Domingo, 19 Septiembre 2021 01:07

El camino es largo, caficultores ganan terreno, pero enfrentan sobrecostos

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Los productores de grano celebran las altas cotizaciones y reconocen que la remuneración dio un salto de garrocha, pero lamentan que la utilidad se vea diezmada por el precio de los insumos.

Desde el miércoles 18 de diciembre de 2019 el café empezó a escalar en precio, se ubicó en 1´007.000 pesos la carga de 125 kilos. En ese momento los planetas estaban alineados porque repuntaba la cotización en la bolsa de Nueva York, pero igual el dólar alcanzaba máximos históricos, toda una bendición para los productores que habían pasado años de dificultad con unos precios que no cubrían los costos de producción.

Si bien la carga perdió valor y cayó a niveles de 975.000 pesos el primero de enero de 2020, el 29 de febrero del mismo año superó la franja del millón hasta llegar a 1´014.000 pesos la carga y desde ese momento empezó una escalada en precio que aproximó el café suave colombiano a los dos millones.

Los caficultores no la pasaban bien, la carga de café llegó a valer 724.000 pesos y menos, la situación asustaba y súbitamente el mercado cambió en favor de las 540.000 familias cafeteras. No se puede olvidar que el 16 de julio del presente año el café llegó a 1´513.000, un precio record.

El momento del café se hacía cada vez más claro, tres factores jugaban en favor del grano arábica de Colombia, la devaluación, heladas en Brasil y las dificultades en Centroamérica por asuntos fitosanitarios.

El 22 de julio de 2021 el café cerró en Nueva York a 1,93 dólares por libra, lo cual significó un precio interno de compra de 1´790.000 pesos la carga, una cifra increíble que hizo pensar en un ascenso en precio hasta los dos millones de pesos.

En adelante se presentaron fluctuaciones que han llevado el valor de la carga a cifras que van y vienen, es decir, precios que oscilan entre 1.5, 1.6 y 1.7 millones de pesos.

En términos matemáticos el café tiene unos valores afortunados que permiten aliviar las deudas y los problemas que dejó la crisis de hace un par de años. Es bueno aplicar el viejo dicho a la coyuntura, “no todo lo que brilla es oro” porque si bien los productores ganaron terreno, esa plata se fue en obligaciones y adecuación de predios. Muchos están pensando que la opulencia llegó a la caficultura, pero omiten que este es un cultivo de minifundio en donde las cuentas del pasado siguen anotadas en el cuaderno.

 

Santiago Correa

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el caficultor y empresario Santiago Correa, indicó que el mayor precio del café y la mejor remuneración favorece al productor que paga sus deudas e invierte en el mejoramiento de las fincas cafeteras. En su opinión las cotizaciones al alza impactan las mejores prácticas agrícolas y el ítem de competitividad, ya que facilita la adquisición de maquinaria, tecnología y todo lo atinente a innovación.

Aparte de pagar las deudas con el sector financiero, los caficultores están irrigando recursos en sostenibilidad y en la puesta en marcha de nuevos lotes de café, luego el buen precio en bolsa de Nueva York y el componente tasa de cambio, ha ofrecido buenos precios y se puede tomar como una bendición.

Hasta la liquidación del café en las cooperativas, todo es alegría, pero el entusiasmo se opaca con el elevado precio de los insumos que pareciera no tiene freno, porque día a día hay más carestía, una situación alarmante que le pega directamente a la rentabilidad cafetera.

Santiago Correa comentó que ese crecimiento desenfrenado en el precio del producto importado que se paga en dólares, impacta la economía local porque dispara el valor de absolutamente todo, materias primas, alimentos e insumos para la producción agropecuaria, lo cual incluye las siembras de café.

El cafetero expresó su preocupación por la inflación mundial a la que está llevando el tema de los fletes, la falta de contenedores y el grave inconveniente logístico que llevó los costes del comercio exterior a niveles imposibles, todo con su debida consecuencia.

 

“A nosotros nos toca minimizar los costos, reducir las pérdidas en las fincas cafeteras y aprovechar la mayor ganancia en la optimización productiva, así como en el florecimiento de las haciendas que estuvieron un largo tiempo al garete por falta de plata. No podemos derrochar el dinero porque hay situaciones como el clima y el mismo mercado, que pueden conllevar a un cambio brusco en la economía cafetera, basta con ver la adversidad de Brasil que salió lesionado por las heladas y las experiencias pasadas en bolsa”, conceptuó Santiago Correa.

