Domingo, 18 Octubre 2020 01:01

Garzón, una tremenda experiencia cafetera, turística y ambiental

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Este municipio del sur del Huila no solamente ostenta el tener en sus suelos uno de los mejores cafés del mundo, sino que acopia un entorno ecológico lleno de hechizo, pasión, sabor y amabilidad extrema.

En el espectacular suroriente del Huila, entre verdes y extendidas montañas que le dan una mixtura única de brillo y velos de nieve al costado occidental de la cordillera oriental está el municipio de Garzón. En ese paraje bello por naturaleza, corre ya con ímpetu el río grande de la Magdalena, todo un eje de desarrollo y progreso en esos valles pues por donde corre imparable el afluente, progresa la agricultura, igual la ganadería y el turismo de trópico bajo.

En la muy amable población ubicada a 830 metros sobre el nivel del mar, su clima supera por momentos los 20.1 grados centígrados. La también llamada capital diocesana del Huila y catalogada igualmente como alma del departamento tiene la gran cualidad de adornar en valles y serranías unas tierras fértiles de donde brota café y todo tipo de alimentos, entre ellos frutales, carne, leche y múltiples productos de huerta. En síntesis, Garzón es posiblemente el mejor paradigma de economía familiar y quizás de pancoger porque en ese territorio con huella precolombina y ADN agrícola, la vida es mucho más que digna, en esas montañas sin duda alguna la gente luce feliz y muy tranquila.

Para llegar a Garzón hay dos opciones, aérea y terrestre, las dos son buenas, aunque hay que decir que muchos piden una doble calzada que conecte a Bogotá con el sur del Huila toda vez que llegar en los transportes de servicio público es vertiginoso y de alto riesgo, muchos que llegan se sienten en una pista de fórmula uno, por las curvas, la elevada velocidad y el alto riesgo. Al parecer, el temor frente al timón no existe.

Un día miércoles de buen sol en Bogotá partió el avión blanco de Easyfly con destino a Neiva, el viaje cómodo y saturado de bioseguridad fue el común denominador y parte de la nueva realidad en el transporte aéreo colombiano. Al hacer unas breves diligencias y probar el gourmet local vino la siguiente fase, ir a la terminal de transportes de Neiva en donde los controles son extremos, muy pormenorizados y dignos de reconocimiento, pero al salir del bunker sanitario llega el caos porque los conductores, para este caso Cootranshuila, suben al que caiga esté como esté.

Luego de un buen rato de sol empezó a caer esa telilla oscura que arropa la noche. En esa articulación horaria entre claridad y penumbra fue posible ver arreboles de diversos tonos, unos amarillos, otros naranjas, y los del repunte del día, de rojo intenso. Así con un paisaje que paso de montañas verdes, crías de ganado, plantíos de plátano, café y luego manchones de nube en todas las gamas tan intensas que delineaban la cordillera, llegamos a la muy engalanada Garzón, ciudad majestuosa y llena de garbo en donde distraen mujeres amables y bellas, dueñas de una piel canela, ojos de miel y sonrisas generosas atiborradas de perlas blancas y amabilidad, toda.

La primera Diócesis Católica de la región es muy conocida en el concierto internacional, goza de prestigio por su creciente turismo, pero básicamente por su café, a criterio de los más conocedores el mejor del planeta. No exagera quien escribe que el grano garzoneño es tan especial que el municipio es el punto preferido de los compradores internacionales de exigente paladar.

La economía de base cafetera es mucho más amplia porque en sus predios prospera el cacao y como anotamos los cítricos y la ganadería. Un subsector potente es la piscicultura que pone producto fresco en Neiva y Bogotá como el resto de su agricultura. El turismo ya es preponderante y el gobierno municipal, así como algunas empresas especializadas en el tema encontraron en este renglón económico una alternativa de crecimiento en donde el empleo y la oferta de diversos servicios ecológicos y cafeteros siguen en el radar del desarrollo.

Un asunto sugestivo y llamativo es la ruta del café, en este capítulo turístico los sueños de los más enamorados del aire puro, del montañismo y del avistamiento de aves, entre tantas cosas, fácilmente se cristalizan.

