Sábado, 20 Noviembre 2021 01:11

Agricultura amenazada por costos de fertilizantes e insumos: Gremios

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Agricultura amenazada por costos de fertilizantes e insumos: Gremios Imagen de Kevin Schwarz en Pixabay

La crisis global logística que encareció los fletes, la devaluación, y el alto precio del petróleo dispararon los precios de los insumos agrícolas a niveles imposibles para el labriego. La solución, cambiar el chip.

Hay una realidad cruda que dejó la coyuntura para afianzarse como el gran problema de la economía mundial y es el alto precio de las materias primas, un tema que afecta el sector primario y el grueso de las actividades productivas. El asunto no es culpa del gobierno, de la Federación Nacional de Cafeteros ni de las autoridades encargadas del comercio internacional, es un tremendo lío que perturba a la totalidad de los países, todos dependientes de la cruda ley de la oferta y la demanda, exacerbada por estos tiempos de pandemia en donde los más ricos se abastecen y acaban con las reservas en tanto los pequeños quedan expectantes, sin provisión o pagando insumos a valores inviables.

Lo grave del tema es que, de seguir la tendencia de insuficiencia de contenedores, buques y todo lo que implica logística y transporte, habrá un mayor precio en los fertilizantes y materias primas para el campo, cuestión que hace convergencia con la enorme devaluación y el alto precio del petróleo, como quién dice, los tiempos son malos y tienden a dañarse.

Este medio habló con avezados en el tema agrícola y desde esa tribuna de pleno conocimiento, los expertos en agricultura previeron dificultades que pueden sacar finalmente al labriego de sus siembras, fomentar quiebras en el sector, pleno castigo de la rentabilidad y un desabastecimiento peligroso. De igual manera dicen que hay salidas que van desde el cambio de pensamiento hasta un revolcón en los sistemas productivos para hacer de la labranza una tarea amable, sana y de altos rendimientos.

Los invitados dicen que todo es posible de superar, inclusive mejorar lo presente para entrar por la senda de la innovación, aclarando que el producto colombiano proveniente de la ruralidad es de altísima calidad, hoy por asuntos externos, en buena hora, a menor precio.

 

Espantajos como arroz

 

Rafael Hernández

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, Rafael Hernández Lozano, anotó que más que unos fletes caros y unos productos al alza, el problema de los agricultores es que los insumos no llegan al país y el que logra arribar a los puertos sale a unos valores que asustan, porque difícilmente un agricultor puede cubrir sus costos de producción con aumentos en las materias primas que superan el 300 y el 400 por ciento.

Indicó que sin duda el flete tiene un peso específico muy importante en los precios de los insumos, especialmente en los fertilizantes que generalmente son importados en altos volúmenes, luego se da de hecho un incremento en los costos de producción, llevando una considerable preocupación al arrocero por cuanto no se sabe, con todo lo que está pasando, qué va a pasar con las siembras de la cosecha grande a partir de febrero, marzo o abril de 2022.

 

“Esa es una inquietud que tiene en vilo al arroz y a todos los cultivos, no obstante, el sector arrocero suele ser intensivo en el uso de fertilizantes, especialmente de hidrógeno. Hay un momento difícil para la agricultura, los abonos subieron a tasas increíbles y hoy la preocupación en enorme frente a la próxima cosecha si la situación no logra normalizarse. Los expertos dicen que el problema no quedará conjurado antes del primer o segundo trimestre del año próximo, inclusive aseguran que hay temas que llegarán hasta 2023, luego ante semejante panorama uno no sabe qué hacer”, declaró el señor Hernández Lozano.

 

Los inconvenientes son aún más grandes por cuanto en arroz, el índice de precios al productor está muy por debajo al de 2020, pues en ese periodo el agricultor vendió la carga a 150.000 pesos en promedio y hoy esa misma cantidad vale 110.000 o 120.000 pesos como máximo, lo que muestra que el labriego no está cubriendo los costos de originar un alimento básico en la canasta familiar.

