma colombiano porque en otros países hicieron lo que hasta ahora está haciendo Colombia y es analizar y auscultar el potencial genético de las razas que llegaron en 1525. El asunto no es menor porque un banco de germoplasma animal y para el caso bovino es de gran importancia porque conserva, gracias a un juicioso almacenamiento, las muestras de los distintos orígenes y la biodiversidad de cada raza que puede estar inclusive amenazada con la total desaparición.

El experto recalcó que aunque se empezó a hacer, hay que agudizar el estudio genético y saber los pormenores de los bovinos criollos. Dijo que a Estados Unidos fue a dar el banco de Romosinuano porque se trata de un ejemplar de pelo corto que al analizar su gen establecieron que se trataba de una mutación que solamente ha ocurrido en los bovinos de la zona ecuatorial. Los bovinos criollos, expresó, tienen esa mutación que solamente se observó en Colombia porque fue en donde se hizo factible ver un animal con ese tipo de pelaje debido al gen que porta.

Un grupo de cuarenta investigadores se dieron cuenta que ese tipo de bovino colombiano era mucho más eficiente en términos reproductivos y por ello se dieron a la tarea de explorar y encontraron tres tipos de mutación en igual número de cromosomas y por eso optaron por llevarse el también llamado Romo del Sinú. Agregó que ya con la tecnología americana pudieron editar genéticamente o hacer cortes de este ganado para importárselo a otra raza bovina, ejercicio que terminará con un semoviente de pelo corto que tendrá desde luego un mejor comportamiento en el trópico porque gracias a su pelaje le permitirá termo-regularse de manera más óptima.

 

“Otros hicieron la tarea de investigar a profundidad sobre las bondades que tienen nuestros criollos y las están descifrando, replicando y multiplicando en los laboratorios de genética bovina de los Estados Unidos”, reveló el experto.

 

Al hacer un recorrido por las nueve razas criollas no es complicado encontrar que en Caqueteño, Velásquez, Romosinuano, Blanco Orejinegro o BON, Costeño con Cuernos, San Martinero, Casanare, Chino Santandereano y Hartón del Valle hay bondades en doble y triple propósito, pero igual calidad en carne y en leche en donde los rendimientos son a toda prueba. Por tal razón, expresó el ganadero, las razas criollas bovinas de Colombia son muy competitivas porque al ser taurinos son sinónimo de calidad en carne que puede llegar fácilmente a la excelencia porque tiene terneza, aclarando que aparte de la raza esta propiedad la da el sacrifico, el corte y el grado de maduración en frío.

En opinión del empresario, el Romosinuano cuenta con excelente carne al igual que todas las criollas. Otra propiedad se mide igualmente en leche en donde la cantidad de grasa, de proteína y de sólidos totales que contiene ese ordeño muestra igual unas razas con grandes ventajas porque superan a las demás razas productoras de leche.

 

Raza Velásquez, un trabajo genético muy bien rubricado

 

Ejemplar Velásquez

 

Hay que decir que José Antonio Velásquez, es un hombre que no en vano se ufana de tener en su apellido todo un sello ganadero y genético porque en la década de los 50 su señor padre, el doctor, José Velásquez, creó la raza Velásquez, un prototipo de bovino de enormes cualidades y de una espectacular adaptación al trópico.

 

En ese trabajo adelantado en la Hacienda África en la Dorada, Caldas, el inquieto doctor Velásquez logró desarrollar una nueva raza a partir de unir genética de Brahman Rojo, Red Poll y Romosinuano.

 

Mi papá era ganadero lechero de la Sabana de Bogotá y en cierto momento de su vida vendió la finca que tenía en este lugar de Cundinamarca, muy cercano a la capital y viajó a Victoria, Caldas, un municipio del Magdalena Medio que se ubica entre el piedemonte oriental de la Cordillera Central y el famoso valle interandino del río Magdalena. Allí se dio cuenta que el ganado que encontró en esa región no era tan eficiente económicamente como podía ser ni tan rentable como una lechería en la Sabana de Bogotá. Lo tenía muy claro, él sabía que la eficiencia de un hato de cría depende mucho de la fertilidad, del crecimiento y el peso, que los ejemplares no se enfermen y que tengan la cantidad de medicamentos para poder atender eventualidades y él no encontró eso en el biotipo de ganado que existía en esa ápoca en la región y fue cuando dijo que quería ofrecer a Colombia y formar una raza eficiente en producción y reproducción para que la ganadería pudiera ser rentable en el trópico colombiano”, narró el señor Velásquez.

