Sábado, 15 Octubre 2022 07:58

Cambio climático y cuidado del agua, grandes retos de la humanidad: FAO

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Cambio climático y cuidado del agua, grandes retos de la humanidad: FAO Imagen-de-Gerhard-en-Pixabay

Según el organismo, el consumo de proteínas ha bajado a tal punto que muestra curvas deficientes en campos y ciudades de Colombia.

Las alertas están encendidas, de manera paulatina el alimento escasea, el clima extremo destruye sembradíos con excesos de agua y sequia máxima. Algunos gobiernos no la pasan bien en materia fiscal, los recursos son insuficientes y no hay manera de adquirir provisiones para garantizar la debida nutrición de los pueblos.

El hambre, esa deficiencia por bajo consumo de energía alimentaria ha castigado civilizaciones a través de los siglos, este mal se ha exacerbado por el mal uso de los suelos, el exceso de explotación, la muerte programada de selvas y bosques, la ganadería hecha de manera intensiva y el precario uso del agua. De cierta manera puede decirse que el hombre muere de hambre por su propia iniciativa ya que durante siglos tuvo un comportamiento depredador que, junto a otros factores como los combustibles fósiles y el exceso de síntesis química, llevaron el planeta a la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, con muy pocas posibilidades.

Según investigaciones, el cuerpo humano puede aguantar sin ingesta de comida unos diez días, tiempo en que la gente fallece por inanición, de todas maneras, hay contados casos en los que un organismo soportó algunas semanas para salvarse o un tiempo de mayor martirio en el que igual terminó alimentando con el forro de la osamenta a los desesperados gallinazos.

Muchos países han padecido el hambre, llegó y de manera progresiva fue apagando vidas. De las tantas, quizás la que marco un hito en el globo fue la “hambruna de la irlandesa” o “hambruna de la patata”, una tragedia registrada en 1845 que duró cinco años y que acabó con más de un millón de existencias. Quienes lograron salvarse migraron preferencialmente a Estados Unidos. Se dice que un millón y medio de nacionales irlandeses abandonaron la isla.

En ese fenómeno hubo varios ingredientes, la falta de políticas agrarias en el Reino Unido, la concentración de la tierra, malas prácticas agrícolas y una plaga que destruyó un producto esencial en la vida de los irlandeses, la patata.

 

 

Algunos han señalado al mundo como impío en la tragedia porque dejaron solo a un país en medio de su desventura, el asunto fue muy serio y marcó la vida de los irlandeses que en 1841 sumaban una población de 8.2 millones de habitantes y en 1851, el censo bajó a 6.5 millones, dejando ver la magnitud de la hecatombe.

Hablar de hambruna no solo compromete a los siglos IX y XX, las hubo de todos los tamaños a través de la historia. Los faraones egipcios de la antigüedad vieron morir sus coterráneos, el mismo caso experimentó Roma en el 441 antes de Cristo.

Este flagelo ha recorrido los cinco continentes y al parecer ampliará su recorrido y los efectos.

Famoso fue el Holodomor o deceso por hambre en Ucrania entre 1932 y 1933, de echo el término Holodomor traduce en ucraniano “matar de hambre”, un capítulo que la humanidad recuerda con espanto ya que, en medio de las duras dificultades, resultado de las transformaciones en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, en tiempos de Iósif Stalin, murieron en ese país hasta 25.000 personas por día, en la sola república de Ucrania dicen los expertos fallecieron más de cuatro millones de personas.

Apostar por la URSS en 1922 tuvo sus consecuencias, allí entraron Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el Cáucaso Meridional, incluido el del sur, región conocida como Transcaucasia. No son gratos los recuerdos de la revolución bolchevique que atomizó el otrora imperio ruso, con medidas como la articulación de granjas, una decisión que hizo mella en la agricultura porque los campesinos productores de las naciones articuladas estaban obligados a otorgar parte de sus explotaciones. Fue así como apareció la pésima temporada de 1927 que evitó que los labriegos cumplieran con sus cuotas.

Europa fue escenario de hambruna en la Edad Media, en ese tiempo entre desnutrición y enfermedades infectocontagiosas, se habla de un lapso ubicado entre el año 400 y el 800. El imperio de los cesares llevó del bulto con el clima, las guerras y los asuntos sanitarios a tal punto que en un momento determinado la población romana cayó en un 90 por ciento.

