Sábado, 20 Marzo 2021 00:15

Con tributaria, Gobierno no puede seguir escarbando en la pobreza: CGT

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Los trabajadores dicen que el país está reventado, sin recursos, carente de ahorro y sin capacidad de pagar la ineficacia estatal. Una tributaria para la clase media conlleva a bajo crecimiento económico. Urge acabar las exenciones.

La clase obrera colombiana expresó su preocupación por una nueva reforma tributaria que al parecer, al mejor estilo neoliberal, castigará las rentas de las empresas generadoras de empleo, el ingreso de los trabajadores, las pensiones y la canasta familiar. Los trabajadores invitaron al Gobierno a pensar muy bien las cosas porque un error en los cambios impositivos, implicaría quiebras, cierres de empresas y comercios, pero lo más alarmante, mayor éxodo de inversión local y extranjera que ya no le cree al país.

Los asalariados dijeron con angustia que hoy el país no está en condiciones de tributar porque el volumen de empresas y firmas de comercio no son las mismas, muchas se fueron a la bancarrota en la pandemia, pues ya traían un lastre antes del intimidante acontecimiento, y la masa laboral, indicaron, también bajó porque demasiadas personas perdieron sus empleos, es decir que hay menos tela de donde cortar y sí por el contrario unas opciones para retomar ingresos fiscales vía punto final de las exenciones y las gabelas a ciertos sectores de la economía que con los años sacaron todo el provecho sin un aporte significativo para el crecimiento y el desarrollo social.

 

Percy Oyola Palomá

El vicepresidente de la Confederación General del Trabajo, CGT, Percy Oyola Palomá, le dijo a Diariolaeconomia.com, que llegó la hora de poner los puntos sobre las íes, toda vez que no pueden ser los sectores más vulnerables los que paguen los platos rotos de los errores en el manejo de la política económica, de un modelo perdedor y de la misma corrupción. Expuso que desafortunadamente, el proyecto de reforma tributaria que se ha venido anunciando a cuentagotas ya que no ha sido planteado abiertamente al país, deja de momento un sabor amargo y mucha preocupación porque lo poco que se sabe es que será más de lo mismo, garrote para un país pobre que será mucho más precarizado por el relicario infructuoso de trasformaciones que no han conjurado el problema fiscal colombiano durante décadas.

Lamentó que las famosas propuestas para renovar el estatuto tributario, sigan siendo iniciativas de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo, Fedesarrollo así como de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, entes abiertamente aperturistas, de bandera neoliberal y totalmente alejados de las afectaciones sociales y de las políticas de concertación, equidad e inclusión.

En materia de impuesto al valor agregado, IVA, las propuestas son muchas, pero llama la atención una que apunta a gravar la totalidad de los productos, acabar los diferenciales, pero bajando la tarifa al diez por ciento, una cifra manejable para los hogares, pero todo condicionado a reactivar sectores empresariales y primarios, evitando la intermediación leonina que cuesta mucho más que un IVA de doble dígito. Esta igual la opción de mantener la tarifa, ampliada a otros bienes y servicios e hizo carrera la posibilidad de acrecentar dicho gravamen.

Sobre la materia, la CGT expuso que bajar el IVA en las condiciones que algunos solicitan podría ser, empero, aclaró que hay una observación sobre el tema cuando el ejecutivo intenta sumar cada vez más contribuyentes, lo cual conlleva a aumentar la tarifa en los niveles de ingresos superiores y no ampliar la base en los ingresos inferiores, luego en ese caso, sobre el entendido que todos en Colombia pagan IVA, ponerle tarifas a los alimentos por ejemplo resulta contraproducente.

“Como lo dicen los voceros del agro, gravar el desayuno implica aumentar la situación de pobreza y de exclusión en la que ha estado inmerso el país durante décadas y con mayor agudeza en el marco de esta pandemia, ello en la medida que hay personas que no pueden adquirir lo suficiente para garantizar las tres comidas diarias, así que generalizar el tema IVA, no deja de aquejar a los más afectados económicamente hablando. Cerca del 60 por ciento de los nacionales, a finales de 2020, mostró una preocupante pauperización y la consecuente exposición al hambre y el sufrimiento por la imposibilidad de cubrir otras necesidades”, anotó el señor Oyola Palomá.

 

Agregó que en materia tributaria, el estado no puede seguir escarbando en la pobreza porque sencillamente a los colombianos se les acabó la plata y colmaron su paciencia en vista que muchas empresas prefirieron cerrar, irse del país o entrar al comercio informal, en el campo muchos labriegos llegaron por desespero a los cultivos ilícitos o a engrosar grupos armados irregulares.