 

Sabía de la fertilidad del Romosinuano y de su adaptabilidad, pero igual tenía claro que gran parte de la población bovina estaba conformada por el Brahman y por el cebú, igual tenía muy buen conocimiento del Red Poll que era una raza acoplada a la Sabana de Bogotá con muy buena producción lechera ya que se hablaba en términos de calidad y cantidad y fue cuando sumó estas propiedades para lanzarse a la tarea de formar un biotipo adaptable a las condiciones de clima muy cálido, con producción de leche de manera aceptable, pero con muy buena calidad e igual que fuera una fuente de carne de inmejorables condiciones y sumamente rentable.

Finalmente logró desarrollar una raza ideal para el clima y dentro de los logros está que no hubo necesidad de cambiar los forrajes que había en la zona y que son nativos porque están en américa hace 20.000 años, desde luego muy acoplados a los regímenes de lluvias, al PH del suelo en donde están, a las plagas y a las enfermedades que puedan encontrase en ese lugar del Magdalena Medio. Esos forrajes afortunadamente fueron y son muy fáciles de producir a tal punto que hoy los predios de las ganaderías Velásquez siembran Paspalum Notatum y una cantidad de leguminosas de óptimo comportamiento, entre otras cosas porque desde hace más de 50 años, la finca que produce ganado Velásquez no hace aplicaciones de herbicidas pensando en la biodiversidad de los potreros y en una alimentación sana para los bovinos que consumen forrajes nativos ricos en gramíneas y leguminosas muy eficientes para la producción de forrajes en ese punto de la geografía colombiana. La ventaja es que los ganados consumen muy bien ese alimento y la conversión tanto en leche como en carne es inmejorable por esas condiciones agroecológicas prevalentes en los suelos.

La carne del ganado Velásquez, pero igual la leche producida por esta raza tiene calidades tanto organolépticas como nutricionales con estándares muy latos gracias a los forrajes nativos. La carne producida en pastoreo tiene un sabor exquisito aparte de sumar unas cualidades nutricionales que no la pueden ofrecer ejemplares que fueron engordados con granos o concentrados.

 

“Lo nuestro es producido naturalmente, sin herbicidas y con la ventaja que nuestros animales poco demandan tratamientos o medicamentos por su excepcional adaptabilidad y a eso hay que agregarle una alimentación con forrajes nativos de enorme impacto en la calidad de los productos porque son naturales en su totalidad. Eso significa una ventaja competitiva frente a los ganados que no cuentan con una dieta tan natural”, dijo Velásquez.

 

Este ganado que se iba a llamar Dorado o Magdalena por haber sido desarrollado en el Magdalena Medio, finalmente fue bautizado raza tropical Velásquez por recomendación del profesor italiano Telesforo Bonadonna, un agrónomo y experto veterinario admirador del trabajo hecho por José Velásquez.

 

El criollo, un ganado que está de moda

 

Blanco orejinegro

 

El hato ganadero logró pasar de los 28 millones de cabezas y dentro de esa dinámica igual lo han hecho los criollos porque es notorio el interés de los criadores los cuales comentan que la venta de toros está dirigida a servir vacadas de otras razas y ese indicador ha aumentado en los últimos años de manera notoria por lo tanto el hato puro puede estar creciendo, si bien no de manera exponencial, si a un ritmo aceptable. Igual crece el número de híbridos logrados a partir de razas autóctonas, no solo en Colombia sino en Centroamérica, Cono Sur y Brasil de donde llegan muy buenos comentarios.

Queda claro que hay un gran interés por las razas criollas porque representan un beneficio económico palpable muy rápidamente y por eso el uso y el comercio del ganado criollo crece en Colombia, pero igual en América Latina.

