Sábado, 28 Diciembre 2019 01:00

Por productividad y finura, Huila es de lejos la mejor caficultura

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Hoy la caficultura opita es todo un paradigma y un modelo a seguir por lo que representa en el tema de asociatividad y del manejo colectivo del grano. El tema de renta está en el precio internacional y no en la devaluación.

Uno de los aterrizajes más espectaculares, podría decirlo en este recorrido por la Colombia cafetera, lo experimenté en la ciudad de Neiva, pues al estar en el departamento cafetero por excelencia y sobrevolarlo en ese inmejorable avión de Easyfly, más que un viaje, es posible vivir toda una experiencia de calidad en servicio, seguridad y cumplimiento. El estar en las alturas del Huila permite ver un paisaje espectacular que va desde nevados hasta cafetos y luego un aterrizaje en donde la bienvenida a la región alegre de bambucos, asado de cerdo, achiras y desde luego café, está a cargo del imponente río Magdalena, ese que al pasar abre las puertas de un departamento amable, trabajador y no en vano tierra de promisión.

Esta nueva visita al Huila fue como de costumbre esplendida y nos permitió cerrar el año periodístico sin temas complejos, para muchos aburridores o de enorme incertidumbre como la reforma tributaria, no, en esta ocasión el gran invitado al tema de fin de semana y último del año es el café del Huila, en opinión de muchos, el mejor de Colombia y sus productores el mejor ejemplo a imitar para hacer de la caficultura una labor sostenible, rentable y con más que merecimientos.

En materia de productividad aseguran los caficultores, el modelo es el Huila porque muestra potencialidad, articulaciones, innovación y todo un trabajo en la calidad del café. No en vano el ex zar del café y gran hombre del sector cafetero, Jorge Cárdenas Gutiérrez, aseveró que el Huila sin duda alguna, salvó la caficultura de Colombia lo cual ha servido como ese muro de contención de la ilegalidad así como de gran componente de tejido social e inclusión.

El Huila adelantó un trabajo tan aplomado y estricto que hoy no solo produce inmensas cantidades de café sino que le apostó a las siembras del mejor café en donde el valor agregado y la condición de café diferenciado marcó una pauta y puso un nuevo sello a la caficultura atinada del sur, excelencia.

Este departamento cuenta con unas relevantes asociaciones que le permite a la región dar un puntal muy importante a la caficultura con el manejo de los holding o volúmenes de café que busca además el poder ofrecer unas calidades excelsas y tan buenas en sus matices que raya en grano exótico de mucho valor por las cualidades y particularidades en taza, aspecto que mejora la comercialización de volúmenes y calidades.

En línea con el Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, el Huila considera que el faro que debe alumbrar la actividad del café en Colombia debe ser sin duda la calidad ya que el país no puede competir con la productividad ni con los costos de producción de Brasil y Vietnam porque la oferta ambiental de esos países es totalmente diferente a la colombiana lo que los hace dos o tres veces más productivos. Si bien Colombia no tiene esas propiedades, lo cierto es que ha sumado en calidad y así lo entendió el departamento del Huila, que le apuntó igual a los cafés especiales, meta que sigue en la mira porque la idea es vender más y mejor.

En productividad, el Huila, en opinión de las autoridades cafeteras, debe dar un salto pues busca pasar de 21 a 24 sacos por hectárea es decir cerca de 16 cargas por hectárea que permitiría ser más sostenible y desde luego mucho más rentable.

En una charla con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Huila, Jorge Enrique Montenegro Polanía, aseguró que en Colombia ya se está apreciando la calidad del café colombiano motivo por el cual la gente está buscando los cafés regionales con elevadas calidades. En torno a esa creciente demanda de buen café en Colombia, se está generando toda una cultura que hace parte de la revolución silenciosa del café y que le está enseñando al mundo como se debe tomar café especial y de calidad para disfrutar de un grano único y de muchísimo valor añadido.

Para el 2020 los caficultores huilenses anhelan que se mantengan los precios del café por encima del millón de pesos pues ese sería un tema bastante interesante motivo por el cual también espera que el mercado reconozca el valor del café sobre todo ese de calidad que ofrece Colombia. El mercado igual, comentó, debe entender que en Colombia hay unos productores que no solamente le apuntan a una actividad agrícola sino a todo un componente social y ambiental, pero eso a criterio del directivo solamente será posible cuando el mundo pruebe y les dé mayor valor y razón a los caficultores colombianos.

El micro-lote y los cafés especiales, dijo Montenegro, seguirán imponiéndose y por tal razón habrá un registro aún mayor de ventas directas y una menor dependencia de los precios en Nueva York por esa calidad de valor agregado. Los cultivos en micro-lotes, expuso, conllevará a un cambio en el paradigma que irá progresando poco a poco y esa ruta es la que debe seguir el mercado cafetero en lo cual el país no puede ser ajeno ni distante.

 

El café vale esencialmente por bolsa y no por devaluación

 

En consideración del Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Huila, el café tiene su valor real por el precio que fija la bolsa de Nueva York antes que la tasa de cambio o la devaluación del peso frente al dólar porque si bien un dólar fortalecido ayuda a mejorar el ingreso cafetero, finalmente el ejercicio final muestra que el precio final lo pone el mercado de Nueva York.