La Gran Hambruna del Norte de Europa sacudió la región entre los años 1315 y 1317, allí el clima impactó cosechas y las enfermedades contagiosas del ganado redujeron el hato ostensiblemente, hubo hambre por largo rato y algunos dicen que en Inglaterra los líos llegaron hasta 1322.

 

 

La palabra hambruna con pasaporte y visa global atacó las naciones árabes en 639, poniendo en serios aprietos al califa Omar. La Crisis alimentaria igualmente golpeó a Francia en 1097, con un saldo aterrador, más de 100.000 muertos.

En Japón, el hambre también apareció en el periodo comprendido entre 1229 y 1232, todo por las emisiones volcánicas, una situación apremiante que se llevó una parte importante de la población que padeció desabastecimiento. El problema volvió al país del sol naciente en un periodo que empezó en 1642 hasta 1839.

El hambre campeó por India y China, por todo el sudeste asiático y en América igual dejó registros de vieja data ya que durante el desplome de la civilización Maya que vio desde el año 800 y hasta el 1000 la pérdida de cosechas por inviernos imparables o veranos demasiado prolongados que redundo en tragedia agraria, inanición y claro está, muerte.

Como referencias, la muerte por falta de alimento se dio nuevamente en China con el “Gran Salto Adelante” de Mao, 1958-1961. No menos grave fue la situación crítica de India que se fueron reportando en 1876, 1878, 1899 y 1900 como también la de Bengala en 1770. Las de Etiopía no son recientes, hubo inconvenientes alimentarios por allá en los años 1888 y 1892.

Las hambrunas han dado para todo, prensa, anuncios estatales, drama, desolación, impotencia y hasta la sugerencia de castrar a los maridos para evitar tantos hijos, como ocurrió con la hambruna o motín de los gatos en España cuando el almanaque dejaba correr los días difíciles de 1699. La lista es larga y permite ver causa efecto de las malas decisiones en la Unión Soviética, Leningrado, Holanda, Vietnam, Corea del Norte y las africanas de Somalia y Etiopía.

En las últimas décadas el hambre ha hecho nefasta presencia en África Oriental a tal punto que en Somalia según Oxfan, una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales con oficio en 90 países, fue declarada la primera hambruna del siglo XXI a mediados de 2011, una dificultad que afectó a 13 millones de seres humanos en Etiopía, Kenia y Somalia.

En el periodo citado los habitantes del oriente africano perdieron cosechas, vacunos y todos los medios de subsistencia, una cruda realidad que llevó muchísimas personas al camposanto. Por efecto del clima la región se quedó sin pasturas, granos o ensilajes para cebar bovinos.

 

 

Hay que decir que Etiopía es un país muy particular, por temas volcánicos sus suelos son áridos y poco útiles para las siembras como acontece en la depresión de Afar. Esta nación es considerada de las más pobres del mundo y la séptima con peor calidad de vida según las Naciones Unidas.

El problema es grande, no es de hoy, pero los síntomas que fueron identificados años atrás no recibieron atención oportuna y a la fecha el cambio climático y la destrucción de hábitat se siguen afianzando como el desafío más grande del hombre porque cada vez hay menos productividad y los alimentos empiezan a hacer falta en el acopio de los gobiernos, tanto desarrollados o llamados potencias como en aquellos en vía de desarrollo.

El tema es muy delicado y la fundación Save the Children estima que, de no avanzar en el tema africano, podrían estar en riesgo la vida de más de 1.4 millones de niños en Sudán del Sur, Somalia, Nigeria y Yemen. Por citar una cifra reciente entre 2011 y 2012, cuando fue declarada la hambruna en Somalia, murieron más de 260.000 personas.

Este tema fue uno de los más abordados y comentados en la IX Convención Financiera Cooperativa Internacional que se desarrolló exitosamente en Medellín puesto que alertó sobre la realidad de la agricultura, sus amenazas y los aprietos del campo frente a indicadores determinantes, verbigracia, productividad, competitividad y rentabilidad.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, fue invitada de honor y manifestó que son muchas las acciones que se pueden hacer desde el sector cooperativo de ahorro y crédito por mejorar las cifras de producción, sin embargo, indicó que la tarea es ardua y demanda compromiso y disciplina.

