Sábado, 07 Mayo 2022 02:51

En agricultura y ganadería, la síntesis química está mandada a recoger

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Los expertos en el tema agrícola y pecuario aseguran que el campo debe migrar hacia cultivos y beneficios orgánicos. La química daña suelos, produce cáncer y envenena. Razas criollas en apuros.

En materia de agricultura, puede decirse que en Colombia todo está por hacer, el país adolece de inversiones, bienes públicos, infraestructura y dentro de esta, vías para el progreso, construidas para que la producción agrícola pueda salir hacia los grandes centros de comercialización y consumo.

Al hablar de capacidad de siembra y cría de ganado, aves y especies menores, el potencial del país es asombroso, ya que cuenta con 40 millones de hectáreas en capacidad de producir. A la fecha están cultivadas siete millones de hectáreas en promedio.

Por otro lado, y según datos del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, la población bovina en el país está distribuida en 633.841 predios y totaliza 29.301.392 animales, lo cual representa un incremento de 4,7%, respecto a 2021.

La entidad indicó que el 68,6% del total de ganado bovino se concentra en los mismos diez departamentos, Antioquia, 11,2%, Córdoba, 7,8%, Meta, 7,8%, Caquetá, 7,5%, Casanare, 7,5%, Santander, 5,7%, Magdalena, 5,5%, Cesar, 5,5%, Bolívar, 4,9% y Cundinamarca, 5,0%.

Si bien las cifras son interesantes y las exportaciones empiezan a tomar dinámica, la Colombia agrícola sigue rezagado, muy debajo de las perspectivas de países como Ecuador y Perú que hoy dan lecciones de productividad, crecimiento, sostenibilidad y tejido social a partir de la ruralidad.

Muchos científicos y expertos siguen encendiendo las alertas por el daño que está causando la química en la agricultura, los productores son conscientes de la transición, sin embargo, hay unos aspectos que empiezan a preocupar porque todo apunta a que los costos de producción no tendrán una merma y que muchos querrán sacar provecho de las circunstancias.

 

 

En Diálogo con Diariolaeconomia.com, el zootecnista, asistente técnico y ganadero Luis Guillermo Garavito Mejía, afirmó que los incrementos en insumos han sido tan elevados que volvió insostenible algunas explotaciones, a tal extremo, que muchos ganaderos quieren dejar de lado el abonamiento químico para incursionar en el fertilizante orgánico, básicamente con gallinaza, pero, denunció que la intención puede quedarse en el mero impulso, ya que esa opción viene subiendo a niveles increíbles.

Sin vacilación alguna, Garavito expuso que por los daños al planeta y a mucha tierra, anteriormente cultivable, hoy afectada por la síntesis química que impactó de manera adversa la salud humana por todo el desarrollo de enfermedades, incluidas las de tipo cancerígeno, la agricultura debe migrar a plantaciones limpias, totalmente por fuera de la exposición, ya que en alimentos, el termino inocuidad está llamado a revisar porque hay en el frente agrícola, fungicidas, venenos, fertilizantes y productos hechos en laboratorio que dañan los suelos y conllevan en muchos casos a la muerte por las moléculas que se utilizan.

Desde su punto de vista, los cambios en los sistemas de producción y la erradicación de tóxicos en la agricultura, debió hacerse hace mucho tiempo, pero reconoció que nadie advirtió los peligros de los productos químicamente nitrogenados y los elaborados para atacar las plagas, unos insumos que han flagelado el medio ambiente porque envenena acuíferos, plantas por fuera de las unidades productivas, fauna, flora y lo más grave, los polinizadores.

 

“En este momento no estamos preparados para suplir la parte química por orgánica, porque todo se basa en el uso del estiércol como porquinaza, gallinaza y pollinaza en esencia. Hay también humos, hongos, guano y otra serie de aditivos para el suelo, que, siendo abonos orgánicos, mejoran ostensiblemente la producción, pero el asunto cogió a la ganadería desprevenida en ese sentido y lo que se sabe de la técnica para las fertilizaciones biológicas es muy poco”, señaló el señor Garavito.

 

El gran reto en agricultura y ganadería es desde luego cambiar el chip y pasar a la producción sana de alimentos e insumos para el ganado y las especies menores porque hay una cadena de prácticas que terminan afectando a los consumidores, si se considera el uso excesivo de antibióticos y otras sustancias que redundan en resistencia bacteriana y otros efectos nada gratos para la salud.

 

 

El cambio en la manera de cultivar y criar ganado es obligado, porque el mercado le está indicando a la gente que no es rentable ni prudente seguir trabajando con insumos químicos, un tema que lleva a reflexionar que la hecatombe con las materias básicas son de alguna manera la puerta abierta para pasar a unas prácticas agrícolas y ganaderas totalmente confiables y en favor del planeta, la salud, así como del ambiente.

