Domingo, 28 Agosto 2022 01:18

Cebú, la raza de aguante que triunfó en el trópico hostil: Gabriel Puerta

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Si bien la ganadería colombiana es muy buena y ha logrado avances importantes con cruces y mejoramiento genético, hay mucha tela por cortar en optimización del hato.

La ganadería colombiana sigue dando pasos agigantados gracias a los trabajos juiciosos y aplomados en mejoramiento genético, pero igual con la incorporación de razas fuertes y muy versátiles para el durísimo trópico en donde se han visto avances en productividad lechera y un destacado aporte en material bovino hereditario o sucesorio.

Un ejemplo es la llegada de la raza Gyr, un cebuino especializado en leche cuyos orígenes son indios, más exactamente de la península de Kathiawar, una zona extremadamente cálida en donde los suelos suelen ser áridos y de considerable pobreza en alimento.

Este bóvido ha mostrado unas propiedades tan estimables que inclusive fue utilizado para mejorar otras razas, un ejemplo el sindhi rojo y el mismo sahiwal. Sus propiedades hicieron que la casta fuera considerada y clasificada para la obtención del potente Brahman en Estados Unidos.

Los más conocedores dicen que la ganadería nacional es importante y muy buena, destacando que en el país se encuentra la raza Brahman con altos rendimientos en carne, de excelente desarrollo, que hizo su aparición en los inicios del siglo XX en Colombia. El invitado para este especial de ganado, un hombre con todos los pergaminos y reconocimientos, dijo que resulta admirable como fue creciendo una actividad que en sus inicios trajo razas europeas no aptas para los pisos térmicos del país, que de apoco se fueron aclimatando y adaptando.

Los siglos han pasado y el ser humano ha contado la historia ganadera desde hace más de 10.000 años cuando abandonó la vida nómada y adoptó la agricultura, una de las características del periodo neolítico. De todas formas, no se puede obviar el origen de la ganadería, literalmente encarnada en el uro o bos primigenius, un rumiante de tremendas características que al parecer surgió hace 800.000 o 700.000 años en la península Ibérica. Fue llevado a la extinción por la excesiva caza, la deforestación y la domesticación que empezó en Grecia hace 8.500 años.

Según los conocedores la última hembra de uro murió en el polaco bosque Jaktorów en 1627. Algunos estudios, luego de auscultar un número importante de razas, dicen que la domesticación del uro se hizo en diferentes regiones. La tarea empezó en Grecia hace unos 8500 años, luego la doma de esta especie se hizo en India que le abrió paso al ganado cebú, pero siguió en Asiria y Mesopotamia.

El repaso es interesante porque en esta ocasión se reconocerá la importancia del ganado cebú en el crecimiento de la ganadería colombiana que sigue cruzando y produciendo animales de enorme propiedad.

En Colombia hay por fortuna, gente apasionada por la ganadería, personas que no solamente se formaron en la universidad, sino que fueron aprendiendo en la mejor alma mater, la ruralidad, esa de ganados pastando en las llanuras, sabanas y dehesas interminables del territorio, en lo que tiene que ver con trópico bajo, pero igual han hecho labor los hatos de montaña en zonas templadas o tremendamente frías en páramos y regiones gélidas muy famosas por la producción lechera y la industria láctea.

 

 

Uno de esos enamorados de la muy buena ganadería es Gabriel Puerta Parra, egregio hombre de la actividad ganadera y precursor para el capítulo Colombia de las razas Gyr y Guzerá, desde luego laureado por todo el conocimiento y el impulso que les dio a unos cruces que sobrepasaron la frontera de la espectacularidad. En su charla con Diariolaeconomia.com, el experto criador manifestó que un gran acierto del país fue traer razas especializadas que sirvieran para lo que denomina “trópico hostil” ya que es complicado, un piso térmico casi indómito en donde se trabaja a 40 y hasta 50 grados centígrados.

Don Gabriel es una persona amable y llena de vitalidad, se le nota el amor por el trabajo ganadero y todo lo que rodea un hato o una exigente finca. Nació en San Carlos Antioquia hace 80 años, pero al mirar su rostro siempre iluminado por el buen ánimo y la constante sonrisa, pareciera que tomara el elixir de la súper secreta fuente de la juventud.

