Sábado, 15 Agosto 2020 03:00

Del Coronavirus, la apertura económica, el modelo y otras pandemias

Por

Los trabajadores colombianos dicen que durante décadas han perdido ingreso y lamentan la devastación del campo, el cierre de empresas y la quiebra social. Sin embargo, la CGT anota que la ilusión no muere.

En estos tiempos de pandemia en donde muchos viven encerrados en sus casas, con delirio de contagio, con pavor por el mínimo estornudo, una situación tan compleja que el solo hecho de sacar la cabeza por la ventana conlleva a imaginarios líos de garganta, en estas épocas para el olvido y drama, los trabajadores, grandes damnificados con la covid-19, analizaron presente y futuro, escenarios que fueron sin duda alguna enturbiados por un lamentable y errático pasado.

Antes de avanzar es necesario decir que, así como hay gente juiciosa y comprometida con la salud, hay otra que camina como zombi, sin temor, sin tapaboca, haciendo caso omiso de las recomendaciones sanitarias y disfrutando de la cerveza fría, de las fiestas hechas por convocatoria, acudiendo a los hoy clandestinos moteles, comprando en días sin IVA, y generando todo tipo de problemas en una sociedad que pide responsabilidad y prevención para enfrentar un virus que ya suma varios difuntos. Esas víctimas hasta hace unos meses, escépticas, hoy están muertas en cantidad considerable, y claro, como ya muchos saben, no pocos estaban de parranda.

En fin, hay gente experta en multiplicar problemas y eso no solo aplica en la indisciplina social sino en muchas personas que con responsabilidades estatales sacrificaron el empleo, la economía y sectores vitales para generar riqueza. En Colombia la mirada fue tan obtusa que enterraron el ferrocarril para darle un mercado a la industria camionera, dejaron el campo a la deriva porque estimaron conveniente importar cerca de 15 millones de toneladas de alimentos para comprárselos a los agricultores foráneos, hubo errores gravísimos en la concepción de una política dirigida que terminó en una cuestionable concentración de riqueza.

A lo anterior hay que sumarles la bendición a las prácticas corruptas, la banca rota de los honestos, el fin de la autosuficiencia, el riesgo de la seguridad alimentaria, el ingreso de productos chinos, vía libre al dumping y todo tipo de prácticas ilegítimas que pasan por la intermediación hasta unas tasas de interés que hacen inviable cualquier economía.

Increíble que mientras Estados Unidos y Europa, en gran parte inspiradores del modelo, tengan intereses del cinco por ciento, en Colombia ese indicador pasa del 30 por ciento efectivo anual con una lectura adicional, son tarifas para gente muy pobre y para empresas demasiado limitadas en presupuesto como acontece con muchas pymes colombianas.

Pero como en todo, hay margen para reconstruir país, hay opción de replantear sectores y aún existe esa oportunidad de construir una Colombia que crea en sus dirigentes, en sus empresarios, en el campo, en sus trabajadores y en sus líderes. Hoy más que nunca, con los efectos de la pandemia, llegó la hora de repensar país, de rehacer economía y de abrir los caminos cerrados al progreso, no para diez personas, sino para toda una nación que merece mucho y a la que se le debe devolver un activo lanzado al cuarto de San Alejo sin pena alguna, la confianza.

 

Julio Roberto Gómez Esguerra

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Presidente de la Confederación General del Trabajo, CGT, Julio Roberto Gómez Esguerra, anotó que al hacer comparaciones, la apertura económica se da la mano con la Covid-19, empero aclaró que hay un relicario de equivocaciones y malas decisiones, bastante influyentes en la calamidad social que hoy registra Colombia.

Cabe anotar que la CGT, central ya en preparativos para su conmemoración de bodas de oro, es consciente que durante cinco décadas mucha agua ha corrido por debajo del puente, 50 años de historia con sabores amargos y dulces, pero en todos esos contextos aferrados a la institucionalidad, al diálogo social, a la concertación y a una inagotable fuente de ideas que apuntaron y apuntan a abastecer los gobiernos para que contaran con herramientas sólidas a la hora de diseñar las políticas de desarrollo e inclusión.

Según Gómez Esguerra, en la larga historia de la CGT quedaron registrados eventos tales como el inicio de los años setenta, el desconocimiento del gobierno del Presidente Misael Pastrana Borrero, que en ese entonces negaba la personería jurídica a la naciente central obrera. En el mandato de Alfonso López Michelsen, siendo ministra de trabajo María Elena Jiménez de Crovo, fue otorgado el reconocimiento con todo el sustento legal para darle vida a la Confederación General del Trabajo.

