Sábado, 10 Febrero 2024 01:46

Café especial del Valle de Tenza: Una joya adicional expresada en taza

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En ese afortunado despertar de la caficultura boyacense, la Provincia de Oriente va tomando un liderazgo importante por atributo, fragancia, sabor y origen. La manera ideal de disfrutar el paisaje.

Boyacá es un departamento privilegiado, en sus suelos no solo se selló la independencia de Colombia y se erigió todo un patrimonio histórico, cultural y social, sino que brotaron riquezas en diversas expresiones. Del fondo oscuro y vertiginoso de sus montañas salieron y siguen saliendo las mejores esmeraldas del mundo, pero además esta tierra es dueña de una excelente agricultura que provee de alimentos y materias primas al país.

El café también tiene una historia interesante en tierra patriota, si bien hay un sinnúmero de versiones algunos aseguran que, en el siglo XVIII, puntualmente en 1787 fueron identificadas y registradas las primeras plantaciones de café en Girón Santander y en Muzo, Boyacá, poblaciones consideradas transcendentales en el Nuevo Reino de Granada debido a su dinámica comercial y a una atmósfera ideal para las siembras. Esa narración, según quedó constatada, fue hecha por el arzobispo-virrey Caballero y Góngora en un informe preparado para la corona española.

Los historiadores afirman que anteriormente, en 1730 la comunidad jesuita ingresó al territorio neogranadino aprovechando el desplazamiento de personas que venían de las Guayanas haciendo tránsito en Venezuela, es por eso que se asegura que a las tierras del Orinoco llegaron los primeros cafetos, plantas entonces ornamentales transportadas por el sacerdote José Gumilla, una versión tan cierta que fue documentada en el libro El Orinoco Ilustrado cuando uno de sus capítulos aborda el tema de las plantas en la región de la Orinoquía muy cerca de la desembocadura del río Meta.

Las exportaciones de café iniciaron en 1835 por la Aduana de Cúcuta en donde dicen algunos, fue determinante el canje hecho por el padre Francisco Romero quien, en Salazar de las Palmas en Norte de Santander, cambió de manera astuta pecados por siembras de café, el origen al parecer de la expansión cafetera. De todas maneras, hay otros relatos de la llegada del café a Colombia y citan a Santa Marta como punto de ingreso.

 

 

Es importante decir que al país lo afectó un derrumbe de considerable tamaño en los precios justo en la mudanza o cambio de escenario en el tiempo pues al salir del siglo XIX para entrar al siglo XX el marchitamiento del negocio impactó a los hacendados, transformando la caficultura pues impulso a los pequeños productores de grano que buscaban una opción y la sede del marcado liderazgo del oriente se trasteó y fue reubicada en occidente.

No se puede pasar por alto que en esa transición de siglo llegó la Guerra de los Mil Días, que ocurrió entre octubre de 1899 y noviembre de 1902, el nuevo siglo llegó con muchos inconvenientes las zonas cafeteras sufrían y se contraían, tan solo se reportaba estabilidad en Cundinamarca, Antioquia y Boyacá, esos departamentos fueron vitales en la oferta exportable por cuanto el país pasó de 60.000 a 600.000 sacos de café despachados. Al terminar el conflicto más del 80 por ciento de café exportado salía de Santander y Cundinamarca.

Según datos históricos, en 1880 por físico rebosamiento descendió significativamente el área sembrada en el centro de Boyacá y el Valle de Tenza dificultando el suministro de alimentos para la población, fenómeno que potenció la mano de obra en la caficultura que seguía prosperando hasta llegar al oscuro momento en el que cambió el siglo y llegó una nueva época con contextos diferentes, desde los precios y los volúmenes hasta el mapa cafetero. Boyacá, históricamente hablando, es uno de los departamentos referentes del café, el bebestible apareció y se produjo desde tiempos vetustos y tras un letargo hoy llegó un despertar, todo un reavivamiento del café en la Provincia de Oriente porque los cafeteros descubrieron que tenían y tienen suelo, entorno y clima para que crezcan matas con marcada historia como el típica y otras semillas, facilitando la producción de un café exótico y altamente diferenciado.

Una tarea juiciosa la siguen desarrollando los caficultores de Guayatá en donde se siembra en promedio el 50 por ciento de la producción de grano suave en la región, sin embargo, son esenciales los cultivos de café en Somondoco, Sutatenza, Garagoa, Pachavita, Chinavita, Chivor, La Capilla, Macanal y Tenza. Este recorrido agradable por las tierras ancestrales permite una caficultura especializada hecha entre las montañas de ese eje esplendoroso de la cordillera oriental en donde convergen picos, cascadas, las orillas del Embalse La Esmeralda y otro tipo de forma natural, ofreciendo los prodigiosos paisajes orientales en un departamento que es bonito por naturaleza y en donde se brinda un bebestible que fomenta buenas prácticas agrícolas, responsabilidad ambiental y tejido social.

