Sábado, 01 Mayo 2021 00:24

Primero de Mayo: Sin trabajo, sin justicia social y sin Julio Roberto

Por
Primero de Mayo: Sin trabajo, sin justicia social y sin Julio Roberto Imagen de LEEROY Agency en Pixabay

Los trabajadores llegan a este primero mayo disminuidos, amenazados por una reforma tributaria diseñada para restar y proteger sospechosamente los intereses de unos pocos. Por fortuna, Colombia es más que infamia.

Los trabajadores colombianos conmemoran este Primero de Mayo, el día internacional del trabajo, paradójicamente en una fecha en donde muchos ya no tienen ese privilegio, de un lado, por el modelo económico que cambió importaciones por empleos, y de otro, dádivas más consideraciones por ingresos intermedios y clase media, hoy llevada a menos por esa injusta factura. Igual no hay plazas laborales por una pandemia que gracias a la indisciplina, obligó al cierre de negocios, unos de manera parcial y otros que nunca más volverán a formar parte de la economía.

En este día del trabajo hay menos obreros, pero igual, y de manera alarmante, es reportado un menor número de labriegos porque para el Estado resultó mucho más rentable traer alimentos de otros países que abrirles el portón de las oportunidades a los campesinos y empresarios del agro que en medio de la peor tragedia humana de las últimas décadas, no bajaron la guardia y contra todo riesgo abastecieron al país. Esos productores también incomodan a un grupo de fenicios que viven de la oportunidad y el caos, y desde luego, a los gobiernos que defienden a ultranza el modelo económico, equivocado y perdedor desde 1991.

Los obreros de Colombia, que según algunos centros de análisis ganan demasiado, están caminando por la cornisa, esos asalariados a quienes se les quiere meter la mano en el bolsillo para subsanar las equivocaciones de los gobiernos y pagar la cuenta de cobro de la corrupción, siguen mermando. Día a día hay menos, y como ellos están muchas empresas, hoy en bancarrota o buscando refugio en otros países, sitios que garanticen condiciones, tranquilidad, dignidad y decencia.

No es secreto, aparte de los empresarios y de un grupo de nacionales coherentes, la mejor manera de hacer patria es ofreciendo empleo, brindando opciones laborales y generando oportunidades para acceder a un salario justo, pero el estado encontró mejor renta económica y social, regalando un poco de plata ajena, y saturando las comunidades de subsidios, que pagan precisamente los trabajadores de la clase media, la que no se puede eliminar para darle vía a un país ocioso y plagado de zánganos, la gente debe trabajar para que ponga el pan en la mesa con el sudor de la frente, un mandato bíblico, muy de vieja data.

 

Percy Oyola Palomá

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el vicepresidente de la Confederación Nacional del Trabajo, CGT, Percy Oyola Palomá, aseveró que por el crecimiento exponencial de la pobreza, el cierre de empresas, la quiebra del campo, el elevado nivel de corrupción y la puesta en marcha de una dictadura económica, lamentable desde 1991, Colombia cada vez se parece más a la actual Venezuela, una realidad cruda reflejada en la salida masiva de colombianos que representan fuga de empresarios, talento y juventud, claro está, todo por el imperio oscuro en donde resulta fácil percibir miedo, tristeza y ruina.

En un país tan rico, comentó, eso no debería ocurrir, pero Colombia se mal acostumbró a ceder sus grandes explotaciones, sus activos y permitir la llegada de inversión, experiencia que muchas veces dejó una pésima sensación, empezando por la manera en la que fueron adquiridas las empresas. Hoy las alarmas están encendidas ante las amenazas ambientales que implican explotar oro tumbando bosque, el uso de glifosato y el mismo fracking, gran contaminador de aguas limpias.

No es comprensible que un país lleno de riqueza, la regale como en tiempos de la colonia, es increíble que desobedeciendo todos los mandatos ambientales siga la tala de árboles, la masacre de las selvas y la muerte masiva de abejas, colibríes y otros polinizadores. El ser humano avanza implacable hacia su destrucción, y lo más triste es que hoy, naufragando en un mar de Covid-19, no entiende que todo se hizo mal y que vienen peores tiempos. En fin, asuntos de la globalización que pasan por encima de sus intereses, la vida, las leyes y la seguridad del planeta.

Según Oyola Palomá, la conmemoración de los 135 años de aquella gesta de los mártires de Chicago, se torna opaca en Colombia porque la clase trabajadora se enfrenta a una reforma tributaria, la cual pretende que el 67.2 por ciento de los recursos que el Gobierno busca canalizar, provengan fundamentalmente del bolsillo de los trabajadores y los pensionados. Una propuesta inconsecuente a la que se suma la aplicación de IVA a los servicios públicos y mayores gravámenes a los combustibles.