Igual quedó en el registro histórico el paro cívico nacional de 1977, posteriormente vino el derrumbe de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Fue trascendental para el mundo la elección del sindicalista Lech Walesa en la presidencia de Polonia. En ese periodo la CGT presenció la ocupación de la embajada de República Dominicana en Bogotá, soportó la terrible toma del Palacio de Justicia y su dramático desenlace, igual la naturaleza golpeó fuerte y dejó enorme luto con la tragedia de Armero, después con la avalancha del Río Páez el país volvió a estremecerse. En esos 50 años los eventos no fueron pocos y allí entra toda la arremetida del narcotráfico, la guerra de carteles, el terrorismo que sacudió al país y muchos temas relacionados con violencia, proscripción, amenazas, desplazamiento y destierro. En ese terrible capítulo quedó marcado el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, pero igual de ministros y funcionarios de la justicia que pusieron las organizaciones criminales al descubierto.

En 50 años los trabajadores vieron masacres, asesinatos selectivos y toda una ola de asaltos y amenazas que dejaron sin vida buena parte del país entre ellos críticos, abogados, trabajadores, campesinos, empresarios y periodistas. En los tristemente célebres años ochenta, los de la famosa década muerta, y desde luego en los inicios del nuevo siglo, la guerra fue sin motivo y sin cuartel, porque cayeron personas inocentes como las víctimas del bus bomba del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, en 1989. Fue sistemático el exterminio de la Unión Patriótica, el hurto de tierras y la cadena de secuestros. Sin duda el país ha sufrido mucho por el simple gusto de unos pocos victimarios.

 

 

En el plano económico fue lamentable matricular sin conceptos profesionales de productividad y competitividad a los nacionales en una apertura económica que permitió comprar televisores a color y equipos más baratos, pero que igual le dio una estocada a la economía rural porque con el primer asomo de globalización, muchos salieron del mercado, tanto en el plano rural como en industrias y factorías que llegaron a generar empleo en cantidades importantes.

Con el cambio en la Constitución de 1991 vinieron nuevas herramientas contractuales y Colombia entró por un nuevo derrotero jurídico que llegó con un marco renovado, innovado y de cara al país. No obstante, con el trajinar de los años, empezaron a surgir críticas a la recién estrenada Carta Magna. En ese periodo de inicio de los noventa se hicieron presentes las privatizaciones, la venta de los activos nacionales, las liquidaciones de entidades vitales y unas jugadas que sepultaron modelos importantes de comercialización como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, la misma que recibió entierro de quinta mientras que los personajes señalados por desfalcarla quedaron libres y gozando de las mieles de la impunidad.

 

“Hace treinta años para esta época, estábamos radicando un documento en el que advertíamos de los peligros que entrañaba la apertura económica propiciada por el gobierno de César Gaviria y en general vino una situación apremiante que ayudó a templar el carácter de la CGT, de sus dirigentes y organizaciones en la perspectiva de construir una Colombia mejor, propósito que aún no se ha logrado, pero tenemos claro que hemos contribuido para que la situación no sea peor”, declaró el señor Gómez.

 

A criterio del dirigente sindical, la apertura económica marcó a Colombia en un escenario para el olvido porque la desgravación arancelaria sentenció al país a una tragedia económica y social toda vez que fueron cerradas empresas y comercios, dejando en la calle a cientos de miles de trabajadores, pero igual arrasando con la economía campesina porque no hubo pudor mínimo a la hora de entregar el campo en bandeja de plata. Este, dijo Gómez, fue un error histórico que costó banca rota, despidos y mucha gente en la pobreza absoluta.

Explicó que el proceso de apertura profundizó la imposición de un modelo económico neoliberal a ultranza, afectando seriamente el aparato productivo, principalmente el sector agropecuario.

 

“No hay que olvidar que en los foros internacionales se escucha con incredulidad cuando se afirma que el primer país exportador de café suave del mundo es Colombia, tremenda paradoja al decirse que igual ese importante productor de grano de gama alta importa café en cantidades abismales, un asunto que no tiene ni sentido ni presentación. Igual produce vergüenza que un país con vocación agrícola esté importando más de 14 millones de toneladas de alimentos bajo la excusa que la gran mayoría es maíz que resulta más costoso producirlo en Colombia. Si Estados Unidos y la Unión Europea no hubiesen subsidiado la agroindustria, no serían nada gratas las condiciones de los productores actualmente. Hay ciertos renglones de la producción que requieren del acompañamiento del estado para mantener óptimos los indicadores de seguridad alimentaria”, señaló el Presidente de la CGT.