 

 

El Coordinador Nacional Territorial de la FAO, Juan Zuluaga, habló con Diariolaeconomia.com, y afirmó que el cambio climático es de lejos el enemigo a vencer por cuanto está destruyendo cosechas, empobreciendo personas y agudizando un problema en el que absolutamente todos deben intervenir, un reto gigante para la humanidad y el país.

Anotó que los gobiernos, las comunidades y las estructuras financieras y empresariales deben mirar el tema con lupa y mucha responsabilidad porque en 2050 se calcula una población superior a los 9.700 millones de personas, un aumento estimable si se tiene en cuenta que a la fecha hay 8.000 millones de personas en el globo. Otro estimativo que lleva a replantear políticas y métodos es la población proyectada para 2100, unos 11.200 millones de humanos.

El crecimiento de la población mundial, explicó Zuluaga, implica el repunte de la producción agropecuaria y lograr la eficiencia en términos de rendimiento. Otro asunto fundamental es la seguridad hídrica, totalmente básica en la obtención de alimentos.

 

“Nuestro país tiene un problema de seguridad alimentaria, en este momento la mitad de nuestra población come tan solo dos veces al día lo que sugiere una alimentación deficiente, una situación deplorable que nos debe llevar a la meta de hambre cero”, declaró el señor Juan Zuluaga.

 

Expuso que esa finalidad es posible, única y exclusivamente si se logra involucrar determinantes ambientales. En el último tiempo, apuntó, Colombia ha invertido más de 20 billones de pesos en atención de desastres en lo corrido entre 2010 y 2022, un desembolso que se traduce en millonarias pérdidas por falta de adaptación y mitigación del cambio climático.

Comentó que un camino para que el cooperativismo se vuelva fundamental es entender que todos en Colombia tienen responsabilidad, una situación que invita a cambiar los hábitos de consumo, haciéndolo de forma comprometida y en maneras tan simples como no desperdiciar ni perder alimentos para que el mundo no padezca las inclemencias del hambre.

Es un hecho, hay alarma, existe preocupación por la presencia de nuevas hambrunas, algunas inclusive consecuencia del Covid-19, una coyuntura que debe concientizar a las grandes potencias y a los países en vía de desarrollo porque el hambre no da espera y si no hay un trabajo articulado, muy seguramente vendrán situaciones insostenibles para las personas.

 

 

En opinión de Zuluaga, el sistema alimentario mundial tiene justamente ese reto, puesto que hay muchas inequidades entre los países desarrollados y subdesarrollados. La desigualdad más grande, dijo, está en el porcentaje y cantidad de población que está subalimentada y que llega fácilmente a 880 millones de personas.

Insistió en que los países ricos tienen que pensar sistemas productivos logísticos y sistemas de consumo más eficientes. Reconoció que resueltamente han venido caminando con propuestas eficaces como el gasto local y la demanda rígida, dicho en otras palabras, comprar estrictamente lo necesario. Recalcó que se hace perentorio generar procesos de equidad que parten esencialmente de los insumos que se necesitan para la producción agropecuaria porque es claro que los índices de precios más altos reportados desde que se hace dicha medición se dieron precisamente en abril y mayo pasados.

Es por eso, subrayó Juan Zuluaga, que el problema debe abordarse de manera global en vista que el sistema alimentario no resiste más hambrunas de la magnitud reportadas en los años setenta y ochenta.

 

“Hoy mucha gente está pasando hambre y por ello decimos que existe una pandemia silenciosa e invisible, expresada en penuria, escasez y enorme desnutrición”, señaló el Coordinador Nacional Territorial de la FAO en Colombia.

 

 

A Colombia se le ha calificado de despensa y esperanza en el frente alimentario por las tierras disponibles para cultivo, en medio de las vicisitudes y las falencias, Zuluaga dice que el país tiene las condiciones y los elementos para ser una estantería, o mejor, una alacena agrícola vital para el mundo, la paradoja, acentuó, es que, con la retahíla de características, los colombianos importan más de diez millones de toneladas de comida, mucha producida en predio locales, algo que puede variar sin negar que es, por donde se le mire, una incongruencia considerable.

 

“Nuestros sistemas productivos no tienen que ser solamente eficientes en su obtención ya que sacar bienes agrícolas de la zona Andina para llevarlos al mercado internacional, cuesta más que el transporte marítimo y por eso se hacen inaplazables las mejoras en infraestructura que se deben acelerar. Es bueno tener en cuenta que los cambios en vías y la construcción de las mismas como es el caso de las 4G y los puertos, deben conectar las zonas rurales para propender por inclusión y equidad, una premisa de que se hacen primordiales las vías terciarias y todo un engranaje de conexión que les permita a los campesinos reducir sus costos de transacción y participar así del Sistema Alimentario Mundial”, añadió el experto.

