La agricultura suele ser un tema apasionante en cualquiera de sus facetas, implica cuidado, buenas prácticas, trazabilidad, innovación, inversión, adopción de tecnología y apertura de mercados internos y externos. La historia dice que nuestros primeros habitantes, verbigracia los Muiscas para el caso del centro de Colombia, no solo contaban con unas técnicas sorprendentes de cultivo y riego, sino que concibieron en la tierra estatus, seguridad y tesoro.
Para no ir tan lejos en la década del 70, lo encantador de viajar en bus, carro o tren era esa maravillosa vista de sembradíos de algodón, condenado por la apertura económica, ajonjolí, maíz, sorgo, soya, frutas, papa, yuca, arveja, fresas, tabaco, arroz, y muchos otros alimentos, claro está había una ganadería dinámica con base cebuina, pero igual se afianzaban razas europeas de leche como Holstein y Normando, algunas fincas apostaron por las estirpes criollas y con el tiempo vino un ambicioso plan sanitario para erradicar enfermedades terribles como aftosa, tuberculosis y brucelosis.
Las décadas avanzaron y Colombia entró por el derrotero del mejoramiento genético, la especialización de razas y la importación de otras, unas de muy buen rendimiento y otras que no dieron la talla en las desafiantes tierras tropicales. Lo propio pasó con especies menores, el país avanzó en la cría de corderos, igual con razas de alto turmequé, cabras y cerdos, este último renglón, de significativa importancia en la economía por su aporte en proteína y crecimiento económico.
Son muchas las fincas, hatos y haciendas que el país tiene como referente de productividad y excelencia, pero algunas han ganado demasiado terreno por lo hecho en investigación, desarrollos genéticos y eficiencia en obtención. Una de esas enormes propiedades es Pajonales los verdaderos pioneros en la producción y comercialización de semillas de arroz.
Al hacer uso de la increíble máquina del tiempo es claro ver que, en 1940, la enorme finca llamada hoy Pajonales se conocía como el ingenio azucarero Manuelita, el mismo que patrocina desde hace años el oportuno Minuto de Dios. Corre el tiempo y en 1985 los inversionistas le dan vida al Molino Pajonales, las cosas marchaban a pedir de boca en los predios ubicados en Ambalema, Tolima, y por eso 1989 es clave por cuanto se inaugura la desmotadora del Norte del Tolima, Desmotolima. La disciplina, el compromiso y la estrategia marcaron el rumbo de lo que iba a ser el gran emporio productivo, en 2001 se afianza el proyecto piscícola y ya en 2006 se fusionan el Molino Pajonales y Desmotolima, una operación significativa que le dio vía a la conformación de la Organización Pajonales, en ese mismo periodo arrancó el proyecto de caucho natural.
El grupo decidió vender Molino Pajonales en 2008 para abrirle paso a la división de bioinsumos. La empresa acredita una admirable musculatura financiera y llegó al olimpo de las grandes firmas de la agroindustria gracias a la puesta en marcha de valores inquebrantables y cada vez más fuertes, por eso respeto, honestidad, confianza, compromiso, transparencia y coherencia hacen parte de los pilares fundamentales del éxito de una compañía que tiene espacio para mayores crecimientos. A lo anterior hay que agregarle que Pajonales integra admirablemente tecnología con talento humano.
En este 2023, se dio inicio al plan piloto de cultivos de lima Tahití, pero hay que decir que en general Pajonales impulsa un material genético superior.
El portafolio es amplio, en ganadería la empresa ofrece toros Brahman, labor que abordó en 1959, semen de grandes características, bovinos puros y ganado comercial con reconocidos atributos. En agricultura la firma ofrece algodón, maíz, arroz paddy, semillas de arroz, soya y heno Pangola. La empresa es inquieta y por eso en piscicultura brinda tilapia roja, tilapia plateada y nicuro.
De igual manera cuenta con la línea de bioinsumos en donde pone a disposición de los agricultores los mejores productos toda vez que cuidan los predios de labranza y mantienen suelos vivos, garantizando sostenibilidad en la producción de alimentos y materias primas.