 

La asesora de la oficina de Cultura y Turismo de Garzón, Paola Tello, le dijo a Diariolaeconomia.com, que el municipio es una sumatoria de experiencias cafeteras habida cuenta que el ayuntamiento ha sabido ganarse los máximos reconocimientos expresados en taza de calidad por el aroma, las notas y el sabor de un café especial, fruto del esfuerzo, del trabajo y de toda una transmisión de conocimientos que ha pasado de generación en generación porque el Huila bien puede leerse como un apéndice de la colonización antioqueña.

En opinión de la funcionaria, las fincas que fueron erigidas como grandes y eximias productoras de café están entrando en la tónica del turismo temático, un espacio verde al aire libre en donde las personas podrán experimentar la vida cafetera en todas sus etapas, es decir que aprenderán a sembrar grano, recogerán cereza en cosecha, la llevarán a beneficio y podrán apreciar la intimidad del grano en su proceso hasta llegar con calidad y valor diferenciado a los mercados del mundo. La jornada estará acompañada de comida típica del Huila, sancocho de gallina y unas bebidas naturales que agradecerá el organismo.

La oferta no termina en los manteles, luego hay una caminata saludable o simplemente una jornada de ciclo-montañismo en donde jóvenes y veteranos podrán hacer uso de sitios paradisiacos para contemplar la belleza natural en dos ruedas. Quien hace el recorrido no lo hace solo porque junto al atleta va incólume una traviesa cabra.

 

“La idea es que propios y extraños, personas colombianas y extranjeras puedan venir, conocer, pero lo más importante vivir la experiencia de un jornal cafetero. Eso es lo que queremos mostrar, resaltar y adicionalmente hacer el mejor trabajo para que el turista se vaya plácido después de vivir un día campesino, compartiendo con labriegos y disfrutando de la ruralidad, de manera paralela se llevarán la mejor gastronomía y serán testigos directos de las grandes bendiciones paisajistas y productivas del municipio de Garzón”, declaró la señora Paola Tello.

 

Fotos Diariolaeconomia.com

Agregó que Garzón es tierra de montañas en donde sigiloso y altivo vigila el páramo de Miraflores, toda una reverencia natural, testigo de los siglos y los cambios que acogió el verde de la vida para fauna y flora, empero también para la retina pletórica de urbe que encuentra en serranías, arbustos, árboles, café y conciertos de arroyo, la mejor terapia para volver a la vida, a la que se merecen los buenos seres humanos.

Si algo tiene Garzón es riqueza de fauna y flora, pero ese páramo que igual hace parte de la jurisdicción de Algeciras y Gigante, suma más de 120 especies animales y vegetales. Por sus senderos camina en busca de alimento el escurridizo puma, también el oso de anteojos, dos especies ecosistémicas que hablan demasiado bien de la salud de la reserva. Allí al parecer hay nuevas especies y todo es motivo de investigación, sin embargo, es factible que el mundo pronto sepa de inquilinos insospechados del mítico páramo.

Una noticia que sigue siendo positiva para Garzón es el arribo de nuevos compradores de café al municipio y todo porque los caficultores están sembrando cepas de calidad, muy resistentes, pero también porque pos-cosecha, se vienen haciendo unos procesos diferentes que le están dando un margen especial al café.

A criterio de Paola Tello, hay valor agregado, calidad máxima y un sello único municipal, otros factores que le están dando un margen muy especial al café que ya fue valorado y evaluado a nivel internacional con unos saldos inmejorables porque el proceso arrojó puntajes impactantemente elevados, incentivando a muchos empresarios de la cadena del café en el globo a visitar Garzón, buscando no solo cualidades sino métodos y cosechas.

Garzón no solo es café porque gracias al páramo hay cascadas, naturaleza, senderismo, pero en opinión de Tello lo más importante es el calor humano, su gente que recibe con los brazos abiertos a quienes los quieran visitar y compartir unos momentos inolvidables de sus vidas con la amorosa caficultura opita. Dentro de la misión está el contarles a los visitantes cómo es esa experiencia, por demás grata, de vivir en Garzón.

La ciudad es muy arquitectónica, allí se maneja de manera especial el patrimonio y no en vano fue la primera Diócesis Católica del Huila, un plus importante porque abre un capítulo de historia religiosa muy ligada al turismo.