Con el actual momento, el precio al arrocero tuvo que ser alrededor de 26 o 27 por ciento porque tal y como están hoy, es retornar a los valores de 2020, nada diferente, pero con inconvenientes como los fletes, los costos de las importaciones y la tasa de cambio que está disparada, es incierto a dónde puede llegar la situación frente al valor de los insumos.

 

A la agricultura le tocó reinventarse

 

Imagen de Franz W. en Pixabay

 

Las voces que llegan de Asia dan cuenta que el problema logístico será de largo aliento a causa de que el reacomodamiento tomará un buen tiempo, complicando las cosas para la economía y sus sectores productivos, empezando por la agricultura que demanda un plan B y una reingeniería sectorial para mirar la manera de sembrar con eficiencia, bajando cantidades de insumos y ganando en rendimientos.

Ante ese reto, Hernández dijo que Fedearroz viene trabajando desde 2012 en la reducción de costos de producción porque la salida parcial al lío de hoy es utilizando menos insumos. La Federación viene dando pasos agigantados en materia agrícola con el exitoso programa de Adopción Masiva de Tecnología, mejor conocido como AMTEC que redujo el uso de fertilizantes, plaguicidas, herbicidas, fungicidas, semillas y agua.

El gremio invitó a los productores a poner en funcionamiento el programa AMTEC, con el cual los arroceros bajaron hasta en un 30 por ciento los costos de producción, dejando claro que es parte de la solución, mas no la panacea total porque es muy superior el costo de los agroinsumos a la disminución que se puede dar, pero reconoció que es un fragmento que se puede complementar con algunas políticas del Gobierno porque llegará el momento de una intervención del ejecutivo colombiano si las cosas siguen agudizándose, puesto que se haría perentoria una ayuda a la agricultura tal y como lo vienen haciendo otros países en vista que la producción de alimentos no puede disminuirse ni puede presentarse desabastecimiento en productos tan importantes como el arroz, el maíz o la papa entre tantos.

 

Agricultura está en alto riesgo

Hablando de números y resultados, una conclusión genera alarma y es que, si el agricultor ve castigada su rentabilidad y se ve expuesto a la quiebra, por razones obvias sale del campo y concentra sus inversiones en otras actividades. Nadie sensato está dispuesto a regalar su trabajo, a exponer su tranquilidad y su patrimonio, si la agricultura no da, sencillo, la dimisión es el camino, triste y extremo, pero consecuente.

En opinión del Gerente de Fedearroz, al paso en que va la agricultura como negocio, con insumos por las nubes y posiblemente más arriba, se hace inviable ya que no solo afectará las finanzas de quién siembra sino del consumidor que verá precios más altos en el mercado.

 

 

Por esa razón, estimó Hernández, es mejor que el Gobierno tome medidas con los productores, así haya que ayudar desde el sector, pues en Fedearroz el trabajo es intenso en temas técnicos, científicos y económicos para disminuir los costos y aumentar los rendimientos, meta que se ha logrado, falta ver, expuso, que los agricultores, definitivamente, tomen la determinación de acoger estos programas y que el Gobierno también los facilite con créditos blandos para maquinaria, producción y otros frentes de optimización agrícola y pecuaria.

 

“Hay líneas de crédito vía Finagro en este momento para el campo y es algo que no se puede desconocer, pero la situación pide soluciones más intensas para que refleje un efecto en la producción al bajar costos, utilizando maquinaria moderna, tecnología y prácticas que conduzcan a mayor competitividad y eficiencia”, afirmó el directivo.

 

Hernández Lozano reconoció que la situación logística y por consiguiente de tarifas, así como de precios terminó saliéndose de órbita, un entorno apremiante que postró a toda la producción agrícola y ganadera, incluyendo aves de corral y especies menores.

