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Domingo, 08 Mayo 2022 07:01

Cooperativas cafeteras: Andes, la cuota inicial de un gran problema

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Los expertos en el tema dicen que, si colapsa el sistema de absorción cafetera por el sistema de cooperativas, los productores quedarían en manos de los compradores internacionales.

En Colombia las cooperativas posiblemente existen desde tiempos precolombinos cuando los indígenas acudieron a la ayuda mutua y a la asociatividad para encontrar mejores respuestas a la eficacia y recolección agrícola. Se conoce de vieja data que inclusive las orillas del río Magdalena fueron determinantes a la hora de intercambiar sal y oro por otros productos esenciales. En las tareas agrícolas el respaldo con mano de obra le dio origen a la minga o minka, usanza prehispánica de trabajo colectivo que basado en la voluntad, encontraba utilidad social y solidaria, práctica en la que todos captaban una rentabilidad formidable.

Con el presuroso correr del tiempo el sistema cooperativo fue evolucionando y los modelos que venían de Europa se fueron replicando, dejando ver unos resultados asombrosos, pues existía en el esquema solidario un visible gana-gana.

En tiempos de la colonia operaron instituciones de perfil cooperativo como las Cajas de Comunidad, allí marcaron un hito instituciones como los Pósitos, los Montepíos y Montes de Piedad en el siglo XVIII, quizás sentaron las bases o reseñas de las cooperativas de ahorro y crédito, de las aseguradoras y firmas de previsión.

Con la independencia, el naciente país va cambiando el chip y gracias a ese nuevo entorno surgen en la mitad del siglo XIX las Sociedades de Artesanos, comienzos igualmente del sindicalismo

En el convulsionado final del siglo XIX e inicios del siglo XX tomaron forma las primeras nociones cooperativas que le apuntaban a la fundación de entidades especializadas sin ánimo de lucro. En ese tema resultó determinante la idea abocada por el entonces Presidente de la República Rafael Uribe Uribe, quien en 1904 trazó el derrotero cooperativo.

De todas maneras, antes de ese paso hubo un vanguardismo cooperativo que tuvo estatutos, se trató de la Sociedad de Caridad que fue erigida en 1864 cuando ya avanzaba la colonización antioqueña y la Sociedad de Auxilio Mutuo del Señor Despojo, instituida en Bogotá en 1899, entidad que nació en medio de la Guerra de los Mil Días y que tuvo personería Jurídica.

Las cooperativas en consecuencia han sido modelos útiles, colaborativos y propiciadores de unión, progreso y perspectiva, por ello su importancia en Europa, Estados Unidos, Asia y algunas naciones de América Latina. Hoy algunas entidades muestran problemas, llegaron a la indeseada crisis, pero hay un capítulo que en el momento actual se escribe con angustia y es el cooperativismo vinculado al café, el activo más importante de la agricultura colombiana, nada más y nada menos que la identidad del país y todo un paradigma de inclusión y tejido social.

Es bueno decir que el 22 de diciembre de 1958 fue establecida la Cooperativa de Caficultores de Pereira, la misma que inició labores en octubre de 1959 bajo la consigna de garantizarle al productor, precios justos, todo sobre la base de la calidad. La iniciativa fue vista con muy buenos ojos por los cafeteros del resto del país que fueron adaptando el esquema en cada una de las regiones, entre otras cosas porque era el excepcional complemento a un gremio rector de la caficultura, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, institucionalidad fundada el 27 de junio de 1927.

Hoy la historia sigue siendo bella, sugestiva y encantadora, detrás del café hay tantas narraciones como nadie se alcanza a imaginar.

En este momento hay una situación compleja que tiene en vilo a las 546.382 familias cafeteras que realizan su actividad en 23 departamentos y 604 municipios llevando empleo directo e indirecto a 2.5 millones de personas aproximadamente. El café es de lejos el primer producto agropecuario de exportación y como se sabe, el emblema del país ante el mundo.

 

 

El analista económico y experto en café Aurelio Suárez Montoya, le dijo a Diariolaeconomia.com, que el delicado problema de las cooperativas cafeteras puede agudizarse, a tal punto que pondría en franco riesgo las reglas actuales de mercado ya que, de seguir por la senda de las equivocaciones con los mercados de futuros, no habría sustentación y el bosquejo de liquidación actual por carga de café estaría seriamente amenazado, especialmente en algunas zonas.