En ese despertar de la agricultura y la ganadería toma mucha fuerza la cría de razas criollas porque además de todo son razas muy apropiadas para rentar sin contratiempos, especies que le caen bien a quien arranca con una explotación cárnica o lechera, pero igual a los campesinos que quieren incursionar en una actividad con grandes posibilidades, pero sobretodo con mercado asegurado por tratarse de calidad y sostenibilidad.

La ganadería criolla es muy promisoria y en su regreso paulatino está demostrando que tiene unas propiedades que muy pocos conocían, como quiera que sea, no es tarde jamás para abrirle la puerta a un ganado que durante siglos mostró propiedades y unas características únicas en rusticidad, sanidad y adaptabilidad.

Desde la perspectiva de José Antonio Velásquez, estas son las propiedades de las razas criollas colombianas las cuales pone en un peldaño muy alto por su rendimiento y comportamiento en todos los climas y pisos térmicos.

Caqueteño: Genética pura colombiana desde los umbrales de la selva amazónica. Es según el experto, una raza adaptada al elevado nivel de humedad y a las altas temperaturas, algo muy característico en la puerta de entrada al Amazonas. Para el experimentado médico veterinario, esa es una raza roja de excelentes atributos tanto genéticos como fenotípicos para producir calidades en esa parte de la Amazonía colombiana.

Velásquez: Este tipo de ganado colombiano es ideal en la producción de carne y leche en el trópico colombiano y en América Latina. Sin duda carne y leche de calidad para los más exigentes gustos del mundo.

Romosinuano: Es considerada una de las razas más fértiles del mundo y es ideal para rendimientos en carne.

Blanco Orejinegro: La llaman y la denominan de varias formas, una la “atleta de las montañas” por su presencia en la zona cafetera y es una de las razas más adaptadas a las condiciones de ladera y prominencia con gran comportamiento en el trópico. El también llamado BON es una raza de triple propósito por ofrecer carne, leche y trabajo. Este ganado fue importante en el transporte en tiempos de la colonia y fue uno de los animales que contribuyó con el desarrollo. Fue trascendental en las labores de arado y amigo de las tareas agrícolas.

Costeño con Cuernos: Esa es en consideración del versado en razas criollas, una especie bovina especial para la producción de leche en el Caribe colombiano.

 

Costeño con cuernos

 

Casanare: Es la raza de la Orinoquía muy compatible con el llano, es una raza totalmente adaptada a las condiciones de la sabana inundable de esa importante región del país.

Las razas criollas, en opinión del empresario del campo, son vitales en la reconversión ganadera y que hoy es tema en la Federación Nacional de Ganaderos, Fedegán, y en comités destacados como Caquetá que buscan a toda costa iniciar con una ganadería diferente y mucho más amigable con el entorno. La idea es aplicar una filosofía más confiable en donde no se utilicen herbicidas y se engorden los ganados con forrajes nativos.

Igual podría ser un gran logro tener el ganado adaptado al sistema de razas criollas, pero también no arar la tierra y no utilizar maquinaria agrícola dentro de las explotaciones ganaderas porque parte de esa reconversión tiene que ver con una ganadería más amiga del medio ambiente y mucho más natural así como en concordancias con los ecosistemas.

El manejo de pasturas con la ganadería criolla es un asunto más llevable pues el trabajo con este tipo de hato resulta más fácil que con otros ganados. Para el ganadero, en Colombia debe hacerse producción de carne y leche en el trópico eso sí, no pensando en competir con razas especializadas para el caso de los lácteos. Añadió que la producción de carne en el trópico colombiano tiene mucho futuro porque Colombia tiene un 80 por ciento en promedio de tierras a alturas promedias o por debajo del nivel del mar, con temperaturas superiores a los 25 grados centígrados en donde las razas criollas cumplen un papel importantísimo toda vez que se puede hacer ganadería con los forrajes nativos, con los ganados de base bos tauros y con tecnología local.

Según Velásquez un error grande que se cometió en Colombia es que apostó por hacer ganadería en el trópico con vacas europeas, con pastos africanos y con tecnología estadounidense y europea. Eso, dijo, hace que todo sea mucho más complicado porque las tierras y las condiciones de clima son diferentes a las de África, pero en el país la gente es feliz importando alimentos para bovinos del continente africano cuando hay en las tierras colombianas unos forrajes excelentes y muy adaptados a las condiciones.

