Domingo, 13 Octubre 2019 00:52

Café bendito del Cauca, un sacrilegio no tomarlo

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El departamento del Cauca hace parte del llamado nuevo eje cafetero que junto a Huila y Nariño producen granos de inmensa calidad. Esta región histórica y católica habla desde la inmaculada Popayán de un producto que resplandece.

El reloj avanzaba y cuando llegó con su minutero exacto y marcó las 10:15 de la mañana, el puntual vuelo Easyfly tocaba el antiguo e histórico suelo de Popayán, la ciudad blanca de Colombia, la misma que fue fundada el 13 de enero de 1537 por Sebastián de Belalcázar luego de someter indígenas y tribus aguerridas de la región.

Es muy agradable iniciar el descenso y ver montañas, parcelas de cultivos, potreros y un espectáculo verde que semeja una gran alfombra de pastura con elevaciones y montes imponentes en donde sobresale el volcán de Puracé con sus 4.646 metros de altura sobre el nivel del mar. Decoro sin duda del Parque Nacional Natural Puracé y una joya natural que emerge de la cordillera central.

La visita a Asunción de Popayán resultó muy amable porque aparte de historia, de narraciones clericales y sentimientos santos, nos convocó el tema cafetero, si bien más reciente, igual vetusto e interesante por todo lo que implica este cultivo para el departamento que supo apostarle a la calidad y a un grano quizás bendecido en una tierra santa y privilegiada por donde pasan raudos aún los caballos briosos de la conquista y las marchas tranquilas de las oligarquías que allí se fueron estableciendo durante la colonia.

Esta ciudad se erige a una altura de 1.760 metros sobre el nivel del mar y cuenta con un clima muy adecuado para las siembras de café ya que la temperatura oscila entre los 14 y los 19 grados centígrados, pero igual con climas mucho más fríos en zonas altas y de muy buenas características en suelo.

El Cauca y su capital hacen parte de ese patrimonio histórico de Colombia porque allí reposan datos de la fundación del Nuevo Reino de Granada, pero igual de la Gran Colombia, ese sueño frustrado de integración que no pudo sostenerse en el tiempo. Popayán es conocida por ser una de las ciudades más antiguas de Latinoamérica, pero resalta entre todo la inmejorable conservación de su arquitectura que se mantiene firme y siempre blanca como las costumbres religiosas haciéndola, no en vano, una capital reconocida por su arquitectura colonial, impecable y muy bien atesorada en donde el color blanco matiza sus vetustas fachadas.

Popayán ha sabido ocupar sitios de honor y es por ello que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, la declaró Ciudad Unesco de la Gastronomía por preservar métodos muy tradicionales, pero el mismo organismo declaró las procesiones de Semana Santa, muy particulares de la capital caucana, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Foto PixabayEn la bonita capital blanca se muestra imponente la Catedral Basílica Metroplolitana de Nuestra Señora de la Asunción, la que fue construida en 1538 y retocada en 1540, 1856 y 1906, esta blanca estructura de estilo neoclásico recibe a los feligreses por sus tres grandes portones que dan la bienvenida junto con seis columnas enormes que semejan edificaciones romanas.

Allí en ese templo vetusto de imágenes antiquísimas y ecos centenarios también van a pedir favores los fieles caficultores que clavan sus miradas en Jesús Cristo y en la Santa Patrona, inhalando ese moho característico de las casonas viejas por donde caminaron las almas que erigieron ciudad, valores y patria. Allá frente a ese púlpito sí que se enarboló la fe, esa que mantienen inquebrantable los campesinos humildes que aman la tierra y siembran café.

Estos labriegos durante siglos fortalecieron un vínculo estrecho entre la tierra y Dios, haciendo de cada cosecha una gran fiesta y una oda al Altísimo en la también longeva Iglesia de Belén en donde el encuentro de productores y gente del campo es con el inmarchitable Santo Ecce Homo, insignia católica de los payaneses y por consiguiente de los caucanos.

