Domingo, 11 Julio 2021 00:27

No podemos comernos el cuento que importar es más barato: Fenalce

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El gremio vio con buenos ojos la idea de darle forma a una entidad parecida al IDEMA para intervenir, garantizar mercadeo e incentivar la agricultura.

Con la apertura económica y los tratados de libre comercio, llegó una expectativa enorme por lo que serían las exportaciones de Colombia a sus nuevos socios en la región, Norteamérica, Europa y el globo, pero tal meta no se cumplió porque el país abandonó la productividad, cedió terreno en siembras emblemáticas y cerró empresas del sector pyme, las mismas que generaron empleo y riqueza durante décadas en el territorio.

Hoy los colombianos hablan con preocupación de soberanía alimentaria, de abastecimiento y de unos cultivos que necesariamente deben reactivarse porque quedó demostrado con los paros y bloqueos que los cereales no deben dejarse en el abandono, que las tierras tienen que adecuarse y los campesinos trabajarlas porque el presente y el futuro de la humanidad están en la ruralidad, en los cultivos y en una agroindustria que sea capaz de agregar valor y aumentar rentabilidad.

Al mirar el panorama agropecuario en Colombia tan solo llega desconcierto y pena porque para muchos fue más promisorio el campo en tiempos lejanos, a tal punto que los labriegos vieron exportaciones de café en 1835, y épocas posteriores reportaron envíos internacionales de tabaco quina y el introducido añil en 1860. Eran los años de las bonanzas efímeras.

Según el Banco de la República, entre los productos agrícolas de exportación más destacados se encuentran aparte del tabaco, la quina y el añil, la tagua, los sombreros de jipijapa, el algodón y, para finales del siglo, el café y distintos productos menos estudiados como el dividivi así como el palo Brasil, entre otros.

Los documentos del Emisor dicen que hacia 1850 se impuso la tendencia liberal, conocida como radicalismo (1850-1880), la cual contemplaba reformas económicas, sociales y políticas ambiciosas, tales como la eliminación de monopolios estatales, la libertad para trabajar u organizar cualquier negocio, libertad de imprenta, libertad para viajar por el territorio, entrar o salir de él, libertad de enseñanza, libertad de culto, libertad de asociación, libertad para poseer armas y municiones y comerciar con ellas.

 

 

El documento dice que la imposición de medidas y la aplicación asimétrica de las mismas, sumadas a la disímil actividad económica, no todas las regiones, o estados tenían la posibilidad de producir o extraer aquellos productos que se demandaban en otros países, y las diferencias ideológicas y culturales, se tradujeron en la práctica en varios conflictos armados regionales e incluso algunos nacionales: las llamadas guerras civiles de 1851, 1854, 1860-1862, 1876-1877, 1885, 1895 y 1899-1902.

Para el Prestamista de Primera Instancia, aunque existe un relativo consenso acerca de la importancia teórica, práctica y política del modelo librecambista defendido entre 1851 y 1886 por parte de los liberales, sobre todo de los más radicales, cada vez más se reconoce que muchas de sus medidas también fueron compartidas por importantes miembros del partido conservador, el proyecto encaminado a consolidar el comercio internacional parecía estar por encima de la lucha partidista.

Así las cosas, la estrategia se basaba en la idea de que la capacidad empresarial se sustentaba en el aprovechamiento en el corto plazo de los desequilibrios en los precios internacionales de algunos productos como los mencionados anteriormente.

La puesta en marcha de tal modelo trajo, entre sus principales consecuencias, el reconocimiento de la necesidad de aumentar las vías de comunicación, no sólo entre las regiones exploradas o productoras con las de acopio y los puertos, sino con el resto del mundo. Igualmente tuvo importantes efectos migratorios sobre la población.

Saliendo del útil repaso del Banco Central, es notoria la participación del agro en el comercio exterior, pues pese a las exportaciones de petróleo en 1926, después de duros trabajos en 1918, producto de las explotaciones en el campo La Cira-Infantas, concesión hecha al señor Roberto de Mares, el agro fue siempre protagonista en tiempos de la república y en los albores del siglo XX. Un asunto si es bien cierto, el campo produce básicamente alimentos y vida, en tanto que el petróleo y la minería unos bienes básicos que movieron el planeta por largos años, hoy esa tarea la está asumiendo el sol, el viento, el hidrógeno y desde luego los productos agrícolas altamente importantes en la producción de combustibles limpios.

