Domingo, 28 Mayo 2017 03:52

Santa María, un compendio de caficultura, trabajo y valentía

Este municipio del Huila está marcando la pauta en café de calidad y por eso lo visitan extranjeros interesados en llevar un grano excelso y suave para los más exigentes gustos. Total respaldo a gestión de la Fedecafé para mejorar precios.

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La caficultura en el Huila es una huella, una marca y toda una pasión porque quienes siembran el grano generalmente viven enamorados de su actividad y de un entorno hermoso que no en vano enmarca todo el paisaje cultural cafetero.

Llegar a Santa María en el Huila tiene un sinnúmero de emociones porque de un lado hay unos paisajes verdes y abundantes en agricultura y ganadería en el tramo que conduce de Neiva a Palermo, pero de este municipio a Santa María hay encanto por esos túneles de follaje que forman los árboles y por los cultivos de arroz, maíz y café que decoran laderas y pequeños valles. Ya más adentro se transita por la orilla de una montaña que amenaza con venirse sobre la banca y que de hecho el riesgo no se ha quedado simplemente en amenazas porque los incidentes se han registrado y muchos han quedado entre lo que queda de cerro y el temerario y vertiginoso río Baché, ese de aguas oscuras y rápidas que no tiene contemplación con nada ni con nadie.

En Santa María están pasando cosas buenas y dignas de replicar porque los productores entendieron que los procesos asociativos son eficaces y que definitivamente la unión hace la fuerza. Hay que decir que ese empuje de los cafeteros que debe resaltarse en este municipio se ve trastocado por unas vías terciarias que se desmoronan y causan todo tipo de traumatismos porque muchos lugareños no pueden regresar a su finca y lo que resulta peor, no pueden sacar el café para los centros de compra. Se puede decir que son productores valientes que llevan décadas al margen de la inversión estatal y que exponen sus vidas en caminos de herradura que siguen siendo sus únicas vías y el reflejo de la competitividad que tanto se pregona en los salones palaciegos de Bogotá.

En este drama no solo queda el café, igual suerte corren frutas y perecederos que se cultivan con gran esfuerzo sin que pase nada después de esperar toda una vida porque la realidad vial del municipio es de vieja data.

Samarios 2.000 es un grupo o una cooperativa que nació para incentivar el cultivo de café sobre la base de buenas prácticas agrícolas, excelente recolección y óptimo beneficio porque la idea es seguir con la actividad cafetera amenazada por el mercado internacional, por las dificultades económicas y por el cambio climático.

Diariolaeconomia.com tuvo el agrado de hablar con el señor, Ángel María Polanía, quien preside el grupo Samarios 2.000 que reúne 117 asociados de las 36 veredas cafeteras de este amañador municipio. Los Asociados la tienen clara y quieren poner en el mercado un café de mucho atributo y propiedad y hacer de Santa María un destino de café en donde los expertos en el grano puedan exportar el mejor café por siembras y procesos. Como lo dice el eslogan de su marca cuentan con café 100% colombiano, de excelente calidad, aroma y sabor.

En principio llegamos al casco urbano y de allí nos movilizamos en una camioneta de doble cabina a la vereda Las Juntas, dueña ella de un paisaje inmensamente bello en donde se divisan montañas que forman trenzas verdes y que a lo lejos reciben picos altos, muy en la dirección del Nevado del Huila. En este sitio es común ver no solo café, sino árboles de guadua, palos de aguacate, cafetos y plataneras. A las orillas de los polvorientos caminos crecen malezas y arbustos que igual decoran la vista bucólica.

Don Ángel nos contó que la idea de la cooperativa es crear fuerza productiva, fuerza competitiva y fuerza comercial. Agregó que la proyección es aumentar la productividad para lograr una caficultura de 35 o 40 cargas por hectárea y así apuntarle a un mercado equitativo que les lleve mejores ingresos a las familias sobre la base de una diferencia en precios que quieren hacer con los cafés especiales.