En la plática no esconde su recuerdo aún fresco por Ibérico, su imponente toro Guzerá importado de Brasil en 1992 cuando el empresario programó una compra de ese tipo de ganado especializado en leche, más exactamente 26 novillas y el evocado macho. Todo parece indicar que esta raza impactó a Puerta Parra cuando en 1952 quedó prendado con su estampa, calidad, mansedumbre y valor genético ya que lo describe como un linaje formador de nuevas razas.

Un asunto adicional en Colombia que influye claramente en agricultura y ganadería es la buena disposición de agua, el ganadero recordó que el país pasó de ser el segundo más rico en recursos hídricos al quinto lugar, una pérdida preocupante de categoría, sin embargo, destacó, el territorio colombiano cuenta con mucha agua y demasiada vegetación expresada en bosques, sabanas y predios con pasturas y otras especies.

El ganado europeo llegó a Colombia en 1528 cuando Rodrigo de Bastidas desembarcó el primer pie de cría en la ciudad de Santa Marta, desde luego en unas condiciones casi arcaicas porque en ese tiempo no existía puerto ni se hablaba de logística, se trataba de unas 25 reses que con el tiempo se fueron sumando a otras importaciones, las mismas que terminaron diseminándose por la geografía nacional.

Otro importador de ganado europeo, el que llegó con Cristóbal Colon en 1493 a la isla La Española, hoy Santo Domingo, fue Nicolás de Federmán, que introdujo en plena conquista unos bovinos que ya eran parte de una explotación en Islas Margarita. Los animales de la hermosa parte insular venezolana fueron al parecer también llevados al sitio por los piratas ingleses de la época que, entre otras cosas, no eran pocos, Morgan, Francis Drake, Barbanegra y una larga lista de corsarios que horrorizaban la incipiente navegación marítima.

 

 

El país fue creciendo, terminó dándole forma a su organización política y con los siglos llegaron ganados de carne, pero no así de leche pues eran unas razas europeas que apenas daban unos cuantos litros. En su momento las cantidades se medían por puchas, las cuales en grano eran tres libras en promedio, pero igual servía para las ventas y compras de leche, algo realmente marginal porque la famosa pucha era un cajón cuadrado de madera pequeño, tenían 15,3 centímetros de ancho y cinco centímetros de hondo.

Las medidas fueron cambiando y por eso con la llegada del sistema métrico decimal, desaparecieron la pucha, el cuartillo y otras formas de medir, ya vino el kilo, el litro y métodos precisos de comprobación.

La ganadería local después de la independencia y en plena época republicana empezó a moverse, en 1872 llegó el ganado Holstein proveniente de Holanda, un tauro de alta producción lechera, en 1877 incursiona la raza Normando con vacas muy fértiles, dóciles, longevas y de elevada producción en leche. Los pasos eran tibios y algo medrosos, el hato se quedó en algunos linajes de calidad y para el trópico bajo se incorporó ganado cebú, según algunos cronistas, el primer ejemplar vino desde Alemania en 1927 en un buque en el que viajaban tigres de bengala y leones de circo, al parecer los 30 días de navegación más tortuosos de los que se tenga conocimiento.

Al ver el libro colombiano de razas fue en 1913 cuando llegaron los primeros animales cebú al país y en 1927 arribaron de Brasil cuatro hembras y el siempre inmarchitable toro “Palomo”, según los expertos, bovinos Nelore puros. Desde 1915 se dio inicio a una serie de importaciones que le abrieron la puerta al Brahman, una decisión importante y determinante en el mestizaje de razas que redundaron en ganados con mayor rendimiento en carne, mucho más rusticidad y mejor talla, en ese momento se matriculaba la raza ideal para el inclemente trópico.

El asunto marchó muy bien y dejó experiencias tan gratas que en 1946 se erige oronda la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Cebú, Asocebú. En el difícil año de 1956 pastaban en Colombia más de 15.000 animales de la raza originaria de India.

