Domingo, 10 Noviembre 2019 00:10

Salazar de las Palmas, caficultura pionera en el nombre del Padre

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Desde el emblemático municipio que hace gala de ser pionero en la caficultura fue posible darle una mirada a la actividad cafetera de Norte de Santander en donde avanza el micro-lote y la siembra de café especial.

En el próspero y siempre verde Norte de Santander está insertado en la cordillera oriental como una alhaja que destella, el municipio de Salazar de la Palmas, más conocido como la cuna de la caficultura en Colombia ya que de allí salió el café que fue exportado por la aduana de Cúcuta en 1835. Según la historia y los documentos de esa zona, salieron 2.560 sacos de café suave. Todo ese ejercicio fue posible por el trabajo del padre bogotano Francisco Romero, quien como es bien sabido cambió pecados por café luego de venir de una misión en la India.

Fácilmente se puede decir que el sector cafetero le debe su exitosa vida a la penitencias del tozudo presbítero que con su visión y emprendimiento logró la expansión del grano por Santander, Boyacá y Cundinamarca, afianzando con el tiempo unas exportaciones importantes que tuvieron freno de mano con la guerra de los Mil Días esa confrontación armada que se dio entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902, dejando como saldo más de 100.000 muertos y una devastación económica de grandes proporciones que significó la ruina del campo y la pérdida de Panamá.

Resulta muy grato llegar a Salazar de las Palmas, primero se hace un vuelo a Cúcuta desde Bogotá y luego se toma un vehículo que tras hacerle el quite a muchos huecos va ingresando a una zona de montañas y laderas tapizadas con verdes pastos en donde prospera una agricultura y unas actividades pecuarias que crecen en calidad y buenas prácticas agrícolas y ganaderas.

Foto Diariolaeconomía.comEste municipio nos recibió con una lluvia intensa, eso sí, de muy buen recibo pensando en las cosechas y en las buenas producciones agrícolas. Al llegar el nuevo día apareció un sol intenso que iluminó las estribaciones y las elevadas lomas que a la distancia permiten un deleite ecológico ya que la naturaleza es el común denominador de la cuna cafetera. Lo decía un documento y se puede ratificar al hacer el correspondiente arribo al bonito pueblo, Salazar de las Palmas es sin duda la región centro-occidental de Norte de Santander con mayor desarrollo y mejor calidad de vida, todo ello por el trabajo que se hace en las labores agrícolas y el impulso de nuevas empresas de la familia pyme dentro de las cuales están las de turismo.

En este apasionante viaje por la historia de Salazar podremos ver el adelanto de las culturas prehispánicas, la vocación por el campo y la minería, pero igual la mano de Dios puesta en una región de lejos bendecida por la calidad de sus tierras, por la generosidad y respeto de sus habitantes, pero igual por una aparición santa que marcó la región y que alejó a otras apariciones del bando opuesto, todo un compendio clerical y mágico que puso a Salazar de las Palmas en la parte alta del turismo obligado en Colombia.

En la muy amena Salazar de las Palmas hizo su aparición Nuestra Señora de Belén, razón más que suficiente para construir la hermosa capilla de la Virgen de Belén, uno de los atractivos del municipio junto con el parque Cinera, repleto de elevadas palmas, la cascada las Mandingas y el Parque Natural Regional Santurbán, fuente de vida y centro eco-sistémico de gran importancia en esa inigualable zona del país.

Sin duda alguna el café está en el ADN de los salazareños y no en vano sacan pecho por ser el municipio que puso la primera piedra de la gran caficultura, en donde empezó a contarse una bella historia que terminó con la marca región y el sello Café de Colombia. Por las veredas de Salazar de las Palmas corrieron cargadas de café las mulas fuertes, los machos, las bestias y las mulas romas, todos en fila llevando en sus lomos la historia que tenía de antemano la bendición del cura Romero.

El presidente del Comité Municipal de Cafeteros de Salazar de las Palmas, Antonio Cárdenas, quien representa más de 835 familias cafeteras, todas con cédula cafetera, le dijo a Diariolaeconomia.com, que no es menor el dato de ser cuna de la caficultura y evocó los momentos amables de siembra y cosecha de café, labor ancestral y de varias generaciones ya que sus padres, abuelos y bisabuelos fueron caficultores entregados y muy enamorados de los cafetos que obsequiaban un grano excelso de grandes propiedades porque en los tiempos antiguos la agricultura no conocía más que abonos naturales y unas siembras orgánicas que le daban al café mejor sabor y una absorción de las propiedades de los fértiles suelos en donde crecían también frutales, cacao y caña.

 

“Hoy tenemos un café todavía orgánico, no estamos utilizando tanto químico para cultivar y gracias a Dios los suelos de Salazar de las Palmas son muy ricos en nutrientes, característica que le da al café mayor pureza y la capacidad de desarrollar granos con óptimas tonalidades en taza. El manejo que le damos al café aquí es muy ancestral, sin mucha tecnología. Hoy somos artesanos del buen café, pero la idea es tecnificar y darle mayor rentabilidad a las siembras de café que dicho sea de paso, tiene que ser mucho más productivas”, declaró el productor.

 

Ante ese panorama apremiante de exceso de café, Cárdenas indicó que Colombia y su caficultura pueden estar tranquilos porque el mundo podrá inundarse de café, pero no del mejor café y en ello Colombia lidera toda esa afortunada oferta de cafés especiales, de valor agregado y con marcada diferenciación. En línea con muchos productores, el vocero dijo que una cosa es un café tipo robusta, normal y otra cosa muy lejana es el café especial de sabor y aroma para calificar por lo alto y vender de la misma forma.

