Domingo, 26 Mayo 2024 00:53

De una Guerra Mundial no se salva nadie, el principal afectado, el planeta

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De una Guerra Mundial no se salva nadie, el principal afectado, el planeta Imagen-de-nordstreamart-en-Pixabay

El científico Orlando Castro Cabrera dijo que un intercambio de misiles y el accionar de armas nucleares afectarían suelos, especies y vida. Reveló que hay solución para el Dalbulus Maidis que ataca el maíz.

Las guerras han dejado muerte, devastación, pobreza y mucho sufrimiento, generalmente las bombas y las balas caen en la población civil, en personas inocentes que jamás supieron por qué las mataron o por qué las persiguen. Los últimos hechos registrados en la Franja de Gaza muestran que la crueldad es el común denominador en un conflicto ya que no respeta la vida de niños, ancianos, mujeres y hombres buenos. Lo que acontece en Oriente Próximo invita a reflexionar y a replantear qué tan inteligente es la guerra pues a juzgar por lo visto es de imbéciles, seres aperados de bala y tecnología que sacrifican inclusive a sus propios pueblos, sí, son algunos presidentes, primeros ministros, señores de la guerra y gente carente de raciocinio, algunos pueden tildarse de interdictos pues a un senador de Estados Unidos se le ocurrió proponer el lanzamiento de una bomba atómica en Palestina para acabar un diferendo armado que según él no se puede perder, absurdo, tremendo estólido y paupérrimo humano, si eventualmente lo es. Lo de Hiroshima y Nagasaki fue el primer gran acto terrorista contra la humanidad porque las decisiones de un gobierno entonces irresponsable y buscapleitos como el de Japón conllevaron a que miles de inocentes murieran derretidos sin saber por qué, en esos dos días de bombardeos perecieron 110.000 personas aproximadamente, 70.000 el seis de agosto de 1945 en Hiroshima y 40.000 tres días después en Nagasaki.

La pregunta que surge es, ¿de las personas muertas quién tuvo la culpa?, ¿se merecieron tan tétrico deceso?, debió considerarse como crimen de guerra, pues resulta inadmisible que los niños que jugaban en esas ciudades japonesas terminaran desintegrados con sus familias, un acto infame, salvaje y ominoso.

Actualmente hay una cifra que genera escalofrío, más de 35.000 muertos en Palestina a manos de Israel, un hecho pavoroso que muestra odio, un holocausto en pleno siglo XXI, muertos que según Israel se justifican por cazar a los escurridizos integrantes de Hamás, inaceptable argumento, ¿acaso hay que matar a los colombianos en su totalidad porque hay guerrillas, paramilitares y delincuencia común organizada?, claro que no, los servicios de inteligencia deben buscar el hampa, a los terroristas, pero no aplaudir las recurrentes masacres que pueden dar origen a un conflicto mayor y con unas consecuencias espantosas pues tal y como van las cosas la Tercera Guerra Mundial puede estallar, una pésima noticia para el mundo y para todo lo que se relacione con la creación.

Hablar de guerra resulta fácil, las potencias en su afán de probar su arsenal destructivo pasan por alto las consecuencias, en principio se atenta contra la vida de personas ajenas a los odios palaciegos, como si fuera poco, con un pleito nuclear vendrían las más complicadas y execrables secuelas, los suelos cultivables terminarían pagando el pato de los resentimientos y la vida en cualquiera de sus expresiones podría tener un injusto punto final, como quien dice a dialogar se dijo, no más bala, con urgencia alimentos y medicinas para las naciones en guerra, mesas de concertación y reencuentro, aparte de esto llegó la hora de preocuparse por los apuros de la casa y no andar metiendo las narices en donde nadie llama, cada cultura, cada religión y los modelos de desarrollo deben respetarse, cada quien que viva como mejor le parezca, y el llamado se hace porque hay naciones imperialistas que buscan recursos naturales gratis, invadir pueblos y fomentar el miedo, esas llamadas potencias a las que les debería dar vergüenza actuar con rapiña y rencor, están llamadas a replantearse y a girar hacia la coherencia. Hoy Estados Unidos sanciona a don Raimundo y todo el mundo, pero nadie cuestiona o llama la atención de los gringos cuando se pasan de dulce, casi que a diario.