En esta travesía por el hermoso y encantador Valle de Tenza notamos que la caficultura es protagonista, no solo de una mejor economía sino del bienestar social de quienes trabajan en torno a este cultivo, lo que incluye comercio y todo el sector primario, teniendo en cuenta que, si el café va bien, todo marcha como un relojito.

 

Shaya Café, amor a primera taza

Macanal es un tremendo municipio en el Valle de Tenza y uno de los emblemas de la Provincia de Neira en Boyacá. En esa cálida tierra surgió Shaya Café, como lo dicen sus impulsadoras, el resultado del emprendimiento de la mujer macanalense que apostó por un grano arábigo cultivado al amparo de una estimable variedad de árboles en las verdes montañas del suroriente Boyacense. El resultado final, y no era para menos, fue un café diferenciado, suave, con notas a panela, caramelo y cítricos, una taza admirablemente limpia, como innovación, la marca maneja fermentaciones controladas.

En los granos de café Shaya está plasmada como alegre huella la dedicación, el compromiso y el amor de la mujer cafetera que promueve procesos eficientes que redundan en un producto inocuo de alta calidad el cual aprueba una experiencia sensorial insuperable que satisface el gusto de los siempre expectantes consumidores.

 

 

La agrónoma Deisy Veloza le dijo a Diariolaeconomia.com, que su profesión inspiró un emprendimiento agrícola para especializar el café y para que se reconociera al Valle de Tenza como sitio productor de café diferenciado, logrado en microlotes, ello, para impulsar un café con valor agregado que exigió acudir al conocimiento y por esa vía trabajar en germinación, producción limpia, abonos orgánicos, compostaje y lograr un plus con el proceso de poscosecha, luego vinieron cursos, catación, barismo y todo un pasaporte para ingresar al apasionante mundo del café.

La empresaria reconoció que la agricultura es un sector importante, hermoso y necesario, pero aseveró que la caficultura finalmente le dio identidad a Colombia. Muy a pesar de que la mirada del café esté en otras regiones, comentó, el Valle de Tenza sigue creciendo en calidad porque hay personas comprometidas con catapultar cultivos y marcas de café, de manera estratégica, cultivando en los mencionados microlotes, no en grandes cantidades, pero sí grano diferenciado, algo positivo porque Boyacá y la Provincia de Oriente, así como la de Neira, pueden garantizar un café colombiano tipo arábica para el mercado nacional.

Shaya café maneja una acidez media-alta, tostión y molienda media, empero, otro complemento de la marca apunta a reconocer e impulsar el trabajo cafetero de la mujer y por eso, a partir de la faena que se hace en finca, se lleva a cabo una selección y absorción de café cereza, el comienzo del proceso poscosecha.

Todo apunta a que la vereda Los Naranjos logró especializarse en café de altísima calidad, todo, recalcó, recogiendo granos maduros y evitando la mixtura o el revuelto de cafés verdes, maduros o pintones que al final del proceso produce sabores astringentes, por eso la importancia de seleccionar frutos cargados de madurez, factor que garantiza que los cafés de Macanal sean mucho más especiales.

 

 

Sin temor a exagerar, precisó Deisy Veloza, en el Valle de Tenza hay visiblemente un despertar cafetero porque la región en hora buena retomó la cultura cafetera que estuvo un poco olvidada y conforme con vender grano en pergamino seco, además de eso hubo errores crasos como no consumir ofertas locales con valor añadido sino marcas comerciales, totalmente alejadas de la calidad y el origen Colombia.

 

“De a poco estamos revolucionando la cultura de consumo, claro está que es difícil que la gente cambie el café negro, quemado con sabores ahumados, a moho y a otras cosas por meternos en el mundo del verdadero café, algunos dicen que el bebestible bueno debe ser muy oscuro, amargo y con azúcar, la tapa, un error a la hora de elegir porque los cafés colombianos diferenciados se pueden tomar fácilmente sin azúcar en favor de la salud, sin embargo, hay quienes escogen los que tanto daño hacen”, declaró la señora Veloza.

 

Hoy la caficultura enfrenta un verdadero relicario de problemas, por ejemplo, clima, precios, escasez de mano de obra, altos costos de producción, falta de infraestructura y líos de comercialización como también inseguridad, pero en línea con el recordado “Cofrade”, el magnánimo Alfonso Palacios Rudas, el café, apuntó la agrónoma, es el único muerto que no se deja enterrar porque es un cultivo y una cultura ancestral que ha pasado de generación en generación y en Boyacá, región de microlotes, los cafeteros hacen hasta lo imposible porque el café viva, no admiten para esta economía castigada y maltratada ni siquiera los Santos Oleos, menos aceptan los réquiems para la caficultura, por ello tanto esfuerzo, entrega y crecimiento, por ello nuevamente la mirada y la importancia a las variedades arábicas, seguramente en ático por las nuevas cepas que son muy buenas, pero altamente demandantes de químicos.