En opinión de Cárdenas el solo hecho de apuntarle a mayor calidad, el café prácticamente sale de la Bolsa de Nueva York porque los granos pergaminos secos que se venden como commodities tendrán el precio de mercado, pero los cafés especiales estarán en otro escenario en donde solamente quienes tengan poder de compra podrán llevarse el mejor café. No se equivocó un curtido hombre del café cuando aseveró que al paso que lleva la caficultura el café normal de exportación iba a ser lo más parecido a la pasilla.

Anotó que la caficultura sigue siendo muy mal remunerada y consideró que el mercado debe cambiar su manera de hacer negocios porque la industria se queda con todo y el productor con migajas que no cubren los costos de producción o las deudas adquiridas para poder cumplir con los despachos del bebestible. El tema es promocionar el café, ir a los concursos y a las ferias para que el país y el mundo sepan de las bondades del café colombiano, ese que realmente vale la pena disfrutar.

Este labriego ve con alegría a sus tres hijos que ya se le meten al negocio y anhela que el café que se vende en Colombia lleve un sello de denominación de origen y una trazabilidad que le diga al cliente quien lo sembró y bajo qué condiciones agronómicas. La idea, anotó, es dejar huella cafetera, en esta ocasión desde Salazar de las Palmas. Su esposa Yajaira Mogollón Sandoval, trabaja hombro a hombro con el jefe de hogar, inculcando valores y apego por el café a sus retoños de nueve años, la primogénita, el segundo de siete y la pequeña que se apresta a cumplir el primer año de vida.

Este hombre del café está convencido que para mejorar la caficultura es necesario instruir a los hijos sobre la importancia del cultivo para que el llamado relevo generacional, la calidad se imponga como un credo y así hacer verdaderos negocios en donde la particularidad del grano impondrá el valor. Para este valiente cafetero hay que seguir apostándole a una caficultura eficiente y distinta porque contrario a lo que muchos dicen, el mundo no puede vivir sin café. Para mejorar, apuntó, es urgente preparar jóvenes del campo para labores del campo y frenar así ese éxodo de campesinos a las ciudades en donde tan solo cosechan sufrimiento y tristeza.

 

El de Salazar de las Palmas, un café de calidad garantizada

Foto PixabayLuego de atravesar una calle larga por donde desfilaban bandas y porristas el extensionista del municipio de Salazar de las Palmas, Distrito Salazar, Ángel Cárdenas Cárdenas, indicó que el municipio está dividido en dos distritos, uno Salazar de las Palmas y otro Nazaret. Según el Sistema de Información Cafetera, SICA, el municipio tiene 383 caficultores con 410 fincas. Hay un reporte de café envejecido cultivado en 96 hectáreas, café tradicional o Típica con el que empezó la historia, 61 hectáreas y con la línea Castillo 451 hectáreas. Todo muestra que hay mayor interés por renovar la caficultura con mayor resistencia y altas densidades lo cual aporta la línea Castillo resistente a la roya y al temible CBD, un hongo conocido como Colletotrichum Kahawae. Todo el reto fitosanitario, explicó Cárdenas, tiene que ver con el cambio climático, pero destacó el trabajo del Centro Nacional de Investigaciones de Café, Cenicafé, que lanzó nuevas variedades representadas en tres variedades de Castillo repartidas en Zona Sur, Zona Centro y Zona Norte.

 

“Yo me siento muy orgulloso por estar en Salazar de las Palmas, yo soy hijo de esta tierra en donde muchos hemos salido adelante como profesionales en virtud a nuestros cultivos de café. Salazar no se ha quedado atrás y por eso en café se están abriendo nuevos espacios para ampliar el espectro de una caficultura eficaz, de rendimientos y matizada por la calidad”, expresó.

 

Les dijo a los caficultores de todo el país que hay que tener muy presente que el mundo cafetero está cambiando porque ya no hay lineamientos vitales como el cultivo y su historia sino por las exigencias del mercado y del consumidor toda vez que es éste quien está dando las pautas para solicitar el tipo de café que requiere y es allí en donde los productores tienen que estar muy dispuestos para hacer uso de todas las herramientas y optimizar lo hecho para ganar nuevos nichos de mercado.

Cárdenas resaltó el trabajo del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros quien puso al mundo a pensar en café y a los cafeteros a pensar en ellos mismos. La tarea de convencer, sostuvo, ya la hizo el Gerente y hoy el mundo cafetero está más en línea con cambios en la siembra y comercialización de café en donde la parte más débil, el sector primario, está llamado a retomar el protagonismo que merece.

A pleno mediodía del sábado pasamos por la Cooperativa de Caficultores del Catatumbo, Cooperacafe, y allí el agente de compras Josué Daniel Mendoza, afirmó que por fortuna el municipio se metió en la cabeza que había que hacer una mejor caficultura y por esa razón entró por la línea del café especial, un grano mejor remunerado y que invita a imprimirle mayor calidad a los granos para diferenciar el producto y obtener mayores ganancias.

Puntualizó que Salazar igual cuenta con sellos de certificación motivo por el cual varios productores ya están certificados en los diversos sellos lo cual es un valor agregado que se refleja en mayor ingreso. En Salazar, comentó el agente de compras, hay productores que han hecho negocios directamente con los extranjeros que llegan al país buscando grano diferente y con toda la calidad posible.

