Domingo, 01 Diciembre 2019 01:50

Fredonia, cuna de la caficultura paisa que inspiró la colonización antioqueña

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Los caficultores de Antioquia han hecho un trabajo juicioso para mejorar en calidad y productividad porque saben que solamente con valor agregado expresado en café especial es posible vender más y mejor.

Hablar de café implica abordar buena parte de la historia de Colombia porque la caficultura es ese motor de la economía, pero igual la poderosa razón de ser de más de 540.000 familias en Colombia. Ahora bien, hablar de caficultura en Antioquia es casi que una amable generalidad porque la cultura paisa creó un entorno muy particular en torno a las siembras del café.

El café en este espectacular y colorido departamento es trabajo, desarrollo, inclusión, progreso, oportunidad, historia, recuerdos, amor y quizás los más grandes retos. La siembra y el cuidado de cafetos le puso un sello muy regional a una actividad que, siendo nacional, adoptó muchas características de los ancestros antioqueños, esos que conquistaron montañas, que hicieron posible lo imposible y que fueron avanzando en medio de dificultades de manera inteligente hacia la excelencia muy de la mano de sus numerosas familias y obviamente acompañados por sendas recuas de mulas que extraían café y productos de las fincas hermosas, pero en ocasiones imposibles.

Para abordar con tino la laudable caficultura paisa, esa de poncho, carriel y sombrero aguadeño, es necesario ir a los orígenes de esta majestuosa actividad en la mitad del siglo XIX que vio una opción con las siembras de grano que se hacían con éxito desde 1835 en la franja de la cordillera oriental en departamentos como Santander, Norte de Santander y Cundinamarca.

No era fácil abrirles camino a las siembras de café porque estaban de por medio enormes montañas y sitios muy metidos en las selvas en tiempos en los que el país conservaba su entorno original y primitivo. Es por eso que les tocó a los ancestros, con la fuerza de las bestias y a machetazo limpio abrir paso y generar espacios para los, entonces, novedosos cultivos. Zumbaba el machete afilado con cada pasada de izquierda a derecha o viceversa, la maraña se estremecía y los árboles admirados les hacían venia a los intensos agricultores que reverenciaban un esfuerzo que con los años pondría sello propio a una caficultura matizada por el esfuerzo, la constancia y el compromiso.

Fredonia es un agradable y próspero municipio fundado el dos de octubre de 1790, pero erigido como municipio en 1830. Hay que decir que, en tiempos previos a la conquista, Fredonia era la sede de una nación indígena intensa y enérgica conocida como los senufanáes. En 1540 este bello sitio reportó la presencia de conquistadores españoles comandados por Jorge Robledo quien encomendó para explorar el nuevo hallazgo a Hernando Rodríguez de Sousa, misión de corta duración ante la usencia de oro.

El municipio fue un centro estratégico para los colonos que debieron hacerle frente a una selva inexorable y a unas fieras que no daban tregua ante la amenaza de su tranquilo y supremo territorio. Con la llegada de cientos de personas que le darían igual forma al Estado Soberano de Antioquia, el entorno cambió y las expectativas de crecer con varios oficios, incluida la agricultura, hicieron del llamativo lugar un punto de encuentro, pero igual de comienzos para emprendimientos y metas recordadas por su austeridad y sus costos. El esfuerzo valió la pena porque con el trabajo de los patricios y precursores se abrió igual un espacio económico que fue aprovechado por industriales, labriegos y comerciantes.

El café llegó a Antioquia en 1850 y aunque algunos hablan de una siembra fortuita en esos lejanos años, lo cierto es que la historia cafetera tuvo sus inicios rubricados por la historia con letras de oro en la pujante Fredonia. En el emblemático municipio la presidencial familia Ospina marcó todo un hito cafetero que hoy sigue vigente en la eterna hacienda San Cayetano. El que fuera Presidente de Colombia, Mariano Ospina Rodríguez, introdujo con mayor fuerza el café en Antioquia cuando florecían los tiempos republicanos en 1880.

La incipiente caficultura de Antioquia, fortalecida en Fredonia, tuvo una enorme influencia guatemalteca de donde vinieron unas técnicas de cultivo bastante eficientes que fueron de muy buen recibo en las cálidas y espectaculares montañas de Fredonia. Con la idea de fomentar la expansión de cultivos, la egregia familia fue adquiriendo terrenos aptos para las siembras de café impulsando el desarrollo, la riqueza y el empleo. Los historiadores dicen que esos sí que fueron tiempos buenos.

El departamento de Antioquia posee serranías en la cordillera occidental las cuales terminan su límite en las orillas del rio Cauca y su extensión abarca la cordillera central la cual inicia desde Caldas en tierras del oriente.

El hecho de estar ubicada entre montañas de grandes picos y de haber desarrollado una agricultura de ladera, Antioquia aprendió a encontrarle las bondades a los suelos motivo por el cual logró la producción de grano de muy alta calidad.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el caficultor Cesar Calderón Gil aseguró que la apuesta hoy en Fredonia es por cafés especiales lo que explica por qué se crearon grupos de productores especializados en la materia porque la idea según su concepto es mejorar la caficultura. La misión de éste nuevo reto apunta a optimizar cultivos, calidad y eficiencia en el trabajo cafetero, ya que la gran meta es abrir un capítulo especial en exportaciones con lo que se aspira a poner en los diversos mercados un grano con valor agregado y totalmente diferente.