La ciudad y el departamento no se quedaron con tantos reconocimientos y fue entonces cuando la caficultura saltó a la palestra en esta región próspera en donde aún siguen vigentes las comunidades indígenas que habitan valles y páramos, dándole a Colombia esa diversidad y colorido que tanto llaman la atención.

Al ingresar a la sede del Comité de Cafeteros puede percibirse un trabajo juicioso pues hay una edificación espectacular levantada en ladrillo y de grandes dimensiones en cuyos rincones siempre está gratamente presente ese aroma constante y único del café caucano. Indiscutiblemente la historia sabe mucho mejor con una buena taza de un bebestible tratado con las mejores prácticas que enamora paladares y gustos extremadamente exigentes.

Hoy el Cauca es el cuarto productor nacional de café en Colombia y hace parte no solo de todo un proceso agrícola lleno de inclusión y familiaridad sino de tejido social y oportunidades por cuanto hay toda una generación de ingresos gracias a un esquema productivo de economía familiar. Este departamento tiene todas las condiciones para tener una agricultura de gama alta puesto que cuenta con ríos importantes y una hidrografía envidiable que gira en torno a los grandes afluentes, es por ello que los ríos Cauca, Guapi, Timbiquí, Micay, Páez, Patía y Caquetá conforman una red hídrica de base alimentada por muchos otros pequeños torrentes que llevan agua y vida a los campos del muy bonito Cauca.

Cortesia Comité Cafeteros Cauca

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Cauca, Gerardo Montenegro Paz, informó que por fortuna la caficultura colombiana es dinámica, aclarando que hasta el siglo pasado ésta actividad se asentó en los departamentos denominados del Eje Cafetero, Caldas, Risaralda y Quindío, dándole la oportunidad a los departamentos del centro del país, no solamente de ser cultivadores de café, sino de generar una serie de bienes y servicios así como de empresas que dependen de la caficultura, léase torrefactoras y otras que hicieron que las siembras de café sirvieran para el desarrollo económico y social del que se conoció como Eje Cafetero hasta finales del siglo XX.

Agregó que con la llegada del siglo XXI la caficultura se fue moviendo hacia el sur por diversas razones y una de ellas que la vocación del centro empezó a cambiar porque aparecieron nuevas industrias y nuevas oportunidades, haciendo que el sur que era el gran proveedor de mano de obra pasaran de la recolección de grano a la caficultura potenciando las siembras y las calidades de Huila, Nariño y Cauca con una característica y es que los nuevos productores se montaron en proyectos ecológicos y agroecológicos, razón por la cual el café logró desarrollarse en excelentes condiciones productivas y de alta calidad.

 

“Por eso cuando sumamos Nariño, Cauca y Huila, encontramos que tenemos el 32 por ciento de la producción cafetera nacional, pero más que cantidades hay que hablar de calidades del café de que se bautizó como el nuevo Eje Cafetero en donde se avanzó en productividad y en la exportación de café de muy alta calidad”, expuso el directivo.

 

A propósito de calidades, Montenegro Paz explicó que actualmente no es fácil precisar qué tipo de café tiene una región porque hay de por medio una transformación incipiente de la caficultura en las fincas que hace que las variedades y calidades cambien por múltiples razones, bien sea por exposición de equipos, por la disponibilidad de secadores y por otros factores que van dándole diferentes connotaciones al café. Comentó que lo que se ha hecho en los tres departamentos de moda cafetera hoy es recoger en la taza la peculiaridad del territorio es decir que ha habido un trabajo inmenso en la denominación de origen que da cuenta de una taza diferenciada y reconocida que sintetiza las buenas prácticas y las maneras distintas, pero interesantes de cómo la gente aborda los procesos de procesos de producción de café.

 

“Nosotros no somos grandes productores de café, por el contrario somos pequeños caficultores que tenemos la facilidad de la mano de obra y una garantizada calidad de recolección y de unos procesos que nos llevan a esa valiosa taza diferenciada”, dijo el experto.