 

 

Un renglón que importa de manera intensa alimentos, concentrados e insumos es el de cría de animales, obviamente sin dejar de lado insumos agropecuarios como fertilizantes o fungicidas. Dentro de los cuestionamientos que hace la CGT es el por qué Colombia teniendo dos mares no cuenta con marina mercante propia o con una industria pesquera. El reclamo no es fútil porque el país tiene más de dos millones de kilómetros cuadrados de área marina y submarina. Esta realidad, manifestó, no la puede entender absolutamente nadie.

Insistió que, por ubicación geográfica, Colombia debería ser el país más rico de la región, pero expuso que desafortunadamente se ha adolecido de mandatarios que se hayan puesto la camiseta de la producción nacional, reiterando que el Presidente Gaviria en su gestión metió a Colombia en un modelo altamente inconveniente.

Gómez aseveró que pese a lo sucedido y a que se ha desoído todo tipo de sugerencia en pro de mejorar las cosas, la CGT siempre estuvo propicia al diálogo social como el método más adecuado para resolver las contradicciones, pero lamentó que infortunadamente hay gobiernos que oyen, pero no escuchan.

Hoy, como nunca, Colombia tiene una oportunidad para rehacer su economía desde la base agropecuaria y así volver por los fueros de la productividad y la calidad de vida porque la pandemia, de manera forzada, cambió la estructura del comercio, le puso freno a la globalización y llamó a los gobiernos a pensar en hambruna y tragedias futuras. En ese orden de ideas, la salida no es otra que el mercado interno, sin abandonar algunas materias primas.

Para el caso del agro, no será importante el uso de fungicidas porque las naciones serias que compran alimentos, bien sea de siembras o de ganadería, incluyendo especies menores, no ven conveniente una agricultura hecha con productos tóxicos que redundan en cáncer o cualquier otro tipo de enfermedad. Es claro que el hombre tendrá que devolver la película y atender el llamado de los expertos en nutrición porque buena parte de las mercancías que vienen del campo, adquiridas en diversas latitudes, traen trazas químicas y agentes contaminantes que impactan la salud humana.

Así como el petróleo empezó a despedirse, lo propio tendrá que hacer la química agropecuaria, porque hay productos altamente peligrosos que inclusive han costado vidas, puntualmente de agricultores y de quienes manipulan empaques y venenos. A lo anterior debe adicionarse que la agricultura cargada de herbicidas está dejando al planeta sin los polinizadores naturales habida cuenta que abejas y aves están muriendo masivamente por estos indeseables insumos. Para muchos el debate debe abrirse porque ningún producto que mate o haga estragos en la tierra o en los seres vivos puede comercializarse.

 

 

De acuerdo con los analistas, Colombia es un país que puede producir entre 300 y 320 millones de toneladas de alimentos al año, ello porque no es una región de estaciones marcadas. Con esto dijo Gómez, mientras en otras regiones obtienen una cosecha por las temporadas de frío extremo, los colombianos pueden darse el lujo extraer dos, 2,5 y hasta tres cosechas de determinados alimentos.

Con un consumo interno que demanda entre 35 y 40 millones de toneladas, Colombia podría ser una potencia exportadora hacia la región, pero igual solucionando problemas de abastecimiento en otros lugares del mundo. Una agricultura dinámica, diversa y bien organizada, no solo garantiza la seguridad alimentaria a nivel interno, sino que contribuiría con la oferta de muy buena comida para el planeta.

 

“Tenemos todo para poderlo hacer, pero lamentablemente de eso no se habla y por ello en el último ofrecimiento de empleo propusimos el desarrollo del agro colombiano, reactivar el Fondo Nacional de Caminos Vecinales, porque necesitamos construir vías secundarias y terciarias para que los campesinos puedan comunicarse en un tiempo prudencial con los centros de acopio y con las grandes ciudades. ¿Para qué vías 4-G si las redes básicas, las del campo, están casi que destruidas en algunas regiones y totalmente inexistentes en otras? Además de lo anterior propusimos reavivar la Flota Mercante Grancolombiana y la reactivación inmediata de los ferrocarriles del país, muy aparte de la excusa que todo se hace más costoso por la topografía”, añadió el Presidente de la CGT.

 

Según el dirigente sindical, hay que hacer los pretextos de lado pues seguramente los árabes no van a morir de hambre cuando llegue el punto final al petróleo y cuando vean que lo único que tienen son desiertos. Eso no fue así, ellos en Oriente Medio, desarrollaron industrias agrícolas y turísticas conjuntamente con el petróleo y hoy gozan de buena salud económica y financiera.