Calderón Gil, señaló que actualmente se han creado múltiples marcas de café con las cuales se comercializa grano de distintas variedades y muy al gusto del consumidor porque se manejan perfiles en taza que no solamente marcan la diferencia sino que se amolda a la exigencia del gusto de los compradores.

En línea con el desaparecido pero inolvidable cafetero Mario Gómez Estrada, éste productor antioqueño sostuvo que el café pergamino seco va a caer a los niveles de la pasilla porque el público va a querer café especial muy por fuera del café de commoditie o de bolsa. En este momento, aseguró, los cafeteros están muy entregados a la producción de café especial a tal punto que están estudiando y capacitando para garantizar un café con calidad excelsa.

 

“El trabajo va tan en serio que nosotros los cafeteros le estamos dando un tratamiento al café como si se tratara de vino lo que también explica por qué estamos sacando cafés con fermentos con diferentes tiempos y una serie de procesos que permiten poner en el mercado un producto más que óptimo y lejano en calidad a los cafés corrientes lo cual es palpable en la variedad de sabores y aromas. Hoy podemos decir que con el café colombiano el consumidor toma lo que quiere y no lo que le toca”, expuso el señor Calderón.

 

El caficultor reveló que con las nuevas tendencias en producción de café el mercado cambió tajantemente porque la gente en el extranjero está pidiendo café especial, dejando de lado el café tradicional que de igual el capítulo Colombia sigue teniendo la mejor fama en calidad. La gente, que ya sabe de café, está solicitando cafés afrutados, dulces y con diferentes características en taza, asunto que obliga a seguir trabajando de manera intensa en la siembra y tratamiento de ese café diferenciado.

Actualmente Fredonia produce unos cafés especiales que superan los 88 puntos llegando desde luego a niveles superiores con los respectivos reajustes en el precio. El cafetero consideró que con un trabajo más decidido, Fredonia y Antioquia en general pueden pasar muy lejos de esos niveles de taza, teniendo en cuenta que hay unos cafés jóvenes con mucho mayor rendimiento en calidad, sabor y aroma.

En el mundo del café, explicó el experto, suelen ocurrir cosas increíbles pues hay clientes que pagan mejor un café de 86 puntos que uno superior de 88, porque sencillamente que es mucho mejor para el paladar. Esos cafés lo llegaron a pagar a 150.000 pesos la libra.

 

“Aquí están llegando coreanos, japoneses y europeos buscando lo mejor de la gama de cafés especiales, demostrando que el café diferenciado se está imponiendo haciéndolos cambiar el chip a los productores”, indicó Calderón.

 

Aseguró que si no se sigue trabajando en la línea de cafés especial, la caficultura puede desaparecer porque muy difícilmente puede soportar los precios de mercados que fija la bolsa de Nueva York, tema delicado porque se produce caro y se vende barato o sencillamente se produce pérdidas.

Foto Diariolaeconomía.com
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Expresó que sigue la preocupación en la caficultura antioqueña por los imposibles costos de producción dentro de lo cual entra la escaza mano de obra y los muy costosos insumos. El productor urgió el gremio con intensificar las campañas para incentivar el consumo pues tristemente hoy los nacionales están tomando cafés comprados en el exterior de dudosa calidad y que son empaquetados por industrias colombianas que de manera irregular venden la idea de que trata de café colombiano cuando en realidad no lo es pues la única mezcla de producto local obedece a pasilla. Les pidió al gobierno y a los empresarios meter en cintura este problema porque hay de por medio publicidad engañosa, asunto delicado porque el colombiano está pidiendo calidad sin importar el costo.

Un caso que le llamó poderosamente la atención a Calderón Gil fue el hecho, grato por demás, que el gobierno de Costa Rica después de un concurso de calidad optara por incentivar y enseñar a preparar esos cafés diferenciados para aumentar el consumo de propios y extraños. A esos empresarios del café les prestaron el dinero, les Facilitaron las máquinas y les financiaron el nuevo concepto de cafetería.

Esa pequeña ciudad de Costa Rica se volvió un punto obligado de visita en donde turistas y empresarios llegaron con la misión de sentarse a tomar un buen café.

 

“Nosotros aquí en Fredonia que tenemos más de 40 marcas de café seguimos tomando café de 500 pesos, es decir una pasilla con mal tratamiento, mal tostada y en general unos cafés de muy mala calidad. Y ahí es donde tenemos que entrar nosotros a jugar un rol importante como productores para enseñar a la gente a tomar café que puede costar algo más pero se convierte en toda una gran experiencia”, adujo el caficultor.

 

El caso familiar de Calderón resultó un caso de colonización a la inversa pues su señor padre que también sabía de siembra de café llegó a Antioquia, más exactamente a Sonsón procedente del Huila. En ese municipio antioqueño y siendo aún niño, César Calderón aprendió de su padre los secretos del cultivo de café, igual le enseñó a querer la finca, a apreciar la caficultura y por eso las enseñanzas de don Ricardo Calderón fueron vitales para que su hijo triunfara en Fredonia en la compleja tarea de la caficultura.

Uno de los anhelos que busca cristalizar este caficultor en este 2020 es llegar a puntos de excelencia en su caficultura y seguir creciendo en exportaciones pues ya envió 900 kilos de café especial con destino a Canadá.

Mujer cafetera, el alma de la caficultura paisa

Dentro de los protagonistas de la actividad cafetera del departamento de Antioquia está la tozuda, valiente y aguantadora mujer cafetera, ese ser humano que construyó hombro a hombro, tarde, día y noche un sector económico vital que le imprimió dinámica a la economía pues no en vano apalancó el desarrollo y consignó los recursos para mejorar la calidad de vida.

