Sábado, 20 Febrero 2021 01:19

Unibán solo hay una, pero la delincuencia utiliza la marca para defraudar

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En 2019 se exportaron 37.3 millones de cajas de banano, 2.5 millones de cajas de plátano y alrededor de 400.000 cajas de piña.

La comercializadora C.I. Unibán S.A. firma internacional colombiana con negocios de agroindustria de elevado valor, logística intensiva y un aporte social significativo en las zonas bananeras, denunció que la delincuencia, haciendo uso del nombre de la empresa está adelantando negocios ilegales en detrimento de clientes y compradores en distintas regiones del país.

Según la empresa, los delincuentes están utilizando el nombre y la marca de la compañía de prestigio internacional para suplantar no solo a la compañía sino a algunos de los empleados y de esa manera engañar con falsas órdenes de compra a los comerciantes de las diferentes ciudades del país, una situación que se ha presentado con fuerza básicamente en Urabá, Magdalena y Medellín, ciudad en donde opera la sede administrativa principal.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el director de asuntos institucionales de Unibán, Carlos Pinilla, aseguró que el tema es delicado porque los malhechores están adquiriendo o pretendiendo obtener bienes y servicios como insumos agrícolas, productos de tecnología, fertilizantes y utensilios de ferretería entre otros, un asunto que preocupa a la empresa.

Esta situación ilegal, indicó Pinilla, no es nueva porque se ha presentado en periodos anteriores, pero aclaró que el ilícito se intensificó y llegó con mayor fuerza en el 2020, un hecho denunciado ante las autoridades competentes que ya se ocupan del caso.

 

“Queremos hacer un llamado para evitar que esto siga sucediendo y para que mantengamos las alertas encendidas, denunciando este tipo de actividades ilegales ante las autoridades, por esta razón invitamos a los comerciantes de las regiones en donde se vienen presentando estos hechos para que estén muy atentos y no se dejen engañar. Desde la compañía tomamos las medidas que están a nuestro alcance para enfrentar esta compleja situación y cooperar con los mandos para que las personas que trabajan honestamente desde sus empresas y que tienen un vínculo comercial con Unibán desde hace muchos años, que igual son aliados de la organización y que aportan al desarrollo económico de los territorios en donde hacemos presencia, no se vean afectados”, declaró el señor Carlos Pinilla.

 

Para evitar fraudes y atacar la suplantación de identidad, Unibán les pidió a los colombianos, a sus compradores y amigos, no dejar de hacer las respectivas denuncias y por ello aconsejó acudir a la línea ética de la compañía 018000522727, en la cual las personas pueden brindar toda la información en el evento que observen situaciones irregulares o tengan dudas puntuales sobre el particular.

Carlos Pinilla

El director de asuntos institucionales de Unibán, expuso que otro tema a considerar es el de las señales, ya que Unibán no realiza ninguna compra con dinero en efectivo, además explicó que toda empresa que quiera vender productos o servicios con la comercializadora, debe solicitar su registro como asociado de negocios y una vez el interesado o interesada, haya realizado los exámenes y controles establecidos por la compañía para vincular proveedores, recibirá las solicitudes de compra desde el área de bienes y servicios.

De igual manera, indicó el vocero, todas las compras generadas por la empresa están respaldadas por una orden, previa negociación con el proveedor, según los procedimientos definidos por la organización. Dejó claro que el dominio de la comercializadora y productora es uniban.com.co.

 

“Si los comerciantes y proveedores reciben un correo con un dominio diferente, básicamente tiene la clara evidencia que se trata de un engaño”. Enfatizó Pinilla.

 

Ante el problema y los impactos que trae implícitos, Unibán dijo que el golpe, de no meterse el problema en cintura, lo recibirán los comerciantes y por eso la frase reiterativa de “no se deje engañar” porque finalmente lo que hace el ilegal es tratar de obtener un insumo o un producto, haciéndose pasar por Unibán y lastimosamente el proveedor termina entregando los materiales con el respectivo detrimento económico al que conlleva una estafa.

