Sábado, 31 Diciembre 2022 00:51

Caficultores deben avanzar en renovación y calidad: Célimo Café

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Los productores ven mermada la productividad por el impredecible clima, pero no pierden la fe y creen que los precios no bajarán de manera alarmante porque hay déficit de café suave en el mundo.

Los caficultores colombianos que tendrán una cosecha posiblemente inferior a los 12 millones de sacos en 2022, siguen alarmados por el factore climático que no ha permitido cosechas dentro del promedio anual que es de 14 millones de sacos, tan solo hay regocijo por el valor de la reducida recolecta que tendrá un valor de 14.5 billones de pesos en promedio.

Cabe anotar que el pasado 12 de enero de 2022 la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, entregó un dato poco alentador en la producción de café arábigo en el año civil 2021, la obtención fue de 12.6 millones de sacos de 60 kilos, un nueve por ciento menos que la cosecha de 2020 que alcanzó los 13.9 millones de sacos.

En la retina y el recuerdo de los caficultores está la estupenda cosecha de 2019 que sumó 14.8 millones de sacos, una producción que el país no registraba desde 1992 cuando el total de la recolecta llegó a 16.1 millones de sacos, un buen reporte que debió esperar 27 años para alegrar a las muy comprometidas 540.000 familias cafeteras.

Si bien el café llegó a Colombia en el siglo XVIII y fue sembrado por sacerdotes jesuitas en 1730, empezó a escribir una historia comercial y de exportaciones en 1835 gracias a las penitencias del padre Francisco Romero, que se vieron recompensadas cuando hechas café verde salieron por la aduana de Cúcuta. Desde ese momento los caficultores no han parado, su trabajo sigue siendo visible y trascendental, prueba de ello es que en 1870 las exportaciones pasaron de 60.000 a 600.000 sacos, un trabajo abnegado y decidido que afianzó la institucionalidad en 1927 con la creación de la Federación Nacional de Cafeteros, la ONG agrícola más grande del globo.

Durante décadas, demasiados hechos se dieron en torno al café, para empezar, en pleno apogeo, llegó la guerra de los Mil Días, un hecho histórico lamentable que se llevó a cabo entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902, conflicto que dejó los cafetos destruidos y a los productores en bancarrota. Sin embargo, la resiliencia que hace parte del credo cafetero se impuso y la actividad retomó su ritmo.

 

 

Un episodio no menor, en donde el café terminó siendo trascendental, fue la Colonización Antioqueña que inició en 1780, en ese tiempo la siembra de café marcaba un hito económico y social porque le dio relieve al departamento y las zonas del sur que empezaban a ser exploradas a lomo de mula, buey o como se dice a física pata.

Antioquia que fue una región aislada en la conquista y en la colonia pudo mirar hacia el frente y encontrar la salida al desdén para luego ubicarse como provincia de gran importancia, en el siglo XIX la comarca ya mostraba potencial en sus tierras, en sus campesinos y en la innovación de sus habitantes. Poco a poco el departamento o fortín paisa cambiaba las particularidades del occidente colombiano en tiempos de los ácidos virreyes puesto que en el momento colonial Antioquia mostraba solamente pobreza, atraso y olvido, a tal punto que quienes allí llegaban hacían el símil con los asentamientos africanos.

La colonización antioqueña no solamente fundó nuevas ciudades y municipios, sino que adicionó en favor de la economía, cientos de miles de hectáreas de suelos cultivables que jamás habían sido explotados. En ese preciso momento el café se posicionó como un cultivo rentable y promisorio, así como en una industria vital en las exportaciones y en la gestación de inversiones y cúmulo de capitales que fortalecieron el comercio y otras actividades empresariales.

En el tema cafetero generalmente se mueve en escenarios que van entre amargo y dulce, hay momentos muy buenos que han marcado, un ejemplo las bonanzas cafeteras, una importante la que se dio entre 1903 y 1929, de tanta trascendencia que, por el incremento exponencial de las exportaciones de grano, el país no sintió la gran recesión de los años 30.

Los productores fueron y son tremendamente valientes, siguieron con las siembras y en el periodo comprendido entre 1954 y 1956, el café llegó a cuatro dólares, lamentablemente la fiesta no fue plena por la revaluación de la época y coincidencialmente, la inflación.

Las heladas en Brasil de 1975 afectaron considerablemente la cosecha y con ello vino una bonanza cafetera y total para la caficultura toda vez que la libra se situó en tres dólares, este fenómeno se extendió a los años 1976 y 1977 y ya en la década de los 80 vino la debacle total y la prueba de fuego para los productores, en 1989, más exactamente un lunes tres de julio, año en el que llegó el punto final para el Pacto Cafetero o Acuerdo de Cuotas, una iniciativa de Estados Unidos en representación de los países consumidores, de Europa, esencialmente, Alemania e increíblemente el bloque de productores de Centroamérica, con esa votación expiró un acuerdo rubricado en 1962, pero tomó vigencia con cargo al libre comercio el verdadero sufrimiento para los caficultores que vieron como se desmoronaba su economía, la misma que le dio identidad y reputación al país sin dejar atrás el enorme desarrollo que aún sigue a plenitud.