Para este medio informativo resultó muy agradable conversar con Elvia Cecilia Restrepo, una caficultora de “racamandaca”, nacida y criada dentro de los cafetos de la bonita Fredonia.

Para ésta mujer del café la siembras y las cosechas del grano suelen ser un capítulo especial en la vida de cada productor y cada campesino. Explicó que en Fredonia hay toda una caficultura por cuanto sus habitantes crecieron alrededor del café por lo que toda la economía del municipio depende de buenas cosechas porque solo así hay mayor demanda de bienes y servicios dejando ver una dinámica comercial bastante importante.

 

“Las épocas de cosecha de café son las más maravillosas para todo el pueblo porque todo mundo se surte de su ropa, sus buenos alimentos y generalmente hay abundancia en todos los hogares y eso se traduce en una alegría infinita en todas las familias. El café es la gran turbina de la economía municipal”, apuntó la señora Restrepo.

 

Sostuvo que aunque en periodos cortos el café es un generador de empleo importante que le garantiza rentabilidad a la región, para ésta cafetera, trabajar con el producto insignia del país es sinónimo de mucha tranquilidad. Elvia Cecilia comentó que es dueña de una pequeña parcela en donde logró unos espectaculares rendimientos en el cultivo por lo que vía mayor productividad, alcanzó las metras trazadas, agregó que como no solo de café vive el hombre, ella se dio a la tarea de sembrar productos de pan coger y es así como se abastece de tomates, cebollas, plátano, yuca, remolacha y frutales, es decir que cuando el precio del café cae y no hay plata en el bolsillo, sin ningún tipo de angustia garantiza su seguridad alimentaria, la cual puede estar acompañada con gallinas, huevos y otras fuentes de proteína.

 

“Tenemos el privilegio de tener agua, también de contar con las luz del sol y de muchas cosas maravillosas que nos ofrece la naturaleza y el campo, así las cosas, y a criterio de ésta cafetera, muy pocos saben lo que tienen en su finca. El solo hecho de tener la tierra es para mí una bendición”, dijo la productora.

 

Lamentó la poca conciencia que hay en la cadena del café porque tostadores e industriales se quedan con las ganancias dejándole ruina y pérdida a los caficultores que casi siempre produce a pérdida. Consideró que el cafetero debe seguir siendo fuerte y resiliente porque con un trabajo juicioso en el café, hay futuro y estabilidad económica.

La actualidad cafetera es más que grata pues los precios están por el orden de los 985.000 pesos carga puesta en Medellín y eso genera mucha alegría en la gente porque hubo desazón hace dos meses cuando la carga fue remunerada muy por debajo de los costos de producción a niveles de 690.000 pesos. Esos que quisieron renunciar al café, dijo la productora, hoy están comprando semillas porque saben que con ese cultivo hay momentos muy tristes, pero otros muy alegres por lo cíclico del cultivo.

Elvia Cecilia reconoció en el Gerente General de la Federación de Cafeteros, Roberto Vélez Vallejo, todo un líder que elevó su queja de pérdida en la rentabilidad del caficultor, haciendo que las multinacionales y las empresas procesadoras tomaran en serio esa inquietud porque sin duda alguna la industria estaba haciendo el curso para quedarse sin café o por lo menos para experimentar una caída en la oferta de café suave de calidad.

“Vélez Vallejo ha dado muestras de ser un hombre trabajador, transparente y muy comprometido con el productor de café. Él ha hecho muchas gestiones para que a nivel internacional le reconozcan un mejor precio al grano que se cultiva en Colombia. Esta gestión no solo apoya e impulsa las 540.000 familias cafeteras de Colombia sino a las 25 millones de hogares que dependen del café en el mundo, luego eso no puede desconocerse”, señaló Restrepo.

Foto Diariolaeconomía.comAnotó que igual el Gerente ha apoyado la innovación y la siembra de cafés especiales para darle ese matiz de rentabilidad que tanto se ha buscado en Colombia y que al parecer logró encontrarse con grano diferenciado. En medio de las críticas y los señalamientos, dijo la caficultora, hay un público que ama y sabe de las bondades de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia que gracias a su institucionalidad ha puesto al servicio de los caficultores un gremio sólido y confiable que garantiza las compras de café, pero igual un liderazgo que aborda lo técnico con el servicio de extensión y la investigación con el Centro Nacional de Investigaciones del Café, Cenicafé.

Esta amable caficultura es famosa en la región por su amor por el café y por tener record en taza, ello gracias al atrevimiento de experimentar una fermentación prolongada para sacar un café altamente diferenciado. Lo anterior le mereció un premio y unas ventas jugosas porque todos querían tomar café del predio de Elvia Cecilia.

 

“Todo esto nos enseña que hay que tomar riesgos porque no podemos esperar que todo nos caiga del cielo, sin embargo y gracias a Dios tenemos la Federación que nos asegura un mercado pues de no existir, todos harían papilla al cafetero. Hoy tenemos que buscar otros mercados y hacer mejor las cosas, cambiando el chip cafetero porque el tema es calidad y no cantidad”, expresó Elvia Cecilia Restrepo.