 

Al seguir con los asuntos ambientales, advirtió que Colombia debe tener mucho cuidado y estar al tanto de las variaciones climatológicas puesto que un clima bien agresivo, llámese invierno o sequía, puede mandar al traste las plantaciones de café, dejando a muchos en condiciones lamentables. Deploró la intensidad de las lluvias en lo corrido del año, porque, aunque hay buenos precios, la producción de café ha disminuido mucho por las precipitaciones.

Imagen de Gilbert Aguirre Betancur en PixabayCorrea explicó que si la floración del café no se da en condiciones óptimas muy seguramente los productores estarán en serios problemas habida cuenta que con excesos climáticos, el panorama será complicado pese a una juiciosa fertilización y a los trabajos más austeros porque no habrá una producción que compense los esfuerzos y las inversiones.

El predio de Santiago Correa, está ubicado en el municipio de Abejorral en el oriente de Antioquia, un bonito municipio fundado el 15 de enero de 1811.

Abejorral, una población de cerca de 20.400 habitantes es un sitio espectacular en donde la vista se recrea con casonas altas de techos cálidos por estar cubiertos de teja en barro, balcones y portones coloridos, típicos de la cultura paisa.

Esa tierra vio nacer ilustres personalidades y por eso a Abejorral se le distingue como “La tierra de los Cien Señores”, igual le dicen “Ciudad Astillero”

Su nombre deriva de la considerable población de abejorros, unas abejas de gran tamaño, que encontraron en esas tierras prósperas los primeros habitantes, básicamente en los alrededores de la quebrada Las Yeguas. Otros abejorraleños dicen que el nombre del municipio pudo ser inspirado en la capacidad de trabajo de sus gentes, intenso desde siempre, incluso reconocida mano de obra desde los tiempos del Sitio de Nuestra Señora del Carmen y Santa Catalina de Abejorral.

El café de Abejorral es de comprobada calidad, porque se siembra en colinas elevadas, no en vano el pueblo tiene una altitud de 2.275 metros sobre el nivel del mar, una característica que le brinda al grano unas propiedades únicas en taza.

En estos momentos hay cosecha en algunas veredas del municipio, principalmente en las franjas en donde hay mayor temperatura, pero la recolección aumentará en la medida en que vaya mermando la actividad en otras zonas. La zona en donde está la finca de Santiago Correa, tendrá mayor dinámica en recogida de grano a finales de año, se estima que habrá movimiento entre octubre, noviembre, diciembre y parte de enero.

Los cálculos del empresario permiten pensar que los precios seguirán favorables por la menor oferta de café suave, los acertijos de Brasil, la tasa de cambio y el aumento en el consumo, situaciones a las que hay que añadir la caficultura de Centroamérica que sigue de capa caída por el factor fitosanitario. Las proyecciones, dijo, pueden prever un déficit alto en el mercado del bebestible.

Haciendo cuentas y mirando el entorno mundial del café, es muy probable que el café llegue, por liquidación normal, a los dos millones de pesos por carga, es una cifra que no se puede descartar en opinión de los productores. Lo cierto es que hay unas zonas cafeteras en donde aparte del precio de mercado se suman bonificaciones, primas y certificaciones que aumentan el valor de la carga de café, a tal punto que muchos caficultores ya vendieron grano por encima de los dos millones de pesos.

Un tema trascendental para la agricultura y la caficultura, consideró Correa, es el de infraestructura, porque el país cafetero adolece de vías y bienes públicos, un tremendo apuro porque muchas veces los productos no salen de las fincas y llevar materias primas o insumos acarrea un sobrecosto considerable, igual falta tecnología y otro tipo de soluciones.

La comunicación es un problema adicional porque con la pandemia hubo la necesidad de acudir a la virtualidad, pero no todos los caficultores tienen los conocimientos digitales o simplemente están enseñados a trabajar sobre el terreno, como lo han hecho sus ancestros.

La finca que maneja Santiago Correa, es un espacio familiar en donde aún las labores cafeteras las asiste su abuelo, Célimo Mazo Chalarca, un cafetero consumado y comprometido de 76 años, con una actividad que lleva en las venas y en su ADN porque la pasión viene de una curtida familia cafetalera.

 

 

Dentro de las metas trazadas por Santiago y don Célimo, está la producción de cafés especiales y totalmente diferenciados como estrategia competitiva, ellos saben que en la hectárea que tienen, pueden ser más eficientes con microlotes en donde pueden agregar valor, vender mejor y obtener mayores ingresos, vitales para garantizar una óptima calidad de vida.