 

“Colombia trabajó con ganados no muy buenos, de todas formas y reconociendo que algo se había hecho, el país empezó a reaccionar y a meterse en un proyecto interesante cuando les dije en 1991 que había que traer cebuinos lecheros y los que eran ganaderos en ese tiempo y mandaban en el sector se echaban bendiciones, pero cuando aparecí con el Gyr y el Guzerá lecheros, el asunto tomó a muchos por sorpresa, a tal punto que se opusieron. Tiempo atrás algunos productores lo intentaron, no obstante, enfrentaron críticas y la animadversión de los criadores tradicionales dueños de hatos con razas criollas y cebuinas, que los llevó a recular”, explicó el empresario.

 

 

Cuando Gabriel Puerta bajo de un avión, sus lotes de ganados cebú de la estirpe Gyr y Guzerá lecheros tuvo algunos inconvenientes, tales como cuarentenas de casi seis meses, gastos extras y distintos pormenores. Finalmente convenció a otros ganaderos de apostar por ese tipo de bovinos y así empezó a escribirse un nuevo capítulo en la ganadería nacional.

Las razas van muy bien, se han afianzado y hacen parte de una cría necesaria, importante y vital en cruzamientos y mejoramiento genético. Estos linajes son básicos ya que, si en una feria no hay Gyr y Guzerá, no hay show, pues genera admiración ver hembras cebuinas, indicas, con morro, de ubres prolongadas que producen 30 o 40 litros de leche como pasa con las Holstein, Jersey o una Pardo Suizo.

La cría de este ganado ha sido muy importante para el país, apuntó Puerta Parra, mejoró inclusive la calidad de vida de las personas ya que anteriormente el ordeño en la Costa Norte y en todo el territorio nacional era a partir de ganado europeo cruzado con razas criollas locales y el mismo cebú que se masificó en 1930. Era un tiempo de mezclas mal hechas porque no se conocía la ley de los cruzamientos.

Lo cierto, recalcó el versado, Colombia reemplazó la vaca de dos o tres litros por una de 18 y hasta 20 litros.

 

“Mi frase de combate es, ordeñe 20 vacas girolandas o guzolandas que le dan 400 litros de leche en un día y no 150 vacas para que obtener la misma cantidad. El que ordeñó 20 vacas lo hizo en dos horas lo cual le produjo alegría y más tiempo para su familia, en tanto que quien ordeño 150 hembras debió levantarse a las tres de la mañana para acabar a las 10, todo para beneficiar vacas de tres litros, el tema mejoró y con ello la forma de vida porque hay más leche en las fincas para vender y suministrar alimento en los hogares campesinos. Este método no da para comprar carros de gama alta, pero si contribuye con un mejor bienestar, ya que permite vivir con dignidad, canalizando ingresos y educando los hijos de mejor manera”, puntualizó Gabriel Puerta Parra.

 

Actualmente los ganaderos y criadores de Gyr y Guzerá están promoviendo ferias, remates y generando una sana competencia entre los productores que entendieron la necesidad que tenía el país de trabajar con ganados especializados, un tema que impulsó la economía nacional.

 

Colombia no puede seguir con un agro a la deriva

 

 

Manifestó que ahora hay incertidumbre y muchas preguntas porque no se sabe hasta cuando se pueda adelantar la labor ganadera con los cambios que se vienen con la tenencia de la tierra, el manejo del crédito y la puesta en marcha de soluciones tecnológicas. Anotó que todo es entendible porque cada gobierno llega con sus ideas gestadas en un escritorio mientras los ganaderos y agricultores hacen patria desde la ruralidad.

A criterio del señor Gabriel Puerta, los ganaderos han hecho ciencia y tecnología detrás de las patas de los animales. Expresó que Colombia se ha civilizado por obreros antioqueños que aprendieron del oficio, maniobrando a diario con vacas y terneros, descuajando montes y selvas a punta de machete, logrando nuevas ciudades y espacios ignotos para la siembra y el levante de ganados, un ejemplo la colonización antioqueña, el proceso económico y social que empezó en 1780 con el que la pobreza y la falta de oportunidad quedó en el gris recuerdo.

Con esfuerzo el país logró crecer y desarrollarse, pero en temas ganaderos e inclusive de agricultura, Colombia, subrayó, tiene que mejorar puesto que debe aumentar la productividad en menor extensión de tierra.