 

Colombia camino a un paro nacional

El vocero puntualizó que si el Gobierno se equivoca con la propuesta tributaria, al haber empresas y sectores caminando por la cornisa, vendrá una hecatombe. En ese sentido dijo que el ejecutivo ante semejante reto, debe cambiar su actitud casi dictatorial a la hora de imponer medidas, posición que acompañan las mayorías en las corporaciones legislativas.

Un colapso, razonó, puede evitarse escuchando la opinión de los trabajadores, de los pensionados, del conjunto de la población y los sectores sociales. Infortunadamente, expuso, el Gobierno no atendió en su momento el pliego presentado por el Comité de Paro de 104 puntos y después dejó de lado otro de seis peticiones que fue el que conformó el pliego nacional de emergencia.

 

“Hoy por hoy estamos adportas de una serie de reformas, en su orden, tributaria, laboral pensional y otras, todo un paquete de alto riesgo del cual el Gobierno no habla con nadie. Lo anterior plantea la necesidad de ir a un paro nacional el próximo 28 de abril, convocado por el Comité Nacional de Paro y el Comando Nacional Unitario, de tal manera que vienen tiempos de protesta, algo que puede evitarse con un diálogo social perentorio sobre esos asuntos”, advirtió Oyola.

 

Deploró que el futuro en Colombia se haya visto truncado por la cascada exorbitante de impuestos, un factor que saturó al país y le generó cansancio y estrés máximo, un fenómeno que evidencia la improvisación que hay en materia tributaria, habida cuenta que hace dos años hubo una reforma impositiva y nuevamente el país se alista para otra porque la pasada fue insuficiente, nada progresiva y caso opuesto regresiva.

 

Adiós exenciones, si te vi, no me acuerdo

Este es un tema delicado si se tiene en cuenta que los beneficios tributarios por ingresos no constitutivos de renta, descuentos, exenciones, deducciones, gabelas y los beneficios en zonas francas han valido en los últimos años 196 billones de pesos, más exactamente entre 2002 y 2019. La estruendosa cifra incluye contratos de estabilidad jurídica y la eliminación del impuesto de giro que hacen las empresas multinacionales cuando canalizan las utilidades a sus casas matrices. Ese estudio que entregó en este medio el analista económico, Aurelio Suárez que hace parte de su nuevo libro.

Suárez manifiesta que en los últimos veinte años, el estado les ha entregado a las empresas internacionales y a unas pocas locales, un cheque equivalente a 20 reformas tributarias de diez billones de pesos, igual más ayudas por beneficios expresados en rebajas y deducciones, verbigracia, el impuesto de industria y comercio, como quien dice a valores actuales y futuros un obsequio de 23 billones de pesos para 2023, toda una insensatez en un país que sigue naufragando en un mar de pobreza causada.

Al respecto Oyola afirmó que sin duda el gran problema está en las exenciones a las rentas de capitales de gentes o razones sociales muy ricos y por los auxilios a unos pocos sectores empresariales. El directivo no descartó que con este nuevo escenario fiscal y con la pandemia encima, los favores que hizo el Gobierno en la pasada reforma tendrá que reversarlos porque sencillamente el palo no está para cucharas, hay necesidades y Tío Rico en Colombia no hay.

Actualmente, comentó Oyola, el sector financiero y las administradoras de pensiones y cesantías, sumando a ello las 5.000 empresas más grandes, estarían aportando más de 5.2 billones de pesos, si el Gobierno recupera esas exenciones.

El país atraviesa por momentos muy difíciles, pero todo el curso para colapsar en materia fiscal se hizo mucho antes de la pandemia, porque Colombia insistió en un modelo económico que fracasó y que acabó con el campo, las empresas y el empleo, todo perfectamente demostrable, nada que se pueda negar u ocultar.

 

Corrupción en boga y el país en la olla

Una observación interesante apunta a averiguar, qué pasó con la plata del petróleo por encima de cien dólares, que sucedió con las privatizaciones y en donde quedó tanto pago tributario en un país sin vías terciarias, muerto de hambre, en harapos y con un retraso en infraestructura que da total vergüenza. Si bien el juicio no le cabe de lleno al mandato de turno, si deja en muy mala posición un manejo económico que no dio ningún resultado favorable, y que por el contrario saca pecho con las importaciones, el lastre y el cáncer de la economía como también de la dignidad, sin negar que puso en franco riesgo el nada ínfimo ítem de seguridad alimentaria.

