Domingo, 11 Abril 2021 00:14

Covid-19, el temible ingreso a la nueva era epidemiológica: ACSP

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Covid-19, el temible ingreso a la nueva era epidemiológica: ACSP Imagen de Pixabay

El mundo está a las puertas de nuevas infecciones como consecuencia del cambio climático, la resistencia bacteriana, las mutaciones y la irresponsabilidad de los seres humanos. Lo que viene es candela.

La enfermedad ha acompañado al ser humano desde el mismo momento de su existencia, de hecho es uno de los puentes más tenaces hacia la muerte, factor acompañado de la violencia, los conflictos, la longevidad y los precarios hábitos tanto alimentarios como de higiene. Meses atrás hablábamos en este medio de las enfermedades que azotaron a los grandes imperios, verbigracia, la Peste de Justiniano, reportada entre los años 541 y 542 en Roma, el mal dejó la increíble cifra de 30 millones de muertos. Luego vino la Peste Antonina que azotó igualmente el mundo de los cesares en los años 165 y 180, padecimiento con un saldo igualmente alto en vidas humanas, entre 3.5 y 5 millones de decesos. Esta enfermedad, también llamada plaga de Galeno en reconocimiento al respetable médico quien la definió como una combinación letal de viruela y sarampión, fue internada por las tropas romanas que combatían en las duras campañas de las famosas guerras párticas en Mesopotamia.

Los males patológicos fueron creciendo, a tal punto que la población empezó a ceder, coyuntura que inspiró el arte y básicamente la pintura, pues la muerte, de manera irónica, le dio vida al ángel de la muerte, el mismo que representó magistralmente el italiano Morelli Doménico en 1901. 

Igual se suman la peste bubónica que hizo estragos entre 1346 y 1353 arrancándoles la vida a más de 56 millones de personas. La gripe española, contribución estadounidense aparecida en 1918 y declarada desaparecida en 1920, dejó en su corto paso 50 millones de muertos. El Sida que puso en calzas prietas a la comunidad médica en 1981 lleva a la fecha más de 31 millones víctimas fatales y junto con otras plagas y epidemias, el ser humano ha estado arrinconado, solo encontrando afable tregua con políticas de higiene y unos estados extremadamente responsables con la salud.

Hoy el mundo sigue en el ojo del huracán y por ello los críticos de la globalización persisten en señalar las importaciones como el vector número uno para llevar enfermedad a las comunidades, de un lado por el origen de los productos y de otro por la dudosa procedencia en donde la trazabilidad no es conocida. Ni que decir de los cielos abiertos, que como quedó demostrado, llevó peste aviar y Covid-19 en primera clase.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, la Presidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública, ACSP, Dionne Alexandra Cruz Arenas, indicó que la pandemia de Covid-19 es una pequeña muestra de todo lo que está por venir, ello teniendo en cuenta el daño ambiental, el libre comercio, la destrucción de selvas y boques y muchos defectos en el planeta que siguen poniendo la alfombra roja a muchas otras enfermedades desconocidas y lo peor, algunas que se habían ido y que en este instante están de regreso. En ese contexto, la vida humana está en un mar de incertidumbre porque todo apunta a que al ser humano como especie, le encanta flagelarse y depredar por gusto.

No hay duda, puede venir un relicario o una retahíla de enfermedades de cuadro infeccioso que pondrá al mundo contra la pared. El Covid-19 afirmó, es un campanazo de lo que está por hacer presencia, con el preocupante escenario que muy pocos hacen algo por frenar el infausto arribo. Es el momento de ampliar investigaciones, de avanzar desde la experiencia de cada país, sacando el máximo de provecho a la ciencia médica para enfrentar con armas actuales, la guerra viral del futuro.

Dijo que en medio de la crisis y del contexto difícil, hay que valorar que muchos están vivos y ello invita al optimismo porque mientras haya vida, dogmatizó, habrá esperanza. Manifestó que Colombia es un país que vale la pena, que invita a trabajar y a luchar por intereses colectivos para dejar las decepciones, el pan diario de los nacidos en la esquina más grata de América Latina.