Por los altibajos en los precios y por las coyunturas climáticas algunos productores le fueron perdiendo amor al café, pero como en algunos casos de infidelidad, muchos vuelven y se encantan con un cultivo que vuelve a repuntar, dejando rentabilidad y satisfacciones pues la caficultura es más que un trabajo, un honor y una bendición.

Un detalle para tener en cuenta es que en estos días en los que la carga pasó de 800.000 pesos, la gente vendió con mucho entusiasmo a sabiendas que se trata de los favores de la devaluación más no de un reconocimiento vertical de esfuerzo y labor hecho por los agentes del mercado que operan la cadena a su acomodo, desconociendo la importancia del grano como materia prima fundamental para la transformación y la generación de enormes riquezas.

El asunto, recalcó, es seguir en el café, no abandonar la actividad porque el tema es mejorar lo presente y alistar una oferta importante de cafés especiales para decirle al mundo que Colombia sigue vive en caficultura, pero ahora por exclusividad y calidad que tan solo algunos en el mundo se darán el lujo de adquirir, los demás que tomen robusta, que más se le va a hacer.

 

Las mujeres cafeteras, el toque mágico de una loable actividad

Después de un recorrido en motocicleta por la zona rural, llegamos a la vereda Alto de Angulo, un paraje exótico en donde todo es paisaje de montaña y unos pequeños valles de siembra en donde hacen cordial encuentro el café, las frutas, el plátano y la cría de bovinos. En el camino es imposible no hacer unas cuantas paradas y regalarle a la retina y a la consciencia un cuadro natural de cerros y prominencias tan altas que sus picos saludan las espesas nubes que se van formando. El sitio es tan agradable que inclusive se ven cadenas de montañas que se van perdiendo en un horizonte entre encendido y opaco porque el sol se asoma con saludos intermitentes, pero igual se oculta entre nubes oscuras y amenazantes. Resulta interesante también ver los cafetos altos, verdes y cargados como una cortina que trata de ocultar cerros y nubosidad en una sinergia natural hecha para el encanto.

Foto Diariolaeconomía.comAllí se llega por una vía extraña, en unas partes destruida e imposible en tiempos de invierno, pero en otras, agradable por la placa huella que tiene la vía y que debería ser permanente pues pareciera que los pocos tramos hubiesen sido ganados en una rifa o juego de azar. La vía no es cualquier peladero, igual que el café tiene su historia ya que se trata de un camino real por donde los viajeros y campesinos conectaban con el centro del país y con el Magdalena Medio, Muy seguramente esa fue una de las tantas rutas que recorrió el estudioso y enamorado de la naturaleza Alexander Humboldt, ese que vio hombres cargar hombres en sillas de madera por estrechos pasos de ladera a cambio de un pago no muy generoso.

La caficultora Elda Carolina Peña, es una mujer de armas tomar en el buen sentido de la palabra, nada le queda grande y cuando de café se trata, su corazón retumba como un tambor y las ansias se le disparan todas. Aseguró que se siente muy orgullosa de producir café de muy buena calidad, grano que están pagando muy bien en la medida en que este lleve más componente de valor agregado y calidad, esta cafetera, sin duda, la tiene clara.

Desde las montañas señoriales de Norte de Santander, esta humilde mujer le envió un mensaje a la Bolsa de Nueva York y es a tener en cuenta el tema humano en la agricultura y en el café porque hay seres humanos que se sienten explotados con unos precios miserables e injustos que no cubren en ocasiones, casi siempre, los costos de producción.

 

“Desde la cuna del café en Colombia les pedimos a los señores empresarios de la Bolsa de Valores de Nueva York que nos tengan en cuenta, que nos miren como a las personas que producimos el café que el mundo necesita, pero sin dejar de lado la calidad y el esfuerzo porque muchos caficultores hoy tan solo cosechan ruina y posiblemente eso no lo saben esos comisionistas o fondos de inversión, uno no puede hacer fiesta de ricos con la tragedia de quien más trabaja, eso no es justo ni honesto”, apuntó la señora Elda Carolina Peña.

 

Para esta caficultura, una manera de mejorar la calidad del café es recibiendo mejores precios y por eso sigue trabajando entre las paradisiacas montañas en compañía de su esposo Sergio Peña y su pequeña hija María Alejandra, una nena que ya vive entre el café y que muy seguramente será educada por los frutos que este arroja.

 

“Me hace feliz el café porque nací entre estas matas, me hace igualmente feliz saber que lo siembro para que lo disfrute el mundo e inclusive Colombia, pero me pone muy triste el precio bajo, el poco reconocimiento a un trabajo tan duro y las enfermedades cuando atacan los árboles. Hoy estamos aquí, pasando momentos muy duros, pero llenos de optimismo porque el alma nuestra está en estas matas, no hay más que hacer, amar el café”, concluyó.

 

El turno en la vereda le correspondió al buen amigo, Omar Yesid Cárdenas García, propietario de la finca Santa Rosa ubicada a una altura aproximadamente de 1.600 metros sobre el nivel del mar. Omar dijo que en buena hora a los cafeteros les está cambiando la manera de hacer caficultura y por eso insistió en la siembra de café especial, el cual es de gran aroma, espectacular sabor, total limpieza, de muy buena taza y el vehículo agrícola para tener una buena calidad de vida.