Ese proyecto llamado pajonales que comenzó en la década de los ochenta, es un ejemplo de trabajo, iniciativa, inventiva, innovación, convicción e inversión, la transición de Ingenio Manuelita a la Compañía Agroindustrial Pajonales demostró que con ideas y empuje todo es posible. La hacienda suma 6.000 hectáreas y por eso en Ambalema Pajonales y el Triunfo son motivo de orgullo y desarrollo ya que se hace patria con el ADN colombiano, la agroindustria.
No es desconocido que Pajonales ha vivido unos tiempos complicados, de hecho nació en la “década pérdida de América Latina”, un momento difícil en la historia económica de la región cuando aparecieron las crisis financieras gestadas cuando los países latinoamericanos llegaron a una situación apremiante porque la deuda externa rebasó el poder adquisitivo de cada nación, haciendo que se incumpliera con los compromisos de pago adquiridos. Igual fueron haciendo su arribo nuevos problemas, la geopolítica golpeó expectativas y se integró al listado de palos en la rueda del crecimiento, la Guerra del Golfo detonó en 1990 y años después vino una seguidilla de caídas económicas y líos internacionales que sirvieron para demostrar el poder de los grupos afianzados, aunque muchos en banca y bienes raíces colapsaron.
La empresa acopia dos pandemias, entre Covid-19 y gripe aviar e igual enfrentó situaciones internas delicadas por la incertidumbre política, los hechos de orden público y un contexto muy difícil con la apertura cuando se fueron de bruces muchas empresas, varias consolidadas y de renombre. Hoy nada cambia, hay una estela de la crisis global logística, guerra en Europa Oriental, conflicto en Oriente Medio y una situación compleja de leer en materia de globalización, principalmente cuando crecen los países BRICS y sus audaces propuestas.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de Organización Pajonales, Francisco Bejarano Rodríguez, indicó que después asistir a una conferencia sobre mercados y comercio exterior en un marco de internacionalización, se habló de geo-fragmentación, es decir no es el fin de la globalización, pero sí algo que viene funcionando como talanquera en el desarrollo de dos hemisferios, asiático y el occidental más hacia la parte de América.
Según el conocedor el escenario da para pensar que todo se generó por las marcadas diferencias entre Estados Unidos y China. El fenómeno sin duda, puntualizó Bejarano, le abre paso a las cadenas regionales de valor que igual se vislumbran dinámicas y vertiginosas por la oferta de commodities en las tres Américas.
“En el caso nuestro, quiero anotarlo, la mayoría de los productos que tenemos y que son exportables los colocamos en América porque es mucho mejor para el conglomerado, menos costoso y las cadenas de suministro así lo dicen, sin duda la parte logística es mucho más eficiente para poder colocar un producto acá, lo interesante es que podemos suplir, si estamos hablando de caucho y palma, lo que viene de Asia a este continente”, declaró el señor Bejarano.
Un hecho real es que el entorno de los commodities es cambiante, hoy los productos básicos están en serios aprietos por esa gran diferencia que existe entre los países debido a que siguen abriendo un problema gigantesco en el manejo de los precios de las materias primas y mucho más si se habla de futuros en vista que lo actores ya empezaron a manejar contratos para tener un determinado precio, de manera manejable, pero que al cierre de la operación ni siquiera se finalizan.
¿Precio del aceite en riesgo?
El caso de grandes productores de materias primas como China, India y Malasia tienen al mundo a la expectativa, pero el caso exacto de China es aún más sugestivo porque según Francisco Bejarano, el gigante asiático desde el año 2022 más o menos en noviembre, empezó a hacer múltiples compras de varios commodities como aceites y otros, fomentando grandes inventarios, un asunto que preocupa al final del día porque los precios finalmente para 2024 no solo en aceites sino en aceites-grasas y otros productos pueden llegar a caer, una situación que tiene las alertas encendidas.
En opinión de Bejarano, en este preciso instante hay que empezar a trabajar para ver cómo se bajan costos y gastos, pero también mirar a través de la investigación de qué manera se obtiene mayor productividad por hectárea.
Palma, un modelo a seguir
El caso de la palma es bastante llamativo porque consolidó un proceso de asociatividad en donde los núcleos palmeros implementaron una articulación entre grandes, pequeños y medianos que entraron al negocio de la mano, no como proveedores sino como asociados. Ese modelo, especificó Bejarano Rodríguez, se puede replicar en todas las otras actividades agrícolas y ganaderas.