Aseguró que hay proyecciones en el sentido que colapsarán otras entidades, tal y como pasó en Andes, Antioquia. Para el experto la situación es de enorme gravedad porque los cafeteros van a quedar al arbitrio de los compradores privados. De no conjurarse el problema, advirtió, es posible ver negociaciones de café que no respeten el dólar por libra en bolsa.

Aseveró que el hecho de que existieran tantas cooperativas, era con el fin de cubrir toda la geografía cafetera. Hoy existen problemas muy serios y por ejemplo en Andes la gente no sabe para donde ir con su grano en la cosecha de mitaca. No sería raro, acentuó, que terminará negociando con compradores particulares más en momentos en que los productores demandan flujo de caja y liquidez.

 

“Tristemente, veo escaso interés en este tema, un país que hasta hace poco vivía pendiente del café, hoy le importa un carajo lo que pase con ese renglón productivo. Muchos obvian que eso tiene implicaciones económicas para Colombia, para las familias cafeteras y para la estabilidad política y social de la nación. En el Cauca hay cerca de 100.000 caficultores, todo minifundistas, con menos de una hectárea, un caos donde se empiece a depender en esa región de la mano invisible del mercado cafetero”, señaló Suárez.

 

Esto de las cooperativas y de lo acontecido con Andes, manifestó el ingeniero industrial, era una intervención institucional en un mercado cafetero que como es bien sabido en el globo, está totalmente dominado por un oligopolio y en Colombia, sostuvo, hubo una defensa de eso. Insistió que, si el minifundio cafetero colombiano en donde el 95 por ciento de las parcelas cafeteras son menores de cinco hectáreas y eso queda en poder de un mercado impalpable, con seguridad nadie sabrá para dónde coger y menos que terminará pasando.

Recalcó que la caficultura no está jugando con cualquier cosa, el asunto, dijo, es gravísimo más al considerar que se trata del principal producto de exportación agrícola en donde se genera la tercera parte del empleo rural. El café es a la fecha el producto con más superficie cultivada, unas 900.000 hectáreas que siguen siendo parte de una gran economía.

Hoy por hoy, especificó Suárez el café tiene en hectáreas sembradas, cuatro veces las que utiliza la hoja de coca, inclusive en algunos casos la sustitución de cultivos ilícitos se ha hecho con grano arábico, toda una alternativa para regresar a la agricultura legal.

Los precios por encima de dos millones, no dejan tomar consciencia del problema, a eso se suman las bajas en cosecha brasilera y otros factores, pero como es bien sabido en los mercados de commodities, lo que baja sube y lo que sube baja, y si el precio del café cae y en su momento no hay compradores de grano o lo paguen a menos precio total, es inimaginable lo que puede pasar.

 

Un problema de grandes magnitudes

 

 

Para el reconocido analista, las 33 cooperativas son de enorme valía para la base caficultora colombiana porque representan el ahorro y los centavos de los productores a través de muchos años, igualmente de un número importante de hogares cafeteros que con su esfuerzo construyeron esas importantes asociaciones que además han servido como un instrumento para garantizar la compra de su café, es decir que el productor tiene la opción de la compra institucional porque la sociedad encarna el Fondo Nacional del Café, la Federación Nacional de Cafeteros y la misma exportadora de cooperativas, en síntesis la compra del producto a un precio de mercado mínimo o de sustentación.

Agregó que, en ese orden de ideas, en un mercado que es de propiedad y por consiguiente controlado por las multinacionales, la comercialización a través de cooperativas es una garantía muy grande para los cafeteros, lo que hace muy grave poner en riesgo la institucionalidad cooperativa porque deja en entredicho la sostenibilidad y el bienestar de la familia cafetera.

 

“El que las cooperativas hubiesen empezado a incursionar de mala manera en el mercado de futuros, las dejó en una exposición muy alta. Tengo el dato que de las 33, hay 27 cooperativas con enredos en el controvertido tema de los futuros, y cerca de 10 arrojando pérdidas, otras con el margen operacional negativo, es decir que esas sociedades o economatos adicionales están perdiendo en la operación de comprar y vender café, luego estamos en una situación en donde, seguramente, sus utilidades pueden provenir de actividades distintas al comercio del café, lo que es indicativo de que las entidades del sector solidario afectadas con el ejercicio citado, están muy mal”, declaró el señor Suárez Montoya.