 

 

Los cambios climáticos, y las altas temperaturas, explicó Deisy Veloza, conllevó a la siembra de árboles para el sombrío, decisión afortunada que conllevó a unos microclimas apropiados para poner en el mercado café especial, altamente diferenciado.

La caficultura del Valle de Tenza se decidió por suelos vivos y por tal razón los cafeteros se volcaron a los bioabonos, a unos fertilizantes o nutrientes orgánicos amigos de la tierra, de la salud y de la vida, la meta es ir dejando esa complicada cultura de siembras tóxicas o saturadas de agroquímicos.

Shaya sabe que tiene calidad y que con laboriosidad hay futuro, por eso tocará puertas en Bogotá y en donde toque hacerlo, amén de tratarse de proyectos afines a la microempresa en donde los costos generalmente pasan factura. Más allá de los panoramas, por momentos grises, esta caficultora es del grupo de los que piensan de qué se puede, se puede, con perseverancia y estrategia porque hay metas que se ven truncadas por los costos.

La caficultura de esta provincia necesita procesos y proyectos asociativos, tienen clima, suelos y calidad, obtienen una bebida de tan encomiable atributo que invita a pensar que más temprano que tarde, Bogotá podría tomarse el magnífico Valle de Tenza, hoy con una de las mejores tazas.

 

Los Cedros, café de Somondoco para Colombia

 

 

En este viaje por el oriente de Boyacá y en la población de Somondoco conocimos a Gladys Gutiérrez, una mujer madre cabeza de hogar, cerca de cumplir cinco años de haber quedado viuda, pero su condición no fue impedimento para enfocarse en la caficultura porque le gusta y porque saca a relucir un espíritu combativo que la tiene en el sector con un producto que logra con mucho esmero.

Esta caficultora agrupada en la Asociación de Caficultores de Somondoco, tribuna que le permite incentivar a los otros cafeteros y aprender con cada día que llega. Actualmente trabaja con las chapolas, la etapa más prematura de la planta en la que apenas han aparecido dos hojas extendidas y con un buen crecimiento de raíz. Cabe anotar que una vez germinadas las semillas seleccionadas debe hacerse una juiciosa clasificación de chapolas para su posterior trasplante a las bolsas.

Gladys bautizó su café como Café los Cedros en homenaje a su finca que lleva el mismo nombre, además porque en su predio hay unos cedros que producen una refrescante sombra.

Los Cedros es una marca de café lograda con mucho amor en la vereda de Barreras y el producto tiene sabores a pomarrosa, igual a cítricos por la mandarina y el limón presentes, pero hay tonalidades a chambo, un árbol que está casi que reemplazando las plataneras que siguen de capa caída por las múltiples enfermedades que las ataca y que se exacerban con el impredecible clima.

 

 

“Evidentemente, sufrimos con el clima, hoy en la caficultura y en la agricultura toda, estamos atrofiados por las altas temperaturas, hay carencia de agua y se está gestando un problema que poco a poco se nos va saliendo de las manos. Literalmente el verano nos tiene asoleados, por fortuna en la cría de pescado hay una opción de agua que en consecuencia utilizo para el riego, pero si esto sigue y la sequía se acentúa, muchos caficultores estaremos en problemas y posiblemente sin cosecha”, sentenció Gladys Gutiérrez.

 

El ya desaparecido José Miguel Gutiérrez, padre de Gladys, fue cafetero y le entregó sus conocimientos a la nueva generación, hizo caficultura con doña María Esposorio Gutiérrez, hoy residente en la vereda Sabanetas.

Gladys vive sumamente agradecida con el cultivo de café porque es su única fuente de supervivencia y por eso exhortó por mayor capacitación y un servicio de extensión con mayor presencia y más técnicos porque la persona encargada, independiente de sus buenas intenciones, no da abasto. La gente, recalcó la productora, necesita instrucción porque hay falencias en siembra, beneficio y en otros frentes en donde muchos están crudos, todo un palo en la rueda para ofertar café de mayor calidad.

 

Café Origen Sutatenza clama por la unión cafetera regional

 

 

El señor Fabián Molina es un caficultor de Sutatenza, otro de los hermosos pueblos del oriente de Boyacá, el productor destacó la inigualable geografía del Valle de Tenza y su clima que les permite a los cafeteros extraer un grano de enormes propiedades, hoy muy diferenciado y demandado por el mercado de granos especiales. Tal y como se ha dicho en eventos y conferencias, lo trascendental es afianzar la unidad de los caficultores de la región, lograr una fuerza frente al mercado y vender grano bajo el exitoso esquema asociativo en donde todos ganan.

Molina produce Café Origen Sutatenza el cual tiene como peculiaridades su sabor a cítricos y un aroma sinigual propio de los cafetos que son sembrados en alturas que van entre los 1.650 metros hasta los 2.000 en donde actualmente tiene en prueba un cultivo bastante promisorio.