 

“El café especial mejora desde luego el valor del café, no hay duda, si un café es bueno, sabe diferente y es visiblemente diferente gana en precio por calidad. Con ese café mejora la situación del trabajador y del dueño del cultivo porque llega más dinero y con ello la posibilidad de pagar deudas, de invertir en la casa y de ahorrar”, señaló el caficultor.

 

Este productor también expresó su optimismo por los buenos tiempos que le vienen al café de Colombia porque si bien seguirán algunas ventas por la vía de la Bolsa de Nueva York, lo único cierto es que ese café totalmente diferente y con valores agregados no se cotizará en el mercado americano sino que será un producto que podrá ser adquirido de manera directa por compradores internacionales sin el manejo de commoditie que generalmente hace la bolsa.

El caficultor, amable, sencillo y muy buena persona, anhela que más extranjeros visiten Norte de Santander y más precisamente Salazar de las Palmas para que conozcan del origen del café de Colombia y del buen café, ese que se siembra en las montañas de un municipio lleno de color, de alegría y de ilusiones.

En este sector hay fincas de 32 hectáreas con cafetos sembrados en el 50 por ciento del predio, otras más pequeñas con menos matas, pero con la intención de sembrar más, igual hay pequeños productores, pero muy eficientes. Omar siembra café de muy buena calidad en cuatro hectáreas, pero pensando en crecer con micro-lotes y con la máxima calidad.

 

“Hay problemas y mucho camino por recorrer, sobre todo en cafés especiales, pero la caficultura está más viva que nunca y por eso el mensaje es para todos los caficultores del país, a sembrar, a mejorar y a no bajar la guardia, los retos están ahí y los cafeteros nunca desfallecimos porque más caficultura tenemos en la mano toda una cultura, la que nos dio el desarrollo y eso no lo podemos dejar de lado”, expuso quien también fuera minero, pero recaló en café.

 

Las vetustas, pero valiosas voces del café

Fue de hecho un enorme placer saludar con respeto y con el corazón en la mano a los caficultores de Salazar de las Palmas, especialmente a esas mujeres y hombres de antaño cafetero que sentaron las bases de una actividad juiciosa y floreciente.

La señora María Molina, tiene 83 años, gran parte de estos en el café de Salazar de las Palmas cuando el café era abundante y los precios igualmente baratos. María recuerda que empezó a ayudar en las labores de la finca siendo muy niña cuando iba con su señor padre a los sitios de cultivo a recoger grano o a adelantar labores de logística como la alimentación de los obreros.

No solamente su padre sembró café, también lo hizo su abuelo y aseguró que el café de los tiempos anteriores era de mucha más calidad porque los árboles eran más productivos. María paso de ser niña a mujer en medio del café y aún recuerda los verdes paisajes y las cantidades incontables de cafetos.

 

“Éramos muy felices con mis doce hermanos y con toda la familia, por fortuna cuando ya habíamos crecido algo más ya había pasado la violencia. Cuando mataron a Jorge Eliecer Gaitán yo tenía como doce años y en ese momento vivíamos en la finca El Ermitaño. Una vez se supo de la muerte del candidato a mi hermano lo despacharon para la casa y sí recuerdo que muchas cosas se acabaron de repente y nada volvió a ser lo mismo”, expuso la señora María.

 

Recuerda con mucha nostalgia las tardes de café tostado y molido en la finca de su señor padre. Esa buena costumbre, precisó, no se ha perdido, porque aún tuestan y muelen el café en la casa, como quien dice que el aroma de café tostado le trae el recuerdo de sus padres, de sus hermanos y de la finca en donde corrió feliz siendo niña y una joven cafetera. “Yo no tomo café de las marcas que hay en la tienda porque eso es puro mugre”.

La familia se fue atomizando, algunos de sus hermanos fueron muriendo y otros decidieron vivir en Cúcuta o en Estados Unidos. De todas maneras la muy querida María recuerda la facilidad con la que sembraban colinos en la finca para luego esperar y recibir la cosecha. El trabajo era fuerte y las fiestas en la vida de esta buena mujer no existieron como tampoco las compras navideñas porque su padre, don ascensión Molina, era poco amigo de gastar en esas épocas.

Su madre, Florindez Contreras y los abuelos de María Molina, igual hicieron parte de una saga de caficultores que sembraron en el siglo XIX y que seguramente tuvieron que correrle a la Guerra de los Mil Días. Un dato no menor es que la caficultura de los años mozos de doña María, era totalmente limpia, no llevaba químicos y la tierra no se afectaba por sustancias o materiales extraños. En ese tiempo, dijo, los árboles de café de la variedad Típica, cargaban mucho más.

 

“Con estos 83 años tengo algo que decir y es que a los caficultores colombianos y a los campesinos les han dado muy mal trato. En el campo la gente trabaja y trabaja y la plata honestamente no se ve. Hoy mucha comida la importan, y dicen que hasta el café lo traen de afuera, algo que no era posible en mis tiempos”, escribió la adorable anciana.

 

Doña María contrajo matrimonio con Jeremías Cárdenas, un caficultor de enorme compromiso, unión de la que quedaron 16 hijos, de esa familia murieron seis descendencias, y hoy quedan seis hijos varones y cuatro mujeres, igual una familia grande al mejor estilo cafetero. Hoy doña María agradece el haber nacido entre árboles de café y sabe que cuando llegue la hora del gran sueño, su cuerpo reposará entre montañas y cafetos, algo que la hace muy feliz porque la vida para ella fue el campo.