 

Hoy, expuso el conocedor, hay una cooperativa en liquidación que es Andes y tres más que fueron intervenidas por la Superintendencia de Sociedades, la de Anserma, una del Tolima y la de Cundinamarca que es sumamente importante al reconocer que la provincia cundinamarquesa tiene una extensa geografía cafetera, lo que según el analista muestra que está pasando algo muy grave, un asunto que no puede desconocerse por parte de la opinión.

Lamentó que como el café no es el producto que brinda los ingresos básicos del país, hay de alguna manera un desinterés en la gente por el tema, pero llamó la atención que, en la sostenibilidad y la supervivencia de una herencia atávica, está el futuro de 550.000 familias cafeteras de casi todo el país que dependen del equilibrio social y hasta político de la nación.

En opinión del Ingeniero, fundador y asesor de asociaciones cafeteras, el de los futuros, es un tema que trasciende el asunto cooperativo y el mismo mercado cafetero, ya que tiene que ver con la estabilización de Colombia.

 

 

El esquema cooperativo, dijo Aurelio Suárez, resultó versátil y funcional porque operó al amparo de un pacto internacional de cuotas, el que se desmoronó el cuatro de julio de 1989. Hay que decir, apunto el experto, el sistema cooperativo era bastante ortodoxo en materia de comercio cafetero, pues el caficultor entregaba su grano al precio del día y ese ingreso tenía un impacto en el bienestar de su hogar y desde luego en la demanda de las zonas cafeteras al ser una utilidad muy social que se esparce e incide en todas las actividades, no solo cafeteras sino económicas de las regiones en donde se siembra el bebestible.

Puntualizó que desde los comienzos del siglo XXI estando al frente de la Federación Nacional de Cafeteros Gabriel Silva Luján, empezaron algunas incursiones en el mercado de futuros y con Silva, comentó Aurelio Suárez, hubo entonces un primer aviso puesto que lo adelantado no salió bien y no tuvo mayor visibilidad habida cuenta que llegaron momentos de mejoría, lo que ocultó una práctica que a la postre resultaría totalmente inconveniente.

Explicó que ese tipo de comercio, de futuros se puede hacer con operadores privados y casas particulares, pero el esquema, indicó, llevado al interior de las instituciones, es de mucho riesgo y tiene demasiados elementos, que en un momento determinado pueden dar al traste, de hecho, dijo Suárez, en reiteradas ocasiones, pues apoyados en la historia de la caficultura colombiana es viable hacer un recuento de casos vividos por exportadores privados o particulares de café colombiano que igualmente tuvieron sus traspiés, algunas inclusive fracasaron y tuvieron que cerrar por ir a jugar o especular en la bolsa.

La actividad de mercados futuros insistió Suárez Montoya, requiere mucho cuidado y mucha curia como se dice en las zonas cafeteras y campesinas porque a criterio del versado, las cooperativas no están para entrar en esos juegos. La misma página de la Federación Nacional de Cafeteros, expuso, tiene un apartado o diapositiva especial para la venta de futuros, como quien dice que la misma institucionalidad cafetera estimuló esa vertiginosa práctica en la base cafetera.

 

“El caficultor iba con su producto a hacer un negocio y a decirle a la cooperativa, yo le entrego café para determinada fecha, fijaban en común acuerdo un precio, se firmaba un contrato y el productor tenía que cumplir. Al mirar el bosquejo en general, lo que se puede visualizar es que el seguro de cumplimiento de todo el proceso estaba en que el cafetero, si no entregaba el café, recibía una sanción que luego de auscultar, era prácticamente leonina. Al cafetero se le montó una especie de guillotina y con eso se aseguraba que el grano aparecía”, explicó el ingeniero industrial.

 

A manera de hipótesis, el analista económico dijo que pudo darse que posiblemente se jugaba a que el caficultor entregaba su producto a cierto dinero y la Federación y sus comerciantes se tomaban las posiciones en bolsa porque cuando un empresario fija en el mercado bursátil, tiene que estar en la cuenta de alguien, no en la de determinadas personas naturales, sino bien de un trader o en el depósito de la misma Federación, y esa, apuntó, Suárez Montoya, es la cuenta que responde.