Agregó que el tema es bien interesante para crecer de forma sostenida y permear la sostenibilidad con pequeños y medianos productores, también brindándoles apoyos a nivel financiero. El caso de la palma explicó, es algo que debe replicarse en varios sectores dejando claro que Pajonales lo ha hecho en caucho, arroz, algodón y también en ganadería en donde se ha brindado respaldo a pequeños y medianos criadores de bovinos para que tengan tranquilidad económica y puedan sacar un buen producto al mercado con mayor razón hoy que se está exportando ganando en pie.
En temas ambientales subrayó Bejarano, el compromiso es todo porque en la mayoría de los segmentos del agro se trabaja con iniciativas puntuales como energías renovables, agricultura y ganadería regenerativas y producción bajo el esquema de asociatividad. Añadió que, con la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, se viene trabajando en ese sentido, en el uso adecuado del agua que es bueno tenerla en cuenta porque la agricultura se hace con el preciado líquido.
Expuso que con el gremio arrocero se aprendió a optimizar ese recurso, incluso Pajonales aprendió a cosechar agua, lo propio, anotó, se hace con la confederación cauchera, igual labor se adelanta con Fedepalma, un gremio elite que debe ser mirado con el mayor interés porque tiene los estándares muy altos y hay un cumplimiento total en las metas de sostenibilidad.
Hoy el debate es a qué apostar si a cultivos de ciclo corto o a esos llamados de tardío rendimiento, la respuesta la dio inmediatamente el presidente de la Organización Pajonales quien anotó que en los cultivos semestrales, la gran ventaja es la versatilidad que se tiene para poder dar un giro de un momento a otro, el caso Pajonales es preciso porque el grupo siembra arroz y soya, pero si ve el comportamiento de los precios futuros en donde seguramente el algodón muestre una tendencia al alza, sencillamente se sale de los dos en siembra para ir a fibra de algodón.
Todo el tema de plantación tiene que ver con el tipo de suelos con los que cuenta un agricultor o una empresa enfocada en ese negocio porque solo conociendo la calidad del suelo puede determinarse qué producto irá a siembra porque no en todo lado se puede cultivar palma, limón o aguacate, es necesario, afirmó, tener claro las zonas agroecológicas, el uso del suelo y del agua para poder hacer eficiente cada uno de los recursos que se adquieren.
De esta forma, advirtió el experto, se optimiza el recurso suelo, el recurso agua y dependiendo de esos elementos y de la zona en donde está ubicada la explotación se toma la decisión de invertir. Pajonales siembra palma de aceite en los Llanos Orientales porque detectó que es un sitio apto para ese desarrollo. Igual pasó con caucho, solo que el inconveniente que existe en esa franja es gente disponible para trabajar pues los cultivos de tardío rendimiento por lo general son intensivos en mano de obra.
El gran problema de Pajonales y de toda la agricultura es que la gente no quiere estar en el campo y si se habla de que en algún momento se puedan generar subsidios, las personas van a preferir la ayuda en lugar de dedicarse a producir. En su análisis expuso que un concepto que debería manejarse en toda la industria es que el salario mínimo no debe verse como la paga justa porque hay escenarios en donde el ingreso mínimo es la base de liquidación de las tareas que se ejecutan en campo y por esa vía tener de manera sostenible salarios de 1.5 o 1.8 millones de pesos, que en el campo resultan un buen estipendio más si en la casa hay dos personas laborando porque ello subiría el ingreso familiar a tres o cuatro millones de pesos que muy bien caen en el hogar.
El panorama agrícola es bastante interesante y para el invitado lo ideal es tener una agricultura variada, es decir de ciclo largo y corto y con diversas semillas en los trópicos altos y bajos para el caso de Colombia. El campo no debe tener un solo producto, la idea es acopiar diversas cosechas y a ellas sumarles leche, carne y materias primas.