Una movida importante es la diversificación, puesto que son sembrados más productos que luego se comercializan en favor de aumentar las utilidades de la finca. Tienen el turismo en la mira y desafíos como el aumento del café tostado, afianzar la marca y crecer en productividad con las nuevas variedades.

Confían que el colombiano siga tomando consciencia que lo mejor que pueden hacer es aumentar su consumo de café, pero con grano colombiano de calidad, ya que, si la tendencia sigue aumentando, habrá más venta de café para el mercado interno y con ello bienestar y mejoramiento en las condiciones de vida de las más de 500.000 familias cafeteras.

 

“Tenemos que apostar por mejorar la caficultura dentro de un marco de proporcionalidad, porque una cosa es una finca de perfil empresarial con dos millones de árboles y otra totalmente diferente la de un pequeño productor que tiene una labor esencialmente familiar”, concluyó el señor Santiago Correa.

 

La pequeña finca produce café suave y especial de atributos espectaculares y por ello los compradores pueden hacer uso de las redes sociales de la empresa para explorar y adelantar las averiguaciones del caso. Instagram, celimocafe, en Twitter, @celimocafe, y Facebook. Los contactos vía Whatsapp se pueden hacer a través del número 3207095634.

 

En Risaralda la caficultura está mejor, pero hay temas pendientes

 

Imagen tomada-de-NEXDU

 

Dentro de los 32 departamentos que conforman Colombia hay uno muy especial por su historia, su paisaje y el protagonismo en la tradición cafetera, se trata de Risaralda, una región esplendida, encantadora y de gentes buenas, nobles y trabajadoras.

En Risaralda el café ha marcado el derrotero económico y la siembra, por siempre amorosa, permitió que la región abriera nuevos espacios económicos, puesto que, con más dinero y posibilidades, la gran provincia del Eje Cafetero entró en la onda industrial y de pleno de desarrollo como es palpable en Pereira, su capital, la siempre sorprendente “Querendona, Trasnochadora y Morena”, la admirable y vanguardista “Perla del Otún”.

Una de las zonas de mayor producción es Belén de Umbría, porque en ese punto de la cordillera occidental el café brota con una calidad admirable, seguramente por sus 1.634 metros sobre el nivel del mar, altitud que le inyecta fabulosas propiedades al grano.

Con aproximadamente 28.000 habitantes, Belén de Umbría fue fundada el 10 de agosto de 1890, en las postrimerías del siglo XIX. Su nombre es un homenaje a los indígenas Umbrá que con otras tribus ocuparon y gobernaron en el territorio. Los antropólogos dan cuenta que fue una cultura aferrada a la agricultura, pues producían maíz, yuca, ahuyama, guanábana, ají, palmito y frutales.

Bajo 23 grados centígrados, la población de Belén de Umbría sigue aplicada en las labores agrarias, aprovechando sus montañas y las distintas temperaturas que le permiten tener diversidad de productos. Aparte del café y la agricultura, la población está encontrando buena respuesta en el sector turístico, sacando provecho de paisajes extraordinarios y de una ubicación geográfica bastante llamativa.

En plática con Diariolaeconomia.com, el caficultor Germán Alonso Preciado Suárez, dijo que los buenos precios en la caficultura son apropiados para recuperar lo perdido en unas crisis que no se pueden olvidar y que estuvieron asociadas al clima, precios bajos y costos de producción.

 

 

Evocó que hace unos años hubo problemas delicados con los bancos ya que las deudas fueron muy altas y los ingresos irrisorios. La complejidad hizo que muchos cafeteros se atrasaran con el sector financiero, el cual liquidó y quitó fincas porque resultaba imposible pagar unas acreencias muy altas con unas cotizaciones en el piso.

Esa lamentable realidad, expuso, ha perjudicado el tema cafetero y por eso hoy con los precios, los productores están poniéndose al día con unas deudas que ahogaron al caficultor como consecuencia de precios muy bajos y la presencia de plaga.

Manifestó que actualmente persiste un problema que venía desde antes de la pandemia y es el alto costo de los agroinsumos y todos los bienes que un labriego necesita para tener buenas siembras, esos productos, expuso, reportan un precio que está por las nubes. Para colmo de males, la mano de obra se encareció de manera desproporcionada y con una canasta tan alta, sentenció, la labor del cafetero se vuelve imposible.

