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Sábado, 13 Noviembre 2021 03:11

Café suave de Nariño, un orgullo desde el mar hasta el Galeras

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La caficultura de este departamento hace parte del llamado Nuevo Eje Cafetero y se caracteriza por cosechar unos granos de comprobada calidad, hoy despachados a los mercados más exigentes del mundo.

Al sur del país, en medio de montañas y valles verdes, fértiles, todos suelos de gran provecho, adornados con árboles, flores y una fauna muy llamativa, prospera una de las mejores caficulturas de Colombia, matizada por la variedad y unas calidades en taza que llevan ese bebestible a los puertos de mayor exigencia.

Nariño, una tierra bendecida con generosidad y cualidades en sus suelos, hace parte del sistema Andino al ubicarse en el costado suroccidental del país, sitio en donde los altozanos se encuentran con la inmensidad del mar pacífico, dándole a la región peculiaridades que la hacen única y bastante sugestiva.

El muy bonito departamento de Nariño guarda en sus serranías y macizos secretos, misterio e historia, fue tierra que albergó un número importante de tribus en tiempos previos a la conquista. Allí compartieron territorio y cielo comunidades de obligada recordación como los pastos, quillacingas, awà, iscuandés, abadaes, tabiles, tumas, chinches, chapanchicas y los mismos pichilimbíes. El primer encuentro de los pueblos prehispánicos de Nariño fue en 1522 con el conquistador Pascual de Andagoya.

En su exploración por el litoral pacífico, el vanguardista colonizador canalizó una serie de datos que fueron aprovechados posteriormente por Francisco Pizarro, quien recorrió el ignoto litoral hasta llegar a Gorgona y Tumaco para luego dar el salto y conquistar las bravas e indómitas tierras del Perú.

Un viaje por el territorio nariñense que empezó en 1535 terminó en 1536 en Popayán, sitio en donde el conquistador guardó reposo para luego emprender el retorno a España. A su regreso al nuevo mundo, Belalcázar tomó posesión de sus tierras y optó por dividirlas en catorce tenencias, razón por la cual Nariño hizo parte de la audiencia de Quito, luego del grito de independencia, la comarca pasó a engrosar la provincia de Popayán, más adelante, entre los años 1821 y 1863 la hermosa tierra fue agregada al Cauca. Después de idas y vueltas, en 1904 fue erigido el departamento de Nariño que tuvo como capital la ciudad de San Juan Pasto.

 

 

Nariño, una tierra de vocación agrícola, permite que sus labriegos extraigan de los suelos, tal y como lo hicieron los ancestros una variedad de productos que van desde la papa, maíz, zanahoria, trigo, cebada, frijol, plátano, caña, palma de aceite y por supuesto, café. Igual hay cosechas de cacao, arveja, ollucos, arveja, habas y quinua. En las fincas de enorme dinámica engordan ganados y crece la cría de especies menores como cerdos, ovejas y cabras, también se destaca la crianza de caballos y otros animales, uno muy emblemático, el cuy.

El departamento es rico en pesca marina y fluvial, es exponencial el crecimiento de la cría de camarón y la minería hace otro aporte con reservas de oro, plata y platino. Sobrevive con ahínco la manufactura, siendo muy demandados productos de cuero, madera y lana.

Según los productores, el café de Nariño cuenta con denominación de origen, es un grano de fragancia y aromas muy fuertes y acaramelados. En taza la bebida nariñense deja escapar una acidez alta, cuerpo medio, impresión global balanceada, limpia y con algunas notas dulces así como florales.

En materia de caficultura, Nariño cultiva en 41 municipios que le garantizan el sustento a 54.000 familias que de manera comprometida siembran café en 36.500 hectáreas de las cuales brota el grano tipo arábico y variedades como Castillo, Colombia, Caturra, Típica, Borbón y Tambo, de buenos rendimientos y resistencia.

Cabe anotar que el café está en Colombia desde 1730 cuando fue traído por la comunidad Jesuita, en 1835 empezaron las exportaciones por la ciudad fronteriza de Cúcuta, Empero, Nariño también empezó a escribir su historia cafetera en el siglo XIX, pues en 1896 el café ya se expandía por el Cauca y por zonas nariñenses como Tangua y Sandoná.