Cabe aclarar que, en las últimas horas, el Gobierno reveló que hará cambios sustanciales al controvertido proyecto con lo cual serían suprimidos temas que impactan ingresos intermedios, servicios públicos, así como productos de la canasta básica. Amanecerá y veremos, dijeron algunos, pero hay que creer y tal como están las cosas, lo más obvio es que los cambios logren darse.

 

Oyola estimó improcedente castigar a los asalariados con una declaración de renta cuando ganan un poco más de un millón de pesos. Lo anterior, comentó, tiende a complicar la negocios salarial de los 1.2 millones de trabajadores del sector público al plantearse por parte del ejecutivo, congelar estipendios por cinco años, ajustando el ingreso a la inflación.

 

“La negociación colectiva en el sector público que iniciaremos con el Gobierno para una masa importante de funcionarios, está condenada al fracaso, situación que se llevaría por delante un convenio con la Organización Internacional del Trabajo, OIT”, anotó el señor Oyola Palomá.

 

El dirigente sindical anotó que otra propuesta al amparo del proyecto tributario es otorgar facultades especiales al Presidente de la República para la reestructuración del Estado, una iniciativa que no cayó bien ni tuvo buen recibo porque un poder absoluto como el que solicitan, terminaría en masacre laboral, privatizaciones y medidas extremas, acciones por demás reprochables porque el Estado vendió o ferió los activos más rentables que hoy estarían dando una mano importante con la generación de recursos e inyectando dinero para los programas sociales. Lamentablemente, los gobiernos tuvieron oídos sordos, entregaron las empresas con excusas irrisorias y Colombia sigue quedándose, haciendo uso de una expresión coloquial, con una mano adelante y la otra atrás. Hay voces que originan todo rechazo como las que proponen vender empresas estatales de enorme renta como Ecopetrol e Interconexión Eléctrica S.A, ISA, o aquellas que sugieren que la nación salga de las acciones en Empresas Públicas.

Algunos aseguran que los gobiernos entienden mal su gestión porque un Presidente es un administrador de los bienes de los colombianos, más no el dueño de los activos o de los recursos, por eso muchos exigen procedimientos de consulta cuando se quiera hacer una venta o un negocio en donde está comprometida la plata de los nacionales que no es ni siquiera en un centavo, el dinero de los mandatarios, a duras penas su salario.

Hay temas desafortunados, indicó Percy Oyola, con el agravante que al trabajador se le pega por punta y punta porque su ingreso se ve mermado por impuestos y por incrementos bajos que no satisfacen el gasto de los hogares, de tal manera que eso motivó en parte, que sea el Comando Nacional Unitario, integrado por la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, CGT, Fecode, las confederaciones democráticas de pensionados y la Confederación de Pensionados de Colombia, la instancia que haya abanderado lo que luego avaló el Comité Nacional de Paro, ir a una movilización que ha resultado importante.

Algunos sectores plantean un paro indefinido, y en medio de lo que fueron expresiones como la de Ministro Carrasquilla en el sentido de comprar docena de huevos a 1.800 pesos, hay quienes dicen que el paro debe continuar hasta que los consumidores colombianos encuentren huevos a ese precio. Al margen de la mofa, muchos frentes económicos y sociales piden una gran huelga en donde la protesta sea contundente, pero totalmente respetuosa y bajo estrictos controles de bioseguridad. Dijo que el Gobierno no puede culpar a las centrales obreras de propiciar contagio cuando este tercer pico venía desde el 23 o 25 de marzo y el mismo ejecutivo le dio el sí a los viajes de Semana Santa, favor que disparó los indicadores de la temible enfermedad.

 

 

Aclaró que solamente en Bogotá se movilizan para ir a sus trabajos más de dos millones de personas en Transmilenio que deben utilizar buses atiborrados de gente, sin más protección que el tapabocas y la suerte, fenómeno que no le preocupa ni al Gobierno ni a nadie. Los señalamientos de hoy, insistió, carecen de objetividad y verdad.

 

Al país le han salido caros los ensayos de reactivación económica en medio de la pandemia y eso quedó sustentado con las vacaciones de Semana Santa que tuvo gente por todo el país como si no pasara nada, igual que las jornadas de Día sin IVA que se convirtió en un cúmulo de infectados que incidieron en el contagio masivo y en la muerte de mucha gente. En esos momentos de caos no se escucharon los gremios que tanto afanaron a los gobiernos para reavivar la economía, y menos, el país observó que los dirigentes empresariales hicieran algún tipo de contribución, cada quien defendió al precio que fuera unas mejores ventas, dejando de lado la obligación constitucional de preservar la vida. En ese momento nadie dijo nada y mire como estamos”, aseveró el vicepresidente de la Confederación Nacional del Trabajo, CGT.

