Sábado, 23 Enero 2021 02:57

Rosa P Boutique, innovando, previniendo y tapándole la boca al pesimismo

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Esta firma de moda demostró que con creatividad, estrategia y mucho entusiasmo, los escollos pueden superarse, catapultando marca y superando coyunturas.

Si un sector paralelo al agro merece reconocimiento y todos los aplausos por su aporte social, empuje económico y perspectiva en desarrollo es el que agrupa micro, pequeñas y medianas empresas, no cabe duda. Este rango del sector real prácticamente fue la columna vertebral del progreso y erigió factorías de gran importancia que figuraron por su impacto en las regiones, en las capitales y en sitios ignotos en donde hacer empresa hacía parte del credo.

En la Colombia vetusta, esa que aparece en blanco y negro o quizás en sepia, es notorio ver enormes bodegas en donde las fábricas fueron la bendición más grande por la oferta laboral y el abastecimiento. Igual el comercio dejaba ver dinámica y hacía del país cafetero una meca para el crecimiento, la renta y la inversión.

Desde siglos atrás los colombianos mostraron empuje y tesón, en las regiones era usual sumar en el listado de empresas, cerveceras, licoreras, textileras, diseño y confección, pero igual transformación de alimentos, ferrerías, polvorerías, gourmet, refrescos y todo tipo de ofertas en cuero porque el país tuvo una vocación manufacturera determinante que le permitió avanzar en fabricación de calzado y marroquinería. En fin, los emprendimientos fueron muchos, las empresas alcanzaron grandes grados de crecimiento y la vida resultaba mucho más accesible porque la pobreza de esas épocas era paliada con un ingreso que permitía poner pan en la mesa.

Con la llegada de la apertura de 1991, el país tuvo otro gran sacudón, y en medio de quiebras y cierres, demasiados empresarios sobrevivieron a la arremetida de las importaciones, fruto de la más irresponsable desgravación arancelaria. El asunto fue de tal magnitud que las empresas necesitaron días o muy pocas semanas para desaparecer del mapa productivo. Allí ya se forjaba el industrial moderno y sin lugar a dudas, el proceso enseñó de resiliencia, valor, insistencia y aguante, muchos dejaron ver la vena y el empuje genético y testamentario, sencillamente el saber soportar con arrojo y visión no había sido gratis, el fenómeno de colonización antioqueña, de industrialización y supervivencia era aún latente y todavía, en medio de la debacle, brotaba ímpetu de los hijos y nietos de quienes construyeron ciudades y poblaciones a punta de machete, hacha, ilusión y una fuerza que complementaban bueyes, caballos, mulas y asnos.

La nación creció sobre las dificultades, es axiomático, cafeteros, agricultores, ganaderos y empresarios, sobrevivieron a enfermedades, guerras y sobresaltos económicos como la crisis del 29 que fue la cuota inicial del sufrimiento de la década de los años treinta. El siglo XIX se fue con una nube negra y el siglo XX heredó el sino que afectó sociedades, proyectos, economías y metas. Como es apenas obvio, nada resultó ni fácil, ni gratis, los problemas estuvieron a la orden del día.

 

El Covid-19 está de moda y como todo, tiene su prenda

Con la Covid-19, el tema no es diferente, antes de la enfermedad el país y el mundo ya mostraban unas cifras raquíticas que ocuparon a los más versados y ortodoxos economistas tratando de descifrar el lío y la solución, hoy la pregunta que brota es ¿quién estará más ocupado buscando salidas, los científicos o los economistas?, porque la pandemia no solo es viral, igual de manejo económico.

Hoy cuando el país atraviesa por una terrible situación en salubridad y en donde todo se hace complejo, mágica o milagrosamente afloró el ingenio y el afortunado atrevimiento para seguir imprimiéndole ritmo a la economía y así poner el término colapso, en el cuarto de San Alejo. Muchas empresas optaron por la innovación y sumaron en su portafolio nuevos productos, que perfectamente pueden relacionarse con la vida porque hacen parte de la prevención y el cuidado.