En la actualidad, la caficultura de Nariño está capitalizando un trabajo intenso en donde los productores no se conformaron simplemente con sembrar café y sumar al apetecido commoditie, no, los cafeteros miraron más allá del mercado y apostaron por el valor agregado, una jugada inteligente que le permitió a la región cultivar y beneficiar un grano que el mundo reconoce por su inmejorable taza.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Nariño, Hernando Delgado, destacó que la caficultura de la región nariñense es muy de minifundio y totalmente familiar, ya que el 90 por ciento de los productores siembran en menos de una hectárea, un dato nada menor, puesto que con el empuje, el compromiso y la tenacidad de los cafetaleros, es posible entregarle al país y al mundo un grano especial, de preponderante atributo.

El café de Nariño, en su gran mayoría, anotó el directivo, está dirigido a los mercados más exigentes del mundo por unas calidades y unas propiedades logradas por la condición de montaña, de ubicación geográfica y suelos volcánicos, muy apropiados para la caficultura.

El valor agregado es un común denominador del gremio cafetero en este paradisiaco departamento, una labor que vienen desarrollando directamente los productores. Comentó que la Federación Nacional de Cafeteros trabaja con variedades recomendadas por EL Centro Nacional de Investigaciones de Café, CENICAFÉ. Puntualmente Nariño trabaja con Castillo y CENICAFÉ UNO, pero los caficultores vienen sembrando variedades como geisha, borbón rosado y otras de insuperables resultados, un tema que está a la vista y redundó en reconocimientos importantes, gracias a una taza por encima de la excelencia.

Una constante en los municipios cafeteros de Nariño es la pasión, dedicación y disciplina por la caficultura, virtudes que responden de manera inmediata el por qué el departamento fronterizo del sur, en este momento, está en los puestos de privilegio.

 

“Yo siempre he dicho que, en Nariño, no solamente el café es especial, también somos especiales los caficultores, y en ese sentido, los productores nariñenses tenemos una pasión por la calidad del café, luego se cultiva un grano muy bueno, de elevada característica, pero también hay un aporte alrededor de la siembra, y es la unión familiar, un trabajo que se realiza de manera amable, igual estrecha vínculos el intercambio de mano de obra. Entre cafeteros y paisanos se exacerba un entusiasmo por los cafés diferenciados”, declaró el señor Hernando Delgado.

 

Algo admirable y que muestra responsabilidad, trabajo y proyección es que en la totalidad de los 41 municipios cafeteros se produce café especial, haciendo un manejo avanzado y pormenorizado de microlotes. El Comité reconoció que hay encargo en cada uno de los productores que adelantan la renovación de cafetales pues no en vano se restauran entre 2.500 y 3.000 hectáreas anuales, haya o no incentivo porque muchas veces el Fondo Nacional del Café y el Gobierno no tienen los recursos para la perentoria rehabilitación, de todas maneras, sagradamente, los caficultores adelantan esa trascendental regeneración, un oficio que ha llevado al departamento a tener un parque cafetero envidiable, con altísima tecnificación y con unos cafetos sanos, productivos y mejorados que contribuyen al repunte e importancia del gremio cafetero.

Las 38.000 o 38.500 familias que devengan su sustento de la actividad cafetera generan con sus siembras y cosechas una redistribución significativa de ingresos porque cuando al caficultor le va bien, la cosecha es abundante y los precios trepan, el beneficio es para el comercio, los transportadores, las industrias y los empresarios de la diversión, incluidos estancos y discotecas. Eso, especificó Delgado, muestra que cuando los cafeteros están en buen momento, igual prosperan las zonas circundantes a la caficultura y el país en general por los aportes de esta siembra.

 

Clima y fertilizantes, un asunto serio

 

Imagen tomada de voces de Nariño

 

En opinión del Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Nariño, Hernando Delgado, hay unos eventos mundiales que están impactando la producción agrícola, pero en general la economía y la humanidad.

En principio, la crisis logística llevó a un incremento descomunal en el precio de los insumos agropecuarios, dentro de lo que se suman los abonos, un tema delicado ya que la fertilización representa el veinte por ciento de los costos de producción.

Agregó que por temas climáticos se avecina una cosecha no muy abundante en volumen, pero muy eficiente en calidad, teniendo en cuenta que el clima es un factor fundamental y para el caso de Nariño, el descenso en las cifras de cosecha no obedece al paquete tecnológico ni a la fertilización, tan solo es la respuesta a un exceso de lluvias, al estrés hídrico que evitó una recolección voluminosa.

Confió en que el año 2022 será diferente y permitirá pensar en una cosecha importante, no solamente por cantidad sino por calidad, un tema que ha mejorado notablemente, pues no en vano el 2021 cerró con un indicador muy alto en atributos del café en vista que el perfil de taza llegó a 90 y 92 por ciento, un hecho que celebró la multinacional Nespresso y que merecidamente monetizaron los productores.