 

Hoy el Cauca agrupa 90.000 familias cafeteras, suma 93.000 hectáreas sembradas y 114 fincas. Es bueno aclarar que la caficultura caucana encontró el éxito en el minifundio, y ahora con las nuevas exigencias del mercado las pequeñas áreas cultivadas propenden por un café de la más alta calidad para lo cual son tenidas en cuenta particularidades que mejoran las tonalidades en taza.

El sector cafetero del Cauca sigue viendo el panorama con mucha preocupación porque actualmente el factor que está empujando el precio es indiscutiblemente la tasa de cambio, tema que genera alarma porque el sector sigue postrado y con unos precios de años atrás y en condiciones inferiores a las de 2013 cuando los productores debieron alzar su voz inclusive con un café por encima del dólar, escenario que no corresponde a la actualidad dejando ver de manera increíble que en Nueva York la economía no solo es inexorable con oferta y demanda sino que involuciona algunas sectores productivos que son sometidos a verdaderos vejámenes con unas cotizaciones que no corresponden a los costos de producción y que hacen justicia a la hora de remunerar un trabajo duro y tradicional.

En 2013, recordó Montenegro, la tasa representativa del mercado fue el dolor de cabeza toda vez que hubo un desplome en el precio porque la divisa llegó a estar en 1.800 pesos lo cual conllevó a que se pagaran precios por arroba muy por debajo de los 40.000 pesos. Hoy, recalcó, la tasa de cambio lanzó un salvavidas, pero reconoció el Director Ejecutivo que los productores de café del mundo no la están pasando bien porque el mercado de Nueva York no reacciona y no reconoce una libra de café como mínimo a niveles de 1,60 dólares, precio que ofrecería mejores condiciones.

El directivo manifestó que para fortuna de Colombia, la tasa de cambio tiene hoy los precios por arroba superiores a 80.000 pesos. Una petición consecuente, afirmó, sería vender un café a razón de dos dólares la libra lo cual no sería solamente ideal sino justo porque el negocio cafetero quedó en manos de la industria que le cobra al consumidor final precios que oscilan entre los dos y los cinco dólares, dejando en los productores primarios pobreza, deudas y una tragedia social que nadie mide en las altas esferas de la transformación de café.

Para Montenegro, el compromiso de equidad y de mejor trato a los caficultores por parte de la gran industria es no solamente con Colombia sino con los más de 25 millones de cafeteros que hay en el mundo y que sufren su trabajo porque los precios no se compadecen con el esfuerzo ni con la inversión hecha en cada siembra.

Una tarea por hacer y de manera intensa es propender por una cultura de consumo de buen café, pero no de cualquier producto, del mejor café para el caso puntual de Colombia que comercializa un grano importado en donde la calidad pasa a un tercer plano. En ese orden de ideas, afirmó el Director Ejecutivo, hay que replicar el caso de Brasil en donde se producen más de sesenta millones de sacos, pero en donde se consume una cifra que supera los veinte millones de sacos, es decir que el mayor consumidor es su propio pueblo. Ese dichoso caso no pasa en Colombia y es desafortunado en opinión de los caficultores caucanos porque el país produce 14 millones de sacos y el país no consume ni siquiera dos millones de esa cantidad.

Apuntó que si bien hay un lánguido consumo, igual existe toda la oportunidad de fomentar el consumo de buen café como se hace en todos los departamentos que tienen dispuestas nuevas tiendas, nuevas preparaciones, nuevos emprendimientos y gente joven metida de lleno en el café bien sea como barista, como catadora y llenando espacios en donde las nuevas generaciones empiezan a despertar.

El Cauca también tiene su historia cafetera

Foto Federación Nacional de CafeterosComo lo dijimos al inicio de ésta nota, el Cauca es un departamento por el cual camina la historia y deambulan unos precedentes que le van dando ese valor agregado a una región encantadora que merece mejor suerte y un devenir más holgado y generoso que no pudo dar saltos de calidad por los problemas de violencia e igual por una tozudez en la concepción de la agricultura y de la tenencia de la tierra que no le ha permitido al Cauca mostrar un potencial agrícola y ganadero de gran capacidad y enorme valor.