 

 

Damas y caballeros, llegó la hora de la sensatez, de poner los puntos sobre las íes y dejar claro en donde estamos y para dónde vamos. Con más de 55 conflictos, los más visibles Ucrania-Rusia y Palestina-Israel, el momento tiene con los pelos de punta a muchos, mejor dicho, a todos. Ya hubo fuego cruzado entre Irán e Israel y si las cosas no mejoran y aumentan los muertos en Palestina, alguien podrá dar intempestivamente el paso hacia una conflagración abismal, el asunto es que no será una guerra común, ahora existe un portafolio generoso para matar, bombas nucleares, drones, química y muchos otros instrumentos letales que acabarán la vida como un todo. Hay que recordarles a los amos del mundo que en sus diferencias y en ese afán psicópata por aniquilar hay que excluir a los que nada tienen que ver, incluidos sus nacionales, igual a la fauna, la flora y el agua del planeta que se verían seriamente amenazados e impactados, ojo una guerra que no es simplemente oprimir botones y celebrar dar en un blanco, puede traer devastación paralela y un daño colateral de proporciones inimaginables.

El intercambio de plomo jamás ha sido bueno, nada más ridículo que la guerra fría en donde dos potencias probaron armamento y acabaron con la vida de personas y de sus propios nacionales que arribaron, para el caso de Estados Unidos, en un cajón blanco y lo peor, drogados, mentalmente afectados y generando un riesgo para la propia sociedad americana, esa factura la pasó el haber entrado en Vietnam, guerra que solamente se ganó con las películas de “Rambo”.

Ahora bien, disparar no es el caso, los involucrados en los conflictos deben medir el alcance de sus actos, está de por medio la agricultura que podría claudicar y con ello la obtención de alimentos, el tema no es simplemente atacar, es urgente apelar a la cabeza fría y hacer cálculos, ganar una batalla o una pírrica guerra puede implicar perder el planeta, ni más ni menos. 

 

 

El Director Científico de Biotecnología Salus Mundi Luis Orlando Castro Cabrera aseguró en Diariolaeconomia.com, que, con el tamaño y el poder de las armas nucleares de hoy, un enfrentamiento de mayor tamaño representa acabar la vida sobre la tierra. Explicó que, si estallaran cuatro bombas nucleares simultáneamente, nada difícil por el acopio de armas de este tipo que tienen las grandes potencias, un ejemplo Rusia, Estados Unidos, Corea del Norte e Irán, por citar algunos. Si ese estallido se produjera a la vez por un costado de la tierra, inmediatamente el acto bélico sacaría al planeta de la órbita del sol, si el acercamiento, dependiendo del momento en que estallen las bombas, aproxima la tierra al sol, la humanidad se quemaría, pero si aleja el globo del astro rey, los humanos estarían condenados a congelarse, luego las dos opciones no son si quiera estimables, posibilidad que obliga a la potencias a tener cuidado ya que un ataque contra el adversario puede ser contra sí mismo y el resto de la población mundial.

Se puede decir literalmente que las potencias están jugando con candela, pero también con hielo dadas las posibilidades que se tienen frente a un intercambio de misiles con perfil nuclear. En ese escenario no sería necesaria la agricultura por los daños irreparables de la radiación en los suelos, habría una contaminación tan grande que segaría la vida en América, Europa y parte de Asia. Con tierras quemadas a unas profundidades y extensiones aterradoras, no habría manera de sembrar, la vida, puntualizó, se esfumaría.

Todo ese impulso de armas nucleares, comentó Castro Cabrera, se le debe a un hombre que fue marcado por la historia como benefactor de la humanidad, el físico estadounidense Robert Oppenheimer conocido como el padre de la bomba atómica, no en vano fue él quien desarrolló la primera bomba nuclear con los principios básicos que planteó el italiano Enrico Fermi el desarrollador del primer reactor nuclear, famoso igualmente por aportar en el adelanto de la teoría cuántica, la física nuclear y de partículas así como de la mecánica estadística recibió el premio Nobel de Física en 1938 gracias a los trabajos de radiactividad inducida.

