Sábado, 04 Abril 2026 01:01

Actuales precios de la caficultura permiten optimizar cultivos: Montenegro

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El momento del café mejora levemente, pero hay temas internos y geopolíticos que generan alarma. Agricultura y seguridad alimentaria en apuros por extrema inseguridad.

La caficultura ha mostrado dinámica desde los inicios del siglo XVIII, una vez la compañía de Jesús trajo al país las semillas pretéritas de la actividad cafetera. Hubo todo tipo de experimentos con esa bonita mata, en principio resultó ideal como decoro, pero con el tiempo y tras sacar lo mejor de la planta empezó el ejercicio exportador en 1835, una labor que le dio identidad a Colombia, desarrollo y calidad de vida.

Con el café, el país ha tenido felicidad, tristezas y esperanzas, en principio aparecieron las bonanzas por la venta del mejor café suave del mundo, pero paulatinamente arribaron los grandes problemas. En 1983 la roya llega a la zona cafetera y destruyó inicialmente cafetos en Chinchiná, Caldas. Si bien tuvo sus orígenes en África en 1861, la broca aterriza en Latinoamérica en la década de los 70, tras luchar por evitar su ingreso, el hongo parásito tocó suelo colombiano en 1983, también en el Eje Cafetero, en esta ocasión el escenario fue el Quindío de donde alcanzó una rápida propagación.

La caficultura fue severamente castigada por asuntos fitosanitarios, cuando se sufría con la roya y se libraba la pelea con esa enfermedad, en 1988, también procedente de África, la broca incursionó en el sur de Nariño, ese gorgojo considerado el principal enemigo de los cafeteros al parecer habría llegado en 1983, de todas maneras tuvo una acelerada expansión y a terminar la década de los 80 y con el arranque de los 90, este insecto afectó la calidad del bebestible toda vez que perforo los granos para poner sus huevos, dañando la composición y generando enormes pérdidas en los productores.

Como si los males fueran pocos, los países productores vieron el desplome de la Pacto Cafetero, un acuerdo de cuotas que recibió los Santos Oleos en 1989, una tragedia para los caficultores que pasaron del Acuerdo de Cuotas a un mercado abierto, sin reglas y en manos de unos pocos capitalistas, fondos de inversión y multinacionales que pusieron precios a conveniencia arrastrando buena parte de la actividad a la quiebra.

 

 

Si bien estos fueron hechos que marcaron algunas pautas en la economía cafetera ya existían registros en el siglo XIX, una de ellas la Guerra de los Mil Días desarrollada entre octubre de 1899 y noviembre de 1902, un conflicto que dejó la caficultura en el suelo, obligando a un nuevo comienzo, eso sí dejando unas pérdidas enormes y un estado de ánimo bastante golpeado entre los plantadores.

Hoy el café se mueve entre los precios que fija la Bolsa de Nueva York, el cambio climático que llega con heladas, sequías o excesos de lluvia, pero también con elevados precios de obtención, incertidumbres locales y una geopolítica que cuando se hace incontrolable, opera como tsunami en vista que se lleva todo por delante, dejando precios elevados, inflación y todo tipo de dificultades.

El país según la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, cerró el 2025 con muy buenas cifras, Colombia recolectó, según la entidad, 13.6 millones de sacos de 60 kilos, un dos por ciento frente a la cosecha de 2024, aunque las cifras de los exportadores privados agrupados en Asoexport, en el periodo marzo de 2024 y febrero de 2025, la producción alcanzó los 14.79 millones de sacos del grano, el registro más alto en 29 años, el trabajo y la apuesta de 557.000 familias dedicadas al café que mejoraron las siembras y la cosecha que fue cuantificada en 19 billones de pesos.

Cuando los precios empezaron a caer, el inicio del año fue de total expectativa y zozobra, pero cerca de terminar el primer trimestre de 2026 las cotizaciones se han sostenido en un rango aceptable, garantizando sostenibilidad y dando el tiempo que exige la renovación de los árboles.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el ex director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Huila, y experto en economía cafetera Jorge Enrique Montenegro Polanía aseveró que los precios como es natural son en conjunto un asunto que se mueve por oferta y demanda, un fenómeno económico que va enfocado de manera paralela con el comportamiento del clima. Agregó, por su amplia experiencia, que, así como lo observan los entendidos en caficultura, actualmente tanto en el Huila como en Colombia, los productores no están sacando grano porque sencillamente no hay cosecha cafetera.