Posiblemente hubo el interés de que el cafetero entregara, por decir algo, a un millón de pesos la carga y entonces si esa carga esta en 1.1 millones, los intermediarios le ganaban el 10 o 15 por ciento, el cafetero quedaba tranquilo y todo el mundo feliz. ¿Qué sucedió?, vino un alza súbita de precios ya que lo que se había tranzado en un millón pasó a dos millones, ajuste que llegó con caída en la producción y algunos caficultores incumplieron porque no recogieron la cosecha que ellos pensaron, podían entregar y entonces después de montado, quedó al desnudo un esquema muy vulnerable y débil que tenía como base al eslabón más endeble, el propio caficultor.

 

Cooperativas cafeteras en el limbo

 

 

En ese modelo de negocio, sostuvo Suárez, no había seguros ni mecanismos tomados y mucho menos unas cláusulas precautelativas de expirar el contrato en el momento en que superara cierto porcentaje en precio, inclusive el experto expresó, el tema da para pensar que en un momento dado se creyó que el precio iba a subir, pero que este volvería, pero no se devolvió y entonces vino todo lo que conoce el país.

 

“Hoy tenemos 27 cooperativas enredadas. En el dato que tengo, son 47 millones de kilos, no se si se hable en café verde o en pergamino, me parece que la suma compromete 60 millones de kilos en pergamino y a final de cuentas no hay quien responda por eso, una triste y amarga realidad”, informó el también consultor.

 

Por la naturaleza misma del comercio, puntualizó el analista económico, no puede decirse que está prohibido negociar futuros, ya que muchos exportadores desde el sector privado o casas particulares le apuestan a eso, pero lo hacen con su propia plata y son libres de jugar en ese casino.

Denunció que hay en la azarosa práctica un elemento que no está tan visible y que bien vale la pena develar. Los dineros con los que se está trabajando en este esquema vulnerable son recursos públicos del Fondo Nacional del Café, no es plata de actores privados en donde cada quien juega por su cuenta y si pierde, sencillamente es el problema de un particular como ha sucedido.

Es un hecho, precisó Suárez Montoya, se jugo a la ruleta rusa con recursos públicos del intocable Fondo Nacional del Café. En promedio afirmó, las cooperativas metidas en el asunto, tranzaron cuatro millones de sacos de 60 kilos, una suma general de 240 millones de kilos, son 521 puestos de venta que tienen esas asociaciones.

 

“Yo creo que lo de Andes en Antioquia no tiene solución, el roto es demasiado grande y hay informes que hablan de un problema que pudo llegar a los 225.000 millones de pesos. Eso lo han enmendado un poco, intentaron aliviarlo, pero el hueco de Andes no tiene arreglo y algunos analistas del mercado dicen que por lo menos se hunden otras seis o siete cooperativas. Resulta paradójico que eso suceda precisamente en época de bonanza, un momento especial en el cual se asiste al naufragio del sistema cooperativo del café”, señaló el versado.

 

 

Para Suárez Montoya, la comercialización no está totalmente en riesgo, pero sí hay una lección enorme al sistema cooperativo de comercialización. Surge una inquietud, ¿quién va a comprar ese café de Andes? Esa cooperativa, instruyó, fue la principal por cuanto de los cuatro millones de sacos referenciados, la asociación podía negociar tradicionalmente 500.000 sacos de café al año, hizo también actividades comerciales institucionales que pudieron subir la cifra porque las cooperativas les hacen un oficio a los privados.

La cooperativa pionera, la de Pereira, que hoy es de Risaralda, manifestó el contertulio, está en un riesgo considerable desde hace dos años, algo increíble porque no tendría sentido que una zona tan cafetera como la de este departamento viera colapsar su asociación. El tema de Risaralda, apuntó Suárez, podría estar entre cinco y diez millones de kilos.

 

Crecen las importaciones de grano

La caficultura colombiana está obnubilada por los buenos precios y por eso muchas cosas no se detectan, pero uno de los hechos de 2021 es que fue el año de mayores importaciones de café, ya que en plena bonanza resultan inconcebibles las internaciones de grano, pero el tema se explica, afirmó el analista económico Aurelio Suárez Montoya, porque buena parte de lo que se trata de resolver con los faltantes en café ha sido importando de otros orígenes que finalmente se lograron meter dentro de los márgenes de calidad que ahora son más laxos, suple entonces ese vacío, la parte importada de Ecuador y hasta de Brasil para honrar los contratos.

