Miércoles, 01 Mayo 2019 00:22

Colombia no puede seguir pensando que el desarrollo se logra con pobreza: CGT

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Los trabajadores conmemoran una fecha especial y piden mejores políticas laborales para trazar una hoja de ruta de desarrollo que permita riqueza, inclusión y sostenibilidad.

Dicen los que saben que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, y pareciera que ello pasa con los trabajadores de gran parte del mundo que tras reconocer el primero de mayo como la conmemoración de los Mártires de Chicago, ven que los gobierno aprueban medidas que le van restando poder adquisitivo a su ingreso.

Lo más apremiante es que muchos estados se están quedando sin activos por los procesos de privatización y los nuevos patronos llegan con políticas de recorte y adopción masiva de tecnología que le quita espacio a la clase trabajadora de todo el planeta.

En 1886 los norteamericanos sentaron un precedente pues cansados de largas jornadas de trabajo que implicaban 12 y 16 horas de labores, Ante el inminente abuso, los obreros optaron por un cese de actividades que terminó en una ley expedida por el entonces Presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, que ordenaba a las factorías a establecer turnos laborales de ocho horas diarias.

La medida causó repulsión entre los empresarios y de inmediato rechazaron la medida, dándole paso a una huelga de 80.000 trabajadores de la cual tomó las banderas el líder laboralista, Albert Pearsons. El gran paro inició el primero de mayo de 1886.

El tema no se quedó en una simple protesta de arengas y carteles, el tema fue sumando adeptos al movimiento obrero y fue así como en un tiempo relativamente corto, unas 5.000 huelgas regadas por todo Estados Unidos y en paralela hicieron que 400.000 trabajadores pararan sus actividades. Las peticiones que fueron calificadas de indignantes, irrespetuosas y nada patriotas tuvieron sus consecuencias porque las directivas de la empresa MC. Cormik con operación en Chicago obvió el triunfo obrero y fomentó una reyerta que terminó con la vida de los manifestantes que cayeron víctimas de las balas de la Policía en las mismas puertas de la factoría.

El asunto no paró ahí y dicha reivindicación cobró nuevas víctimas ya que murieron más obreros y para colmo de males el cuatro de mayo del mismo año fue detonada una bomba contra las fuerzas de Policía pasando a la lóbrega historia como el atentado de Haymarket.

Mayo de 1886 dejó un legado en la clase trabajadora y aún son sublimes las palabras de quienes fueron condenados a muerte por exigir derechos y lograr tratos justos para los empleados de las fábricas que operaban en la época.

Lamentablemente el reclamo obrero fue judicializado y el 21 de junio de 1886, mientras el Presidente Rafael Núñez, cavilaba sobre la Constitución Política de Colombia en tiempos republicanos, se dio inicio al juicio que cubrió a 31 trabajadores señalados como generadores del conflicto. Al final del reprochable juicio hubo condena para todos los implicados. A dos obreros les aplicaron cadena perpetua, uno de ellos pasó 15 años con trabajos forzados y cinco fueron a la horca en donde murieron sin que se les comprobara jamás su culpabilidad, no sobra decir que uno de ellos apeló al suicidio. Podría decirse que ésta es la gran mácula de gobierno, justicia y empresarios norteamericanos puesto que no supieron reconocer una victoria en franca lid que acabó con una explotación laboral que rayaba en esclavitud y abuso.

“El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme”, Albert Parsons antes de ir a la horca.

Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional del Trabajo, el Presidente de la Confederación General del Trabajo, CGT, Julio Roberto Gómez Esguerra, habló con Diariolaeconomia.com, y precisó que de cara al aniversario 133 de la histórica jornada de ese primero de mayo de 1886 en Chicago con la emblemática bandera de los tres ocho (8), es decir, ocho horas de trabajo, ocho horas de estudio y ocho horas de descanso habida cuenta de las condiciones brutales en que laboraba la gente en aquel entonces.

El dirigente anotó que es bueno reconocer que fruto de la lucha del movimiento sindical fue posible alcanzar unos pisos mínimos en materia de seguridad social y en el establecimiento de un salario mínimo legal, empero reconoció que aún se está lejos de una mejor calidad de vida para los trabajadores de Colombia y de una inmensa población en los distintos lugares del mundo.

“Estamos listos para movilizarnos pacíficamente este Primero de Mayo en todas las capitales de departamento y en algunas ciudades intermedias, precisamente para recordar a los mártires de Chicago y reafirmar el sólido compromiso con la clase trabajadora y el pueblo colombiano”, declaró el dirigente sindical.

Agregó que en Colombia no puede seguir haciendo carrera la falta de sentido común porque la formulación perversa de quienes creen que es viable amasar fortunas empobreciendo a la gente y haciendo harina a los demás, por tomar una expresión de Mafalda, está mandada a recoger toda vez que en la medida en que la gente tenga un mejor ingreso y una mayor capacidad de compra, en esa misma medida se mueve la economía de un país.

“Es torpe pensar que es con trabajadores empobrecidos como se construye desarrollo pues es todo lo contrario, es con trabajadores con capacidad de compra y con margen de consumo lo que conduce a una nación a la redinamización de las economías en Colombia o en cualquier lugar del mundo”, dijo Gómez Esguerra.

Ante las bombas sociales que van creciendo de manera peligrosa y que le van dando vía a las crisis fiscales por menor movimiento de la economía, es urgente revisar modelos y sumar gente con ingresos dignos y justos que le den oxígeno y opción a las economías. Añadió que lamentablemente la mediocridad de la clase dirigente y de los equipos económicos de Colombia que han tenido como común denominador la poca inteligencia y falta de visión, han llevado al país a una postración alarmante porque creen que el progreso se consigue con pobreza o miseria.

Plan de desarrollo, un tema que espanta

Sobre el controvertido proyecto de Plan Nacional de Desarrollo, el dirigente sindical subrayó que hay varias preocupaciones, pero aclaró que principalmente llama la atención el tema pensional porque el escenario para un debate de semejante calibre no es un PND sino la Comisión Permanente de Concertación en primer lugar.

Expresó que otro tema que genera reserva y alarma es la eliminación de subsidios en materia de servicios públicos para los estratos más empobrecidos y de otro lado dijo que preocupantemente no está contemplada ni una política seria en materia de empleo ni de lucha contra la informalidad de la economía.

“Yo creo que estamos de cara a muchos desafíos que necesariamente tienen que ser abordados ahora y en la agenda permanente del movimiento sindical”, expuso.

Finalmente dijo que urge hacer una apuesta porque en el Congreso tengan en cuenta consideraciones tales como que no es a instancias solamente de modificaciones sino de crear entornos totalmente distintos, de tal manera que en el legislativo y en las tres ramas del poder público, todos están llamados a cumplir sin dejar por fuera a los actores de la guerra que firmaron los acuerdos de paz.

En Colombia se calcula por las contribuciones a la seguridad social, particularmente a los aportes en pensiones, que hay ocho millones de trabajadores de una población económicamente activa de 22.5 millones de personas, es decir que hay espacio para más opciones laborales y para formalizar el empleo, desde luego luchando contra la informalidad de la economía para poder soñar con un mejor país y con una Colombia justa, próspera, amable y con futuro.

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