Rosa María Piedrahita

En plática con Diariolaeconomia.com, la Gerente de Rosa P Boutique, Rosa María Piedrahita, aseguró que el éxito así como el trabajo dinámico deben ser una constante en la vida de los seres humanos, pero igual en las empresas porque estimó poco consecuente utilizar las diferentes coyunturas para justificar la postración, el abandono de las ideas o el fin de los emprendimientos. Para esta antioqueña de corazón grande, la pandemia de Covid-19 no debe amilanar a los industriales, y caso opuesto, estimó, la enfermedad se convirtió en el más apasionante desafío ya que invita a utilizar las herramientas creativas para seguir repuntando, sosteniendo los procesos y jamás claudicar.

En medio del alboroto y el conato de quiebra que llegó con la letal infección, la empresaria no abandonó su misión, siguió adelante con sus prendas femeninas de llamativo diseño, pero apostó por los tapabocas para lo cual visitó la Comuna 13 en donde encontró aptitud en los grafiteros más famosos a quien les pagó los derechos de autor para plasmar sus obras en los tapabocas o barbijos. El asunto fue de tan alto impacto que empezó a hablarse de economía circular toda vez que los accesorios pueden venderse en el sitio, dándole mayor dinámica a una zona que capta turismo y diferentes comercios.

Para entrar en ese molde de economía circular la empresa piensa seriamente llevar el taller de confección de los tapabocas a la comuna, dejando claro que los últimos fueron hechos allá. Las ventas se hacen ampliamente en ese sector de alta concurrencia de visitantes, muchos internacionales, que admiran el arte del grafiti.

Un logro competitivo e innovador es el código “escanéame” con lo cual es posible con el celular ver la historia de cada tapabocas en cuatro idiomas, francés, italiano, español e inglés. Los cubre-bocas tienen cinco diseños, el líder, la lideresa, la solidaridad, el parte y la diversidad.

Cabe anotar que los tapabocas de Rosa P Boutique tienen un excelente diseño, todo tipo de colores, poseen fama por la facilidad para combinar ropa masculina y femenina, además porque se pueden lavar más de 25 veces sin que pierdan el anti-fluido. Este cubre-bocas inventado por Rosa María Piedrahita tiene todo el trabajo y resultó un negocio que aporta en estética, pero básicamente en salud.

Una particularidad de esta empresaria llena de perrenque es que disfruta hasta más no poder del mundo de la moda, es por ello que se consolidó como una permanente innovadora a la que le gusta crear marca. Su éxito radica en la observación, igual en el análisis de las tendencias, pero a la par con el buen gusto, la vanguardia y con el empoderamiento de una mujer de mundo, retadora y muy bien vestida, un factor que le inyecte mucha seguridad.

 

“Como todos saben, una impresión vale más que mil palabras y por ello, después de pasar por la industria de la tecnología, me reinventé con el tema de la moda. Estoy en él hace dos años, tengo la página de Instagram para mover todo el trabajo y un mundo de ideas en diseño de mi pequeña empresa en donde mi hija es la modelo y sacándole todo el provecho al profesionalismo de un grupo de fotógrafos jóvenes agrupados en Medellín Paradise. Cada ocho días lanzamos ideas en el grupo, definimos colecciones, fechas de lanzamiento y trazamos la estrategia, pero todo quedó frenado con la pandemia porque el mundo entero quedó paralizado ante la intempestiva enfermedad”, comentó la señora Rosa María Piedrahita.

 

La coyuntura conllevó a pensar en unos tapabocas fashionistas que hicieran juego con la ropa que estaba sacando esta casa de moda. A raíz de la iniciativa, la empresaria optó por sublimar las telas, las llevó un proceso de termofijación, es decir que la tinta de un papel es impreso por calor en la tela. El asunto es que, al fabricar una falda, salía con la prenda del tapabocas a manera de útil accesorio.

No todo quedó en las prendas diseñadas para las exigentes damas de Medellín, Antioquia y los destinos que tienen las prendas de Rosa P Boutique, de igual manera fueron puestos en el mercado los tapabocas para hombres de tal manera que hicieran juego con las medias, la camisa o la corbata. La innovación que resultó de pensar qué hacer en el día a día de la pandemia, resulto el más certero batazo empresarial y de diseño, un plan para esperar por la normalidad y una situación mucho más manejable.