 

Desde su análisis es bueno que se mire con mayor consideración al cafetero humilde que trabaja de sol a sol pues no hay compasión con los mercaderes del bebestible con un sector primario que no tiene salario, prestaciones sociales y menos una vejez asegurada con una pensión. Para no ir tan lejos, anotó, el caficultor se sacrifica por el mundo, pero el mundo no le retribuye nada al caficultor.

La finca de Elvia Cecilia es de punto ochenta en café, pero demostró que la caficultura puede ser más productiva en menores extensiones con buenas prácticas agrícolas. Los 6.000 árboles que le dan felicidad y vida a esta noble mujer antioqueña prosperan y hacen prever que la atinada labriega tendrá mayores precios en su café porque aspira a vivir de su amada actividad.

El empoderamiento de la mujer en el café ha tenido grandes ventajas ya que muchos reconocen en el café de las mujeres cafeteras mayor calidad, mejor sabor y mucha más taza. Las mujeres, dice, son más inquietas, más pacientes y mucho más estudiosas y meticulosas a la hora de sacar café con perfil diferente. En el tiempo han logrado fermentaciones y aplicaciones que le han puesto un punto muy alto a la tara cafetera.

El secreto de producir un buen café está en la recolección de un grano uva o muy maduro, luego viene el beneficio que debe ser óptimo y en condiciones de pulcritud para sea amigable con el medio ambiente y tercero debe haber un buen secado que se hace en sombra, muy artesanalmente y con caricias porque en la vida todo es armónico y si uno habla y ama los árboles, ellos devuelven con creces los cuidados y la dedicación porque son seres vivos.

Cuna paradisiaca del café

Foto Diariolaeconomía.comComo lo citamos al inicio de este reportaje la finca San Cayetano se afianzó como un icono de la caficultura de Fredonia porque luego de encontrar tierras y climas inmejorables, la propiedad produjo grano por más de un siglo y hoy lo sigue sembrando y cosechando con todos los cuidados porque San Cayetano es un referente en la historia del café antioqueño y colombiano.

La coordinadora de hacienda San Cayetano, Paula Andrea Jurado Vanegas, afirmó que con la caficultura de hoy se hace hasta lo imposible por conservar el legado de la familia Ospina que hoy en manos de las nuevas generaciones, hace un manejo muy encomiable de la finca que opera como una gran empresa por todo el orden y la manera translucida de hacer del café una industria promisoria y de largo aliento.

En opinión de Jurado Vanegas, San Cayetano es todo un paradigma en el cultivo y la comercialización de café que hoy ha hecho renovación y tecnificación de las siembras. Indicó que la propiedad maneja en 80 hectáreas variedades Caturra y Castillo, aclarando que la hacienda tiene 124.8 hectáreas en total. Esta propiedad maneja todos los climas puesto que tiene desde los 1.400 metros hasta los 1.850 metros. El café que sale para exportación, dijo, está en la parte alta del predio a 1.700 y 1.850 metros sobre el nivel del mar lo cual garantiza máxima calidad y buena calificación en taza. Especificó que las propiedades de ese tipo de café hacen que su sabor sea inigualable.

Por la finca de los Ospina, caminaron arrieros, corrieron las recuas de mulas y relincharon las bestias que iban cargadas de café para los centros de acopio, era ese 1850 una época en donde Antioquia estrenaba un producto que finalmente catapultaría la región al éxito y a ese sello nacional expresado en Juan Valdez y su abnegada mula “Conchita”. La arriería arrancó con la caficultura y hoy sigue mostrando época, con unas jornadas apasionantes en cosecha.

Por obvias razones y por su edad, la finca guarda secretos, mitos e historias como la del duende que supuestamente habita en la parte baja de finca y que no solo asusta a los recolectores sino que los hace extraviar según narran los trabajadores. El fantasma no pasó de agache y por eso fue homenajeado con una marca de café para el consumo nacional, se trata ni más ni menos que de Café El Duende.

El encanto de Fredonia no es poco, tiene una ruralidad en donde los paisajes semejan cuadros de pincel perfeccionista, es un viaje por verdes y formidables montañas en donde reina el café, pero igual la ganadería, la caña, las frutas y muchos productos de pan-coger. En esas macizos o altozanos tapizados con café se oculta un tesoro natural de grandes proporciones lo que invita a los extranjeros y a los colombianos a visitar el municipio para recorrer fincas, beber café del muy bueno y regalarle al alma desde la vista el hechizo y la magia de unas tierras sencillamente espectaculares, cuna de la caficultura y parte de esa majestuosidad paisa amable, trabajadora y sencilla. No ir a ese remanso de paz y de colinas pletóricas de belleza, es negarle a la vida una oportunidad de saber lo que es estar en la tierra prometida.

Foto Diariolaeconomía.com
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“Las fincas de café en Fredonia tienen el tema del turismo como una labor paralela y por ello se reciben turistas extranjeros los cuales los atendemos con una empresa aliada que se encarga de organizar las visitas para luego llevar a los visitantes por toda la finca disfrutando de un turismo temático en donde descansan, reciben alimentación y aprenden de café. Aquí llegan muchas familias, pero para el caso de la finca Santa Isabel, el asunto es mayúsculo porque llegan grupos de foráneos, básicamente de Estados Unidos y de Europa”, expuso Paula Andrea Jurado Vanegas.

Es bueno decir que San Cayetano tiene un café de enorme calidad que es comercializado a través del canal de los supermercados Carulla en todo el país que distribuye la marca Premium de la hacienda y que tiene que ver con un café de grandes perfiles. Este café no solamente está a la mano de los colombianos sino que va a Estados Unidos y se exporta en verde para Italia y Corea.