En la actualidad Samarios 2.000 está entrando por la senda de cultivar un café especial para lo que se está preparando, pero la idea es exportar en mayores volúmenes a través de la cooperativa y eso sí muy soportados en la institucionalidad de la Federación Nacional de Cafeteros, gremio del que esperan el mayor apoyo posible para poder lograr los objetivos entre los que está el tener una marca propia del café exportable que se produce en esa próspera región.

Hoy el grupo cafetero cuenta con una marca propia de café tostado denominada Samarios 2.000 el cual se consume de manera importante en el municipio pues los habitantes se están fidelizando con el producto así como pasa en otros puntos del departamento del Huila lo cual ha permitido ver un crecimiento en el mercado interno y regional con lo que aumenta la dinámica y el entusiasmo de los cafeteros.

Polanía les dijo a los compradores exógenos que el café de Santa María tiene grandes ventajas en taza y en excelencia por cuanto se siembra en un clima templado a unos 1.600, 1.700 y hasta 2.500 metros sobre el nivel del mar en medio de estribaciones que conforman la cordillera occidental y muy cerca del nevado del Huila lo cual brinda un ecosistema limpio y muy apto para los cultivos.

Aparte de contar con un medio ambiente adecuado, los caficultores se comprometieron con el cuidado y la preservación de la zona porque la idea es sembrar café, plátano, cítricos y pasifloras, pero sin desmedro del hábitat. Por eso quienes toman una buena taza de café de este municipio lo pueden hacer tranquilamente y disfrutando de los favores de la madre tierra. Santa María tuvo ya el honor con otro grupo de cafeteros de ganar el premio Licafé. Cabe recordar que hoy por hoy el Huila ocupa el primer lugar en producción de grano al igual que en calidad de café.

“Estamos muy orgullosos porque en el Huila estamos produciendo con mucho empeño y con todo el compromiso el mejor café de Colombia y por eso decimos con toda la razón que tenemos producción, cantidad y calidad. Para el caso de Santa María, estamos sacando un café con un rendimiento de 1,86 a 92 por ciento y una puntuación de 1.88 con fragancias de chocolate y cítricos”, declaró el señor Polanía.

La cosecha cafetera en el Huila está arrancando y por eso la asociación Samarios 2.000 invitó a los colombianos y a los extranjeros interesados en conocer de buen café a que visiten la región y aprovechen los encantos paisajísticos. El próximo 28 de junio se cumplirá en Santa María la tercera versión de la Feria Municipal de Café en donde habrá concurso de caficultores los cuales mostrarán lo mejor en calidad por lo que están seguros que habrá buenos negocios y que el café de este escondido, pero bonito rincón huilense saldrá para muchos mercados a marcar un hito por ese timbre de grano inigualable.

Es bueno precisar que el café especial es aquel que se hace bajo parámetros de extremo cuidado, con muy buenas prácticas agrícolas y ambientales así como por una recolección óptima y un beneficio que atiende las más exigentes recomendaciones de la Federación.

Este café implica un lavado con agua limpia y un secado en marquesina en donde no hay contacto con los pies y en sí un proceso con todas las rigurosidades de la asepsia.

El experto en café comentó que en Santa María hay varias calidades de café y es por eso que se encuentra variedad Colombia, Castillo y Caturra, es decir que hay un portafolio de calidades que se les pueden ofrecer a los consumidores.

Aparte de los asociados a Samarios 2.000, en Santa María, Huila, hay 1.800 familias cafeteras que tienen alrededor de 3.500 hectáreas en producción. Los 117 asociados a la cooperativa gozan de beneficios como los créditos para los insumos y otros favores en comercialización. La idea es llegar a 300 asociados, pero única y exclusivamente que ofrezcan café de calidad porque la meta está trazada, Santa María y Samarios 2.000 deben vender un café de muy elevada propiedad.

Los trabajos que hace el grupo buscan que a los caficultores y que a ese productor primario que debe ponerle el pecho a la brisa se le remunere con lo que se merece y no con lo que le toque razón por la cual vislumbran un precio interno de compra más rentable que llegue a un millón o a 1.5 millones de pesos por carga lo cual haría sostenible la caficultura y disminuiría el sufrimiento porque a la fecha muchos productores no pueden educar a sus hijos ni pueden vivir con dignidad porque hay bajos precios y muchas deudas que en ocasiones absorben las fincas.