El estado actual de la atmósfera conlleva al cuidado extremo y tener activo el ojo avizor porque en materia de enfermedades infectocontagiosas llegarán muchas, pero otras volverán como claramente acontece con peste negra y otras.

La guardia está abajo, el mundo se focalizó en Covid-19 y por ello es notorio ver que la vacunación bajó ostensiblemente. En Colombia los esquemas de inmunización para niños y niñas cayeron por arriba del 50 por ciento en 2020, una cifra alarmante que refleja lo que pasa en el planeta frente a otras enfermedades y que puede llevar a una sindemia que es la convergencia de dos o más enfermedades que afectan a la humanidad. A lo anterior hay que sumarle los deterioros en salud mental que golpea niños y jóvenes en mayor escala por el tema encierro.

 

Las otras amenazas

En opinión de la dirigente, hay amenazas muy apremiantes en el país y tienen que ver exactamente con el glifosato, el fracking, la deforestación y el empobrecimiento de la nación, pues asusta ver que más del 50 por ciento de los colombianos cayeron en la pobreza. Es triste, pero Colombia es un país con hambre, al extremo que, en el último año, dos millones de nacionales están dejando sus tres comidas diarias, un hecho totalmente aberrante en una nación rica, productora de alimentos y diversa en pisos térmicos que le permite comer lo que quiera cuando quiera, en momentos en que la alimentación se afianza como un arma vital para enfrentar enfermedades.

Dionne Alexandra Cruz Arenas

Dionne Alexandra Cruz Arenas

El actual problema, explicó Dionne Alexandra Cruz Arenas, es de vieja data, pues se trata de un asunto fundado en la zoonosis o en la transmisión de las enfermedades de animales a seres humanos y que hoy explican más del 70 por ciento de las patologías infecciosas. El mundo, aclaró, ya había experimentado dificultades con el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, MERS, y con el SARS CoV-1.

Añadió que el SARS CoV-1 ya había estado entre la humanidad con situaciones bastante similares todas ellas, el VIH, el Ébola y otras tantas pandemias, tienen que ver con transmisión zoonótica, es decir con la invasión de los seres humanos a los ecosistemas naturales, la irrupción y el irrespeto a la fauna y la flora silvestre. El problema va a parar, consideró la politóloga, cuando el hombre reverencie la naturaleza y entienda que son intocables sus ciclos biológicos, algo muy de los pueblos indígenas. En Colombia 115 comunidades aborígenes que sobreviven después de la conquista y la colonia han sido determinantes para preservar el bosque. Los territorios indígenas y la propiedad colectiva, resulta definitivo en la buena salud del boscaje, las selvas y los verdes espacios sagrados.

La consigna, expresó, debe ser el cuidado de los ecosistemas, la protección del agua que es un bien santificado que avala la vida de las especies, incluido el ser humano. Lamentablemente a estas alturas del siglo XXI, 3.7 millones de colombianos no acceden al agua potable, solamente el 26 por ciento de los colegios públicos cercanos a retomar las aulas de clase no cuentan con baterías sanitarias, una cifra para los dos escenarios que sube al 50 por ciento cuando se habla de ruralidad. El punto no es finalmente la cifra sino el nivel de exposición a enfermedades contagiosas.

 

“Colombia debe cuidar sus fuentes de agua, pero igual sus bosques porque no nos podemos dar el lujo de derrumbar 200 mil hectáreas cada año. Hay que parar la tala, debemos oponernos a la deforestación porque nos vamos a quedar sin país, sin opciones y sin vida. Nuestra magia salvaje está marchitándose, los niños no van a ver el verde de nuestros territorios si permitimos que una minoría arrase con los árboles y con el hábitat de muchas etnias. Hoy miente quien diga que los predios en poder de indígenas hace parte de una estructura terrateniente, no, del total de esos suelos, solamente puede cultivarse en un tres por ciento”, aseveró.

