Domingo, 05 Diciembre 2021 01:37

Genética y ganado criollo: El orden de los factores sí altera el producto

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Los productores de razas rústicas y adaptadas exitosamente al trópico aseguran que es hora de multiplicar el hato y hacer mejoramiento genético sin dañar las características de los bovinos.

Sin duda alguna los productos originales son los mejores, igual el mercado permite réplicas y combinaciones que pueden dar una mano en rendimientos tal y como pasa con la cría de animales de explotación, empezando por los bovinos y pasando por ovinos, caprinos, equinos, porcinos y aves de corral. La idea es lograr un mejoramiento genético que aumente los rendimientos, eso sí, cuidando las particularidades de cada especie.

En crías vacunas, hay una serie de trabajos sobre las razas que mayor rendimiento muestran, pero generalmente la mayoría de los cruzamientos tienen que ver con razas puras o ganados criollos que aportan resistencia, rusticidad, acoplamiento y rentabilidad.

Hoy, con el cambio como el gran desafío, las razas criollas están llamadas a tener todo el protagonismo, puesto que en trópico alto y bajo han demostrado un potencial envidiable y admirable, una razón de peso para decir que este tipo de ganado está empezando a recuperar el terreno perdido por las modas y las importaciones de razas que inclusive no lograron llenar las expectativas.

No hay duda de que el país creció con ganados criollos o europeos, con el llamado Bos Taurus, un animal resistente, de doble y hasta triple propósito que resultó rentable en las fincas de los abuelos o bisabuelos, en fin, de toda una saga de criadores que le dieron seguridad y soberanía alimentaria a Colombia, todo a fuerza de creer en las bondades de los atávicos rumiantes, esos que desde hace 8.000 o 10.000 años han aportado carne, leche, trabajo y cuero.

Colombia es el país de América con mayor diversidad de ganados criollos, no en vano están vigentes y con ganas de volver a las grandes ligas, de donde nunca debieron salir, el romo del Sinú, Blanco Orejinegro, BON, Casanareño, Chino Santandereano, Costeño con Cuernos, Hartón del Valle, Sanmartinero y dos adicionales denominadas sintéticas como Velázquez y Lucerna. Como es apenas visible, el país ganadero ha hecho la tarea y algunos con alto grado de aprecio, gratitud y sentido común, le dieron sustento a una base genética importante y a futuro determinante.

Otros se fueron por razas importadas, algunas de muy buena calidad y otras posiblemente desconocidas, pero como dice el dicho en cría de bovinos, el país mató el tigre y se asustó con el cuero. A tal punto se miró con desdén el Bos Taurus, que muchos países aprovecharon cualidades y consiguieron mejorar sus hatos y ranchos con animales espectaculares que lograron sostener los perfiles originales de la raza.

 

Germán Martínez Correal

 

El presidente de la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Criollo del Llano, Asocriollanos, Germán Martínez Correal, le dijo a Diariolaeconomia.com, que el mejoramiento genético es una práctica imperativa de cara a buscar mejores rendimientos en carne y leche, pero advirtió que de no hacerse un cruce selectivo adecuado y previamente estudiado, se expone a que los atributos del bovino histórico se pierdan.

Señaló que el tema genético invita a la prevención y el máximo cuidado, tomando en consideración que generalmente el hombre siempre busca mayor producción de leche y carne en bovinos, pero igual mayores rendimientos en otras especies. Con poblaciones muy pequeñas, al hacer el esfuerzo en selección, precisó, los riesgos son demasiado altos.

Aclaró que, al ejercer una presión muy grande en la citada clasificación para mayores obtenciones, los animales fácilmente pueden perder adaptación y con ello los rasgos de resistencia al estrés, pone en riesgo los requerimientos de nutrición y la tenacidad para soportar enfermedades y parásitos, como quien dice, lo que se hace con la mano se borra con el codo.

El experto puntualizó que, de cara a retomar una ganadería ancestral, es inevitable acudir a una estrategia juiciosa y analítica de cada raza, todo acorde con el número de animales. El asunto no es otro, aseveró, que aumentar el hato ganadero criollo manteniendo la pureza y características de los linajes o combinándolas con especies de enorme recepción, verbigracia los cebuinos.

 

“Debemos tener en cuenta que genéticamente y en aras de preservar nuestras razas criollas, el orden de los factores sí altera el producto. Primero lo primero, y la fila de prioridades la encabeza el aumento de población bovina, tenemos que incentivar la cría de estos rústicos imperdibles con el fin de tener la semilla básica y así poder trabajar más tranquilamente en temas de selección, cruzamientos y aumento de las especies en riesgo, repito, en principio hay que fomentar la cría y multiplicar el hato criollo y para eso hay tecnología, genómica y la manipulación del ADN”, dijo Martínez Correal.

 

Ese tipo de mejoramiento lleva a invitar a los ganaderos y técnicos nacionales a propender por una actividad rentable, limpia y sostenible. Es por eso, dijo que se hace perentorio creer en lo que tiene el país desde hace siglos y fomentar arraigo. Agregó que Colombia debe mirar la ganadería más productiva y menos productora porque hay razas especializadas que generan mayores rendimientos, pero a un mayor costo, castigando considerablemente el margen de la ganancia.