Para el dirigente gremial, el factor que más afecta el arroz es el alto precio de los fertilizantes, lo cual hace repensar algunos métodos y aplicar menos abonos sin que tenga que se trate de un porcentaje muy alto porque conllevaría a bajar los rendimientos, la producción y el abastecimiento.

La inflación generada por logística es un problema mundial, pues se ven los impactos en Estados Unidos, Unión Europea y la misma China. El escenario es delicado, recalcó, porque puede generar desabastecimiento de alimentos en el mundo debido a que los precios actuales de los insumos impiden producir de una manera eficiente.

En crisis como la actual, sustentó Rafael Hernández, es donde sale a flote el problema de no producir los alimentos en el país. Manifestó que la triste realidad de hoy deja en muy mala posición a aquellos que pregonan que es más barato importar que producir. En este momento es visible que es casi imposible traer productos de otras latitudes y ratifica la teoría de contar con un abastecimiento de índole nacional.

Este año al igual que en 2020 no habrá necesidad de importar arroz y prueba de ello es que las compras externas del cereal fueron mínimas ya que no hubo demanda en el mercado internacional para traer el alimento a Colombia, precisamente porque el grano local está más barato que en Estados Unidos, Ecuador o Perú tal y como pasa con el maíz, lo que lleva a concluir que el Estado tiene que replantear la política para el sector agropecuario, lamentablemente la cenicienta de los mandatos y el más sacrificado en todas las negociaciones bilaterales, como quedó sustentado con el arroz.

 

Este problema de los insumos no está en manos ni siquiera del Gobierno, porque se trata de factores exógenos que no maneja el ejecutivo que no puede hacer nada con los fletes de la China o de cualquier parte del globo. Ningún gobierno puede maniobrar y para colmo según datos de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, el movimiento de carga hacia Colombia no cubre ni el cuatro por ciento del mercado mundial, una cifra que pone en entredicho el poder de negociación del país ante estas situaciones. Estamos enfrentados a pagar fletes caros, costosos y para rematar de últimas en la fila para comprar y transportar, algo muy complejo que nos preocupa demasiado de cara al futuro inmediato”, puntualizó el Gerente General de Fedearroz.

 

Colombia el país de las dicotomías extraña hoy la Flota Mercante Grancolombiana, naviera que en este momento de crisis hizo falta para dar soluciones, pero como dijo Rafael Hernández, el país acabó con todo lo bueno que había.

 

El problema, parte del cambio que pide la Colombia agraria: Fenalce

 

Henrry Vanegas Angarita

 

El Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, no descartó que vengan aumentos adicionales en los precios de los fertilizantes y demás insumos agropecuarios porque todo indica que los abonos a base de compuestos nitrogenados como la Urea, seguirán esa alarmante tendencia.

Señaló que ahora lo importante es buscar fuentes órgano-minerales y algunas alternativas biológicas que puedan contribuir a minimizar lo que venía usando el país agrícola en dosis o concentraciones de fertilizante.

 

No puede ser que la única práctica agronómica sea fertilizar y hacerlo con un solo producto. Tenemos que buscar opciones y no podemos dejar de lado que en Colombia tenemos fosforita, escorias Thomas y diferentes alternativas como cales y otras fuentes de abono llámense la uvita, leonardita y elementos que se pueden mezclar para reducir la fertilización con síntesis química, por lo menos rendirla con una mixtura conveniente, práctica y rentable”, sostuvo el Gerente General de Fenalce.

 

El inconveniente de hoy hace que el ser humano entre a replantear las prácticas agrícolas porque puede hacer uso de la antigua usanza, de la innovación y de apostar por fórmulas que suelten el nudo de la gran dependencia que existe por los agroquímicos. Acentuó que la única decisión de manejo agronómico no puede seguir siendo la fertilización química en los cultivos.

