Sábado, 10 Diciembre 2022 00:53

Anuc dice que libre comercio vulnera salud y economía rural

Por

Las alertas están encendidas, la salud de hombres, mujeres y niños está en veremos, cada día aumentan los casos de cáncer que tienen origen en los alimentos fumigados.

Algunos estudios señalaban a los pesticidas, herbicidas y otros insumos agropecuarios como los directos responsables de los recurrentes casos de cáncer. El asunto fue mucho más profundo ya que estas sustancias químicas no solo impactan la salud de quienes los aplican en los campos sino la de millones de consumidores que de manera incauta los adquieren, ello sin saber que el proceso de siembra pasa por severos controles que llevan implícita síntesis química, considerada por algunos el abono de la muerte.

Otro que no la pasa bien es el suelo, su salud está seriamente comprometida por el exceso de insumos químicos, entre ellos el compuesto NPK, el gran hallazgo científico del siglo XIX, una solución agrícola a base de nitrógeno, fósforo y potasio. Con los años, los suelos se han vuelto adictivos con unas complicaciones considerables al medio ambiente ya que afecta el balance de las tierras de cultivo al eliminar macronutrientes, micronutrientes, flora microbiana, bacterias y hongos que consumen CO2, sin dejar de lado que son componentes vitales en la fertilidad.

Hoy la agricultura está sumida en medio de un gran debate y es la utilización extensiva de venenos e insumos adicionales que como si fuera poco atentan contra la polinización, pues han sido reportadas muertes masivas de abejas y colibríes por el accionar de químicos totalmente tóxicos.

 

 

La agricultura avanza, las buenas prácticas agrícolas como manual, estarían mandadas a recoger, puesto que mientras impere el uso de química y exterminios, no serán buenos los augurios para la humanidad porque siguen llegando contaminantes a las fuentes hídricas y lo grave es que los suelos están demandando cada vez más fertilizante y por cambio climático los herbicidas e insecticidas siguen aplicándose. Los impactos son extremadamente adversos, pues de su letalidad no se salvan ni las aguas subterráneas, otrora fuente de riego y consumo en los hogares campesinos que también deben soportar la lluvia ácida que proviene de la descomposición de la urea acumulada, como quien dice tras de cotudo y con paperas.

Hay un lío serio y muchos quieren meterlo en cintura, la pregunta que surge es, ¿por qué, si los herbicidas están prohibidos en la Unión Europea, a santo de qué llegan a América Latina y a Colombia puntualmente? Averígüelo Vargas, dijo la reina.

Los insumos agrícolas de síntesis química están en el ojo del huracán, todos aportan tragedia y enfermedad pues aparte de cáncer hay estudios que señalan a los pesticidas como causa de leucemia, Parkinson, asma e inconvenientes neuropsicológicos y cognitivos. Los investigadores también encontraron que este tipo de producto conlleva a problemas reproductivos e impactos en los sistemas endocrino e inmunológico. Otro tema a considerar es que, al ocasionar depresión, provocan una tasa importante de suicidios.

El tema no es de poca monta, el problema crece y los químicos citados se ven en productos esenciales como maíz, trigo, cebolla, aguacate, piña, guisantes, lechuga, mangos, sandías, champiñones, cítricos, melones, patatas, espárragos y otras ofertas de la tierra. Hace un tiempo, el científico colombiano Orlando Castro, aseguró que los alimentos están matando a la humanidad.

Las personas deben entender que la fertilización química golpea brutalmente al medio ambiente, aparte de aportar de manera importante con las emisiones de gases efecto invernadero, de manera paralela amenazan la vida porque contamina los abastecimientos de agua potable, en fin, un caos que debe mirarse con toda objetividad, esa que se perdió con la industrialización y comercialización de la agricultura, llamada a crecer, pero bajo parámetros orgánicos, fomentando vida en los suelos y plena en trazabilidad.

Los labriegos están preocupados, saben que en siembras el chip debe cambiar, asumen que existen grandes riesgos en salud y unos retos que pueden cambiar con plantaciones limpias. Aseguran que el libre comercio es una puerta abierta a la ruina y la enfermedad, pues de todo el mundo llegan alimentos y nadie ofrece el respectivo historial de esos productos, casualmente, el Covid-19 aterrizó confortablemente en Colombia tras descender de un avión que partió de Milán.

El asunto no es de ahora, por el comercio y en barco logró diseminarse la peste negra y muchas otras patologías infecciosas que llevan sus vectores vía marítima, terrestre o aérea a los lugares de la geografía mundial más alejados e imposibles. Los productores del campo ven por igual en los TLC y el comercio global, los culpables del empobrecimiento porque llegan arrasando sectores productivos haciendo de la ruralidad un fortín de hambre, desolación y desventura.

El presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia, ANUC, Nilson Antonio Liz Marien, le dijo a Diariolaeconomia.com, que la apertura de mercados y la globalización de la economía ha sido un tema de total oposición por parte de la comunidad agraria por múltiples razones, entre ellas que los tratados de libre comercio fueron diseñados para beneficiar a otros países y sus aparatos productivos con cargo a la tragedia del labriego local porque se trata de la importación de productos que perfectamente se pueden producir en el territorio colombiano, que son esenciales en la economía campesina, lejana de competir con otros jugadores.

El tema de no poder competir, explicó el dirigente campesino, radica en los subsidios que hay en otros países para la producción primaria, unas ayudas que incluyen la entrega de insumos agropecuarios para la obtención de alimentos, todo un paquete de amparo que incorpora asistencia técnica, transferencia de tecnología y modernización productiva, algo que no existe en Colombia, haciendo que competir en esos términos sea hondamente complicado.

“También sabemos que las naciones que importan los millones de toneladas que perfectamente podemos producir aquí en nuestros suelos, son también fabricantes de insumos químicos y lamentablemente en el país no hay una regulación que facilite su compra a menores precios al pequeño productor, todo en condiciones justas, por el contrario y de manera absurda cada día suben más, encareciendo los costos de producción, castigando la rentabilidad y haciendo imposible producir con calidad en pequeñas unidades agrícolas”, declaró el señor Nilson Antonio Liz Marien.

El directivo cuestionó el hecho que los países que producen insumos agrícolas regulen el precio de los mismos, algo adverso porque a los productores colombianos les quita la posibilidad de determinar que es lo que aplican en sus cultivos, una fuente enorme de contaminación en diversas expresiones, carente de ética y honestidad, sin contar que someten a los países en vía de desarrollo en un libre comercio demasiado desigual. En ese sentido agregó que los TLC son tan excesivamente acomodados y precarios que solamente facilita las exportaciones a las llamadas potencias que ingresan con todo tipo de productos mientras que para los pequeños firmantes como es el caso de Colombia, el acceso es casi que imposible, amén de la irrisoria rúbrica.

Por esas razones, la ANUC como asociación ha dicho que no está de acuerdo con un libre comercio excluyente, empobrecedor e injusto en donde sin duda el pez grande se come al chico, todo por la prisa que lleva a las malas decisiones, al desmoronamiento del país productivo y a la increíble pérdida de la soberanía alimentaria.

Al presidente Gustavo Petro, los usuarios campesinos le insistieron en la revisión de los acuerdos comerciales con el fin de que se les garantice a quienes apuestan por economía campesina, que sus siembras se queden en Colombia y cubran sin problema alguno el mercado interno, por tanto la idea es comer lo que da la tierra y no producto importado del que no se tiene conocimiento y que finalmente no genera confiabilidad porque como algunos expertos lo dicen, generan riesgo para la salud de la población.

 

No en vano la investigadora del Instituto de Biología de la UNAM, Magda Carvajal Moreno, advirtió en 2013 que productos consumidos a diario como tortillas de maíz, lácteos, huevos, pollo y cereales como el arroz pueden tener aflatoxinas, metabolitos secundarios de los hongos o mohos llamados Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus, principalmente, y se considera el cancerígeno biológico más potente conocido.

Según la connotada científica, las micotoxinas se producen y consumen con alimentos contaminados, se acumulan por años en el ADN, causan efectos dañinos como mutaciones, malformaciones en fetos, abortos y diversos tipos de cáncer, los más reportados, de hígado, páncreas, colorrectal, de pulmón, o cervicouterino. A criterio de Magda Carvajal Moreno, la principal causa de riesgo de cáncer es lo que comen los seres humanos, un 36 por ciento, le sigue el tabaco, 31 por ciento e infecciones con 11 por ciento.

Dentro de los productos contaminados están los cereales, maíz, arroz, cebada y sorgo, oleaginosas como cacahuate, cacao, nueces y pistaches, así como frutas secas y especias, es el caso de la pimienta y chiles secos entre otros.
Este hongo, señaló la afamada investigadora, se reproduce fácilmente en granos mal almacenados. Como dato adicional afirmó que las temibles aflatoxinas, producidas por mohos del género Aspergillus flavus, son invisibles, carecen de sabor y olor, son resistentes al calor ya que soportan temperaturas entre 260 y 320 grados centígrados sin descomponerse. Sobreviven, indicó, a procesos de cocción, ultra pasteurización, nixtamalización y fermentación.

