Domingo, 07 Febrero 2021 02:50

La frontera, el tercer país que sigue en medio de la zozobra

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La ciudad de Cúcuta y en sí todo el eje fronterizo sigue a la deriva y sin doliente porque no hay vías, aumenta la informalidad y crece la descomposición social.

Dentro de todos los problemas que tiene Colombia, que no son pocos, y que es finalmente condición de todos los países, hay uno de 2.219 kilómetros que aún sigue siendo muy delicado por las implicaciones económicas, políticas, sociales y de orden público. La zona de frontera llamada por algunos como el tercer país, se afianzó como tierra de todos y de nadie, pero lo más grave, el sitio geográfico en donde los incumplimientos son el pan de cada día.

En alguna ocasión, en el centro de Cúcuta, frente al emblemático parque Santander, un empresario de manera jocosa afirmaba que, por lo experimentado en el curso de décadas y siglos, la zona de frontera, al parecer, había legitimado el incumplimiento, el perjurio y las falsas promesas como política de Estado. Fue una broma, pero lo cierto es que después de ese café hace diez años, la ciudad entró en un decaimiento alarmante, mostrando crecimiento de la población por el éxodo de venezolanos, pero igual una condición difícil en el tema económico que cerró locales y empresas. Nuevamente todo quedó en veremos y hoy las ciudades fronterizas siguen arrojando las mismas noticias o quizás de mayor calibre porque la ilegalidad, los carteles y el hampa campean con toda comodidad, un escenario que debe llevar la agenda de la Casa de Nariño a la “tierra del olvido”, en dónde lentas y tristes corren las brisas del Pamplonita.

 

Hay que decir que la frontera terrestre entre Colombia y Venezuela, demarcada por el Laudo Arbitral Español de la mismísima Reina María Cristina en 1891 y el Tratado de Límites y de Navegación Fluvial de 1941, no pierde esa raigambre de diferendo, desencuentro e ilegalidad, todo porque las reglas de juego no fueron trazadas para blindar a las comunidades, asegurándoles tranquilidad y asistencia estatal. Si bien, hay un inconveniente actual por la distancia entre los gobiernos, lo cierto es que subsisten conflictos que desprenden de la definición fronteriza en el Golfo de Venezuela, generando susceptibilidades a nivel diplomático entre los dos países hermanos.

Como quiera que sea, la frontera es el sitio distinto, sencillamente porque allí hace convergencia la amistad, los negocios, el amor y en consecuencia la consanguinidad. Es cierto que hay hijos colombo-venezolanos y viceversa a lado y lado de la línea divisoria, pero igual hay que entender que el apego y los sentimientos, no conocen límites, aspecto que genera compromiso entre los ciudadanos y una fuerza increíble que los llevó a superar barreras y mandatos, pero igual a construir y propender por una convivencia en un punto intermedio amen de las vicisitudes.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el catedrático, analista y reconocido hombre en el tema de frontera, Pedro Sayago Rojas, aseguró que los más de diez años de tragedia económica para Norte de Santander y las demás regiones fronterizas son la consecuencia del choque de los dos modelos de desarrollo planteados tanto en Venezuela como en Colombia. En principio, explicó, hubo una reforma en la Constitución venezolana en 1999 en la presidencia de Hugo Chávez Frías, que hizo que los dos esquemas, para el caso binacional, fueran totalmente antagónicos, precisamente porque la hoja de ruta colombiana, avalada en la reforma constitucional de 1991, al ser extremadamente aperturista, resultó contraria al modelo adoptado por el Palacio de Miraflores, llevando al traste la relación bicentenaria.

Pedro Sayaga

A raíz de las diferencias en el manejo económico, dijo Sayago, vinieron los distanciamientos políticos en donde están involucrados grupos armados, narcotráfico, contrabando y todos los fenómenos que paradójicamente son normales en una frontera.

 

“Muchas veces los cucuteños hablamos de nuestra frontera como algo inaudito, pero resulta que en todas las zonas limítrofes del mundo sucede lo mismo, verbigracia, Estados Unidos-México, con Tijuana y Ciudad Juárez, Argentina y Chile, Ecuador-Perú, empero es un asunto de lista larga y con inconvenientes muy preocupantes, total que para el diferendo colombo-venezolano, las complicaciones partieron en la dificultad para establecer los modelos de desarrollo”, declaró el señor Sayago Rojas.