 

La arriería de don Rafael

Don Rafael Carrillo Carrillo, es un caficultor de 95 años, desde muy joven hizo negocios con café, pero los años llegaron y debió retirarse porque vinieron líos para el cuerpo de tanto hacer fuerza y trabajar con intensidad. Pese a todo este nonagenario respetable y querido por Salazar de las Palmas hace sus cuitas de una labor que le encantaba y le daba ánimo en medio de muchas situaciones.

Dijo que la caficultura cambió ostensiblemente porque la productividad bajó en los árboles y vino una época de agricultura química que impactó las siembras de café, generando problemas, riesgos para la salud y un tremendo daño ambiental. Hoy fumigan más, abonan más, pero los cafeteros no recogen ni un cuarto de lo que brotaba en café hace sesenta u ochenta años.

 

“Mi papá tenía una buena finca de café y nosotros duramos hasta los 40 años ayudándole y luego nos fuimos para Arboledas, después de Arboledas vinimos a Salazar de las Palmas en 1960. También vivimos ocho años en Bucaramanga en donde trabajamos muy duro, pero allí había que tener mucho real”, declaró don Rafael.

 

Foto PixabayEn los tiempos del café en Norte de Santander llegó a arriar hasta veinte mulas, pero recuerda especialmente a cinco de ellas porque tenían nobleza y se les notaba inteligencia. Su señor padre también fue un excelente arriero y vio cómo se fueron construyendo pueblos como Arboledas o Salazar a lomo de mula.

Rafael Carrillo nació el 12 de enero de 1925 y evoca los momentos de correr por la finca de su progenitor, eso sí lo que no borra de su mente es que cuando tenía 14 años llegó una persecución política y violenta que los llevó con afán a Arboledas. De allí salieron con la familia para Bucaramanga.

Padre de trece hijos los cuales tuvo con doña Celina Villamizar de Carriño fue un trabajador incansable, conocedor del tema cafetero y un admirador de caballos y todo lo relacionado con el campo. A criterio de don Rafael, la caficultura cambió mucho, a tal punto que las siembras que bordeaban el casco urbano de Salazar de las Palmas fue desapareciendo para ir a zonas mucho más altas.

 

Escuela Café, un proyecto educativo que debe perdurar

El Ingeniero Industrial y docente del CER Montecristo, EN Salazar de las Palmas, Cesar Sierra Novoa, dijo que por estar en las zonas rurales todas las sedes del CER Montecristo, resulta un incentivo para los jóvenes el proyecto Escuela Café que siguen trabajando las siembras y aprendiendo más del producto que finalmente van a adoptar como actividad económica y proyecto de vida.

La gran ventaja es que la sede es cafetera y con ello se da un paso importante para frenar la salida de jóvenes de los campos, contribuyendo así con un relevo generacional lleno de conocimientos y retomando el amor y el apego por las actividades rurales. Una ventaja es que hay estudiantes y mentalidad cafetera lo cual es determinante cuando se combina con innovación, tecnología, mecanización y optimización de los cultivos.

Los docentes han recibido capacitaciones avaladas y patrocinadas por la Federación Nacional de Cafeteros. Este año los docentes adelantaron el curso de auxiliar de café con el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, en el que participaron cuatro docentes y estudiantes de la modalidad de pos-primaria. En las once veredas hay cerca de 200 estudiantes del sector rural con lo cual se garantiza mano de obra y empresariado en la ruralidad.

La Federación llevó once estudiantes al Parque Nacional del Café como un incentivo y por ello los módulos o las escalas van a buen ritmo porque hay unas con germinador, unas llenando bolsas, otras están con almácigo, tenemos algunas que ya han plantado café y de manera paulatina va evolucionando el proyecto de café llevado a las aulas y al campo.

 

“Lo preocupante es la perdida de interés y el amor por el campo, pero con estas capacitaciones estamos mostrando que el café es un cultivo rentable el cual ha hecho aportes importantes al país. Con el capítulo de cafés especiales hay nuevas opciones y muchos están entrando en la tónica de la caficultura como negocio sostenible y profesionalizado. Ya algunos estudiantes me han dicho que quieren seguir en la finca porque no quieren ir a buscar trabajo teniendo todas las oportunidades aquí”, dijo Sierra Novoa.

 

En medio de la actualización y la renovación los estudiantes recibirán una planta para que con la ayuda de los padres de familia en la finca, los aprendices tengan sus primeras matas de café en el predio en edad corta, actualmente se les reparte entre 10 y 20 plantas a cada estudiante. Con ese proyecto Escuela Café, se abre paso la nueva era de la agricultura familiar en donde hay mejores prácticas agrícolas que puede hacer que muchos siembren café, pero con otros productos como maíz, frijol, frutas y otros productos.

 

Norte se Santander, un café que viaja con las brisas del Pamplonita

 

Foto PixabayEl café de Norte de Santander fue pionero en la comercialización de Café, ya habíamos dicho que el padre Francisco Romero, cambiaba semillas por perdones y fue así como la primera exportación salió de Cúcuta para el lago de Maracaibo y de allí a Veracruz, México. Hoy en día se hace un trabajo importante para fortalecer la caficultura enfocado esencialmente a fortalecer la calidad del café.

Cabe anotar que actualmente el departamento tiene 15.600 familias cafeteras, 23.500 hectáreas aproximadamente en donde el área de café está distribuida con 16.100 hectáreas de café tecnificado joven, 5.060 hectáreas con café tecnificado envejecido y 2.360 hectáreas de café tradicional.

El Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Norte de Santander, Ricardo Mendoza Valero, aseveró que como reto al interior de la institucionalidad está que las hectáreas de café tecnificado joven cada vez aumenten más y dijo que las cifras anteriores hacen parte del parque cafetero que responde por la productividad, competitividad y rentabilidad del negocio cafetero, empero recalcó que las cifras de café envejecido deben seguir a la baja de manera más importante.

En la actualidad del total del parque cafetero, unas 17.870 hectáreas que corresponde al 76 por ciento es variedad resistente, en variedad susceptible hay un 24 por ciento que suma unas 5.654 hectáreas, cifra que está en el listado de retos y es bajar de la manera más rápida esas siembras susceptibles que de prevalecer le abren paso al riesgo económico por un eventual ataque de plagas.

Por cambio climático, anotó, cambió el mapa cafetero en el departamento, en Colombia y en el mundo, razón por la cual hay siembras en alturas importantes y en medio de sistemas agroforestales lo cual permite tener un parque mucho más resistente a los eventos climáticos ya sea por mucha lluvia o por altas temperaturas.

El Comité de Cafeteros de Norte de Santander que este año cumple 90 años, ha hecho presencia institucional en el sector rural en donde ha planteado estrategias para generar desarrollo y bienestar social en el campo.

La caficultura de Norte de Santander brinda 16.500 empleos directos, una cifra muy importante porque son los jornales que se generan en la cosecha cafetera. El Comité estima que en promedio la cosecha cafetera les da trabajo a más de 1.5 millones de jornales. De otro lado la producción anual es estimada en 24 millones de kilos de café pergamino seco con un valor de 150.000 millones de pesos, cifra importante para la economía regional porque es dinero que mueve la economía.

Una de los ofrecimientos lo hizo el Comité a los nuevos alcaldes municipales y a la gobernación para que cuenten con el café como un aliado determinante en el desarrollo y para fomentar propuesta serias que le den viabilidad al café y toda la economía rural.

Los precios del café que siguen relativamente bajos generan estrés en los productores y en el gremio cafetero. Si bien la carga de café se está pagando hoy a 895.000 pesos con un cierre en Bolsa de Nueva York de 1,09 dólares y una tasa de cambio de 3.339,00 pesos al cierre de esta nota. Un punto a tener en cuenta es que la devaluación sigue ayudando y que por fin el precio por libra en la Gran Manzana pasó del dólar.

 

“La gran industria torrefactora y las multinacionales deberían reconocerles unos precios mucho más justos a los caficultores, no solamente a los colombianos sino a los 25 millones de familias productoras que hay en el mundo. En ese sentido Colombia ha liderado la cruzada por un comercio justo para hacer sostenible la cadena porque mientras la industria generó en ese entonces utilidades por 200.000 millones de dólares, a las familias cafeteras se les trasladó apenas el diez por ciento, situación que molestó a los productores y abrió el debate sobre si se debe seguir con un producto que no es ecuánime a la hora de remunerar. Ya hay compradores importantes que están hablando con la Federación, un tema nada fácil porque es de plata, pero se dieron pasos importantes como la inquietud de la industria y el alinear a los gobiernos de los países productores de Centroamérica y Suramérica para que junto con la Federación se le haga un llamado a la gran industria, tarea que empezó con el Presidente Iván Duque, cuando puso el tema cafetero sobre la mesa”, anotó Mendoza Valero.

 

La importancia de tener un café con buen precio y un comercio justo tiene que ver con aspectos de equilibrio económico, pero también social porque muchos de los productores que salgan del café pueden pasar a los cultivos ilícitos o a otros escenarios como lo observado en Honduras y Guatemala que experimentan un desplazamiento hacia México y luego con rumbo a Estados Unidos en donde hay una población importante de caficultores.

Para tratar de paliar la situación del café y buscar nuevas salidas, Norte de Santander desarrolló ocho programas enfocados a temas puntuales de productividad y competitividad que le apuntan a incentivar la renovación y las buenas prácticas agronómicas para la obtención de un café de mejor calidad. Esta estrategia de valor asumido por la FNC es de largo aliento porque está enmarcada desde 2017 hasta el 2027 y tiene como meta y finalidad la rentabilidad, basados en menores costos de producción y mayor productividad, desde luego abriendo escenarios de muy buenos precios.

Cabe destacar que de los ocho programas hay tres fundamentales en el buen desempeño y en los rendimientos cafeteros, El Comité de Cafeteros puso en marcha el programa “Manos a la Obra” desde 2015 que busca mayores densidades de café pagando un incentivo de 150 pesos por árbol. Con esto se busca que la caficultura regional pase de 6.650 a 7.200 plantas por hectárea.

Igual de importante es el Fondo Rotatorio para Fertilizantes que busca incentivar la fertilización de los cafetos con una compra de producto especial que inicialmente costó 500 millones de pesos los cuales salieron del patrimonio del Comité. Hoy gracias a los cooperantes como alcaldías y entes territoriales las compras suman 2.500 millones de pesos. Finalmente está el programa Análisis de Suelos que busca fondear el 50 por ciento del estudio de suelos para que el cafetero tenga certeza de qué tipo de suelo tiene a disposición para sus siembras y que capacidad tiene e suelo para nutrir las plantas.