La diversificación agrícola, anotó Bejarano, permite tener tranquilidad económica, pero igual recomendó dejar el cortoplacismo rural, que en su concepto debe acabarse, es algo, dijo, que pasa en muchos cultivos como arroz y soya porque muchos con el precio alto cultivan así sea en las materas, pero ignoran que les están acarreando un gran problema a quienes sí han hecho la tarea ya que con sobreoferta el precio cae dejando a más de uno en bancarrota, luego es necesario identificar las áreas y tener un proyecto de vida de largo plazo dentro del desarrollo agrícola, pero diversificando, ojalá con plantaciones versátiles.
Sobre los tratados de libre comercio, Bejarano Rodríguez dijo que estos por su filosofía son de doble vía porque jamás se dijo que los productos colombianos del sector primario y otros no se pudieran exportar, jamás se escuchó que el arroz o el aceite de palma no podían salir a otros mercados, en el caso de Pajonales, escribió el versado en agro son exportados bienes como caucho, aceite de palma y algunos productos semestrales.
“En este punto lo que creo es que hay que buscar la forma de ser competitivos, es algo totalmente distinto, ahora si consideran pertinente hacer algún tipo de negociación adicional es bienvenida si tiende a mejorar lo ya rubricado”, expuso el presidente de la Organización Pajonales.
Otro punto interesante es el de qué resulta mejor y más rentable, darle valor agregado a los productos en la misma finca o apostar por la integración, desde el punto de vista de Francisco Bejarano Rodríguez lo mejor son las mezclas o unificaciones.
Agricultura, un sector esencial para la vida
A criterio del presidente de la organización Pajonales, lo importante de la agricultura es que supera sectores como los minero-energéticos y otros ya que quien no tenga agua o comida está llamado al caos, destacó que el sector primario, además de todo, es un generador trascendental de empleo, así como de conocimiento para poder tener cultivos adecuados en cada uno de los espacios que hay acondicionados para la siembra y ganadería en Colombia.
Consideró que frente a los grandes retos que se vienen en la economía rural, se hace perentorio trabajar muy fuerte en poder ampliar la frontera agrícola, asunto oportuno porque el gobierno está hablando de tierras, política que debe acompañar con infraestructura, bienes públicos y facilidades logísticas sobre todo en la zona oriental en donde ha venido creciendo muchísimo el cultivo de arroz, una labor que demanda distritos de riego que permitan la tranquilidad en el desarrollo de esa siembra.
En materia de bienes públicos y de algunas políticas igualmente estatales para el campo, aseveró Bejarano Rodríguez, sigue existiendo esa deuda que durante décadas se ha sostenido en detrimento de la productividad y el progreso toda vez que su ausencia genera inseguridad.
A propósito de la reforma agraria, el directivo comentó que este tipo de iniciativas deben apoyar al empresariado porque con este sector es posible sacar adelante cualquier proyecto más cuando hay factorías grandes que pueden jalonar pequeñas y medianas, poniéndole de esa manera y con esas sinergias, sello al desarrollo.
El portafolio de Pajonales se ha potenciado, aparte de ganadería, agricultura, semillas, piscicultura e insumos, hay en la mira nuevas iniciativas, pero en biológicos, matizó, Bejarano Rodríguez, la empresa hace un trabajo muy fuerte en investigación para productos amigables con el medio ambiente, cuenta con 13 productos biológicos en el mercado, adicionalmente son relevantes los trabajos hechos en genética de arroz, de otro lado suma palma de aceite y adelanta exploraciones en híbridos y en material guinense. Los trabajos de laboratorio y averiguación están igualmente en caucho, una iniciativa que se hace de la mano con Agrosavia, todo en nuevos materiales para el desarrollo en Colombia.
“Toda esta variedad de negocios lo que busca también es poder generar un abanico de soluciones a la agricultura en Colombia por lo menos para este tipo de cultivos”, apuntó Francisco Bejarano Rodríguez.
Sobre la Ley de la Unión Europa, UE, para la deforestación que compromete injustamente renglones sustanciales de la economía en América Latina, Asia y otras latitudes, el contertulio dijo que los europeos pueden legislar, el tema es que se hagan muy bien las cosas y sostuvo que hay algo que marca la diferencia dentro del desarrollo mundial y es que Colombia trabaja en el marco de una agricultura sostenible, en palma de aceite, señaló, el país está lejos de muchas otras naciones gracias al liderazgo que ha tenido la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, Fedepalma, que logró permear con sus directrices y conductas no solamente a los empresarios sino a los pequeños y medianos agricultores, enorme labor que facilita que el aceite colombiano llegue a Europa y que en Países Bajos, todas las normas y regulaciones que están sacando para el próximo año no le pongan a Colombia un límite sino que caso contrario coadyuve abriendo fronteras.