 

“Esto ratifica que la calidad del café nariñense sigue sosteniéndose y mejorando, haciéndolo cada vez más apetecido en los mercados internacionales”, expuso Delgado.

 

Nariño es un departamento que en buenos tiempos recolecta 40 millones de kilos de café y este año se han cosechado entre 33 y 34 millones de kilos, dejando claro que el Comité espera llegar a 35 millones, lo que muestra una caída en producción que por fortuna logró compensarse con los buenos precios, no hay que olvidar que hoy la carga de café se paga a 1´972.000 pesos, gracias al cierre de la libra del bebestible en Nueva York en 2,19 dólares y una favorable tasa de cambio que se ubicó en 3.884 pesos.

De cara a mejorar la remuneración cafetera con un precio interno de compra más amplio, el directivo sostuvo que es deseable que el grano siga trepando en precio, garantizando rentabilidad y calidad de vida en la familia cafetera.

Recalcó que por fortuna el caficultor no se quedó en el commoditie, sino que tuvo la osadía y el atrevimiento de generar valor agregado para exportar café procesado directamente, lo cual hace que mejore el ingreso a los productores y el bienestar de las familias no solamente de Nariño sino del país.

 

Caficultores listos para el Congreso Nacional de Cafeteros

 

 

Un encuentro imperdible que reúne toda la camaradería del gremio es el Congreso Nacional de Cafeteros que este año llega a su versión 89. En la máxima instancia de deliberación de la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, los temas de 2021 son múltiples por todo lo que acontece en el escenario internacional, pero igual en el ámbito local.

Al reconocer que problemas como la logística, el precio de los fletes, los altos precios y la escasez, pesan en la actividad cafetera, el asunto no debe extrañar ni invitar al desespero por cuanto la caficultura siempre ha tenido sus crisis y sus momentos primaverales expresados en bonanzas, luego la coyuntura o la situación actual amerita un manejo inteligente y consecuente.

Desde su perspectiva, Hernando Delgado, aseveró que diferente a lo que muchos piensan, el país se debe preparar para afrontar todas las dificultades que reporta la agricultura colombiana. Precisó que los cafeteros están pidiendo un apoyo del Gobierno, no en subsidios sino en incentivos a la producción. Estimó que el ejecutivo debe apalancar mucho más los programas de renovación, fundamentales para producir un café de excelente calidad y de manera paralela garantizar los volúmenes para cumplir con los compromisos comerciales a partir del excelso grano.

 

“Estamos preparándonos para eso, el Congreso Cafetero es la máxima autoridad de los productores en Colombia, todo un evento que parte de la Federación Nacional de Cafeteros y por eso todos los comités departamentales estamos preparándonos, haciendo debates internos con los comités municipales, mirando eso sí las perspectivas y las propuestas que serán llevadas a instancias de la gran cita de los caficultores”, puntualizó Delgado.

 

Un factor para tener en cuenta es que el café contribuyó abiertamente con el desarrollo del país, le dio identidad y le puso marca. Hoy para nadie es un secreto que si con algún sector productivo hay una marcada deuda de gratitud es con el cafetero.

El Comité de Cafeteros de Nariño dijo que por fortuna el café coadyuvó con la construcción de país y de tejido social. Sus directivas anotan que la caficultura no solamente es gremio sino toda una institucionalidad, lo que ha hecho que la FNC lleve más de 94 años sirviéndole a Colombia desde la siempre lista y amable tribuna cafetera.

 

 

A la fecha se hace uso de los bienes públicos que tiene la Federación como lo son asistencia técnica, desarrollo de cafés especiales, promoción del café en el exterior y primordialmente la garantía de compra, un aval para el productor que sabe que su café será absorbido y liquidado a precios de mercado, más las primas y sellos adquiridos, todo de contado y sin contratiempo alguno.

El dirigente regional afirmó que hoy los cafeteros están recibiendo más dinero por sus cosechas, sin embargo, explicó que la totalidad del gremio apenas está levantando la cabeza, pues viene de unos tiempos difíciles en donde el precio no cubría ni siquiera los costos de producción, llevando a situaciones de desespero, deudas y a una imposibilidad de sostener la actividad.

Decía el recordado “cofrade” Alfonso Palacio Rudas, jurista y economista enamorado de la caficultura, que el café es el único muerto que no se deja enterrar. La frase, razonó Hernando Delgado, aplica para todos los cafeteros, propietarios de una admirable tenacidad y lealtad, porque están en el café en las buenas y en las malas, pero nunca abandonan el cultivo, el cual por momentos obnubila, pero conduciendo a superar los escollos, no dejándose atropellar por las dificultades y agudizando con tesón la visión de futuro.