 

El asunto es elemental, explicó, basta con coger 207 libras de café que conforman la carga americana porque la libra es de 454 gramos que convertidos en una carga de café estadounidense y en libras americanas representan 207 libras, eso se multiplica por un valor de bolsa de 1,5 dólares a manera de ejemplo y luego con una tasa de cambio igual promedio de 3.000 pesos el resultado sería 931.500 pesos, operación a la que se le debe sumar el diferencial de Colombia o prima que es de 0,30 centavos, factor que pone esa carga de café en 1´117.800 pesos. Allí no termia el ejercicio porque hay que descontar el costo de cooperativa que sería de 93.150 pesos.

 

En varios escenarios es demostrable que aún con tasa de cambio deprimida, en tanto la bolsa de Nueva York fije precios por encima del dólar, el precio interno de compra será aceptable y sí la cotización supera el 1,5 dólares por libra es escenario será mucho mejor.

Lo anterior demuestra, afirmó Montenegro, que el precio de Nueva York es el indicador que jalona el precio del café en el mundo y es por ello que la Federación recalca que el mundo debe pagar mejor el café para reconocer con una más óptima remuneración, el esfuerzo que hacen los productores, siendo importante la tasa de cambio, pero no la variable fundamental para tener unos precios aceptables que compensen la durísima actividad cafetera.

A consideración del dirigente cafetero, los precios de hoy son los del mercado y ayudan porque a comienzos de año el grano se puso en los mercados a precios irrisorios con una pérdida gigante para los productores que no alcanzaron ni siquiera los costos de producción. De seguir los precios por el orden de los 990.000 pesos o el millón sin sumar las primas, el café colombiano estaría retomando el factor rentabilidad y solo así habría estímulo y más café para una industria que demanda café suave para vender valor agregado o sencillamente para hacer las mezclas, igual muy solicitadas por el consumidor.

 

“Hay que decir que una libra de café a 1,50 dólares jalonaría la rentabilidad, aclarando que no implicaría ganancias exorbitantes sino a garantizar la sostenibilidad y desde luego a dejarle algunas ganancias a los productores de café que única y exclusivamente pueden seguir en el mercado con recursos para optimizar, innovar, fertilizar y propender por mayor agronomía, productividad y calidad, todo sobre la base de buenas prácticas agrícolas”, expresó Montenegro.

 

Al hablar de los perfiles que debe tener un Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros, Montenegro sostuvo que en principio debe saber de café, en segundo lugar hablar idiomas, tener experiencia, estar lleno de carisma y contar con toda la aprobación y el poder de convocatoria, características que por fortuna tiene el actual Gerente general, Roberto Vélez Vallejo a quien igual no se le pueden desconocer logros porque con su llamado a la cumbre mundial cafetera, puso el café en el radar del mundo.

 

Caficultura del Huila la tiene clara: calidad, renovación y productividad

 

Los cafeteros huilenses aseguraron que seguirán trabajando muy duro para hacer que la caficultura que hoy tienen, siga siendo la mejor del país no solamente por volumen y productividad sino por calidad. Para los labriegos, la tarea se ha hecho de la mejor manera y por eso le apuestan a mejores tiempos los cuales están garantizados gracias a un trabajo juicioso y hecho sobre pilares de compromiso, investigación, renovación y amor por una actividad que logró afianzarse como el ADN de Colombia y la contundente imagen ante el mundo.

En este momento el café del Huila, como lo dijera el Presidente Iván Duque, es un modelo que genera sinergias importantes que debe replicarse en todo el país porque hay gremio, colectividad y mucho trabajo para poner en alto una caficultura que sigue mejorando sus indicadores económicos y sociales.

 

El café es de los cafeteros y no de la clase política oportunista

 

En los corrillos del Congreso Cafetero escuché algunas voces que daban cuenta de la intromisión de los políticos en ciertos comités departamentales y el asunto no encajó en absoluto porque la caficultura es una loable actividad que nada tiene que ver con la política, es más, al analizar el tema, son aspectos lejanos y muy por fuera de la coherencia. El café le ha entregado desarrollo al país, el café supo ser generoso y contribuir con una Colombia agraria, el café entregó infraestructura rural, educó, capacitó y fomentó inclusión y tejido social, la política sencillamente arruinó a Colombia, legisló para los amigos y puso al país en calzas prietas.

Me tomé el tiempo de llamar a algunos amigos y desde mucho antes abordamos el tema con el siempre recordado Mario Gómez Estrada, quien decía sin tapujos que admitir políticos en la caficultura era el equivalente a lidiar con una plaga adicional, quizás peor que la roya o la broca porque solamente piensa en poner sus cuotas, poco idóneas, en los sectores rentables para mantener un poder de humo, algo totalmente consecuente si se tiene en cuenta que con la aprobación de la reforma tributaria, en las próximas elecciones para las corporaciones legislativas, no quedará en el Congreso títere con cabeza porque posiblemente las nuevas generaciones castiguen con un voto de opinión la desidia, el abuso y la complacencia con los procederes que van en contra de la comunidad.