La historia es vital en este trabajo periodístico ya que demuestra que la economía campesina fue esencial, sigue siendo determinante y reclama el sitio que le corresponde, pues a la fecha los campos continúan solos, con bajas siembras y de una lamentable capa caída que invita a revisar coyunturas y devolverle, acto seguido a la ruralidad, el espacio dilapidado por unas importaciones innecesarias que acabaron futuro, empleo y riqueza.

 

Henrry Vanegas Angarita

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, aseguró que se hace urgente ganar terreno perdido en el campo, básicamente en granos como maíz, trigo, cebada y avena para, lo cual hay que tener la capacidad de producir los alimentos que actualmente inundan las importaciones, es decir, es perentoria la sustitución para estabilizar la economía agropecuaria y evitar que siga la tendencia creciente de traer productos sembrados del exterior, un lío enorme habida cuenta que está creando una dependencia que vuelve a Colombia muy vulnerable ante cualquier situación de suministro, logística y orden público, sencillamente porque no hay seguridad alimentaria, se adolece de autosuficiencia y menos producción a nivel interno.

A criterio del dirigente gremial, es importante tener un componente de producción local, tema que debe comprender, no solamente el Gobierno sino la industria y el comercio porque el sector privado debe entender lo determinante que resulta contar con una estructura sólida de producción interna.

Manifestó que el paro y los bloqueos que sacaron de circulación el puerto de Buenaventura causó un gran traumatismo en toda la industria del occidente del país que vio amenazada la producción de pollo, huevo, cerdo, pescado y otras proteínas provenientes del sector pecuario, puesto que todo ese proceso se hace con concentrados de los cuales el 70 por ciento es maíz y el 30 por ciento soya.

La situación, apuntó Vanegas Angarita, invita a la creación y puesta en marcha de una política de estado para el agro porque el país no aguanta más improvisación y menos unas importaciones que destruyen puestos de trabajo, progreso y la agricultura colombiana. Expuso que si un gobierno quiere reactivar la economía, primero debe reavivar el empleo, el mismo que fue atomizado con las compras en el exterior, sobre todo en el sector rural.

Anotó que si el país importa alrededor de seis millones de toneladas de maíz y si la producción nacional promedio es de seis toneladas por hectárea, pues sin tanta ecuación se hace visible que Colombia deja de cultivar un millón de hectáreas del cereal, acabando con 250.000 puestos de trabajo, tomando en consideración que cada cuatro hectáreas generan un empleo permanente, es decir 60 jornales multiplicados por cuatro.

 

“En realidad lo que dejó ver este paro y los respectivos bloqueos es que el detonante social fue la falta de ocupación, porque la gente no tiene ingresos y por consiguiente no tiene forma de sostener a su familia. Una de las cosas que debe mirar el gobierno próximo a asumir el mandato es la apremiante necesidad de defender el empleo, puesto que cuando se habló de los TLC, el ejecutivo aseguró que Colombia exportaría cantidades alarmantes con la respectiva creación de oportunidades laborales para poder atender ese mercado tan grande como el estadounidense, pero resulta que el asunto no fue así, y por el contrario el negocio siguió llenando a Colombia de importaciones, sin mayor dinámica o crecimiento de las exportaciones tradicionales, situación que lleva a que cada día estemos sumamente mal”, declaró el señor Vanegas Angarita.

 

Insistió que el país no puede seguir comiéndose el cuento que es mucho más barato importar, pues escenarios actuales como los mercados internacionales, devaluación y el precio de los combustibles hacen que no sea tan asequible traer productos del exterior, toda una oportunidad para la agricultura nacional que está en capacidad de poner en oferta productos de calidad a menor precio que los importados. Comentó que la situación cambió, pero deploró que inexplicablemente la agroindustria siga aferrada a esquemas tradicionales o antiguos, trazados por la apertura económica de hace 30 años que no aportan al desarrollo rural del país.