En su análisis, el tema de la corrupción es muy grave porque implica una suma que supera los 60 billones de pesos, lo cual muestra que hay una clase política, unos empresarios y unos funcionarios que conforman la cadena corrupta sin corazón ni consideración ya que se llevan todo. Si robaran menos, exclamó, el país tendría algo de desarrollo y no habría necesidad de reformas tributarias.

  

“Los doce millones de colombianos que votamos por el estatuto anticorrupción quedamos perplejos porque la iniciativa, precisamente se empantanó por la corrupción que hay en un sector del Congreso de la República, rama que había anunciado una auto-reforma y el control de todos sus gastos, los que según los padres de la Patria serían reducidos o congelados, infortunadamente para Colombia, eso no se pudo hacer”, expresó Percy Oyola.

 

El modelo económico adoptado en 1991, subrayó, fue toda una tragedia porque el país pasó de la pobreza a la miseria, marchitó el ahorro y los índices de pobreza y la desigualdad fueron los únicos indicadores que mostraron repunte. La CGT manifestó que, viendo todos los números y saldos sociales en rojo, no se compadece que Colombia sea miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, organismo en donde sus países afiliados tienen tasas impositivas mucho más altas tanto para el sector empresarial como para el capital, un juego que no fue acatado y que le permitió al estamento colombiano hacer parte del club de países ricos.

Oyola explicó que en América Latina en general, la recaudación por impuestos sobre rentas, por ejemplo, en 2015 fue del 1.3 por ciento mientras en los países de la OCDE reportó un 8.5 por ciento. De otro lado y en términos de renta corporativa, anotó, el gravamen mostró un 3.7 por ciento y el de la OCDE 8.5 por ciento.

El impuesto de renta para las personas naturales fue del 3.7 por ciento en la región, en tanto que para los países OCDE llegó al tres por ciento, datos que igual son de pleno conocimiento en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, lo cual, de alguna manera dice que Colombia tiene un modelo económico neoliberal, pero no como se aplica en muchos países capitalistas que hacen parte de la OCDE.

 

“Seguramente, pensando en Colombia hoy, Alexander Rustow, Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek así como otros pioneros y defensores de la escuela neoliberal, deben estar dando vueltas en sus tumbas, ni que decir de John Maynard Keynes, antagonista y autor de la obra teoría general del empleo, el interés y el dinero, inteligencia pura y sentido común al servicio de la economía, muy seguramente como Argentina, estaría llorando por mí y por todos en este país”, apuntó el dirigente sindical.

 

Muy grave en el nuevo debate tributario, presto a darse en el Congreso, consideró la CGT, el proponer impuestos para pensiones y salarios, los cuales haciendo la conversión a gastos, deja un faltante o un margen mínimo de atesoramiento en algunos ingresos. Señaló que otra perla de Fedesarrollo, apunta a dejar quietos los salarios mínimos y de ahí hacia arriba, progresivamente, empezar a gravar a las personas asalariadas que para un estipendio de 1.5 millones es un asunto dramático que pone en calzas prietas a muchos jubilados y trabajadores colombianos que verán más difícil su situación. La medida, estimó Oyola, daña profundamente, la ya precarizada clase media, aumentando los niveles de pobreza, meta que cumple gradualmente y a cabalidad el estado.

Las recurrentes reformas tributarias son tan dañinas, aseveró Percy Oyola, que está generando un éxodo de empresas e inversiones que ven en el vecindario o en otros sitios mejores tratos impositivos y unas reglas de juego totalmente tranquilizadoras. El lío se agudiza, expuso, porque a la hora de aplicar tarifas y gravámenes, el Gobierno no hace una diferenciación entre las empresas micro, pequeñas o medinas de aquellas de gran capital y el tema resulta muy duro para las pymes que son las verdaderas generadoras de empleo pues terminan fuertemente castigadas y ese punto debería ser revisado por las autoridades económicas para evitar la fuga de las no muy boyantes factorías.

Es tan urgente cambiar el modelo económico, o revisarlo para hacerle ajustes, pues de no llevarse a cabo, la pobreza será tan aguda que no habrá quien demande bienes o servicios, igual muchas personas con obligaciones financieras no las podrán pagar porque están quedando sin ingreso y lo más grave, sin perspectiva.

 

“Sin duda alguna, el empobrecimiento es cada día mayor, la situación que nos llevó a acompañar la presentación de un proyecto de ley sobre renta básica permanente, obedece fundamentalmente a esos 30 millones de colombianos que enfrentan serios problemas para subsistir hoy en día”, concluyó el vicepresidente de la CGT, Percy Oyola.

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