Para la compañía es importante atacar el problema ya que está de por medio el tema reputacional y, por ello, la responsabilidad con los aliados de la empresa a quienes se busca proteger y blindar del engaño.

Los trabajos para ponerle freno de mano al asunto avanzan, puesto que hay de por medio un robusto portafolio y una firma que hace compras los 365 días del año, una característica que llama la atención de los ilegales que buscan sacar provecho de las empresas dinámicas. Subrayó en el llamado de atención porque los delincuentes no pueden seguir haciendo de las suyas, razón por la cual es perentorio que los allegados conozcan los pormenores para que den alertas y señales, evitando fraudes y engaños.

Pinilla sostuvo que el 2020 fue un año muy particular porque el hecho de confinar a toda la humanidad para frenar la pandemia, impulsó el teletrabajo y las operaciones digitales, un escenario que dejó la Internet y las redes abiertas, factor que llamó la atención y el proceder espurio de los ilegales porque encontraron una oportunidad para los delitos informáticos y el ciber-fraude. No fue mínimo el maniobrar de los facinerosos de la red, pues el fenómeno logró multiplicarse de manera exponencial, razón más que poderosa para fortalecer el área de TI, un trabajo enorme en tecnología que llevó a la implementación de acciones para proteger y salvaguardar los intereses de la compañía y desde luego los de sus clientes y proveedores.

 

Urabá, una región próspera con antes y después

En la espectacular zona bananera del noroccidente colombiano convergen varios departamentos, Antioquia, Córdoba, Chocó y el Tapón del Darién en la frontera con Panamá, una zona en donde empezó a escribirse la historia de Colombia porque el Golfo de Urabá fue el primer punto estratégico y logístico de los españoles en tiempos de la conquista.

Este lugar bordeado por las aguas del mar Caribe fue fundado el 20 de enero de 1510 por el adelantado Alonso de Ojeda. El conquistador ordenó la construcción de un fuerte que resultó débil ante la potencia bélica de los indígenas que con arco y flechas envenenadas acabaron con muchas vidas, dejando, literalmente en la historia, la precaria fortaleza.

Cuando Ojeda llegó a Urabá-Darién como Gobernador de la Provincia de Nueva Andalucía, no la tuvo fácil, tanto el clima como el entorno eran retadores. El militar venía de Santo Domingo con 300 hombres bien armados y fundó San Sebastián de Urabá, un punto cercano al hoy Necoclí. Los embates de los aborígenes fueron acabando con un ejército que terminó con 42 sobrevivientes.

La pasaron mal los fundadores a quienes se les notó la ansiedad por el oro, no hay duda, sufrieron Alonso de Ojeda, herido con una flecha, Francisco Pizarro, Martín Fernández de Enciso y el polizón, Vasco Núñez de Balboa.

Tras dejar San Sebastián de Urabá y dirigidos por Vasco Núñez de Balboa, los españoles fueron al occidente de la región en donde encontraron indígenas amigables, se apoderaron del pueblo y fundaron Santa María la Antigua del Darién, un sitio estratégico y punto de partida de muchas expediciones.

Hoy la región ha cambiado, luego de capítulos para el olvido y el aprendizaje, puede decirse que la historia en Urabá tiene un antes y un después, siendo una zona muy segura y un polo de desarrollo con enormes perspectivas porque está de por medio una apuesta en infraestructura que implica nuevas vías, optimización de otras y desde luego nuevos puertos y mayores capacidades. Paralelo al avance económico, vino la mejora en seguridad y por eso el presente del histórico golfo es amable y lleno de opciones.

En opinión de Carlos Pinilla, no pueden negarse algunos inconvenientes de seguridad, pero no puntuales del territorio sino de todo un país. El tema de orden público y la calma fueron llegando por las apuestas económicas y el raudo progreso que le inyectaron credibilidad, optimismo y compromiso a la región, actual fuente de ingresos para muchos ganadores, dentro de los que se suma el Gobierno, las comunidades, las empresas y la niñez. Urabá, por fortuna está en un amable e interesante periodo de transición.