Norte de Santander redujo su parque cafetero en área pues pasó de tener en 2009 unas 33.000 hectáreas a 23.500 hectáreas. La pérdida considerable se explica en cambio climático, presencia de cultivos ilícitos y por cambio de actividad económica.

Hoy el Comité intenta recuperar parte del área desaparecida con lo cual habría mayor dinámica y mejores perspectivas de negocio. En este momento la caficultura alcanzó mayor productividad por el trabajo en altas densidades, empero hay consciencia que hay que recuperar el terreno perdido.

Una generalidad de Norte de Santander es que siempre va a tener café fresco porque hay cosecha en los dos semestres y en la traviesa por lo que la oferta de café es permanente y con diferentes perfiles de taza lo cual es una ventaja competitiva. Los cafeteros del departamento sigue trabajando fuertemente en cafés especiales, en certificaciones y en el nicho de micro-lotes porque se busca poner en el mercado un grano de calidad superlativa para que se pague de igual manera.

Foto Diariolaeconomía.com
Foto Diariolaeconomía.com

Los caficultores de la región quieren estructurar la ruta de competitividad a través del clúster Norte de Santander, Cuna del Café y dentro de las líneas de acción está el incentivar el consumo de café local para luego llevarlo a otras regiones, incluida Bogotá para hacer viable el negocio desde la casa con base en la asociatividad.

Una alcaldía de puertas abiertas para el café

En medio de un sol agradable y con un marco inmejorable puesto que tenía de fondo la plaza del municipio y una música de cuerda sencillamente espectacular, el Alcalde de Salazar de las Palmas, Ronal Felipe Jaimes Pabón, declaró que resulta muy honroso ser la primer autoridad en un municipio con historia cafetera y compendios prehispánicos interesantes más en un evento especial como su cumpleaños 436 que hace que sea mucho más emotiva la fiesta por una fundación tan vetusta y tan llena de datos halagüeños.

El Alcalde invitó a los turistas y viajeros de todo el país, inclusive a los del mundo a visitar Salazar de las Palmas, cuna de la caficultura y una población llena de narraciones, coloridos y un paisaje que concursa con el que quiera. La caficultura salazareña que nació entre pecados y perdones gracias a la iniciativa de padre Romero, le dio ese impulso a las grandes siembras de café y al comienzo de la construcción de la marca país y de un sector que le dio todo el desarrollo a Colombia porque del café vino dinero para escuelas, vías, capacitación y sostenibilidad.

 

“En esta administración pudimos contar en la fachada de la alcaldía nuestra propia historia cafetera y la manera cómo llegó el grano al municipio y así saber porque somos cuna de la caficultura. De igual manera construimos como un homenaje la plazoleta del café en donde los visitantes podrán saber de historia y de temas cafeteros así como religiosos porque somos un pueblo Mariano que atrae turismo y deseos de saber de la aparición de la Santísima Virgen. Hay mucho porque venir a Salazar de las Palmas porque hay ecoturismo, avistamiento de aves y sitios rurales que enamoran”, dijo Jaimes Pabón.

 

Hablando de recursos y administración, el Alcalde indicó que uno de los grandes problemas de los alcaldes en Colombia es que cuentan con muy pocos recursos para cubrir las inmensas necesidades existentes. Un lío es la categorización a nivel nacional y allí Salazar está en categoría sexta, es decir que recibe muy pocos recursos de la nación, pero manifestó que por eso es obligación y función de los mandatarios salir a buscar recursos vía cofinanciación.

De no buscar recursos, los alcaldes pasarían sin pena ni gloria porque sin plata la tarea no se hace como debe ser. El tema es ser recursivo y tener cuidado a la hora de canalizar recursos porque un error conlleva a sanciones a castigos para el municipio. La actual administración, sostuvo, logró conseguir recursos con lo cual deja obras en ejecución y otras terminadas gracias a la cofinanciación, situación que le permite al próximo Alcalde terminar y entregar obras en favor de la comunidad que tendrá empleo porque las obras públicas abren la posibilidad de emplear a muchas personas, tema que jalona la economía del municipio.

Salazar tiene un potencial agrícola en donde el café es importante, pero igual otros subsectores como el plátano, la caña y el pan coger. Igual hay minería de carbón y otras actividades económicas. Salazar diferente a otras municipalidades cuenta con Oficina de Instrumentos Públicos y Oficina del Trabajo.

La buena música fue una constante porque ambientó con aires de cuerda y con composiciones de antaño el Festival Cuna del Café en Colombia, una apuesta que dejó el Alcalde Jaimes Pabón en defensa del patrimonio cultural y cafetero, un evento para deleite de propios y extraños.

En plena fiesta cafetera y previa al cumpleaños número 436 de Salazar de las Palmas, vimos el club de amigos en donde estaba el compositor y músico, Luis Emilio González Arteaga, ganador en seis ocasiones del Festival Nacional de Intérpretes y Compositores de la Rumba Criolla, Emilio Sierra, en Fusagasugá, también saludamos al profesor, Carlos Gómez Sánchez, quien dijo que la falla de la humanidad estuvo en no priorizar los valores y darle protagonismo a las matemáticas y a otras materias que desplazaron los buenos hábitos.