 

Brujas en el sur, una leyenda, pero que las hay las hay

El esplendoroso municipio de Garzón tiene literalmente de todo, desde la disciplina del catolicismo hasta los espantos, apariciones, lamentos nocturnos y lloronas. Claro que de eso se habla, sin embargo, hay un capítulo en la historia para las brujas de La Jagua, un centro poblado del beato Garzón.

El cuento de las brujas no es cualquier cosa porque data de 480 años largos. Allí se realiza el festival de las brujas, lo cual da cabida para una serie de historias ancestrales, llenas de mística que hacen de Garzón un lugar contemplativo en donde convergen la cultura, las leyendas, la historia y el café.

 

“Por supuesto, de que las hay, las hay, y adicionalmente hay en torno a ello una experiencia atávica porque el tema da lugar para largas reuniones con abuelos lajagueños en el parque que cuentan historias, para unos de terror, pero para otros más de guacas y de mujeres muy acertadas en yerbas, bebedizos, curas y soluciones de todas. Allí entran las adivinadoras que tienen su lugar, de igual manera hay historias de enamoramientos, de mujeres lindas que enamoraron sacerdotes y otras maravillas culturales que hacen de La Jagua un sitio rimbombante”, puntualizó la funcionaria.

 

A propósito de La Jagua, este poblado cuenta con una maravillosa iglesia que es patrimonio arquitectónico del departamento del Huila, es decir que hay mucho por ver, por contar, por escribir y adicionalmente Garzón por ser el Alma del Huila cuenta con ofertas creativas como artesanías y toda una industria artística y creativa que le da identidad a la región.

En el coloquio quedó claro que el mundo no se puede seguir privando de Garzón porque este municipio es el epicentro o esa piedra angular del turismo en el Huila. Precisó que la población se estaba guardando para las nuevas generaciones, pero también para aquellas personas que recién empiezan a valorar lo que es un turismo sostenible, de naturaleza y una industria casi inexplotada que sirve como partidor para que muchos por fin puedan conocer a Garzón, sitio que tiene sin duda todo para dar y que encantará al viajero con toda la oferta turística, cultural y ecológica que el destino per se ofrece.

La experta en el tema turístico indicó que Colombia como opción de viaje es estupenda toda, pero subrayó que Garzón tiene potenciales muy grandes, belleza, encanto, naturaleza, café y clima, todo en un solo escenario, lo cual incluye caídas de agua, caminos, parajes y la famosa cerveza del Quimbo, ideal para escuchar las historias enigmáticas de La Jagua.

La región guarda y acopia talento, allí hay arte y escultoras, en Garzón está nada más y nada menos que el maestro Emiro Garzón, uno de los mejores escultores de Colombia, también hay cantantes, poetas y todo un compendio cultural y de religión, pasando por el misticismo, la caficultura y el obsequio natural. Quienes visiten este emporio del café y el turismo no pueden ir de paso, sencillamente tienen que dedicar unos buenos días para conocer y disfrutar de la belleza que entretejen prominencias y valles andinos e interandinos, toda una experiencia.

El viaje es muy valioso por aire, el espectáculo natural hechiza y por tierra es fácil ver predios garzoneños repletas de historia, pero en el recorrido resulta divertido vislumbrar los mastodontes que le dieron origen al Gigante, la máquina del tiempo funciona perfectamente y resulta amable ver a la cacica Gaitana, la enorme heroína del siglo XVI. Guaitipán como se le llamó fue la líder indígena que condujo a su pueblo contra los conquistadores provenientes de España y que hicieron y deshicieron entre los años 1539 y 1540.

La Gaitana sufrió por la muerte de su hijo Timanco, asesinado para crear escarmiento a quienes no tributaran o expresaran, pero antes que pavor los indígenas lanzaron una ofensiva que terminó con la muerte del pequeño contingente y la venganza de la aborigen. Llena de furia, Guaitipán, raptó al tristemente célebre pedro de Añazco, le sacó los ojos con una flecha, lo paseo por el caserío con una soga al cuello durante horas hasta que este cayó yerto. El joven hijo de la Gaitana partió en paz.