 

En el análisis evocó que en su época de Director de la Cámara de Comercio de Cúcuta logró en 1985 y posteriormente con un ajuste en 1991 en la llamada Ley de Fronteras, algunos logros para proyectar progreso, pero deploró que pese a los esfuerzos y los avances del momento, a la fecha no se haya tenido el desarrollo de dicha disposición que permita recuperar en parte lo que las regiones fronterizas han perdido.

Aclaró que las dos economías, Colombia y Venezuela, eran competitivas, habida cuenta que estaban cerradas y con altos aranceles, permitiendo mercadear productos en Cúcuta gracias al paso libre de los venezolanos con sus vehículos y sus documentos de identificación, que les facilitaban el arribo a la capital de Norte de Santander, de regreso, indicó, las autoridades venezolanas se hacían las de la vista gorda en esa época y por ello el crecimiento desbordado hasta 1983 de la ciudad. Hay que recordar que la tasa de cambio binacional registró el mayor precio, hasta alcanzar los 17 pesos por un bolívar.

Agregó que la ciudad hoy se debate en dilemas e incertidumbres porque hay un tráfico trashumante, inherente a todas las fronteras que se mueve como el péndulo, unas veces hacia arriba y otras hacia abajo, dependiendo de la agilidad, las oportunidades y los acuerdos entre los gobiernos. Consideró que los linderos entre países suelen fortalecerse cuando los estados crean mecanismos al lado y lado de la frontera de tal manera, que no sean exclusivamente los servicios del comercio el fundamento de la generación de empleo, sino también la transformación industrial ya sea de la manufactura o la agricultura.

Por la realidad, Sayago Rojas indicó que la frontera adolece de industrialización más, cuando después de muchos años la región fue desintegrándose hasta el punto de volverse marginal precisamente en el momento en que llegó el petróleo por primera vez al Catatumbo, pero con el montaje de la gran refinería en Barrancabermeja. Esa condición, dijo, permitió el desarrollo de la Universidad Industrial de Santander, UIS, todo un éxito para Bucaramanga y el departamento en torno a los hidrocarburos.

ChinácotaHoy, Norte de Santander, no cuenta con un producto básico que mueva todo el sistema. La región tiene la arcilla, pero no la puede desarrollar con todo su potencial, también suma la industria del calzado, hoy superada por Bucaramanga, ciudad que sí recibe el espaldarazo de alcaldes y gobernadores en ese sector del nororiente colombiano.

Hasta no hace mucho, la economía de Norte de Santander llegó a ser la sexta con mayor tamaño del país por la exportación de sus recursos naturales, materias primas que igual fueron comercializadas en otros departamentos.

La agricultura ha sido fuerte y por ello muestra dinamismo, en medio de las dificultades y de la competencia desleal con el producto importado que llegó desde Venezuela. La provincia produce algodón, arroz, cacao, caña de azúcar, tabaco, trigo, frutas y café. En tiempos de comercio fluido por los pasos fronterizos, Cúcuta, la eterna y bella “perla del Norte” fue la más dinámica zona franca e industrial, no expresamente entre Colombia y Venezuela, sino a nivel regional.

Aparte del petróleo del Catatumbo en el municipio de Tibú, el carbón sigue siendo fuente de ingreso importante. En minería hay grandes oportunidades en vista que existen riquezas en oro, cobre, hierro, aluminio, uranio, plata y muchos otros recursos que no muestran mayor evolución por las dificultades en materia de seguridad.

En un determinado momento, Cúcuta registró tanto movimiento empresarial y comercial que otros sectores dispararon sus indicadores como fue el caso de la inversión extranjera y un apogeo visible de la construcción. Ese polo de desarrollo urbano, aseguró el experto, quedó estático por la coyuntura venezolana y ahora por el Covid-19.

Sayago afirmó que, sin duda, la piedra en el zapato de Norte de Santander es la infraestructura, un reclamo de siempre, ya que la región quedó incomunicada del resto del país y sigue en deuda una carretera de buenas especificaciones que le permitan a los cucuteños y nortesantandereanos conectarse con Bogotá y el centro de Colombia.

 

“Ni que hablar de la carretera de la Soberanía que une a Cúcuta con Arauca que lleva 50 años en construcción. Nos quedamos, nos fuimos quedando, permitimos estar en ese contexto de marginalidad, a tal punto que, en caficultura, siendo pioneros con los cultivos de Salazar de las Palmas, perdimos todo el poderío y la prospectiva con el Eje Cafetero, en tanto nosotros nos quedamos con un café arábica sin valor agregado que no ofrece mayor rentabilidad. Infortunadamente perdimos espacios importantes en los esquemas de las economías binacional y nacional por decisiones políticas que no hemos sido capaces de canalizar”, conceptuó.