 

“Tenemos que seguir adelante, desde Pasto, la ciudad sorpresa, una voz de aliento y de felicitación a todos los cafeteros de Nariño y el país, pero igual una voz de esperanza porque si los precios siguen por la senda de hoy, posiblemente los caficultores podremos tener tranquilidad y descanso gracias a un mejor ingreso. Desde la Federación invitamos a los productores a invertir en su finca, a usar bien un ingreso que perfectamente puede cubrir las necesidades de educación, vivienda, salud y todo lo que necesita una familia cafetera. No podemos dejar de lado los predios y por eso es bueno insistir en la adecuación de unos buenos lotes, altamente productivos, que nos permita aprovechar las cotizaciones que el grano tiene hoy”, subrayó el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Nariño.

 

Como consecuencia de los buenos precios y un mayor ingreso, la cartera morosa ha bajado notoriamente y todo porque los cafeteros son buena paga, lamentablemente, dijo, los líos llegan a los bancos cuando hay dificultades, fuerza mayor e iliquidez, pero en el contexto de rentabilidad, nadie tiene problemas. Hoy con el pequeño margen, señaló Delgado, los cafeteros están saliendo de deudas y saneando los créditos, una tendencia que se hará extensiva si logran mantenerse los precios remunerativos que finalmente son el bordón de la santa paz.

 

 

Colombia, su agricultura, su caficultura y todo el país siguen caracterizándose por la resiliencia. Para no ir tan lejos, manifestó, en Nariño están presentes los cultivos ilícitos, las fuerzas irregulares y otros actores de violencia e ilegalidad, sin embargo, apuntó que en medio de la adversidad el departamento sigue adelante, sembrando café y metidos de lleno en la cordillera sustituyendo coca por grano de calidad, es decir que los productores están haciendo patria.

 

“A los caficultores colombianos les envío un saludo cargado de afecto y optimismo. El horizonte del café está ahí, latente entre los cafeteros y por eso lo que tenemos que hacer es trabajar y seguir adelante, aprovechando que la institucionalidad cafetera estará presente, haciendo acompañamiento sin importar los momentos. El café en esta pandemia fue y sigue siendo la esperanza de Colombia, tenemos los instrumentos para ir más lejos y demostrar que con fe y labor, todo es posible”, concluyó Hernando Delgado.

 

Este breve, pero grato recorrido por la caficultura nariñense, la misma que deja una fragancia a tostado y un sabor encantador en el paladar. Caficultura sagrada hecha en tierras ancestrales, acompañada por diversos aires musicales, es por eso que el café de Nariño sabe a Bambuco sureño, pasillo, albazo, huaino y unas tonadas andinas que dejan escapar tristezas, alegrías, nostalgias y evocaciones en las gigantes montañas por donde camina el espíritu atávico de la gran cadena de prominencias, que envuelto en siglos, canta con cóndores, venados y osos la tonada amada de la madre naturaleza.

En las terrazas del café retumba La Guaneña, tema tradicional andino posiblemente compuesto en 1789, conocido como un bambuco guerrero con orígenes nativos que incluyeron un ritmo a manera de dilema porque alegra, pero a la vez produce melancolía.

Otro estudio dice que la hoy cafetera Guaneña, fue la iluminación de un ipialeño que le compuso en tiempos coloniales la pieza musical a una fémina de la población de Guano, más exactamente en el Chimborazo, en tierras ecuatorianas, dulzura de encaje y blonda que le robó el corazón. En esos tiempos la provincia de Nariño era jurisdicción de Quito.

La palabra Guaneña igual se relacionó con mujeres lugareñas amigas de la guerra y defensoras de la causa española, muy útiles en labores domésticas, pero igual diestras en baile y canto, un bálsamo para las fuerzas realistas. En pleno siglo XX La Guaneña despidió un siglo y saludó otro, sonó en la Guerra de los Mil Días, conflicto que se desarrolló entre 1899 y 1903. La alegre tonada incentivó a los soldados que empuñaban armas con cuartel en las provincias de Pasto y Obando en tiempos en que Nariño como departamento no estaba en proyecto.

Hoy, la muy colombiana Guaneña es un himno que no solo queda en el festival de Blancos y Negros, acompaña la cotidianidad nariñense que como buena guerrera la lleva a los afables y muy plausibles cultivos de café.

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