Si bien Fermi brilló con luz propia, Oppenheimer estuvo liderando el laboratorio nacional del Proyecto Manhattan lugar que sirvió para crear las terribles bombas nucleares que acabaría con miles y miles de vidas en Japón.

 

 

Hay verdades que quizás no han trascendido, explicó Castro Cabrera, pues Enrico Fermi fue Director del Instituto de Investigaciones nucleares de los Estados Unidos y cuando llegaron los alemanes a este país apareció Oppenheimer y a Fermi le quitaron la dirección y lo bajaron a subdirector, una medida que influyó en la vida del físico romano nacionalizado en Estados Unidos. En ese momento hubo enfrentamientos con Oppenheimer quien llamó al presidente de Estados Unidos a quien le pidió que destituyera a Fermi del grupo al considerarlo incapaz tanto técnica como científicamente. Al saber poco del tema el Primer Mandatario aprobó la petición de Oppenheimer y el físico Fermi parte para la Universidad de Columbia y con un grupo de 25 investigadores siguió trabajando y un día le dijo al presidente del alma mater a quien le dijo que estaba listo para hacer unas pruebas de la fisión nuclear controlada.

En ese tiempo, se había escrito mucho qué podría ser una reacción en cadena no controlable y que acabaría con todo, ahí fue donde consultaron a Albert Einstein quien no emitió ningún concepto. También se acudió al concepto de Wernher von Braun, ingeniero mecánico y aeroespacial nacido en Alemania, presidente de tesis doctoral de Orlando Castro Cabrera, director del programa Apolo que llevó el hombre a la luna, a esos hombres de ciencia los consultaron y la posibilidad de que fuera reacción en cadena estaba por debajo del ocho por ciento, entonces se arriesgaron y en los Ángeles, en una cancha de squash hicieron un reactor con paredes de madera, algo increíble, metieron algunas barras de uranio en tubos de selenio y cuando lo retiraron mecánicamente y manualmente porque lo halaban con unas pitas, entonces se produjo el efecto Cherenkov que es la reacción nuclear, nuevamente vuelven a introducir el material y desaparece el efecto Cherenkov. Dentro del grupo de Fermi había un infiltrado que llamó a Oppenheimer y le dijo, “un italiano acaba de ingresar al mundo de la fisión nuclear controlada”, acto seguido colgó el teléfono.

Nuevamente Oppenheimer llama al presidente de Estados Unidos y le pide que llame nuevamente a Fermi y lo nombre como su director científico, favor que quitó gente de su cargo. En ese momento Fermi pensaba en cómo resolver el problema del consumo de energía mundial. Finalmente trabajan en el tema, crean reactores y Oppenheimer dijo que, con toda esa energía concentrada en diez hectáreas, había en las manos de Estados Unidos un arma muy potente y es cuando hacen la primera bomba nuclear y la lanzan al desierto de Arizona como una prueba, después viene lo de Pearl Harbor, la declaración de guerra a Estados Unidos con sus aliados Alemania e Italia, previo a unas acciones y reacciones, tal cual está aconteciendo entre Israel y Hamás.

Allí, aseveró el científico colombiano, pasó como está aconteciendo actualmente, una persona inicia un conflicto que se vuelve interminable, entonces retomando la época, Japón atacó a Pearl Harbor el siete de diciembre de 1941 y el almirante Isoroku Yamamoto advirtió, “hemos despertado a un gigante dormido”, todo después de haber hundido la mitad de la flota del Pacífico a Estados Unidos. Mientras todos celebraban, Yamamoto sentado en el piso del barco muy triste fue abordado por unos militares japoneses que le preguntaron por qué no estaba feliz con el triunfo, inquietud que recalcó, “me temo que hemos despertado a un gigante dormido que debe estar lleno de venganza”, frase muy famosa y preludio a la tragedia pues lo peor estaría por llegar al Imperio del Sol Naciente.

 

 

Pearl Harbor, o Puerto de la perla fue el verdadero reactor de una tragedia que acabó con miles de vidas en Hiroshima y Nagasaki. Como reacción, estaba en su último periodo el presidente Franklin Delano Roosevelt, más exactamente su cuarta etapa, lamentablemente el mandatario fallece un doce de abril de 1945 y asume la presidencia de Estados Unidos el Juez Harry S Truman quien era el vicepresidente, finalmente al nuevo Jefe de Estado le correspondió mandarle las bombas a Hiroshima y Nagasaki con las consecuencias conocidas.