El llamado de Paula es muy a los colombianos para que incrementen el consumo de café nacional que contrariando el tema musical no es caro y sí sabe a bueno. Solo por la vía del consumo interno será posible tener café a muy buen precio en Colombia con lo cual se le pone freno a la masiva importación de cafés de precaria calidad.

La coordinadora de la finca San Cayetano espera que el clima ayude en 2020 para mejorar la calidad y la productividad. Igual anhela que siga fortaleciéndose la responsabilidad social de la hacienda que por varios años les ha dado estudio a los niños de la región porque tiene escuela y le extiende la mano a las familias dedicadas al café con lo cual se genera apego y amor por el café.

La escuela que educa en los grados de primaria es más que una bendición porque evita que los párvulos y los niños estén buscando cupo de vereda en vereda, una muestra más de las cosas buenas que hace el café por el país.

 

“El café es todo para Fredonia y por eso cuando no tenemos buena cosecha o buena traviesa se afectado todo el pueblo en la parte comercial que sufre los bajonazos en su totalidad. Aquí el café es todo, hizo parte de nuestra niñez y de los años de juventud. Hubo días en que nos tocó coger café y no nos pagaban, pero eso era una ayudita para mi papá. Hasta los juegos de infancia tenían que ver con café porque los pagos se hacían con billetes que eran hojas de café cuando hacíamos los viajes en los camillones que rodaban exclusivamente para secar el café al sol. Como ese era el medio de transporte de los niños, entonces pagamos con hojas de café”, anotó la muy amable Paula Andrea.

 

Hoy hablan de café con su hija María Clara quien también sabe de café y estudia ingeniería administrativa porque a futuro aspira a trabajar en el apasionante mundo del café.

Antioquia, una región hecha para el café

Al llegar a Medellín en los muy cómodos y agradables aviones de Easyfly, luego de una travesía demasiado afable por montañas cafeteras que terminó, por fortuna en el legendario aeropuerto, Enrique Olaya Herrera, iniciamos el recorrido por la solemne caficultura antioqueña, una actividad de hombres y mujeres, de ancestros que construyeron país y de matronas que criaron hijos en medio de inmensas plantaciones.

El Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Antioquia, Álvaro Jaramillo Guzmán, aseguró que el departamento afortunadamente ha logrado ser protagonista en la economía cafetera pues no en vano en Medellín vio la luz de la vida la Federación Nacional de Cafeteros el 27 de junio de 1927 luego de una reunión de caficultores visionarios que cumplieron la cita en el segundo Congreso Nacional de Cafeteros y de donde salió una idea que se cristalizó para llevarle no solo café al público sino una marca país reconocida y respetada en todo el mundo.

Ese honor no se quedó en simples hechos o registros para la historia ya que Antioquia es un Comité de Cafeteros que acude a donde sus afines de siembra en cada rincón del país cada vez que se le solicita o simplemente porque el cuerpo colegiado del café en Antioquia puso en marcha esa vena de solidaridad y apego por la familia cafetera. Los procesos de la economía cafetera pasan por una entidad vetusta que si algo le sobra es experiencia.

El dirigente anotó que las primeras siembras de café en la región fueron reportadas en el oriente antioqueño en municipios como El Peñol, Marinilla, Guatapé y Concepción que hoy sin ser grandes productores de grano siguen en el mapa cafetero por sus aportes igual importantes. Al ser una zona poco apropiada para las siembras por tener un clima relativamente frío, los cultivos van a Valdivia en el norte del departamento, un municipio muy caliente por estar ubicado en inmediaciones del Bajo Cauca, experimentó que al resultar fallido miro hacia el suroeste para ubicarlo en la gran meca del café antioqueño, Fredonia.

Allí, explicó el directivo, el cultivo encontró las condiciones de suelo y de clima apropiadas para desarrollarse y es cuando después de mucho trabajo es posible establecer el primer cultivo comercial en una hacienda llamada El Amparo que hoy aún existe con frondosos árboles de café. De Fredonia la caficultura empieza su expansión por todo el departamento y luego de la mano de la colonización antioqueña, hacia el resto del país, aclarando que ya había una caficultura comercial en las estribaciones de la cordillera oriental.

Puede decirse sin temor a equivocarse que la caficultura que encontró noble cuna en Fredonia, le dio la bendición y el empujón a la colonización que se constituyó en el fenómeno social y económico más duro en vista que sin mayores armas o herramientas, las familias paisas miraron hacia el sur en donde a fuerza pura erigieron poblaciones y ciudades.

Foto Diariolaeconomía.com

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En la caficultura, expresó Jaramillo Guzmán, una mixtura de grandes características humanas representadas en resiliencia, aguante, ilusión, sufrimiento, alegrías, pero por sobre todo, una caficultura llena de anhelos y de esperanza, amén de las vicisitudes.

 

“La caficultura antioqueña no es la excepción, los caficultores entendieron que, aunque el negocio es cíclico en donde no hay tiempos eternos buenos y malos, lo cierto es que han entendido que lo mejor es casar provecho de los mejores momentos y por ello siguen trabajando, siguen sembrando café, pero igual innovando y mejorando porque también aprendieron que el futuro está en los cafetales renovados y rejuvenecidos puesto que los árboles vetustos no pueden hacer parte del negocio. Aquí hay que decir y reconocer algo, a cualquier parte del departamento o del país a donde uno vaya siempre va a encontrar caficultores exitosos, comprometidos y gente nueva en el negocio del café”, anotó el señor Jaramillo.