 

La CGT dejó claro que el Gobierno no puede culpar a los trabajadores por el mal manejo que le ha dado a la pandemia, básicamente con lo concerniente a la adquisición de vacunas. Rechazó el pedido que la embajada en Estados Unidos hiciera para que le dieran a Colombia unas inmunizaciones descalificadas en ese país por el tema de los trombos que se presentaron en algunas partes del planeta.

Igual cuestionó Oyola Palomá, la intermediación que quiso hacer el gobierno entre la industria farmacéutica y unas empresas privadas para aumentar la vacunación, llenando con ello un vacío lamentable por parte del Estado y mostrando que la pandemia sí le quedó grande a la actual administración.

A criterio del dirigente, los problemas del Gobierno, en todo sentido, van a empeorar si persiste la inconformidad en el pueblo y en esa lejanía de concertación con los trabajadores, los sectores económicos y sociales, dándole rienda suelta a una arrogancia malsana que no ayuda, agudizando unos inconvenientes que se pueden mejorar al unísono, con voces autorizadas y sin imposiciones. En tributaria, señaló, es muy fácil construir una propuesta alternativa en favor de todos, quitándole ese sesgo deshonesto de privilegiar a los más ricos y afectar así la clase media y a los cada vez, más empobrecidos asalariados de Colombia. Hay ejemplos para replicar de otros países en donde la receta de reactivación económica es simple, incentivar la demanda de bienes y servicios, nada del otro mundo, sentido común.

 

 

Más allá de las teorías, bien sea la del profesor John Maynard Keynes, quien basó su hipótesis en la intervención del Estado para defender la política económica y contar así con instrumentos reales para abandonar los escenarios de crisis, ello aumentando el gasto público y mejorando los indicadores de la demanda agregada, impulsando factores como producción, inversión y empleo, o la de los pioneros del neoliberalismo, Milton Friedman y Friedrich von Hayek, los que apostaron por globalización, competitividad, privatizaciones y desarrollo desde las apuestas privadas, independiente de esos credos, apuntó Percy Oyola Palomá, el país puede convivir con un modelo mixto, sacando lo mejor de cada uno y enfocando las soluciones sobre las necesidades del país, más no sobre las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, FMI, o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, organismos que no conocen la pobreza en su máxima expresión y lo más delicado, no tienen ni idea de los países y sus vicisitudes.

 

“Recientemente el Presidente Biden y la Secretaria del Tesoro, hablaron de imponer impuestos a la riqueza, un gravamen relativamente global para dinamizar su economía, tema esencial, porque la idea de reducir cargas impositivas para atraer capitales, no resulta conveniente porque eso conduce a los países a una competencia perversa que los lleva a tener cada vez, menos recursos para atender los problemas fiscales en cada nación, o fundamentalmente, casi que estrangular a los pobres para poder mantener el privilegio de los ricos, razón por la cual parte de las propuestas que salen del movimiento sindical, tienen que ver con el paso al costado que debe dar Colombia para dejar de ser un paraíso fiscal, en donde resulta fácil evadir IVA o el impuesto de renta. Es urgente fortalecer la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN, prohibir los giros a paraísos fiscales como Panamá o Islas Caimán, por citar un ejemplo”, expuso Oyola Palomá.

 

Sin restar importancia al papel de los grupos económicos, un error garrafal del Gobierno fue poner a disposición de los grandes consorcios y sus familias los dineros y subsidios del Programa de Apoyo al Empleo Formal, PAEF, en contra del 90 por ciento de las micro, pequeñas y medianas empresas que resultaron afectadas en la pandemia y que son las mayores generadoras de empleo. Ese sesgo pro-rico, como dice el profesor Luis Jorge Garay, es el que estructuralmente habría que eliminar, para darle paso a un nuevo esquema tributario en Colombia.

A criterio de la CGT, una medida que el ejecutivo debería tomar para mostrar diligencia y gestión proba de cara al país, tiene que ver con la eliminación de las exenciones y un necesario cuadre automático de caja, decisión que haría de Colombia un país más barato, posible para vivir, con un IVA mucho más bajo que se pague con gusto, pero que no se sienta como un atraco o una tarifa abusiva.