A partir de ese hecho y con los estudios previos sobre energía atómica y fabricación de armas nucleares empezó una carrea armamentista sin pausa pues las grandes naciones veían en esas armas un factor de respeto. Hoy, expresó Castro Cabrera, está tan diseminado ese poder militar que el peligro es inminente pues tan solo se necesita un loco para que acabe con toda la vida sobre la tierra, de esa dimensión es el problema, acentuó.

El asunto es que un conflicto de gran magnitud no es solamente para dos o más partes con poder bélico, el aprieto es para todo el mundo porque en temas nucleares, recalcó el investigador, el impacto es global y con unas secuelas delicadas en la vida humana, animal y en los ecosistemas, como se anotó anteriormente, la agricultura sería una actividad imposible por la contaminación de los suelos.

 

 

Es tan grave el problema que genera una guerra nuclear que actualmente los estudios de suelo de Hiroshima y Nagasaki dejan ver efectos de la radiación emitida por el uranio casi 80 años después del primer impacto en las ciudades japonesas atomizadas en 1945. Los años, subrayó Castro Cabrera, han pasado, pero aún hay secuelas y rastros de radiactividad.

 

“Lo que hay que enseñarle a la gente es que no se trata de oprimir un botón rojo para acabar con el enemigo pues de hacerse el país que lo haga acaba con la humanidad y con toda la vida, ese es el mensaje que debe darse con suma urgencia, el planeta no tiene por qué pagar los platos rotos del desencuentro y la falta de conciencia”, señaló el científico.

 

 

Lamentó lo acaecido con las familias de Israel asesinadas por el grupo Hamás que acudió a prácticas execrables para quitar la vida lo cual incluyó niños, algo tan salvaje y fuera de la coherencia que fue filmado por quienes cometieron tan repugnante episodio. Las consecuencias no se hicieron esperar, vino una oleada de bombardeos sobre la población civil de Palestina que superó en número de muertos cualquier cálculo previo.

El tema es tan complejo que el experto dice que si le preguntan cuál es el malo, ya no sabe qué responder, tal vez, expresó, la mejor definición la dio un rabino quien dijo “Qué Dios los perdone por habernos enseñado a asesinar niños”, una frase de tremenda profundidad lo cual sustenta el odio y la falta de mesura porque a la fecha Israel no ha respetado niños, tampoco ancianos, jóvenes ni a nadie. Agregó que en una guerra todo es muy difícil y nadie sabe a ciencia cierta quién es el enemigo, pero quien enfrenta tiene consciencia que el contrario está ahí, metido en un mar de inocentes, y si la idea es acabar con el enemigo lo más fácil es acabar con todo, tal y como hicieron con los microorganismos del suelo, tan elemental como que para acabar con los malos se deshicieron de todos los buenos.

 

El reto es alimentario y sanitario, Dalbulus Maidis ya se puede controlar

 

 

La guerra no ayuda y acaba la vida, contario a eso estimó el acreditado biofísico Luis Orlando Castro Cabrera, es muy necesario que los gobiernos, campesinos, empresarios rurales y todos los involucrados con el bienestar impulsen la producción agrícola en suelos vivos, refutó lo hecho con los predios cultivables a los que equivocadamente se les sacó las bacterias nitrificantes. Dijo que entre el 78 y 79 por ciento de la atmósfera terrestre es nitrógeno y la gente cree que respira aire lo cual es falso.

Las bacterias, orientó, toman ese nitrógeno, la convierten en una forma asimilable, un NH4 o cualquier otra forma asimilable para las plantas y por eso las selvas están verdes porque no necesitaron procesos ni químicos para vivir, son árboles de más de 100 metros de altura en promedio. El nitrógeno, enfatizó, lo tiene la humanidad en la atmosfera, lo que sucede, manifestó Castro, es que de manera increíble los de este lado de América van a comprar nitrógeno en Europa.

Dijo que cuando se presenta una enfermedad en una planta lo consecuente es acudir a un método orgánico o biológico, pero deploró que los agricultores siguen optando por químicos de alto espectro con lo cual mata todo, algo parecido a lo que hace Israel en la Franja de Gaza.