 

Afirmó que también es usual, como en todo renglón económico, ver caficultores que ya no encuentran las condiciones apropiadas en el negocio y han optado por migrar hacia otras actividades, lo cual no significa que el negocio cafetero esté desapareciendo porque tan solo se está modificando y yendo a otras zonas en donde el clima es mucho más propicio. En pocas palabras, apuntó el directivo, la caficultura se está reinventando partiendo de los nuevos escenarios, pero firmes con el cultivo y asumiendo nuevas condiciones de producción, de tecnificación, de gestión de los costos y demás para que el café sea un negocio realmente rentable.

Dentro de ese proceso de reacomodamiento de la caficultura que debió dejar zonas que fueron generando mayor calor por el cambio climático y el efecto invernadero, hay zonas de Antioquia, como por ejemplo el suroeste cercano en donde ha cambiado la vocación económica porque hoy hay un enfoque más dado hacia el turismo que encareció los suelos e hizo que muchos buscaran predios de menor costo en el norte del departamento para establecer allí sus cultivos.

Es por eso que se puede observar cierta disminución del área cafetera sembrada en algunos municipios del suroeste, pero un crecimiento en algunos poblados del norte lo cual muestra variaciones en la parte climática, pero igual en la vocación económica.

 

“El cambio climático es una realidad y por ello tenemos unas zonas muy marginales hacia los 1.300 metros que ya no están siendo aptas para el cultivo del café y por ello los sitios de cultivo han venido subiendo. En el suroeste, en municipios como Concordia, la caficultura viene buscando más altura y adaptándose al contexto que impone el clima, lo cual hace parte del comportamiento normal de un cultivo que está expuesto al sol y al agua muy dependiente de las variaciones del clima, situación que obliga a buscar las mejores formas para producir y en eso los caficultores, afortunadamente, se han apoyado en el servicio de extensión y han logrado establecer sus siembras en puntos más apropiados”, puntualizó el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Antioquia.

 

Cabe anotar que hace cuatro o cinco años, Antioquia tenía 126.000 hectáreas sembradas con café, hoy el departamento registra 120.000 hectáreas, pero con inmensas mejoras en productividad porque antes ese factor estaba entre 17 y 18 sacos por hectárea, en algunas zonas menos, y hoy el indicador pasó a 21, es decir que la reducción en área se compensó con productividad en las áreas sembradas. También, explicó el directivo, hay una caída en el número de familias registradas como caficultoras porque hace ocho o nueve años se hablaba de 90.000 familias cafeteras en Antioquia, estadística que bajó a 79.000 familias lo cual se explica a la depuración normal porque hubo gente que salió del negocio hace varios años sin actualizarse y por eso a la hora de buscar los lotes de esos productores, sencillamente y por obvias razones ya no existen.

Otro problema que castigó la parte cuantitativa de los cafeteros tuvo sus orígenes en unos problemas muy serios de conflicto en muchas zonas que obligó a la población cafetera a desplazarse de unos municipios a otros, impactando la caficultura y el número de caficultores registrados. De todas maneras, hay una recuperación visible en productividad lo cual hace que Antioquia sea la dueña del 15 por ciento de la producción colombiana lo cual es un número bien importante para la caficultura de Antioquia.

En este momento Antioquia suma en promedio 101.000 fincas cafeteras, aclarando que hay productores que tienen dos predios o haciendas dedicadas al cultivo del café. Igual el 97 por ciento de la caficultura antioqueña está concentrada en productores pequeños, entendiendo por pequeños aquellos que tienen cinco hectáreas o menos. Solamente el dos por ciento son medianos productores, entre cinco y diez hectáreas y el uno por ciento es el porcentaje de los grandes caficultores, personas que tienen más de diez hectáreas. Lo anterior, conceptuó Jaramillo Guzmán, la caficultura antioqueña hace parte de una economía familiar o de subsistencia y por eso es cada vez más grande el reto de hacer la actividad verdaderamente rentable.

Del 97 por ciento, casi el 70 por ciento hace parte de los caficultores de una hectárea, es decir parcelas muy pequeñas de donde el productor deriva su sustento razón más que suficiente para tener mayor productividad y desde luego un mejor precio.

En el tema de cafés especiales y todo el asunto de valor agregado y café diferenciado, Antioquia lleva apostándole a esa caficultura desde hace veinte años de manera seria y ordenada. De la mano con la Gobernación de Antioquia, gran aliada de los cafeteros, fue posible darles un impulso a los cafés especiales y por ello fueron abiertos los concursos departamentales de taza como el de Café de Antioquia, escenario ideal para mostrar los avances, los logros y la excelencia expresada en café. En ese contexto es fácil detectar lo bueno, lo regular y lo malo del sector, una ventura para el gremio porque permite potenciar y trasladar conocimientos, pero igual corregir lo que no se hace bien.

Para el Gerente es más que satisfactorio apoyar a los caficultores porque si venden a mejor precio de manera directa, si abren mercados, si reciben primas o incentivos, son aspectos que sin duda alguna van a redundar en una mejor actividad cafetera porque los productores van a trabaja más estimulados y sin la angustia de poner café en el mercado con precios lánguidos. Todo lo bueno que les pase a los caficultores desde la institucionalidad cafetera lo celebramos y lo rodeamos.