Es un hecho, aseveró el experto, que al productor agrícola le toca implementar una serie de técnicas y manejos que no dependan de elaboración química sino orgánica y biológica. Recalcó que, si bien existe la técnica, el ganadero no la conoce, lo cual invita a un trabajo articulado entre Gobierno, agricultores, ganaderos, academia e investigadores, todo con el fin educar sobre pilares de agronomía verde y cambiar la tendencia.

 

“Indudablemente la academia tiene la respuesta a eso, pero por un lado el ganadero y el agricultor no quieren irse de la explotación con químicos y venenos por falta de condiciones y conocimiento, pero ya el mercado está vetando el uso de agroquímicos e inclusive está remunerando mejor los productos orgánicos. El entorno, insisto, dice que los químicos no son la opción de renta por precios y disponibilidad”, puntualizó Garavito.

 

La ganadería tiene retos enormes

Hay problemas que enfrenta la ganadería y tiene que ver con costos de producción, inseguridad, cambio climático, mano de obra, carestía, enfermedades y la misma dificultad económica en los hogares del mundo que inciden directamente en la demanda de alimentos y productos del campo.

En ganadería indicó Garavito, es necesario garantizar la comida del hato y tener el máximo de cuidado con los animales. Afirmó que, a raíz de los fuertes aguaceros, hay pastos frescos por donde se mire, una situación que está llevando más bovinos a las haciendas, un gran error, puesto que con la llegada de la época seca arriban problemas, escasez de pasturas, sequía y literalmente una época de vacas flacas que obliga a vender animales a precios por debajo del costo real, todo un dolor de cabeza para quien invierte en bóvidos.

En opinión del zootecnista, el ganadero debe conocer muy bien su terreno y trazar un límite para cargarlo con reses porque un exceso le puede salir demasiado costoso.

 

El negocio está en el mejoramiento genético

 

 

Sobre mejoramiento genético, que a criterio del experto, es vital en los rendimientos que pretende el hacendado en carne y leche, la idea es buscar animales que no sean tan susceptibles a la garrapata, porque Pacho en Cundinamarca como otras regiones afines en el país, tienen zonas frías en donde se pueden manejar fácilmente razas europeas como Holstein, Normando, Jersey, Ayrshire y otras resistentes en donde el trópico alto hace que este parásito no sea un problema, pero en climas cálidos, sostuvo el conocedor, el peor error es llevar para esos lugares, ganados Bos taurus porque generalmente fracasan.

Para el asistente técnico, lo ideal en trópico bajo es hacer cruces con razas cebuinas, un trabajo recomendable de 2.000 metros hacia abajo con Bos indicus, es decir estirpes confiables como el Gyr, Brahman, Nelore o Guzerat entre otras, muy fuertes a la garrapata.

 

Razas criollas, una alternativa no apreciada

 

 

Los ganados criollos han mostrado acoplamiento, rusticidad, rendimientos y todas las bondades en carne, leche y trabajo. Los ejemplares engordados para carne han demostrado que tienen un espectacular marmoleo.

Garavito lamentó que, para el caso de Cundinamarca, la situación de dichas razas no es la mejor y en lo que tiene que ver con la provincia del Rionegro, el ganado criollo prácticamente desapareció.

 

“Hubo un pequeño núcleo que tuvo el señor Alonso Restrepo en la vereda Bermejal en Pacho, y de eso prácticamente no hay nada. Mucho antes de las crías y pruebas con vacunos criollos, el ganado en mención estuvo bastante esparcido y sobre sus características mucho se habló, pero tristemente, con el tiempo y las modas ganaderas, estos animales fueron quedando en el olvido, salvo lo que hacen algunos ganaderos del Eje Cafetero, Antioquia o Meta, por decir algo, pero en Cundinamarca, las razas criollas no se tienen en cuenta, y como en Pacho y la región, esos ganados desaparecieron”, expuso el zootecnista y ganadero Luis Guillermo Garavito Mejía.

 

Cundinamarca, expuso el empresario, debe volver sus ojos a la ganadería criolla, entre otras cosas porque son ideales en cruzamientos y optimización de rendimientos. Garavito fue claro al decir que las regiones no pueden atomizar la base genética, perfectamente representada con unas estirpes vetustas que llegaron a América en 1493 y al continente, entre 1524 y 1538.

Deploró que las razas criollas hoy estén al borde de su desaparición por las modas que impone la ganadería, unas tendencias en cría que fueron dejando en desuso los ganados rústicos y vanguardistas amén de sus admirables cualidades. Un pecado grave con los vacunos criollos es que cuando se tuvieron, no se lograron maximizar ni fueron objeto de mejoramiento genético, todo un error porque perfectamente pudo optimizarse el sinúmero de atributos que matizan esos ejemplares.

A juicio del ganadero, aún hay tiempo para hacer mejoramiento sobre las razas criollas para que vuelvan a estar de moda, como quien dice tocó reencaucharlas, algo que demandará tiempo y recursos, tarea nada fácil, pero totalmente posible.

 

Geopolítica y guerra, sobrecostos en ganadería

 

 

El terrible conflicto bélico que se libra en los Balcanes entre Rusia y Ucrania tiene al mundo pegado del techo, por cuanto los bienes básicos siguieron encareciéndose, un lío que venía con toda la gravedad desde que apareció la crisis global logística, resultado del Covid-19.