El también Gerente de Unipalma recalcó que hay unos cultivos sumamente responsables y profundamente comprometidos con el medio ambiente. Más allá de la palma aceitera, precisó, en Colombia hay muchas empresas y agricultores que desarrollan de una manera ecológica y sostenible la labranza.
Vaticinó que inevitablemente los nuevos lineamientos de las UE impactarán a algunos países que no estén comprometidos o trabajando en línea en toda la parte de sostenibilidad y en una producción en la que no haya deforestación.
Sobre el modelo de la agricultura tradicional que está cambiando con las grandes inversiones, así como con el concurso de grandes empresarios de otros sectores que optaron por mirar y apostar por el agro-negocio, Bejarano dijo que es una tendencia a nivel mundial, un ejemplo Bill Gates y otros potentados que pensaron y decidieron hacer inyecciones de capital en el entorno agrícola.
Gates que debe tener cerca de 10.000 hectáreas de tierra cultivable, las mantiene al día y con todo tipo de inversión, pensando en seguridad alimentaria, una mirada acertada y oportuna porque quienes tienen los recursos y pueden entrar en el negocio agropecuario llegan a un plano interesante y afortunado porque no solamente generan desarrollo sino que permiten la adopción de nuevas tecnologías pues tienen todo para hacer investigación dejando atrás las ataduras que tradicionalmente tuvo el sector agrario.
Producción de alimentos necesita tierra y herramientas
El autoabastecimiento de alimentos es posible no solo con la entrega de las tierras sino con infraestructura, una falencia en los Llanos Orientales que de ser atendida haría mucho más eficiente el uso de los suelos, otro factor para lograr esa autosuficiencia es capacitación completa a los agricultores porque una de las preocupaciones de Pajonales es que muchos de los agricultores experimentan pérdidas económicas por el comportamiento de los precios y también por el dólar, todo porque al campesinado no se le inculcó el desarrollo financiero y menos se les permitió hacer uso de coberturas.
“Cuando todos aprendamos a hacer una cobertura adecuada seguramente podremos tener seguridad económica, por otro lado, es necesario buscar que Gobierno y gremios se unan para poder tener un desarrollo totalmente equilibrado pues no se trata de distribuir tierras por cumplir con una promesa sino tener proyectos que permitan dar el salto a la seguridad alimentaria y que faciliten el desarrollo económico y social en cada una de las regiones porque muchos que reciben tierra no sabrán qué hacer con ella, y como ha pasado históricamente, después de un tiempo la vuelven a vender por eso es necesario capacitar, permitir que quien tenga el recurso haga inversión desde luego con la participación de los pequeños agricultores, pero de manera ordenada. Pongo el ejemplo de los núcleos palmeros, estamos los palmicultores de todos los tamaños, de derecha, izquierda y de todo lado, pero nos logramos afianzar como un muy buen sector, hemos venido creciendo, cuando los precios caen, claro, pasamos afugias, pero nos hemos apoyado entre todos para salir adelante”, aseguró Francisco Bejarano Rodríguez.
Un tema que no puede quedar en el tintero es el de una agricultura eficiente que aparte de dotación, infraestructura y bienes públicos esté atiborrada de garantías contractuales o legales para que en el mediano o largo plazo puedan conformarse unas verdaderas estructuras productivas con la mayor tranquilidad para quien invierte sin importar el tamaño, capitalista que obligadamente ve su rentabilidad a plazos largos o medios.
A propósito del tema, Bejarano exteriorizó que ojalá se hagan las cosas que se tengan que adelantar, pero de manera correcta y en la debida dirección, se trata, dijo, de tomar medidas que generen seguridad jurídica y de todo tipo.