Antes de abordar temas técnicos y puntualmente cafeteros tocamos el tema con los productores quienes defendieron una labor dura, compleja y de mucho sufrimiento en donde nada tienen que hacer los barones electorales puesto que el café a través del tiempo supo vivir y sobrevivir en un mercado que se fue haciendo difícil por la competencia, los mercados, el clima y las enfermedades. Lo anterior sin contar las guerras, los desencuentros y el manejo casi que omnímodo de las tostadoras y las multinacionales. En fin, en ese mar de vicisitudes no hay cabida para una clase política que nada ha hecho por los cafeteros, unos a ras con la inversión y sosteniendo el nombre y el apellido de la caficultura, otros endeudados y cerca de los embargos y otros arrasados por las obligaciones, las plagas y los contextos de la economía.

Sobre la caficultura, y hay que decirlo, es el único sector que mantiene una gremialidad respetable, sólida, reconocida y llena de una grata institucionalidad. Hoy el café depende de su trabajo y no ha incurrido en el pecado de los gremios tradicionales, totalmente politizados, alienados y alienadores, arrogantes, alejados de la realidad económica y social del país así como criticados, muchos de ellos, por hacer pronunciamientos sin asidero y aparecer como fantasmas, única y exclusivamente cuando les conviene. Actualmente los gremios deben repensarse, reconstruirse y resurgir porque en opinión de no pocos, hay poca credibilidad a tal punto que muchos desaparecieron, unos por la comodidad del libre comercio, otros por las afinidades políticas y otros por la visible falta de acción.

El café no solo es un placer al paladar sino un sector lleno de componentes que básicamente le sirve a la gente, en ese sector la solidaridad es toda y por eso en los momentos más apremiantes, surge una mano casi que bíblica para lanzar el salvavidas y permitir que los colombianos y colombianas del café le sigan diciendo al mundo, “presentes” con su rotunda abnegación, entrega y pasión montañera, la que tanto aman quienes visitan las cordilleras en donde prospera el bendecido grano que sale en carros, a lomo de mula o a lomo de hombre de las fincas más alejadas e imposibles.

Al preguntársele a Montenegro por política y café el directivo afirmó que son sencillamente como agua y aceite porque la política tiene una función muy particular en tanto que la caficultura se debe a los productores, a los consumidores y al desarrollo sobre una base muy institucional que no admite colores políticos o banderas de ninguna índole.

 

“La caficultura no tiene color rojo, tampoco azul, menos verde o amarillo, no, esta actividad es de grato color café y a este sector le debemos mucho por no decir que todo, para algunos casos. En el ámbito cafetero la política no tiene razón de ser porque en las buenas, en las malas y en las muy malas, el único aliento que se escuchó fue el de los mismos cafeteros que con su resiliencia hicieron que muchos no renunciaran, y por el contrario lograron darle oxígeno y nuevas opciones a un renglón importante que en medio de todo no permitió que lo construido se desmoronara, distinto a todo, la caficultura se revitalizó y siguió adelante”, concluyó Jorge Enrique Montenegro Polanía.

 

La caficultura del Huila es más que un ejemplo, al ver las cifras en productividad, calidad y asistencia, pero también al analizar los avances, la innovación, la investigación y la diferenciación en taza, es fácil deducir que es este departamento del sur del país, el que lidera el nuevo eje cafetero, es de lejos el patrón a seguir, Huila, con un silencio ejemplar y un trabajo loable logró afianzarse no solamente como el mejor Comité Departamental de Cafeteros sino en la región de más y mejor café, sin duda no hay quien lo iguale y lo mejor de todo es que firmó grandes logros sin deberle favores a nadie, la caficultura del Huila no tuvo que ir a la Gobernación, la caficultura del Huila no puso la totuma para recoger ayudas, no, este departamento y sus caficultores lograron la excelencia porque se creyeron el cuento y le pusieron fe a un sector que sigue dando satisfacciones y que hoy está en la mira de una lista grande de compradores de grano en el mundo.

Allá en el parque Santander, justo al frente de la catedral, hablé con productores de Santa María, Pitalito, Garzón, Gigante y fueron contundentes, el Huila cafetero se reconstruyó y se hizo a fuerza de trabajo y mucha entrega, en opinión de las personas consultadas, el departamento es líder en café por sus caficultores, pero no por nadie ajeno al gremio pues aferrados a la institucionalidad, los huilenses lograron ponerle sello de lujo a una caficultura que vale por calidad y por esa condición que ganó de café especial y más que ello café exótico que sabe a frutas, a panela, chocolate y caramelo, un café sembrado con amor y cosechado con pasión para luego recibir un beneficio tan exclusivo que logró volverse líder en la oferta de café de calidad.

Igual hay que reconocer el prestigio de sus cooperativas que como Cadefihuila han adelantado una labor para mostrar y para enseñarle al país que el esquema cooperativo en el café ha sido ganador cuando hace las cosas bajo esa filosofía sin salirse de los linderos del modelo solidario. Como quien dice en materia cafetera, en el Huila todo se hace muy bien.

 

 

 

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