Domingo, 03 Enero 2021 00:39

Caficultura costeña, a ritmo de acordeón, excelsa y con todo el corazón

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En el Cesar, La Guajira y la Serranía de San Lucas, la siembra cafetera logró una expansión importante. La región Caribe sigue trabajando en cafés de elevada calidad y totalmente diferenciado.

En la parte más septentrional de Colombia, en sitios paradisiacos y llenos de historia, el café también hace parte del pasado, presente y futuro. En las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta y en los bordes del imponente Perijá, brota un grano de enorme calidad, con unas notas mágicas como las de Rafael Escalona y una particularidad que le pone un sello de distinción al bebestible costeño.

Ir a la caficultura del Cesar, de la Guajira o del Sur de Bolívar, es caminar por las tierras del recordado Pedro Castro, implica ver de frente al coronel Aureliano Buendía, sentir que sin café pueden pasar cien años de soledad y que un patriarca sin la bebida no tiene ni otoño, ni primavera y mucho menos el mejor verano. Cuando se llega a Valledupar e inicia la aventura por la vía que conduce a Patillal, viaje con parada obligada en el río Badillo, empieza a sentirse el ambiente cafetero de un cultivo espiritual, fertilizado y muy bien cuidado, pero bendecido por los cielos y unos ancestros que custodian los pueblos indígenas que sirvieron de vigías y protectores de la selva que arropa los sistemas montañosos, tanto de la gran Sierra Nevada de Santa Marta como los altozanos verdes y húmedos de la Serranía del Perijá.

De igual manera se escuchan los aires musicales en los dominios fértiles del Cacique Upar y un concierto a manera de reto, posiblemente las réplicas históricas del vallenato, evoca al eterno Francisco el Hombre, cuando en medio de la noche desacreditó al mismísimo demonio al que derrotó con magistrales y bendecidas notas vallenatas.

Precisamente el Perijá, conocido por ser el ramal más al norte de los Andes en la cordillera oriental, un sistema de montañas que une a Colombia con Venezuela, la también Serranía de los Motilones articula otros sistemas montañosos al sur que le dan forma y esbeltez a la Serranía de Valledupar y a los montes de Oca.

Ya en Atánquez, una de las doce comunidades que conforman el resguardo indígena Kankuamo, el clima cambia, el aire fresco de la montaña da la bienvenida y deleitan los musicales sonidos de quebradas y arroyos que hidratan los predios de la venerable Sierra Nevada. Ahí, se muestran orondos los cafetos del Cesar y se da por iniciada una romería inigualable por las norteñas tierras del café.

Camilo Galvis Rangel

En charla con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Cesar, La Guajira y Bolivar, Camilo Galvis Rangel, afirmó que la caficultura de la región ha ido creciendo aún en medio de las vicisitudes que ha planteado la historia social y económica del país, pero reconoció que los cafeteros han mostrado compromiso y un amor muy grande por la caficultura, un emblema y un orgullo que sale de las montañas costeñas.

El sector cafetero del Cesar y la Guajira, pero en general de toda la Costa Atlántica, es el mayor productor de cafés orgánicos del país, un grano sembrado de manera limpia y sin el uso de químicos, característica que le permite cotizar muy bien en el mercado internacional porque hay primas, comisiones e incentivos que optimizan el ingreso, beneficiando a los caficultores de la zona norte del país.

Es oportuno precisar que entre Cesar, Guajira y el sur de Bolívar hay 10.337 familias cafeteras en 31 municipios dedicados a esta actividad. En total son contabilizadas 10.770 fincas destinadas a la caficultura y unas 25.608 hectáreas en café productivo, pero en total el número de hectáreas en café, sumando las improductivas, llega a 29.269.

Actualmente la caficultura del Caribe está en plena cosecha y más con unos factores que corrió la recolecta de grano en casi mes y medio. Generalmente la gran recogida se hace en los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre. En estos momentos hay sitios en los que hasta hora la producción está saliendo y por ello el cierre de la cosecha de la Costa Norte puede darse a finales de enero o comienzos de febrero.