La renta cafetera, indicó, depende de varios factores, pero básicamente de las decisiones que el caficultor tome en su finca y allí hay determinaciones basadas en agronomía, en investigación, en asistencia técnica y en otras que le permiten a ese productor determinar qué tipo de variedad es la más apropiada para el suelo que tiene y desde luego para que haga el respectivo arreglo espacial para que el cafetal sea altamente productivo. También juega papel importante la decisión que tome en fertilización, manejo económico, fertilización y gastos de mano de obra. “la finca debe tener manejo empresarial”.

El concepto de empresa cafetera es determinante por términos esenciales como productividad, competitividad, calidad, organización y renta. Todo apuntando a la eficiencia y a los menores costos de producción.

Paralelo a todo lo técnico, añadió Jaramillo, es importante tener apoyo estatal con políticas sólidas de fomento en crédito y con unas políticas agrarias que favorezcan la producción porque un reclamo que de largo rato viene haciendo la institución cafetera es que los subsidios que hoy entrega el estado sean contribuciones a la producción no como pasa en diferentes contextos en donde se les da subsidios a cualquier persona que deja de trabajar porque asegura una entrada. Solamente estimulando buenas producciones habrá una caficultura eficaz, dinámica y muy motivada.

Foto Diariolaeconomía.comAntioquia muestra varios casos de éxito y por citar unos, en Concordia, en el suroeste antioqueño, en la finca La Primavera existe un trabajo muy completo de la semilla a la taza lo que les permite hacer exportación directa. En Salgar hay una empresa familiar que con eficiencia y calidad logró hacer exportaciones directas a varios destinos y en Medellín hay caficultores que, sin ser exportadores, hicieron contacto con tiendas de café y esas tiendas les comercializa un grano que es producido inclusive en barrios de la capital antioqueña con remuneraciones que son tres o cuatro veces lo que vale hoy una libra en la Bolsa de Nueva York.

Un trabajo que hay que intensificar es el de incentivar el consumo y de manera paulatina se está viendo mayor consumo de café de calidad porque muchos en Colombia se dieron cuenta que tienen derecho a una buena taza, sin importar el precio, porque están de por medio las boutiques, la experiencia y el concepto lo cual le da un vuelco al consumo porque se ha estado creando una cultura cafetera que hace pensar de manera positiva de cara al futuro.

 

“hay que tener en cuenta que un buen café no cuesta 500 pesos sino 5.000 7.000 o más, todo de acuerdo al servicio y al sitio, el tema es entender que tomar café de Colombia más que un derecho es un deber y una dicha”, señaló.

 

Hoy la caficultura reclama rentabilidad porque entre la siembra de la semilla y la producción del árbol pueden pasar entre 18 y 24 meses, es decir, trabajar hoy para que paguen en dos años. Ante esta realidad hay una tarea por hacer para seguir con siembras sostenibles, rentables y garantes para hacer el empalme generacional.

Extensionistas, la mano necesaria del café

El extensionista León Darío Caicedo Restrepo, quien presta sus importantes servicios en Fredonia, recalcó que el trabajo del servicio de extensión es vital para que los caficultores sean más rentables y mucho más viables en el negocio cafetero con unas siembras de alta productividad, un término clave en las utilidades al final del ejercicio.

Dijo que es importante tener una caficultura nueva, renovada y resistente a los problemas fitosanitarios como la roya y la broca. Indicó que se hace indispensable darles buen manejo a los cultivos cuando hay presencia de plagas para tener efectividad en la erradicación, evitando la propagación.

Un reto de los caficultores anotó Caicedo Restrepo es el cambio climático que de hecho tiene las alertas encendidas y haciendo un trabajo conjunto entre la Federación Nacional de Cafeteros, Cenicafé, el Servicio de Extensión y los productores. La tarea ha tenido tanta efectividad y contundencia que justo por ello el país puso en el mercado la variedad Colombia en momentos difíciles y que con mejoras ahora se llama Cenicafé Uno, previendo todo el tema de roya.

 

“En estos momentos en África hay una enfermedad conocida como Enfermedad de la Cereza del Café o CBD, que es una pudrición de la flor como tal. A Colombia no ha llegado, pero la buena noticia es que la variedad Cenicafé Uno es resistente a la novedosa enfermedad. Así como llegaron la roya y la broca, no estamos exentos del CBD, pero ya las investigaciones arrojaron sus frutos y hoy contamos con una variedad lista para enfrentar el inconveniente, aclarando que hay que trabajar mucho en prevención”, expuso Caicedo.

 

Dijo que el hecho de tener el antídoto o la variedad que le hace resistencia al CBD es motivo de orgullo por esa institucionalidad cafetera que trabaja e investiga para servirle siempre y a tiempo al caficultor.

Explicó que la extensión le presta muchos servicios al caficultor como trasferencia de tecnología, consecución de crédito porque el servicio de extensión es el puente entre las entidades financieras y el productor. Igual les enseña a los caficultores a tener orden y disciplina administrativa porque la idea es que el cafeteros mire y trate su finca como una empresa.

Consideró que en caficultura lo ideal es manejar los ciclos climáticos porque todos en el gremio saben que en tiempos secos afecta la broca y en tiempos de lluvia la lucha es contra el hongo parásito de la roya y por eso estamos en todos los meses del año muy encima de los cultivos y asistiendo al caficultor para atender el problema que se le presente.