 

En su charla dijo que el país y el mundo deben decirle NO al glifosato, el negocio de unos laboratorios que contribuyeron con el degeneramiento de la agricultura. Este tipo de aspersión, certificó la dirigente, es una estrategia de 40 años en donde resultaron afectados ríos, animales y comunidades, eso sin hablar de los cultivos de pan coger. El glifosato, alertó, es un problema de salud pública porque es una sustancia carcinógena.

Por lo anterior, el mundo en cabeza de las Naciones Unidas y un movimiento internacional en donde está la exigencia de Alemania, debe volver a la agricultura orgánica y para ello hay un límite que es el año 2022, tiempo en el que no pueden llegar a los mercados de consumo humano, productos fumigados con glifosato, ello porque es potencialmente cancerígeno como lo atestiguó la Agencia Internacional del Cáncer, rama de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Otro caso a revisar, puntualizó, es el fracking al que tildó de monstruo de mil cabezas que al fracturar la roca, impacta las reservas de agua. Esa técnica para muchos en el mundo, dijo, es un peligro porque altera las capas tectónicas y tiene un efecto de contaminación sobre las aguas subterráneas y superficiales fatal. Advirtió que las piscinas generadas alrededor de los yacimientos en donde se hace la explotación con fracking, son albercas repletas de gases de efecto invernadero que promueven el calentamiento global, todo un incumplimiento al acuerdo de París, más si se trae a colación, que las comunidades en donde se están haciendo los pilotos no tienen acceso al agua bebible, todo un despropósito.

 

“El debate es intrínseco y no pasa por el color de los partidos o la forma de pensar de estos, no, se trata de un compromiso con el país que tenemos, conocer más nuestra historia para no repetir infaustos capítulos o caer en círculos viciosos, tenemos que entender que la salud pública es prioritaria porque sencillamente tiene que ver con todo. Llevando una vida en armonía con la naturaleza y retomando el campo evitaremos colapsos y grandes sufrimientos, es todo un principio de precaución, de abstenernos a todo aquello que termine haciendo daño”, dijo Cruz Arenas.

 

El Covid-19, primera causa de muerte en Colombia

Si bien, hay un listado de plagas y enfermedades que mataron gente, el Coronavirus de hoy sigue en franco crecimiento, sencillamente porque las cosas no se hicieron bien, faltó responsabilidad y más audacia a la hora de tomar medidas. El ser humano no entendió la gravedad del asunto y siguió en las calles. Mientras algunos países como Italia que mostraban una ocupación UCI del 30 por ciento y declararon la emergencia, en naciones como Colombia los indicadores altos enviaron a las personas a vacacionar en Semana Santa. ¡Oh calvario!.

En opinión de Dionne Alexandra Cruz Arenas, la situación alarma porque el mundo experimenta un tercer pico que inició el pasado 26 de marzo, lo cual invita a la protección de las familias sobre la base del cuidado y el cumplimiento de todos los protocolos de higiene como lavado de manos, uso de tapabocas y distanciamiento social. El problema tiende a agudizarse si la responsabilidad no aplica, puesto que hay nuevas variantes y ello se complica si se tiene en cuenta que el proceso de vacunación va muy lento.

 

La pandemia en el caso colombiano ha sido totalmente letal, lleva encima muchísimas víctimas y para colmo de males, tenemos un elevado número de contagios, no en vano supera los 2.5 millones. Al lado de eso hay un gravísimo sub-registro porque Colombia hace muy pocas pruebas. En los rankings internacionales, el país se ubica en lugar 95 o 96 por millón de habitantes”, expuso la dirigente.

 

Anotó que Colombia tiene capacidad para adelantar 73.000 pruebas gracias a la red de laboratorios que con gran esfuerzo se han puesto en marcha con el liderazgo del Instituto Nacional de Salud, INS, y con el apoyo irrestricto de universidades. Hoy tan solo son aplicadas 42.000 pruebas, luego es importante decirle al público que cuando miren los reportes de casos, también es bueno analizar el número de pruebas realizadas en vista que es muy probable que toda esa información esté sub-registrada.