Al no haber un cambio, expuso el directivo, algo tendrá que hacer el Gobierno tanto con la empresa privada como con los productores que deben ser conscientes que hay campo para salir adelante y que por ello debe haber producción local, un tema que garantiza una cadena de abastecimiento mucho más estable porque la producción interna alimenta la industria.

 

La hambruna aún tarda

 

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El Gerente General de Fenalce, Henry Vanegas Angarita, sostuvo que de momento una hambruna no va a presentarse porque todavía hay un componente de producción diversificado y de otro lado hay manera de buscar sustitutos, pero enfatizó que hay condiciones que sí pueden cambiar drásticamente, como por ejemplo si se pasara a un gobierno de izquierda, asunto que abocaría al país a un bloqueo comercial, a no hacer negocios y a recibir un trato parecido al de Venezuela. Bajo ese contexto, explicó el experto, le tocaría a Colombia romper el esquema y la dependencia de las importaciones, lo que muestra que la nación es altamente vulnerable.

Desde su tribuna, Vanegas estimó prudente que Colombia diseñe una política que apueste por la producción local tal y como fue concebida la política comercial de apertura y globalización que ha durado 30 largos años sin erigir de manera paralela una estrategia de producción, de estimular las siembras y hacer atractivo el campo. Hoy cuestionó, la ruralidad no tiene nada que exportar porque hay cada vez menos agricultura, ratificando que el país va muy mal.

 

“Hoy vemos más desplazados del campo a las ciudades, las fincas se quedaron solas y a eso hay que sumarle la política de asistencialismo que le quitó la mano de obra a la actividad agrícola. Todos sabemos que muchas personas perciben dinero por los hijos y para no perder ese derecho facilista de ingreso prefieren no figurar en nóminas o en reportes de empleabilidad en el campo, así sea temporal. Hay temores por salir de programas como Familias en Acción, de perder el acceso al Sisben y otras gabelas, un cúmulo de desinformación que aleja a las personas de una nómina formal y los benefactores campesinos no quieren verse expuestos a desprenderse de su dinero o de los subsidios que tienen, literalmente, por no hacer nada”, señaló el Gerente General de Fenalce.

 

El IDEMA, un modelo que debe regresar mejorado

En los últimos días surgió la idea se retomar un modelo parecido al Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, con el fin de garantizar la compra de cosechas a los campesinos, mejorando condiciones y estimulando la producción primaria en todo el país. El modelo busca adoptar partes de la Federación Nacional de Cafeteros y todo lo que pueda replicarse en favor de los sufridos labriegos.

La iniciativa le suena y le gusta a Fenalce, gremio que la acompaña y ve como ideal, ya que Colombia por el hecho de estar globalizada, no puede abandonar el terciar o mediar en su producción y para ello, sostiene el gremio, debe contar con los instrumentos para intervenir un mercado que solo es posible hacerlo con la capacidad financiera para comprar.

 

Imagen tomada de Agrolatam

 

En opinión de Vanegas Angarita, con la liquidación del IDEMA, el Gobierno perdió uno de los instrumentos que tenía de intervención del mercado y aunque mantiene un fondo de comercialización a través de la Bolsa Mercantil de Colombia, el país agrícola y su herramienta de absorción quedó reducida a su mínima expresión en vista que mayormente los problemas que resuelve esa instancia es la comercialización del arroz dando el incentivo al almacenamiento, es decir apagar incendios en aspectos muy puntuales.

Sobre el asunto, Vanegas aseveró que la agricultura debe tener un fondo robusto que pueda comprar los excedentes que vayan dándose en las regiones, dejando claro que el IDEMA en su momento no compraba todo, pues era una entidad que adquiría producción sobreabundante para regular los inventarios, moviéndolos a zonas del país en dónde se necesitaban. Hoy, dogmatizó el Gerente General de Fenalce, el Gobierno puede volver a un mecanismo similar, tener un fondo de comercialización creíble que le diga a los privados, o a los almacenes generales de depósito que compre agricultura en una determinada parte, que guarde productos y los preserve para luego llevarlos a una rueda de negocios, a subastas o ventas públicas, o también como plan de suministro para los tiempos en donde no hay producción.