 

“Repito, hay mucho qué conocer y por ello los turistas no pueden aplazar este viaje a una tierra de indígenas en donde igual hubo evangelización en tierras de La Jagua. Son más de 480 años, con toda la historia precolombina, conquista, colonización, emancipación y república. Los que conocen del tema, inclusive ancestral, de abducción y todo el asunto de ovnis, sienten una energía diferente en estos terrenos, ellos al estar muy arriba en las montañas ven unas rocas no percibidas por cualquiera, pero que hacen parte de la delimitación de un camino para extraterrestres, luego hay una energía manifiesta y posiblemente en tiempos precolombinos hubo presencia alienígena en tierras de los caciques. Ese es otro tema que concita el interés de los viajeros que quieren ahondar más en el tema de la avenida que pasa por Garzón, de la energía y su reparación espiritual, un tema espacial y llama poderosamente la atención”, expuso Tello.

Los nacidos en Garzón tienen vena cafetera, no toman un café que no sea sembrado en sus fincas y por eso el llamado desde esta región grata es que los colombianos en su totalidad aprendan a tomar buen café, a hacerle el quite a las marcas y a pasarse al café colombiano sembrado con dedicación por expertas y abnegadas almas colombianas. Hay tanta calidad que es plausible experimentar sensaciones de todo tipo pues esta tierra cuenta con unos cafés tan bien trabajados que saben a chocolate, a cítricos y a frutos rojos. Es terrible, apuntó, ver como los colombianos se niegan esa oportunidad a beber el mejor café del mundo, el colombiano.

Hay un punto alarmante y es que los nacionales no saben ni conocen su café razón, por la cual les venden cualquier cosa como si fuera propia y eso no puede seguir aconteciendo si los hombres y mujeres nacidos en Colombia piden café del bueno, del mejor, de ese que produce la bella tierra colombiana.

Una percepción que tienen cafeteros y expertos es que el mercado está cambiando y seguirá con esa tendencia porque al parecer están por culminar los tiempos de la bolsa de Nueva York y de unos comisionistas que le han hecho demasiado daño al productor de café. Muchas compras se hacen de manera directa, la gente aprendió del negocio y está vendiendo mucho mejor. Los intermediarios tienden a desaparecer porque los lotes de buen café los compran exclusivamente en los municipios cafeteros como Garzón. La gente que sabe del café entendió que lo mejor está en Colombia y que lo bueno vale.

Por esta razón hace falta capacitación en los caficultores para que manejen mejor el tema de comercialización porque en ese frente muchos están quedados y la idea es vender café bueno a precio justo y con indicadores de rentabilidad.

Esta despensa agrícola tiene de todo y por ello reitera su invitación a colombianos y turistas internacionales para que experimenten de la mejor manera, ecología, paisaje y caficultura en torno a una muy buena taza de café colombiano.

 

Doña Teresa, un símbolo de mujer cafetera en Garzón

La señora Teresa Bonilla Sánchez, llegó al inigualable mundo del café en 1972 año en el que contrajo matrimonio y optó por ir a la finca en donde crecería un sueño. Allí vivió sus años mozos, disfruto de todos y cada uno de sus hijos y poco a poco fue viendo caer la nieve de los años en su espesa cabellera, signo de trabajo, experiencia y mucho compromiso.

En la finca compartió con todos los trabajadores, acompañó a su esposo en las buenas y en las malas, pero como un himno a la gratitud reconoció que el café fue ese capital bendecido que le permitió con su conyugue educar los muchachos y hacerlos profesionales. La tarea no resultó nada fácil porque después de la bonanza cafetera de 1975 cuando las heladas de Brasil dispararon los precios a razón de tres dólares por libra, llegó la intempestiva caída del Pacto Cafetero o Acuerdo de Cuotas en 1989 que cambió las reglas de juego y le puso una lápida a la caficultura que entró por un camino de oferta y demanda sin control, pues al mercado ingresaron nuevos agentes como Laos y Vietnam.

El café es definido por doña Teresa como una mina que trabajándola con disciplina da dinero para vivir bien, así en algunas ocasiones se den algunas privaciones, sin embargo, recalcó, educar cinco hijos fue viable por los ingresos provenientes de la actividad cafetera. En este trabajo pasó de todo, se experimentaron tiempos de verdes y maduras, pero como decía el inolvidable Cofrade, la caficultura es el único muerto que no se deja enterrar.

Una salida en tiempos de precios deprimidos y de amenazas fitosanitarias fue el cultivo de plátano que con su comercialización salvaron en varias ocasiones la papeleta porque llevaron a la casa un dinero extra, de contado, daba gusto.