Algodón y soya, bien, pero necesitan investigación
Pajonales ha crecido en cultivos de algodón y soya, pero reconoció que hoy es urgente buscar la manera de ser competitivos, pero apostar fuertemente en investigación, un contexto que invita a unir fuerzas con algunas entidades estatales o de carácter mixto como el ICA o Agrosavia para poder hacer exploración científica y genética, que de lograrse, como lo ha venido anotando desde hace mucho tiempo la empresa privada, seguramente se encontrará la forma de tener productos muy eficientes en campo.
En arroz, expresó el presidente de Pajonales, pasó que hace veinte años, las producciones más altas, Brasil y Estados Unidos eran aproximadamente de siete toneladas por hectárea, hoy esos productores están llegando a 11 y 12 toneladas por hectárea y Colombia, apuntó Bejarano, con la investigación lograda logró niveles de ocho y nueve toneladas por hectárea, pero reconoció que el país está lejos de esos grandes jugadores, algo que invita a seguir trabajando en investigación porque solo así se puede alcanzar el autoabastecimiento sin descuidar el aspecto competitivo y la estructura de costos que en este momento trepa de manera acelerada, no por fertilizantes sino por transporte teniendo en cuenta el incremento recurrente de los combustibles fósiles, alzas que asumen agricultores y consumidores.
Finalmente el problema de financiación en el sector primario fue abordado en su momento con el ministerio de Agricultura, allí se expuso, manifestó Bejarano, que lo ideal es generar líneas de crédito atadas a lo que está arriba de la tierra, es decir, asociadas al cultivo porque en ocasiones en palma hay agricultores que reciben créditos a tres y cinco años cuando el cultivo empieza a estabilizarse en el séptimo año, luego sí es apremiante identificar líneas que permitan la tranquilidad económica, obviamente pagando el servicio de deuda que corresponde, empero buscando que esos beneficios por préstamos a más largo plazo o atados al cultivo muestren un impacto económico positivo, acorde y consecuente.
En pandemia, dijo Bejarano Rodríguez, la Organización Pajonales hizo un ejercicio con el ministerio de agricultura, “soya maíz, proyecto país”, una mini-feria con buenos resultados, ahora con algo de recuperación en los bolsillos y con todas las ganas se llevará a cabo entre el 23 y el 24 de febrero de 2024 el Agroshow Pajonales en la ciudad de Ibagué, nada más y nada menos que la versión 12 que tendrá como grandes invitados temáticos la sostenibilidad y la equidad de género.
Esta feria, aparte de la muestra agrícola tendrá una exposición ganadera importante y abordará el tema de la importancia de la diversificación en cultivos, la versatilidad y todo el asunto de apuros financieros para que los expertos pongan sobre la mesa temas de cobertura, manejo de financiación y otras soluciones que lleven sosiego a la ruralidad productiva.
Hoy sigue rauda la productividad en la fastuosa Hacienda Pajonales, todo un ejemplo de productividad y competitividad en Ambalema. Resta decir que su nombre, Pajonales, fue inspirado en los pastizales que cubrían los llanos del Tolima, considerados como un terreno perfecto para el pastoreo de ganados vacunos.
Dos datos curiosos, hace algo más de diez años hubo 13 empresas dedicadas a la investigación y producción de semilla de arroz certificada, hoy sobreviven cuatro, un problema al que llevó el uso de semilla de costal. Según la Organización Pajonales, la rotación de cultivos no solamente mejora el estado de los suelos, sino que les facilita a las plantas la exploración de diferentes capas en busca de nutrientes.
Ambalema, ¡qué pasado!
Con la Organización Pajonales, el municipio de Ambalema, ubicado en el costado nororiental del departamento del Tolima entre las cordilleras oriental y central, fundado el 15 de agosto de 1627, empieza a recuperar el prestigio que llegó a tener en los siglos XVII, XVIII, XIX e inicios del XX con los cultivos de tabaco. La migración de 1776 fue llevando personas que pensaron en un mejor ingreso con la explotación de la demandada planta.
Algunos dicen que la fundación no es precisa ya que después de marcar límites en los resguardos y de desligar a San Juan de la Lagunilla, el primer nombre, se erigiera a Ambalema el 29 de marzo de 1659, sin embargo, se mantiene la primera fecha respetando la llegada de los colonos promotores.