Indicó que en ese entorno de oferta y demanda surge la pregunta, ¿hay quién venda café en este momento? Y en la mitad igual es apenas obvio indagarse si hay stock o inventarios que puedan verse beneficiados o impactados por esa subida o bajada en los precios del bebestible, o simplemente, manifestó, hay una connotación de que esos precios tienen que ver justo porque no ha empezado la cosecha como tal y al no haber un almacenamiento suficiente a nivel mundial que pueda solventar esa necesidad de café, es apenas consecuente que los precios vayan al alza.

En síntesis, apuntó, no hay café, no hay recolección de grano, repuntan un poco los precios, precisamente por esa condición de oferta y demanda, pero anotó que es prudente esperar para ver los movimiento sobre finales de abril o mayo que es cuando comienza la cosecha cafetera en Colombia y en varios países lo que incluye la de Brasil que empieza a cosechar a finales de abril la cual se extiende hasta agosto, algo que invita a observar ese vaivén, tener certeza de la producción brasilera, pero también la de otros jugadores claves en el mercado como Colombia y los centroamericanos, desde luego con la lupa puesta en Vietnam que arranca con su cogida en noviembre, yendo hasta abril, mes en el que llega el florecimiento para calcular la próxima cosecha.

 

“El tema es tener claro, de acuerdo a esa producción cafetera en distintas latitudes, determinar verdaderamente cuál es la circunstancia en términos generales de lo que tiene que ver el valor o el precio del café a nivel internacional, insisto, obedece a un punto fundamental, oferta y demanda, claro está, igualmente inventarios y por su puesto el factor clima tan esencial en el devenir de la economía cafetera. Es mi concepto, groso modo, sobre lo que acontece con el renglón cafetero en este momento”, declaró el señor Montenegro Polanía.

 

 

El experto manifestó que Colombia viene de una cosecha cafetera 2025 que fue muy buena en producción y en precios, empero dejó claro que después de un periodo de excelentes comportamientos en recolección, el año siguiente viene el ciclo bienal del café, un tema que por condiciones meramente fisiológicas de la planta, conlleva a un menor volumen de grano y por consiguiente a una más baja obtención, un asunto normal que se ha dado siempre con los árboles de café que obsequian una cosecha excelente y llegan después con una más austera en productividad, pero a eso explicó el conocedor, hay que agregarle el clima toda vez que es de amplio conocimiento que los aspectos atmosféricos están algo atípicos, clara muestra es que en enero hubo lluvias, se esperaban indubitablemente las radiaciones solares, que el clima estuviera caliente para que la radiación facilitara la floración en las plantas, pero no hubo buen impacto solar, la señal de que no habrá una buena cosecha ya que vendrá disminuida por ciclo y bajo nivel en rayos solares, todo un entorno de incertidumbre que se junta con el stock global que a la postre fija precios al alza o los deprime.

Recalcó que todo depende de como vendrá la producción mundial cafetera para determinar cuanto valdrá la carga o la cosecha del grano, un indicador atado a las cosechas de Brasil, Colombia y los países centroamericanos, una vez se conozcan los volúmenes, insistió, se mirará con precisión cuál será la cotización que fijará el mercado, claro está teniendo en cuenta los inventarios en el contexto global.

 

“Paso a creer que los repuntes de deben básicamente a que no se ha generado la cosecha en Brasil, tampoco la de Colombia y la de los países centroamericanos. Por otro pienso que seguramente no existen todos los inventarios que se cree haya de café que vinieron claramente, tirando las cotizaciones a la baja. Hoy hay un repunte que creo se debe precisamente a que no hay cosecha y que seguramente esos inventarios no son tan grandes como seguramente se comentaba”, añadió el respetadísimo hombre del café.