Esta región productora de banano, plátano, palma y piña a gran escala, fue un motor de crecimiento que siguió sin pausa aún en medio de la pandemia, eso sí, adoptando todas las medidas y protocolos de bioseguridad. Urabá no estuvo en las tristes estadísticas de destrucción de cinco millones de empleos en Colombia. Tanto Urabá como Magdalena resultaron protegidos de la situación porque la actividad jamás paró, permitiéndole un movimiento interesante a la economía provincial.

 

“El trabajo, el compromiso, la disciplina, el apego por el cuidado y la misma institucionalidad salvaron la papeleta en Urabá, hoy contamos otra historia en el territorio y es muy afable”, apuntó el director de asuntos institucionales de Unibán.

 

La empresa sigue adelante con un negocio de casi 60 años, mostrando empuje, innovación, prospectiva, resiliencia y ganas. Ni las coyunturas de mercado como tampoco retos como el clima o aspectos fitosanitarios han impedido que la empresa siga por la grata senda del crecimiento sostenido y coadyuvando con la construcción de la nueva sociedad, esa que ve en la agricultura y en la agroindustria, todo un mar de oportunidades.

En Santa Marta y el Magdalena, la historia casi toca el siglo, dejando un buen sabor porque con la economía agraria fue posible transformar los territorios, haciéndolos más viables y entregándoles oportunidades por las inversiones, la inclusión y el tejido social.

Unibán estima conveniente tardar unos minutos más corroborando que los negocios se hacen con los titulares de las marcas, de manera legal y tranquila, pero no a la ligera, perdiendo capital. Los clientes y proveedores están al tanto de la situación, ya tienen pistas importantes y saben cuál es el escenario de un negocio ilegal, una herramienta útil a la hora de hacer las denuncias.

Esta red delincuencial que estafa en nombre de Unibán es, al parecer, de gran calado por lo que no se descarta que estén afectando otras industrias en el país porque son mafias especializadas en implementar acciones ilegales en las regiones colombianas y en su sector real.

La Comercializadora Internacional Unibán indicó que el comportamiento del volumen de exportaciones se mantiene estable. La compañía exporta en promedio 37.3 millones de cajas de banano, 2.5 millones de cajas de plátano y alrededor de 400.000 cajas de piña.

Según sus directivas, Unibán se concentra en las exportaciones de productos agrícolas del país, donde continua siendo líder. Cabe recordar que las cifras de 2019 son de aplaudir ya que fue un año difícil por las desfavorables condiciones climáticas para la obtención que ocasionaron la disminución en la productividad.

Según el reporte anual de la compañía en 2020, el 87% de las ventas de snacks corresponden a exportaciones, que en 2019 representaron 1.316 toneladas, con un crecimiento importante de un 20.5% respecto de 2018, y los ingresos provenientes de estos ascendieron a $20.076 millones de pesos. De igual forma, los servicios logísticos de Unibán cada vez toman más relevancia y esto se ve reflejado en los más de 130 clientes atendidos el año pasado: 126 en importaciones con un total de 4.402 contenedores y 11 en exportaciones con 4.638 contenedores.

Las cifras consolidadas de 2019 con el aporte de las filiales nacionales y del exterior, corresponden a $1,8 billones de pesos de ingresos operacionales de toda la organización. El impacto social es apreciable porque el total de empleos directos e indirectos suma 4.835 plazas que incluyen a Unibán y sus filiales Polyban, Sara Palma, Fundación Unibán y Uberaba.

La empresa ha enfrentado con éxito la aparición del hongo Fusarium Raza 4 Tropical en el país, acontecimiento que llevó a la agroindustria del banano a implementar planes de prevención, control y monitoreo. La afectación se contuvo en La Guajira. Los productores de Unibán se concentran en Magdalena y Urabá.

En 2019 fueron exportadas 37.3 millones de cajas de banano, 2.5 millones de cajas de plátano y alrededor de 400.000 cajas de piña.