 

“Hay zonas bajas y marginales en donde ya quedó cerrada la cosecha, pero en condiciones normales la región está entre el 50 o 60 por ciento de la recolección, es decir que en estos momentos estamos en la plenitud de la cosecha”, explicó el señor Galvis.

 

Un estímulo adicional es que hay unos precios por arriba del millón de pesos lo cual le brinda oxígeno a la golpeada economía, en estos momentos afectada por el Covid-19. En opinión del directivo el café ha sido un remanso en todo el país y lo único bueno de la economía colombiana a lo largo del 2020.

Esos precios, anotó, representan mayor ingreso para el caficultor que mueve los comercios y toda la economía que gira en torno al café, de manera directa, un salvavidas para el comercio y parte de la industria fabricante de bienes como también de servicios.

En línea con la institucionalidad cafetera, Galvis dijo que en materia de precios es muy difícil dar en el blanco por la movilidad e inestabilidad de los mercados, eso sí, confió en unos tiempos prometedores frente a los bajonazos en la cosecha de Centroamérica y a toda la expectativa que genera el clima en Brasil. Por todo lo anterior, se espera que la cosecha de 2021 mantenga los precios del 2020, dando una mano importante en todo lo referente a precio interno de compra.

Este año la expectativa de cosecha está por el orden de los 13.5 millones de sacos de café para el capítulo nacional y de esa cosecha los departamentos costeños del Comité Cesar, Guajira y Sur de Bolívar aportarían 250.000 sacos de café excelso para exportación, el 2,1 por ciento en promedio.

Un empujón en la mejora de la productividad la han dado las nuevas variedades de café puesto que los productores han visto mayores rendimientos con la variedad Castillo. Visto desde esa óptica, el Comité insiste en que hay que seguir adelante con el tema de la renovación porque una caficultura rejuvenecida y con resistencia a la roya y a otras enfermedades, pero con mejores cosechas, es mucho más rentable.

Un aspecto a tener en cuenta es que con los nuevos varietales se ha reducido el área sembrada, pero recalcando que la producción mostró un significativo aumento. El vocero indicó que la productividad muestra crecimientos nada despreciables habida cuenta que los caficultores pasaron de 17,5 a 19,5 sacos por hectárea, un aumento considerable que explica por qué hay un repunte interesante en el PIB, con una caficultura resiste que sube a 18,5 por ciento, un indicador más que alentador en los últimos cinco años.

En un tiempo el café de la Sierra Nevada llegó a preocupar porque tenía baja demanda por su baja acidez, propiedad que vieron los japoneses para llevarlo a su país. Es necesario en este punto aclarar, que los caficultores no se quedaron con un solo tipo de café, sino que fueron entrando exitosamente en cafés ácidos y con enormes propiedades como se puede constatar en la Sierra Nevada y en la oferta cafetera de la Serranía del Perijá.

El comité y las cooperativas están recibiendo de igual manera café de la Serranía de San Lucas en el sur de Bolívar, que si bien no es una cantidad de grandes proporciones, es valorado el hecho de tratarse de un nuevo centro de producción en donde la calidad es como en el resto de cafés de la región, de una excelente calidad y con variedad en taza por venir de pisos térmicos diferentes y unas condiciones en tierra bastante favorables.

Hoy por hoy, el café de estos departamentos, no solo va a Japón, también lo pide Estados Unidos puesto que siguen valorizándose los cafés de la Sierra Nevada, los del Perijá y desde luego los de la Serranía de San Lucas. El Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros Cesar-Guajira señaló que por fortuna hay buen mercado para los cafés de estas regiones que siguen creciendo en calidad y reconocido en el mundo por las particularidades que tiene, entre ellas el hecho de ser un café orgánico.