En este momento los ganaderos están pagando a mayores precios insumos esenciales, verbigracia, abonos para pastos, materias primas para los centrados, suplementos, medicamentos veterinarios y otros productos utilizados en los hatos colombianos.

En desarrollo de este punto, Garavito Mejía anotó que las alzas son descomunales, pues hay productos que escalaron en proporciones altas, tanto así que muchos bienes y provisiones para el campo subieron entre 40 y 50 por ciento, todo un inconveniente, porque es un rubro que castiga considerablemente los costos de producción, visiblemente un agravante por cuanto los insumos siguen subiendo.

Aclaró que por fortuna no se ha visto escasez de materias primas, eso sí, unos precios que crecen como espuma, pues con todo lo que está pasando en logística y menor suministro por Rusia, Bielorrusia y desde luego Ucrania, están disparados en vista que por tratarse de grandes jugadores de productos básicos, hoy por fuera del comercio, el mundo está sintiendo que hay menos oferta de cereales, hidrocarburos, aceites de mesa y otras mercancías de total utilidad para la economía agropecuaria e inclusive abastecimiento para la humanidad.

Si bien el hato ganadero creció y hoy se ubica en 29.3 millones de cabezas, tiene espacio para crecer, ello para garantizar abastecimiento local y generar oferta exportable, todo sobre la base que el área de pastoreo disponible está subutilizada, empero anotó que la apuesta es propiciar mayor eficiencia en praderas y aumentar con ello la Capacidad de Carga Animal, CCA, un indicador que hace referencia al número de bovinos que pueden pastorear en un potrero o predio en un tiempo determinado, sin que ocasione daño a la vegetación.

Para caminar por sendas de crecimiento y mejores prácticas es necesaria la voluntad del ganadero, pero igual perentorios los incentivos del Gobierno para que el productor pueda aumentar el rebaño.

Expuso el conocedor, que el ganadero vende cuando necesita y en el preciso momento en el que el bovino está gordo debe inaplazablemente salir de él con el mejor precio de mercado. De todas maneras, reveló, hay tanto apremio económico que el ganadero se ve abocado a salir de sus vientres, pues como en todo negocio se vive del flujo de caja y de llevar alimentos y recursos a los hogares.

Sacrificar vientres es actualmente un problema considerable, pero el ganadero manifestó que si se lograra a través de políticas de Estado, no represivas, no subiendo la tasa de degüello a las hembras sino simplemente que el productor sienta la necesidad de conservar sus vientres, una medida que redundará en sostenibilidad, nacimientos, crecimiento y mayores ingresos. En su plática, Garavito anotó que si hay pastos, áreas disponibles y tranquilidad económica, el criador no se verá obligado a desprenderse de sus vientres, una decisión apenas natural.

 

Hay deudas añejas por pagar

El zootecnista, asistente técnico y ganadero Luis Guillermo Garavito Mejía, dijo que en Colombia no se ha hecho lo suficiente por la ganadería y por eso hay una deuda con el sector ganadero y con el campo en general. Anotó que es increíble cómo no se invierte en la ruralidad productiva cuando es relativamente fácil desarrollar vías, garantizar bienes públicos, seguridad y brindar estímulos sobre los aranceles para que las materias primas no lleguen tan costosas.

 

“Son muchos los asuntos por mejorar, necesitamos hacer ganadería sin sufrirla y que caso opuesto se disfrute y genere ganancias. En muchos eventos los productores se ven expuestos a las pérdidas y aguantan hasta donde les resulte posible. Esta es una actividad de ciclos en donde se gana y se pierde, pero si las circunstancias van mejorando y aumenta la cantidad de vientres, con seguridad serán mayores los volúmenes en leche y carne disponibles para el mercado”, subrayó el ganadero.

 

 

Garavito Mejía dijo que los TLC tienen con serias reservas y mucho nerviosismo a los productores del campo porque hay conciencia que, en cualquier momento, el país estará saturado de productos Estadounidenses o europeos que perfectamente se producen en Colombia. Precisó que afortunadamente por el nivel de tasa de cambio, hoy históricamente alto, las importaciones no se ven de manera masiva, porque para nada resulta rentable traer bienes o agroindustria con un dólar tremendamente caro.

Uno de los temas más recurrentes entre los empresarios del campo, es que tarde que temprano, Colombia se puede ver invadida por productos importados que compiten directamente con ellos, todo en unas condiciones sumamente desventajosas, más si se tienen en cuenta los incentivos, subsidios y ayudas que reciben los ganaderos y agricultores en Europa y Estados Unidos, en donde se valora y patrocina la labor agrícola y pecuaria.

Los agricultores colombianos, concluyó el empresario y asistente técnico, están en desventaja con tecnología, disponibilidad de maquinaria, vías terciarias y apoyos, no hay lo suficiente, dijo, para producir al máximo.

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