 

Productividad, la gran apuesta

 

 

Frente a qué hacer y qué estrategias adoptar desde la producción cafetera pensando en sostenibilidad hay aspectos que invitan a cuidarla la actividad, cubrirse para evitar contratiempos y apostar por lo obvio. Frente a esa inquietud Jorge Enrique Montenegro Polanía, un enorme docto en caficultura, expuso que los cafeteros, como siempre se ha dicho, deben considerar ser mucho más productivos, es decir hacerse a variedades sumamente resistentes, contemplar sin parpadeo el aumento en las densidades de siembra, que haya mayor obtención de grano en términos generales, eso sí, garantizando una buena nutrición en los árboles con el fin de suplir una eventual baja de los precios con mayores volúmenes. Así las cosas, puntualizó, el caficultor de la mano con los gobiernos nacional y regional, debe generar unas propuestas que le permitan tener acceso al crédito.

Sobre flujos de capital para la caficultura, el versado indicó que siempre ha hablado sobre los créditos IPC o del índice de precios al consumidor, es decir tomar el valor de un empréstito por determinada cantidad de dinero y sacar el interés a pagar acorde con la inflación causada de la vigencia anterior que para este caso en 2025 fue de 5.1 por ciento lo cual divido en 12 meses se traduce un indicador de tasa del punto 04 o punto 05 por cientos, unos reales créditos de fomento, fáciles de pagar, totalmente estimulantes y el gran aporte para acrecentar la caficultura y reavivar la economía agropecuaria con beneficios para campesinos, productores, caficultores y consumidores. En opinión de Montenegro, los créditos que resultarían cómodos a la hora de honrarlos, dineros que deberían operar como un instrumento rotatorio que vaya en mejores condiciones a quienes trabajan la tierra, los mismos que esperan tasas de bajo monto, atadas al IPC, una herramienta constitucional por tratarse de la base para determinar costos y muchas circunstancias al interior del país.

Solo por esa vía, la de créditos blandos y humanizados, el caficultor podrá ser más competitivo y desarrollará su actividad de mejor manera, pero igual la medida cubriría acertadamente a los demás agricultores, ganaderos y a la totalidad de las actividades del campo que tendrían mejores y garantías para tecnificar y modernizar sus fincas en aras de una mayor productividad.

Por factores como la volatilidad, incertidumbre y clima es muy complicado hacer cálculos sobre precios o producción, el tema resultaría adivinatorio y seguramente dentro de una aritmética pitonisa. De todas maneras, por ciclo se espera una cosecha de menor volumen, un 25 o 30 por ciento inferior al periodo de la anterior abundancia, tesis que debe añadir la más baja radiación, poca floración y claro está, menor producción de grano suave.

Tal y como van las cosas, acentuó Montenegro, la cifra podría estar cercana para esta vigencia a los 12 o 12.5 millones de sacos siempre y cuando no llegue otra circunstancia climática, que si resulta afortunada debe ir articulada de buenas prácticas agrícolas, renovación de cafetos, fertilización adecuada y unas buenas variedades, todos elementos esenciales para determinar cantidades y calidades, en este caso la innovada caficultura de Colombia.

 

El campo en su laberinto

 

 

El marchitamiento del campo, el aumento en las importaciones de alimentos, el abandono de las fincas, la salida masiva de jóvenes de las veredas y el riesgo creciente de la seguridad alimentaria hoy no solamente se determina por el modelo económico y la destrucción sistemática de los núcleos productivos, ahora tomó mayor fuerza un nuevo causante de ruina, intimidación, y cierre eventual de fincas. El hampa actualmente no conoce límites, la ruralidad productiva está sola y la institucionalidad brilla por su ausencia, esta es una queja de Raimundo y todo el mundo.

El sector agropecuario, señaló el caficultor, está atravesando la más compleja situación, a tal punto que la rentabilidad está amenazada, el oficio de trabajar fincas, hatos o haciendas se convirtió en un enorme riesgo y todo porque en el campo no hay seguridad. Este asunto es tenaz ya que aparte de los pagos puntuales que demanda la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN, los contribuyentes que derivan su sustento de las labores agrarias o pecuarias deben pagar a otros agentes desde luego al margen de la ley y con distintos orígenes y maneras de pensar y actuar.