Sin duda, hacer bien la tarea, trabajar en la producción de cafés especiales y con múltiples calidades, le dio un tremendo plus al café de la Costa Caribe de Colombia, una constante que le entregó un sitio preferencial al grano del norte del país en un entorno de máxima exigencia en el que triunfa quien vende aroma, sabor y diferencia.

Por todos esos atributos del café de la Costa Atlántica, hay mejores precios y una remuneración más alta frente a las liquidaciones de café corriente.

En el café de las dos cadenas montañosas del Caribe participan de manera indistinta las etnias, negritudes y todo tipo de población que trabajan al unísono y defendiendo un sector clave para el país, pero igual esencial para la inclusión y el tejido social. Como en el resto del país, el café costeño es vital para dinamizar la economía e inyectarle recursos en momentos difíciles y angustiantes.

 

“El café de Colombia es muy expresivo y a la vez intrínseco de lo que somos nosotros, la caficultura plasma nuestra cultura y es el mejor referente de institucionalidad, pues son más de 93 años de oficio en favor de los caficultores. Algo complejo de sostener porque no todos dicen que tienen una empresa de esa edad y tan exitosa como gremio. La Federación Nacional de Cafeteros ha hecho una labor egregia, le dio marca y sello al país porque en el exterior cuando la gente piensa en Colombia necesariamente vincula al café y si a alguien en otro país le hablan de café, inmediatamente referencia a Colombia, luego son décadas de entrega con unos resultados fabulosos”, comentó Camilo Galvis.

 

El directivo subrayó que el año que está expirando significó un reto, pero igual conllevó a ratificar la importancia y la necesidad del café en Colombia porque en plena pandemia los caficultores le entregaron al país un cheque por más de nueve billones de pesos, algo admirable y satisfactorio porque hubo compromiso y se pudo cumplir, acatando todas las recomendaciones sanitarias, desde luego creando de manera paralela los protocolos sectoriales en cabeza de la Federación Nacional de Cafeteros. En opinión de Galvis, el café es importante y lo seguirá siendo porque es una siembra bendita que ha brindado desarrollo y destacó que es un sector en donde la laboriosidad y los ingresos se notan.

La cosecha resultó un desafío sustancial por la coyuntura y por toda la logística que demandó un trabajo articulado con gobernaciones, alcaldías y entes territoriales en general para hacer una recolecta eficaz, utilizando mano de obra de la región, evitando el ingreso de personas ajenas a las zonas cafeteras y bajar con ello el riesgo de contagio. A lo anterior, se sumó el distanciamiento social, el uso de tapabocas, el lavado de manos y otras prácticas de higiene que implicó invertir en puntos de asepsia y en la puesta en marcha de un protocolo eficiente porque la caficultura de la Costa no está padeciendo los embates del Covid-19.

Un hecho en el que se ha recalcado, y con todo el derecho, es que la caficultura con su disciplina y encargo logró reactivar la economía porque hubo dinero en las regiones y la gente pudo hacer compras, mejoró aspectos de las fincas y gastó más, con ello, es indudable, reaccionó el comercio y otros servicios como bares, restaurantes y transporte.

La institucionalidad cafetera, en donde el modelo económico asociativo e integral de la caficultura se diferencia de los demás sectores agrarios por las inversiones, por el progreso y por todo lo que implica en generación de riqueza así como en desarrollo, podría adoptarse para el grueso de la agricultura, muy seguramente con todo éxito. Ese aparte del eje de gobernanza de la Federación Cafetera, expresó Galvis, es el mejor ejemplo para replicar en toda la economía agraria e inclusive de transformación porque hay una familia al amparo de una casa que tan solo recibe beneficios y esa es la gran familia cafetera en donde es visible la calidad de vida y el apego por una atávica actividad.

Si bien hay una comercialización flexible y favorable para el café de la Costa, si ha habido alguna dificultad con la venta de café orgánico ello porque es otra calidad y otro precio, el que no pagan muchos hoy porque es una exquisitez y una seguridad que cuando se vende deja grandes beneficios en primas e incentivos adicionales.