Su actividad ha recibido apoyos por parte de la Alcaldía y otros no tan generosos por parte de la Federación Nacional de Cafeteros, sin embargo, con la unión que se logró entre varios caficultores ir a distintas ferias y producir con café de la tierra un excelente café procesado.

En caficultura hay de por medio un concurso de inconvenientes, pero para Fabián Molina el principal problema pasa por la comercialización porque todos los cafeteros saben cultivar, enchapolar, beneficiar y procesar, pero reconoce que la gran estrellada se da en el momento de recuperar la inversión , es decir hace falta optimizar los mecanismos de mercantilización, un cuello de botella que quiere meterse en cintura con el concurso de las entidades oficiales o privadas para surgir de mejor manera en la cada vez más estrecha economía familiar.

 

 

Al igual que los caficultores, Molina lamentó que el café se venda relativamente barato para cumplir con los compromisos de la FNC que debe honrar una cuotas pactadas, un escenario complejo puesto que arrastra a los productores que solamente con una adecuada estructura financiera pueden posicionar producto y marca en el exterior, una realidad cruda, pero tangible ya que un caficultor a duras penas sostiene y con sufrimiento los cultivos, algo que les impide ir a Estados Unidos, Alemania y otros países a promocionar un café de calidad, venderlo mejor y mejorar el ingreso de los cafeteros, hoy raquítico y en medio de la incertidumbre.

También hizo un llamado para que los colombianos optimicen el consumo y compren café colombiano pues resulta deplorable que en Sutatenza la gente no le compre a Molina ni siquiera media libra de café pues todo el pueblo le hace el gasto a Sello Rojo, La Bastilla, Águila Roja y otras marcas que venden imagen, pero que ofrecen calidades muy por debajo porque para nadie es un secreto que son granos o pasillas importadas que suelen tener una tostión fuerte, pero el contexto ratifica que los colombianos saben de todo menos de café, se conforman con cualquier cosa.

Este ingeniero civil, hoy en el andén de los caficultores es hijo de agricultores de Sutatenza, luego de trabajar en Bogotá, Meta, Cundinamarca y Tolima, decidió sembrar 1.000 plantas de café en su terruño gracias al respaldo de un alcalde, algo que no le resultó difícil por el amor al campo.

 

Café San Carlos, la casa de variedades Típica, Castillo y Colombia

En la finca San Eduardo, localizada en la vereda Barreras a pocos minutos de Somondoco se cultiva un café de muy buenas características, tiene buen aroma y su sabor llega como un obsequio de los dioses al paladar, allá en ese predio, los caficultores también hacen una labor loable para poner producto de gama alta en el mercado de especiales.

 

 

El caficultor Carlos Germán Bohórquez Perilla indico que la marca se dio como un homenaje a su señor padre, un agricultor atinado y disciplinado que vio en el café una gran oportunidad de renta y por eso aplicó todos los procesos dentro de la finca que cuenta con un montaje para cerezado y uso de secador tipo túnel o el conocido método Gravimet para lograr un café con atributos y con los mejores controles de humedad, lo que garantiza excelente taza, un sabor notable, quizás sublime, nada que genere duda porque en la prueba de taza hecha en la asociación el resultado fue contundente, un factor de rendimiento de 86, un café con sabores a limón y otros cítricos, asimismo, uva y panela.

 

“Procuramos al máximo cosechar cerezas bien maduras, hacemos una fermentación abierta, un proceso de 16 horas, un buen pr5oceso de lavado y manejamos técnicas muy artesanales puesto que la región adolece de técnicas, una limitante en la obtención. La marca hace manejo eficiente del agua, elabora compostajes y el bioabono no solo va a potenciar los cafetos, sino que nutre otros cultivos como plátano y maíz, todo dentro de parámetros ecológicos.

 

Bohórquez ha logrado acopiar conocimiento porque replica y aprende métodos de otros cafeteros de mayor experiencia, esenciales porque les han aportado eficiencia a sus cafetos. En los próximos días la finca dará inicio a una producción con semillas del Centro Nacional de Investigaciones del Café, Cenicafé, igual cuenta con algunas plantas de borbón rosado.

Dentro del cronograma de la finca San Eduardo está pendiente enchapolar 1.300 matas, hacer renovación cafetera y probar con Geisha, aprovechando el clima de Somondoco y la calidad de sus suelos, la finca se encuentra entre 1.450 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, una altura apropiada para sembrar muy buen café.

 

 

La empresa sufre igual por la comercialización y los precios del grano, de todas maneras, ve opciones grandes con el turismo porque el viajero valora el café colombiano diferenciando que se logra con grandes esfuerzos. Un gran apuro es la falta de mano de obra porque no hay quien trabaje, los que colaboraban en las haciendas se están acabando y para llevar personal hay que rogar, un asunto que se pudo paliar uniendo esfuerzos entre productores, algo similar a una minga.