Igual, precisó, hay ganados locales y tecnología de la casa ya que se avanza en una implementación de procesos y desarrollos de tecnología nacional para pastorear de maneras diferentes porque una cosa es África y otra muy diferente América Latina y por ello hay que trabajar con herramientas tecnológicas que le permitan al ganadero colombiano ser más eficiente en la cosecha de los forrajes nativos con ganados que llevan algo más de 500 años con muy buenos rendimientos. En Colombia, consideró, se puede ser muy eficiente con una ganadería que mejora por la fertilización de los suelos y que ha permitido aumentar las producciones de carne y leche por hectárea al año. La colombiana, comentó, es una ganadería muy interesante.

 

Blanco Orejinegro

Hoy hay experiencias ganaderas de enormes logros como los reportados desde la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa, Acoganar, que tiene como filosofía cuidar el suelo porque este demanda buen trato y evitar por ello erosión, sobrepastoreo y preservar todos los microrganismos que este tiene porque el suelo es un ente vivo que contiene miles de bacterias, hongos y levaduras que lo hace un ser viviente que hoy la asociación está defendiendo y vigilando.

La asociación promueve prácticas limpias y por ello se utiliza la menor cantidad de insumos en las fincas llámense fertilizantes o herbicidas, pero igual evita el uso de maquinaria agrícola. Acoganar tiene en el olimpo de la ganadería los ganados adaptados con el fin de crecer sobre pilares de eficiencia y así ofrecer un producto altamente natural, diferenciado y con una calidad a toda prueba. Todo este trabajo se hace sobre terrenos sanos que les quedará a las nuevas generaciones que muy seguramente seguirán atendiendo el suelo, ese de donde brotan generosamente alimentos para la humanidad.

Finalmente dijo que la ganadería criolla está haciendo retención de vientres porque a mayor número de hembras son más grandes las posibilidades de incrementar el hato, pero fue claro al decir que ese plan se cumple en la totalidad de las reses porque la idea es aumentar el rebaño nacional por cuanto la ganadería está volviendo a ser un negocio rentable y cuando ese factor está presente la idea es seguir por la senda de la eficiencia que a la postre permitirá retener hembras en el presente y en el futuro cercano porque la meta es tener producto en carne y en leche que compita de tú a tú con los países más fuertes.

Los ganaderos están en la tónica de poner producto de alta calidad en el mercado a precios competitivos. En ganadería criolla, sostuvo Velásquez hay un proceso muy afortunado de construcción colectiva que involucra gobierno, gremios, ganaderos y universidades porque hay sin duda un despertar del campo y desde luego con espacios importantes para los ganados criollos, una realidad que de seguir así llegará a feliz término.

 

 

Hartón del Valle

 

“Hoy la apuesta de los colombianos debe ser por sacar el país adelante por tomar un liderazgo en América Latina para hacer ganadería eficiente y profesionalizada y evitar que sigan diciendo que la actividad ganadera es enemiga del medio ambiente y gran generadora de gases efecto invernadero, no, esta labor contrario a lo que muchos piensan ayuda a limpiar el planeta porque nuestras pasturas son capaces de capturar las emisiones de CO2, es fuente de alimento de carne y leche de manera orgánica, sin tocar los granos porque estos no están diseñados para las ganaderías sino para el consumo humano. Los colombianos tenemos que ser conscientes que podemos sacar este país adelante, pero pensando en unión, en respeto y en armonía”, concluyó el heredero de la raza Velásquez.

 

Estas son las razas criollas colombianas, un potencial de genética y todo un banco para mejoramiento y aumento en las producciones de leche y carne. De los uros europeos que quedaron grabados en las frías cavernas de los primeros humanos, se pasó al ganado de cría que fue tomando diferentes características por los climas y las mismas cualidades de los suelos. Los expertos dicen que el último descendiente uro, una hembra, murió en Polonia por allá en 1627. Por fortuna el uro ya había dejado un legado ganadero y una huella genética que aun muge en los establos y en los potreros de Asia y Europa, pero igual en Colombia y la América colonizada.

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