Tanto Cesar como Guajira y la Serranía de San Lucas están ofreciendo diversas calidades de café, reconocido por tener una acidez media baja, un cuerpo bastante fuerte y unos sabores achocolatados, a nueces e inclusive con tonalidades cítricas.

 

“Lo cierto es que la condición de orgánico es la que más se ha comercializado en la zona norte lo cual involucra los departamentos en mención”, afirmó el directivo.

 

En materia de cierre, insistió, hay que esperar a que acabe la recolección en la Costa Norte para determinar el tamaño real de la cosecha nacional.

 

Un sector juicioso en el Caribe

Según estudios del Banco de la República, la mayor expansión de la caficultura de la Sierra Nevada de Santa Marta ocurrió entre 1895 y 1915, período durante el cual se establecieron y consolidaron las principales haciendas cafeteras, destacándose Cincinnati, Jirocasaca, La Victoria, Minca, Onaca, María Teresa y El Recuerdo, casi todas de empresas o familias extranjeras.

A partir de 1955 se observa un período de recuperación en la caficultura regional, con la sola excepción presentada en 1980, producto de los estragos generados por la bonanza marimbera sobre la economía cafetera local entre 1970 y 1985.

En 1993 la producción de café representó el 5.1% del sector agropecuario y el 2.1% del PIB en el departamento del Cesar, el 4.8% en La Guajira y el 3.8% en el Magdalena. En su conjunto, el café aportó el 4.5% de la actividad agropecuaria y el 1.2% del PIB de los tres departamentos.

En cuanto a comercio exterior, y tomando un referente histórico, en 1993 el Magdalena Grande exportó 23.000 toneladas de café que le generaron ingresos por 36 millones de dólares, un 28% de sus exportaciones agropecuarias. Para 1994 las divisas aumentaron a US$ 60 millones, el 39% de las exportaciones del sector. Por lo menos el 80% de esas exportaciones de café de la Sierra Nevada tuvieron como destino el mercado japonés. Pero el grano de esta región de Colombia además de competir en el mercado de los Cafés de origen, comienza a incursionar en el de cafés orgánicos.

En esta región, el café también viene acompañado de valores agregados y dentro de este componente está el turismo, razón por la cual, la Sierra Nevada se propuso impulsar el ecoturismo como un componente de la diversificación cafetera. Para ello los productores habilitaron algunas haciendas como fincas hoteles, un experimento que en el arranque abrió alternativas de ingreso al caficultor del Caribe colombiano.

El Cesar fue fundado como provincia el 15 de abril de 1850, es un departamento rico en agricultura y minería. Allí aún prosperan, en sabanas incandescentes, cultivos de algodón, de palma de aceite y muchos más productos agrícolas incluidas frutas que tienen un enorme desarrollo tecnológico.

En café, el departamento tiene 19 municipios en donde 7.929 productores adelantan la labor de siembra y cosecha en 8.279 fincas con un total de hectáreas en café de 23.629 entre productivas e improductivas.

El Comité que se ubica en la bella “Ciudad de los Santos Reyes” como se le dice a Valledupar, afianzó un centro para trazar los derroteros sectoriales, totalmente en línea con la Federación Nacional de Cafeteros, y así darles total respaldo a unos caficultores que siguen haciendo su mejor esfuerzo por seguir en un mercado que día a día demanda mayor calidad y toda la innovación.

En palma, el Cesar es líder nacional y el segundo en producción arrocera. En agroindustria llama la atención lo hecho con derivados lácteos y la producción de grasas. En más de una década este grato rincón de Colombia ha sumado divisas por la explotación de carbón a cielo abierto como se puede apreciar en lugares como El Paso. El Descanso y la Jagua de Ibirico. Al lado de ese potencial económico crecen alegres los cafetos con el estupendo sonar de caja, guacharaca y acordeón. A mí no me den ron, denme café.