Es tan delicado el problema de escasez en mano de obra que fácilmente la caficultura podría entrar en crisis porque la gente no quiere trabajar, se conformó con los subsidios y el asistencialismo, una dificultad considerable por cuanto el café por ser un cultivo de ladera y montaña no facilita su mecanización.

 

“Va allegar el momento en que las cosechas estarán en riesgo de perderse porque no hay quien ayude a recolectar grano, un gran aprieto ya que una vez madura la cereza debe arrancarse para el proceso de beneficio, sino se hace es presa fácil de los pájaros y de las enfermedades que surgen como la roya y la broca, eso sin hablar de los embates de la naturaleza que cuando se manifiesta con toda su fuerza deja las matas en el piso”, afirmó Bohórquez Perilla.

 

Este café de muy buena calificación, tiene sabores marcados y deja las mejores sensaciones, una calidad que se compra con tan solo 30.000 pesos, un grano para los colombianos que deben evitar el consumo de basura, de productos malsanos y que no aportan en la economía nacional.

 

Café Sumindoco, homenaje en taza para engalanar los ancestros

 

 

La Secretaria de la Asociación de Caficultores de Somondoco, Cafesom, Mirta Gordillo reveló que Sumindoco es una marca especial la cual rinde tributo a los señores precolombinos del Valle de Tenza, especialmente al zaque de las esmeraldas.

El trabajo es arduo y se nota, la asociación tiene variedades como Típica, Castillo y Caturra, todas con unas características excepcionales que logran su mejor expresión al ser cultivados en alturas de 1.600 metros sobre el nivel del mar, un café suave y de gran sabor que saca lo mejor de un clima medio.

En Somondoco, Cafesom ha implementado las mejores técnicas y procedimientos que van desde la siembra hasta la tostión, pasando por podas, sombrío, compostaje recolección y selección, actualmente se lleva a cabo una capacitación en cata, un trabajo largo que exige constancia.

Somondoco sigue creciendo, mejora día a día y por eso está en condiciones de competir con el café que le pongan, el estudio de taza para el café somondocano osciló entre 8.3 hasta 8.75, la asociación es muy activa en ferias, participa en diversos eventos dando a conocer la marca como ocurrió en Agroexpo en Bogotá, Bioexpo en Bucaramanga al igual que encuentros feriales en Tunja, Garagoa y la participación en la feria de cafés especiales también en la capital del país en donde aplicó con café de origen con la variedad Típica.

 

 

“Una de las preocupaciones de la asociación es que los caficultores reciban un buen pago por el producto que ponen en el mercado para motivarlos a llevar buenos procesos, para ello se están tocando puertas para poder exportar y poner producto del Valle de Tenza en el exterior. Inicialmente se está viendo el mecanismo, los protocolos y la manera de aplicar, es decir hacer uso de las herramientas para poder llevar nuestro café a los puertos del mundo, para eso tenemos registro del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, y nos esmeramos en culminar el proceso en una buena tostadora que a la fecha está en manos de Lucía Londoño en Bogotá, también estamos cambiando la imagen de la bolsa y de la etiqueta para que sea más atractivo e internacional.

 

Mirta es cafetera por adopción, gusto, hobby y amor, un proceso que contó con todo tipo de asesorías para llegar con calidad, su café aparte de tener un verde de montañas, alegra vidas y su trabajo lo detalla como muy pasional.

 

“La asociación de mujeres cafeteras de la región está cerca de fundarse, hoy tenemos cualidades para mostrar, pero asimismo preocupaciones en vista que más de la mitad de los asociados son mujeres y la gran mayoría entran en la línea de adultos mayores, asunto preocupante por el relevo generacional. En la asociación están afiliados 29 productores, pero realmente hay muchos más cerca de sesenta que producen calidad en lotes pequeños, un ejercicio que arranca desde la siembra”, acentuó Mirta Gordillo.

 

Manifestó que está la iniciativa de apostar por cultivos orgánicos, meta nada fácil porque deben hacerse al interior de la asociación seguimiento a treinta familias y a el mismo número de procesos, de todas formas, están las ganas para hacer las cosas bien y ganar terreno en todos los mercados.

 

En Garagoa el café enamora

 

 

Del municipio de Garagoa, “la sultana del Valle de Tenza” llegó a Somondoco Daniel Sacristán, representante de Tierra Mía, Café y Apicultura. Este caficultor y embajador del café garagoense dijo que la población es amable y hecha para la agricultura, la caficultura, la ganadería y el turismo.

Por estar situado en la ribera del río Garagoa en donde se muestra orondo puente cuadras, un viaducto o pasadero colonial con más de 200 años de historia, todo un patrimonio cultural de Boyacá, el café tiene por qué mostrar atributos pues la geografía ayuda y las montañas de este pueblo dan para sembrar grano excelso de gran puntaje en taza.