Preciado advirtió que, si llega una caída en los precios a niveles de años anteriores, la caficultura estará en calzas prietas porque no habría punto de equilibrio entre el valor de la cosecha versus la inversión y todo el costo de producción.

 

 

Indicó que con los precios de hoy la actividad es sostenible, pero subrayó que con otro bajonazo sería imposible seguir con la caficultura, porque matemáticamente los números para el productor serían en rojo, algo que no aguanta absolutamente nadie.

 

“Hoy en día los caficultores tenemos un miedo enorme porque nos acostamos y nos levantamos pensando en el precio y en que este no se vaya a desplomar, porque si eso pasa, honestamente no vamos a ser capaces de sostener la actividad cafetera, no nos podemos llamar a engaños”, afirmó el productor.

 

Insistió que, el tema insumos, demanda una mirada del Gobierno y de quienes intervienen o regulan el mercado, porque al paso en que van los precios, hacer agricultura será inviable. Precisó que una abonada que se compraba para fertilizar un cafetal y mantener las condiciones de producción se disparó en coste, pues lo que hace unos meses se comparaba con dos millones de pesos, hoy no se adquiere con cuatro millones, es decir que el ajuste al alza fue más del doble, algo desbordado.

Explicó que no se trata de un tema menor porque el precio de los fertilizantes, más o menos es el 20 por ciento de los costos de producción, algo que no se puede desconocer, y a ese drama se une la mano de obra porque el que cobraba un kilo de café por 500 pesos hoy no lo hace por menos de 800 pesos.

La realidad cafetera es agridulce, opinó Germán Alonso Preciado Suárez, porque al sumar el alza en todos los rubros no se nota el ajuste en los precios puesto que la canasta cafetera subió en todos los frentes.

 

 

En Cundinamarca un campesino dijo que el riesgo actual en el café era grande porque ante la eventualidad de reportar precios bajos e insumos elevados, la fiesta termina mal ya que se acaba el trago, la comida, se van los del baile, quitan la luz y de ñapa hay pelea. El ejemplo, dijo Preciado, es tal cual se plantea un futuro problema en ese sentido, inflación extrema en los agroinsumos.

Este año el clima no ha sido óptimo para la obtención, algo tan palpable que bajó la producción cafetera debido al exceso de lluvias porque no se tuvieron las horas de sol requeridas para la floración, luego la cosecha no será buena y tendrá números muy inferiores a los del año pasado y los periodos anteriores.

La carestía en los insumos, la baja producción y la imposible mano de obra castigan, pero hay un inconveniente adicional y es que el costo de vida para los hogares cafeteros también está por los cielos, una razón más para argumentar que los buenos precios no se están capitalizando como debiera.

“Gracias a Dios el precio del café se ha sostenido en unos niveles apropiados, el valor que esperábamos en algún momento, pero tristemente todo subió y nos vemos en serios aprietos”, aclaró el cafetero.

Explicó que, con los precios actuales del grano, los productores de café han recuperado terreno, pero no están llenando sus bolsillos de dinero ni caminan presurosos hacia la opulencia en vista que los líos persisten en un contexto de carestía. Enfatizó que para no ir tan lejos las deudas están vivas y los cafeteros siguen pagando los déficits generados por clima, aspectos fitosanitarios y precios.

El problema cafetero fue tan grande, apuntó el caficultor, que hace un tiempo los costos de producción eran de 80.000 y 85.000 pesos por arroba, y el productor tuvo que vender grano a 65.000 pesos, visiblemente a pérdida.

Otra pata que le sale al gato está por el lado del colino de café, pues la semilla que valía 200 pesos hoy vale 400 pesos o más, en un año 60 por ciento más cara, lo que faltaba.

El precio vigente está dando rentabilidad, pero esos recursos se están utilizando para salir de unas deudas acumuladas por espacio de muchos años. Ante el desespero y la magnitud de la dificultad, el Gobierno sacó un programa muy útil porque subsanó y esta subsanando unos compromisos viejos que cafeteros y agricultores tenían con la banca, un alivio para muchos que prácticamente estaban liquidados.

 

“No podemos desconocer que el ejecutivo dio unos alivios para quienes tenían deudas atrasadas desde hace muchos años y ya estaban en cobro jurídico o en procesos más delicados”, reveló.