El profesor habló de la llorona, de la gritona, del fisgón, del descabezado y la mula de tres patas, Igual de las historias de fantasmas que no fueron tan historias porque se dieron en tiempos del paramilitarismo, momentos en los que se vieron por las calles personas asesinadas que dejaron con los pelos de punta a muchos, entre ellos policías y militares que quedaron horrorizados. Se habla igual de fantasmas que aparecieron en los caminos reales y que posiblemente fueron víctimas de las violencias atávicas como las de finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX. No quedaron ausentes las brujas o las almas que espantaban bestias y derribaban sus jinetes. Hay de todo en Salazar, leyendas, mitos y mucho por narrar. E todo esto encajan las versiones de tesoros y de guacas que permanecen escondidas en el tiempo y custodiadas por almas y duendes.

Es bueno que los colombianos y quienes aman la historia sepan que Salazar de las Palmas tiene mucho que contar. El coordinador de Cultura del municipio, Juan Zafra Soledad, narró que si bien la región fue lugar de aborígenes chitareros, un capítulo en la historia le dio vida a una legión indígena guerrera. La cacica Zulia decidió comandar un ejército en compañía del cacique Guaymaral para vengar la muerte de su padre el cacique Cinera quién murió en manos del capitán Alfonso Esteban Rangel quien inicialmente logra vencer a la princesa y funda Salazar de las Palmas un cuatro de noviembre de 1583. Después de un ataque muy bien planeado, la princesa hija de Cinera se toma el pueblo, lo destruye y mata a casi todos sus habitantes. La venganza del recordado Cinera estaba consumada.

Después de las acciones bélicas Zulia se casa con Guaymaral, pero este opta por otra relación. En ese entrevero muere Zulia a mano de los españoles y el compungido Guaymaral decide honrar a la princesa bautizando regiones, poblaciones y ríos con el nombre de Zulia.

Esta es Salazar de las Palmas la tierra de la “Ojona Linda de Salazar”, historia que surge tras la visita de un marinero español que pasa por la población. Le cuentan la historia de su aparición el 26 de enero de 1671 y le pareció muy interesante, Al volver a su cotidianidad lo tomó una fuerte en altamar y cuando su barco estaba a punto de naufragar, el militar en medio del horror se acordó de la Virgen que había visitado en Salazar de las Palmas, pero no se pudo acordar de su nombre y por ello invocó a la imagen diciéndole “Ojona Linda de Salazar, Sálvame”, y de inmediato el milagro se dio porque bajo la tormenta y el barco logró salvarse. En agradecimiento el marinero a través de Roma le hizo llegar a la Virgen su primera corona la cual tenía una esmeralda y una media luna para el niño que tiene en sus brazos.

Cuando envío el obsequio y al no acordarse del nombre de su salvadora, colocó en el paquete, “para la Ojona Linda del municipio de Salazar de las Palmas” y así llegó la encomienda a través de la Iglesia Católica.

Finalmente hay que decir que el padre Francisco Romero posiblemente falleció en Bucaramanga y dejó un legado bastante importante para el país. De Salazar también hay que decir que fue parte de un eje muy importante a nivel económico y social de Norte de Santander ya que hacía parte de un emprendimiento bastante relevante. Salazar de las Palmas fue la tercera ciudad en antigüedad a nivel departamental pues en épocas antañas se hablaba de Pamplona, Ocaña y Salazar. En 1583 la población es un centro de nobles y de conquistadores. Es tan antigua Salazar que a los 200 años fue fundada Cúcuta.

Salazar de las Palmas tuvo en 1916 una empresa de energía eléctrica y funda su primera hidroeléctrica impulsando el desarrollo regional e incentivando la inversión y la constitución de la cervecera y la fábrica de gaseosas La Favorita, sus artesanos fabricaron loza y una cerámica de altísima calidad. Igual hubo empresas dedicadas a los textiles, a la confección, a la marroquinería y a otros negocios, empuje que le dio identidad propia.

Fue grato visitar Salazar de las Palmas, esa población de más de 9.000 habitantes, de cafeteros juiciosos, emprendedores y muy aplomados, Igual fue de buen recibo hablar con los campesinos y con sus moradores. A Salazar le sobra amabilidad y generosidad, igual su paisaje es una pintura natural en la que Dios se inspiró para hacer de sus montañas una escena del paraíso. Mientras observaba con melancolía el hermoso pueblo cuna de la caficultura, tuve tiempo de tomar café Campolís, un grano especial de muy buena taza que dejó en mi paladar otro buen motivo para retornar.

Este pueblo antiguo sigue vigente, sus casonas grandes y antiguas deleitan por sus techos en teja de barro y cubiertas gruesas que reposan sobre vigas de madera que asoman a las calles con formas uniformes y muy estéticas. Son muy llamativas las puertas grandes en madera vieja y las ventanas enormes con maderas talladas para proteger la casa. Sus calles están pavimentadas y de lejos se nota que Salazar de las Palmas tiene un elevado nivel de vida, de eso no hay duda.

Allí en Salazar las sonrisas son constantes, los saludos interminables y el respeto permanente. Las palmas del parque decoran la estancia y la iglesia de San Pablo invita a hablar con Dios, lo propio pasa con la capilla de Nuestra Señora de Belén, un espacio amable y de máximo respeto en donde se escuchan los llantos de la fe. Qué bella Salazar de las Palmas, qué historia la que alberga, y oh gentes la que la enaltecen. Allí respiré paz y mucha gentileza. Vi ojos hermosos adornar sonrisas y aprecié con mucha simpatía unos panecillos de delicioso sabor que muy seguramente me harán volver.

A todo el pueblo de Salazar de las Palmas, mil y mil gracias, siempre estarán en mi corazón y en los confines del impaciente pensamiento. 

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