Destacó el anuncio reciente de Reino Unido en el sentido que para todos los ciudadanos serán aplicadas al menos dos pruebas semanales, ello para evidenciar que cuando se hacen comparaciones con otros países en el mundo, el resultado para Colombia es de total retraso porque los casos siguen aumentando. En el frente de fallecidos la situación es también dramática porque oficialmente Colombia supera la cifra de 65.608 personas fallecidas por Covid-19, sin embargo, según los reportes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, en donde confirma las famosas muertes sospechosas que son identificadas luego de hacer un análisis de los certificados de defunción, método que permite descartar que se trate de otro tipo de patología, se ha encontrado que para el caso del año anterior, fueron confirmados 14.000 decesos por Covid-19, muertes que no se han sumado al recorte oficial del INS y al reporte enviado por el Ministerio de Salud. Lo anterior dice que el país superó hace rato las 70.000 muertes por el Coronavirus que pueden llevar la cifra a más de 75.000 fallecidos.

Comparativamente, Colombia es el país número once, solamente superado en América Latina por Brasil pues ya México que tuvo un registro muy complejo, está por debajo de los reportes colombianos. En fallecidos, Colombia sigue en el lugar once pero con una mortalidad inferior a Brasil y México. Todo deja ver que contrario a lo que dicen los medios de comunicación, el Covid-19 es muy grave al punto que hoy es la primera causa de mortalidad en Colombia, desbancando a enfermedades cardiovasculares, infartos y accidente cerebrovascular, males que tradicionalmente han matado a los colombianos como resultado de malos hábitos, modos y estilos de vida que tienen explicación en el marco de una sociedad profundamente inequitativa, desigual y apartados a la prevención y el cuidado de la salud.

Hay un problema asociado a esta patología y tiene que ver con una modalidad de Covid-19 largo que redunda en problemas cardiovasculares, nefrológicos y una serie de cuadros depresivos así como de cansancio. La magister en administración de empresas informó que muchas personas sanas que tuvieron la enfermedad, salieron hipertensas y con una cantidad de patologías que se conoce como carga de la enfermedad que indudablemente presionará el sistema de salud, pero más que ello, restará en la vida productiva y el derecho a la vida plena de los colombianos. Será muy grave porque esos sujetos tendrán dificultades para trabajar, vivir, amar, estudiar y disfrutar de la vida, sencillamente verán palos en la rueda en su calidad de vida.

La vocera indicó que a propósito de este tema, las instituciones de salud están dando cuenta de los informes de carga de la enfermedad como consecuencia del Covid-19, cosa que en Colombia de momento no se conoce. Lo único que sí se sabe, acotó la presidente, es que las personas están teniendo dificultades de largo plazo. A lo anterior, dijo, hay que sumar el caos socioeconómico que no deriva de la pandemia sino de la falta de unas políticas de apoyo a sectores vulnerables, sin que ello quede supeditado al ingreso solidario que representa una ayuda económica insuficiente y a unas poblaciones que no representan el total del problema.

 

“Los ciudadanos contaron que muchos quienes necesitaron el amparo monetario, no lo recibieron, teniendo el lío encima y todas las características para hacerse con el beneficio, auxilio corto por ser tan solo de 160.000 pesos para un hogar a efectos de pagar servicios públicos, arriendos y una alimentación óptima que con toda seguridad no tuvo esa particularidad. Lo anterior sumado a que el estado no llegó con los socorros a las mipymes por la cantidad de barreras y exigencias, sin respaldo a los comercios y a una economía que representa casi el 80 por ciento del PIB y de la fuerza laboral, dejó al país mucho más afectado y al borde de evaporarse, aclarando que muchos desaparecieron. Lo anterior generó una situación de hambre, de miseria y de pobreza como también de pérdida de empleos e informalidad aguda, situación que afectó duramente a las mujeres y que disparó las cifras de los jóvenes NINIS, es decir aquellos que ni estudian ni trabajan, estadísticas críticas que aumentaron durante la pandemia. El caso femenino es demasiado tenaz porque el desempleo en la mujer duplica al masculino, aclarando que fueron ellas quienes recibieron sobre sus hombres toda la responsabilidad, el cuidado de los hogares, es decir hijos, adultos mayores y personas con discapacidad. Mientras las mujeres cuidaban el hogar, los hombres atendían la parte laboral, pero el sacrificio más grande lo hicieron las valientes féminas”, precisó la presidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública.