El Comité habló de los orígenes de la caficultura y muestra que el Cauca también defiende su posición como pionero y vanguardista en un cultivo que le puso marca a Colombia en pleno siglo XIX.

 

“Siguiendo la pista de varios historiadores, algunos dan cuenta de la aparición del café por allá en 1740 o 1746, es decir que estamos hablando de una época en la cual, de la mano de las comunidades religiosas, el café llega al seminario menor de Popayán y es justo en ese momento cuando llegan las primeras plántulas de café, pero estamos hablando de 1743 y 1746. Ahora la pregunta que uno se hace es por qué, si el café llegó en esa época al Cauca ¿Cuál fue el motivo para que esta siembra no tuviera el auge que sí registró el centro del país? La respuesta la da la misma historia porque en esos tiempos se pensaba en la gran hacienda en donde importaba era la cantidad de tierra y no la producción y por eso el café no fue el producto más importante en estos territorios como sí lo fue la ganadería, la minería y la propiedad, lo cierto es que cuando se fragmentan las fincas y llega esa condición campesina, entonces el café aparase como un elemento que le posibilitaba la vida a la gente que trabajaba en las grandes haciendas y sirvió para sentar las bases de la propiedad rural”, dijo Montenegro.

 

De todas maneras el café si bien llegó temprano, el cultivo no pesó en el desarrollo rural como si lo hizo en otra regiones, lo cierto, señaló el dirigente, en el Cauca, el cultivo de café se asentó en el norte del departamento porque estuvo en las zonas planas, pero con el paso del tiempo y con el cambio climático, que no es una condición nueva, las siembras se fueron desplazando hacia el centro de la provincia porque anteriormente las condiciones ecológicas de la meseta de Popayán y sus municipios vecinos, no era la más apropiada para sembrar café, empero hoy con temperaturas mucho más altas, el grano sí tiene opciones en donde hoy prospera la caficultura caucana.

El Cauca está conformado por 41 municipios y cinco provincias, centro, norte, occidente, oriente y sur. La actividad cafetera se desarrolla en 34 municipios en unos con mayor intensidad que otros y algunos con una caficultura nueva como es el caso de Silvia que hasta hace nueve años no aparecía como cafetero, igual sucedió con San Sebastián en el corazón del Macizo Colombiano o Piamonte en la Baja Bota Caucana.

La siembra de café se intensifica en el Cauca con la llegada del siglo XX y tras el revés que significó la Guerra de los Mil Días, las nuevas apuestas cafeteras como las del Cauca y el sur del país dieron una mano importante que con el correr del tiempo se fueron afianzando hasta llegar a las espectaculares siembras de hoy en donde la calidad está por encima de todo.

Cafeteros para rato

Sobre los argumentos del economista Jeffrey Sachs, quien dijo en el pasado Foro Internacional del Café que los pequeños productores cafeteros estaban cerca de desaparecer, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Cauca, Gerardo Montenegro Paz, dijo estar en total desacuerdo porque defendió la importancia de la economía campesina la cual es resiliente y aguantadora, motivo por el cual opinó que ese argumento es algo contradictorio porque los pequeños son una fuerza productora que no se puede desconocer.

 

“Nosotros en el Cauca no pensamos en café sino en caficultura y en ese plan se piensa de manera paralela en la producción de alimentos mucho antes de poner en la tierra semillas de café porque cuando la gente entra al mundo cafetero a manera de monocultivo ahí si hay problemas y el modelo está mandado a recoger porque no aguanta los embates de los precios ni las fluctuaciones de una economía global. Cuando hablamos de economías campesinas e indígenas, el café no es el cultivo principal, los alimentos están muy por arriba en importancia y el cultivo del grano, cuando se vende, hace parte de un producto de intercambio de aquello que la gente no puede producir. Hoy la clave del éxito está en la agricultura familiar ya que hay seguridad alimentaria, ingreso y perspectiva es decir tenemos todas las posibilidades de avanzar y no de desaparecer”, aseveró.