Un vacuno criollo no puede competir en leche o carne con razas importadas y de alto costo, porque tienen unas peculiaridades determinadas, sin embargo, llevan una delantera muy estimable en el manejo de entornos difíciles, gracias a su resistencia, aguante y todo lo que el hecho de ser milenarias les dio para ser especies bovinas competitivas.

 

Costeño con cuernos

 

La ventaja de adaptación y rentabilidad con los vacunos criollos es total, habida cuenta que demandan menos agroquímicos para el control de enfermedades o parásitos, menos gasto en alimentos concentrados ya que los criollos todo lo ven como forraje al ser especies que crecen perfectamente bajo sistemas silvopastoriles, en síntesis, costos de mantenimiento mucho más bajos y a cambio el productor avala alimentos totalmente orgánicos, inicuos y amigos de la salud humana, una exigencia del mercado global.

 

“La carne que ofrecemos los criadores de ganado criollo es, no solamente de excelente sabor y ternura, sino limpia, totalmente libre de antibióticos, hormonas, medicamentos o químicos, estamos hablando de animales resistentes que digieren perfectamente lo que que coloquialmente se conoce como vacunas nativas, es decir la capacidad de estos bovinos para asimilar la resistencia biológica o natural, un punto a favor del agricultor porque hay toda una oferta ambiental desde el punto de vista alimenticio, lo cual redunda en una conversión de alimentos más sanos, que vienen de bovinos con espectacular propiedad organoléptica, tan majestuosos que no le envidian nada a los animales foráneos que producen más, a cambio de mayor inversión, haciéndolos poco confiables en su misma sostenibilidad económica y ambiental”, declaró el señor Martínez Correal.

 

A juicio del directivo, el ganadero está aterrizando porque ve la necesidad de producir con eficiencia, un objetivo que es viable, bajando los costos de producción, cuidando suelos y ahorrando, una garantía que únicamente ofrece el vacuno criollo. Lamentablemente, deploró Martínez, el hato autóctono no llega a 40.000 cabezas y cinco de las nueve razas hoy están al borde de la extinción por la importación de genética. A la fecha están amenazadas razas como el Casanareño, chino Santandereano, Costeño con Cuernos, Caqueteño y Campuzano, un bóvido que ingreso en tiempos de la conquista por la península de la Guajira, una tragedia en el marco de las especies en mención, porque se pierde un patrimonio de gran valor, expresado en fertilidad, rusticidad, mayor número de nacimientos y ganancia de peso entre tantos atributos.

Del total de semovientes, puede decirse que los ganados puros superan, mal contados, los 20.000 en las distintas razas, dejando claro que los linajes criollos se complementan magníficamente con la raza cebú, Bos Indicus con el que tiene una admirable habilidad combinatoria.

Al ser el cebú la gran base de la ganadería colombiana, el ganado criollo está salvándose porque aporta genética, resistencia y calidad, muestra de ello, unos híbridos de enormes ventajas competitivas.

A la fecha, manifestó Asocriollanos, hay problemas poblacionales agudos porque hay razas en las que su hato no llega a 500 cabezas, un SOS, pues la situación invita a trabajar sin pausa para salvar y recuperar estirpes vacunas nativas desde el Gobierno y el sector privado.

Un caso que tranquiliza es que el Romo es una raza que está librándose de la extinción, por cuanto la aprecian en Venezuela, México, Brasil, Estados Unidos, Costa Rica y en otras latitudes, haciéndola una raza transnacional como lo dice la FAO, ya que salió de las fronteras. El gran reto es aumentar poblaciones, retomar razas y hacer de una tragedia cercana, un referente que, con voluntad, laboriosidad y genética, todo es posible.

 

En medio de la situación, la ganadería no pierde el optimismo

 

 

Pese a que el campo, la agroindustria y la economía toda, atraviesan por un periodo de dificultad ante las consecuencias de una pandemia aún en vigencia y temas logísticos globales que llevaron los precios de los productos básicos a niveles inalcanzables, dentro de esa lista, productos procesados y bienes de capital, el término debe ser según los ganaderos llaneros, optimismo.

Según el directivo hay mucho movimiento en torno a la ganadería sostenible y lógicamente el recurso genético criollo se hace fundamental para cumplir las metas productivas, económicas y ambientales, ya que se trata de animales adaptados y amigos de los ecosistemas.

El Ministerio de Agricultura, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Agrosavia, Universidad Nacional, la academia y otras entidades llevaron a cabo desde Colombia el XIII Simposio Internacional de Recursos Genéticos para las Américas y el Caribe, SIRGEAC, un evento para la ciencia y básicamente para el futuro de la alimentación de los países de la región.

Igual hubo participación en el simposio de la Red Convivial en México, en donde por medio del foro ganadero se habló de la importancia de conservar los animales de cría y sustento.

