Viernes, 24 Septiembre 2021 05:28

Máquinas de coser aumentan su precio hasta en 40% por dólar y logística

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Máquinas de coser aumentan su precio hasta en 40% por dólar y logística Imagen-de-Céline-Martin-en-Pixabay

La devaluación y el precio de los fletes tienen a más de uno penando, modistas, sastres, microempresas de moda, pymes y grandes firmas están pagando más por los bienes de capital.

Los importadores de máquinas de coser y otras soluciones para el sistema moda reportan un incremento en los precios de hasta el 40 por ciento en los aparatos, toda vez que en ellos pesa el alto costo del dólar, los impagables valores logísticos y los impuestos normales de aduana.

La noticia no es alentadora porque golpea las empresas de confección, pero igualmente talleres de diseño, sastrería y modistería que están pensando en hacer una inversión para innovar el sistema de producción. El tema es de pésimo recibo en las pymes, segmento de la industria que acude a este tipo de maquinaria con los nuevos componentes tecnológicos, de modernidad y valor agregado.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el director comercial para el Eje Cafetero de la empresa Macoser, José Silva, afirmó que las importaciones de estos bienes de capital se vienen encareciendo exponencialmente por la coyuntura nacional con un dólar fortalecido y el escenario internacional que reporta fletes desde el lejano oriente de 20.000 dólares en promedio, un escenario imposible para las compras en el extranjero, básicamente las que se hacen en Asia.

Indicó que la micro, pequeña y mediana empresa como también las grandes, se ven afectados por los costos estruendosos de la maquinaria en general y desde luego de las unidades de negocio que conlleva a un efecto negativo tanto para quienes consumen como para quienes se encargan de la distribución.

El producto terminado o la máquina ven alterado su precio, explicó Silva, por los aranceles, el dólar y unas condiciones difíciles que hacen que el mayor valor de importación se le traslade a quién compre el equipo.

 

José Silva

 

Deploró que, por estos indicadores mercantiles y cambiarios, las amas de casa, las pymes y quienes devengan su sustento de estas soluciones, verán muy complicado cristalizar el sueño de tener una máquina propia y nueva o simplemente renovar la capacidad instalada en las fábricas en donde estos aparatos son sencillamente esenciales para la producción de prendas de vestir y otros bienes en tela o cuero. Por el precio actual, repisó, muchos hacen cuentas y deducen que es sumamente difícil hacer una inversión.

 

“En este momento están en problemas aquellos hogares o pequeñas fábricas en donde la máquina de coser representa el ingreso de la familia o de los microempresarios, sin dejar el sector pyme al margen de una afectación que castiga la eficiencia y retrasa la adquisición de tecnología, un sobrecosto que terminará pagando el consumidor final”, aseveró el señor José Silva.

 

Comentó que, dadas las circunstancias, a los importadores y empresarios encargados de internar este tipo de bines, les tocará hacer una reingeniería en sus ingresos, un asunto que implica sacrificar utilidades en el negocio para darles oportunidades a los pequeños negocios, a las amas de casa que encuentran trabajo adicional con sus equipos y a las pymes que no pueden frenar su actualización o relevo de equipo para poder competir con sus semejantes.

Otro lío es que hay un grave problema con la mano de obra porque las empresas no consiguen operarios para sus desarrollos industriales, ante esa problemática, muchos talleres están buscando la tecnificación con equipos automáticos para poder avanzar y sacar sus productos al área comercial.

El director comercial de Macoser, dijo que en esa dificultad con la mano de obra influyen muchos factores como la pandemia, los paros, la migración y un relicario de inconvenientes que desubicó a los ciudadanos que generalmente atendían ese tipo de trabajo. Muchos colombianos, expuso el director comercial, abandonaron el territorio por la carencia de oportunidades, por inseguridad y buscando opciones reales de trabajo para mejorar su calidad de vida, hoy muchos sienten que comparten país con unas personas que llegaron para competir en todos los frentes laborales.

 

 

Los obreros también vieron otras expectativas de trabajo, dejaron las unidades de negocio en donde la máquina de coser es el alma de las empresas y otros posiblemente más conformes, se quedaron con las ayudas, los subsidios y el asistencialismo que tanto daño le hizo al mercado laboral.

Destacó que hay personas que vivieron empleadas toda su vida y súbitamente dieron el paso hacia la independencia y el fomento de empresa, unos nuevos agentes en el mercado de las confecciones que están recibiendo capacitación y atención técnica estatal a través del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA.

 

“Una persona puede presumir la súper máquina, pero si no tiene quien la opere, el asunto se torna complejo”, dijo Silva.

 

Antes de la pandemia hubo problemas por la situación fiscal del país, por el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, por el fantasma de la deuda externa y por una balanza comercial poco generosa en favor de Colombia. El país sentía pasos de animal gigante con la economía mundial y en ese análisis llegó la pandemia y aceleró todos los procesos de precarización económica y social.