Un reconocimiento merece esta mujer cafetera que debió continuar sola ante el deceso de su señor esposo Omar Arenas López, quien dejó un legado de manejo financiero y productivo pues jamás acudió a deudas ni a créditos innecesarios. Fue un cafetero eficaz, lleno de amor por su trabajo y una persona muy inquieta a la que le surgían ideas reiterativamente.

 

“No tenemos mucha riqueza, pero hemos estado bien, pudimos salir adelante y gozamos de tranquilidad. Quizás la gran riqueza es decir soy cafetera y con esto hago patria y aporto a la identidad de Colombia”, indicó la amable caficultora.

 

La familia de Teresa supo de valores, fueron personas de bien que concibieron el respeto y el temor a Dios como una regla para superar escollos y todo indica que el Gran Creador nunca les falló. Hoy la recomendación para los jóvenes que vienen haciendo carrera cafetera es tomar con amor lo que el Santo Padre ofrece, sin quejas y sin odios porque solo con trabajo y sosiego se puede salir adelante.

Esta mujer valerosa tiene ancestros santandereanos pues sus padres nacieron en tierra comunera, en donde sus actividades económicas eran otras.

Los caficultores fueron en principio sus suegros, unos nietos de la colonización antioqueña que venían de Salamina Caldas con toda la experiencia del mundo, a tal punto que arrancaron unas siembras bondadosas en el Huila que siempre mostraron rendimiento, productividad y calidad. Les dijo a los caficultores que vienen haciendo la tarea que no deben desechar lo que Dios les da porque mientras haya salud, tierra, semilla y ganas de trabajar, lo demás viene por añadidura. Recomendó no renegar, no maldecir, quejarse por todo y culpar a la suerte de los reveses, en el café, anotó, no hay fortuna, todo es esfuerzo, lucha y compromiso.

La casa paterna de sus suegros tiene 120 años y al parecer inspiró a los Arenas que lograron comprar 22 hectáreas aproximadamente en donde crecen árboles de caturra, catimore y variedad Castillo, cepas de buen rendimiento que han arrojado unan taza excelente. A criterio de la caficultora, el cuidado y la atención de los suelos es vital porque de acuerdo con la salud de los cafetos, prospera el café de la mejor forma.

Dentro del relicario de consejos está el tener de manera casi permanente un agrónomo con el fin de medir las deficiencias y los requerimientos de los suelos para nutrirlos y hacerlos altamente productivos. Un asunto vital en agricultura es el bienestar de los campos de siembra y a ellos, indicó, hay que abonarlos, nutrirlos y fortalecerlos para que así mismo respondan en tiempos productivos.

La reconocida cafetera celebró los precios por encima del millón de pesos y dijo que la fiesta arrancó desde el año anterior cuando las cotizaciones lograron dispararse acabando con un lastre de malos precios en donde las ventas se hicieron a pérdida y muy por debajo de los costos de producción. Según Teresa llegó la hora de premiar al campesino que trabaja muy duro y poner toda su voluntad y su salud al servicio de la caficultura y de la agricultura para que no falte nunca el pan en la mesa de los nacionales.

Deploró el trato precario que recibe el campesino colombiano a quien no se le valora y caso opuesto se le mira con desdén y desprecio, dejando de lado que los labriegos son quienes se rompen el lomo para alimentar a un país que lo maltrata, se burla de él y lo estafa ya que cuando los productores llegan a los mercados mayoristas les ofrecen precios irrisorios que no cubren la inversión. Al campesino le compran casi regalado y las amas de casa pagan un encarecimiento día a día no por los que siembran sino por los leoninos intermediarios.

Al igual que en el café, están apareciendo compradores justos y mercados online que pagan lo que es y asumen el transporte, es decir muchos que actuaron mal y llevaron el campesino a la quiebra, terminarán pagando con la misma moneda porque finalmente la justicia suele ser equitativa. En Colombia no son pocos los intermediarios a quienes se les está acabando la fiesta porque siempre está presente quien corrige los mercados y evita el maltrato en la castigada ruralidad.

Después de muchos años, de un matrimonio aún en el recuerdo, de cinco hijos y de entrar de lleno en el café, esta mujer enérgica, rápida y hasta más no poder innovadora, dijo con entereza, “mi vida en el campo sí que valió la pena, esta fue una gran bendición que Dios me dio”.