Un trabajo encomiable igual cumple la Fundación Unibán a través de la cual se otorgan créditos dirigidos a 376 productores plataneros del Urabá antioqueño y bananeros del Magdalena que exportan con la compañía, contribuyendo al fortalecimiento de las unidades productivas y su sostenibilidad en el competido mercado internacional. En 2019 por ejemplo, fueron colocados para este fin 4.095 millones de pesos. La inversión social total desde la Fundación fue de $11.218 millones de pesos y se hizo por medio de los procesos de gerencia de proyectos de desarrollo socioeconómico, servicios de formación y educación, servicios de crédito y formación para el trabajo y desarrollo humano, dirigida a 13.968 beneficiarios entre trabajadores bananeros, productores plataneros y sus familias.

C.I. Unibán S.A. es la comercializadora internacional colombiana que desarrolla negocios de agroindustria de alto valor, intensivos en logística y que, desde hace más de 50 años en el mercado, lidera la actividad agroindustrial y comercial principalmente de banano, plátano y bananos exóticos del país. La comercialización y la logística, los servicios a productores del campo, el desarrollo de mercados, la producción agrícola, y la responsabilidad social empresarial, son pilares esenciales de la compañía.

 

Banano y plátano, agricultura de vieja data

Quienes siguen de cerca este cultivo dicen que el plátano es una de las primeras plantas en la dieta de los humanos pues se cultiva desde hace 10.000 años, en pleno neolítico. La banana, fruta que tanto gusta, es originaria de Asia, dejando ver en el tiempo una interesante evolución puesto que genéticamente ha tenido mutaciones, ramificaciones y multiplicidad de especies.

Los cronistas ubican la llegada del banano a América en 1516, luego de ser una plantación familiar y con mercado interno, el producto alcanzó una importante tecnificación y estructura, contexto que le permitió a los empresarios exportar, inicialmente a Estados Unidos, la fruta a finales del siglo XIX.

Un documento del Banco de la República firmado por el investigador, docente e historiador de la Universidad Nacional, sede Medellín, Leonardo Agudelo Velásquez, señala que la historia de la industria bananera se inició con el nombre de una empresa que ha marcado a la región Caribe a lo largo del siglo XX, United Fruit Company.

Sus fundadores fueron Lorenzo Dow Baker, Minor C. Keith y Andrew Preston. La Compañía se fundó en junio de 1870 cuando la goleta de 85 toneladas, Telegraph, capitaneada por Baker, atracó en el puerto de Morant, en Jamaica, a cargar bambú. Allí un comerciante le ofreció al capitán un flete de banano verde, que éste compró a veinte centavos de dólar el racimo. Luego de arribar al puerto de Nueva York, once días después, vendió el cargamento entre dos y tres dólares el racimo. Baker repitió el viaje y se reaprovisionó de banano verde, pero el trayecto de Jamaica a Nueva York dependía de las condiciones climáticas y en esta ocasión se retrasó, por lo que tuvo que arrojar parte de la carga al mar.

Todo cambió en 1880 cuando Baker compró una goleta con un motor auxiliar de vapor que le permitió transportar en diez días una carga de diez mil racimos entre la isla del Caribe y la ciudad de Boston. Para 1885 creó, en territorio de los Estados Unidos, una red de distribución de banano en asocio con el vendedor de la fruta Andrew Preston y ocho personas más, quienes diez años más tarde figuraban como millonarios norteamericanos.

En 1890 la Boston Fruit Company contaba con diez barcos, bautizados por Baker como la “Gran Flota Blanca”, nombre que se haría famoso en Centroamérica y el Caribe. El grupo fundador se completó con Minor C. Keith, quien había viajado, en 1881, desde Brooklyn en Nueva York, hasta Centro América para construir ferrocarriles, siguiendo los pasos de su tío Henry Meiss, conocido constructor de vías férreas en América Latina.