 

Sin Julio Roberto Gómez, el asunto es otro

 

Julio Roberto Gómez

 

Después de tres meses del deceso del inmarchitable dirigente sindical y presidente de la CGT, Julio Roberto Gómez Esguerra, una de las víctimas que ha cobrado el Covid-19, el país sigue sintiendo un enorme vacío, el que dejó un hombre comprometido con la causa de los trabajadores, un directivo amigo del diálogo, de la democracia, la inclusión y respetuoso de la institucionalidad.

 

“Lo mejor que podemos hacer desde esta tribuna es mantener su legado, siendo una organización dispuesta al coloquio y a la concertación, pero jamás abocada a declinar los férreos principios y valores en la defensa de los derechos que constitucionalmente cubren a los trabajadores colombianos y a las distintas comunidades que integran una confederación como la CGT, al igual que los campesinos, las comunidades indígenas, afro-descendientes y otras que unidas conforman una nación al amparo del derecho y la Carta Política”, afirmó Oyola.

 

La CGT cumple 50 años de servicio a la gente, de la defensa de los derechos de los nacionales y en esta ocasión, en la conmemoración del Día Internacional del Trabajo, el gran ausente es Julio Roberto Gómez Esguerra. De todas maneras sus compañeros, sus afiliados y confederados mantienen viva la imagen del gran líder, del espectacular ser humano y de una persona que todo lo mejoró en la mesa y sin negar sonrisas.

El país debe tener claro, dijo el dirigente, que Julio Roberto Gómez, siempre estará presente en todo el accionar que la CGT pretende llevar a cabo, si se le permite, habida cuenta de los ataques que ha recibido la movilización democrática. En este día del trabajo haremos remembranza de un día tan importante como los mártires de Chicago y un legado de 135 años que igual nos servirá para evocar figuras tan importantes y siempre gratamente recordadas como quien fuera el fallecido presidente de la CGT.

A esa Colombia amarga, como escribiera el autor Germán Castro Caycedo, el mensaje es de esperanza, porque en la medida que despiertan los ciudadanos de engaños como más salarios y menos impuestos, sin duda alguna hay mayor claridad y consciencia política, lo cual indiscutiblemente llevará a la gente a elegir los congresistas y el presidente que demanda Colombia.

 

“Justo en estos momentos de oscuridad y amenaza tributaria, podremos saber qué congresistas tenemos, qué tipo de legisladores está de lado de los intereses de los trabajadores, de los campesinos que añoran volver a la labranza, de los indígenas, afro-descendientes y empresarios, en fin, de todos los colombianos, pero igual vamos a ver quiénes están de espaldas a la más dura realidad, porque en el país el hambre campea y para no ir tan lejos quedó demostrado que en sólo Bogotá, un 45 por ciento de personas que habitan en el suroriente y suroccidente de la capital, no comen y pasan inhumanas necesidades. Este mal Gobierno está llegando a su fin y por fortuna hay una oportunidad que nos brinda la democracia para elegir un mandato nuevo y totalmente honesto y sin mácula. Nos amenazaron diciéndonos que si votábamos por un candidato diferente al hoy Primer Mandatario, iríamos a una situación igual a la de Venezuela, pero Duque nos puso a la par del vecino país y en algunas circunstancias estamos mucho peor que el vecino”, concluyó el vicepresidente de la Confederación Nacional del Trabajo, CGT, Percy Oyola Palomá.

 

Imagen de Tumisu en Pixabay

 

En este Primero de Mayo queda claro que Colombia es un país en el que todos caben y en el que muy bien se puede vivir, pero igual hay conocimiento de una minoría interesada en fomentar caos y tragedia en las buenas gentes que sueñan a lo largo y ancho del territorio con algo bueno. No se trata de izquierda o derecha, el asunto es gobernar con verticalidad e inteligencia, sin quitarle al pueblo sus herramientas, dejando de remunerar a los corruptos y abriendo un listado de opciones para ponerle punto final al hambre, a la exclusión, a la inequidad y al odio. La armonía y el compromiso hacen parte de la ruta, porque cierto es que sí queremos y sí podemos.

Hay que señalar que el ejercicio de la democracia es totalmente válido y garantizado, es legítimo exigir el estricto cumplimiento de los avales constitucionales y plantear, por la vía democrática, el consenso y el diseño de la política económica en común acuerdo, es decir Gobierno, empresarios, campesinos y trabajadores, hasta allí todo va bien. Lo reprochable es acudir vilmente a las vías de hecho, a la destrucción de los bienes públicos, al crimen y al desmedro de la tranquilidad. Protesta sí, vandalismo y hampa NO, el mensaje apunta igualmente a quienes provocan revueltas por el asalto al fisco y esos que proponen salidas nefastas, injustas y extremadamente maquiavélicas.

 

Visto 2667 veces