En ese orden de ideas, dijo Vanegas Angarita, es recomendable rotar con leguminosas porque este tipo de plantas tienen la cualidad de fijar nitrógeno atmosférico a través de los nódulos de la raíz, del llamado rizobio. Así las cosas, explicó, hay que hacer la traslación agrícola para ahorrar en la próxima plantación entre dos y tres bultos de Urea. A la par con esta práctica, recomendó Vanegas, es importante tener, no solo coberturas muertas de residuo de cosechas sobre la superficie, sino también coberturas vivas, con el fin de que aquellas plantas que están haciendo fotosíntesis, lleven los metabolitos a la raíz para aumentar la materia orgánica y garantizar con ello un mayor balance nutricional como también dinámica en la actividad microbial.

 

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Expuso que, en aras de una mejor agricultura, hay que contar con los abonos verdes y tener cultivos de cobertura en la época seca para incorporarlos posteriormente en actividad de labranza. Precisó que, si los productores de la ruralidad recuperan el equilibrio del suelo, si vuelven a la agregación y a la buena porosidad, habrá mayor eficiencia en los cultivos. Por su experiencia en el manejo de suelos, Vanegas Angarita dijo que en suelos compactados no basta con las cantidades de abono aplicado porque esa condición física impedirá que la planta pueda aprovechar el químico irrigado.

De cara a la eficiencia, dijo, lo primero que hay que hacer es una labranza correctiva, empezando desde los sistemas de labrado con sembrado vertical sin voltear el suelo o sacando todos esos micro-organismos que hacen labor vital en la fertilidad del terreno cultivable y que terminan afectados con la exposición al sol. El Gerente General de Fenalce Instó a los agricultores a trabajar decididamente con coberturas de plantas y residuos que conduzcan a una buena actividad microbial.

 

Estábamos aferrados a los químicos hasta que hizo crisis esa situación, ahora tenemos que innovar, aplicar muchos conceptos de la agricultura regenerativa, es decir recuperar el suelo que como todos saben viene enfermo y ello obliga a mirar y trabajar por su salud. Lamentablemente hubo una enorme dependencia química, pero la tierra de cultivo tiene un componente mineralógico de su propia formación, igual tiene agua, aire y porosidad que permite el desarrollo de un elemento biológico. Repito, Estamos en la obligación de rescatar los suelos metiéndole raíces y materia orgánica”, ilustró el ingeniero agrónomo.

 

Estimó que, con ese tipo de labor, el productor entra por una verdadera senda de buenas prácticas agrícolas, retomando tareas conservacionistas y recuperando suelos.

 

El país y su agro deben entender que el mundo cambió

Sobre el tema de moda, logística, sobrecostos y drama en los sistemas productivos el directivo comentó que el país, su ruralidad y las empresas deben comprender y aceptar que el mundo experimentó un profundo cambio, una condición que hará que el mismo ser humano mude de aires, replanteando sus rutinas y haciendo del campo una empresa en donde todo se haga bien.

 

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Aseveró que muchos en el globo y en el país se resisten a admitir que el pensamiento y la forma de actuar deben hacerse de otra manera. Sostuvo que hay una nueva condición geopolítica que giró abruptamente, por ejemplo, importar ya no es más barato, pero Colombia se dio el lujo de atomizar todo el aparato productivo, dependiendo de las importaciones como si se tratara de un país rico nadando en dólares.

Vanegas Angarita expresó su preocupación en vista que el problema de hoy no es coyuntural, no pasará pronto y ni el Gobierno ni los empresarios quieren cambiar. La tragedia, anotó, es la puerta de la renovación pues toda crisis trae su oportunidad y en este momento estamos en un contexto diferente, en otra realidad, nada será igual.

Esta crisis, dogmatizó el experto, puede ser la oportunidad para muchas cosas como por ejemplo hacer una agricultura más eficiente, profesionalizada y de altos rendimientos. Con esta experiencia, las prácticas de abono van a cambiar porque en Colombia si un productor aplicaba 20 bultos de fertilizante el agricultor de al lado utilizaba 22 bultos, pero no por un análisis químico, sencillamente porque sí, una labor hecha por costumbre enteramente carente de criterio y conocimiento técnico.