Destacó la creatividad de los colombianos, pero igual su espíritu vanguardista, pero no dejó por fuera su temple, inteligencia y capacidad de innovar, todo en un contexto de presión en donde la resiliencia se pone a toda prueba. Igual hay una sana solidaridad entre los empresarios y un interesante intercambio de información, a tal punto que gracias a la cadena de los textiles, la inquieta empresaria aprendió a fabricar los, hoy, indispensables tapabocas.

Dentro de la filosofía de Rosa María Piedrahita está el ayudar, no perder el carácter solidario y ayudar con todo empeño a la industria nacional que generalmente es legal, generadora de empleo y una fuente de impuestos de considerable tamaño que le resulta transcendental al gobierno.

Según la gerente, empresas del tamaño de su casa de modas son muy necesarias para el buen funcionamiento de la economía en conjunto porque ofrecen empleo y mueven toda la cadena textil para llegar con el mejor producto a unos consumidores cada vez más exigentes. La empresa igual hace uso de servicios profesionales que le van dando a la firma valor agregado y proyección.

 

“Aquí todo es nacional, las materias primas, el hilo, la tela, los confeccionistas y absolutamente todo, no manejamos producto importado, creemos en los nuestro y es apenas obvio que debemos dar ejemplo, lo de la tierra primero”, subrayó Piedrahita.

 

El revolucionario producto de esta marca antioqueña está listo para todo tipo de demanda en el mercado porque aparte del tapaboca personalizado y de accesorio en moda, hay espacio para asuntos corporativos. La empresa está muy satisfecha por la tela colombiana anti-fluido que muestra una protección de 130 gramos, pero que, al totalizar las dos caras de la prenda, sumaría 270 gramos de anti-fluido. Aclaró que no tiene ningún tipo de filtro porque no es necesario en vista que la tela pasó todas las pruebas hechas para ofrecer la mayor confiabilidad gracias a unas características que la hacen biosegura.

La empresa aclaró que el necesario anti-fluido no se pierde porque las telas no son estampadas sino sublimadas, un proceso muy diferente y bastante localizado. Por la calidad y suavidad de las telas es muy fácil hablar y respirar sin problema, evitando calor excesivo e incomodidad.

Una de las dificultades del producto fue llevar el diseño al tapaboca porque no podía quedar por fuera el boceto del artista, la idea fue desde un comienzo respetar el trabajo de los creadores.

 

El tapaboca chino, nada que ver

Los productos de China invaden los mercados de Colombia así como del mundo y el tapaboca no iba a ser la excepción. Un protector con ese origen, de precaria calidad, que causa maltrato y fácil de comprar en la calle puede costar 1.400 pesos, una pésima inversión porque ese tapaboca debe desecharse en detrimento del medio ambiente porque la gran mayoría, por no decir que todos, terminan en las calles contaminando la ciudad.

Al hacer las cuentas de los tapabocas de Rosa P Boutique que pueden lavarse sin problema alguno, frente a los desechables que vienen de Asia, su costo es de menos de 400 pesos. Un cubre-boca producido con toda la calidad y el diseño por la empresaria, cuesta 12.000 pesos, pero al por mayor su precio baja a 10.000 pesos, una ventaja a la hora de buscar salud, comodidad y ahorro.

A la fecha la empresa cuenta con más de 40 diseños unisex que resaltan los tonos de las corbatas, de los calcetines y de las prendas bien sea de hombre o de mujer. La gama de colores igual es variada y los más versados en moda ven el accesorio como estético, de buen gusto, cómodo, pero por encima de todo bioseguro. Los hay de rayas, cuadros rombos, flores y diseños altamente vanguardistas.

 

“Es muy triste tener que reconocer que el tapaboca en Colombia es un sector muy desprotegido porque las autoridades de salud saben que hay en el país una industria que puede responder en el mercado. Aquí muchas fábricas cumplen los requisitos de higiene para hacer estos protectores, sin embargo, no resulta muy rentable porque todos los tapabocas los traen de China y cuando abren licitaciones llegan todas las exigencias como por ejemplo el de tres capas, es decir un término que saca de tajo el tapaboca nacional. A mí una decisión de esas no me afecta, pero a un empresario con 40, 50 o más de 100 operarios el daño es grande ya que pierde un negocio que puede hacer, pero que está destinado a los chinos”, apuntó Rosa María Piedrahita.