El café llegó a la familia, cumpliendo un sueño de la señora madre del joven Daniel, quien anheló tener una finca cafetera, propósito hecho realidad en la atractiva Garagoa. Allí empezó a sembrar café que en sus comienzos vendía en pergamino a un intermediario. El tiempo pasó y ya hecho profesional, Zootecnista de la Universidad Nacional, el inquieto hijo fue a la finca en donde trazó con la matrona el plan para darle valor agregado al café y mejorar la rentabilidad, ello implicó perfeccionar procesos, mejorando los métodos para obtener calidad y adelantando labores agroecológicas para interactuar con la naturaleza. En la empresa fue incorporada la apicultura y una serie de complementos que demuestran que sí es posible producir alimentos sanos sin impactar el medio ambiente.

 

 

En su plática, Sacristán resaltó los servicios ecosistémicos que tiene el Valle de Tenza con el café porque se habla mucho de calidad, pero poco de preservar el medio ambiente y en la manera de producir alimentos en equilibrio con la naturaleza. Por esta inquietud y compromiso la finca cuenta con sistemas agroforestales con sombríos de frutales dentro de la cual destaca la chamba o champa, una fruta de máxima exquisitez, cercana a la guayaba de sabores agridulces que entrega cosecha en octubre.

El café que produce Garagoa y especialmente Tierra Mía, es de sabores cítricos suaves. El trabajo avanza, pero hace falta la educación cafetera para que el consumidor nacional sepa qué es un café de calidad, las bondades de la caficultura colombiana, muy lejana de pasillas y productos de pésima calidad.

Cómo los demás productores, ve futuro en las exportaciones y a criterio de Sacristán, las buenas prácticas, la cercanía con el medio ambiente y las características en taza, fácilmente llevan el café de Garagoa y del Valle de Tenza al lugar del globo que quiera lo mejor.

La caficultura, anotó, es un mundo aparte, solo obsequia felicidad, pero se sufre por momentos cuando llegan los problemas climáticos, la escasez en mano de obra, enfermedades y los líos de comercialización. El café, señaló Daniel Sacristán, es un arte porque se trabaja en familia, haciendo el mejor beneficio, apuntándole a calidades y notas en el café de alta diferenciación que alegrará a muchos que saben de los pormenores de la visceral caficultura.

 

Café, ovejas y agro, al que pida más, también se le pica caña

 

 

El Gerente de la Finca Agroturística Somondoco, Norberto Bueno dijo que entre las actividades que maneja su empresa está el cultivo de café que encendió motores hace año y medio, aclaró que la hacienda siempre ha tenido café solo que en este momento está renovando porque quiere árboles remozados y en capacidad de producir un bebestible de condiciones y atributos incomparables.

El trabajo que hace el señor Bueno en su finca con café no es nada fortuito porque la caficultura la lleva en la vena, sus padres sembraron el deseado grano y hoy por hoy viene una nueva generación de cafetos en donde la calidad y los rendimientos serán el común denominador.

Junto al café prospera en el predio el plátano hartón dominico, todo un entorno agrícola y pecuario que fortalece la oferta de agroturismo. La renovación de árboles de café se hace con la resistente variedad Castillo, un café que tendrá marca y encanto porque la idea es que quien haga turismo y visite la finca, totalmente de experiencia, tome buen café y lleve grano para su lugar de origen.

Las ovejas, inicialmente llegaron de Simijaca, Cundinamarca, pero por fortuna hubo acoplamiento y ya hay descendencia, la raza demostró fortalezas dejando claro que hubo una mezcla entre ovinos Hat-Trick con la oveja mora colombiana, los resultados, apuntó Bueno, no pudieron ser mejores.

 

 

Por la enorme demanda de carne de cordero, el sector ovino es prometedor, pero es necesario buscar derroteros diferentes de comercialización porque la ganancia se queda en manos de los intermediarios, haciendo que el productor primario lleve del bulto.

Con los dineros aprobados para el campo en el Plan Nacional de Desarrollo, más de nueve billones de pesos, es el momento de apostarle al campo al máximo, de revivirlo porque la ruralidad productiva, expresó Bueno, está demasiado relegada.

Precisó que la cría de ovejas en Somondoco no fue una locura y confió en muy buenas crías para hacer del municipio un destino ovino, genético y con buena oferta de cárnicos, un aliado inmejorable del café, entre otras cosas, porque la ovinaza o estiércol de oveja, es considerada uno de los mejores fertilizantes orgánicos.

Hay raza, adaptación y cualidades que hacen pensar que los ovinos crecerán en Somondoco, una actividad que junto al café y las hortalizas darán mucho de qué hablar.

La señora Marleny Caro, esposa de Norberto Bueno, tiene cultivos de huerta, remolacha, cebolla cabezona roja y blanca, repollo ojo de buey, dos variedades de lechuga, acelga, espinaca y visión para nuevos cultivos, este plan piloto puede crecer, pero la prioridad es café, ovejas, maracuyá y mora.