 

Reiteró que hay situaciones que hacen prever que el precio se puede mantener y eso lleva a pensar en el déficit de café suave en el mundo, el aumento del consumo, menor oferta de arábicas y una tasa de cambio que en Colombia ayudó mucho en las exportaciones por la devaluación. La ecuación, entristece, con las costosas importaciones que cubren fertilizantes y otros agroinsumos, básicos en la caficultura.

Estimó que el capítulo Brasil sigue siendo un interrogante porque no se sabe de la magnitud del año, teniendo en consideración que no hay datos oficiales. Deploró que para que Colombia reporte buenos precios, tenga que haber desastres en el sector cafetero brasilero, algo que no debería pasar.

Hay dos circunstancias que generan optimismo, una que el consumo de café sigue creciendo y dos que hay un auge por el café suave colombiano en el concierto internacional, una buena noticia, porque ello garantiza que con el factor diferenciación, se sostenga la prima de calidad que le dan al café colombiano.

 

“Tenemos que seguir explorando e innovando en el tema cafetero para no quedarnos atrás, porque hay países como Panamá que se metieron en el cuento y hoy están vendiendo muy bien su grano, es por ello que no podemos bajar la guardia, hay que darle continuidad a la diferenciación y seguir a la vanguardia de los mercados globales”, declaró el caficultor Germán Alonso Preciado Suárez.

 

Preciado nació en Belén de Umbría y lleva el café como un credo, lo disfruta con su esposa, su niña de siete años y un retoño que viene en camino, con el favor del altísimo, los relevos generacionales del mañana para seguir con una economía cafetera hecha con mucho esfuerzo y todo el sacrificio.

 

Ojo con el contrato de futuros

 

 

Hay un asunto que invita a los rectores de la caficultura a mirar el negocio de futuros y el impacto en caficultura, todo porque los exportadores compraron y fijaron en el mercado café a futuro. El tema conlleva a cuidar las cooperativas porque son las que cumplen con la garantía de compra en todo el país.

 

“En este momento las cooperativas atraviesan por una crisis por incumplimientos porque realmente los precios que vendieron a futuro son muy bajos, oscilan entre 82.000 y 90.000 pesos la mayoría, si bien están los cafeteros que están entregando su grano comprometido con futuros, hay otros que decidieron incurrir en incumplimiento. Hay que decir que quienes estamos entregando café bajo esas circunstancias, no le podemos sacar provecho a esa bonanza en precio”, afirmó Preciado.

 

En medio del embrollo reconoció que las cooperativas les están dando oportunidad a los caficultores para que entreguen el 50 por ciento de esos cafés negociados a futuro y el otro 50 por ciento al precio del día. El problema, analizó, es que esas obligaciones a nivel internacional se están incumpliendo con los exportadores, lo cual puede conducir a una crisis en el café colombiano por la falta de compromiso con el mecanismo de futuros.

Como en todo negocio, cada quién debe saber lo que hace y muchos productores vendieron café bajo la figura de futuros hace más de dos años, cuando los precios estaban bajos y el país cafetero en plena crisis.

 

“Eran tiempos de costos de 65.000 y 70.000 pesos por arroba y al fijar precios a 24 meses, generó un gran problema porque vino el incumplimiento, teniendo en cuenta que son valores que están a más del doble del precio al que se tranzaron. El mecanismo de futuros amerita una revisión, es bueno, pero nadie sabía que venía una pandemia tan fuerte que aumentaría los precios de absolutamente todo lo que incluye al café, tampoco se sabía del golpe climático con impacto en Brasil, país referente del mercado internacional, lo cierto es que esos cafés fijados a precios internacionales y los compromisos con tostadores y compradores hay que honrarlos, son contratos de estricto cumplimiento, pero este es un problema en cadena, en donde si uno queda mal, los demás terminan afectados”, puntualizó el cafetero.

 

Pidió hacer un esfuerzo, cumplir con los futuros, entregar el 50 por ciento de la producción y así ponerse al día porque nadie sabe cuándo pueden devolverse los precios del café. Enfatizó que los precios a futuro fueron un instrumento que la gente aprovechó por medio de las cooperativas.

Finalmente hay que decir que la caficultura de Risaralda ha mermado demasiado por el cambio climático, por cuanto este hizo que algunas zonas fueran marginales para el cultivo de café. Las siembras se han desplazado para el occidente del departamento en donde la calidad se impone, sin embargo, hay un tema delicado en vías porque no hay infraestructura vial que permita sacar los productos.

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