 

De seguir con la pandemia que según los expertos podría tardar dos años, la empresaria aseveró que el uso del tapaboca debería ser obligatorio y una exigencia en todo el territorio nacional, pero hay sitios en Medellín y Colombia en donde no hay disciplina y la gente omite el uso de este protector a sabiendas que en sus comunas o barrios hay Covid-19. Lo propio debe pasar en todo tipo de transporte, llámese bus, metro o lo que sea en donde la protección debe ser un común denominador porque el tapabocas es un método efectivo junto con el lavado de manos para contrarrestar la enfermedad.

Añadió que hay muchos infectados asintomáticos que salen y sin la menor intención de hacer daño diseminan el virus, llevando angustia, enfermedad y en ocasiones muerte a los hogares que hacen la tarea de cuidarse. A criterio de la empresaria, el estado debería apoyar y promover a la industria nacional para que fabrique tapabocas.

Los diseños de Rosa María Piedrahita, ya pasaron fronteras, razón por la cual han ido a Estados Unidos, Inglaterra, España y Puerto Rico, destinos en donde el protector ha gustado porque le encontraron bondades, lo vieron disruptivo a tal punto que lo siguen pidiendo.

 

Rosa P Boutique, una casa de moda que no sabe de pausas

La gerente de la empresa Rosa P Boutique puntualizó que en medio de la situación apremiante, la firma sigue moviéndose con diseños y dinamizando las líneas de ropa. Las prendas son de comprobada calidad y por ello su fundadora asegura que quien viste con la marca es una mujer empoderada, bien vestida, elegante y demasiado llamativa.

Esta empresa trabaja con diseños modernos, novedosos y audaces con telas nacionales y confección colombiana de gran calidad. La marca aprendió a ser competitiva motivo por el cual va al mercado sin timidez y caso opuesto, con la seguridad que sus propuestas en moda son ganadoras. En medio de la crisis, esta dama de la moda y sus colaboradores siguen confeccionado, no han parado y prosiguieron sin pausa, eso sí, reinventando el negocio, dándole tranquilidad a la caja en tanto el otro negocio seguía el curso normal de la economía, advirtiendo que mucha gente escogió prendas para quedarse en el hogar, por ejemplo, pijamas y otras más livianas, igual, con la tendencia, la casa siguió impulsando nuevas colecciones.

Rosa P Boutique tiene en portafolio vestidos, blusas, faldas, chaquetas, vestidos de fiesta, prendas de playa y toda la gama de ropa vanguardista. La empresa conserva una clase y un estilo que resulta su sello de exclusividad, pero igual está con la moda actual. La casa produce prendas muy finas, llenas de color y de comprobada duración.

Un punto interesante es que la marca diseña para todo tipo de bolsillos, pero básicamente para quienes tienen afinado el buen gusto y desde luego llega fácilmente a las mujeres que invierten de acuerdo a la utilidad que le vayan a sacar a cada vestuario. La pandemia, expresó Rosa María, enseñó que la vida no es para complicarse y que la ropa debe ser duradera.

En opinión de la empresaria, Colombia está en condiciones de producir prendas buenas, bonitas y baratas, deploró que el consumidor colombiano no es consciente de ello porque cada vez que le compra a China le quita su puesto de trabajo a un colombiano que es ni más ni menos el alimento de una familia, en términos generales, pero que pueden ser dos o tres familias frente a la vulnerabilidad del país en materia económica.

 

“El país y la industria textilera de Medellín que es muy fuerte, produce ropaje de muy buena calidad, con precios relativamente bajos y al alcance de la familia colombiana que ya no necesita vestirse con prendas chinas de bajo costo para lamentarse después por esa adquisición. En el famoso Hueco de la capital antioqueña se vende a la par producto chino y colombiano, empero el colombiano demostró que tiene más calidad y compite fácilmente en precio, obviamente entendiendo que hay segmentos de mercado, ratificando que sí estamos en capacidad de vestir a los colombianos”, precisó Rosa María Piedrahita.