 

Hoy la tecnología y los procesos innovadores son más fáciles de llevar a los pequeños núcleos productivos lo cual no es tarea fácil en grandes extensiones por los procesos de recolección y allí estamos hablando que hay fenómenos que inciden definitivamente en la calidad de la taza. En la actualidad, el café en el Cauca se ve como ese complemento afable de la seguridad alimentaria y ese es un caso para mirar en el departamento en donde pese a las dificultades con los precios, la gente, gracias a la producción y abastecimiento de alimentos, ha hecho crecer los cultivos de café.

Si bien se prevé una puesta en el mercado cercana a los 100 millones de sacos de café entre Brasil y Vietnam, lo cierto es que Colombia no va a sufrir si sigue concentrada en calidad, anteponiendo este factor al de commoditie y al café corriente para seguir ofreciendo grano de calidad y café con procesos exigentes y diferenciados.

Los productores pequeños están trabajando en calidad y en mejores factores para llegar a mercados complejos como Estados Unidos, pero todo sobre pilares de mayor conocimiento y mejoras desde la siembra y la recolección hasta la comercialización para garantizar una taza mínimo de 84 puntos con lo cual ya hay un gran diferencial porque hoy hay compradores y tostadores que compran por taza.

 

“Hay gente comprando tazas de 85 puntos a más de 120.000 pesos la arroba y el precio mejora si la calidad sube a 86 u 87 puntos, es decir 150.000 pesos la misma arroba lo que muestra que los que saben están adquiriendo café de calidad y que el mercado está demandando una comercialización muy distinta y justo ahí es en donde nos tenemos que mover para tener muy buenos resultados”, expuso Montenegro.

 

Cortesia Comité Cafeteros Cauca
Cortesia Comité Cafeteros Cauca

Pese a todo y a los gigantes volúmenes de café, hay interés en muchos países por el grano colombiano y es por ello que hay que seguir trabajando en las denominaciones de origen en el mercado internacional para darle oportunidades a los territorios, aspecto que se afianza en un gran plus y que se suma a todo lo hecho desde el mismo posicionamiento de la imagen corporativa hasta el hecho de tener un sello especial que marca diferencias, derrotando coyunturas.

La preocupación, añadió, la deben tener los que siembran de lo mismo, pero no quienes tienen café diferente, de altísima calidad y con características únicas. A criterio del directivo hay clientes en el mundo demandando nuevas variedades, nuevos procesos y sistemas revolucionarios en el frente productivo.

El Comité de Caficultores del Cauca nació en 1928, un año después de la creación de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y la gran sede o centro del momento del Comité estaba en manos de Santander de Quilichao, hoy su asiento está en Popayán, capital en la que gravitan los 22 municipios más importantes de la zona cafetera caucana. Han pasado 91 años de oficio, de gestión y de resultados.

La caficultura se logró consolidar como un modelo agrícola para replicar porque cuenta con asistencia técnica, un centro de investigación, trabajo en mejoramiento y directriz financiera, todo un patrón para imitar en otras federaciones que pueden alcanzar el éxito sobre pilares de eficiencia como la de los orgullosos cafeteros colombianos.

En el Cauca como en otros departamentos, el café llevó desarrollo, saneamiento básico, capacitación, recreación y educación generando la mayor pertenencia por un gremio al que el país le tiene una no pequeña deuda de gratitud porque generó riqueza y acompañó a todo un país en las buenas y en las malas.

La mujer caucana comprometida con el café

Foto Federación Nacional de CafeterosMaría Evelia López de Rivera nació entre cafetos en la vereda Bajo Cauca al occidente de la distinguida Popayán. Su finca alberga unas 8.500 matas de café que fueron sembradas en un área de 1.8 hectáreas aproximadamente.

Dijo que si bien el café subió de precio por el mayor precio del dólar la fiesta no es completa porque se ha vuelto costumbre que cuando las vacas gordas llegan los productores no cuentan con el grano para sacar provecho, empero reconocen que este año no fue tan duro como otros y dejó una sensación que no resultó ni dulce ni amarga.