Por esa razón precisó que Colombia debe apostar por un agro altamente eficiente y prospectivo porque el país no es ni petrolero ni minero, ya que lo mucho que había en el Cerrejón se fue volviendo muy poco para Colombia o para departamentos como la Guajira que no ven las bondades de la riqueza minera pues es totalmente ajena al desarrollo, a la salud y a la dignidad. Dentro de su lectura sobre el país y sus potenciales, el Presidente de la CGT insistió que los colombianos tienen que explotar lo que tengan a su alcance y que sume para el beneficio local, no para las cifras de las empresas que dolarizan y sacan el dinero sin dejar renta en los nacionales.

 

 

El movimiento sindical que para el caso de la CGT cumple 50 años en 2021, le apunta a otros 50 para ver que en buena hora, sí hubo luz al final del túnel, todo ello sobre la base del trabajo, el compromiso, la honestidad entre tantos valores perdidos en esa determinante escala. Puntualizó que al mirar al interior del sindicalismo no puede hablarse de espíritus puros ni nada por el estilo. Estimó transcendental el trabajar por un sindicalismo sostenible, totalmente innovador y abierto al diálogo de manera permanente. Esa actitud, dijo, debe seguir así algunos sigan cerrando la puerta pues si mil, veces la cierran, dos mil veces habrá que golpear.

En buenos términos, afirmó Gómez Esguerra, el movimiento sindical tiene que hacerse sentir y por eso hay total convicción que el propio sector empresarial debe tener suficientemente claro que no logrará por sí solo resolver todas las situaciones que se van presentando. Subrayó que instrumentos como la Comisión permanente de Concertación de Políticas Laborales y Salariales, ha de recrearse y manejar términos como el respeto y el escuchar atenta y mutuamente para poder salir adelante.

Un punto que clarificó la CGT tiene que ver con el total espaldarazo a la inversión extranjera o nacional, inyección de capital y de confianza que se ha defendido de manera categórica porque es sin duda un método para salir del atraso y del subdesarrollo. La inversión es bienvenida, recalcó, las empresas son importantes, lo malo es quererles dar lo que no hay para que pague el pueblo por la vía de los impuestos.

Sobre el tema dilucidó que el país no cuenta con los recursos suficientes para introducir tecnología de punta o para propender por un desarrollo mucho más armónico en el país. Gómez Esguerra comentó que a Colombia pueden llegar todas las multinacionales que quieran, pero aclaró que se hace necesario, sanamente, presionarlas y condicionarlas porque no es transparente ni beneficioso para Colombia que se lleven todas las ganancias una vez termina la operación o explotación que incluye mano de obra y recursos naturales.

 

“Creo que ese capital extranjero lo necesitamos, es perentorio renegociar la deuda, y sobre eso se expresó su Santidad Juan Pablo Segundo con toda claridad porque no puede ser que una deuda inmoral como la de los países de América Latina y varios africanos, nos estén empobreciendo cada vez más. Desde la CGT decimos que el axioma de vivir pagando para morir debiendo, definitivamente hay que liquidarlo”, aseguró.

Reclamó de los países hacer todo lo posible por frenar los compromisos con la banca multilateral e internacional. Los trabajadores, expresó, están opuestos hasta más no poder a que crezca la deuda. Consideró que para atender las necesidades más apremiantes como la renta básica, el apoyo a la pequeña y mediana empresa como también a la gran agrupación empresarial generadora de mano de obra masiva, es necesario recurrir a las reservas internacionales porque ahí el país tenía, al comenzar la pandemia, 53.000 millones de dólares. Hoy hay 56.500 millones de dólares y por eso la CGT ve prudente utilizar como mínimo el 30 por ciento de dichas reservas para paliar los efectos de la coyuntura.

 

 

El negro 2020 entra ya en su recta final y todos desde la Confederación General del Trabajo, hacen fuerza porque en materia de salud el tema quede lo más pronto resuelto porque es muy necesario retomar la vida y aprender de las lecciones por duras que estas sean.

Al hacer un parangón, el Presidente de la CGT, Julio Roberto Gómez, apuntó que no solamente hay que señalar a la Covid-19 como la gran tragedia de la humanidad porque a lo largo de la historia hubo varias pandemias, inclusive desde la economía, ya que habría que contar la apertura económica, el modelo económico que concentra, excluye y margina, la pandemia de la corrupción, tremendamente brutal y muy aparte la concentración de la riqueza puesto que no es posible que actualmente en el globo, el uno por ciento de la población mundial ostente de manera insultante el 80 por ciento del ingreso del planeta, un fenómeno impresentable.