 

En alguna ocasión, al entonces Presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, el experto Pedro Sayago le dijo que Cúcuta tenía las características del perro caliente, porque si no era apretada por un lado, lo era por el otro, un problema muy complicado que no permitió tener oxígeno y que duele porque, entre otras cosas, el departamento perdió la Empresa Licorera de Norte de Santander que fue pionera en la producción de aguardiente, un producto que bajo la marca Extra, logró comercializarse con éxito en gran parte del territorio nacional, recibiendo todos los reconocimientos.

Esa licorera fundada en 1925 llegó a generar más de 75 empleos directos de calidad, 150 indirectos y más de 1.500 transitorios. Después de 72 años de labores la empresa puso el candado para siempre y en 1997 el Instituto de Fomento Industrial de Norte de Santander, Ifinorte, puso en venta unos activos valorados en 4.000 millones de pesos. En ese momento el Gobernador era Sergio Entrena López, pero muchos culpan de dicha liquidación a los diputados que por aquel entonces no midieron la gravedad de sacrificar la licorera.

Otra insignia empresarial no contó con suerte pues también salió de circulación la Lotería de Cúcuta con la que se ganaba por punta y punta, teniendo en cuenta su plan de premios. Esta empresa creada en 1944, paulatinamente se fue yendo, dejando al sector salud sin los importantes recursos que generaba. La ñapa fue un caos porque el símbolo de la Ciudad, el “doblemente glorioso” Cúcuta Deportivo, constituido el 10 de septiembre de 1924 fue expuesto a su desaparición y hoy el equipo de los amores de la capital de Norte de Santander está muy cerca de perder la ficha por los más precarios e irregulares manejos.

El daño ocasionado al Cúcuta Deportivo no solo queda en la culminación de una enorme distracción o en la pérdida de la ficha sino en unas inversiones en construcción, mantenimiento y reciente remodelación del estadio General Santander con capacidad para 42.000 espectadores, un activo que tendrá que esperar a que el milagro se realice o como todo, a marchitarse con el paso del tiempo.

 

“Hoy estamos recuperando de la mejor manera otros esquemas de la cultura y el deporte de Norte de Santander con el basquetbol, ya hemos llevado a cabo dos suramericanos con mucho éxito. Estamos con mucho oficio, diciéndole al gobierno y a la empresa privada que se vinculen para poder volver al torneo nacional de esta disciplina deportiva que tantos gritos, aplausos y emociones, llevó al coliseo Toto Hernández”, puntualizó Sayago.

 

Distinto SOS lanza la prensa representativa regional y esta señal de socorro no es un capricho pues aparte de la crisis regional por el cierre de la frontera y la contracción de la demanda, la pandemia les sumó otra angustia a las empresas añejas, en este caso periódicos precursores como La Opinión, el medio por excelencia de Cúcuta, Norte de Santander y en su momento de una parte importante de Venezuela.

En ese sentido, el connotado analista, hizo un llamado para que el gobierno mire los medios de la frontera y les llene el tanque de oxígeno porque como pasa con el resto de los diarios en Colombia, la situación es sumamente delicada, una realidad mucho más apremiante en las zonas apartadas del país o en fronteras, sitios en donde la crisis económica es posiblemente más aguda. Hoy hay que salvar un esfuerzo, una tradición y la trayectoria significativa que encarna La Opinión, un diario que tiene peso regional y nacional.

A criterio del versado, teniendo en cuenta que las decisiones de cada país son autónomas, no deja de preocupar el alcance que éstas puedan tener en materia comercial, lo cual lleva a un escenario de guerra fría en los mercados que hasta hace unos meses protagonizaron Estados Unidos y China. Algo parecido, sostuvo, le sucede a Colombia con Venezuela puesto que hay una serie de disposiciones del gobierno venezolano que resultan inconvenientes y absurdas, de mucha dificultad para el desarrollo fronterizo.

Una preocupación grande es que ni Ejército ni Policía han podido controlar las rutas del comercio ilegal porque siguen los ingresos de contrabando por las trochas, afectando lo que queda de la industria del departamento.