Como es notorio todo pasa, las plagas igual fueron protagonistas porque la roya y la broca hicieron de las suyas; sin embargo, los caficultores siguieron en el oficio y demostraron que están hechos de acero.

La realidad es agridulce porque los precios siguen altos, empero, las cosechas fueron raquíticas en los últimos años y no fue posible aprovechar el mayor ingreso que llegó tras años de producir a pérdida.

En este ocaso de 2022, el resumen es bueno en valor de la cosecha, no obstante, la producción fue muy bajita porque el clima no ayudó, cayó agua sin pausa, 29 meses, algo que impactó seriamente las exportaciones.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el caficultor antioqueño Santiago Correa, indicó que, si bien el 2023 no tiene buena cara, los caficultores deben seguir en la tónica de remozar los cafetos, optimizar las fincas y no perder el optimismo pues en medio de las tormentas, es cuando más calma debe haber para tomar las decisiones más afortunadas.

Cabe recordar que Correa es uno de los brillantes gestores de la industria rural cafetera ya que la finca Belén, una joya que decora la vereda Primavera en Abejorral, Antioquia, es la sede de Célimo Café, todo un ejemplo de empresa y emprendimiento con cafés diferenciados en el suroriente del siempre atractivo departamento.

Cuando Santiago y sus socios le dieron el sí a la aventura empresarial tenían claro que el café que producían tenía que ser, sin vacilación alguna de otro nivel y por ello el grano que obtienen y procesan, sintetiza la experiencia cafetera acopiada desde hace más de 70 años. Ese empeño y amor por la caficultura le permite al joven cafetero hacer un análisis de la labor cafetera que perceptiblemente ha mermado por las imparables lluvias y todo el entorno de cambio climático que castiga la agricultura y muy fuerte a la caficultura que observó unas floraciones preocupantes, esas que redundaron en menor productividad.

El empresario deploró que, por el invierno, los productores de café no hubiesen aprovechado unos precios de manera importante con los cuales hubiera cuadrado caja el sector cafetero que necesitaba ese oxígeno por los años difíciles que debió soportar, a tal punto que muchos sembraron a pérdida.

 

 

Expuso que los caficultores que pudieron vender a buen precio, por encima de dos millones de pesos la carga, pagaron deudas, mejoraron las fincas y se aprovisionaron de enseres, un factor que demostró que cuando hay óptimos niveles precio se eleva un indicador vital, la calidad de vida. Igualmente, con el mayor ingreso, los productores adquirieron fertilizantes y otros insumos pese a los imposibles costos derivados de la ya superada crisis global logística y, claro está, la guerra entre Rusia y Ucrania que paralizó al mundo agrícola por la imposibilidad de comercializar abonos y productos de primera necesidad.

 

“El clima es un factor impredecible, pero independiente de eso a los caficultores les corresponde avanzar en renovación de cafetales, apostar por un cultivo organizado del café para que puedan extraerse y disfrutar mejores cosechas, toda una serie de tareas para garantizar sostenibilidad”, declaró el señor Santiago Correa.

 

Muy a pesar de un mayor precio interno de compra, el caficultor dijo que muchos empresarios están quedados toda vez que tienen muchos lotes sin renovar y pendientes de que sean rejuvenecidos, todo por el embeleso de las altas cotizaciones, dejando de costado que los cafetales urgen de innovación o transformación porque con variedades más resistentes, habrá caficultura para rato.

Los momentos del café, dijo el conocedor, han sido de altas y bajas, razón por la cual hay que conservar el entusiasmo más cuando se ven los precios de café a futuro y puede verse que hay déficit de grano suave en el mercado puesto que no mejora la oferta de Centroamérica, la caída en Colombia golpea, y la oferta de Brasil siendo alta, no satisface las calidades del café suave colombiano.

Un asunto que se hace perentorio, puntualizó Correa, es trabajar por la calidad del café, más si se tiene en cuenta que es el trabajo diferenciado que en Abejorral hacen pequeños productores en extensiones no muy grandes. Paralelo a ello, recomendó, es necesario adelantar en diversificación y mejorar los ingresos, el tema, subrayó, es sembrar y tener caficultura, agricultura y actividades pecuarias.

Célimo Café y sus directivas han fortalecido los conocimientos sobre el café motivo por el cual optimizan día a día el procesamiento del grano al que benefician con exigente calidad. En el último tiempo han hecho uso de instrumentos tecnológicos que les garantiza un proceso eficaz que les permite mejorar la calidad debido prácticas más avanzadas de secado y fermentación. Todo ese aprendizaje que absorben como empresarios lo llevan a los campos, un punto tan decisivo que les abre el espectro de negocio y oportunidad en la ruralidad.