Para 1910, dice el documento del Banco de la República, la gran flota blanca de la United desembarcaba en Inglaterra su primer cargamento, iniciándose así el canje de fruta por barcos. Minor C. Keith construyó líneas férreas que unieron a México con el Salvador y con los océanos Pacífico y Atlántico. Se creaba así una empresa que sumaría la economía y la política a una escala geográfica que integraba el mar Caribe con el enorme mercado de Estados Unidos e Inglaterra. A nivel mundial, en 1910, la United controlaba el 77% del mercado de banano. Siguiendo el modelo de monopolio global del titán empresarial de la época, la Standard Oil de New Jersey.

 

Magdalena, una vida bananera

Según las pesquisas de Agudelo Velásquez, el inmenso espacio selvático de la Provincia del Magdalena comunicó, desde la colonia, la ciudad de Santa Marta con los puertos interiores del río Magdalena, al suroeste con el contrafuerte de la Sierra Nevada de Santa Marta, que se eleva desde cero metros en el parque Tayrona hasta nieves perpetuas en los picos Simón Bolívar y Colón, y al norte siguiendo la línea costera a la península de la Guajira. Pese a su inmenso potencial la Provincia del Magdalena estuvo confinada a una agricultura de subsistencia para el consumo local y la exportación de madera de tinte.

La mayor actividad económica de la región a comienzos del siglo XIX fue el contrabando, luego de la frustración de la elite emancipadora cuando intentó explorar las ventajas del tráfico naviero, pero se encontró con la crónica falta de capital en la nueva república. Fue el auge del puerto de Barranquilla, en la segunda mitad del siglo, que propició el establecimiento de una agricultura comercial para abastecer la creciente población del puerto. A ello siguió la llegada de la empresa francesa del canal de Panamá y sus veinte mil obreros, para la construcción de la vía interoceánica, lo que amplificó no solo el mercado para la agricultura comercial sino para sombreros, toallas y objetos de fique elaborados en la Provincia del Magdalena. Esta ampliación produjo un auge económico y demográfico en el poblado de Ciénaga, donde convergían el café, el tabaco, el cacao y el maíz, cultivados en el interior de la Ciénaga Grande, que circulaban por el camino de la Barra de Salamanca.

La agricultura comercial, que se inició en haciendas de las estribaciones de la Sierra Nevada, fue orbitando a la región de los seis ríos, Riofrío, Córdoba, Sevilla, Tucurinca, Aracataca y Fundación, que corren al occidente de la Sierra hacia la Ciénaga Grande, complementando la producción ganadera de Valledupar y de café en Villanueva.

En 1928, 50.000 personas vivían en la zona cruzada por el ferrocarril y 30 mil trabajaban para la industria del banano, que se había beneficiado de la llegada de trabajadores de Bolívar, Atlántico y Santander, atraídos por los mejores salarios.

Ello significó una mayor demanda de alimentos, por lo cual desde 1916 la United estableció un sistema de comisariatos donde vendía artículos que importaba en sus buques, evitando así el retorno con sus bodegas vacías. Los trabajadores adquirían las mercancías con los cupones que pagaba la compañía por su labor. De allí el encono de comerciantes y tenderos hacia la United.

A comienzos de la década de 1870, el investigador John May reportó al Comité de Acreedores de Colombia que la región era prometedora para un futuro desarrollo del cultivo de algodón, índigo y tabaco. Familias tradicionales de Santa Marta y Barranquilla, Fergusson, Bengoechea, Riascos, Barreneche, Díaz Granados y Goenaga, invirtieron en tierras y en canales de irrigación, tomando las aguas del Riofrío, y luego se constituyeron en cultivadores de banano.

El desarrollo económico de Ciénaga y el control político de la elite de Santa Marta, desembocó en importantes tensiones que afloraron en la guerra de 1875-1876, cuando los cienagueros, al mando del general Ramón Santodomingo Vila, estuvieron a punto de dominar Santa Marta, salvada de la derrota por la llegada de refuerzos de tropas nacionales en 1878. Durante la república radical, Ciénaga fue la capital de la provincia, pero las tensiones se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX.