En ese tiempo no solo crecieron los cultivos de tabaco, sino que fue erigida la primera planta de procesamiento de la hoja, producto que era llevado a Honda para su exportación por la vía fluvial del momento, el río Magdalena, igual vecino de los Ambalemunos.
En 1809 la economía tabacalera siguió escalando con el arribo de la firma Montoya y Sáenz que le dio otro manejo al negocio quitándole ese perfil esclavista heredado de la colonia, un escenario que amplió las fronteras del desarrollo industrial y regional, no en vano a Ambalema se le conoce como “la ciudad del tabaco”.
Sucedieron muchas cosas, la población fue consumida por un voraz incendio que inició el 17 de septiembre de 1825, este episodio contrario a derribar a las gentes con vena y vocación agrícola, las llevó a trabajar con mayor ímpetu para protagonizar y participar de la reconstrucción, así como de la primera bonanza tabacalera en 1849, una vez el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, mandó a tierra el monopolio del tabaco.
La primera bonanza económica de la región comenzó a partir de 1.849 cuando el presidente Tomas Cipriano de Mosquera abolió el monopolio del tabaco. Ese fue el primer paso para ventilar y dinamizar la sombría economía del país abriendo las puertas al comercio y a la empresa.
Según los historiadores, la fiesta terminó en 1858 cuando los cultivos disminuyeron, golpeando la obtención de la hoja, todo por descuido en la salud de las plantaciones y la aparición de plagas, a los líos fitosanitarios se sumó la falta de control en la calidad del producto. Solo hasta 1906, en los inicios del siglo XX, vino otra bonanza que vino atada a la elaboración de cigarrillos, pero indexada por la puesta en marcha del tren.
Paradójicamente, en momentos en que Ambalema era una de las regiones más importantes desde el punto de vista económico, después de que la nueva fábrica, la admirable “Casa Inglesa” pasara por las manos de la compañía alemana Fruhling y Goschen, cuando la planta bautizada “La Patria” demandaba mayor mano de obra y prosperaba, paso a manos de Mr. Voughan, un administrador que la adquirió la seguir con el negocio, surgió otro tremendo incendio el 18 de agosto de 1928, unas llamas que desintegraron la factoría y con el incidente la segunda etapa de bonanza económica. Como si fuera poco, entró a operar el ferrocarril entre Bogotá y la Costa Norte, dejando de lado a Ambalema, municipio que logró reinventarse adoptando otras actividades económicas como ganadería y plantaciones de azúcar.
Después con la conectividad entre el centro del país con el Valle del Cauca, el azúcar se desplaza a esa zona en los años 50, dándole otra estocada a una tierra con ADN agropecuario.
La vieja Ambalema, la que autorizó exportaciones de tabaco en 1835 a Francia e Inglaterra se convirtió en una cajita multiplicadora de riquezas, o en esa varita mágica para conseguirlas, en la época el comercio vendía todo y los habitantes del opulento municipio, propietarios de haciendas sumamente extensas, hablaban inglés y francés, hubo tanto recurso que varios fueron a Europa en plan de paseo. Con el tiempo las ventas de hoja de tabaco fueron a Chile.
En 1835 los despachos de tabaco pasaron de 18.000 a 200.000 pesos, toda una fortuna, escenario que llevó a la fundación de un banco local que atrajo también la inversión extranjera.
Esa tierra de economía básica de indígenas Panches y Pijaos dio un salto de calidad con el tabaco, conoció la riqueza extrema y casi que inspira el juego de mesa Monopolio, sin embargo, los años pasaron y todo quedó en el recuerdo, desde luego sin ese protagonismo que acopió la admirable población. La también llamada “Ciudad de las Mil Columnas”, no pasó de agache, fue visitada por europeos y fue tema de alto relieve en los grandes mercados bursátiles del mundo, en esencia de Europa. El hoy es bien diferente, pero como dicen, a nadie se le quita lo bailado.
Eso sí, con Pajonales la región está empezando a sentir que los fantasmas del pasado quedaron conjurados y que llegó una Organización empresarial que está demostrando que, con planeación y compromiso, lo posible se hace realidad, retomar la importancia de una provincia desde la agricultura, ese trabajo que los colombianos, todos, llevan en la sangre.