 

Celebró la calidad de la confección nacional y anotó que en los talleres o fábricas hay mujeres más que pulidas en su oficio lo cual garantiza vestimenta de muy buena calidad y por eso recalcó, es el momento que los colombianos le compren al país, le den la mano al fabricante local que necesita seguir en el mercado, garantizar empleos y proyectar crecimiento en favor de toda una nación, con la que será posible mover la economía y sacarla del bache en la que se encuentra.

Proyectó que si la familia colombiana compra productos nacionales, de todo tipo, con seguridad el país saldrá adelante en un santiamén, y todo porque el país es altamente consumidor. Anotó que hay lugares en donde fácilmente se ven electrodomésticos, sin importar el estrato, de calidades elevadas y, por consiguiente, las necesidades básicas de la gente con menor ingreso, seguramente, están cubiertas lo cual hace que en el país haya gente feliz.

 

No es el momento de una tributaria

Al entrar en el tema fiscal el cual se ha visto mermado por la pandemia, la empresaria dijo que el momento actual no es el mejor para plantear una reforma tributaria porque la gente está tremendamente golpeada. Apuntó que el empresariado está en esa misma línea, aporreado y sin margen de asumir nuevas tarifas impositivas.

 

“Tengo grandes amigos empresarios que dicen estar muy vapuleados y aseguran que si les suben los impuestos, que no se sabe de dónde van a salir con un país reventado, habrá un impacto negativo en el empleo que infortunadamente se reducirá, un lujo que no se puede dar el gobierno porque más gente en la calle y sin ingreso agudiza la crisis. Por el contrario el ejecutivo debería lanzar un salvavidas porque la economía de un país como Colombia reposa en la pequeña y mediana empresa, la misma que está siendo maltratada. Hoy las empresas quebradas son las pymes, un dato nada menor porque son las mayores generadoras de puestos de trabajo”, señaló.

 

Pagar un solo salario mínimo es muy difícil cuando no se vende nada, pero hay empresas con muchos empleados que hoy están en riesgo de salir de la fábrica, además el empresario pequeño debe pensar en sus propios gastos puesto que vive de su propia economía y no de ayudas externas. A criterio de Piedrahita, hay que construir país, ser legales, pagar impuestos y financiar desarrollo, pero sin ahogar a los empresarios en un momento tan embarazoso y coyuntural.

 

“Ver tantos negocios cerrados produce tristeza, escuchar industriales en apuros estresa, hay posibilidades de reinventarse, pero ahora con el Covid-19 es innegable que algunas empresas se han sostenido, pero igual, cuántas se han empobrecido, y con seguridad, no son pocas. Insisto, esta enfermedad les trajo oportunidad a algunos y miseria a muchos”, manifestó Rosa María Piedrahita.

 

Concluyó que hoy el sentir de los empresarios es de desánimo, tristeza y apuro sin contar con un sinsabor reflejo de la cascada de impuestos, de los problemas y complicaciones para sostener el aparato productivo por la tremenda retahíla de tarifas y obligaciones que castigan el trabajo y el valor de apostarle a la creación de empresas. En el país, sentenció, muchos terminarán en la banca rota porque el esquema impositivo no deja progresar absolutamente a nadie.

La fundadora y alma de Rosa P Boutique, Rosa María Piedrahita, es una mujer nacida en Puerto Berrio, Antioquia, pero su pasión por el empresariado la llevaron a Bogotá y Medellín. Amiga del emprendimiento y alejada del titubeo, se lanzó al mundo de los negocios desde muy joven en el Magdalena Medio. Sus padres Guillermo Piedrahita y Marleny Piedrahita, marcaron el derrotero de la inquieta empresaria. Doña Marleny fue una líder y todo un paradigma de trabajo a tal punto que llegó a ser la primera presidente del Concejo de Puerto Berrio.

Su gran herencia fue la honradez y la bondad pues ella y su familia crecieron en un hogar amoroso y atiborrado de generosidad, una actitud que complementó con el respeto, la creatividad y el emprendimiento. Periodista de profesión, tuvo ojo avizor para la vida, pero igual para leer a las personas, las circunstancias y las oportunidades. Sin temor a exagerar, la dinámica Rosa María, siguió con el mandato de la saga, ser por encima de todo, muy buena persona.