Sobre la Colombia campesina, Puerta Parra aseveró que el país debe destinar muchos más predios a la agricultura, toda vez que se es buen ganadero en la medida que se haga una excelsa agricultura, pues las vacas dan leche y carne en la medida que tengan alimento para la conversión. Manifestó que la ruralidad, en un amplio sector, debe garantizar la producción de comida para los humanos, pero también para las explotaciones ganaderas e inclusive para la cría de especies menores y aves de corral.

El docto en temas ganaderos precisó que en el campo igual se requiere crédito barato para comprar tractores, insumos y todo tipo de instrumentos que hagan más eficiente la actividad agropecuaria que dicho sea de paso de desarrolla sin infraestructura, carente de bienes públicos y lo más lamentable, sin rentabilidad en muchos sectores.

Agregó que no es posible seguir por los caminos de la precariedad en vista que los últimos dos censos, al medir el universo de la agricultura nacional, arrojó como resultado cero asistencia técnica y financiera, algo muy difícil que deja a la inventiva y estrategia de los productores la manera de sembrar, engordar bovinos y producir leche en vacas mejoradas, como quien dice recurrir a la ciencia y la tecnología en medio del desierto.

 

 

Reconoció que en Colombia hay tierras muy buenas y para toda actividad agrícola o ganadera, lo único que no hay es crédito, asistencia técnico y seguridad, ya que la violencia hizo que la ganadería y otras explotaciones retrocedieran demasiado en el tiempo, pues muchos administraron siembras y ganadería, escondidos en los apartamentos o casas en las respectivas ciudades, un contrasentido porque Parra dice que no es consecuente lo que no se hace por el campo sobre un tractor, a lomo de caballo, en un ordeño y en general manejando el negocio con fina contabilidad en las haciendas.

 

“El Estado tiene abandonado el campo, lo dijo en campaña el nuevo Gobierno, se habla de reactivar el agro, pero cuando llegan los recortes presupuestales al primero que le pasan la tijera es al ministerio de Agricultura”, declaró el señor Puerta Parra.

 

La transferencia de tecnología, recomendó el ganadero, hay que hacerla voz a voz porque hay mucha cartilla y libros, pero el campesino colombiano no lee, luego hay que hacer ingentes esfuerzos para capacitar a las personas, un buen ejemplo es el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, entidad llamada a actualizar culturalmente al campo, partiendo que el ente maneja todo lo concerniente con el conocimiento.

Un problema de gran magnitud, afirmó que ganadero, está en la Colombia profunda, en esas zonas apartadas y fronterizas en donde no se ve la institucionalidad ni la presencia del Gobierno. El tema, dogmatizó Puerta, es bien alarmante lo cual lleva a preguntarse como se sostiene el país porque con el olvido se pudo haber perdido el Vaupés, Vichada, Guainía, Putumayo, Amazonas y Chocó, vasta retahíla de zonas desamparadas que suma una periferia abandonada, sin inversión y vulnerable, algo similar a los tiempos en los que se perdió Panamá.

En opinión del empresario a las zonas lejanas y casi borradas de la responsabilidad estatal, hay que llegar, pero no solo con soldados y policías para disciplinar a los habitantes, no el asunto implica inversión, educación, salud, tranquilidad y el desarrollo de actividades agropecuarias.

Lamentó que el crédito nacional haya quedado reducido al mercado interbancario y a unos pocos frentes productivos, para el campo no se destina sino indiferencia y descuido.

En sus 80 años de vida, por espacio de 50 años de labores directas en la ruralidad, Gabriel Puerta Parra, ha visto el desplome y la degradación del campo, un tema tan crudo que en los costales que llevan los labriegos a sus hogares como sustento lo único que pesa es el pesar y el sufrimiento, lo que explica la desnutrición y las migraciones.

Desde su análisis, mientras persista el hambre en la gente y no se le brinden garantías básicas de subsistencia a la población campesina, no habrá política que acabe con la violencia y la descomposición social en las zonas rurales.
Manifestó su desazón por la carencia de agua potable y saneamiento básico en pleno siglo XXI. Instó al Gobierno y a las asociaciones campesinas para buscar salidas vía avicultura, piscicultura y otras actividades para mejorar la situación del labriego, tan solo, comentó el ganadero, se necesitan cosas y medidas elementales.