Hoy la guerra es contra las enfermedades que están llegando a las plantas y a la producción pecuaria por efecto del cambio climático, para nadie es un secreto que un problema fitosanitario reduce el volumen de las cosechas, daña la calidad de los productos, altera los ecosistemas y golpea fuertemente el suministro y acopio de alimentos y materias primas. Algunos expertos en cereales dicen que ciertas prácticas para evitar daños mayores pueden ser la rotación de cultivos, seleccionar variedades resistentes, implementar riego de manera eficiente, buenos manejos de suelo y eliminar residuos vegetales infectos. Hoy existe un desafío en la producción de maíz y es encontrar un mecanismo que ayude a controlar el Dalbulus Maidis que puede poner en peligro la producción global de maíz más cuando hay 1.650 millones de personas aguantando hambre.

 

 

El Dalbulus Maidis o “chicharrita” como se le dice en México, dijo Castro Cabrera, es un insecto que perfora la planta de maíz en edad temprana y que inyecta un líquido en el que va un microorganismo muy particular porque no tiene pared celular que se conoce como Spiroplasma Kunkelii responsable de considerables pérdidas en la producción maicera porque arroja unas mazorcas que no pasan de veinte granos, es decir que no hay productividad por atrofiamiento de la planta y de prácticamente todo.

 

“Eso lo resolvimos nosotros, lo demostramos, lo hicimos en la finca de Ángela María Cabal que hace parte de Inversiones Cabal Barona & CIA S.A.S, puntualmente en la hacienda Paso Ancho en el corregimiento del Rozo, municipio de Palmira con el seguimiento de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, y con un seguimiento parcial del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT. Tenemos los datos, el problema se pudo controlar y Ángela María nunca volvió a sufrir por el Dalbulus Maidis, ese trabajo lo hicimos biológicamente sin hacerle daño a la naturaleza, pero increíblemente no saben lo que hemos hecho, hay publicaciones en el Cono Sur invitando a la investigación para frenar el problema y Colombia ya tiene la solución. En algunos países apenas van a empezar con las investigaciones, pero repito nosotros ya las concluimos”, reveló el investigador.

 

La salida ideal con el fin de atacar la enfermedad en las plantas es biológica, la química afectó los suelos y la productividad, ello sin hablar de los impactos en la salud humana. Para enfrentar el Dalbulus Maidis, Salus Mundi tiene la tecnología desarrollada, probada y validada, pero el mundo, reiteró el conocedor, lo ignora. Como pasa en todos los sectores no siempre hay el suficiente recurso para que el mundo conozca de estas buenas nuevas. “Si esto lo hubiese hecho Bayer, ya se estaría aplicando la solución en todo el globo, pero lo hice yo”.

Cabe anotar que Luis Orlando Castro Cabrera se ha dedicado a la investigación y desarrollo de alternativas biológicas que facilitan el aprovechamiento y la valorización de los materiales orgánicos, fuertemente afectados por prácticas agrícolas inapropiadas, basadas en síntesis química, una costumbre que suma ya muchas décadas, con orígenes inclusive en el siglo XIX tras las hambrunas europeas por debilitación de los suelos. 

Los seres humanos, deben acudir a los puentes de entendimiento y sellar con urgencia la paz porque hay otros riesgos apremiantes como la vulneravilidad de los suelos, totalmente saturados por síntesis química, muchos sin vida y sin productividad, razón por la cual se hace perentorio generar alimentos acudiendo a la biotecnología para que países como Colombia den el paso hacia una producción agrícola orgánica y sostenible, sustituyendo progresivamente  el consumo de fertilizantes e insumos químicos que pesa fuertemente en el calentamiento global, un monumental problema que afronta la humanidad.

Finalmente, el cientifico Luis Orlando Castro Cabrera, insistió en que la humanidad debe entender el enorme significado delplaneta tierra, la trascendencia de sus suelos, su fertilidad y el impacto vital de los microorganismos, asuntos que articulados, preservados y socializados de manera recurrente ayudarán eficazmente con el cuidado del globo, porque lamentablemente sino hay conocimiento del mundo se cometen imprudencias contra él, ello con gravísimas consecuencias.

 

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