Dentro de las apuestas pendientes está el que las máquinas viejas cuenten con un paquete de sensores para que las haciendas o predios hagan uso de su propio mapa de rendimiento y así saber qué parte de la propiedad es más eficiente y apropiada para la siembra. Ese mapa, añadió Vanegas, supone que se pueda programar de una manera eficaz la fertilización.

La agricultura local deja ver improvisación, falta de conocimiento y pérdidas porque muchas veces se ponen cantidades de abono que en la mayoría de las veces no se necesitan. La crisis, dijo, puede llevar a que los agricultores hagan las cosas mejor, aplicando técnicas apropiadas, conociendo los suelos y llevando orden al campo, eso implica poner abono suficiente, adecuado y enriquecido porque finalmente es el que da la plata.

 

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Cuando se habla de una actividad agrícola de punta necesariamente deben considerarse diversas opciones tecnológicas como la agricultura de precisión, los drones, telemetría y muchas otras que incluyen fotografía satelital. La alternativa para mejorar no se da como anteriormente se hacía caminando y explorando la finca, la gran ventaja es que los predios pueden observarse en detalle desde las alturas y en un monitor.

A criterio de Vanegas, con todo el reto tenaz que está encima de los agricultores, en Colombia hay margen para replantear, revisar y hacer las cosas al derecho porque la agricultura no estaba forjándose debidamente.

Un punto adicional según el versado es la necesidad de investigar y romper la sumisión tecnológica sobretodo en momentos en que hay dependencia en alimentos, en semillas, fertilizantes y en todos los insumos, el país está en una subordinación abrumadora, a lo anterior sumando una pobreza franciscana en materia de recursos, tecnología y prácticamente en todo.

Un punto a tener en cuenta precisó el Gerente General de Fenalce, es la forma de fertilizar, porque muchos agricultores tiran el abono sobre arbóreo o las matas cultivadas sin saber el nivel de evaporación de la Urea y el de aprovechamiento de la planta. Esas prácticas hay que dejarlas por completo porque una buena agricultura es la que entierra el abono para evitar la ebullición o gasificación.

Afirmó que, para abonar bien, el tema no es esperar que sobre el suelo húmedo quede la mancha blanca del fertilizante ya que, al perderse la humedad de la superficie del suelo, en ese proceso se va también la costosa aplicación.

 

Una historia lamentable titulada Ferticol

No puede omitirse que Colombia tuvo su propia planta de abonos y agroquímicos pues en 1966 nació Ferticol, una empresa que empezó a marchitarse en 1999, abandonando una actividad perentoria porque abastecía la agricultura, ahorraba dinero y permitía unos precios justos al productor.

La compañía cedida por la nación al departamento de Santander fue víctima de la corrupción por cuanto fue saqueada y desarticulada, el extremo llegó a que hubo venta de lotes y activos que sumaron en su momento 60.000 millones de pesos.

Al igual que la Flota Mercante Grancolombiana, Ferticol hace parte de las empresas que en la actual situación hubiesen dado una mano importante por logística y autoabastecimiento de fertilizantes, infortunadamente en el país campea el hampa y todo lo indebido, desde tribunas que se rasgan las vestiduras cuando se habla de quebrantos a la probidad. Válgame, Dios.

Fertilizantes Colombianos tuvo en su apogeo planta en Barrancabermeja en donde producía Nitron Doble N granulado 26, Nitron 26 líquido, Nitro-Cal, Nitro-carber y otras líneas de petroquímica. La empresa en liquidación es un fiasco enorme justo en momentos en que el país requiere de productos químicos y soluciones para su agricultura.

 

La prisa y las compras desesperadas están maltratando el costo de vida

 

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El problema de los altos precios en alimentos, insumos y bienes en general dilucidó Vanegas, obedece a que todo el mundo está tratando de abastecerse al tiempo y lo más complicado de sobre-aprovisionarse para asegurar alimentos y bienes básicos, un asunto serio porque como nunca, la humanidad paró sus actividades por la pandemia, las factorías no cuentan con el stock suficiente para atender una demanda general y en simultánea.