Los problemas se agudizaron, las fabricas pararon y la mano de obra se tornó en algo imposible porque aparte de la industria que no cuanta con los operarios suficientes, el campo y sectores tradicionales como el café y otras actividades rurales sufren la ausencia de trabajadores y recolectores.

Hay gente que está aprovechando el tiempo, muchos quieren hacer algo productivo y eso, manifestó Silva, hace prever que vendrá un cierre de año promisorio, así como un buen primer trimestre de 2022, es decir que muchos empresarios tendrán ocupación y empezarán a recuperar lo perdido con el Covid-19, que aparte de arrancar vidas, cerró empresas, negocios y sustrajo empleos.

La situación, proyectó, permite ser optimista porque si la economía reacciona, los empleos se van a recuperar en favor de las familias, de los empresarios y del país.

Con todo lo que acontece en China con fletes, precios y mano de obra, muchos empresarios norteamericanos y de la región están viendo la oportunidad de maquilar en América Latina, una posibilidad que le ayudaría a Colombia, pero para eso, especificó el director comercial de Macoser, es importante hacer una debida preparación, tecnificar empresas y talleres y recuperar la mano de obra calificada, esa que se comprometa con la causa de las empresas, mejor dicho, que se pongan la camiseta de la factoría que cree en su gente.

En materia de confección, el experto dijo que Colombia tiene mucha tela de donde cortar porque cuenta con campos en donde prospera el algodón, fabricas llenas de talento y diseño, unas características que invitan al optimismo y a seguir adelante.

 

“Colombia históricamente ha sido resiliente, ha caído en baches tremendos, pero en tiempo récord resulta en la gloria, es un país de gente capaz, inteligente y valiente que conoce el camino para seguir creciendo, el colombiano sabe olfatear las oportunidades siempre, y las capitaliza en tanto tenga salud, tranquilidad y el ánimo que hace parte del ADN”, señaló José Silva.

 

Los precios han dado un salto con garrocha

 

 

Las necesarias máquinas de coser han tenido un cambio en su precio que le pone palos en la rueda a las ventas o a las intensiones de hacer cambios y tecnificar las factorías, pero todo es consecuencia del dólar alto y un contexto internacional que asusta a quien conoce de comercio exterior y del capítulo asiático.

Una máquina de coser doméstica marca Brother que costaba antes de la pandemia 350.000 pesos vale ahora 550.000 pesos, un ajuste del 40 por ciento aproximadamente, la máquina posicionadora electrónica marca Zoje de última tecnología con motor incorporado, paneles de control, panel amigable, posicionador de aguja, led incorporado y otras propiedades pasó de 2.3 millones a 2.8 millones de pesos.

La importadora Macoser que participó activamente en Ibagué, Negocios y Moda, IN&M, dijo que es importante apoyar al sistema moda porque al hacer cuentas, la moda y las unidades productivas beneficia cientos de miles de familias, que pueden volver a sonreír si retorna el empleo.

Los incrementos en las máquinas de coser y en otros bienes de capital están por encima del 30 o el 40 por ciento, un problema para la economía en su totalidad porque la coyuntura encareció productos y máquinas para la construcción, los plásticos y el transporte, solo por mencionar algunos. Si el problema de China y los fletes marítimos no se mete en cintura y si el dólar sigue trepando, el director comercial de Macoser para el Eje Cafetero, vaticino una inflación mundial de alto riesgo y afectación para las economías, con mayor impacto en las emergentes como Colombia.

 

Macoser, soluciones a toda máquina

La empresa empezó labores en 1963 y desde ese entonces la firma logró comprometerse con la industria de la moda a la que abasteció y abastece de maquinaria de punta, altamente desarrollada y de comprobada eficiencia.

La empresa llega a todos los sectores, desde los hogares hasta empresas muy especializadas que demandan maquinaria accesible, a la mano y confiable.

La empresa cuenta con sede principal en Barranquilla en donde cuenta con dos sucursales y de manera adicional ofrece su amplio portafolio en Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Cali y Pereira que cubre el Eje Cafetero y zonas de influencia.

 

Máquinas de coser, un invento sin una historia precisa

 

Imagen-de-Gordon-Johnson-en-Pixabay

 

Las máquinas de coser a través de la historia dejan ver mucho trabajo e investigación. En 1755 fue patentada una herramienta mecánica que facilitaba la costura, se trataba del invento del alemán Charles Fredrick Wiesenthal que consistía en una aguja de doble punta y un ojal en su extremo, algo elemental, pero apenas para mostrarla como el inicio de la larga anécdota de la máquina de coser.