En calzado no es menor la preocupación porque ha habido cierres y una salida de empresarios del sector teniendo en cuenta que de acuerdo con la dinámica, tradicionalmente fue una industria que tuvo demanda en los dos países. El programa de la cadena de valor colapsó porque no fue posible articular todo ese proceso.

De las 1.200 fábricas que reportó Cúcuta en el año 2000, y que eran vitales en la generación de empleo y riqueza, la ciudad, perfectamente ha perdido un 60 por ciento de ese total, quedando en el mercado, las empresas grandes que debieron echar mano de productos complementarios para poderse desarrollar, en este caso manufacturando calzado deportivo porque en la “ciudad frontera” se trabajó básicamente calzado de moda y de gama alta, un segmento que debió ser reemplazado por otros estilos y así poder paliar las dificultades que llegaron.

 

“La recalada del Presidente Hugo Chávez al poder en Venezuela nos originó ese problema porque colisionó con la globalización, modelo que desde 1991 había adoptado Colombia. El pasado deja un sabor amargo porque con el país vecino llegamos a tener una relación de intercambio de 17.000 millones de dólares, suma que más nunca podremos recuperar”, señaló Pedro Sayago Rojas.

 

Admitió que el gran problema que tienen las zonas fronterizas es que jamás lograron poner de acuerdo a los sectores público y privado en el mismo modelo de desarrollo. Un ejemplo fue la negociación de la Ley de Fronteras en donde todo el trabajo y el avance de los empresarios con el Gobierno fue asunto perdido por capricho de la Gobernadora que pasó por alto al sector real, llevándolo a arbitrar una política contraria a la propuesta.

Denunció que un grave problema que acusan las regiones es que no tienen la representación ni el bagaje político a la hora de mostrar creatividad en el diseño de los modelos de desarrollo en frontera en donde la imaginación propositiva es condición.

 

Hay acciones que arrojan frutos

Una buena noticia para Cúcuta fue lo hecho hace unos años con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, que impacto favorablemente a la industria de las confecciones, sector que a la fecha es muy importante porque con la entidad multilateral fue posible consolidar la cadena de valor y todo el clúster de la moda, una tarea que permitió exportar a Ecuador, Perú, Estados Unidos y a Centroamérica.

Reconociendo que los resultados dejaron una enorme satisfacción, igual fue un trabajo desgastador y muy complicado por la dificultad que representa la frontera en términos de mano de obra y riesgos en la inversión.

Una propuesta en beneficio de la ciudad fronteriza que encabezó Sayago fue la creación del Parque de Desarrollo Tecnológico de la Moda y un centro de innovación para calzado y confecciones, iniciativa que buscaba servirle a los fabricantes y artesanos del cuero así como a los confeccionistas, teniendo con ello oferta creativa de pies a cabeza, todo made in Cúcuta.

Fue grato platicar un rato de la situación de la frontera con Pedro Sayago Rojas, hoy dedicado a la docencia en el programa de negocios internacionales de la Fundación de Estudios Superiores de Comfanorte. Allí, indicó, hace historia y remembranza de lo que fue Cúcuta, de lo que pudo ser y lo que, lamentablemente, no fue.

Comerciantes en alerta

Los empresarios y comerciantes igual expresaron su angustia por todo lo que acontece en una ciudad importante como Cúcuta a donde han llegado en promedio 400.000 venezolanos que urgen de trabajo, asistencia médica, escolaridad, servicios públicos y control porque no todos llegan con las mejores intenciones ni con las más ejemplarizantes costumbres.

Hoy la comunidad vive horrorizada porque hay temibles bandas delincuenciales comandadas por nacionales del país vecino que sembraron pánico y zozobra en la capital de Norte de Santander.

El empresario Wilmer Tarazona, miembro de la Junta Directiva de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco Cúcuta, dijo que la urbe viene presentando unos índices preocupantemente altos de ocupación en camas UCI. Lo anterior llevó a que en la última semana de diciembre y las dos primeras de enero fuera cerrada la ciudad con afectación del comercio que debió cerrar o enfrentar pico y cédula, toques de queda y restricciones.

Lo anterior narró Tarazona, llevó a que las ventas en Cúcuta del sector víveres y abarrotes estén en un 70 por ciento, los centros comerciales con indicadores del 20 por ciento y los restaurantes en 10 por ciento.

Aseveró que en este momento lo que más preocupa es el tema de Venezuela porque no hay acciones, la frontera sigue cerrada y la informalidad que es lo único que próspera, está en índices del 70 por ciento, todo acompañado de un desempleo del 24 por ciento, un completo detonante para agudizar la crisis socioeconómica y obstruyendo con toda amplitud la reactivación de los mercados.