 

“El campo necesita un fondo vigoroso, pero para crecer también, la ruralidad demanda a través de ese caudal, la construcción de la infraestructura de poscosecha que requiere el país para vender a buen precio y no ofrecer todo como si fuera perecedero. Infraestructura es contar con la capacidad instalada lista para secar y almacenar o para el caso de frutas y verduras, tener a disposición la cadena de frío. Si no se tienen esos bienes públicos será muy difícil crecer porque es lo que se ha venido presentando y como todo el mundo siembra con las lluvias, cuando llega la cosecha, el mercado no puede absorber a la misma velocidad con la que se recolecta, entonces se caen los precios porque el agricultor vende como si su producto fuese transitorio o temporal, cuando los granos básicos pueden secarse, almacenarse y suministrarse durante todo el tiempo. Eso es lo que tenemos que organizar, una verdadera infraestructura de poscosecha, luego si llegan unos recursos presupuestales establecidos se pueden ir construyendo los citados bienes públicos que requiere el país poco a poco porque contar con el andamiaje en su totalidad es complicado por lo costoso”, puntualizó Henry Vanegas Angarita.

 

 

Recalcó que, en lugar de los inoficiosos subsidios, ideales para apagar incendios, el ejecutivo debe ir al fondo y resolver una situación de una vez por todas, como es la construcción de la infraestructura de secamiento y almacenamiento de granos básicos y el encadenamiento de frío para las frutas y las verduras.

En su análisis, el dirigente consideró que en su momento, el país perdió dos activos importantes y trascendentales como el IDEMA y la Caja de Crédito Agrario que mutó al Banco Agrario de Colombia, pero marchitaron el ente vital para regular el mercado y jamás hubo una entidad de iguales características.

Afirmó que en agricultura no se necesita cerrar fronteras sino tener la infraestructura productiva para crecer que no es como los planeadores lo creen, exclusivamente vías y puertos, no, si bien es un tema esencial, las regiones carecen de mecanismos de producción altamente competitivos como se observa en las fincas que ni cuentan con bodegas, depósitos o el granero que hay en cualquier parte del mundo.

Lamentó el gerente que en Colombia se hacen siembras en predios que no tienen casa, en predios pelados, una situación que solamente se ve en el país, no en vano llamado del “Sagrado Corazón” porque cuando una persona va a una zona productora del mundo ve silos, elevadores, depósitos de granos y muchas más soluciones.

 

“Están mejor en infraestructura productiva de granos cualquiera de los países vecinos, llámese Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay o Panamá, ellos están mucho más adelantados que nosotros, parece increíble”, anotó Vanegas.

 

Colombia debe prepararse para retomar comercio con Venezuela

 

Imagen de mrcolo en Pixabay

 

Una realidad de Colombia es que Venezuela es su socio natural como también histórico, e independiente de ideología, credo o sus tendencias, mientras puedan pagar los productos, lo correcto sería venderles, una dinámica que aliviaría la situación de abastecimiento en el vecino país y pondría a la pyme colombiana a trabajar para dos mercados al igual que al sector primario.

No hay que olvidar que las últimas ventas a Venezuela representaron más de 7.000 millones de dólares. Según el Gerente General de Fenalce, Colombia debe recuperar muchos mercados, en principio los locales de producción local como maíz y soya, retomar la avicultura, la porcicultura y el de la industria de balanceados que en definitiva se perdió. Otro reto, estimó, es reconquistar el mercado con los vecinos como Venezuela, o al menos estar preparados para cuando la situación geopolítica cambie y de esa manera poder atenderlo.

Lo mismo, invocó, Colombia debe recuperar el liderazgo que tuvo en la Comunidad Andina de Naciones, un mercado con 50 años de historia y lamentablemente el país está peor que hace cinco décadas.