Esta empoderada caficultura adelantó su renovación de cafetos y puso el resistente Castillo Tambo, una variedad fuerte contra la roya y con unos rendimientos que permiten mayor venta de grano. Un punto claro que tiene doña María Evelia, es secar en sombra y mejorando las técnicas de secado, incluyendo el manejo de fermentación para obtener más calidad y mejor precio.

Dadas las condiciones la pujante cafetera logró vender futuros y fue así como puso 400 kilos en ese tipo de mercado y ya adquirió compromisos para el 2020. En medio de las vicisitudes, María Evelia y su familia sacan tiempo para la felicidad. Sus dos hijos William Alexander y Miriam Esperanza, terminaron una carrera y su esposo Luis Rivera, ayuda a empujar el negocio cafetero, igual la hija colabora con las cosechas y vive, por fortuna, enamorada del café, pues ya es vista como una reconocida catadora.

La caficultura está en la vena de María Evelia, sus padres fueron caficultores y ve la actividad cafetera como un patrimonio y como una herencia. Sus estudios quedaron reducidos a primero y tercero de primaria, pero siguió con el café arábico al que se dedicó con su compañero con el que unió vidas a los 19 años.

Un llamado que les hizo María Evelia a los caficultores fue el de concretar procesos asociativos y cooperados en donde la unión marque diferencia y genere mayor rentabilidad.

Luz Ayda Cotazo es una mujer enamorada del café el cual siembra en su finca Los Alpes en la vereda Bajo Cauca en el municipio de Popayán, un sitio acogedor, de buen clima y con un paisaje paradisiaco que invita a quedarse por instantes en algunos puntos de la carretera por la cual se avanza hasta encontrar un camino destapado y polvoriento que lleva a la propiedad. Los parajes son espectaculares y la sinergia entre caficultores, agricultores y ganaderos es total con el medio ambiente, allí se nota que hay respeto por el ecosistema y que la vida fluye aún en medio de los proyectos productivos y de las explotaciones a gran escala, inclusive en medianas y pequeñas.

La señora Cotazo dijo que igual viene de familia cafetera de esas a las que les corre el café por las venas, proviene de una saga, dijo, que sonríe en medio de problemas y que saca optimismo aún en medio de la adversidad. Su trabajo ha resultado tan brillante que fue reconocido y actualmente hace parte del Comité de Cafeteros del Cauca.

 

“Yo soy una pequeña caficultura que es la característica nuestra en el departamento, no pasamos de una hectárea, mi café es variedad Castillo y logré avanzar de la mano de la Federación Nacional de Cafeteros y del Comité Departamental que ayudaron con café tecnificado”, declaró la señora Cotazo.

 

Un detalle a tener en cuenta es que Luz Ayda le da un beneficio especial a su café, haciendo todo lo posible por sacar un grano de alta calidad tal y como lo hacían sus abuelos. Esta mujer trabajadora hace parte de una tercera generación cafetera en donde igual son importantes los alimentos y sus siembras que ayudan a paliar los bajos costos del café.

Sus dos hijos, Karen Natalia y Alejandro ya en la universidad, le acompañan y le sirven de combustible para seguir adelante ya que no se amedranta ante su condición de madre soltera y cabeza de hogar. Igual su familia la rodea y sus padres la han abrazado para que la diligente mujer siga adelante con toso sus propósitos, posiblemente es la niña consentida por ser la única mujer de cuatro hijos.

Eliodoro y Julia fueron sus abuelos, incansables en el café luego de unos años esos conocimientos le fueron transferidos a Antonio y a Aura, unos padres que igual siguieron con un reto grande y era seguir con una caficultura responsable y de mucha calidad, un trabajo cafetero y campesino hecho con ilusión, de manera profesional y supremamente amigable con el medio ambiente.

Esta cafetera empedernida dijo que no es mentira que la mujer tiene muy buena mano para el café de calidad y señaló que por eso una caficultora del departamento se llevó uno de los premios en uno de los concursos de taza para café especial. Su puntaje fue tan alto que vendió arroba de grano a 1.3 millones de pesos, todo un premio a su constancia.