 

La mujer, siguiendo con el género, perdió su trabajo, entró en una difícil situación de dependencia económica frente a sus parejas, algunas de ellas tuvieron que enfrentar situaciones violentas y machistas que reflejaron cifras altas en agresiones, abuso sexual y feminicidios, toda una tragedia humanitaria de enormes proporciones que retrasa y en muchos años los avances que en la última década se pudieron medianamente conseguir.

Una preocupación manifiesta es que las normas y decretos para atender el tercer pico de la pandemia llega tarde porque justo se dan cuando la ocupación está por encima del 70 por ciento, un común denominador de toda la calamidad, tan solo una manera a posteriori de pasar el momento, algo parecido a apagar el incendio, dejando de lado los paradigmas de prevención.

En Italia cuando las camas están por el orden del 30 por ciento, inmediatamente se decreta la alerta roja, llevando a adoptar medidas en consecuencia, pero en estos países se lleva todo a la desventura pública para explorar soluciones.

Las personas actualmente, escribió, está por fuera de los protocolos de prevención, la gente no sabe cuáles son los síntomas y menos conoce el procedimiento para cuidarse en casa lo cual incluye una dieta adecuada. La contingencia no está en utilizar el dióxido de cloro, ivermectina y otras sustancias locas que resulta el más grande peligro. Un buen consumo de frutas, verduras, de alimentos sanos lo cual incluye granos, legumbres y cuando se pueda carne, pollo o pescado, resulta esencial en superar los contagios o simplemente en evitarlos porque llegan al sistema inmune.

Las aromáticas pueden ser de jengibre con limón, o si se trata de una persona hipertensa, cambiar el jengibre por manzanilla. Igual resulta eficaz la canela y las especies como el curri, no menos recomendable es preparar ensaladas con cebolla roja y vinagre. Igual la remolacha y las frutas con alto contenido de vitamina C. Sin duda, afirmó, el mejor sitio para evitar problemas y potenciar el cuerpo es la casa.

Las Unidades de Cuidados Intensivos, UCI, reportan alta ocupación en Santa Marta, Barranquilla, Medellín, Cali, Manizales, Riohacha y en Bogotá, que está en ascenso con tendencia a complicarse mucho por las vacaciones de Semana Santa, en vista que para este periodo de la sola capital salieron 1.5 millones de vehículos hacia los destinos de Cundinamarca, todo un drama considerando el no uso de tapabocas, rompimiento del distanciamiento social y el quebranto de todas las recomendaciones, empezando por el consumo de licor.

 

A las personas que salieron en Semana Santa las invitamos a que de manera responsable permanezcan en sus casas por espacio de siete o catorce días. Los colombianos no debieron salir, ese fue un grave error, pero ya con el consejo desoído, lo mejor es cuidarse, guardarse y aplicarse a la mayor brevedad la prueba PCR si hay síntomas. En caso de sospecha lo más prudente y honesto es abstenerse de hacer visitas, de acercarse a personas mayores o con morbilidad, tampoco es prudente ir al trabajo porque así se afecta a la sociedad”, advirtió.

 

Hoy los estratos más afectados son los llamados populares, incluida la clase media, pero básicamente las capas sociales uno, dos y tres son las más comprometidas con esta enfermedad.

 

Modelo económico, la otra pandemia

Un asunto trágico es el modelo económico neoliberal que no le permite a la sociedad colombiana avanzar hacia los presupuestos del estado social y democrático de derecho plasmado en la Constitución. Caso opuesto los colombianos ven atomizados sus puestos de trabajo con unas importaciones de alto riesgo que nadie sabe quién las produce y cómo. El libre comercio, recalcó la egregia politóloga, se afianzó como el vehículo más dinámico y eficaz para llevar y traer enfermedades.