Añadió que como si fuera poco, hay inestabilidad política porque muchos están buscando la revocatoria del Alcalde y de manera paralela no son pocas las voces de preocupación por el crecimiento de grupos armados ilegales, principalmente de subversión. Los comerciantes dicen que la guerrilla del ELN logró tomarse sectores como La Parada, Escobal, San Faustino, El Puerto y otras zonas de la ciudad, un tema muy delicado porque pasar de Venezuela a Colombia o de Colombia a Venezuela todo hay que pagarlo en dólares.

Los empresarios lamentan que Cúcuta sea en este momento, la tercera ciudad con más homicidios y demandaron del Gobierno Nacional una urgente intervención a través de un trabajo organizado y un equipo de alto nivel que exploren las salidas, garantizando el mejorar las condiciones de la metrópoli, de lo contrario y con el gran desequilibrio, auguran inconvenientes mucho más complejos de sobrellevar.

La llegada de venezolanos ocupó la ciudad y la región de manera impresionante porque 400.000 personas son el equivalente de otra ciudad con sus respectivas demandas y gastos. Aparte del área metropolitana, hay saturación de extranjeros en Los Patios, El Zulia, Villa del Rosario, Puerto Santander y otros municipios aledaños.

 

“En materia económica hay graves problemas de cambio porque en Venezuela no reciben ni pesos ni bolívares, tan solo dólares y eso ha impactado el costo de vida, la facilidad de comprar bienes básicos y las transacciones. Es una pesadilla, día a día valen más los productos, aumentan las restricciones y por eso el pueblo venezolano está saliendo masivamente de sus ciudades porque matemáticamente, no tienen como vivir, lo grave es que países como Perú, Chile, Argentina y Ecuador entre otros, están tomando medidas para que no lleguen los venezolanos, el único país con las puertas abiertas es Colombia”, apuntó Wilmer Tarazona.

 

Un frente duramente golpeado es el de la salud pues la deuda con el hospital Erasmo Meoz supera los 70.000 millones de pesos y aún no llegan los giros del Gobierno Central para subsanar el hueco financiero que tiene ese sanatorio por la atención a inmigrantes que representan cerca del 50 por ciento de los servicios más ahora con la pandemia.

Dentro de las medidas que han distanciado al comercio con las autoridades municipales está el haber autorizado espacio público para los vendedores informales que venden más sin la obligación salarial, de arriendo o de impuestos.

En este momento la frontera, comercialmente, no existe, quizás se mantiene como un referente geográfico. Allá como dicen algunos es tierra de nadie, sigue mandando el crimen organizado y el flujo de mercancías espurias por debajo del otrora dinámico puente Simón Bolívar. A diario cruzan el viaducto de manera ilegal unas 15.000 personas que pagan 50.000 pesos, un negocio de 750 millones por día y 21.000 millones mensuales, recursos que alimentan los grupos armados y otras organizaciones que saben de todo menos de institucionalidad.

En varias zonas hay robos, extorsión, asesinatos y secuestro express, el reto para el nuevo comandante de la Policía es de gran tamaño, pero este oficial necesita apoyo del Estado en temas sociales, en logística e inteligencia porque el asunto de inseguridad está totalmente desbordado.

En Venezuela el Gobierno impuso unos intervalos para salir del país, es decir que una semana la frontera está hermética, tan solo pasan quienes trabajan en Ureña y San Antonio. Lo tenaz es que cuando hay luz verde, llegan todos los venezolanos, pero con ello no para ni el lío social ni el Covid-19, todo es un completo caos.

Hay más preguntas que respuestas, la bella Cúcuta, fundada un 17 de junio de 1733 demanda soluciones y la mano del Estado por cuanto hay problemas que por su magnitud se salen fácilmente de las manos. La también llamada “Portón de la Frontera” reclama los ojos del gobierno en la compleja situación porque sus habitantes quieren recuperar tranquilidad, eficiencia e inversión. Adicionalmente piden seguridad, oportunidades y apoyo al emprendimiento. Igual ambicionan disfrutar con plena calma la alegría que transmite el colorido malecón, repleto de oferta gastronómica y diversión, anhelan, con toda razón, caminar por su Avenida Cero y sacarle provecho a las calles calurosas y a los parques de frondosos árboles que decoran la fronteriza capital, sumida después de muchos años en un injusto limbo.

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