El asunto como es apenas apreciable, no es mínimo y debe concitar el interés de los gobiernos y las autoridades sanitarias porque muchos productos de importación pueden estar llegando, como la ANUC presume, en condiciones de verdadera alarma. Basta con decir que algunos cereales o legumbres han sido adquiridos con gorgojo en almacenes de cadena y nada ha sucedido, luego si eso pasa con un insecto, seguramente nada se hace por frenar las aflatoxinas uno de los flagelos difícilmente detectables del libre comercio.

Los usuarios campesinos expresaron su inquietud porque en definitiva no hay conocimiento de las prácticas agrícolas fuera de Colombia, el tipo de insumos utilizados y los pormenores de almacenamiento y cuidado que deben tener los alimentos.

 

La química tiene los suelos productivos en vía de extinción

 

 

Un tema grave, dijo el presidente de la ANUC, es que por exceso se están matando suelos fértiles que con otros métodos producirían con mucho potencial tal y como lo ha demostrado el científico colombiano Luis Orlando Castro, un hombre preocupado por la postración de los suelos vivos, hoy amenazados y entrando en fase de alerta.

Recalcó que es larga la lista de países que están en contra de la síntesis química en la agricultura por considerarla nociva y enemiga de la salud pública. Dijo que si bien, el agro es un negocio, no puede devastar vidas solo por ver prosperar las nada lánguidas cuentas bancarias de las multinacionales que pueden seguir en auge haciendo la transición a unos plantíos orgánicos, con productos naturales y por fuera del tremendo riesgo que implica la química.

 

“Generalmente los productos químicos destinados al campo son cancerígenos, culpables de muchas otras enfermedades, una amenaza para la salud, eso sin decir que agotan económica y físicamente al campesinado. Es largo el número de enfermedades que tenemos en la ruralidad por el uso de agroquímicos, pero siguen entrando a Colombia y sobre los peligros no se ve ninguna regulación, algo que llama poderosamente la atención porque el mundo entero está revisando el tema agrícola y la agroalimentación sana. Si, es tarde, pero resulta urgente parar la utilización de insumos de síntesis química, necesitamos nutrición, vida y mercados”, subrayó el presidente de la ANUC.

 

Al ampliar su visión sobre el asunto, Liz Marien afirmó que el suelo cada día se empobrece más en la medida en que se utilicen de manera indiscriminada los agroquímicos porque las aplicaciones, como la adicción a las drogas, deben ser más voluminosas para que mejoren las cosechas, todo en detrimento de unos suelos cada vez más deteriorados que siguen generando una dependencia malsana de esos insumos que asesinan tierra cultivable y oscurecen el futuro.

 

Freno a exportaciones de productos señalados, un paso de la UE

 

 

Luego de que la Unión Europea, UE, anunciara el veto a productos en donde se demuestre la catástrofe ambiental por deforestación y daño a las especies de fauna y flora, la ANUC precisó que la notificación es transcendental porque cierra brechas y le da una luz al medio ambiente y expresa inquietud por la salud. Por ello la asociación celebró la decisión, habida cuenta que se priorizan aspectos humanos y ambientales por encima de los intereses económicos.

En opinión de Nilson Antonio Liz Marien, las noticias son afortunadas porque coinciden con los anuncios del Presidente Gustavo Petro Urrego que anunció igualmente políticas dirigidas a mejorar el medio ambiente y la salud de los colombianos.

Sobre el salario mínimo, la ANUC precisó que un estipendio que oscile entre 1´110.000 y 1´150.000 pesos, no alcanza el indicador de dignidad al tener en cuenta que los costos de producción y de la misma canasta familiar están por encima de ese ingreso, aunque reconoció que hace parte de un acuerdo tripartito, gobierno, empresarios y trabajadores, que buscan una salida consecuente para los colombianos asalariados.

Reconoció que, por encima de las cifras, es uno de los salarios básicos más altos propuesto por los gobiernos, pero reiteró que no satisface la necesidad que tiene el trabajador de poder tener un sueldo digno, de todas formas, acentuó, en el frente laboral muy seguramente se va a avanzar.

El asunto, en línea con otros puntos de vista, es que cuando se habla de mejoras sociales, no es tan relevante optimizar la calidad de vida del pobre sino en evitar gastos adicionales que afecten al rico y por ello, añadió Liz Marien, hay una gran vulnerabilidad que invita a defender la economía de los más necesitados, de quienes dependen de un salario básico para sostener a sus familias.

Visto 3029 veces