 

“Yo creo que eso se va a recuperar en cuestión de tres, cuatro o cinco años, tiempo para la normalización, pero reitero, nunca habíamos frenado actividades simultáneamente, todo un caos porque se dejaron de producir insumos, materias primas y desde luego bienes terminados. En este momento lo que el mundo pida no lo hay y si algo queda sale peleado porque todos quieren comprar. Es cierto hay fletes caros, no hay barcos, hay inconvenientes, pero estoy seguro de que todo eso se va a ir decantando y apaciguando en la medida en que la alarma y los deseos de sobre-abastecerse se calmen, apartando el miedo y la incertidumbre”, concluyó el Gerente General de Fenalce.

 

Fertilización, una inquietud agrícola de toda la vida

Hace 12.000 años aproximadamente el hombre ha cultivado la tierra e igual criado animales, desde ese momento empezó a buscar alternativas para mejorar los rendimientos, prevenir daños y optimizar los procesos productivos.

Las culturas milenarias fueron muy entregadas a la labranza y el acopio de alimentos y por ello en Mesopotamia se hablaba de la fertilidad de la tierra 2.500 años antes de Cristo. En ese tiempo era muy común ver agricultores observando suelos y por ello hay escritos que precisan que, en cebada, gracias a la generosidad de la tierra se reportaban cosechas que multiplicaban en 86 o hasta 300, la cantidad de semilla cultivada.

Los labriegos de la antigüedad, inquietos y con agudo ojo avizor, notaron que al ser recurrente la siembra, bajaba la calidad de los suelos, razón por la cual acudieron a prácticas de abono con animales muertos y plantas igual en descomposición para potenciar las áreas de siembra.

 

 

Desde tiempos milenarios los agricultores notaron el efecto de la descomposición de cadáveres y el positivo efecto del estiércol en la labranza, unas prácticas que mejoraba la producción, haciendo más voluminosas las cosechas.

En materia de agro química podríamos pasar meses hablando o escribiendo, el tema va desde los trabajos de las civilizaciones antiguas hasta las tremendas investigaciones de Robert Boyle, que en opinión de sus contemporáneos fue el padre de la química moderna. No se puede pasar por alto que en 1645 nace la Royal Society of London for Improving Natural Know que habló de la necesidad de clasificar los suelos desde el ámbito científico y de manera paralela especificar el valor de sus atributos con el fin de alcanzar un desarrollo determinante en la agricultura.

Boyle utilizó sales obtenidas en los establos y corrales de vacunos, igual boñigas de los mimos, en las cuales encontró grandes concentraciones de nitro, lo cual explicaba por qué al usar estiércol orgánico, aumentaba la productividad y mejoraban las recolecciones de alimentos provenientes del campo ya que la fertilidad en la tierra cultivable y la importancia del estiércol obedecía en su totalidad a los efectos derivados del nitrato potásico.

Después de pruebas, estudios, tratados e investigaciones hace más de un siglo, el ser humano le encontró la comba al palo y entró en la industria de los nitratos, ello consecuencia del trabajo de Fritz Haber y Carl Bosch, que lograron sacar provecho del nitrógeno del aire para producir amoniaco, materia vital de los fertilizantes que a su vez resultaron esenciales en la producción agrícola a gran escala, una solución alimentaria para el planeta. La novedosa síntesis química mejoró las siembras, aumentó las cosechas y les dio la bienvenida a los fertilizantes nitrogenados, un desarrollo que le mereció en 1918 el premio Nobel de Química.

Pese a su enorme aporte a los procesos productivos de alto rendimiento en el campo a Fritz, lamentablemente se le recuerda como el padre de la guerra química luego de haber experimentado con el diabólico gas letal.

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