Según informó Martínez Correal, atendiendo un llamado de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, el Gobierno y los productores se dieron a la tarea de revisar el Plan de Acción sobre la conservación, caracterización, utilización y mejoramiento genético de los recursos de origen, expresado en ganados criollos para el caso de Colombia, únicas razas que se puede reclamar y rescatar como propias, puesto que llevan en el país cerca de 500 años de adaptación, espacio en el que evolucionaron y fueron formando nuevos patrones por selección natural.

 

“Nos encontramos en esa revisión del Plan de Acción y la cartera agropecuaria está muy interesada en cambiar, favorecer, proteger y fomentar toda la política de desarrollo sostenible con base en nuestras razas criollas.
Creo que cerramos el año con muchas expectativas y aspectos positivos, luego estoy convencido que el 2022, que ya asoma, será un periodo para trabajar, luchar y seguir apostando por lo que realmente nos pertenece, por nuestro patrimonio genético”, aseveró el presidente de Asocriollanos.

 

 

Dijo que en esa maratónica tarea de salvar el ganado criollo hay que explorar y buscar salidas como nuevos compradores para el producto, un reto que obliga a incrementar el hato de ganado rústico y con génesis Bos Taurus, porque la oferta es pequeña. Eso, afirmó el ganadero, lleva a rastrear nichos puntuales y mercados especializados con valores agregados, empezando por la denominación de origen, un certificado que especifique los atributos que tienen las vetustas razas.

En exportaciones de carne de calidad, Martínez Correal, indicó que si bien hay producto y propiedades en la proteína que viene de los criollos, el asunto no es fácil, porque se trata de una oferta muy escaza. Dijo que por encima de todo el país debe trabajar en la recuperación de unas razas valiosas y rentables con el fin de priorizar la seguridad alimentaria de los colombianos, una meta que no da espera.

Aclaró que una vez el hato haya crecido y el país cuente con la provisión de cárnicos, puede pensarse en una oferta exportable adecuada de gran valor por las altísimas características del ganado criollo, ganador en donde lo pongan, pero todo ello con mayor producción y despachos sostenibles.

El dirigente ganadero reconoció que por fortuna la cría de vacunos criollos está creciendo y destacó el interés de muchos empresarios y expertos por invertir en una actividad que muestra viabilidad y rentabilidad por los menores costos de producción, en vista que este tipo de rumiante es resistente y no demanda la inversión de ganados altamente especializados.

La ganadería criolla, recalcó el experto, es importante, económicamente hablando, pero igual de alto impacto social, ecológico e histórico, porque son razas que han estado en el país desde la conquista, aclarando que muchas llegaron a América en 1493, en el segundo viaje de Cristóbal Colón.

Una manera de premiar la tarea ganadera conceptuó Martínez, es que el consumidor colombiano compre carne y leche de reses criollas. Así las cosas, explicó, quien compra proteína debe exigir denominación de origen y cualidades del animal.

 

Ganadería rústica a prueba de sol y agua

 

Cumay-casanare

 

Otra de las virtudes de los ganados criollos es que fueron diseñados hace miles de años para soportar y convivir con la adversidad climática, todo sin bajar sus rendimientos y siendo muy útiles para la humanidad.

En ese tema, el presidente de la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Criollo del Llano, Asocriollanos, Germán Martínez Correal, manifestó que los bovinos de característica resistente están llamados a enfrentar el cambio climático y todo lo concerniente con el efecto invernadero por su adaptación a frío, calor, humedad y excesos. Pareciera, argumentó, que fueron entregados por la naturaleza para darle una ayuda grande a la humanidad en ésta y en otras complicadas épocas.

Finalmente, Martínez Correal afirmó que la industria procesadora de leche no debe incrementar los precios del alimento al consumidor, porque si algo le sobró y le sobra a Colombia es recurso lácteo. Calificó de injusto poner a las familias a pagar unas importaciones innecesarias, a sabiendas que la ganadería local cumple a cabalidad con las pasteurizadoras que en cuatro meses pusieron producto en tiendas de barrio a 3.400 pesos, luego a 3.800, hace menos de un mes y hoy por hoy a 4.300 pesos.

Aparte de mayor competitividad, mejoramiento genético y rescate de razas criollas, el vocero anotó que es importante revisar la cadena de valor y con ello hacer de lado el relicario de intermediarios, unos agentes leoninos e inconvenientes que se quedan con todas las ganancias, dejando al ganadero con un ingreso bajo, obligaciones por pagar y desconsuelo.

 

“En el campo y esencialmente en ganadería debe haber dos ganadores, quien cultiva y quien consume. Hoy la ruralidad debe ser más equitativa y necesita buenas noticias como por ejemplo que más inversionistas están mirando con el mayor interés el vacuno criollo, un panorama positivo, reconociendo que el ejecutivo tomó cartas en el asunto. Vamos a salir adelante, con trabajo y responsabilidad, la idea es poblar el país con lo que tanto nos pertenece, las razas criollas”, concluyó Martínez Correal.

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