Este año en la versión 2019 de cafés especiales que tendrá lugar en Bogotá, estas mujeres caucanas, cafeteras y echadas para adelante estarán con sus mejores granos de café y con lo más óptimo de sus fincas en la muestra cafetera que los productores del Cauca traerán con todo el aprecio y el respeto debido, expresados en taza, a la vitrina de Corferias en la capital del país.

Riqueza y grandeza

Cortesia Comité Cafeteros CaucaEl Cauca como lo dicen los caficultores no es solo café, en sus suelos se cultiva igualmente fique, caña panelera, caña de azúcar, papa, maíz, yuca, frijol, tomate, mora y espárragos. Igual de importante es su ganadería que logró especializarse en diferentes derivados por lo que es común ver un hato fuerte en cárnicos y en lácteos.

Este departamento igual muestra un importante crecimiento en piscicultura, fortalece en el Pacífico una destacada reserva forestal, quizás de las más importantes de Colombia y en la región del río Naya cuenta con una de las reservas auríferas, gran parte de este explotado por minería ilegal.

Popayán fue en su momento un importante centro de poder y riqueza, compitió inclusive con ciudades como Cartagena, Bogotá y Tunja en donde igual el número de nobles titulados con domicilio en ellas era considerable. La capital del Cauca junto con Santafé sirvió de sede a una casa de moneda instituida por la misma corona, lo que explica esa magnificencia que tuvo en tiempos de la colonia, en los momentos granadinos y en ese amanecer republicano.

Con la llegada de familias españolas vino un auge minero y comercial bastante destacado, allí vivieron familias de verdadero linaje y con una posición económica de consideración pues eran los dueños de las minas de oro de Barbacoas y el Chocó. Esa acumulación de opulencia les permitió comprar fincas, construir enormes casas e importar hermosas imágenes religiosas para adecuar los templos que se fueron construyendo a lo largo y ancho de la significativa ciudad.

Luego de 1550 llegó por Buenaventura una importación recurrente de ganado vacuno así como de caballos con lo cual fueron especializándose las haciendas y ganando fama de enormes ganaderías. En ese instante de la historia se intensificó el sometimiento de los indígenas y en plena colonia se crea un poder basado en la explotación aurífera que aumentó atribuciones y valorizó credenciales.

Esta historia cafetera empezó con unos descubrimientos y unos potenciales de riqueza que llegaron cuando al Cauca se le vio como una posible opción de encontrar el esquivo tesoro de El Dorado, ese que sustrajo vidas, que creo un mito y una cadena de ilusiones que se fueron como el gran secreto a la tumba de los insaciables adelantados y virreyes.

Hoy el Cauca sabe y huele a café. Sus productores tienen claro que la meta es mejorar aun siendo los mejores y para fijar sus metas miran alto al infinito, admirando el vuelo del cóndor de los Andes, ese que majestuoso atraviesa cielos y cordilleras, dando ejemplo de resiliencia con la misma que muestra y demuestra que las alturas son posibles no solo por las alas enormes sino por el compromiso y el amor que se le pone a las siembras de café, el grano valioso que le dijo al mundo que El Dorado no era oro, que no estaba en las montañas precolombinas, sencillamente que venía de África y que los años le darían maduración hasta transformarlo en el verdadero tesoro de los colombianos, que lo siguen mejorando con innovación, en este caso en las montañas que miran con nostalgia los valles del río Patía y de Pubenza en donde se construyó Popayán, en las fértiles y abundantes tierras de Pop-Pio- Ya, o del gran cacique Pioyá.

Por lo menos eso quedó sustentado luego de una traducción hecha por aborígenes aztecas que fueron traídos desde México para descifrar el nombre de la impresionante ciudad. La N era utilizada por los aztecas para darle terminación a algunas ciudades tal y como pasó con Yucatán, es decir que al unir todo, la enorme y especial tierra sería llamada de manera tajante, Popayán, la hoy capital católica de Colombia, la de iglesias y plazas bonitas, pero con aromas y perfiles de muy buen café.

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