 

Ganado cebú lechero, un significativo acierto

 

 

Retomando el tema ganadero, puerta Parra expresó que con los cebuinos lecheros fue posible reemplazar una cantidad considerable de ganado, es decir el país pasó de las vacas de tres litros a las de mínimo 10 y 12 litros, una bondad porque le permite al lugareño consumir leche y sus derivados, pero aparte de todo le permite vender el producto.

Según el pionero en hacer en Colombia transferencia de embriones y un docto en temas ganaderos y de mejoramiento, la ganadería local logró avanzar de forma importante con los bovinos de la India que llegaron Brasil desde 1887 y que paulatinamente fueron llegando a territorio colombiano con un boom llamativo en la década de los sesenta.

Un hecho igualmente cierto es que durante décadas el país se desgastó importando razas cuando lo que necesitaba era algo muy puntual y eficaz, linajes diseñados para el trópico hostil. Desde su conocimiento lo que le da una autoridad superlativa en criterio y recomendación, la ganadería nacional requiere de otras especies cebuinas, verbigracia la estirpe Dangi de la India, una casta que lleva millones de años adaptándose a la lluvia ya que es muy conocida en el oriente de Bombay en donde las precipitaciones son permanentes tal y como pasa en el Chocó, la Amazonía y la Orinoquía.

Hoy por hoy, dijo Puerta Parra, se necesitan ganados apropiados que resistan los excesos de lluvia, más ahora con el cambio climático. El Dangi, expuso, producen una grasa en la piel que la hace impermeable.

 

“Aún hace falta traer más razas e implementar nuevos métodos que permitan mejorar y ser más exactos a la hora de redireccionar la ganadería. Colombia debe seguir por la línea de los bovinos adaptables al trópico. El país trajo estirpes muy buenas a escalas estimables por allá a comienzos del siglo pasado, importó Holstein, Normando, Pardo Suizo y Jersey entre otros que eran manejados por gente alta europea, de dos metros y fuerte, en Colombia esos enormes animales fueron manipulados por hombres de baja estatura, raquíticos y muy expuestos. Tenemos que internar animales que sepan convivir con los humanos, hay que saber convivir con las especies, sin duda, estábamos trayendo opciones que no eran”, indicó Puerta.

 

 

Colombia tuvo en un comienzo especies bovinas europeas, hoy razas criollas como el Blanco Orejinegro, BON, Costeño con Cuernos, Casanareño, Romo del Sinú y germoplasmas que se formaron en el país. El BON, añadió el conocedor, es un ganado con una base genética importante que viene del White Park y British White inglés que a su vez se mezcló con el berrendo Andaluz para dar una especie potente y rústica que ha estado presente desde la conquista en las tres grandes cordilleras.

En este momento la ganadería colombiana está sacando un F1 que descresta por porte y rendimientos lecheros, el Girolando que es el resultado de mezclar el toro Gyr con vaca Holstein, o de toro Holstein con vaca Gyr, lo cual arroja un ejemplar ideal para tierra caliente, de gran adaptabilidad que sigue optimizando los rendimientos.

Una de las tareas admirables de Gabriel Puerta Parra, fue el impulso del Girolando y el mismo Guzolando, la mezcla de toro Holstein con vaca Guzerá o toro Guzerá con hembra Holstein. Con madre indica, especificó, la cría estará con nueve o diez meses con su progenitora, tiempo de mucho aprendizaje, lo que no pasa con la vaca Holstein a la que se le retira el ternero a los tres días de nacido.

Expuso que hoy el Girolando es el renglón más importante en la ganadería de Brasil, un gremio tan importante que les presta plata a las otras asociaciones ganaderas, todo un referente de la economía del país vecino.

Puerta vio con profunda admiración el trabajo genético que han hecho los ganaderos brasileros, unas investigaciones que vienen desde 1887 cuando llegaron los primeros cebuinos a ese país y que tomaron mayor empuje en el gobierno de Getúlio Dornelles Vargas en la década del 40. El empresario dijo que el verdadero mejoramiento genético y la importancia del mismo se vio en 1987 cuando se implementó la prueba de progenie, la que consiste en estudiar científicamente a los machos para saber que transmiten.

 

 

En la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, Embrapa, una entidad estatal federal pública de Brasil, hacen los estudios de los toros y a los ocho años se determina cual cepa transmite mejores características a las hijas, pezones apropiados y mayor producción lechera. Con este mecanismo, sostuvo Puerta, es posible mejorar el color de la piel y aumentar tamaños.