Es por eso que en medio de la pandemia el país se dio cuenta de la importancia de apostarle a la industria nacional, de reactivar el agro colombiano y de invertir en educación, innovación, ciencia y tecnología. Anteriormente, era visible la alta dependencia de los mercados internacionales para el abastecimiento de alimentos esenciales que ponen en cuestión el concepto de soberanía sanitaria que puede tener Colombia frente al resto del mundo.

Un lío para mirar y aprender es que muchos de los insumos con los que se protege a los trabajadores y profesionales de la salud, pero igual con los que se blindan muchas personas del riesgo de contagio, venían mayoritariamente de China, desestimando la pujante industria textil y de confecciones que históricamente ha tenido Colombia.

Otro aspecto que genera debate actualmente es el de los tapabocas de tela que a criterio de la asociación, si están bien hechos y sellados, protegen y pueden ser mucho más seguros que otros en el mercado. Es tan delicado el asunto que fueron encontrados artículos de contrabando que no cumplían con los estándares de calidad, a tal punto que gracias a unos videos se comprobó la manipulación errónea y peligrosa de elementos que son de riesgo por parte de personas sin guantes y alejadas de cualquier lánguido protocolo, un problema muy serio frente a todos los requerimientos, incluidos medicamentos y vacunas.

 

En vacunación, Colombia añora su pasado

Colombia, apuntó Cruz Arenas, hasta los años noventa tuvo un Instituto Nacional de Salud que tenía la capacidad de producir vacunas. El país fue líder en latinoamérica a tal nivel que exportó inmunizaciones a los países del vecindario, pero con la trágica llegada del modelo neoliberal que plantea la reducción del estado a su mínima expresión, poniendo todo en manos del sector privado y de los mercados para ver cómo se regulan entre ellos, siendo el estado un invitado de piedra.

Todo esto terminó mal, como era apenas previsible ya que hubo críticas al sistema de salud y a su potencial. De manera miope los líderes del momento pensaron que el tema no era importante y terminaron por quitarle los recursos al INS y con su terrible y equivocada tozudez lograron desmotivar un trabajo investigativo y científico encomiable que se desarrollaba con el mayor rigor bajo el liderazgo del Instituto.

 

“En este momento estamos padeciendo los resultados de eso, dependemos de un mercado internacional, de una rapiña y de una batalla global, geopolítica por el asunto de las vacunas. A los colombianos nos toca aprender de lo que nos pasa y por eso debemos apostarle y creerle a la industria nacional, las políticas del país tienen que orientarse a promover el empresariado colombiano, a protegerlo como han hecho todos los países del mundo. El consenso de Washington dijo, abran todos sus mercados y promuevan la globalización en el comercio, pero sus promotores, Estados Unidos e Inglaterra como también los países europeos se cerraron inmediatamente, protegieron sus fábricas y sectores, subvencionaron al campesinado, entonces los que perdimos fuimos los que nos comimos ese cuento, pues abrimos las puertas y dejamos expuestos a los que hacen industria y dan empleo, igual a los que siembran y garantizan abastecimiento que hoy de agradecimiento les importan cerca de 15 millones de toneladas de alimentos, algo increíble y sin sentido”, señaló Dionne Alexandra Cruz Arenas.

 

Hoy, recalcó la presidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública, quienes iniciaron el libre comercio, entregaron en bandeja de plata a los sectores productivos del país, los que movilizan todo el crecimiento y el desarrollo de Colombia. En este momento, insistió, los que hacen patria con agro e industria están totalmente huérfanos. Por eso vino una destrucción de empleos y una hecatombe socioeconómica de la cual Colombia no se ha podido parar, una destrucción agudizada por la pandemia, pero avivada por el modelo económico, como quien dice que el embrollo no es nuevo pues encendió motores en 1991 con la apertura económica y con ella se dio el desmoronamiento del país empresarial y agrario.

A criterio de Cruz Arenas, el campo debe ser una prioridad, pues no es posible contar con 40 millones de hectáreas con potencial de desarrollo agropecuario, de las cuales, solo se utilizan entre siete y ocho millones cuando al país le va bien. Tildó de adefesio la importación masiva de alimentos que el país por su condición de trópico está en la capacidad de producir, ello sin dejar de reconocer el capital humano y la laboriosidad campesina.