 

Zuluaga manifestó que el país tiene dos zonas donde tienen las condiciones ideales, una es el Caribe o lo que Finder ha llamado el “diamante agropecuario de Colombia” y otra la Orinoquia, dos regiones que podrán entregarle comida al mundo puesto que se habla del 15 o el 20 por ciento de oferta global de alimentos.

Consideró útil hacer sustitución de importaciones en lo que se es competitivo pues de lo contrario habría una pérdida importante de recursos. Subrayó que resulta sustancial pensar que la soberanía alimentaria de un país, la que sustenta la dieta alimentaria, que culturalmente es asestada, debe conservarse pues no se puede depender de otras naciones y por eso razonó que es necesario recuperar el maíz como un producto esencial pese a la dura competencia con todos aquellos países que son mucho más eficientes en su siembra, de todas maneras, subrayó que el maíz es un alimento principal y notable en la dieta colombiana que conduce a la autosuficiencia de la canasta básica nacional amén de las mejoras por adelantar.

En aras de retomar la agricultura y especialmente la del maíz, es bueno tener claro que Colombia no va a competir con grano transgénico ni con la infraestructura productiva que tienen otros maiceros en el planeta, aquellos que tienen acceso a las grandilocuentes maquinarias, tecnologías e instrumentos de precisión más eficaces y trascendentales a la hora de bajar costos de producción.

 

Guerra en Ucrania, el talón de Aquiles

 

 

 

El Coordinador Nacional Territorial de la FAO en Colombia, Juan Zuluaga, aseveró que la economía como un todo y el sector agropecuario estarán sujetos a los que suceda geopolíticamente hablando, porque yendo a la guerra de Rusia con Ucrania se debe considerar que son dos países importantes en la oferta de energéticos, fertilizantes potásicos y cálcicos, pero también de commodities agrícolas como cereales y oleaginosas.

Tanto Rusia como Ucrania cuentan con reservas gigantes de hidrocarburos, una condición especial y preferencial para extraer insumos necesarios para la agricultura y la siembra de alimentos. Apuntó que la incidencia más fuerte está por el lado de los aceites vegetales y en algunos granos que estaban destinados para los mercados europeos y asiáticos, un contexto delicado porque pone otros jugadores en la palestra ante la reducción en la capacidad de oferta que se apoderan del mercado natural colombiano, lo que encarece notablemente los precios.

Sin duda alguna, expresó Zuluaga, sí existe un antes y un después de la economía agraria con la guerra entre rusos y ucranianos porque obligó a pensar en una logística diferente, en soluciones locales, con capacidades de respuesta mucho más rápidas frente a lo que se ha denominado resiliencia agroalimentaria más fuerte y contundente.

Ante ese panorama, especificó el conocedor, se hace necesario diseñar y potenciar las cadenas regionales de valor, todo en función de involucrar también la agricultura familiar campesina comunitaria, entregándole los instrumentos para que agreguen valor en temas tan simples como selección, clasificación, empaque la recolección y la entrega de los productos con marca y denominación de origen ya que solo así los consumidores del mundo pueden pedir alimentos que llegan de los labriegos.

En Brasil hay diversas lecturas sobre su economía primaria que representa algo más del cinco por ciento del PIB del país sin que se desconozca que es muy importante en la generación de empleo, divisas y riqueza. Los brasileros tienen un agro fundamentado en la pequeña escala que representa en promedio el 85 por ciento de las unidades de explotación campesina y genera el 70 por ciento de la obtención de alimentos esenciales.

Brasil es un país de economía empresarial que dirige la economía primaria hacia exportaciones de gran tamaño. En medio de todo opera un método de agricultura familiar que de optimizarse podría dar buenos resultados sobre pilares de dinamismo y erradicación de la pobreza, un modelo sustentado en la compra pública de alimentos, un derrotero por el que ya camina Colombia. 

 

La ruralidad necesita mujeres y jóvenes

 

 

Un hecho innegable dijo el vocero de la FAO es que el campo pide a gritos la presencia y el concurso de mujeres y jóvenes que empiecen cuanto antes con el relevo generacional y la innovación productiva.