 

 

Las ventas de Célimo Café van en expansión pues su café lo toman no solo en Antioquia los consumidores más exigentes, sino que ya llega a Bogotá, Amazonas y Sincelejo. El producto tiene tan definidos sus atributos que ya lo toman en Alemania, Canadá y Estados Unidos, mercados a donde se mira con mucha expectativa.

Todo ese afortunado atrevimiento, impulso y espíritu emprendedor no se quedó en una finca o tres, la admirable iniciativa se extiende por cinco zonas rurales adicionales que siguen viendo futuro en el inigualable y exótico Encanto Abejorraleño, el nombre de un origen, del gran comienzo.

 

El nuevo Gerente de la FNC debe acreditar conocimiento y compromiso

Frente a la llegada del nuevo Gerente General de la FNC que deberá ser anunciado en el corto plazo ante la renuncia al cargo de Roberto Vélez Vallejo, el empresario sostuvo que quien resulte elegido para dirigir los destinos de la caficultura debe reunir sendas condiciones como saber los pormenores del café, detectar las necesidades de los productores en cada zona del país, estimó importante que el nuevo zar del café sea capaz de escuchar y tener en cuenta las necesidades de los cafeteros para hacer de la Federación, una entidad cada vez más sólida y amiga del consenso ya que la idea es construir a futuro al unísono.

 

 

Un reto adicional y considerable para el nuevo Gerente General de la FNC, manifestó el empresario y directivo de Célimo Café, es impulsar el consumo interno del bebestible en donde logre alcanzar un éxito total la calidad del grano, ello con el fin de que los nacionales tengan acceso a un producto de calidad y no tengan que salir de Colombia para poder tomar café colombiano, excelso de verdad.

Independiente de los retoques que eventualmente puedan hacerse, Santiago Correa dijo que la FNC debe conservar su gran activo, la institucionalidad e independencia porque es un gremio con historia, nacido de la enjundia cafetera y con unos lineamientos basados en la familia cafetera, una institución que puso el trabajo y la plata para el desarrollo del país, un aporte que no se puede desconocer.

 

“Con la elección de los nuevos comités cafeteros se espera que ellos puedan participar y hacer un buen trabajo para avalar el futuro de la caficultura, sobre la premisa que nada es perfecto y que las instituciones están llamadas a mejorar, todo con una prenda de garantía, hay un importante número de caficultores jóvenes y un interesante relevo generacional, un contexto que generará espacios de participación, primordial para el crecimiento de la siembra de café en Colombia”, acentuó el empresario.

 

Teniendo el mejor, Colombia toma muy mal café

 

 

Cuando se habla de consumo de café, suele llegar un descontento en consumidores y productores porque lastimosamente el grano que se tuesta en el territorio nacional es de precaria calidad. Dicho de otra manera, en Colombia meten gato por liebre, salvo los cafés diferenciados que con tanto esmero, tradición y pasión se obtienen, los únicos que llegan a tiendas especializadas y temáticas para disfrute de quienes pagan por un producto de elevado atributo.

La industria sigue importando grano de Brasil y otras latitudes, conllevando a una competencia absurda porque el país que produce el mejor café del mundo está inundado de marcas y firmas que comercializan prácticamente cualquier cosa, omitiendo que el colombiano es un grano que puede masificarse en beneficio de consumidores y caficultores en total capacidad de ofrecer calidad y origen.

Tomar café nacional, aseveró Correa, es la mejor forma de apoyar al caficultor local, sin perder de vista que, acudiendo a los cafés especiales de Colombia, se genera un mayor gusto por la bebida por cuanto la gente aprende a comparar un café de excelencia o gama alta, muy lejanos de los importados de mala calidad.

 

 

Aparte de todo, explicó, gana la economía nacional que sin duda repuntará con mayores ventas de café, también el país se blinda en salud porque el café colombiano de origen certificado tiene trazabilidad, garantía, buenas prácticas agrícolas y un proceso exhaustivo que conlleva a inigualables propiedades, los traídos de otros países llegan y los consumidores desconocen como se sembró, que tipo de químicos recibió y como fue su transporte de puerto a puerto.

 

“Tomando café colombiano mejoramos y consolidamos el tejido social en la ruralidad, no es complejo tener un café de calidad para los consumidores colombianos y por esa vía optimar nuestro ingreso”, concluyó el directivo de Célimo Café, Santiago Correa.

 

Don Célimo Mazo, inspirador de la marca, nació entre las montañas y los cafetos de Abejorral en la cordillera Central. En 1945 llegó al mundo en la vereda La Primavera ese tozudo caficultor de raza y enamorado de su eterna tarea. Con más de 76 años, este antioqueño sin miedo, incursionó en la caficultura de calidad, logrando unos granos de reconocida calidad.

En esta época de fin de año el gran señor, el dueño de la calidad en café, camina plácido por las calles de Abejorral, un municipio en donde converge la arquitectura española y la herencia aborigen. Al ser un bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional, conocido por ser una población de considerable extensión, tiene todo para disfrutar al sabor de su grandilocuente grano, del ambiente cafetero, su paisaje y su indiscutible encanto.

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