En Santa María hay mucho trabajo y mucho empuje, pero falta el centavo para el peso porque hay que fortalecer sectores básicos como salud, educación y el de vías porque en el invierno el municipio prácticamente queda bloqueado en detrimento de la competitividad y del progreso.

“Como se puede observar hay vías terciarias y secundarias totalmente precarias en donde no se pasa ni en mula porque los riesgos de deslizamiento son constantes. Eso habla por sí solo del abandono en el que nos tiene el gobierno y por eso pedimos una mirada generosa del estado para que nos permita adelantar nuestra labor cafetera que por este lío de trochas está seriamente amenazada pues sin vías no va café ni alimentos a Neiva o a otras partes de la geografía, tan solo eso pedimos que nos miren como lo que somos, colombianos trabajadores y honestos que no hemos merecido la mínima atención del estado”, afirmó Polanía.

El invierno ha pasado una cuenta cara porque las veredas del municipio están taponadas y más de 200 kilómetros de banca se los llevó el río Baché exponiendo a muchas personas a sufrir accidentes que pueden resultar fatales.
Uno de los grandes retos de la caficultura es el cambio climático, pero en opinión del presidente de Samarios 2.000 el tema se ha venido superando porque los cafeteros han podido amoldarse gracias a los trabajos en las secretarías técnicas y a las recomendaciones del gremio cafetero. De igual manera la experiencia del productor es de muchos años y eso ha ayudado a aminorar pérdidas y a enfrentar dificultades.

Incondicional respaldo a la Federación

El presidente de Samarios 2.000, Ángel María Polanía, indicó que la cooperativa le da su total espaldarazo a la gestión que adelanta el Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, Roberto Vélez Vallejo, la cual quiere crear conciencia en las multinacionales que compran café para que reconozcan un arduo trabajo en donde quien siembra el grano es el que menos gana o en escenarios críticos quien no gana.

“Nosotros acompañamos al Gerente en ese propósito porque se nota que está haciendo una defensa de los intereses cafeteros. Desde aquí, desde estas montañas opitas le deseamos todo el éxito, porque si logra su objetivo será posible contar con más recursos como consecuencia de la exportación de café y por esta vía muy seguramente llegarán grandes beneficios. Es importante que la Federación siga trabajando en un nuevo esquema de comercialización porque si no hay café no hay gremio y sin café no hay negocio para nadie”, expuso el caficultor.

Desde la tranquilidad de la vereda Las Juntas, Ángel María Polanía, le pidió a Nestle y a otras multinacionales que sacan el máximo provecho de la actividad cafetera que paguen precios justos por el café que se siembra con tanto esfuerzo y con tanto sacrificio. Los invitó a Santa María a visitar veredas cafeteras para que se unten de ese pueblo cafetero que en medio de las vicisitudes tiene tiempo para una sonrisa y para suspirar por el amor que aún tiene por el optimismo.

“Es bueno decirles a esos compradores que son importantes para nosotros, que las ganancias deben ser equitativas y que no se deben quedar en un solo bolsillo porque con más remuneración para el caficultor se mejora la calidad y por consiguiente el producto que ellos procesan. Los dividendos deben ser para todos en una cadena en donde el productor primario, en este caso el cafetero, es quien no gana y quien muchas veces produce a pérdida, mientras las grandes corporaciones nadan en dólares”, sostuvo.

Otro problema para el campo y para la caficultura es el alto costo de los insumos y por eso desde Santa María los productores le piden respetuosamente al gobierno contemplar un subsidio para esas materias primas al igual que a propender por unas tasas de interés flexibles toda vez que el crédito agrario está a la par con el crédito de consumo que tiene unos costos impagables máxime en una actividad como la rural en donde los problemas son todos y las ayudas mínimas.