Infortunadamente, expuso, el campo sigue en tiempos precolombinos, adolece de vías terciarias, de bienes públicos, asistencia técnica agropecuaria y se le marginó del crédito, no hay un sistema consecuente de préstamos condonables, tal y como ocurre en Estados Unidos y Europa, esquema que los ha llevado al éxito, apoyando un campesinado y un productor primario sobre la base de la agricultura familiar y comunitaria, modelo en el que entró Brasil mostrando resultados fantásticos.

 

“Colombia pensó que hacía mucho abandonando a los campesinos, hoy en una situación de conflicto y disputa territorial en donde participan múltiples grupos al margen de la ley, sobre todo mafias internacionales que son las que dominan los negocios de narcotráfico, contrabando, tráfico de fauna y flora silvestre, los que talan bosques para vender nuestros árboles para convertirlos en muebles en otros países y claro está los carteles que trafican con personas y con la tranquilidad de quienes abnegadamente trabajan promoviendo riqueza y paz. Ante semejantes problemas la nación tiene que abrir sus ojos y definir cuáles son los principales inconvenientes, de corto mediano y largo plazo, pero no seguir en esa disyuntiva de hacer todo al margen de la Constitución Política, dejando al garete la ley, los deberes, derechos y libertades esbozados en la Carta Política”, recalcó.

 

El tema pasa por la desinformación y es por eso que los colombianos están en el derecho y en la obligación de leer y documentarse sobre la ley de leyes, no puede ser que siga el resquebrajamiento progresivo de los postulados constitucionales que son muy importantes por cuanto pone en su asiento la dignidad humana, porque se preocupa por los más vulnerables, por la gestión ambiental y por todo lo que hace que el país camine sobre probidad. Hay mucho por estrenar en el tema constitucional porque lamentablemente el país no marcha por esa senda.

 

Reforma tributaria, tan grave como la peste

Imagen PixabayAl enorme problema de salud y de economías endebles se suma el proyecto de reforma tributaria que como pasó meses y años atrás, pretende echar mano de alimentos y productos básicos de la canasta familiar. Igual, el proyecto también castigará pensiones y unos ingresos con renta, iniciativa que resulta irrisoria porque son unos pocos millones de pesos en salarios y jubilaciones a favor de un reducido público, los que pagarán una suma elevada, evitando el gasto de los hogares e invitando a la informalidad y a la desbancarización, con mejores resultados, seguramente, en las economías familiares que fueron prósperas a la antigua usanza, haciendo negocios de palabra, ahorrando debajo del colchón, en donde no cobraban transacciones o 4 por 1.000.

Un proyecto de semejante tamaño tendrá un efecto adverso en los colombianos, puede vaticinarse sin títulos o acreditando experiencia en tributos que asoma una desaceleración económica y unos tiempos de dificultad, todo reflejado en el gasto de los hogares. El problema podría evitarse de manera elemental, tan solo eliminando exenciones y acabando con un regalo de muchos billones, una generosidad absurda en tiempos complejos.

Para la Presidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública, Dionne Alexandra Cruz Arenas, una devolución más alta de IVA, no compensa del deterioro en la calidad de vida y el marchitamiento de la clase media que posiblemente no esté cubierta con el mal llamado beneficio.

 

“Estamos asistiendo al adelgazamiento y casi que extinción de la clase media que seguirá mucho más pobre y llevando sobre sus hombros toda la responsabilidad fiscal, cuando Colombia tiene de sobra, sectores que pueden aportar y ser responsables socialmente, de acuerdo al mandato Constitucional que habla de un sistema impositivo eficiente, equitativo y progresivo. La empresa tiene una responsabilidad social porque no se trata únicamente de acumular, sino de dar de las ganancias algo a una sociedad echada a perder por un modelo injusto y poco inteligente, creado para gobernar miserables y administrar a futuro más ruina. Esto es un peligro, pues una sociedad con hambre es un polvorín y un estado que cambia las reglas de juego, igual saca empresas e inversión como ha estado sucediendo en los últimos años”, advirtió Cruz Arenas.