El cambio climático cambió los manejos sanitarios y técnicos del café por lo que se hizo primordial trabajar con agronomía los sitios en donde el sol es más intenso. Insistió en que los cafetos no pueden tener exposición solar razón por la cual hay que utilizar sombrío y otras técnicas agronómicas que hay que aplicar de acuerdo al suelo y a la coyuntura climática del momento.

Los temas sanitarios deben ser controlados y ojalá evitados con buenas prácticas agrícolas porque está comprobado que la roya afecta la producción en un 25 por ciento en los árboles de caturra, es decir un 25 por ciento menos de producción si no se le hace un adecuado manejo. El otro problema es que hay casos en los que debe perderse por doble vía porque si no existe un manejo consecuente del lío llegan pérdidas considerables y si se hace necesario manejar roya con químicos, esa aspersión deteriora además el medio ambiente, ello sin sumar los costos de los pesticidas y la mano de obra.

Habría un efecto adicional y es que muchos consumidores le están haciendo el quite al café fumigado porque tienen claro que los plaguicidas son potencialmente tóxicos y nocivos para la salud humana.

El control de roya, según confirmó el extensionista, está costando entre un millón o 1.2 millones de pesos por hectárea, un ingreso menos para el caficultor en donde la institucionalidad hizo un esfuerzo grande para darle una variedad resiste a la roya.

Debe tenerse en cuenta que los insecticidas o fungicidas contribuyen con el manejo preventivo y el control de plagas y enfermedades como insectos, hongos, nemátodos, bacterias y malezas. Los productores tienen que luchar a diario con la roya y la broca del café, pero igual con las llagas del cafeto, la mancha de hierro, el minador de la hoja, la palomilla de la raíz y el gorgojo del café entre otras que pueden estar gestándose por el cambio climático.

Sobre el manejo del café caturra, hay dos posiciones, aclaró León Darío Caicedo Restrepo, porque en ocasiones el productor no quiere deshacerse de una variedad que considera altamente productiva y de gran calidad y la otra es que hay compradores que piden ese tipo de grano. La idea es tener una renovación con Castillo y Cenicafé Uno, pero manteniendo pequeñas extensiones de Caturra cuando se lo exija el mercado. Lo cierto, sentenció, es que con variedades susceptibles, hay que manejar productos químicos para el control de roya.

Fredonia, dijo, es un bello municipio que se merece el turista internacional y el colombiano. El municipio por ser cuna de la caficultura comercial antioqueña tiene historia y mucho que enseñar en un contexto natural único y rico ambientalmente.

Foto Diariolaeconomía.comLa población cafetera cuenta aproximadamente con 2.300 hectáreas sembradas con café, distribuidas más o menos entre 1.800 caficultores y 1.800 familias que dependen económicamente del grano, sin dejar de lado la parte social que es fundamental en el mundo cafetero. El municipio ofrece turismo de experiencia cafetera que nada le envidia a otras regiones en donde se ve la recolección de grano y la extracción del café a lomo de mula.

El trabajo es duro, pero no imposible porque hay que fortalecer una caficultura digna, propiedad del campesino para hacer de ese cultivo una insignia que llegará al mundo potenciado con valor agregado para que impacte favorablemente la rentabilidad en el negocio.

Como es apenas lógico el café está rodeado de historias que invitan justamente a escucharlas aplicadamente al sabor de un buen café. Es fascinante y sorprendente recorrer la caficultura paisa y en especial la de Fredonia a donde se va a las fincas viendo en las orillas de las vías principales o terciarias arbustos, árboles de matarraton, plataneras, cultivos de caña, flores de colores intensos y unos paisajes vistosos que invitan al regreso, entre otras cosas porque el fredonita es amable, generoso, respetuoso y noble.

Al salir del hotel Quinta del Café en donde reinan la amabilidad, la comodidad y el servicio, sitio obligado para el hospedaje porque el sitio maneja un excelente concepto, muy basado en la atención, se experimenta tristeza y ese guayabo de partir de un lugar agradable en donde la gente ofrece afecto y muy buen trato. Llega a la mente ese compendio de cultura paisa, de colonos valerosos, de estupendas familias numerosas y de mucho oficio en las actividades del campo. Salir de Fredonia dejó ese lamento de despedirse de lo bueno, pero queda la sensación del pronto volver a disfrutar de una caficultura seria y atávica que sigue muy agarrada de una fe bonita que se refleja en ese cuadro eterno del Sagrado Corazón de Jesús.

El camino a Medellín en los buses de Flota Fredonia se hace afable más al ver los saludos respetuosos y las historias que afloran de los labios antioqueños que dan cuenta de las madres y abuelas camanduleras, de escapularios y misas en la bella iglesia principal, la que encumbra el parque y lo hace beatamente ameno. En ese retorno a buscar el avión a Bogotá fue importante recordar a ese brillante hijo de Fredonia, al maestro Rodrigo Arenas Betancourt, el pintor, el escultor el enorme creador y firmante del arte figurativo. ese que dejó una herencia mágica con el Prometeo encadenado, Cristo Libertador Latinoamericano y otras. Un saludo en el mundo de la luz perpetua al también fino escritor.

Esa caficultura de ladera y de difícil topografía que hace que el paisaje siga adornado con mulas y caballos, como ingrediente placentero de movilidad en donde se lleva el café a lomo de bestia y se retorna a la finca con el mercado, situación que lleva a expresar con entusiasmo, “Larga vida a la recua”, al paisaje cultural cafetero y a Fredonia, la tierra del café vanguardista y de las buenas sensaciones.

 

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