El presidente de Samarios 2.000 instó al ejecutivo para que le dé una mano al campo con el fin de unir esfuerzos y poder contar con una caficultura y con un sector agrario de alta competitividad, razón por la cual insiste en insumos de menor precio, créditos baratos así como menos trámites y menos obstáculos para los desembolsos que vienen de la banca.

“El que dice que con la sola cédula cafetera le prestan plata de manera rápida y efectiva está incurriendo en una gran mentira”, apuntó.

Desde 1989 con la caída del acuerdo de cuotas o del llamado Pacto Cafetero, la labor no ha sido fácil para los productores de grano porque en principio se enfrentaron a precios muy bajos y tuvieron que subsistir. Se puede decir que muchos caficultores siguen sembrando por amor al café porque si se mira como negocio son más los saldos en rojo y los problemas que los beneficios por rentabilidad.

De tan grave magnitud fue el lío que muchos productores fueron a la banca rota, entregando fincas a los bancos, vendiendo predios o cambiando de actividad porque en ocasiones es más favorable sembrar granadilla, chulupa o frijol o dedicarse a la ganadería. Por fortuna la caficultura volvió con fuerza al Huila, de un lado porque muchos están de regreso o sencillamente porque ya las nuevas generaciones tomaron las riendas de una actividad que le dio a Colombia desarrollo, identidad y felicidad.

Esta zona decidió alternar labranzas y por eso se ven grandes cultivos de pasifloras como la granadilla, también crecen las siembras de lulo y de gulupa pero el problema de las vías trunca todo ese brío de los productores.

“Están llegando cafeteros de 18, 25 o 30 años que decidieron comprometerse con la caficultura, pero es por todo eso que necesitamos una ayuda del gobierno para incentivar aún más los cafeteros y seguir haciendo historia en la economía y en la actividad cafetera”, expresó Polanía.

Para este experto en café, la caficultura no se puede acabar o llevar a la ruina porque gracias al café es que Colombia ha tenido desarrollo y empleo. Por el café, dijo, se mueve el comercio y si no hay ejercicio cafetero con seguridad que la economía colapsa.

Como si los problemas fueran pocos, la mano de obra ha escaseado y por ello un jornal puede costar entre 30.000 y 40.000 pesos por día sin contar que hay que darle posada, desayuno, almuerzo y comida lo cual impacta el costo de producción. La mano de obra del café migró para otros cultivos, primordialmente para los ilícitos y con ello se generó otro inconveniente en los campos.

“Otro asunto complejo que sacó gente del campo fue el asistencialismo porque programas como Familias en Acción se dedicaron a regalar plata y a patrocinar la pereza, muchos se fueron de la ruralidad porque era más viable recibir dinero regalado que trabajar y en eso el estado cometió un error gravísimo que debe corregir porque el dinero puede quedarse en el campo con programas en donde la gente se gane esa plata, pero sudándola”, aseveró el presidente de Samarios 2.000.

Esta cooperativa tiene 16 años operando y empezó tímidamente con algunos miembros, pero fue creciendo con el respaldo de la Federación Nacional de Cafeteros y con ayudas del estado. Al sabor de un exquisito café de Samarios 2.000 don Ángel María Polanía, nos dijo que el café más amargo que se ha tomado en la vida fue el año pasado cuando por el clima se perdió la cosecha en su totalidad lo cual fue catastrófico.

El café más dulce y suave lo probó con la asociatividad toda vez que le permitió ver una caficultura sostenible que jamás desfalleció y que heredó el ímpetu de abuelos o bisabuelos que también sembraron en medio de grandes inconvenientes porque Colombia no se ha caracterizado por ser un país fácil.

Entre los cafetos de Santa María, don Ángel nació hace 55 años y lleva toda una vida en la caficultura pues desde muy chico le cogió amor a una labor compleja que ha dado muchas cosas buenas, amén de las cosas malas que en ocasiones recibe a cambio.