La visita a Somondoco es obligada, en ese pueblo la Finca Agroturística espera, hay café diferenciado, especies menores y una variedad agrícola bastante sugestiva, un sitio ameno en donde el café que se ofrece es sembrado en la finca que acoge turistas de todos los sitios de Colombia y el mundo.

 

Guaney, la amable cara cafetera de Macanal

 

 

Otro de los emprendimientos cafeteros para mostrar lo lideran Briceida y Diana Ávila quienes cultivan y cosechan un café en Macanal que a juicio de las expertas es el mejor pues no en vano la marca Guaney ganó en 2023 el concurso en el que se escogió el mejor café de Boyacá.

Guaney es un café tipo Honey por su proceso, dejando claro que hay otros dos métodos, natural con el cual se secan los granos con la cereza antes de ir a trilla y la técnica de lavado en el que se despulpan y se fermentan las nueces para remover el mucílago previo al secado y trilla, técnica llamada igualmente café húmedo. El Honey se ubica en un punto intermedio ya que la cereza es despulpada para ir posteriormente a secado con la capa de mucílago que permanece en el pergamino, razón por la cual es pegajoso muy similar a la miel. Este procedimiento tiene como particularidad que cuando se seca sigue absorbiendo humedad del aire lo que explica su textura y mayor tiempo es su puesta a punto.

Este café, lleva implícito un proceso complejo que exige el mayor cuidado, generalmente se arrancan del árbol las cerezas más maduras en donde el mucílago es rico en azúcar y ácidos, claves en una buena obtención Honey. El tema no termina allí porque la fase de secado, que no debe ser ni muy rápido ni muy lento, es de mayor atención y ojo avizor, debe haber un ritmo apropiado para que los sabores se trasladen del mucílago al grano, evitando una fermentación en los granos, que dañen el proceso por la presencia de moho. Allí es fundamental mover repetidas veces por cada hora el café puesto en las láminas de secado para alcanzar el porcentaje de humedad proyectado, un proceso que demanda entre seis y diez horas, el ejercicio debe continuar luego por espacio de seis y ocho días.

Este café producido a 1.500 metros sobre el nivel del mar tiene una tostión media en la que se utiliza Típica, una variedad exótica y reconocida por ser pionera inclusive en la vetusta caficultura de Etiopía. El grano tiene tanta calidad que, en la Feria de cafés especiales adelantada en Corferias, Bogotá, tuvo un espectacular comportamiento.

 

 

La empresa cafetera de Macanal ubicada en la vereda Los Naranjos siembra café arábico tipo Castilla acompañada de cuatro fincas que se encuentran alrededor y que cumplen con todo lo concerniente a buenas prácticas agrícolas.

El espectacular grano extraído amorosamente de las fincas La Manzana sigue posicionando marca y calidad, llevando una bebida de lujo a los paladares más exigentes y obsequiando sonrisas a los amigos del buen gusto y los mejores cafés diferenciados. Si bien los precios del café siguen en un sube y baja casi que, programado en la bolsa de Nueva York, el valor agregado, expuso Diana Ávila, no solo compensa, sino que genera mayores ingresos porque el precio es mucho más elevado y la calidad obtiene una remuneración adicional, la idea es vender un producto rentable y no seguir en la figura de comprar pan para vender pan.

 

“No cabe duda, es mejor vender un café especial, tostado y molido o como lo prefiera el cliente que seguir en el cuento de los commodities, modelo de doble filo porque cuando la plaza bursátil marchita el precio internacional en la llamada Capital del Mundo, arruina cafeteros y campesinos a los que se les derrumba la ilusión. Nosotros vendemos un café seleccionado y contamos con el aval de negocios verdes lo que quiere decir que nuestra finca está certificada ya que no hay contaminación y el agua es devuelta limpia a su cauce casi que en un 100 por ciento, un plus adicional que mejora el ingreso y produce toda la tranquilidad”, apuntó Diana Ávila.

 

El café Guaney es procesado y tostado con todo rigor, bajo excelentes prácticas de manufactura, la firma tiene claro que al especial grano hay que tratarlo bien para que su sabor aflore y ponga en el paladar las mejores notas y toda la potencia de unos suelos propicios para la caficultura.

 

 

La empresa es muy cuidadosa al recoger y transformar el café, es igualmente meticulosa con su empaque y almacenamiento porque todo desde que se pone la semilla en los suelos es vital a la hora de garantizar calidad, frescura e inocuidad.

Guaney produce cerca de mil libras de café que usa canales directos de distribución, pero también apalanca su comercialización en restaurantes y sitios gourmet, aprovechando el exponencial repunte del turismo. Otro canal de venta está en las redes sociales por medio de las cuales son tomados muchos pedidos, las ferias y muestras de grano son sin duda un escenario providencial puesto que mucha gente reconoce la calidad y lleva el producto.

Según Diana Ávila, hay una idea que el colombiano no tiene y debe atesorar, el comprar y tomar café colombiano así tenga que pagar algo más, dejar de lado unas marcas que ponen en el mercado pasillas de muy mala calidad y con alarmantes precedentes clínicos.