Este tema debe ser abordado con urgencia por el gobierno, repito, la queja es del orden nacional, actualmente nadie que siembre o tenga unas pocas vacas se salva del boleteo, la amenaza, extorsión o cobro delincuencial. El problema es tan agudo que muchos quieren vender, los que tuvieron entusiasmo ya no quieren invertir por temor habida cuenta que la seguridad es fundamental, no solamente por tranquilidad, sino para poder implementar y desarrollar múltiples actividades campesinas, a nivel cafetero, pero igual en el universo de actividades que llevan comida a los hogares y materias primas para la transformación.

Muchas voces hablaban del fin de la producción agropecuaria por apertura económica y unos tratados de libre comercio pésimamente negociados, algunos dicen que convenios no hubo sino imposición, nada raro en estos tiempos de falsas idolatrías, impunidad, carencia de autoridad y absurdas hegemonías que pretenden manejar el mundo sin autoridad, derecho y lo peor, sin competencias morales.

 

 

Duele el campo, molesta el pésimo trato a los campesinos y productores que siguen cosechando en tiempos de Alexander Humboldt, carecen de vías terciarias, bienes públicos, infraestructura, salud, educación y lo fundamental seguridad, a esta no acceden ni por el lado jurídico y menos por el físico, hoy campea la delincuencia y como es costumbre, no pasa nada, al campesino, y es recurrente, que se lo coma el tigre, muy de malas, pero sigan sembrando.

A juicio de Montenegro Polanía, los TLC pueden ser útiles en la medida que un país sea competitivo y eso se traduce en el desarrollo y adopción de tecnologías, incentivos, crédito y condiciones viales entre tantos factores, hoy se adolece de casi todo, se trabaja con las uñas, no hay instrumentos adecuados para convertirlos en productividad y competitividad, una falla que genera pavor en un mercado abierto, marcado por los TLC, totalmente exigente en volúmenes, sostenibilidad, capacidad de competir así como de más y mejores avances digitales, tecnológicos y de alternativas en el campo, eso articulado con algo inexistente, seguridad.

El tema mundo se adhiere al relicario de preocupaciones, hay conflictos hirviendo que pueden escalar y arrastrar con el globo si se tiene en cuenta el riesgo permanente en las cadenas de suministro, el repunte en los precios de los combustibles, la derivada inflación y un caos que seguramente ira tomando mayores tamaños. Hoy tratan de apagar el incendio con discursos maquillados y cargados de pamplinas ya que mientras se autoproclaman vencedores, las bombas siguen cayendo y los líos aumentan, dejando expuesto a un imperio que paradójicamente puede ser derribado por el primero que tuvo la humanidad, el persa, hoy sin tanto poder en armas, pero con dos puntos muy a su favor, estrategia e inteligencia.

Una cosa si es cierta, en la guerra nadie gana, todos resultan perdedores, Estados Unidos ya tiene una factura onerosa que no puede pretender pagar con aranceles cuestionados y anulados por la justicia de ese país. Hoy la prudencia es sabia, la arrogancia el infierno y el silencio cómplice de lo indebido. Es el momento de poner sillas en la mesa, apelar al entendimiento y frenar un conflicto que puede redundar en tragedia universal.

 

 

Desde el análisis de Jorge Enrique Montenegro, al tema de competitividad se suma adversamente la convulsionada geopolítica en donde las guerras, hoy al rojo vivo, se convierten en un malsano vaivén porque presionan alzas de productos básicos como los combustibles que encarecen los bienes y por consiguiente la vida. Es, subrayó, una situación compleja que llevará a que el mundo tome alternativas y consuma estrictamente lo necesario ante la imposibilidad de acarrear con gastos desorbitados, nada más y nada menos que mayor incertidumbre en el desarrollo de las actividades y en la misma productividad.

 

“La geopolítica en este momento además de las circunstancias expuestas, aumentan la perplejidad y pone palos en la rueda al buen desarrollo de las actividades sobre todo las del campo”, concluyó el ex director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Huila Jorge Enrique Montenegro Polanía.

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