 

Banano caribeño

Resulta más que interesante el estudio del Banco Central, su autor precisa que en la década de 1830, Francis Pogat trajo al Caribe la variedad Gros Michel cuyo cultivo captaría el gusto de la población en los países más desarrollados. A finales del siglo XIX, aumentó la demanda de la fruta en Estados Unidos, y el banano, que podía recolectarse todo el año y ser transportado durante su ciclo de madurez de 21 días, reclamó una gran flota de buques refrigerados para el transporte de la fruta, por ello las pequeñas empresas no pudieron competir, con lo cual se acentuó la tendencia monopolística en el sector.

El presidente Rafael Reyes quien gobernó entre 1904 y 1909 había concedido exención de impuestos a la producción y exportación del banano hasta 1929 y la concesión de tierras hasta 1911. La compañía adquirió en Aracataca las haciendas Santa Ana y Santísima Trinidad que, en 1920, sumaban 13.078 hectáreas.

En 1920, la inflación de precios y la consecuente subida de salarios, mermó el margen de ganancia de los hacendados que, en ocasiones, se compensaba con un mayor pedido de la United. Para finales de la década, la mano de obra escaseaba y los salarios se habían estancado alrededor de un dólar, entonces los trabajadores bananeros comenzaron a organizarse, paralelamente, los dirigentes locales y los representantes de la clase de propietarios de plantaciones, le pidieron al Gobierno Nacional que impusiera algún impuesto a la exportación del banano y nacionalizara los ferrocarriles de la Compañía.

El banano significaba para el departamento el 95% de sus exportaciones, pero a nivel nacional sólo representaba el 7%. Para 1921 sólo existía en la región una producción de 12.000 sacos de café.

La primera gran crisis económica del capitalismo por la quiebra de la bolsa de Nueva York en octubre de 1929, llevó a la United Fruit Company a bajar la compra de banano y a negociar la fusión con su mayor competidora, la Cuyamel Company fundada por Samuel Zemurray, un comerciante de banano que se había incorporado al negocio de la fruta en 1895, en Alabama.
Con el tiempo, la competencia ruinosa entre las empresas bananeras, en medio de la Gran Depresión, llevó al intercambio de acciones entre la United y la Cuyamel por un valor de treinta millones y medio de dólares.

El desarrollo de la industria bananera en Colombia se dio sobre la senda de ampliar la zona de cultivo y la recuperación del impacto económico de la huelga bananera y la Depresión.

En 1943 los cultivos de la United en el Departamento del Magdalena, que alcanzaban un área de 23.467 hectáreas, languidecieron por la entrada de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, lo que reclamó toda la flota comercial para movilizar hombres y logística a Europa y el Pacífico. Por ello, la United abandonó la zona bananera hasta finales de la década. Al finalizar la guerra, Estados Unidos adquirió el estatus de potencia, pues había quedado con las dos terceras partes de la plataforma industrial y el setenta por ciento de la riqueza global, que le llevó a una era de crecimiento y bienestar nunca antes conocida por la humanidad.

El área de sembradío de banano tendió a recuperarse lentamente en la década de 1950, debido a la aparición de la enfermedad de Panamá y a la Sigatoka negra que afectaban el cultivo de banano y por la repartición de tierras iniciada, en 1960, por el Gobierno de Alberto Lleras Camargo, buscando la salida de Colombia de la violencia liberal y conservadora.

La década de 1960 significó un aumento del área cultivada en la zona de Ciénaga, al tiempo que se constituyó el área de cultivo bananero alrededor del Golfo de Urabá, por la ventaja de estar situado en una zona aislada geográficamente de las grandes tormentas. Desde los inicios del siglo XX se había instalado el consorcio alemán Albingia en Urabá, por el afán del presidente Carlos E. Restrepo de poblar esa región, limítrofe con Panamá a través del Tapón del Darién, e integrarla económicamente a Colombia y evitar otra desmembración como la ocurrida con Panamá en 1903.

Hoy la historia del banano en Colombia la escribe Unibán con un escenario muy amable, en vista que hay producción, favorable tasa de cambio y mercado. Unos factores que bien capitaliza la empresa que goza de prestigio, experiencia y ojo avizor.

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