La guajira por su parte fue fundada en 1789 pero erigida formalmente en 1898, es también una tierra de contrastes, con una parte norte desértica en donde acompaña el tren del carbón y sitios muy visitados como Puerto Bolívar, Punta Gallinas y el Cabo de la Vela.

En este departamento hay una zona al sur en donde la provincia brinda oportunidades agrícolas y ganaderas, sacando provecho del río Ranchería y siendo por su aspecto cultural, un destino turístico obligado, pues así como el Cesar es tierra de cantantes, compositores, acordeonistas y grandes artistas, la embrionaria y translucida Guajira es simplemente imperdible.
Igual, la espléndida Guajira cuenta con atractivos adicionales como la reserva de flora y fauna Los Flamencos y unos municipios cafeteros alegres y enamoradores que hacen que volver sea muy fácil.

En términos de caficultura La Guajira agrupa diez municipios cafeteros, 1.685 productores, 1.753 fincas y 4.254 hectáreas en café.

En la tarea de comercialización participa activamente la Cooperativa Cafetera de la Costa, Caficosta, que con sus 18 puntos facilita la compra del grano a los productores.

Finalmente la Serranía de San Lucas es un sistema montañoso que hace parte de del extremo norte de la cordillera central en el basto andamiaje de los Andes. Con una extensión de 16.000 kilómetros cuadrados, esta formación cuenta con picos que alcanzan los 2.700 metros sobre el nivel del mar, siendo un sitio especial para la fauna y la flora, advirtiendo que la región es explotada en maderables, labor que deja una huella lamentable en los ecosistemas. Igual, hay riqueza en plata y oro como también en ganadería. Hacen parte de la Serranía de San Lucas los municipios de Morales, Arenal, Rio Viejo, Tiquisio, Montecristi y Santa Rosa del Sur.

Su caficultura, incipiente por demás, deja ver que llegó para quedarse y para hacer muy bien las cosas. Actualmente la trabajan dos municipios y ya rubrican producciones de gran calidad 723 productores que siembran grano en 738 fincas. En esa región del país el área de café es de 1.386 hectáreas.

Esta es la caficultura de la Costa Norte, pletórica de sonrisas y de diversidad cultural. Por las montañas de las sierras y serranías se ven sombreros vueltiaos y blanca yakna, impecables mullas y kalasunas albas y blanquecinas tutusomas, símbolo de maduréz al igual que homenaje a la preclara Sierra Nevada. Esos caficultores de sangre indigena, arhuacos repletos de orgullo, semejan nubes blancas aferradas a las estribaciones. En tanto se realiza la recolección de café, se escucha un acordeón magistralmente entonado y una voz de la tierra de cantores que emociona con su “ay hombe”.

La actividad cafetera en las montañas de Cesar, Guajira y San Lucas, en serranías enormes, canta las letras más bellas, esa caficultura clama por la vida de los cóndores, ve con orgullo y pasión intensa, la reverencia de los picos más altos, ellos cubiertos de nieve, el vuelo sublime de águilas reales, el caminar pausado y prevenido de jaguares y pumas, los aguantadores frailejones y todo un espectáculo natural. El café de la Costa tiene hechizo, es diferente y su entorno tiene potencial para extraer de la madre tierra un grano de inmensas calidades.

Me llega a la mente aquel tema de los hermanos Zuleta, de la composición de un grande, Julio Oñate Martínez, “Alma Viajera”, quizás por mis vínculos por el Caribe, de pronto por haber conocido una caficultura vallenata y serrana, sublime y pletórica de mixturas y colores.

Es un bello tema: “Allá en la hermosa Guajira, hay un pueblito juntico al mar, la tierra que a mí me inspira y que bonito me hace cantar”.

Y es así, los caficultores posiblemente acompañados con el murmullo del viento nos dirán lo que se siente con café de la Costa Norte y su melódico rumor. Sigamos con apartes de la letra, “de la sonrisa cantarina del nordeste, que en la Guajira se siente cuando está muriendo el sol”…

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