En un tiempo surgió la idea de vender la finca, pero entre el amor por la caficultura y la deuda de gratitud fue fácil tomar una decisión, “aquí estoy y aquí me quedo, en este sitio nacieron ustedes y esta tierra los educó”.

Amén de los buenos precios que remuneran el esfuerzo del caficultor hay un problema que nadie quiere corregir y es el desmesurado incremento en el precio de los insumos. Los abonos, reclamó la cafetera, siguen muy caros y no hay quien meta el problema en cintura porque lo que compensa el café lo quita los abonos.

Esta es una oportunidad para darles una mano a los campesinos, incluidos los caficultores, y subsidiar los abonos, para hacer mucho más viable la caficultura, justo en momentos en los que el tema es la hambruna y la escasez de comida. En este punto, señaló la señora Teresa, es importante que el Primer Mandatario escuche al afectado, al campesino, los congresistas y políticos de oficio, criticó, generalmente no saben de costos y por eso no les interesa un agro rentable.

Denunció que un bulto de abono cuesta 100.000 pesos y la finca de la pujante mujer del café demanda 30 bultos, un costo muy elevado que multiplica los costos de producción. No dudó en decir que Colombia pide a gritos una política agraria de estado en donde se mire con productividad y competitividad, pero también con piedad y misericordia a unos campesinos que ya no saben qué hacer más cuando las ciudades dependen de sus manos arrugadas y deslucidas para poder alimentar a los citadinos.

Ahora la señora Teresa que sigue con el café está incursionando en turismo aprovechando el eje productivo del café y así sacarle sano jugo a las visitas que la caficultura genera, tal y cómo lo hace el Eje Cafetero.

El Huila la mejor despensa del café en el mundo les dice a los viajeros ecuménicos que hay un paraíso en Colombia llamado Garzón, razón de peso para invertir en unas buenas vacaciones llenas de tranquilidad, montañas, café, historias y todo el respeto.

 

Las enseñanzas de Oscar Mauricio Flores

El barista y experto en temas de caficultura Oscar Mauricio Flores le dijo a este medio que para tomar un buen café son necesarios 36 pasos, los cuales van desde la siembra hasta la taza de café, pues se trata de unos procesos de beneficio que ayudan a optimizar un muy buen bebestible.

En la siembra se hace necesario escoger los mejores granos, ponerlos en el semillero, adecuar el terreno en donde se van a sembrar, como regla de debe mirar qué variedad es propicia para el suelo y el clima que tiene la región. Todo en materia de café es un proceso y una experiencia. Gracias a eso Garzón es reconocida en el exterior como el municipio que produce el mejor café del mundo.

Sin duda alguna esta municipalidad es el destino de todos aquellos que saben mucho de café y que compran los mejores granos para ofrecerlos en distintas latitudes del mundo. No es ponderado pues si alguien en el país o fuera de él quiere saber de café y tomar el bebestible con mejores propiedades debe obligadamente visitar Garzón y arrancar con prisa a la finca agro-turística “Los Arenas”.

En Garzón converge caficultura, agricultura, ganadería, paisaje, gastronomía, encanto y una cultura que tiene mucho que brindar como el cerro páramo de Miraflores, una cabecera natural imperdible, todo un programa pos-pandemia.

Flores explicó que dentro del beneficio del café hay tres posibilidades para extraer bebidas de gama alta, caracterizadas por su especialización y elevado gourmet. En principio, expuso, está el café natural, los Honey como también el tradicional lavado.

El natural consiste en recolectar los granos más maduros y no despulparlos sino llevarlos a secado inmediato en donde toma más tiempo, pero en el proceso de deshidratación el grano queda impregnado del mucílago que está saturado de azúcar, con una composición parecida a la miel, se trata de una baba pegajosa, pero llena de sacarosa. Ese café ofrece al término de su proceso de beneficio una taza muy dulce con sabor a frutos rojos y amarillos, identificable por su contextura vinosa, con mucho cuerpo. En el mercado extranjero es muy apetecido y a la fecha goza de muchos pedidos.

En materia de Honey se hace el despulpado normal, pero no se lava y va a secado con el mucílago que impregna los granos con unas notas muy dulces y afrutadas. Son contadas tres clases de Honey, Black Honey que tiene 100 por ciento de baba, ret Honey con el 75 por ciento de mucílago y el yellow Honey que solo tiene el 25 por ciento. La gente está despertando y quiso volcarse hacia estos procesos de beneficio que redunda en mejores utilidades al negocio cafetero especializado.