El lunes tres de julio de 1989 Polanía estaba en su pequeña finca en la vereda “El Encanto” cuando se enteró de la caída del Pacto Cafetero, ese que se había sostenido desde 1962. Narró que la noticia generó pánico entre muchos productores que gozaban de compras de café por el acuerdo de cuotas y de un precio que hacía viable la actividad cafetera. Aseguró que ese día de nubarrones les cambió la cara a los cafeteros, pero en medio de todo, el totazo sirvió porque muchos aprendieron a remar con la corriente en contra.

Los reclamos de don David

El caficultor, David Horta dijo que lleva más de 40 años en las siembras de café y aún recuerda cuando sembró su primer árbol en 1975. Este hombre amable y experto en el tema de café manifestó que está muy preocupado porque a los cafetos les está llegando una enfermedad extraña que no logra definir porque no es roya, tampoco broca u hongos.

La situación lo tiene preocupado porque las matas de café crecen muy bien, pero en algunas apareció una especie de marchitamiento que lo tiene pensativo. Por este motivo pidió la intervención del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA y de la misma Federación con Cenicafé para determinar qué problema ataca su planta porque así como puede ser algo elemental, se puede tratar de algo delicado que apenas comienza.

Dijo que el gran problema de la caficultura es el cambio climático que de seguir con esos embates va a acabar con la pequeña caficultura que está arrinconada con ese lío que encareció los costos de producción.

“Este es un gran inconveniente y lo terrible es que en caficultura uno vive muy endeudado pues en mi caso a cada santo le debo una vela. En 1994 intenté irme del café y vendí la finca para dedicarme a la ganadería, pero en todos los sectores agrícolas y pecuarios hay problemas, y bien grandes”, anotó Horta.

Según el productor, otro gran problema del café es la incertidumbre de los precios porque no hay estabilidad y los cafeteros no tienen certeza de sus costos ni de sus ingresos. Para el señor Horta el café es amor puro y lo define como la “cajita del Dolorán”.

Caficultura joven y orgullosa

Yilber Arias es un joven caficultor de Santa María y dijo que defiende la caficultura por ser una siembra ancestral que dejó desarrollo y toda una identidad en Colombia.

Señaló que en temas cafeteros hay que aprender a descifrar el clima y a fertilizar porque sin una buena fertilización las cosechas tienden a disminuir, lo que obliga a balancear esta práctica en los cafetos.

Arias afirmó que el café es una buena alternativa que debe ser mirada por las nuevas generaciones pues brinda independencia a la hora de ser empresarios sobre pilares de responsabilidad y buenas prácticas.

“Con el café trabajamos tranquilos, hacemos riqueza para nosotros mismos y no estamos saturando las grandes ciudades en donde hay mal trato e injusticia con quien sale del campo en busca de fortuna”, declaró.

Certificó que cultivar café es un trabajo muy duro porque no compensa el esfuerzo ni da los recursos esperados, pero de todas maneras y pese a los escenarios, de por sí inciertos, asegura que se siente orgulloso de ser un buen cafetero.

Salimos con buen sol de la vereda Las Juntas y allí nos despedimos de los nuevos buenos amigos. De camino al pueblo vimos caras alegres, otras pensativas y mucho por hacer en obras públicas porque la tarde amenazaba con lluvia y ese sí que es un gran problema porque se producen deslizamientos, se taponan las vías y lo poco que queda de banca es un barrizal por donde patinan motos y camionetas.

Allá atrás en zona rural de Santa María quedó el recuerdo de las cuatro rucias y ariscas mulas que formaban la recua para llevar lo que le pongan. Igualmente quedó calcado en el pensamiento el hombre sin camisa cargando 80 kilos de café sin descanso ni pausa. La carga provenía con toda seguridad de una de esas fincas que tienen dificultades por el invierno.

Indiscutiblemente visitamos uno sitos en donde debe salir el café a lomo de mula, pero también tuvimos que ver hombres de carga que trabajan como mulas porque en caficultura se admite todo menos la flojera o el bajar los brazos. Es por eso que si las multinacionales reconocen un mejor precio a los caficultores no hacen un favor, sencillamente pagan esfuerzos, sufrimientos y sacrificios que no alcanzan a percibir, ni medianamente a imaginar desde el confort de sus oficinas.