 

“Se ha propiciado una importación espuria de café que, de haber evitado todo este juego especulativo, no hubiese sido necesaria. Esas importaciones que no van a completar las exportaciones, que no pudieron concretarse, están haciendo que todo el café colombiano salga, y por eso todos los colombianos estamos tomando café traído de otras latitudes. Hay una ligazón de cosas supremamente delicadas, por ejemplo, la Federación Nacional de Cafeteros tuvo que hacer un préstamo de 40 millones de dólares al banco japonés Sumitomo, una deuda que al final de día impacta a los agremiados y los obliga a pagar el empréstito, incluidos los cafeteros que juegan por aparte, como quien dice un mal tapando otro mal”, expuso Suárez Montoya.

 

En su charla y matizando sobre el crédito con la banca de Japón, el versado anotó que seguramente dejará una mala sensación entre los cafeteros el pagar una deuda de 40 millones de dólares que se costearía al parecer con contribución cafetera, unos recursos que no se pueden desviar porque deben ir al Fondo de Estabilización de Precios. Esto, recalcó, tiene demasiadas aristas y complejidades pues el lío ha ido muy profundo.

La situación cafetera llevó al experto a hacer un análisis de todo el mercado y dedujo que, si hay más de 3.000 contratos sin cumplir, lo cual involucra volúmenes de 250 sacos de 70 kilos. Anotó que no da como algo cierto, pero existe el rumor que al parecer hubo cobertura de tasa de cambio a 3.200 pesos, lo complicado del asunto es que ese indicador está en 4.000 pesos. Se trata, puntualizó, de un tema que se ha prestado para la conjetura, pero pidió claridad porque si es verdad, habría que poner 800 pesos por cada dólar.

 

¿Cargo con doble obligación?

 

 

La multinacional Nestlé creó una rama llamada Nespresso que trabaja con café sostenible y un comercio justo, algo que se valora, el asunto es que en el Consejo Asesor o un advisory board a nivel mundial y allí tiene asiento el Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez Vallejo.

 

“Me pueden decir que es una ONG o la Iglesia Católica en café, lo cierto es que el Gerente de la Federación, no puede estar sentado allí. Es evidente que hay un conflicto de interés. No pueden timarnos diciendo que el zar del café hace fuerza para que Nestlé compre bien, esa es una figura indefendible porque quien está en la contraparte, en este caso en la silla de una respetable transnacional, es quien debe defender desde la tribuna cafetera e institucional los intereses de los caficultores colombianos”, enfatizó el analista.

 

A propósito del asunto, Suárez dijo que con toda seguridad Vélez Vallejo gana dinero con Nespresso en vista que ese tipo de labor no es parte de la caridad. Invocó el artículo seis del Código de Ética y Buen Gobierno de la Federación Nacional de Cafeteros, que adujo es claro en el tema de conflicto de interés, nadie puede estar sentado en otro lado.

Se preguntó, ¿el Gerente de la Federación que devenga cien millones de pesos al mes, se sienta en la multinacional con cual intensión, a que Nespresso pierda plata o a que Nespresso gane plata?

Nestlé, reconoció Suárez Montoya, hizo algo legítimo, creó Nespresso para aumentar sus utilidades, empero hay en consecuencia, apuntó el experto, un gran dilema porque en el tema de conflicto de interés, el problema del Gerente no es solo con la Federación Nacional de Cafeteros sino con la misma Nestlé.

 

“Hay que decir que la Federación es como un ministerio de Café y el Gerente es el titular de esa cartera, de hecho la mitad del Comité Nacional de Cafeteros está compuesto por miembros del Gobierno, que igual no ha hecho nada, y esa es otra cara del problema, lo importante es darle respuestas, gestionar y trabajar con todo el compromiso por la base cafetera, la minifundista, la mediana y la grande, no se debe excluir a nadie, pero debe haber un trato preferente, eso sí, garantizando buenos precios internos de compra y representando una caficultura, emblemática y el principal activo socioeconómico del país en el campo colombiano”, concluyó el respetable analista y docto en café, Aurelio Suárez Montoya.

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