 

En Colombia, expresó, hay que acabar con las exenciones para construir una sociedad más justa porque de mantenerla en condiciones lamentables implicaría seguir con un país de la edad media, con sistemas económicos vergonzosos y completamente impresentables. Un tema a revisar es el de la evasión, el contrabando técnico y otras prácticas espurias que cuestan muchos billones de pesos, en el primer ítem, posiblemente, una cifra que pasa de lejos los 100 billones de pesos.

El país también se cansó, declaró la versada en salud pública, de elusión y corrupción, un cheque a los desfalcadores del estado que cuesta 50 billones de pesos anuales, un despropósito, puesto que se habla de un billón por semana que va derecho a las cuentas oscuras de los deshonestos en medio de hambre y grandes necesidades.

Al cerrar el tema del Covid-19, la experta anotó que hubo mucha culpa en el Gobierno que fue permisivo con aerolíneas y con el ingreso de personas que venían contagiadas, incluida la población migrante, un factor que agudizó el problema, ello con la eliminación de la prueba PCR a viajeros internacionales. Sostuvo que posiblemente en Colombia estén circulando todas las variantes de la enfermedad, una sospecha que obliga a hacer todos los estudios genómicos para saber más sobre la realidad de la pandemia en el territorio y determinar con precisión en dónde está la brasilera, la sudafricana, las que vienen potenciadas de Reino Unido, California y otras, porque el virus sigue mutando y será más contagioso y letal.

El cuidado es la clave porque las vacunas no son del todo la panacea porque quienes reciben la primera dosis no tienen una respuesta inmunitaria, es decir que no están libres de riesgo porque el cuerpo apenas está aprendiendo a responder los embates del virus. Con la segunda dosis y después de dos semanas en promedio, empieza la respuesta inmunitaria. Este es un asunto delicado que amerita todo tipo de advertencia porque con una vacunación a medias y sin el tiempo debido hay riesgo de contagio y de muerte, es muy llamativo el caso de las personas con primera dosis que fallecieron porque pensaron que todo estaba superado.

La vacuna, insistió, no es una cura, tan solo reduce la posibilidad de ir a UCI, hace más llevable la enfermedad, evita que sea más severa. La idea es vacunarse bajo el compromiso de cuidarle la vida a la de al lado, a ese que no ha sido vacunado. Hasta el día de hoy las vacunas no superan las 400.000 personas con la segunda dosis, un tacaño 1.14 por ciento del total de la población colombiana cercana a los 50 millones de habitantes y lejana de la meta de los 35.2 millones de vacunados que equivalen al 70 por ciento para lograr la inmunidad de rebaño.

Hoy seguimos enclaustrados y amenazados por el Covid-19, pero lo cierto es que esta enfermedad es tan solo una pequeña muestra de lo que está por venir, habida cuenta de los altos niveles de contaminación, de la tala de bosques, de la depredación del medio ambiente y de los sectores extractivos que adolecen de consciencia ya que tienen una guerra cazada con los acuíferos y fuentes hídricas. La nueva agricultura, esa que mata abejas y colibríes, que envenena especies y fomenta enfermedades cancerígenas, son la nueva fuente patológica que paulatinamente le está poniendo lápida a la vida humana.

Lo anterior nos lleva a concluir que la peor plaga en el mundo entero es el ser humano, pues su codicia, su espíritu acaparador, la cercanía al desarraigo y su desapego por la naturaleza y la coherencia lo hacen temible y a su vez deleznable frente al entorno. Nada en la naturaleza había causado tanto daño como el hombre, hizo lo posible por acabar el planeta y en eso sí que fue exitoso. Lo lamentable es que las pocas riquezas, algunas mal habidas, sucumbirán con los últimos días y en ese viaje final, nadie, ni el más adinerado podrá llevarse nada, tan solo una consciencia oscura y luctuosa que hará de su juicio terrible laudo.

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