 

Urgente volver al nivel de precios de la canasta familiar antes del paro

 

Imagen de 旭刚 史 en Pixabay

 

En los momentos más agudos del paro nacional que tuvo bloqueo de vías y un traumatismo alarmante en toda la geografía nacional, los precios de los productos básicos reportaron una trepada inusitada con cargo a las vías de hecho. El asunto fue tan tenaz que una libra de carne que costaba en promedio 10.000 pesos pasó a 19.000 pesos, hoy su valor se ubica en la mayoría de los expendios en 14.000 pesos, los huevos que valían 13.000 pesos pasaron a 17.000 pesos, el pollo en algunas tiendas sigue en 7.000 pesos y así sucesivamente con varios productos de la canasta básica, incluidas frutas, verduras y otros como el aceite que dio un brinco de 22.000 a 28.000 y 30.000 pesos. El asunto es complejo porque hoy el país es uno de los más costosos de la región sin que nadie diga o haga algo.

Ante este escenario dantesco, producto de la anarquía, el descontento y la anomia, el Gerente General de Fenalce dijo que es grave tener a la fecha los precios de paro y bloqueos lo cual muestra un problema típicamente colombiano, ese que cuando las cosas suben no vuelven a bajar, un lío que amerita la atención de los órganos de control, toda la intervención del Gobierno porque no se puede seguir especulando con precios, jugar al acaparamiento o desconociendo el fenómeno económico de la oferta y la demanda que impone unos lineamientos.

 

“Hay unas prácticas amañadas y poco éticas que se tienen que corregir, en ese sentido muchas veces vemos que en ocasiones cae el petróleo en el entorno internacional y la gasolina en Colombia jamás baja de precio. Tenemos un costo país que nos encarece artificialmente las cosas y nos dejan fuera de las oportunidades de mercado porque esa situación no sucede en los países con los cuales competimos. Con esa misma tendencia permitimos que se encarecieran todos los insumos pues la urea subió de precio y nada que cae, la semilla trepa en valor y no sede, una situación que impacta los costes sin que haya una investigación paralela, trastocando la competitividad hasta sacar a muchos del mercado, no por el modelo económico sino por al abuso y la distorsión de precios”, aseveró Vanegas Angarita.

 

Imagen-de Gerd Altmann en Pixabay

 

La actual coyuntura invita a tener más elementos de control y una autoridad consistente que no deje al libre arbitrio del que tenga un producto, el manejo irregular en materia de precios, haciendo todo lo que le antoje en desmedro de quien demanda bienes. Debe haber, escribió el directivo, un comercio justo y un intercambio en donde el mercado ayude verdaderamente a regular los valores al público.

La situación se da en todos los niveles, denunció Fenalce, puesto que no hay un control estricto en la calidad de las mercancías que se importan al país, advirtiendo que una cosa es hablar de bienes como tal y otra bien diferente, el ingreso de alimentos que tampoco tiene las rigurosas inspecciones comunes de los demás países. El asunto, subrayó el gremio, no pasa por maíz o soya de mala calidad, igual hay arroz, cebadas, azúcar y frijol de pésima característica, eso sin hablar de lactosuero que entra como leche. No menos apremiante es ver productos con gorgojo y otras plagas que son combinados con grano nacional, todo un riesgo para la seguridad alimentaria y la producción local.

El tema no es mínimo, dijo Henry Vanegas Angarita, en vista que si entran plagas, enfermedades o residuos tóxicos, se pone en riesgo la salud humana, pero igual la agricultura colombiana que debe exigir con todo rigor el servicio de inspección cuarentenaria que opera en todos los países para velar por la seguridad del aparato productivo.

Fenalce nació el 30 de junio de 1960 y gracias a la Ley 51 de 1966 fue creada la Cuota de Fomento Cerealista como la columna vertebral de la inversión en la modernización e innovación del sector cerealista puesto que el recaudo de dicha asignación tiene como objeto la investigación y la transferencia de tecnología, así como el apoyo a la comercialización. Por el entorno de diversificación la Ley 114 de 1993 creó la cuota de Fomento de Leguminosas.

No sobra decir que cerca de un millón de familias derivan su sustento del cultivo de cereales y leguminosas, un dato importante porque muestra todo el componente de equidad, tejido social y el compromiso con la calidad de vida de los agricultores. Aparte de las leguminosas, Fenalce, con sede en Cota, Cundinamarca y 14 oficinas regionales, representa a los productores de trigo, sorgo, cebada, maíz y avena.

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