Todo parece indicar que el invento no era suficiente y por ello en los inicios de 1800, la gente compraba ropa o la mandaba hacer lo cual tenía una característica y es que su confección era totalmente a mano. En ese tiempo la costura y la manufactura eran un arte que se ocupaba de pantalones, camisas, trajes, chalecos y zapatos, todo acudiendo a una vista fabulosa, mucha creatividad y el poder y la resistencia de la puntiaguda aguja y el fuerte hilo. Los hogares no tenían mucho dinero y por eso en cada casa se diseñaba y se cosía la ropa, no había otra opción, niños, mures y hombres estrenaban lo casero, quedara como quedara.

Cuentan los industriales y los amigos de la historia que el señor Elias Howe inventó una máquina de coser que decidió patentar en 1846. El asunto fue efectivo y práctico, con el nuevo aparato se inició la producción de prendas de vestir a escala, advirtiendo que era un avance en la compleja industria de la confección.

Es necesario decir que la patente de la máquina de coser competía con otros inventos que iban en la misma dirección y como una solución industrial, se recuerdan los registros de 1755 en Inglaterra, Austria que entró a la lista en 1819, Estados Unidos que reportó una máquina en 1826 y Francia, país que dejó encantados a muchos con un invento promisorio en 1830.

A los inventos anteriores se suman el del inquieto Charles T Wiesenthal, un norteamericano que ideó una aguja de doble punta en 1755, con lo cual se evitaba su giro, en Filadelfia, Henry Lye, recibió su licencia o título en 1826 por un aparato para coser en cuero, pero en síntesis el origen preciso de la vieja máquina, hoy todo un desarrollo tecnológico es incierto.

 

Tomada de Coser en Casa

 

El maquinista de Boston Isaac Merritt Singer, se atrevió a diseñar y fabricar la primera máquina de coser para uso doméstico. Esa patente tiene registro del 30 de mayo de 1854, sin embargo, los expertos dicen que su invento se basó en los conceptos del inventor Howe, con los años vinieron nuevas adaptaciones como el brazo rígido y la barra vertical para darle estática al paño y permitir que trabajo de la aguja. Con las máquinas de coser vinieron demandas y desencuentros, por ejemplo, Howe demandó a Singer y le ganó el pleito. En 1856 logró afianzarse un grupo de prestantes fabricantes, estaban en esa lista Singer, Howe, Wheeler-Wilson y Grover-Baker. La cofradía de las máquinas de coser intercambió patentes y mecanismos con el fin de ganar dinero adicional con la llegada de nuevos industriales. Al culminar el tiempo de las patentes en 1877, Singer puso en el mercado una máquina de costura continua con lo cual erigió su pomposo grupo, Singer Sewing Machine Company, uno de las más fuertes fabricantes de este tipo de soluciones para la industria de la moda.

En 1889 Singer llevó a las vitrinas la primera máquina eléctrica para los hogares, toda una novedad que dejó muchos millones de dólares en la cuenta.

En el año 1997 Singer sale a venta y es comprada por la firma Pfaff, una afamada empresa fabricante de máquinas de coser que para ese entonces ya estaba dentro de los activos del industrial James Ting, un chino adinerado que la adquirió en 1993.

 

Alzas en cadena

Al consultar modistas y empresarias de la confección que lamentaron los ajustes y que inclusive ya han sentido el rigor del mercado, expresaron que como suele suceder el mayor coste lo paga finalmente quien manda ajustar prendas, quien manda hacer un vestido, la persona que demanda remiendo o solicita el cambio de una cremallera. Manifestaron que con equipo nuevo y con precios por las nubes, el excedente los cubrirá el que demanda sastrería, modistería y diseño.

Al hablar con este medio la empresaria Nubia Esperanza Ortega, apuntó que por citar un ejemplo, un cambio de cremallera que cuesta en el Cauca 6.000 pesos podría subir a 7.000 u 8.000 pesos, el ajuste de talla que cuesta hasta 15.000 pesos podría encarecerse y llegar a 17.000 pesos.

 

"Alguien tiene que pagar la mayor inflación, nosotros en las empresas invertimos y nos ponemos al día en tecnología, pero si una máquina, como me pasó, que valió casi el doble, debió pagarse sola y esa operación se dio por la vía de mayores tarifas, no hay de otra", reveló la señora Ortega.

 

En Bogotá un cambio de cremallera que vale 12.000 pesos podría pasar en un estrato medio alto a 15.000 pesos perfectamente. Una empresaria que labora en su casa indicó que un ajuste de talla valdría en adelante 20.000 pesos y un mejora de dobladillo que cuesta 15.000 pesos podría irse hasta los 22.000 pesos.

La señora Miryam, una modista de vieja data que labora en Bogotá dijo que todo incremento lo asume en esa cadena quien contrata los servicios que ejecutan las máquinas y dejó claro que si los aparatos y la tecnología valen mucho más pues los trabajos de diseño, confección y remiendos, igualmente van al alza, es imposible no hacerlo por ser una condición de mercado, de lo contrario, enfatizó, sería ir a pérdida.  

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