Ante esta necesidad el Coordinador Nacional Territorial de la FAO, Juan Zuluaga, expuso que en ese punto es muy necesario generarles herramientas a los jóvenes campesinos y a la mujer rural para que tengan en sus predios una alternativa real de progreso y para eso el mensaje es apostar por una organización contundente, totalmente de base y que permita llegar a sistemas cooperativos, la única manera de entregar condiciones equitativas en la ruralidad.

Un tema para tener en cuenta es el cuidado de las cuencas hidrográficas para evitar contratiempos en la agricultura y el medio ambiente, unos manejos que de no meterse en cintura puede llevar a una tremenda crisis porque los productos que consume la humanidad demandan cantidades exageradas del líquido vital.

El versado dijo que hay datos muy contundentes en esa inquietud ya que una taza de café implica una huella hídrica de 140 litros mientras que una porción de carne gasta 7.000 litros de agua lo que quiere decir que los productores agropecuarios deben transitar hacia sistemas hídricos más eficientes.

 

“En este momento Colombia tiene deficiencias gigantescas en micro distritos de riego y sistemas de riego que le permitan entregar el agua para inclusive romper los ciclos y así no depender de los deteriorados períodos de lluvia que están seriamente afectados por el cambio climático, un asunto que conmina a pensar en técnicas mucho más estructuradas que involucran Estado, empresa privada y universidades en aras de cavilar unos procedimientos hídricos que respondan a las necesidades productivas de los territorios, es decir contemplar el agua como un bien público y que su administración se afiance como un elemento fundamental para la gobernanza de las regiones”, aseveró Zuluaga.

 

Tecnología y empleo son compatibles

 

 

Ante el debate suscitado frente al desplazamiento que hay de tecnología por mano de obra campesina, la FAO cree que no hay choques sino la humanización de una actividad que se hizo de manera extrema. Ese complemento de avanzada y empleo, explicó Juan Zuluaga, no solamente es compatible sino necesario porque el promedio de edad de un agricultor en Colombia es de 57 años lo dice que en diez años no habrás agricultores, y una forma de resolver esos problemas de interacción generacional, porque no se trata de relevo sino de una interrelación, algo así como motivar a las juventudes a través de la tecnología, para que se aproximen a los sistemas agrícolas, pecuarios y pesqueros, una conexión que no se puede dejar de lado y mucho menos atrás.

Hay un hecho cierto y es que hay atraso, no hay un uso masivo de la fertilización con agricultura de precisión, menos existe un control de plagas con un uso racional de los agroquímicos, pero tampoco hay una agroecología como apropiación territorial y productiva.

Un tema que concita el interés de FAO es el uso y abuso de químicos, así como de antibióticos que le abrieron la puerta a la resistencia bacteriana, generando mayores problemas en momentos en que el clima varía y potencia plagas y enfermedades. De manera paralela, y buscando mejores obtenciones, FAO trabaja en transformación.

Para ser más eficaces el organismo cuenta con el Codex Alimentarius, un órgano internacional creado por la FAO y la organización Mundial de la Salud, OMS, para el diseño y puesta en marcha de normas, códigos de prácticas, directrices y groso modo, recomendaciones sobre inocuidad en los alimentos, desde luego muy enfocado a la defensa de la salud humana. Igual vela por el aseguramiento de prácticas justas en la comercialización de alimentos.

El Codex les da pautas a los países para que vayan evitando esas resistencias cruzadas que se generan en cualquier etapa de producción donde se utilicen mecanismos de control químico. Es importante también la cooperación entre países y allí se destaca que el Congreso de la República autorizó la firma de un pacto internacional para que Colombia comparta información científica con otras naciones lo que abarca material genético en condiciones que permitan que los pueblos avancen y allí es clave la recuperación de semillas, de sistemas ancestrales que evitan la condición de resistencias cruzadas.

Parte de lo rubricado es un buen punto de partida para recuperar datos e información como los bancos de germoplasma y otros estudios sobre mejoramiento genético para optimar las ganancias en el campo. El asunto no se queda en el banco de germoplasma en ganado, en solo maíz, Colombia perdió muchísimas de las especies y variedades.

El país, dijo Zuluaga, tiene que sembrar porque necesita comer, pero subrayó que debe hacerlo bien, cuidando el medio ambiente, ojalá con buenas prácticas agrícolas y transitando a la agroecología.