 

“En café el asunto es complejo, el colombiano toma cualquier cosa, pero le aseguro que después que consuman café Guaney no volverán ni tibiamente a buscar producto de baja calidad o pasillas, nuestra marca está reivindicando el buen gusto y el derecho a poner en la mesa café colombiano de verdad, nada cercano a la publicidad engañosa”, dijo la productora.

 

Guaney es una empresa muy familiar, de hecho, hay raigambre cafetero en el núcleo de los Ávila porque el abuelo, don Pedro, trasladó su pasión cafetera a Adolfo padre de la fundadora, allí tras darle vida a la idea de Briceida, todos en la casa colaboran, papá, mamá, hermanos e hijos, pero hay cabida para vecinos de la vereda.

Anotó que pagar 35.000 o 40.000 pesos por una buena libra de café no es precio alto teniendo en cuenta que se vende grano colombiano excelso y una calidad que agrada y no hace daño.

No hay que ahorrar en un buen café Honey pues amarillo, rojo o negro, este grano muestra potencia y tiene como particularidad adicional que cuenta con un admirable balance entre dulce y acidez.

 

Café Museo, paradigma en emprendimientos cafeteros

 

 

Finalmente hablamos Flor Andrea Vaca Salinas, una mujer polifacética y echada para adelante que camina y en su trasegar va concibiendo ideas y nuevas oportunidades de negocio, lo bueno de todo es que piensa en articular sus inquietudes con Somondoco.

Café Museo es un emprendimiento que surge a partir de la necesidad de rescatar y hacer visible la identidad histórica de Somondoco que tiene mucho contexto histórico que en varias ocasiones se desconoce o no se transmite a través de las generaciones para que perdure en el tiempo. Otra finalidad es mostrar la variedad gastronómica del pueblo, mucha de ella usual en la zona rural en donde es liderada por mujeres que adolecen de espacios o vitrinas para poner en oferta los emprendimientos, mayoritariamente empíricos.

 

“Esta iniciativa es la suma de voluntades y esfuerzos, ha contado con el espaldarazo de la familia Quintero, empresarios de la esmeralda que apoyan todos los proyectos útiles y forjadores de tejido social, tal y como ha quedado constatado con los guiños de la señora Ana Elvira y Wilson Quintero, minero, negociante y comprometido con las regiones del altiplano cundiboyacense, tal y como lo hace su señora madre, viuda del recordado “Patriarca de la Esmeralda”, Víctor Quintero.

 

 

 

Otras personas se han sumado al emprendimiento y por eso se han acercado a potenciar esta propuesta los caficultores, los fabricantes de queso, quienes venden el chicharrón de cuajada y emprendimientos como los tostados, panuchas, apicultura y las artesanías. La idea, matizó Flor Andrea, es que Café Museo se convierta en un centro de emprendimientos no solo locales sino a nivel regional, del Valle de Tenza, en donde la cuota inicial la puso el café especial.

Cada vez llegan más cafeteros con sus propuestas que se distinguen por su especialidad, emprendimientos que afloran en minifundios, una condición que no les limita la calidad, eso sí los diferencia del resto de productores que no tienen sino una sola cosecha anual, quizás el ejemplo más cercano es el de la Costa Norte en donde igual la cosecha única se da entre octubre y enero.

 

“La duración y el tiempo que toma la cosecha hace que el grano sea mucho más especial y que cada productor le dé un beneficio y un trato mucho más detallado al café y a la parcela, eso con la ayuda que brinda el microclima, fundamental en la esencia y el sabor que aporta el grano a cada taza que Boyacá puede ofertar en cada uno de los escenarios. En café, Somondoco ha brillado a nivel regional y hace parte de ese resurgir de la caficultura, un tema que une, pero que hace cavilar que Somondoco y el Valle de Tenza hacen parte de ese rincón escondido del departamento en donde no se le ha dado el lugar, el estatus y el reconocimiento que debería tener la provincia por dos identidades esenciales, la histórica y desde luego, la gastronómica”, reclamó la ex concejal.

 

Comparte la inquietud de muchos y es impulsar paralelo al turismo, las exportaciones de café porque hay un tema de identidad cafetera, un activo adicional del Valle de Tenza que debe llegar a nuevos mercados, empezando por el colombiano. La idea es explorar mercados de nicho en donde las oportunidades son muchas, pero para ello, reconoció, hace falta más conocimiento para llegar de mejor manera con un producto emblemático que es de todos menos de los colombianos, una tendencia que empieza a cambiar con los cultivos de la enamoradora provincia.

Pronto iremos a Guayatá, un fortín cafetero en la región, casa de café La Cañada, empresa de la que nos ocuparemos entre montañas porque la marca tiene un café de experiencia única, con acidez equilibrada y un perfil de taza difícil de igualar, grano que madura a la sombra de árboles nativos.

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