 

“Son procesos más extensos con mayor dedicación, pero bien valen la pena. Igual los caficultores siguen con el lavado tradicional que consiste es descerezar, lavar, fermento, retirada del mucílago y secado. Con un buen proceso este tipo de grano tendrá buena acidez, pero ello depende de la variedad, de la calidad de suelo y de otros factores que determinarán una buena taza de café.

 

Para tener en cuenta hay un dato no menor y es que en caficultura no hay desecho y es una práctica que se viene implementando en la finca agro-turística “Los Arenas” pues se están aprovechando subproductos de café que antes eran desechados como la cáscara y hoy se utiliza, no solo como abono sino en la elaboración de dulces, y de harina de café destinada a la panificación pues es ideal para hojaldres o cancharina, igual sale de allí te de café, una bebida fermentada con el mucílago, también el sector avanza en el proceso de preparación de vino extraído del café.

Al hacer soqueo igual hay aprovechamiento porque son elaboradas artesanías con la madera del café, otro uso son los implementos para la casa como percheros, armarios, cruces y cuchareros. Hay un invento que pronto será patentado y es la cafetera artesanal hecha con materiales propios de la región como es el caso de la guadua. Muy pronto innovación en preparación de café, con el timbre de los que saben.

Esta es la caficultura y el emprendimiento turístico de Garzón, dinámico, lleno de novedad y pujante. De la distinguida ciudad de Garzón hay que decir que sus inicios como urbe se dieron por primera vez en 1775 en unos baldíos que donó el señor Vicente Manrique de Lara. En 1783 es fundado formalmente un caserío que tuvo como nombre Garzoncito. Pasó el tiempo y en 1788 el sitio es elevado a la categoría de municipio, pero en 1810, en plena colonia e inicio de los desencuentros entre criollos y españoles le llegó el título de villa.

Los historiadores dicen que en mayo de 1825 el caserío fue nombrado como villa cabecera del Cantón de Timaná y después fue ratificada como capital de la provincia sureña de Colima. Según los expertos el municipio le debe su nombre a un ave de la familia de las garzas casualmente bautizado como Garzón. La caficultura de Garzón se establece ente los 1.300 y los 2.600 metros sobre el nivel del mar al sureste del Huila en unas serranías y valles fértiles y supremamente favorecidas para la caficultura y otras labores agrícolas. Tiene el beneficio de las aguas de los ríos Suaza y Magdalena. El café de Garzón tiene como particularidad su excelente calidad, perfecta y equilibrada combinación de altas y elegantes fragancias pronunciadas, sabor dulce y una acidez fina y compleja.

El viaje terminó con la nostalgia que produce irse de un sitio de gentes buenas, amables y siempre dispuestas a servir. Fue encantador visitar Garzón a donde seguramente volveré porque las experiencias gratas deben retomarse. En esa ciudad de turismo y crecientes visitas, la actividad hotelera sigue rauda y promisoria. Hay sitios como Hoteles Casa Blanca, fundadores del hospedaje de calidad en el municipio.

En este hotel de calidad fundado el primero de octubre de 1994, pasan cosas buenas, hay amabilidad, calidez de hogar y mucho aroma a café. Allí se fabrican rostros amables y sonrisas que encantan. En 26 años los servicios del grupo siguen marcando diferencias y hoy la empresa le apunta a la innovación y al robustecimiento de portafolio con valores agregados.

Igual debo dar fe que en este encantador lugar ubicado en una esquina silenciosa muy cerca del parque principal y su parroquia hay muy buen hospedaje, restaurante con carta generosa, salón de conferencias, catering y eventos. Será todo un privilegio retornar a Garzón y saludar a las buenas personas que allí conocí, la señora María Eugenia y Luis Fernando Cruz Mosquera, muy dados a dar lo mejor de ellos para bien de una marca y lo principal de una ciudad.

Quedé admirado con la caficultura, con la infraestructura del lugar, con su clima y con personas caritativas y muy agradables como es el caso de Liliana, María y la siempre gallarda Lizet. Me enviaron a Neiva con un café inmenso y un aprecio superlativo. Gracias Garzón.

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