 

“En Colombia es urgente hacer eso porque tenemos ganados muy buenos, pero infortunadamente adolecemos de pruebas. El mejoramiento genético aquí está estancado por falta de entendimiento en las entidades estatales y gremios, necesitamos una genética que se pueda expresar y certificar porque de lo contrario el sector queda expuesto a los dicharacheros, algo que debe meterse en cintura puesto que la ganadería debe ser muy seria y confiable”, dijo el productor.

 

Al igual que la Federación Nacional de Cafeteros, la parafiscalidad ganadera debe acrecentar sus inversiones en investigación, apuntó Puerta Parra, dejando claro que se han hecho grandes cosas sin que ello signifique que no se pueda explorar más.

Al cierre de la charla explicó que el morro o joroba de los cebuinos o bos indicus es de enorme importancia porque se trata de una reserva de energía que el animal hace útil en tiempos de escasez. Esa carne, enseñó, es de gran sabor, tan rica que hay restaurantes especializados en morrillo. La cola es también importante para el cebú porque regula la temperatura de los animales, lo mismo pasa con las orejas que cubren los ojos y evitan enfermedades.

Insistió que el Gobierno debe enseñarles a los ganaderos a hacer agricultura y para ello acentuó, es necesario tener crédito, bienes de capital y condiciones tributarias porque quien produce alimentos debe ser compensado, sobre todo en tiempos de hambruna y proyecciones apocalípticas.

La ganadería está en un nivel importante, tiene futuro y está proyectada para grandes cosas. Hace 15 años el hato estaba en 18 millones de cabezas de ganado a nivel nacional, un retroceso considerable porque hace 40 años el país sumaba una res por habitante, es decir que si había 40 millones de habitantes ese mismo número hubo en reses. El país dejó la actividad ganadera por la violencia, pero en los últimos diez años el panorama mejoró en vista que el rebaño llega a los 30 millones de cabezas con la gran ventaja que hay excelentes ejemplares, insuperable comida, óptimas praderas y mejoramiento genético, con esa ayuda el productor aprendió a distinguir que razas son buenas para carne y cuales, para leche, en síntesis, mejoró en cantidad y calidad. En el último quinquenio aumentaron las exportaciones y el negocio de cría vio ganancias por un producto de enorme atributo.

Finalmente, el justamente premiado de manera recurrente invitó a las universidades a preparar grandes profesionales, con capacidades para mejorar y crecer en temas técnicos y del campo. La finca Puerta Parra, recibe estudiantes para enseñarles teoría y práctica porque muchos llegan al agro sin saber lo más elemental, pobremente capacitados.

 

 

Hablando de reconocimientos, Gabriel Puerta Parra, recibió uno enorme, quizás atípico porque desde India vinieron a Colombia a entregarle un premio como una manera de honrar su profesionalismo y conocimiento en ganadería cebú, algo parecido al nobel, dirigido a quien pone su experiencia y saber al servicio de la humanidad.

Al término de la plática y de despedirnos de tan respetabilísima familia, inspirada por la señora Cristina Isabel y sus dos dinámicas hijas, concluimos que, en la vida, la pasión y el conocimiento son insumos esenciales para sembrar metas, esas que pondrán alimentos en la mesa y salvarán existencias porque como están las cosas, ganadería y agricultura, son los verdaderos tesoros de una humanidad disímil, pero afín en sus necesidades nutricionales.

Según el Banco de la República y su mirada retrospectiva, la ganadería creció en forma espontánea, sin apoyo del Estado y superó de sobra las necesidades alimenticias de la población, hasta el punto que se daban casos como el del Valle de Upar donde se sacrificaban los animales sólo para aprovechar el cuero, y la carne era dejada de comida a las fieras y a los carroñeros. Especializada la economía en la extracción de metales preciosos, las actividades agrícolas y ganaderas crecieron como faenas secundarias, salvo en aquellas regiones en las que, como en las planicies bajas del Caribe, no había minas. Allí la cría y levante de ganado constituyó la actividad principal de los pobladores, pues en la Nueva Granada tampoco se dio la gran agricultura de plantación.

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