Preocupada por la sociedad y el devenir de un país juicioso que sabe trabajar, la empresaria hace labor comunitaria y les llega a los antioqueños más vulnerables con ayuda y apoyo. Hoy adelanta con éxito programas de responsabilidad social y por su experiencia también en el área de tecnología, logró conseguir unos equipos para dotar una sala de Internet para los niños de la Comuna 13. Aguarda ansiosa que termine el rebrote para llevar los computadores y un video beam en donde serán proyectadas películas educativas a los menores.

 

Tapabocas, un hijo de la asepsia

WU LIEN TEHSi bien las mascarillas entraron tibiamente en escena en 1890 cuando fueron llevadas a las salas de cirugía luego de la identificación de microbios que le dio vida a las teorías de los gérmenes que explicaron con el tiempo los mecanismos de infección, ello en la mitad del siglo XIX, hay unos precedentes de protección de vieja data. La mascarilla inclusive se conoce de manera incipiente a finales de 1800 cuando el médico cirujano francés Paul Berger usó algo muy parecido a la mascarilla quirúrgica. Después, en 1897, el también clínico austro-húngaro Jan Mikulicz, estrena su quirófano aséptico en la ciudad polaca de Breslau y luce junto con su equipo una máscara hecha con gasas y telas.

Los tapabocas dan su gran salto en 1910 en plena plaga de Manchuria, una enfermedad reportada en China sumamente letal pues los infectados luego de mostrar síntomas morían luego de 24 o 48 horas, todo un horror. La enfermedad que se creía tuvo como vector las pulgas, tal y como aconteció con la peste negra, resultó ser una bacteria que viajaba tranquilamente por el aire, contaminando con mucha rapidez.

Gracias a los estudios e hipótesis del médico Wu Lien Teh, un joven nacido en Malasia con sobresalientes notas en la universidad de Cambridge, llegaron avances en higiene. El facultativo se desplazó a Manchuria para sustentar su tesis que la peste era pulmonar, muy lejana de la peste negra. Este famoso profesional de la salud le dio vida al tapabocas actual, el que sería de mucha utilidad en 1918 cuando apareció la Gripe Española. Consistía en varias capas de tela y algodón, mecanismo efectivo para filtrar el aire.

Recalcó que un paciente infectado con peste pulmonar fácilmente contagiaría a otras personas por medio del aire, un vector invisible. En ese momento sugirió el uso masivo de mascarillas para contener la tenaz enfermedad.

Sus advertencias hallaron eco con el fallecimiento del médico francés Gérald Mesny, quien encontró la muerte por visitar, de manera porfiada, un hospital infectado sin la debida protección. Desde ese día estalló la demanda de mascarillas y en las calles todos portaban una para protegerse del virus, pese a todo la enfermedad acabó con la vida de 63.000 personas.

El barbijo fue creado para el personal médico ya que la idea era evitar que las bacterias y virus que salieran de boca y nariz de los enfermos impactaran a los galenos afectando su salud. No solo fueron una herramienta quirúrgica de prevención, luego fueron usadas por la gente del común para contrarrestar enfermedades infectocontagiosas, paliar entornos putrefactos o simplemente para evitar los daños de la polución.

No puede dejarse de lado que desde el siglo XVI existía la inquietud médica que una enfermedad podía pasar de una persona a otra, quizás por ello la protección médica es aún más vieja de lo pensado, en la edad media, con la aparición de la peste negra fue común el “doctor peste”, un atuendo hecho en cuero de carnero que tenía en el rostro un largo pico en el cual había hierbas aromáticas para evitar olores nauseabundos o el contacto con miasmas, ese conjunto de humores fétidos que enfermaba o trasmitía el temible mal.

La indumentaria estaba acompañada por una vara metálica con final en punta que servía para mover cuerpos o retirar a las personas que se acercaban.

En 1830 llega otro traje de protección, en esta ocasión no tan extravagante ni tan ridículo, pero muy usado en tiempos de Cólera.

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