 

Sindicalismo en Colombia, un movimiento con historia

Según el Banco de la República, en Colombia, el primer sindicato aparece en 1847 gracias a la creación de la Sociedad de artesanos de Bogotá, cuyo fin era el de presionar un alza en los impuestos de aduana para que los productos elaborados por ellos pudieran competir en igualdad de condiciones con los traídos de otros países.

Esta lucha, reza el documento del Emisor, terminó mal para la Sociedad, pues sus reclamos se tornaron violentos, lo cual hizo que se desatase una guerra civil que dejaría miles de muertos, artesanos y campesinos en su gran mayoría.

En los anales del Prestamista de Primera Instancia los documentos señalan que luego de este desastre, no surgirían en el país agrupaciones sindicalistas sino hasta después de la Primera Guerra Mundial. Según los historiadores, en ese momento aparecieron las primeras industrias en el país, y con ellas los nuevos sindicatos; ello en un momento en el que en Colombia no existían leyes que los protegieran, ampararan o, por lo menos, los autorizaran, lo que hizo que todas sus manifestaciones, en especial las huelgas, no fueran tomadas en cuenta por el Gobierno; además, la mayoría de los miembros de los sindicatos eran despedidos de sus trabajos o encarcelados.

Por todo lo anterior es que al ejercicio sindicalista en el país entre 1918 y 1930 se le denomino el sindicalismo heroico. Dice la historia plasmada en los documentos del Banco Central que, en el año de 1928, ocurrió uno de los episodios más terribles, significativos y recordados en Colombia: la Masacre de las Bananeras. En la zona bananera del Magdalena, la empresa estadounidense United Fruit Company contaba con más de 25.000 trabajadores, los cuales no estaban conformes con su salario ni con las malas condiciones de trabajo, por lo que decidieron ir a la huelga.

 

El seis de diciembre, la compañía pidió a la fuerza pública que dispersara a todo el campesinado. Más de 2.500 personas fueron retiradas a sangre y fuego, dejando cientos de muertos y heridos, así como innumerables encarcelados.

 

Es durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo, que la lucha sindical comienza a ser respaldada por el Gobierno. En 1935, se fundó la primera central obrera, la Confederación Sindical de Trabajadores, CST, la cual, tres años más tarde, se convirtió en la Confederación de Trabajadores de Colombia, formada por recurso humano liberal y comunista.

 

 

Dentro de los análisis del Banco de la República, el movimiento sindicalista en Colombia ha tenido muchos obstáculos tanto en sus etapas de conformación como en las de consolidación. Algunos de estos han sido el despido de sus miembros por parte de los dueños de las empresas, ello buscando disolver el movimiento sindicalista. También el exceso de legislación y la indebida intervención del Gobierno al interior de los sindicatos.

Otro lío de la clase obrera ha sido la fragmentación del sindicalismo en regiones, lo que ha desestimulado la formación de un movimiento sindical cohesionado a nivel nacional. No menos importante fue la incursión de los políticos en los sindicatos, lo que no ha permitido un libre desarrollo en las asociaciones sindicalistas.

En Inglaterra aparecieron las primeras asociaciones de este tipo, las cuales reunían a sastres y tejedores que tenían como propósito fortalecer su posición frente a las grandes industrias. Londres fue en consecuencia la cuna del sindicalismo toda vez que en esa ciudad europea fue creada la Asociación Internacional de Trabajadores, AIT, en 1864. En ese mismo periodo Francia dio el salto por cuanto la huelga fue reconocida como parte de los derechos fundamentales.

Ante ese escenario constitucional son reconocidos en 1884 los sindicatos obreros en Francia. En Estados Unidos el movimiento obrero aparece de manera incipiente en 1791 cuando en Filadelfia fue impulsada una huelga de carpinteros, ya en 1792 se crea el primer sindicato legalmente constituido. Sin embargo, la primera federación de organizaciones sindicales de Estados Unidos se funda en 1866 cuando vio la luz el Sindicato Nacional de Trabajadores, en inglés, National Labor Unión. Sus fundadores fueron William H. Sylvis y Andrew Cameron.

De todas maneras, la masacre de Haymarket en Chicago marcó un hito en la historia de los sindicatos pues desde el primero de mayo de 1886 empezó a tomar fuerza una marcha y unos respaldos que terminaron el cuatro de mayo con muertos, heridos y presos, eso sí con la reivindicación de las ocho horas diarias.

Finalmente, en la historia que acertadamente acopió el Banco de la República precisa que el sindicalismo es producto de la Revolución industrial y puede ser definido como una asociación o agrupación formada para la defensa de los intereses económicos y laborales de un grupo de trabajadores asalariados.

Visto 2205 veces